Ciel asentía con su cabeza al afirmar sinceramente a la pregunta ¿Qué si lo amaba?, con esa respuesta el corazón desilusionado del joven se calmaba, a la vez que le embargaba una extraña tristeza en su ser que no se podía explicar. Sentía como ella tiritaba en sus brazos, parecía querer hablar pero no lo hizo, antes de que las palabras se pronunciaran en sus labios unas frías lágrimas se evidenciaban.

-No llores... Si no quieres casarte lo comprendo, eres muy joven todavía...- Decía tratando de ser comprensivo ante esas lagrimas que en secreto eran la evidencia de la batalla interna de la jovencita, al debatirse en decir la verdad, pero palabras no hallaba y la opresión en su pecho no le ayudaba.

-Creo que me precipité...- Le calmaba Sebastian abrazándola sin sospechar lo que pasaba dentro de los pensamientos de su damisela. -Es solo que quiero tenerte cerca, aquí ni siquiera te puedo llamar por teléfono, o comunicarnos de algún modo durante la semana.- Decía con pesar, pues sus intenciones eran sinceras y detestaba el estar tantos días separados sin tener noticias de ella.

-Perdóname... Solo te extraño demasiado- Le susurró al oído con arrepentimiento esto solo aumentaba la confusión de la joven, que el solo pensar no tenerlo cerca le sería una tortura, pero a la vez tenerlo cerca y saber que lo lastimaba era una tortura también, esto pensaba con pesar.

-Sebastian... Yo debo decirte...- Se le escuchaba decir cuando parecía ya haber tomado una decisión, era más difícil de lo que pensaba ya que tenerlo así, viéndolo a los ojos simplemente no acertaba que decir, su certeza se desvanecía al notar su mirada llena de amor, se quedó callada con una enorme frustración.

-No tienes que disculparte por el rechazo...- Aclaraba el joven presintiendo que su dama quería disculparse por su negativa a la propuesta, estaba equivocado pues no era eso lo que quería decirle. Ciel no hablaba, no podía aclarar todo o tal vez no quería en el fondo de su ser.

-Siempre es lo mismo, pido matrimonio y me rechazan, supongo no debo ser un buen tipo...- Insinuaba divertido Sebastian para calmar la tensión del momento, aunque nunca a nadie había hecho tal propuesta, la mirada algo celosa de la joven se fijó en él ante tal insinuación. El otro divertido sonrió al ver ese gesto celoso.

-No digas tonterías, eres el sueño hecho realidad de cualquiera...- Susurró la joven con sinceridad casi de forma inconsciente, al notar lo que dijo se sonrojó más.

-Querida... me basta con ser el sueño hecho realidad para ti.- Ante ese halago el joven emocionado sonreía, no era común escucharla hablar de esa manera tan romántica, rozando sus labios entre sí, sonreía.

-Eres lo más importante de mi vida, sino te tuviera creo que moriría de tristeza.- Le susurraba sobre sus labios con cariño y a la vez con melancolía. Ciel agachó la mirada al escuchar esa confesión.

-Imaginé que tal vez dirías que no a mi propuesta, así que pensé en otra...- hablaba Sebastian tomando el rostro de su pequeña para que le mirara y borrar esa triste mirada.

-¿Qué te parece si te saco de aquí?- Cuestionó ilusionado tomando las manos de ella. -...Te alquilaré un departamento en la ciudad.- Terminaba de decir con mucha ilusión, pero Ciel no entendía bien lo que trataba de decir y con extrañeza le fijaba la mirada.

-No... no... no... no pienses que te quiero llevar a vivir conmigo... sin casarnos...- en una aclaración nerviosa hablaba el atractivo joven al ver esa mirada sospechosa que le daban por su otra propuesta.

-Pero estando en la ciudad al menos podremos comunicarnos. Además podrías seguir estudiando, te haría bien cambiar de ambiente.- Seguía aclarando pues precisamente no se la llevaría a la ciudad donde el vivía sino que la dejaría en la ciudad que estaba cerca de ella.

-No lo creo posible...- Dijo Ciel ante esa propuesta aunque le gustaba la idea el aceptarla solo sería comprometerse más con el joven que le rogaba con la mirada que aceptara, quien al escuchar su seria negativa desvió la mirada con pesar y algo de resentimiento.

-Pareciera como si no quisieras tenerme cerca...- Murmuraba entre dientes sin mirarla, la joven se sintió mal por lo que estaba provocando, si tan solo dijera la verdad Sebastian ya no le estaría rogando.

-No es eso... es solo que...- Igual en un murmullo decía como queriendo decirle la verdad, pero lo próximo que sintió fue como este le halaba del brazo y se levantaban para ir a la tienda donde estaba su padre. Era casi medianoche y Ciel en su cama daba vueltas sin poder conciliar el sueño, su amigo desde la otra cama lo veía en esa extraña actitud, desde que se había ido Sebastian no quería hablar.

-¿Qué sucede Ciel? ¿Desde cuándo tenemos secretos?- Cuestionaba resentido el rubio en medio de un pequeño puchero, había sido una noche especial para su amigo y este no le contaba ningún detalle, la curiosidad lo mataba.

-Soy la peor persona en el mundo.- Se escuchaba decir al de mirada azulina con odio y coraje para sí mismo, mientras sus dedos rozaban sus labios pues aun podía sentir esa calidez del dulce y profundo beso de despedida que su pretendiente le regaló antes de marcharse, una hora atrás.

-¿Qué hiciste?- Preguntaba curioso el rubio mirando a su amigo que se sonrojaba con esa dulce y romántica rememoración. Este se quedó callado y se prestaba a contarle la noticia que lo involucraba a Alois también.

-Este fin de semana nos vamos a vivir a la ciudad...- Le contaba sin mucho ánimo el jovencito, recordando como su ferviente enamorado había convencido a su padre de este cambio, le costó mucho convencerlo pero al final el dinero hizo su efecto. En parte era el cambio que anhelaba, y eso era lo que más le pesaba, ¿Estaba aprovechándose de la buena voluntad y el amor sincero de Sebastian? Por tal motivo se sentía de lo peor, la mentira estaba enmarañándose más, al final todo sería más doloroso cuando se descubriera.

-¿en serio?- Era la expresión algo emocionada de Alois, el salir de ese lugar era su mayor anhelo sobre todo al no tener que ver al viejo pervertido que abusaba de él cuando le placía.

-No sé cómo me dejé convencer...- Murmuraba deprimido el de mirada azulina. -Hoy tuve la oportunidad de confesarle la verdad... y no pude...- Terminaba de decir, aun cuando ya sabía que por ahora no podía hacer más, esas oportunidades las perdió. La culpa le embargaba con tristeza pero a la vez se sentía conmovido por ver tan devoto amor que ese joven le tenía.

-Es muy egoísta lo que estoy haciendo... y mi única excusa es que estoy perdidamente enamorado.- Hablaba para sí mientras con fuerza cerraba los ojos y se prestaba a dormir, ni siquiera escuchaba lo que su amigo le decía. En su mente solo la imagen de ese a quien amaba vacilaba entre sus sentimientos de culpa y amor que lo esos que lo agobiaban y a la vez le reconfortaban con tanta dulzura.

Gracias por seguir este fic... se los agradezco con el corazón *

besos