Sebastian ilusionado llegaba al alegre lugar donde estaba su amada a quien sorprendería esa noche con una hermosa propuesta, algunos autos ya comenzaban también a parquearse cerca, como era mediado de semana no estaba muy concurrido como en las noches de fines de semana, el joven enamorado bajándose de su lujoso auto, tomaba aire como dándose fuerza, porque debía admitir que estaba bastante nervioso por el regalo especial que le daría a su pequeña que cumplía sus dulces dieciséis. Caminaba con lentitud mientras en su mente repasaba las palabras que diría en su propuesta matrimonial, pero todo ese ánimo se esfumó cuando vio a Ciel con su peluca y hermoso vestido sentada en una mesa junto a un desconocido, lleno de coraje se le acercó y tomándola del brazo la levantaba de la mesa con brusquedad.
-¿Qué se supone que haces?- Le gritó cuestionándole, la joven estaba sorprendida por esa inesperada visita pero más al ver esa actitud furiosa de su enamorado, quien se supone no debería estar ahí, solo se limitó a agachar la mirada con vergüenza. El otro hombre se prestaba a ayudarla pero Sebastian fuera de sí lo empujó tirándolo al suelo provocando un desorden allí, estaba tan enojado que nadie lo detendría. Alois aparecía en la escena al oír el escándalo, viéndolo lo entendió todo pero no alcanzó a justificar a su amigo, solo veía como los dos se alejaban de allí, seguramente irían donde el padre de Ciel.
-Creí que teníamos un trato...- Le gritó enojado Sebastian con afán de golpear al grotesco padre de su amada por no cumplir su parte del trato, se sentía engañado, todas esas semanas creyendo que su pequeña no estaba trabajando, corriendo peligro por estar con hombres que pudieran lastimarla, y esto no era así.
-Ella es mía... no quiero compartirla con nadie...- Entre dientes decía mirando de reojo a Ciel que no se dignaba a mirarlo.
-Lo lamento... No creas que hago esto siempre... solo fue hoy porque algunos clientes saben de mi cumpleaños... y...- Se escuchaba murmurar a la joven levantando la mirada que parecía sincera, Sebastian comenzó a creerle, su pequeña no podía estarle mintiendo, sin sospechar que así era.
-No tienes que justificar al mentiroso de tu padre.- Aclaró tomándole el rostro mirarle a los ojos para comprobar que no le mentía, porque si mentía eso significaba que todas esas semanas le había estado ocultando la verdad.
-Te digo la verdad... yo no te mentiría...- Le dijo mirándole a los ojos, una mentira que punzaba profundo en su corazón, el joven al ver tanta convicción en sus palabras, le creyó, abrazándola trataba de calmarse.
-¿Cómo puede pensar lo peor de nosotros...? Los de su clase siempre terminan rebajándonos...- Hablaba el hombre haciéndose el ofendido cuando bien sabía lo que le obligaba a hacer a su supuesta hija, aun cuando ella se negaba a trabajar por el sentimiento de culpa que le producía mentirle a la distancia a su enamorado.
-Comenzaré a venir a mediados de semana sorpresivamente...- Aclaraba el joven como dando por terminado ese malentendido, no estaba de más dejar avisado a ese ambicioso hombre, tomado de la mano de Ciel se alejaban de él.
-Lamento el haberte tratado así... A veces suelo ser muy impulsivo...- A modo de disculpa decía Sebastian cuando caminaban por el lugar, veía como tenía enrojecido el brazo de su pequeña donde la había halado con fuerza.
-No es nada...- Dijo la jovencita con una pequeña sonrisa, a pesar del mal momento se alegraba que su deseo se hubiera cumplido, lo que más anhelaba en su cumpleaños era ver a ese galante joven, entrelazando sus dedos fortalecían más esa tomada de manos, caminaron hasta el pequeño riachuelo que era como su lugar de encuentro a solas.
-Feliz cumpleaños número dieciséis...- Era el sincero deseo del joven cuando con una dulce sonrisa no dejaba de mirara a ese bello rostro sonrojado que amaba. Ciel emocionado lo abrazaba, una explosión de sentimientos y emociones le embargaban en su ser, era la primera vez que tenía un cumpleaños tan feliz, saber que alguien lo amaba, lo necesitaba, pero esos pensamientos de felicidad se opacaban con la mentira en que se basaba su relación. Con susurros la joven le agradecía por su afecto sincero, Sebastian solo confirmaba a cada segundo que ella era la que le acompañaría en sus días y noches en la vida y tal vez por la eternidad, unieron sus labios en un profundo y amoroso beso que evidenciaba sus más sinceros sentimientos.
-¿Cuánto más lo seguiremos celebrando?- Cuestionaba Ciel después de ese beso, pues el domingo anterior a su cumpleaños lo habían celebrado junto a sus amigos. -No tenías que venir...- Decía tímidamente mirándolo al rostro mientras su mano lo acariciaba, pues sabía que era todo un sacrificio dejar la ciudad para venir a verlo a mediado de la semana.
-¿Y perderme tú primer cumpleaños juntos?- Era la respuesta del joven que cariñoso no dejaba de mimar a su enamorada. -Te prometo que el próximo año, te despertaré con un beso y pasaremos todo el día juntos.- terminaba de decir con gran ilusión.
-Sabes que no me gusta hablar del futuro... prefiero vivir el ahora.- En un susurro lleno de nostalgia hablaba la jovencita con la mirada que se perdía en el firmamento.
-Además no creas que dentro de un año estaremos juntos de esa manera.- Dijo con vergüenza al darse cuenta de lo que le estaba insinuando, pues si la despertaba con un beso era porque debieron dormir juntos y pensarlo le hizo ruborizarse en gran manera.
-¿Por qué no?- Le preguntaba con coquetería el joven haciendo que se avergonzara más. -Dentro de un año seremos esposos...- Afirmaba levantándole el rostro.
-No digas esas cosas...- En un murmullo tímido decía la jovencita con la mirada iluminada. -Soy menor de edad.- Objetaba para no decir cuál era el verdadero motivo por el que se negaba a esa ilusión.
-Cumpliste dieciséis... ya podemos...- Trataba de convencerla, ella ya notaba la seriedad y ya no parecía ser una simple idea, sonaba como una propuesta y comenzó a incomodarle.
-No entiendo...- Murmuraba confundida desviando un poco la mirada.
-Solo dime que si...- Se le escuchaba decir a Sebastian cuando sacaba la pequeña cajita del bolsillo y se lo mostraba.
-¿Aceptas casarte con este idiota que vive solo para amarte?- Le proponía con un pequeño sonrojo cuando abría la pequeña caja y se mostraba el anillo con un precioso diamante color azul zafiro, que combinaba perfecto a la mirada de la joven que estaba en shock sin acertar que decir, ni que hacer.
-Yo...- Musitaba bajito sintiendo como el corazón parecía salirse del pecho, mirando el semblante ilusionado de su pretendiente
-Yo no puedo aceptarlo... lo siento...- Dijo con tristeza cerrando la cajita agachaba la cabeza, sentía que la culpa le invadía, tan enamorado lo tenía que ya era capaz de hacerle esa propuesta y lo estaba lastimando con su negativa, era una punzada fría y dolorosa en su corazón. Sebastian desilusionado se guardaba la cajita en el bolsillo.
-Puedo saber... ¿Por qué la negativa?- Era la pregunta que por el momento agobiaba al joven que se sentía rechazado por ese no, pero al ver la actitud de su damisela sospechaba que había un motivo fuerte para que se negara de esa manera, tratando de dejar su desilusión a un lado trataba de mostrarse comprensivo, abrazándola le daba ánimo, o más bien se daban aliento mutuamente.
-¿Me amas?- Sebastian le cuestionaba mientras sus brazos la rodeaban con calidez, Ciel en ese momento se debatía entre decir la verdad o seguir con la mentira, era el momento para acabar con ese tormento, dulce tormento que le agobiaba, el perderlo para siempre era lo único que contemplaba ahora... antes de seguirlo lastimando.
Muchas gracias por seguir este fic... lamento la demora... espero haya sido de su agrado y disculpen dejarlos de nuevo con la intriga
nos leemos pronto... no olviden comentar.
