Estaban llegando a la ciudad, Alois no dejaba de hablar además que su sonrisa no se borraba, era evidente lo feliz que era junto a Claude en el asiento trasero del auto, Sebastian los miraba atento por el retrovisor para confirmar si era cierto lo que en la noche anterior le había confesado. Al verlos como se miraban no había duda de que estaban enamorados y con esa entrega de ayer parecían haber rectificado sus sentimientos.

-Ciel... ¿Te sucede algo?- Cuestionaba el joven cuando dejó de ver a la pareja que coquetamente conversaban, y notó como su pequeña estaba más callada de lo que era usualmente y su mirada se perdía en ritmo de la ciudad en la que ahora viviría.

-No... estoy bien...- Musitó sin mirarle, se sentía culpable por lo que hacía. Tenía ganas de bajarse de ese carro y echarse a correr.

-Cariño... mírame...- Le decía su enamorado mientras tomaba su mano para que lo viera. -Sé que algo te está molestando.- Habló tratando de ser comprensivo con la mirada esquiva la joven no sabía que decir, esa sensación de culpa le abrumaba más.

-No es nada...- Murmuró como respuesta, Sebastian no satisfecho con eso seguiría insistiendo, Alois que escuchaba sabía que le sucedía a su amigo y decidió intervenir para que la mentira siguiera.

-Es que Ciel está en sus días...- Acertó a decir el rubio en voz alta, lo que provocó que todos se sonrojaran en especial la supuesta joven.

-No digas eso... eres idiota.- Le gritó avergonzado, aunque en realidad no estaba en sus días pero el imaginárselo se llenaba de pena.

-Ah, es eso...- Susurró Sebastian algo sonrojado por tal embarazosa respuesta, desviaba la mirada y seguía conduciendo. Al menos con eso calmaron la tensión del momento por ahora. A los pocos minutos llegaron al edificio donde vivirían, bajaron sus bolsos y se prestaron a ir al departamento, los jovencitos notaron que estaba más arreglado de cómo lo habían dejado el día anterior, una vez instalados los dos adultos salieron a comprar el desayuno a una cafetería cercana así daban tiempo de que los dos jovencitos revisaran el departamento.

-En mis días...- Murmuró Ciel cuando estos se marcharon a manera de reclamo por lo dicho anteriormente.

-Es la excusa perfecta para cuando Sebastian te comience a interrogar, o cuando quiera algo más contigo... tú entiendes.- Sin pena alguna aclaraba con una sonrisa traviesa el rubio.

-Cállate...- Se escuchaba decir al de mirada azulina pensando en que tal vez pronto tendría que dar esa excusa si Sebastian trataba de seducirlo, su amigo se le burlaba y se prestaron a mirar lo que sus novios habían comprado.

-Y tu... Hoy he visto que estás más cariñoso con Claude... ¿Se te declaró o qué?- Hablaba algo malhumorada la jovencita sentándose en el sofá, y veía como su amigo con una radiante sonrisa se sentaba a su lado.

-Algo así...- Le respondió a su pregunta sin borrar la sonrisa. -Estoy enamorado mí querido Ciel...- Confesaba con la mirada iluminada y un pequeño suspiro.

-Este sentimiento me enloquece...- Seguía hablando ante el gesto malhumorado de Ciel que le molestaba tanta emoción, tal vez porque él no podía ser como Alois, de alguna forma lo envidiaba, pues su relación era sincera muy al contrario de la suya.

-Te recuerdo que estabas medio loco antes de que llegara Claude.- Advirtió con un tono algo divertido la supuesta dama para no hacer tan evidente su malestar, después de todo no tenía derecho de arruinar la alegría de su amigo.

-Es por eso... somos el complemento perfecto, yo estoy medio loco y el es tan serio que me controla.- Alois hablaba sin percatarse lo que su amigo sentía en esos momentos, estaba tan ilusionado que en su perspectiva no notaba a alguien más fuera su propia felicidad, Ciel no lo culpaba por ver cierto egoísmo en su querido amigo, suspirando olvidaría su malhumor. La puerta se abrió y los dos caballeros cargaban unas pequeñas bolsas donde traían el desayuno, debían tener un banquete de bienvenida, comenzaron a desayunar estrenando el modesto comedor en medio de una charla agradable.

-Tenemos obsequios de bienvenida para los dos.- Decía emocionado Sebastian cuando terminaron de comer y caminaba hacia su bolso de donde sacaba dos pequeñas cajas. Una la agarró Claude y se la dio a su rubio, los dos jóvenes miraban expectantes sus obsequios y los abrieron.

-No tenías que...- Advertía tímidamente Ciel al ver un moderno y sofisticado celular.

-Gracias...- Alegaba con alegría el rubio y aprovechó para besar a su amante como agradecimiento. Ciel no se quedó atrás y le regaló un pequeño beso a su devoto pretendiente que sonreía ante ese tímido agradecimiento.

-El objetivo de todo esto era el estar comunicados, y no podemos estarlo sin estos.- Se escuchaba decir a Sebastian señalando los celulares, le alegraba el solo pensar que ahora si la distancia no sería tan grande si se mantenían en contacto al menos así.

-Wow... Siempre quise uno de estos.- Exclamaba feliz el rubio quien habría deseado tener un teléfono asi, un lujo que pensó no tendría, emocionado se apegaba a Claude para que le explicara cómo funcionaba y el otro atento con gusto le ayudaría, la otra pareja también hizo lo mismo. Asi pasaron ese primer día juntos en la ciudad, aprendiendo cosas nuevas, entre conversaciones tontas y el cariño evidente entre si, llegó la noche que alertaba que ese fin de semana había terminado y los caballeros debían marcharse, siendo despedidos por sus jóvenes enamorados se dirigían a su ciudad. Alois y Ciel aprovecharon a comprar algo a la dulcería que estaba cerca, ya de regreso en su edificio en uno de los pasillos se encontraron con dos jóvenes de piel morena.

-Mira Agni... una niña muy linda.- Exclamaba embelesado un joven de enorme sonrisa, su piel morena advertía que era extranjero.

-Joven le he dicho que no es correcto referirse así a una dama tan de repente.- Le regañaba el otro joven que más alto lo agarraba de la mano para que se calmara, pues Ciel parecía enojarse por tal atrevimiento.

-Discúlpelo... señorita.- Dijo el mayor con una amable sonrisa, la joven torcía la mirada y se prestaba a seguir su camino. Alois que era un poco más sociable le parecía buena idea tener amistades así que haló a su amigo para que detuviera su andar.

-Está bien... no es para tanto, Ciel es muy tímida.- Alegó el rubio con una sonrisa para iniciar conversación.

-Así que te llamas Ciel... hasta tiene un lindo nombre.- Exclamó emocionado el joven que coqueto y sonrojado no apartaba la mirada de la pequeña dama frente a él.

-Ustedes son los nuevos del edificio.- Comentó Agni para seguir la conversación.

-Si...- Respondió Alois con una sonrisa.

-Son novios... aunque están pequeños para vivir solos.- Con algo de celos habló el joven de penetrante mirada esmeralda al pensar que ellos eran pareja.

-No... ella es como mi hermana.- Aclaraba el rubio con tono divertido.

-Ahhh... entonces van a vivir con su familia.- Murmuró el moreno algo confundido.

-No, viviremos solos...- Respondía Alois confundiéndolos un poco a ambos.

-¿Qué les parece si tomamos un té?- Proponía amablemente Agni para aclarar la confusión, los otros dos se miraron entre si dudosos de aceptar la invitación.

-No soy un asesino o algo así.- Murmuraba resentido el joven moreno con un pequeño puchero. -Soy príncipe de India, me llamo Soma.- se presentaba formalmente pero eso hizo que pareciera más sospechoso.

-Es verdad... no me miren como si estuviera loco.- Advertía el joven al sentir como los otros retrocedían su paso. -Me aburrí de mi vida en el palacio y quise probar suerte en Inglaterra.- Terminaba de decir con una sonrisa.

-Eso suena interesante.- dijo Alois creyendo aquello después de todo era verdad, Ciel estaba dudoso todavía.

-Agni es mi sirviente y amigo...- Hablaba Soma presentando a su acompañante que amablemente hacia una reverencia. No aceptaron la invitación a su departamento pero fueron a la cafetería cercana a conocerse más, después de una hora de conversar se despidieron y cada cual se fueron a sus departamentos.

-Yo creo que Agni está enamorado de Soma...- Comentaba travieso el rubio cuando ya estaba a solas con su amigo.

-Tú crees que porque a ti te gustan los hombres, a todos los hombres les gustan los hombres.- Murmuraba con algo de malhumor el joven que se quitaba con un pañito el poco maquillaje que tenía.

-Bueno... se nota... lástima que el príncipe no se ha dado cuenta de que su sirviente lo ama.- Seguía hablando el otro mientras veía a Ciel volviendo a ser el jovencito que era. - Ya te inventaste una historia.- Murmuró el otro resignado ante esa insinuación. La conversación se interrumpía por el sonido de un teléfono, la supuesta joven notó que era el suyo y olvidando su malhumor se disponía a responderle a su amado Sebastian.

Pasaron algunos días de tranquila convivencia, Ciel y Alois por medio de la tecnología comenzaron a tomar clases como les había sugerido Sebastian, así también los jovencitos junto con su reciente amigo Soma aprendían lo necesario a través de algunos libros. Sin notarlo desarrollaron una agradable amistad en pocos días.

-Me gustas Ciel...- Confesaba sonrojado el joven príncipe cuando por un momento se quedó a solas con la supuesta dama.

-Ya te dije que tengo novio...- Respondió a esa confesión que al parecer no era la primera vez que escuchaba.

-Debía intentarlo... otra vez- Decía el otro con una sonrisa nerviosa, le gustaba Ciel pero no tenía claro en qué sentido porque ella era algo misteriosa y presentía que algo ocultaba.

-Que afortunado es Sebastian de tener una novia tan hermosa e inteligente.- Le halagaba al mirarla fijamente. -Ya quiero conocerlo en persona para saber si es digno de tu amor...- Terminaba de decir con algo de molestia, la joven solo sonreía a pesar de todos sus sentimientos confusos, de ese amor que tiritaba entre la verdad y la mentira, le alegraba pensar en cómo su vida había tomado ese giro, ahora hasta tenía amigos aparte de Alois.

-Si... como digas.- Murmuró con sarcasmo a su nuevo amigo, aunque era algo odioso era muy divertido y alegre estar con él.

Era ya muy avanzada la noche de ese viernes y los jovencitos dormían en sus respectivas habitaciones, al día siguiente verían a sus parejas así que se durmieron temprano, unos pasos extraños se escuchaban en el departamento imperceptibles al oído de los jóvenes durmientes, la puerta de la habitación de Alois se abría con lentitud y se escuchaba a los pocos segundos como se cerraba. Sigilosamente una sombra se acercaba a la cama donde el rubio dormía profundamente, con un beso lo despertaba, este asustado se alteró comenzando a resistirse con fuerza, los malos recuerdos le invadieron, de esas noches en las cuales era abusado por el viejo padre de su amigo.

-Alois... soy yo...- Le susurraba al oído Claude tratando de calmarlo, de nuevo esa mirada de miedo y desesperación se hacía evidente.

-Maldición, me asustaste...- Murmuró molesto el jovencito tratando de calmarse.

-Lo lamento... yo creo que tienes que contarme algo.- Le dijo el mayor tomándolo de la mano porque no había duda de que algo muy grave le ocultaba su pequeño amante, quien desvió la mirada, lo pensó por unos segundos pero decidió que no era el momento adecuado para contarle algo tan serio a Claude.

-Te lo contaré mañana...- Le susurró al oído mientras lo abrazaba con fuerza, el otro lo entendió y no siguió insistiendo.

-Ahora solo hazme tuyo... me lo debes por este susto.- Aclaraba con tono erótico el rubio mientras se quitaba la ropa de forma provocativa, su amante se quitó los lentes y sin esperar que la petición se repitiera, solo se abalanzó sobre él y en un profundo beso se escabullían bajo las sabanas. Tratando de hacer mínimo ruido se amaban en esa madrugada, en que el mayor se había escapado para ir a verlo, sin notarlo y en el calor del momento no se percataron que el ruido de su excitante momento de pasión se podía percibir en el silencioso departamento.

-Alois...- Murmuró Ciel al escuchar unos leves ruidos en la madrugada, la puerta de su cuarto se abrió al parecer con el viento y hacia que estos ruidos se hicieran perceptibles. Se levantó de su cama en silencio, agarró su celular para alumbrar con su tenue luz su andar, al salir de su habitación esos ruidos se hacían más audibles, y parecían provenir de la habitación cerrada de su amigo. Se sonrojó un poco al discernir qué clase de ruido era, y no era solo el sonido de los gemidos de una persona, parecían de dos, caminó hasta la puerta y acercó curioso su oído a esta para confirmar sus sospechas, tal vez estaba pensando mal de su amigo, quien tal vez solo estaba viendo alguna película de adultos, pero al escuchar como su amigo en un gritillo ahogado llamaba a Claude, sabía que no era una película. Se enojó mucho al darse cuenta y algo celoso se prestaba a interrumpir la sesión clandestina de amor que se suscitaba en esa habitación.

muchas gracias por seguir este fic espero que este capitulo haya sido de su agrado,

besos y nos leemos pronto *