El ritmo de la pequeña comunidad gitana en la radiante mañana era muy tranquilo comparado con el de la noche, Sebastian caminaba junto al padre de Ciel, acercándose a una vieja camioneta pues al parecer era el único medio de transporte cerca.

-¿Qué intenciones tiene con mi preciosa hija?- Cuestionaba con fingida preocupación el hombre al que Sebastian no le creía esa repentina preocupación por su hija, pero debía disimular el fastidio que le tenía, pero haría ese esfuerzo por Ciel.

-Tal vez sea precipitado decirlo pero planeo un futuro muy serio con ella.- Respondía con una pequeña sonrisa ilusionada el joven, aunque tuviera un padre horrible, Ciel era perfecta y con cada minuto que pasaba a su lado sentía enamorarse más.

-¿Está seguro?- Musitó algo sarcástico el padre de la supuesta joven, aquella pregunta sorprendió un poco al otro.

-Quiero decir apenas se conocen, sus intenciones son así de serias.- Dijo al darse cuenta de lo sospechoso que sonó su pregunta.

-Solo bastaron unos minutos para saber que ella es la mujer perfecta para mí, su hija es maravillosa.- Hablaba obviamente enamorado el joven empresario sin sospechar la mentira en que vivía.

-Como sé yo que sus no son intenciones son perversas... los hombres como ustedes se encaprichan con niñas humildes como ellas.- Advertía seriamente el hombre, cada palabra pronunciada le resultaba tan falsa a Sebastian, pero no tenía más opción que seguirle la corriente.

-No soy esa clase de hombres, si fuera así... anoche mismo habría sido mía si le hubiera insistido. ¿Verdad?- Aclaraba el empresario de forma audaz, haciéndole entender al padre de Ciel que si le ofrecía más dinero él se la hubiera entregado, era lo que la joven le había contado la noche anterior,

-No entiendo de que habla.- Dijo algo nervioso el hombre mientras esperaban a la joven.

-Seré respetuoso con ella si eso le preocupa, ya verá que mis intenciones son sinceras y buenas con su hermosa hija.- Murmuró con una sonrisa Sebastian, al ver los nervios del hombre.

-Ciel...- Llamaba Sebastian al ver como se acercaba la joven quien vestía unos pantalones, camiseta y sandalias sencillas, nada comparada con la exótica vestimenta de la noche, pero eso no restaba a su radiante belleza.

-Eres hermosa a la luz del día...- Le halagaba emocionado el joven acercándosele miraba de cerca su rostro sonrojado.

-No seas ridículo...- Murmuró entre dientes Ciel ante tanta galantería, algo a lo que no estaba acostumbrado, Alois a su lado solo sonreía.

-Mi bella dama...- Dijo el galante caballero tomando su mano y haciendo una leve reverencia le saludaba formalmente, su padre que los veía solo verificaba más como ese joven sería su boleto a una mejor vida.

-¿Puede Alois venir con nosotros?- Le preguntó Ciel a su padre, y sintió enseguida la mirada de Sebastian sobre él, como advirtiendo su respuesta.

-No hay problema...- Aclaró el joven, sin escuchar la respuesta del mayor, los dos más jóvenes sonrieron entre sí pues les agradaba visitar la ciudad, era un privilegio que no siempre tenían.

-Da igual...- Murmuraba malhumorado el hombre al ver como perdía autoridad con su hija, pero el precio a pagar por su futuro próspero, así que se tragaba el orgullo subiéndose a la camioneta.

-Todas las peticiones de mi dama son una orden para mí.- Le decía de forma coqueta Sebastian a la joven cuando su padre ya no los veía.

-¿Puedes callarte?- Hablaba con el ceño fruncido la joven aunque disimulaba la emoción que le causaba los halagos de su joven enamorado.

-Ciel... ¿quieres ir atrás conmigo?- Le proponía Sebastian a la dama, quien miraba dudoso la parte descubierta de la vieja camioneta.

-Mi padre no lo va a permitir.- Dijo Ciel con duda mirando de reojo a su padre que salía de nuevo de la camioneta al notar que nadie hacia intención de subirse.

-Ya verás que logro convencerlo.- Habló el joven guiñándole el ojo, Alois a unos pasos solo observaba la escena de complicidad de los dos enamorados.

-¿Qué tanto se secretean?- Cuestionaba molesto el hombre la coqueta escena de los dos.

-Quiero que Ciel me acompañe... Si no le molesta...- Aclaró Sebastian subiéndose en la parte trasera de la camioneta y extendía la mano para que la joven se subiera con él y así viajar juntos, prácticamente no pedía permiso solo lo hacía, el audaz joven sabía cómo molestar a ese horrible hombre.

-Voy a estarlos viendo por el retrovisor...- Eran las palabras malhumoradas del hombre que soportaba aquellas actitudes desafiantes de ese joven por interés.

-Bueno... Alois te vienes adelante conmigo- Aclaraba el hombre, el rubio con una sonrisa se despedía de los enamorados, que igual estarían observando a través del ventanal trasero.

-¿Qué haremos en la ciudad?- cuestionaba tímidamente la supuesta joven sintiendo como su formal pretendiente tomaba su mano y la entrelazaba con la suya de forma muy romántica.

-Primero... debo mandar una grúa a dónde está mi auto, sacar dinero, y pasear con mi linda chica. Respondía con una hermosa sonrisa el joven acariciándole el rostro con dulzura.

-¿Linda chica?- Murmuró Ciel con un gesto de incredulidad ante ese halago pero no era por lo de su belleza sino por su género.

-Eres hermosa...- Dijo el otro con una sonrisa mirando el sombrío y triste rostro de la dama junto a él, quien se debatía en terminar esa farsa, no quería lastimar a Sebastian con mentiras.

-Pareces triste... ¿Sucede algo?- Cuestionaba el joven algo extrañado por ese cambio de actitud.

-No... es solo... que...- Musitaba nerviosa la joven quien quería acabar con eso, sintiendo como el aire fresco los rozaba mientras viajaban a la ciudad, pero de reojo vio a Alois que parecía tenso junto a su padre, en verdad él le tenía mucho miedo, así que decidió morder sus labios para callar la verdad, aunque era consciente que no era lo correcto no tenía más opción.

-Nada... solo que tengo algo de sueño...- dijo con una falsa sonrisa en medio de un bostezo, aquello inquietaba un poco al joven que estaba a su lado, sabía que algo le ocultaba la chica pero no quería arruinar el momento así que decidió ignorar sus propias dudas.

-¿no dormiste bien?- Le preguntó para romper la tensión que se había producido entre los dos.

-Seguramente por el beso que nos dimos...- Terminaba de decir divertido esas palabras solo hicieron avergonzar más a Ciel que recordaba la sensación de ese mágico beso.

-Shhh...- Le hacía callar para que su padre no los oyera. Siguieron hablando más animados en todo el trayecto hasta que llegaron a la ciudad, Sebastian fue de inmediato a llamar a la aseguradora de su auto para que enviaran una grúa y lo repararan, a unos pasos Ciel y los otros lo miraban llamar por teléfono.

-Espero que no lo arruines...- Le advertía serio su padre ya que no eran oídos por el empresario. -Hoy tienes que concretar algo más serio con él.- Le seguía diciendo el hombre con una fingida sonrisa ya que eran observados por Sebastian.

-¿Cómo hago eso?- Cuestionó Ciel con una falsa sonrisa.

-Di que lo quieres, que te gusta... o algo como esas idioteces.- Le respondió molesto su padre.

-Me da vergüenza...- Murmuraba el jovencito al pensar en decir tales palabras, pero tampoco eran mentiras, hasta ahora era tal vez la única verdad que podía decirle, lo mucho que lo quería y le gustaba estar a su lado.

-Eres un maldito homosexual, así que no te hagas que no te gusta... Has lo que te diga tu estúpido corazón enamorado- Eran las fuertes palabras de su padre que sin necesidad de gritarlo eran hirientes, porque rompían sus ilusiones, lo hacían sentirse sucio y culpable.

-él no se merece que siga con esto.- Dijo como arrepintiéndose pues la ansiedad lo carcomía ahora, eso lo notó su padre que al no sentir que lo observaba el joven agarraba con disimulo el cuello de Alois que impávido solo agachaba la mirada.

-Si quieres puedes terminar esto... pero ya sabes quien más sufrirá con esto.- Amenazaba el hombre de forma cobarde, Ciel lo miró con odio y haló a su amigo, y en un murmullo confirmaba que seguiría con la farsa, segundos después se veía a Sebastian acercárseles.

-Ciel... ya van a traer mi auto, vamos a desayunar mientras tanto.- Le llamaba muy animado el joven notando la áspera mirada de su dama seguramente estaba discutiendo con su padre, suspirando Ciel aceptó la invitación, caminaban tranquilos entre conversaciones y sonrisas por la ciudad en busca de una cafetería o restaurante donde desayunar, cuando la jovencita parecía brillarle la mirada frente a la vitrina de una lujosa pastelería.

-¿Lo quieres?- Preguntaba Sebastian a la damisela quien al verse descubierta se incomodó y agachando la mirada no le respondió, pero ese dulce lucía tan apetecible y delicioso que no pudo disimular su antojo y hambre.

-A Ciel le encantan los postres...- Hablaba Alois más tranquilo pues el padre de la joven no estaba cerca.

-Bueno... solo un poco, no es como que pueda disfrutarlos tanto.- Murmuró ella con una pequeña sonrisa nostálgica, Sebastian se conmovió al escuchar esas palabras.

-Cuando venimos a la ciudad, con nuestros ahorros compramos un dulce y lo compartimos...- Seguía diciendo el rubio abrazándose emocionado a su amigo.

-Hoy invito yo... Así que cariño escoge lo que quieras comer...- Le invitaba el galante joven tomándola de la mano entraban a la prestigiosa pastelería,

-Tú también Alois...- Aclaró cuando el rubio con tristeza los miraba alejarse, al escuchar que también lo invitaron siguiéndolos entraban y buscaban una mesa para comer, Ciel emocionado deleitaba su paladar con el delicioso dulce que había escogido, Sebastian embelesado la miraba enamorado, como le gustaba verla feliz se prometía así mismo consentirla para borrar su tristeza y hacer que esa sonrisa que trataba siempre de ocultar salga a relucir, después de ese improvisado y ameno desayuno, caminaban un poco más por las calles, cuando quedaron en frente de una tienda de ropa juvenil, recelosa la joven no quería entrar alegando que no gastara su dinero en ella pero su enamorado insistía aduciendo que el dinero no era problema.

-A Ciel no le gustan mucho los vestidos, como podrás darte cuenta.- Trataba de ayudar su amigo, porque era incómodo para Ciel el pensar en probarse ropa femenina.

-si ya lo noté... pero con lo que vista se ve realmente hermosa.- Decía Sebastian tratando de animarla.

-Es que como es tan plana... le da pena...- Se le burlaba Alois mirándola de pies a cabeza, pues una esbelta figura femenina no tenía, el empresario sonrió divertido, pero no le importaba si era algo plana, le gustaba tal como era.

-No lo había notado...- Susurraba Sebastian algo nervioso al fijar su mirada en su cuerpo esto hizo que solo Ciel se avergonzara más.

-Que tierno, mientes para no hacerla sentir mal.- Se les burlaba a la pareja que parecían muy tímidos entre sí, largos minutos después se veía salir a los tres de la tienda, con algunas bolsas de compras, a petición de Ciel era ropa a su agrado, así como zapatos y demás accesorios

-No creo que debías comprarme tantas cosas...- Se escuchaba decir a la joven al ver las compras que todos cargaban,

-Lo hago con gusto.- Respondía el joven con una sonrisa, sus miradas se cruzaron y parecían acercarse poco a poco, Sebastian quería darle un tierno beso en su sonrojada mejilla, pero ese intento fue interrumpido cuando su celular comenzó a sonar.

-Disculpa...- Le dijo Sebastian separándose de su querida dama para responder el celular ya podía imaginarse quien le llamaba.

-Gracias al cielo estas bien... ¿Dónde estabas?- Se escuchaba una enojada voz masculina al otro lado del teléfono.

-Lo siento me sucedieron algunas cosas, pero estoy bien...- Hablaba el joven con una pequeña sonrisa miraba a su Ciel.

-Muy bien...- Recalcaba al verla tan hermosa frente a él.

-Encontraste a una linda mujer...- Decía esa voz del teléfono con un suspiro de resignación.

-Si... me he enamorado...- Confesaba Sebastian sin dejar de verla esto solo la hacía sonrojar más ante esa hermosa declaración.

-si la vieras... se ha sonrojado con lo que te estoy diciendo.- Dijo emocionado el empresario y se contenía de abrazarla con todas sus fuerzas, era simplemente adorable.

-Felicitaciones...! pero recuerda que tenemos un almuerzo muy importante hoy...- Le advertía esa seria voz.

-Lo había olvidado...- Murmuraba desanimado Sebastian al recordarlo, porque era un importante almuerzo de negocios que no podía descartar a última hora.

-Es culpa de Ciel...- Dijo el joven a la persona con la que hablaba por teléfono. -me tiene idiota...- Terminaba de decir con una traviesa sonrisa, Ciel fruncía el ceño y lo miraba mal.

-Pásamela quiero saludarla.- Ordenaba esa voz misteriosa, Sebastian lo dudó un poco pero con un saludo no pasaría nada.

-Quiere hablar contigo- Era lo que decía Sebastian entregándole el celular a su damisela.

-Es mi socio... es como mi hermano, es quien aprueba mis relaciones-.- Alegaba al ver la indecisión de Ciel, su amigo le alentaba a seguirle la corriente, al notar la insistencia aceptó hablarle.

-Hola... Ciel...- Se escuchaba a esa voz que era más amable que con Sebastian.

-Hola...- Murmuraba el saludo la supuesta joven.

-Se te escucha muy jovencita ¿Cuántos años tienes?- Dijo el hombre al percibir esa voz tan juvenil.

-Tengo 16- Respondió la joven, Sebastian desvió la mirada ya sabía el regaño que le esperaba.

-Fue un gusto querida... pásame al idiota de Sebastian- Le decía esa voz de forma cortante, Ciel le pasó el teléfono.

-Es una niña... ¿eres idiota...? Sabes que puedes tener problemas...- Le decía alarmado su amigo.

-Estaré en el almuerzo, ahí hablamos...Adiós Claude- Se despedía Sebastian sin dar más importancia y cortaba la llamada.

-¿Debes irte...?- Cuestionaba algo triste la joven, esa actitud conmovía al joven que acariciaba su rostro.

-Si... pero volveré en la tarde...- Le prometía con sinceridad y a él también le provocaba tristeza el separarse pero debía marcharse si quería llegar a tiempo a la ciudad de donde venía.

-Pero si tienes mucho que hacer, no te preocupes por mi.- Dijo Ciel con algo de pena, sintiendo como los que pasaban por la calle los miraban, seguramente se veía una escena muy romántica. Sebastian miraba su reloj, a unos pasos de ellos estaban Alois y el padre de Ciel que también presenciaban la tierna despedida, pero se sorprendieron cuando el joven besó los labios de la joven que aunque moría de vergüenza, quería sentir esos labios besarle, y olvidándose del mundo correspondía ese sutil y dulce beso, despidiéndose en medio de susurros veía a Sebastian disponiéndose a marcharse, dejándole algo de dinero y antes de que se lo devolviera caminó de prisa para buscar un auto que lo llevara de inmediato a su almuerzo.

-Ese es mi hijo... con una salida, mira lo que le sacamos a ese riquillo...- Decía emocionado el hombre ambicioso al mirar todas las cosas que Sebastian le había comprado, sin notar que Ciel miraba con tristeza el auto que se llevaba a su amado, con su dedo rozaba sus labios que aun ardían por ese hermoso beso, y solo anhelaba que pudiera verlo nuevamente por la tarde o noche o tal vez en el fondo de su ser deseaba no volverlo a ver más.

Espero sea de su agrado... y personajes que se irán añadiendo poco a poco... :3

Gracias por seguir este fic espero no decepcionarles *

besos *