Y siento que me miras desde el mar cuando le canto al viento, soledad;
ahora sé que me vuelvo a enamorar eterna compañera, soledad.
Sheldon se vio reflejado en el espejo. Su cansada y vapuleada mente estaba lista para jugar con él de la manera más cruel.
Primero fijó su atención en su cabello recién peinado. Demasiado arreglado para la ocasión.
Luego centró su interés en sus facciones: Ojos azules apagados e inyectados en sangre, con ojeras prominentes. Una gasa adornando una de sus mejillas y cubriendo una herida. Nariz roja y obstruida por secreciones. No podía respirar muy bien. Restos de lágrimas silenciosas que hace poco tiempo surcaron por sus mejillas.
Por último, su vestimenta.
Negra como el petróleo.
Negra como el carbón.
Negra como la muerte.
Una cáscara humana, un "quien en vida fue", un cadáver viviente.
Un cabestrillo acunando su mutilado brazo derecho, que estaba envuelto en gasas y yeso.
Eso fue lo que Sheldon vio.
Realmente, no quería ir. Es más, se aisló un día entero, hasta que Penny y Leonard lo convencieron con palabras dulces de que tenía que estar presente. Incluso, le habían redactado un discurso para la ceremonia. Le dijeron que era obligatorio usar el traje negro. Él solo asintió con cada cosa que decían, pero en realidad, no estaba escuchando una sola palabra. Solo podía pensar en universos paralelos, y que en esos universos paralelos Sheldon y Amy estaban juntos durante muchos años, y no eran bruscamente separados por un conductor irresponsable, que colocó a la Parca en el camino de uno de los dos. Hoy se despediría de ella, le daría el último adiós.
Pero, a la par que decía adiós al amor de su vida, un viejo amor del pasado regresaba.
Después de todo, eran viejos amigos, o lo fueron hasta que él encontró a alguien más.
Esta noche, él la esperaría.
Mas las circunstancias no eran las de antaño. Ya no la amaba. No la quería otra vez en su vida. Es más, la detestaba, hoy más que nunca.
Miró la hoja de papel entre sus manos con el discurso dedicado a Amy. No sonaba a como él se expresaría de su Amy. Y, por si fuera poco, tenía errores de coherencia, cohesión y hasta ortográficos. El autor (en este caso, autora), quedaba más que en evidencia. Unos toques en la puerta desviaron su atención y comprendió que Leonard venía a informarle que ya debían ir a la capilla para la ceremonia.
Dándose una última mirada en el espejo, salió de la habitación.
Antes de cerrar el ataúd definitivamente, le dio un beso en la frente. Estaba fría y contrastaba con la tibieza de sus labios, y de las lágrimas que cayeron silenciosamente en sus mejillas pálidas.
Esa tarde, no solo se despedía del amor de su vida, sino de tal vez su vida entera. Ya no había más ilusiones y esperanzas de pedir su mano en matrimonio, de adorar su cuerpo, de verla en el esplendor de la feminidad portando vida en su vientre, de tener una familia que proteger y amar. Fue un idiota al pensar que esto jamás podría pasarles. La vida es volátil, el tiempo que uno pasa en este mundo puede ser acortado drásticamente, ya sea por una suma de factores que no pueden controlar, o ya sea por la voluntad de una deidad caprichosa.
El doloroso e incómodo recuerdo de su ruptura de casi un año hizo su aparición, para atormentarlo con el hecho de que de no haber sido por su inmadurez, egoísmo y capricho la hubiera tenido a su lado más tiempo, tal vez incluso ya hubiera sido suya. La respiración se empezó a tornar difícil, su mente clínica decía "distrés respiratorio". Sintió que el corazón se le estrujaba… ¿Un corazón roto acaso? La cabeza le dolía, su pulso había aumentado, y las lágrimas corrían sin control por su rostro. Sus manos se estaban aferrando con fuerza al ataúd, sabía que debía soltarlo, pero la respuesta, infantil inclusive, era un "pero no quiero".
Sintió una mano gentil posándose en su hombro, y supo que tenía que retroceder. No lo hizo. Su visión nublada por las lágrimas seguía enfocando a Amy, su dulce, paciente, gentil Amy. Ella era una persona ejemplar.
- "Entonces, ¿por qué te la llevaste?"- dijo a una deidad en la cual nunca creyó. Y es que cuando el ser humano busca respuestas sumido en el dolor, simplemente las quiere. Sea cual sea la fuente. Solo bastaba una explicación para todo su dolor.
Howard y Raj tuvieron que sacarlo, sosteniendo cada uno un brazo.
Era momento de decir adiós.
Después del entierro, Sheldon esperó hasta que el último asistente se haya retirado. No le importó la lluvia que azotaba Pasadena sin piedad, como un cliché. "Y la lluvia siempre empieza cuando te vas", como rezaba una canción de The Vaselines.
Observó la lápida de granito y las letras de plata formando el nombre "AMY FARRAH FOWLER".
Se acercó y con delicadeza depositó la rosa blanca que no había arrojado al ataúd cuando estuvieron colocándolo metros bajo tierra.
Detrás de él, estaba ese viejo y ya no deseado amor.
Tendría toda la noche para ponerse al día con ese amor de antaño, amorosa soledad.
Era hora de volver a sus brazos.
- Dime, Amy, ¿Qué va a ser de mí?
"Una voz que ya no escuchas, una voz que ya se fue"
Decidí poner un final alternativo más fiel al verdadero significado de Inmortales.
La soledad como eterna compañera.
