Diamante Azul había servido para inspirar culturas de otras especies que habitaban planetas que, después, ella misma convirtió en sus propias colonias, sin que importaran las alabanzas y los tributos que había recibido por su belleza digna de una deidad.
Pero para Perla Amarilla, no había ninguna gema que se comparara con su diamante.
Perla Azul se mantenía a los pies de su diamante, con las manos a la altura de la gema en su pecho y el flequillo cubriendo sus ojos. Aún así, la diminuta sirvienta sonreía al igual que su diamante. Y es que parecían compartir hilaridad en incordiar a Diamante Amarillo.
—Está emocionada por conocerte. —dijo Diamante Azul, sonriendo irónicamente. —Llegó a pensar que ella serviría a ti.
Diamante Amarillo refunfuñó.
—La conoceré cuando se dé el momento. Ni siquiera se ha presentado oficialmente ante las tres y ya estás divirtiéndote a expensas mías.
—Fue divertido ir. Claro, no me gustó la idea de acompañar a unas Lapislázulis a investigar tu planeta, pero valió la pena. —dijo Azul, jugueteando con el borde de su túnica. —Quién diría que encontrarías una mina de diamante en ese insípido lugar.
Perla Amarilla podía notar que el temperamento de su diamante estaba siendo tentado por la otra dictadora. Incluso la doncella azul a su lado sonreía sumisa.
La consola táctil que Diamante Amarillo utilizaba para revisar algunos reportes mostraba uno en específico, que llevaba un tiempo abierto pero había sido desplazado para intentar ver otros asuntos importantes. Era acerca de ese incómodo planeta llamado Tierra, cuya estructura se había dividido en continentes debido a un inesperado evento.
El surgimiento de un diamante.
Uno no planeado. Terrestre. Creado a base de experimentos con minerales aún sin controlar.
Y, según apuntaba la enorme musa azul, se llamaba Diamante Rosa.
—Sé que te agradará. —volvió a hablar la visitante. —Es diferente a nosotras, pero es imposible ignorarla.
—Eso lo juzgaré yo misma. — Diamante Amarillo hizo su sentencia, visiblemente irritada por el asunto. El repentino incidente que la había llevado a crear una nueva líder para la autoridad era algo que la tenía a la defensiva.
Diamante Azul sonrió, evidenciando su humor, pero decidió darle la razón a su igual. Anunció su retirada, y Perla Azul formó una reverencia antes de salir detrás de su dueña.
Perla Amarilla aún notaba la tensión en su diamante, por lo que permaneció quieta, hasta que su ama se dirigió a ella.
—Una perla será mi regalo para Diamante Rosa. ¿Cuándo la conoceré?
—La cita oficial está registrada dentro de dos rotaciones solares, mi diamante, pero he acordado un encuentro privado para la aurora que precede a la ceremonia.
Ningún cumplido por parte de la líder. Simplemente asintió y cerró el archivo del planeta Tierra para concentrarse en el resto de sus tareas hasta que llegara el momento de conocer a la nueva diamante del Planeta Madre.
