Ciel y Sebastian se habían despedido con tristeza de ese primer fin de semana juntos, aunque tuvieron pocas horas de conocerse sabían con certeza que estaban destinados a estar juntos a pesar de que su relación se basaba en una mentira, el jovencito que se miraba al espejo con la mirada triste pero enamorada, se limpiaba el poco maquillaje que tenía en los ojos, no podía evitar emocionarse al recordar las últimas palabras que su pretendiente le dijo antes de marcharse.

-"Te amo... y esta distancia me hará amarte mucho más..."- Recordaba esas palabras que con tristeza Sebastian le susurró al oído para después sentir como sus labios rozaban en un dulce beso que le regalaba en medio de un sonrojo de ambos, eso fue antes de verlo marchar hacia su auto, sintiendo como un suspiro era la única respuesta a esa breve despedida.

-No estés triste Ciel... solo serán unos pocos días, el sábado volverás a verlo.- Trataba de animarlo su amigo al verlo con esa mirada que se tornaba llorosa.

-Estoy bien... Es solo que...- Murmuraba el jovencito con una pequeña sonrisa nostálgica, pues aunque se sentía triste, era una tristeza extraña porque de alguna forma lo hacía feliz, por primera vez en su corta y difícil vida tenía un mañana que anhelar porque sabía que en ese mañana estaba su Sebastian aguardando su encuentro.

-No tienes que decirlo...- Se escuchaba decir al otro que veía ese brillo en la mirada de su amigo, no había duda que estaba enamorado, su semblante lo delataba por completo.

-Ciel se enamoró... Ciel se enamoró...- Canturreaba divertido el rubio junto a su amigo que avergonzado lo negaba con la cabeza.-Está bien no es malo enamorarse...- Le terminaba de decir cuando ambos se miraban en el espejo, abrazándolo por detrás contemplaban sus reflejos.

-Aunque no dure mucho... me siento feliz así...- Confesaba Ciel con una pequeña sonrisa y su mano se dirigía a su pecho, en el lado izquierdo donde se percibía el latir de su corazón, se sentía vivo y aunque viviera un romance destinado al fracaso, no podía evitar sentirse satisfecho, extraño sentir que ni el mismo no comprendía y mucho menos podría explicarlo.

-Sospecho que este amor perdurará por siempre... te lo apuesto...- Alegaba Alois con una sonrisa para animarlo, nunca había conocido a alguien tan enamorado que se deambulara entre la felicidad y la tristeza con tal facilidad, y eso le apenaba por el fuerte afecto que sentía al que era como un hermano para él.

-Claro...- Murmuró con sarcasmo Ciel, tratando de no mostrarcomo se sentía, ese vacío desolador que parecía enmudecerlo, no quería que le tuvieran pena tampoco.

-¿Cuánto apostamos?- Le dijo con un tono divertido el rubio para alegrar un poco el ambiente y llevar esa conversación a un sentido menos tenso.

-Dinero no tenemos...- Fue la respuesta animada de Ciel que luchaba por no dejarse vencer por el pesimismo.

-Ya pensaremos una apuesta... que no sea dinero...- Entre risas decía su amigo haciéndole cosquillas, la risa de los jovencitos se escuchaba a través de la carpa y quienes pasaban solo removían la cabeza como resignados de escucharlos, pues aun a pesar de la adversidad del entorno en que vivían había una chispa de alegría en ellos, y de alguna manera reconfortaba a quienes los escuchaban. Pasaron algunos días de breve pero significativa ausencia de los enamorados, cuando finalmente llegó el viernes era ya muy avanzada la noche, se notaba como un hombre se cabeceaba de sueño en su escritorio mientras en su computadora trataba de escribir con prisa.

-Sebastian...- Se escuchaba la voz masculina de alguien que se le acercaba por la espalda para llamarle.

-¿Qué quieres?- Cuestionó un poco molesto, pues estaba ansioso por terminar lo que hacía y lo menos que quería ahora era que lo distrajeran aun cuando este era su mejor amigo.

-Debes ir a descansar... temprano puedes terminar esa propuesta.- Advertía Claude con seriedad pues se notaba el agotamiento de su amigo que parecía querer ignorarlo.

-No... debo terminarla... mañana debo ir con Ciel...- Le respondía entre bostezos y se restregaba los ojos para seguir con su trabajo.

-Esta semana has trabajado muy duro... te vas a enfermar.- Decía preocupado el otro recordando la actitud de su amigo durante toda la semana, aunque entendía perfectamente el motivo, y eso lo hacía dudar de seguir insistiéndole.

-Es cruel el destino, conocer al amor de tu vida cuando se acerca las fechas más comerciales del año.- Murmuraba con pesar Sebastian mientras terminaba de cuadrar esa propuesta, aunque era el dueño de la empresa era su trabajo el velar por su avance, podría contratar a alguien para eso pero siempre prefería hacerlo él, tal vez por desconfiado.

-Antes no te importaba trabajar de domingo a domingo.- Alegaba su amigo mientras servía una taza de café para su casi dormido amigo.

-No tenía motivos para valorar mi tiempo libre...- Dijo el otro con una sonrisa y el dulce rostro de Ciel se aparecía en su mente enamorada. -Que cursi eres...- Eran las palabras de Claude ante esa sincera respuesta quien le ofrecía la taza de café, quien tomó un sorbo y siguió con su trabajo.

-No sabes como la he extrañado... solo quiero que amanezca para ir a verla...- Hablaba emocionado parecía como si solo el recordarla le animaba a seguir, después de todo en unas horas estarían juntos, ya podía imaginar su bello rostro sonrojado al verlo, y como él se le acercaría de prisa para abrazarla y llenarla de besos, percibir su calidez y aroma, pensarlo lo hizo sonrojarse tenuemente.

-Sé cómo la has extrañado... te la pasas nombrándola.- Dijo su amigo con algo de sarcasmo, pues el nombre de Ciel era algo repetitivo en sus conversaciones.

-Hasta en mis sueños la veo...- Hablaba Sebastian con un suspiro subiéndole el volumen a la música que escuchaba, obviamente una romántica canción que le hacía recordar a esa damita que tenía cautivado su corazón.

-Pero pierdo tiempo hablando contigo debo terminar esto.- Decía retomando su trabajo y dejando a un lado su ensoñación. -Gracias amigo...- el otro hablaba con sarcasmo por esa falta de cortesía hacia su conversación, pero a pesar de eso lo admiraba por su persistencia, notando como ya no podía más decidió ayudarle a terminar.

-Descansa... yo lo termino.- Le dijo mientras lo empujaba del asiento, Sebastian admitiendo que estaba exhausto no se negó, levantándose le daba lugar a su amigo para que terminara, solo quedaba arreglar unos detalles de la propuesta, se sentó en el sofá y apenas lo tocó se quedó dormido, su amigo que lo veía sacudía la cabeza resignado pensando en cómo el amor llegaba a cambiar a las personas, aunque él no lo decía o mostraba también extrañaba al travieso rubio a quien le prometió volver a ver también el fin de semana, por eso se esmeró en terminar ese proyecto que presentarían temprano el sábado ante los demás socios y así quedar libres el fin de semana.

Cuando se vieron libres lo primero que hicieron fue subirse al auto y regresar al lugar donde sabían que los esperaban. Al mediodía llegaron a la pequeña y por ahora tranquila comunidad gitana, con un amoroso saludo Ciel recibía a Sebastian quien feliz y aliviado se refugiaba en los cálidos brazos de su dama, que con su cabello corto y mejillas sonrojadas se dejaba besar. La otra pareja con un modesto saludo se encontraban pues no querían hacer enojar a los enamorados oficiales.

-Te extrañé con locura...- Le susurraba al oído Sebastian a la damisela que sonrojada que lo abrazaba.

-Yo a ti...- También le dijo al oído, Ciel sentía como su corazón latía con fuerza, tanto lo había extrañado, lo único cierto de su relación era de cuanto lo amaba, eso no era mentira, la otra pareja se miraba entre sí, pues los dos habían sido el soporte de los enamorados, era un extraño lazo que los unía.

-Cuidado con tanta emoción...- Se escuchaba decir al padre de Ciel cuando aparecía al ver como su supuesta hija se abrazaba con fuerza a su enamorado, quienes al oírlo se separaron de inmediato.

-Lo siento, soy muy efusivo a veces...- Decía el joven empresario con una falsa sonrisa amable, acercándosele se prestaba a saludarlo con un apretón de manos, le agradara o no ese hombre, debía admitir que de cierta forma su relación dependía del trato amable que le diera, aunque fuera fingido.

-Espero que haya respetado nuestro pacto.- Le insinuaba al hombre en voz baja para que su amada no le escuchara, pues el trato era en el que Ciel dejaría de trabajar por las noches a cambio de un dinero que le había dejado para compensar eso, era como que Sebastian pagara por esas noches, sobre todo lo hacía para que su pequeña no tuviera que lidiar con esos hombres vulgares.

-Si... sino pregúntaselo a cualquiera.- Respondía el hombre con seriedad, aunque era mentira pues Ciel siguió con la rutina y ya estaba amenazado como todos de ahí a responder que ella no había trabajado si el empresario llegase a preguntar.

-Sé que usted es hombre de palabra.- Dijo Sebastian con seriedad, igual no se quedaría con la duda y se lo preguntaría a solas a su pequeña, el viejo se disponía a marcharse pues ya veía que las parejas se subían al lujoso auto, pero algo de ahí no cuadraba.

-Alois... necesito que hagas algo antes de que te vayas.- Le llamaba el hombre ante la mirada de todos pues notaron como el siempre alegre rubio se cohibía cuando este hombre estaba cerca y parecía temeroso al alejarse de ellos.

-¿Y ese hombre con lentes está interesado en ti?- Cuestionaba el padre de Ciel al rubio que trataba de mantener distancia le repudiaba el tenerlo cerca, dentro de una carpa hablaban.

-No... solo es amigo de Sebastian...- Dijo con seriedad pues no quería que descubriera sus sentimientos por Claude, sospechaba que no era bueno si este lo descubría.

-Dime la verdad...- Le habló serio mientras con sus manos apretaba su rostro, el rubio negó con la cabeza y su mirada se tornaba llorosa.

-Solo espero que le saques provecho...- Advirtió con una sonrisa retorcida el viejo mientras lo soltaba y sus manos se colaban dentro del pantalón del rubio que se retorcía negándose a que lo tocaran así.

-Y no digo solo con dinero... sé muy bien que te gusta el sexo duro.- Le susurró al oído con perversión mientras le apretaba su intimidad con malicia.

-Debo irme...- Decía humillado el rubio separándose de ese grotesco hombre que abusaba de él, quien perverso sonreía. -Ya sabes tráeme dinero también... no te regales...- Este le decía mientras lo soltaba y se saboreaba las manos que habían acariciado la intimidad del joven que se contenía de llorar, lagrimas que desahogarían su enojo, asco y vergüenza.

-Maldito viejo asqueroso...- Murmuraba el joven en la entrada de la carpa, tomando aire se tranquilizaba no quería que Claude y los otros lo viera en ese estado de vulnerabilidad, pero sintió como alguien se le acercaba con prisa.

-¿Estas bien?- Preguntaba Claude con preocupación al verlo un poco mal aunque ahora trataba de disimularlo con una sonrisa y asintiendo dándole a entender que estaba bien, pero este no le creyó y sintió que tenía que consolarlo de algún modo, acercándose le tomaba el rostro notando esa mirada de tristeza que el jovencito trataba de ocultar, sintiéndose más vulnerable se lanzó a su regazo para que lo abrazara, el mayor sonrió y con timidez lo abrazaba.

- Vámonos... sácame de aquí...- Casi rogaba Alois cuando lo abrazaba con fuerza, era la primera vez que se mostraba vulnerable con alguien, aun con Ciel se restringía porque no quería agobiarlo con sus males, en sus brazos se sentía debilitado pero fortalecido, no había duda de que sinceramente se estaba enamorando.

Muchas gracias por seguir este fic, me alegra que les guste y lo sigan...

Gracias por el apoyo...

besos *