Terrícola
Diamante Amarillo estaba sentada con expresión imperturbable en la silla de su nave. Siendo un encuentro no oficial, había preferido acudir únicamente con su perla a su lado. Arribó en cuestión de horas al utilizar la máxima potencia que poseía su transporte estilizado.
Al aterrizar fueron recibidas por un par de guardias cuarzo en un enorme lugar lleno de vegetación donde el verde dominaba por sobre la tierra. Algunos arbustos crujieron a los pies de la enorme dictadora e incluso derribó un par de árboles a su paso, más no le importo.
—Vengo desde el Planeta Madre. Requiero una audiencia con Diamante Rosa. —indicó nada más llegar.
Los cuarzos se miraron entre sí, formando el saludo de las diamantes automáticamente con sus brazos, más permanecieron en silencio. El nerviosismo era claro en sus rostros.
—¿Y bien? ¿Hay algún problema que se quedan ahí paradas sin hacer nada?
Perla frunció los labios. La impaciencia era evidente ahora más que nunca en el rostro de su ama y por las expresiones aterradas de las gemas guardianas, intuía que lo que viniera a continuación no haría sino empeorar la situación.
Diamante Amarillo, ante la falta de respuestas, cruzó sus brazos a la altura de su gema. Con la punta de su bota mostró su irritación, agrediendo el suelo frágil.
—¡Lo sentimos mucho, mi señora! Diamante Azul encomendó mantenernos a las órdenes de la nueva diamante, pero ella ha resultado ser un poco… bueno, demasiado curiosa respecto a su hogar, ¡este planeta, quiero decir!
—¡Nosotras tratamos, de verdad! ¡Pero ella se ha ido a explorar el terreno!
La incompetencia de los cuarzos era clara. Aunque Diamante Amarillo sopesó la situación, y concluyó que probablemente aunque joven, la nueva matriarca resultaba tan imponente como el resto de la autoridad. Perla observó con detenimiento a la diamante, que decidió permitir que los jóvenes cuarzos tomasen un descanso.
—Iré a buscarla yo misma. Perla, sube.
La diminuta gema subió a la mano cuando la diamante se la tendió y fue colocada sobre el hombro de esta. Se acomodó, y la enorme gema dio media vuelta y a largas zancadas comenzó a buscar. El cielo aún estaba azul cuando comenzó su búsqueda, pero cuando logró llegar a su objetivo este ya estaba teñido de un suave color anaranjado mezclado con rosa y amarillo, extendiéndose sobre sus cabezas.
—Tú debes ser Diamante Rosa. Qué descortesía de tu parte irte previo a nuestra cita. —fue lo primero que dijo.
La gema rosada fue tomada por sorpresa. Se encontraba sentada en la punta de un acantilado observando el vasto terreno que se extendía ante sus ojos, más se colocó de pie una vez que escuchó que le llamaban. Diamante Amarillo frunció los labios ante la curiosidad reflejada en el rostro de la joven diamante. Su cabello era corto y su apariencia no era tan hostil como esperaba que fuera.
—Tú eres de quién me habló Azul. — Finalmente, tanto la perla como la diamante escucharon la voz risueña de la más joven, que se mantuvo en el extremo del lugar, despreocupada y ajena a la gravedad a sus pies. —Eres tal cual te describió. Demasiado ecuánime para siquiera querer este planeta.
Perla cubrió su boca con su mano, mirando al instante a su patrona. Un tic apareció en su rostro, causando un par de carcajadas por parte de Diamante Rosa.
—Tu perla es sin duda adecuada a tu estilo, ¿puedo cargarla?
La diamante veterana chasqueó la lengua, pero decidió concederle aquel capricho de ceder su perla. Diamante Rosa sonrió emocionada al tener a la diminuta gema entre sus manos, aunque la expresión del pequeño ser no expresara el mismo gusto.
—La fecha de la ceremonia ya se te ha señalado. Una nave vendrá por ti y te escoltará hasta el Planeta Madre.
—¡Oh, eso suena maravilloso! Pero, ¿ya te marchas?
Asintió, y con un suspiro agotado su perla le fue devuelta. Diamante Rosa mostraba inconformidad.
—Me habría gustado que permanecieras un poco más en este lugar. Es realmente curioso.
—Y también está infestado de vida orgánica. No me gusta. —concluyó. Diamante Rosa imitó la severidad de la mayor, aunque en su lugar se veía como una niña haciendo berrinche. Intentando mantener algo de poder en su presencia.
Diamante Amarillo formó una mueca inconsciente, lo más parecido a una sonrisa sardónica que Perla había visto, contrastando con el soberbio rostro de la más joven. La gema doncella supo entonces que Diamante Azul estaba en lo correcto al afirmar que la novicia era difícil de desdeñar.
Les agradezco a todos los que han comentado, puesto en favoritos o siquiera molestado en darle una oportunidad a mi fic. Por falta de tiempo no he podido responder desde aquí.Saludos, y que tengan una linda semana.
