Después de una casi rápida reconciliación amistosa los dos jovencitos se prestaban a dormir, había sido un sábado por demás interesante e inusual en sus apagadas vidas, cada uno en sus pensamientos evocaban la imagen del hombre que hacia despertar esa ilusión, ese latir apresurado en sus corazones y aguardando al mañana donde tal vez podrían volver a verlos, se abrazaban a sus respectivas almohadas para conciliar el sueño.
-Ciel... despierta...- Advertía con apuro un jovencito de cabello rubio mientras removía a su amigo que estaba profundamente dormido, ya el día había empezado ya que se reflejaban la luz de la mañana a través de la tela de su carpa.
-Déjame dormir es domingo... podemos dormir un poco más.- Se escuchaba un murmullo del joven que trataba de acurrucarse más en su modesta cama no tenía la intención de levantarse todavía.
-Como quieras pero Sebastian te busca.- Le dijo sin darle mayor importancia Alois en medio de un suspiro de resignación el otro al escuchar su nombre, se levantó de inmediato con sus manos buscaba la peluca que estaba a su costado y trataba de ponérsela de prisa mientras un fuerte sonrojo se acentuaba en sus mejillas.
-Sebastian...- Murmuraba nervioso mientras no acertaba a arreglarse pero al escuchar la risilla de su amigo, lo hizo detenerse.
-Ahí si te levantaste...- Entre risas e escuchaba decir burlonamente al rubio, Ciel disimulaba su incomodidad al escuchar la burla de la que era objeto, tan evidente era su encanto hacia el hombre que lo tenía enamorado y ese detalle le avergonzaba mucho.
-Idiota.- Entre dientes murmuraba el jovencito que miraba con odio a su fastidioso amigo.
- Ciel, no debes avergonzarte por estar enamorado.- Le decía el otro calmando su risa y comprensivamente se le acercaba.
-Yo no estoy enamorado- Se escuchaba decir con vergüenza al jovencito de hermosa mirada azulina, quien sonrojado trataba de disimular esos sentimientos que ya no podía ocultar a simple vista.
-¿A quién tratas de engañar? Será a ti mismo porque a nadie engañas con esa carita de enamorado que pones cuando están juntos.- Le refutaba el rubio con una pequeña sonrisa pues era más que evidente el enamoramiento de su mejor amigo, nunca había visto esas reacciones en su frío ser, siempre mostrándose tan distante y sin mostrar muchas emociones, verlo enamorado por primera vez era adorable. -Hasta las chismosas de aquí lo han notado.- Acotaba para molestarlo, Ciel solo desvió la mirada y se prestaba a responder a esa insinuación.
-¿Y qué si me gusta un poco?- dijo como haciendo frente a sus sentimientos, era como su forma de jactarse frente a su molestoso amigo tal vez así se callaba de una vez.
-¿Solo un poco?- se le insinuaba travieso su amigo que solo comenzó a molestarlo más ante esa declaración, Ciel ignorándolo se prestaba a cambiar su ropa, pero no sabía que ponerse, dudoso buscaba en su pequeña y modesta caja que figuraba de armario
-¿Crees que vendrán hoy?- Cuestionaba dudoso Alois, mirando como su amigo se debatía entre ponerse una vestimenta de chico o de chica, pues no sabía si su enamorado lo visitaría en esa mañana.
-Sebastian lo hará... Claude no lo sé...- Le respondía el de mirada azulina decidiéndose por la ropa femenina se prestaba a vestirse, sacándole las etiquetas de las prendas que su adinerado pretendiente le había comprado el día anterior.
-Tal vez ni Sebastian venga parecía molesto ayer... ¿Qué le hiciste?- Decía con algo de envidia el rubio al escuchar esa respuesta del otro que con mala cara lo miraba.
-Yo no lo hice nada... solo estaba molesto contigo y creo que me desquité con el.- Fue respuesta en medio de un suspiro, pensaba en lo mal que lo había tratado la noche anterior, ahora se arrepentía pero no se lo haría notar a su envidioso amigo.-Si tanto dice quererme, vendrá.- Terminaba su respuesta con altivez y una pequeña sonrisa.
-Que jactancioso eres.- Murmuraba molesto Alois chasqueando su lengua, pues aunque eran palabras altivas podían ser ciertas. -Lo más probable es que tu Sebastian no deje venir a Claude aquí.- Seguía murmurando con un puchero mientras se desanimaba y se recostaba de nuevo en la cama totalmente deprimido.
-Es probable...- Se escuchaba decir a Ciel mientras se vestía, tratando de ponerse esa molesta ropa que tanto le incomodaba. -Pero tú mismo te lo buscaste por andar con tus cosas.- Seguía diciendo a manera de regaño a su amigo a quien solo se le oía chasquear la lengua.
-Yo creo que te carcome la envidia, porque es lo que tú quisieras hacer con Sebastian.- Arremetió con algo de malicia el rubio, Ciel se sonrojó al escuchar esa insinuación, cierta o no era vergonzosa de pensar. -Claro que no...- Refutó molesto mirando con odio a su amigo que se arrepentía por haber dicho algo así, sabía lo mucho que le afectó porque esa mirada de odio se volvió en una llena de frustración y tristeza. El joven terminó de vestirse y el ver su reflejo en el espejo le indignaba. ¿Hasta cuándo estaría jugando este peligroso juego? ¿Hasta cuándo seguiría fingiendo ser alguien que no era? ¿Cuándo terminaría este engaño? Estas y muchas dudas rondaban su mente con persistencia causando un sensación de repudio hacia sí mismo, estaba jugando con fuego y al final los dos saldrían quemados, Sebastian lo odiaría al enterarse, de eso estaba seguro y le dolía solo el imaginar su mirada de decepción y odio cuando descubriera quien era en realidad, del engaño en que su romance se desarrollaba, pensarlo le helaba el alma y lo llenaba de desesperación, terminándose de arreglar salía de la carpa ante la mirada de Alois, que sabía que debía callar, ¿Qué podría decir en una situación así? Simplemente no encontraba palabras. La mirada llorosa de la supuesta joven se denotaba cuando trataba de calmar la ansiedad de su ser cuando con sus delicadas manos jugaba con el agua fría del río, era su manera de relajarse de alguna forma
-Sebastian ojala pudiera decírtelo...- Se le escuchaba en un tenue murmullo y en su mente la imagen de ese galante joven persistía sin querer borrarse, cuanto lo amaba, que el solo pensarlo a pesar de la desesperación de su ser podía sonreír, cuando sintió que alguien lo abrazaba muy dulcemente por su estrecha cintura, al sentir ese contacto se estremeció y sus mejillas cobraron un fuerte rubor que le quemaba sutilmente.
-¿Qué deberías decirme?- era el susurro de ese joven que de su mente de su escapaba para volverse una encantadora realidad, sentir su aliento rozar su oído, esas fuertes manos abrazar su cintura, sentía perderse en Sebastian, quien también se estremecía de tener así a la damisela, quien mantenía a su corazón en un hermoso delirio que no había experimentado antes.
-No me asustes así...- Reaccionó casi de inmediato la joven pues era muy peligrosa la situación en que estaban, esa cercanía podía obligar a que la mentira cayera de una vez, Sebastian sonrió y la soltó sin cuestionamiento, unos segundos así le bastaban para ser feliz, sentándose a su lado la miraba fijamente, pues en realidad quería escuchar lo que ella quería decirle.
-Yo quería...- Musitó nervioso el joven, no sabía que decir. -disculparme por lo de ayer, me desquité contigo.- Acertaba a decir pues en el fondo de su ser no quería acabar con ese romance, todavía no, y la más creíble respuesta era esa que le daba por lo sucedido la noche anterior.
-Aceptaré tu disculpa si lo acompañas con un beso.- Dijo con fingido resentimiento el joven, sabiendo que era una petición que la pequeña refutaría pero sorprendentemente no fue así, porque Ciel con timidez se le acercaba y lo besaba con ternura en los labios. Era un beso lleno de amor, inocencia sin malicia alguna, y el joven lo sintió de esa manera y con el mismo sentir le correspondía, Ciel ponía su corazón enamorado por vez primera en ese beso, sentía que era lo único que calmaba la ansiedad que en su ser persistía con dolor, sin notarlo una lagrima rodó por su mejilla y Sebastian que embelesado la miraba lo notó y le preocupó un poco, con sutilidad se separaban.
-¿Qué sucede?- Le cuestionó con tristeza el joven mientras con su dedo acariciaba el rastro de esa lagrima, la pequeña dama al darse cuenta disimulaba su vergüenza y desviaba la mirada, una lagrima que se le escapaba era evidencia de la confusión que sentía.
-Nada...- Respondió sin querer darle más importancia, el silencio se formó en la pareja.
-Deben ser esos días en que las chicas son vulnerables...- Murmuraba algo sonrojado Sebastian, mientras con su mano parecía rascarse la cabeza, la supuesta joven no entendía lo que dijo y en si de verdad no entendía, no tenía mucha información de cómo ser una chica a pesar de simular ser una.
-Olvida lo que dije.- Masculló entre dientes el joven pues pensando que esa actitud de confusión que mostraba su enamorada por lo dicho era molestia por su atrevimiento, ambos avergonzados agacharon la cabeza.
-¿Qué quieres hacer hoy?- Preguntaba Sebastian con mejor ánimo unos segundos después, pues era su único día libre y quería disfrutarlo con la chica que tanto amaba, pues sabía que en toda la semana no la vería hasta el próximo fin de semana, no podía descuidar su trabajo.
-¿Qué te parece si vamos a la ciudad?- Se respondía a si mismo al no escuchar una respuesta clara de Ciel, que no sabía que responder.
-Podemos ir al cine, al teatro... donde tú quieras- Seguía dando opciones para que la joven se animara, aunque si ella hubiera querido quedarse ahí sentada todo el día tampoco le importaría, lo que más anhelaba era estar a su lado
-Es una buena idea ir a la ciudad... Claro que Alois tendría que acompañarnos.- Decía la joven con una sonrisa, quería salir de ese lugar donde escuchaba los murmullos de las envidiosas, y temía que alguna le dijera la verdad a su amado, lo mejor era alejarse de allí.
-No hay problema...- Acertaba a decir muy emocionado el joven al escuchar como Ciel aceptaba su invitación. De inmediato entre una pequeña conversación se preparaban para el paseo.
-Creo que tu amigo está molesto conmigo.- Le decía al oído Sebastian a su sonrojada damisela cuando en el asiento trasero de su auto se notaba a un serio Alois pretendía ignorarlos.
-Es que quería que Claude viniera, y piensa que tú no lo dejaste venir.- Hablaba Ciel al oído de su enamorado, le gustaba sentirse cómplice de su amado que no le importaba si era vergonzoso susurrarle al oído.
-Dejen de hablar de mi... los escucho claramente.- Exclamaba molesto el rubio cruzándose de brazos los miraba mal.
-Lo siento.- Se disculpó la pareja con una pequeña sonrisa de complicidad entre sí, mientras Sebastian seguía conduciendo su auto por la carretera para llegar a la ciudad.
-Igual no me interesa ese idiota estirado.- Hablaba con seriedad el jovencito con orgullo y le torcía la mirada a la pareja.
-Oh que mal, porque él te estaba esperando, lo llamaré y le diré que se vaya.- Eran las palabras con fingido pesar del joven que conducía pero se prestaba a buscar su celular para hacer esa llamada.
-No... espera...- Refutó ansioso el rubio para que no lo llamara, en verdad deseaba verlo y así que el joven no lo llamaría.
-Prométeme que te portaras bien.- Aclaraba la jovencita mirando a su amigo con severidad, esa mirada tétrica que Sebastian no creía que viniera de su bella dama.
-Lo prometo...- Aseguraba muy emocionado e ilusionado el joven de cabellos dorados que recobró la sonrisa de inmediato comenzando a canturrear una canción de amor.
-Será una cita doble la de hoy entonces.- Exclamó con una sonrisa Sebastian mientras que en unos pocos minutos llegarían a la ciudad más cercana. El reencuentro de la otra pareja fue algo fría, pero solo disimulaban, poco a poco iban animándose y entrando más en confianza, pasaron una mañana muy amena los dos jovencitos no se habían divertido así en mucho tiempo, sintiéndose consentidos y queridos solo esperaban que el día no terminara, almorzaron tranquilamente en un elegante restaurante, lujo que no se habían dado jamás, una agradable experiencia que recordarían, ya era por la tarde y fueron a un parque de diversiones para terminar el paseo, subieron a unos juegos donde se divirtieron mucho, Sebastian sentía enamorarse más de Ciel que tímidamente en ese momento la veía como celebraba el haber ganado un peluche por atinar en un juego de puntería, su sonrisa inocente era cautivadora, cuando algo repentino ocurrió, pues un niño caprichoso en medio de un berrinche con su madre sin querer agarró la peluca de la joven halándosela se la quitaba, Alois y Claude que estaban cerca se sorprendieron pero mucho más Sebastian que confuso la miraba, ¿Por qué su bella dama llevaba una peluca? ¿Por qué tenía el cabello corto? Ciel sintió que el alma se le saldría, su mentira saldría a la luz de forma tan patética, angustiado de sentirse descubierto solo salió corriendo perdiéndose entre la multitud.
Muchas gracias por seguir esta historia, espero haya sido de su agrado este capítulo, disculpen la demora y estaré honrada de recibir sus comentarios.
Nos leemos pronto... besos *
