Las parejas se divertían en la ciudad, almorzaron en medio de una conversación amena, luego caminaron por las calles para buscar algo interesante que hacer, cuando de repente encontraron una modesta pero acogedora librería. Sebastian que amaba leer se entusiasmó y sin dudarlos halaba a todos para entrar allí, Alois y Claude fueron a otro estante con disimulo querían al menos unos minutos a solas y ahora era el momento perfecto.

-Mira... este es mi libro favorito...- Se notaba muy emocionado al joven pelinegro tomando entre sus manos un libro, Ciel a su lado solo sonreía, de algún modo le resultaba incómodo estar allí.

-¿Tienes alguno favorito?- Cuestionaba el mayor a la jovencita que desviaba la mirada, parecía algo avergonzada, esta actitud le sorprendió un poco, ahora pensaba que tal vez ella no tenía un libro favorito pues era obvio que a su padre no le importaba que se instruyera.

-Bueno... sino tienes uno favorito, puedo ayudarte a escoger uno.- dijo animado para no hacerla sentir mal, con nervios escogía un libro que tuviera un título que llamara la atención de su pequeña, quien no parecía animarse.

-¿Te gusta el título de este?- Acertaba a decir mostrándole un libro con una hermosa portada y un título llamativo, pero Ciel frustrado apretaba los puños pues trataba de leer el título pero se le hacía muy difícil. -¿Qué sucede?- Cuestionaba al no escuchar una respuesta, ya un poco preocupado por ver la actitud de su dama, pues había dejado de sonreír y más bien fruncía el ceño en señal de molestia.

-No sé qué dice ahí...- Murmuraba con vergüenza la jovencita con la mirada llena de coraje y frustración, le era tan penoso admitir eso, pero con algo así no podía mentirle era un detalle difícil de ocultar.

-Lo siento... pero no debes sentirte mal por eso...- Le decía Sebastian abrazándola para que no se incomodara más y se tranquilizara, Ciel se sentía un poco más aliviado ¿Cómo podía ese hombre hacer que su ansiedad se desvaneciera de a poco solo con un abrazo?, esto le reconfortaba y en parte le atemorizaba ya que nunca había sentido tanta ansiedad al necesitar a alguien.

-Sé leer algunas silabas, pero...- En un murmullo le decía, pues solo reconocía algunas silabas pero con la falta de practica ya hasta se estaba olvidando de eso.

-No hay problema... yo te enseño.- Con una gran sonrisa le escuchaba decir a su amado, esto le hizo animarse. -no tienes que molestarte.- Con timidez le respondía a su propuesta.

-No me molesta, más bien me alegra tener un motivo más que compartir los dos.- Era la sincera respuesta que daba el joven ante esa negativa, la pequeña no podía negarse si él la miraba con tanta ternura, sonrojada asentía con la cabeza.

-pero seré un tutor estricto, señorita Ciel.- Alegaba divertido Sebastian con una sonrisa yendo a otro estante donde habían unos libros para los que iniciaban la lectura tomando del brazo de su dama se encaminaban hacia allá.

-Seré una estudiante muy aplicada... Ya lo verás...- Decía la joven con una pequeña sonrisa, con cada detalle sentía que se enamoraba más de ese joven, embelesada no dejaba de ver esa pequeña sonrisa.

-Eso lo veremos...- Murmuró el joven al sentirse observado por su pequeña, y eso solo le provocaba sonreír más.

-No me desafíes, Sebastian...-Se escuchaba el tono altivo de la joven, lo que menos le gustaba era que le desafiaran, además este sería un desafío muy interesante. Ambos se quedaron escogiendo los libros que llevarían para sus clases. Alois que a lo lejos veía la escena podía predecir lo que pudo haber sucedido, seguramente Ciel le había confesado que era casi un analfabeto, y con lo orgulloso que era, eso debió ser muy difícil de admitir, pero al ver que ya estaba sonriendo, suspiraba aliviado, Claude que estaba a su lado no entendía que sucedía y el rubio se lo contó rápidamente.

-¿Sabes leer?- Cuestionaba con duda el mayor al rubio que miraba unos libros.

-Si un poco... yo le enseñé a Ciel lo poco que sabe, es que su padre dijo que no era necesario leer, ni aprender... y si insistía me castigaría a mí... - Contestaba con resignación pues ese hombre más egoísta y perverso no podía ser, recordarlo le cambiaba el ánimo y como no quería arruinar su cita decidió cambiar de tema con prisa. -Pero Ciel es muy listo...- Murmuraba con aire orgulloso al presumir del intelecto de su amigo, de quien estaba seguro que si tuviera los recursos necesario para estudiar el sería todo prodigio en sus clases.

-¿Listo?...- Con extrañeza repetía el mayor. -Siempre te confundes en referirte a ella... con el- Decía con algo de sospecha pues no era la primera vez que lo confundía de género al referirse de la dulce chica que en ese momento se sonreía tímidamente con Sebastian a unos pocos metros.

-Mi forma de expresarme es mala a veces... lo siento... es que tú me pones nervioso.- Fue la respuesta nerviosa de Alois al darse cuenta de su error, ese error que podía poner en riesgo la relación de su amigo pues podrían descubrir la verdad que ocultaba. El otro no muy convencido lo escuchaba pequeños detalles que le eran sospechosos pero ese sentir se esfumó cuando el travieso rubio lo halaba de la mano y se alejaban lentamente hacia otro lado de la librería.

-No nos están viendo, sería bueno escaparnos para estar solos un rato...- Se le escuchaba murmurar al jovencito cuando se escabullían en otra repisa y al no ser vistos se regalaban un apasionado beso, no podían negarse mutuamente que se sentían atraídos, pero no daban por certero que ese sentimiento fuera amor, ya que ninguno quería ilusionarse en vano. En ese tipo de relación estarían hasta llegar a conocerse mejor, era como un acuerdo que los dos concluyeron de forma mutua pero sin palabras.

El fin de semana terminó sin mayor novedad, Sebastian como tarea a su pequeña aprendiz le dejó unos libros para que practicara la lectura y un cuaderno para que practicara también su escritura, como Ciel era listo aprendía muy rápido, en los siguientes fines de semana ya leía perfectamente, después de todo tenía mucho motivo para inspirarse y alcanzar ese propósito, lo que menos quería era decepcionar por ahora a su amado, en esos encuentros en los fines de semana su amor se fortalecía mucho más y estaban seguros de que sus sentimientos eran verdaderos. Ciel parecía tener un poco de esperanza, si el amor era muy fuerte tal vez Sebastian al enterarse de la verdad se enojaría pero era probable que le terminara perdonando, en su fantasiosa mente enamorada quería pensarlo así. Cada hora del día y la noche lo pensaba, lo extrañaba y sinceramente lo amaba... hasta en sus sueños lo veía. Estaba planeando seriamente contarle la verdad en cualquier momento pero le faltaba valor para hacerlo, y para reunir ese valor necesitaba tiempo, y cuanto más el tiempo pasaba sentía enamorarse más... Un círculo vicioso de amor y mentira que tiritaba en su miedo de perderlo y en su gran anhelo de tenerlo.

Sin darse cuenta llegó diciembre y en especial un día que Sebastian estaba esperando con mucha ansiedad, el cumpleaños de su pequeña dama, aunque era un día entre la semana, en esos días en que no la veía, sin embargo se prestaba a ir a buscarla en esa noche, era una ocasión especial y era necesario ese pequeño viaje inesperado. Eran un poco más de las cuatro y el joven empresario dejaba todo en orden para marcharse, su amigo que lo observaba removía su cabeza con resignación.

-¿Estás seguro de lo que haces? Es muy precipitado... Es una locura. – Le cuestionaba al verlo arreglarse un poco frente al espejo.

-Tienes razón es una locura, pero nunca he estado más seguro en mi vida...- Le respondió con certeza y una sonrisa se perfilaba en sus labios con gran ilusión. -No soporto esta distancia, quiero tenerla cerca cada día de mi vida.- Terminaba de decir el apuesto joven con algo de nostalgia pero esa sonrisa no se borraba de sus labios y tomando entre sus manos una pequeña caja la abría para ver ese anillo de deslumbrante brillo, cerrándola se la guardaba al bolsillo.

-Cuando algo se te mete en la cabeza, no hay quien te haga desistir de eso... solo me queda desearte buena suerte.- Le decía su amigo totalmente resignado, pero a la vez contento por la decisión de su amigo solo esperaba que Ciel le dijera que si a la propuesta que esa noche le harían, y sabiendo lo enamorada que estaba la jovencita que cumplía dieciséis, no dudaba que aceptara.

-Gracias...- Murmuró sonriente el joven empresario mientras salía de su oficina para encontrarse con la pequeña mujer de sus sueños, esa de quien estaba como idiota enamorado... Sin sospechar que tal vez su propuesta matrimonial sería rechazada y por un fuerte motivo que él ingenuamente desconocía.

Muchas gracias por su paciencia y seguir este fic,