Sebastian muy sonriente iba en el auto alquilado que lo llevaría directo a la ciudad, no le importaba el dinero que había gastado a pesar de ser tan ahorrador aun consigo mismo, ni el tiempo que había invertido en conocer a una chica tan dulce, hermosa no como las chicas que usualmente lo acosaban que eran si a su manera atractivas pero tan vacías, vanidosas, egoístas y queriendo conquistarlo solo por interés o para elevar su ego, en cambio Ciel es tan autentica pensaba, con su carácter tranquilo pero con su dignidad intacta a pesar de vivir en ese incierto entorno, la inocencia y sus esperanzas de tener una vida mejor se reflejaban en su mirada azulina, aquellos ojos soñadores y a la vez misteriosos que con solo recordarlos lo hacían suspirar, su dulce voz, su delicada piel, esa timidez que con esmero trataba de disimular, y como no iba a recordar esos labios que con delicia se juntaron a los suyos en más de una ocasión, no había duda alguna esa era la mujer de su vida y no se imaginaba ahora sin ella, tan concentrado estaba en sus pensamientos que no se fijó que los minutos habían pasado de prisa, era cerca de medio día y el chofer le anunciaba que habían llegado al lugar establecido, muy animoso el joven canceló el costo del viaje y de prisa subía a su departamento ubicado en uno de los más exclusivos edificios de la ciudad.

-Hasta que el joven se dignó en aparecer.- Aclaraba una delgada y alta figura en medio de la sala cuando Sebastian entraba a su departamento.

-No me regañes...- Refutó algo afanado pues apenas tenía el tiempo para cambiarse.

-Hueles a rayos... ¿Dónde estuviste?- Era la pregunta de su amigo que acercándosele lo olfateaba para asegurarse que no estaba ebrio o algo por el estilo, pero tenía un extraño aroma muy inusual en su pulcra presentación.

-No huelo tan mal... bueno a Ciel no le importó eso... creo.- Le respondía el otro con mala cara pero al olerse si podía percibir un aroma raro, pensaba que desde el dia anterior no se había bañado, avergonzándose un poco pensaba si Ciel tal vez ahora lo recordaría como un mal oliente Sebastian.

-Debo bañarme... estaré listo en unos minutos...- Dijo corriendo al baño para poder asearse mejor antes de ponerse ropa limpia, su amigo se quedó fuera del baño.

-Dime ¿En qué lugar te metiste? – Cuestionaba curioso al querer saber más sobre ese misterioso amor de su amigo.

-En una pequeña comunidad gitana en medio de la nada...- Le contestaba Sebastian enjabonando su cuerpo con prisa.

-Suena perfecto para encontrar el amor de tu vida.- Se le burlaba su amigo al escuchar esa respuesta ahora entendía ese extraño aroma.

-No te burles... aunque no lo creas en un lugar así encontré al amor de mi vida.- Se le escuchaba refutar al otro con una voz muy dulce y al final parecía suspirar enamorado.

-¡Vaya es la primera vez que te escucho decir algo del amor de forma tan sincera!- Decía Claude con sarcasmo al oírlo hablar de esa manera.

-Es que estoy enamorado... y ahora si es en serio...- Decia unos segundos después cuando ya se secaba su húmedo cuerpo con la toalla.

-De una niña de dieciséis años... eso es un amor sincero- Le insinuaba sarcástico su amigo cuando el otro abría la puerta con la toalla amarrada a su cintura salía del baño con prisa.

-Tiene quince en un mes cumplirá dieciséis...- Le aclaraba con una sonrisa burlona.

-Eso es peor todavía...- Dijo el otro algo alterado se acomodaba los lentes y lo seguía pues este iba a su dormitorio a ponerse su ropa.

-Pero no te preocupes, esperaré a que cumpla la mayoría de edad para casarnos la respetaré hasta entonces- Le conversaba seriamente Sebastian cuando se encerraba en su habitación, el otro de nuevo arrimado a la puerta pretendía seguir la conversación.

-Todo suena tan bien... que no te lo creo... Tu nunca has esperado a nadie, es más... odias que te hagan esperar...- Hablaba su amigo confiadamente.

-Por Ciel haré lo que sea... si es necesario esperar toda mi vida por ella lo haré sin dudarlo.- Se le escuchaba decir al joven que desnudo caminaba por su habitación buscando la ropa que se pondría.

-Creo que te secuestraron y te hicieron una especie de lavado cerebral... Tú no eres Sebastian...- Decía burlonamente su amigo cuando de repente se abrió la puerta, viendo al otro con seriedad y ropa interior se paraba frente a él.

-Amigo mío... mírame...- Le pedía Sebastian con seriedad el otro sin más opción lo miraba a los ojos.

-Realmente la amo... esta certeza es algo que nunca había sentido... no sé ni cómo explicarlo.- Dijo el joven mirándolo fijamente para que notara cuan ciertas eran sus palabras, y un leve sonrojo se formaba en sus mejillas al confesar sus sentimientos de esa manera.

-Esa chiquilla te dio duro... directo al corazón...- Habló Claude al notar esa actitud nunca antes vista en su amigo, se notaba lo enamorado que estaba.

-Algo así...- Susurraba Sebastian pues ni él creía sentirse de esa manera.

- espero que cuando me llegue a mi esa certeza algún día... no me ponga idiota como tu...- Murmuraba el otro con una sonrisa burlona y veía a su amigo alejarse para seguir vistiéndose.

-no está de más decirte que debes ser cuidadoso, aunque tus sentimientos seas sinceros no todos pueden interpretarlo así... ¿Lo entiendes?- Le aconsejaba Sebastian solo escuchaba mientras se vestía de prisa.

-Si lo sé... mi prestigio y el de mi familia se están jugando en esto, ella es menor todavía ante la ley, lo entiendo...- Aseguraba con seriedad terminándose de vestir.

-Es bueno que estés consciente de la situación, ahora cuéntame cómo se conocieron.- Dijo su amigo dándole un leve golpe en la cabeza como jugando cuando ya estaba listo y se disponían a salir. Sebastian con una sonrisa se prestaba a contar su pequeña pero significativa historia de amor de la noche anterior y parte de la mañana. Mientras tanto en la pequeña comunidad gitana a un costado de una solitaria carretera se notaba una pequeña figura sentada al borde de un rio jugando con el agua.

-Ciel...- Le llamaba Alois pues ya era más de mediodía y su amigo no había pronunciado palabra que llegaron de la ciudad, solo directamente fue a guardar los regalos que Sebastian le había dado y de ahí fue al río donde la noche anterior estuvo también con él y donde de forma ruda se besaron por primera vez.

-Dime...- murmuró desanimado el jovencito que no llevaba la peluca, pues le era molesto llevarla puesta.

-Te traje algo de comer...- Decía el otro acercándosele poco a poco, y en su mano llevaba un plato de alimentos.

-No tengo hambre- Se escuchaba decir a Ciel quien seguía mojando sus manos en el agua.

-Debe ser culpa de tu Sebastian.- Dijo Alois con una traviesa sonrisa para ver si su amigo se animaba un poco.

-Sebastian... ¿mi Sebastian?- Murmuraba el de mirada azulina con tristeza.

-Él no es mío... nunca lo será.- Seguía murmurando con la voz casi apagada era como si le dolía de cierta forma el recordarlo.

-Lo siento no quise entristecerte.- Se disculpaba el rubio sin acertar que más decir.

-No es tu culpa...- Se le escuchó decir a Ciel viendo como su amigo se sentaba a su lado y comenzaba también a jugar con el agua.

-Sigo repasando en mi mente lo de anoche, el conocerlo... si yo le hubiera aclarado desde un principio quien era realmente, esto no hubiera avanzado.- Hablaba sin despegar la vista del agua el jovencito que parecía entristecerse más con cada palabra que pronunciaba.

-Pero...- Murmuró con frustración Ciel, su amigo callado solo quería que se desahogara.

-Pero en el fondo de mi ser... creo que quería tenerlo a mi lado, por eso no se lo dije... Soy un idiota...- Se decía a si mismo con coraje por esa confusión en su ser, el rubio con tristeza lo escuchaba y no podía evitar el conmoverse y a la vez sentirse culpable.

-Aunque trates de decir que esto no es mi culpa, si lo es... Por mi es que muerdes tus labios para decirle la verdad...- Aclaraba con igual tristeza y frustración Alois al recordar la amenaza del padre de su amigo, su conversación fue interrumpida cuando unas mujeres caminaban por ahí y murmuran burlonamente sobre Ciel.

-Y para colmo soy el chisme de todos el día de hoy...- Musitaba malhumorado el jovencito al escuchar esas murmuraciones, y por lo mismo había elegido alejarse de todos pero aun ahí lo seguían molestando.

-no le hagas caso a esas idiotas... se mueren de envidia porque hasta un chico haya conseguido un mejor partido que ellas...- Hablaba en voz alta Alois como respondiendo a los murmullos de esas mujeres quienes al oírlo se callaron y prefirieron marcharse, pues tampoco querían provocar a Ciel ya que su padre era temido por todos ahí.

-Eso no es motivo de orgullo...- Le decía el de apagada mirada azulina a su amigo quien malhumorado miraba mal a esas mujeres alejarse.

-No te desanimes... creo que si Sebastian realmente te ama, aunque le cueste un poco al principio aceptar la verdad, aun conociendo la realidad te amará.- Le animaba su amigo abrazándolo cariñoso.

-Eso suena tan bonito...- Dijo con ironía el otro con una falsa sonrisa, todo eso sonaba tan bien que dudaba que fuera hacerse realidad se quedaron en silencio por largos segundos.

-¿Qué tal es besando?- Preguntó el rubio como para olvidar un poco el lado negativo de su romance. Al escuchar esa atrevida interrogante Ciel se sonrojó todo.

-Yo no sé... ni que tuviera experiencia en eso para hacer comparaciones...- Respondía desviando avergonzado la mirada, su amigo sonrió divertido.

-No fue correcta mi pregunta... ¿Te gustó?- Se rectificaba con una sonrisa traviesa el rubio.

-Estuvo bien...- Fue la respuesta entre dientes de Ciel que aun llevaba esa sensación de esos delicados labios sobre los suyos.

-Si claro solo bien... anoche tú no lo soltabas... y hoy en la calle también te aferraste a él con fuerza, yo lo noté...- Le molestaba Alois codeándole pícaramente, el otro sabía que eso era cierto pero es que simplemente esos labios al contacto de los suyos lo hacían desear más, que inconscientemente se aferraba con fuerza a esos besos, avergonzado agachaba la cabeza.

-Bueno... él es muy apasionado... me sorprendí que me besara aun frente a mi padre.- Se justificaba el tímido joven recordando lo excitante que fue el ser besado en plena calle a la vista de todos.

-No es solo apasionado es algo desafiante... hubieras visto la cara de tu padre...- Hablaba divertido Alois recordando como el cigarrillo del padre de Ciel se le cayó de la boca cuando vio cómo su hijo era besado por el joven empresario.

-Me la imagino...- Decía divertido el jovencito y los dos se echaron a reír. Pasaron algunas horas y la noche cayó, el cielo lleno de luces daba inicio a la ajetreada jornada de todos.

-Ya vendrá... no te desesperes...- Se escuchaba decir a Alois a su amigo que sentado en una roca miraba los autos estacionarse cerca, a pesar de que en el fondo deseaba que su ferviente pretendiente no viniera, por otro lado su corazón anhelaba tenerlo cerca.

-Es mejor si no viene...- Murmuró engañándose a sí mismo y a su amigo que no le creía esa petición hecha al aire.

-Ese vestido se te ve muy bien...- Comentaba el rubio haciendo tiempo de que el joven empresario llegara,

-Este lo compró Sebastian especialmente para esta noche...- Dijo Ciel mirando su hermoso vestido que era sencillo pero diferente a lo que usaba comúnmente por la noche, su padre que ya había aceptado al joven como su pretendiente oficial no le obligó a trabajar esa noche solo tenía que esperarlo.

-Tal vez no llega porque se quedó comprándote más obsequios.- Se le burlaba Alois con una sonrisa.

-Espero que no...- Murmuraba Ciel con una pequeña sonrisa nerviosa, porque no quería más vestidos, aunque ya podía imaginarse a su enamorado llegar cargado de regalos y pensarlo así lo hacia sonreír ilusionado. Cuando un auto algo diferente a los demás se estacionaba cerca.

-Ahí llegó un auto lujoso- Exclamó emocionado el rubio presintiendo que era el de Sebastian y ciertamente ese era, pues apenas se estacionó se veía al joven bajar con un enorme ramo de rosas, Ciel no pudo evitar emocionarse también al verlo, y no era por el presente era solo por ver a su galante enamorado tan atractivo con esa ropa diferente a la de la noche anterior.

-Ciel... buenas noches... te extrañé tanto cariño...- Decía con una sonrisa el joven acercándosele haciendo el ramo a un lado la abrazaba sutilmente y depositaba un tierno beso en la comisura de sus labios a manera de saludo, ambos sonrojados se miraban enamorados.

-Yo a ti...- Susurró Ciel que por consejo de su padre se mostraría cariñosa con su enamorado, acercándosele lo abrazaba.

-Estás muy hermosa...- Hablaba Sebastian mirando de pies a cabeza la belleza frente a sus ojos, entregándole las rosas se embelesaba mirando la bella combinación, para los dos no había nadie más a su alrededor solo eran ellos.

-Gracias...- Susurró con una sonrisa sincera Ciel cuando su conversación fue interrumpida por alguien que tosía levemente.

-Oh bueno... me estaba olvidando él es mi amigo Claude, hoy es mi chofer...- Le presentaba Sebastian a Ciel al otro que con mala cara lo veía.

-¿tu chofer?- Musitó entre dientes, Sebastian solo sonreía divertido parándose junto a Ciel tomaba su mano.

-Disculpe señorita... vine para conocerla... Sebastian todo el día a pasado hablando de usted, que quise venir a verla... ¿No le molesta?- Saludaba Claude a Ciel que no podía creer que su enamorado ahora llevaba a sus amistades para que lo conocieran, y era el mismo con quien había hablado en la mañana por teléfono.

-No para nada... mucho gusto soy Ciel...- Respondió amable la supuesta joven con una sonrisa.

-Soy Claude y el gusto es mío...- Se presentaba formalmente el hombre haciendo una pequeña reverencia, la verdad es que pensaba en el buen gusto de su amigo, sin duda esa niña era toda una belleza y la presentación fue interrumpida por la tos leve de alguien más, Ciel volteó a ver y recordó que su amigo estaba siendo ignorado.

-Creo que yo también olvide presentar a mi amigo... Él es Alois...- Decía nervioso la dama con una sonrisa halando a su amigo lo paraba a su otro lado, el rubio se sonrojó al tener frente a él a ese apuesto hombre de lentes.

-Creo que el destino nos hace los ignorados de esos dos...- Comentaba con una sonrisa Claude cuando se acercaba a estrechar la mano del rubio que parecía comerlo con la mirada.

-Así parece... Es un placer conocerte Claude...- Respondió divertido Alois apretando su mano sutilmente la acariciaba, el otro lo notó algo avergonzado pero tampoco le parecía desagradable ese saludo inusual.

-El placer es mío...- Respondió algo coqueto correspondiendo y su mano también lo acariciaba, se quedaron viendo en silencio, Ciel y Sebastian extrañados se miraban entre sí por la escena de la que eran testigos, ¿Sus mejores amigos estaban coqueteándose?.