Imprudencia

Diamante Rosa había recibido a la perla entre sus manos, observando con curiosidad a la recién formada gema. Era un ser curioso de ojos azules, que mantenía la mirada en ella y sus brazos formaban por inercia el saludo oficial de la autoridad. Su vestimenta era de colores claros que podían variar según se le viera, y su gema estaba localizada en su frente.

No le gustaba para nada su regalo, pero decidió agradecerlo pese a su disgusto.

—No debieron molestarse en presentes tan lindos. —alegó, colocando a la perla en el suelo. Frunció los labios al observarla posicionarse a su lado, pero regresó su atención hacia sus hermanas al instante. —¿Eso sería todo?

—Aún faltan los obsequios de Azul y Amarillo, pero entiendo si prefieres posponerlos.

Desde su posición, la perla de Diamante Amarillo pudo notar la irritación de la gema más joven ante la frialdad de Diamante Blanco. Siendo que la cabecilla de la autoridad no dudaba en exponer incluso a sus semejantes, era obvio que había tomado por sorpresa a la novicia.

Y a Amarillo también. No por nada, existía tensión entre ambas dictadoras. Las unía una rivalidad que iba más allá de la conquista de colonias y el aumento de poder en sus tropas.

—Es sólo que el viaje fue agitado para mi y me gustaría tomar asiento para observar a mi perla un rato. Por supuesto, si no es molestia para ti.

Blanco no se inmutó siquiera, y a cambio hizo un ademán a la población que esperaba presenciar la interacción entre las líderes un poco más.

—Diamante Rosa está cansada por el momento. Será mejor que se retiren cuanto antes. Se les llamará si hay alguna otra nimiedad que anunciar.

Los murmullos no se hicieron esperar demasiado. Mientras el salón se vaciaba, las gemas observaban a la diamante recién creada como si su petición de detener el desarrollo de su bienvenida fuera la grosería más grande según el protocolo. Y, para colmo, eso parecía satisfacer el morboso sentido del humor que Diamante Blanco escondía.

—Ha sido un placer darte la bienvenida, Rosie. Perla, retirémonos.

Diamante Blanco avanzó detrás del conjunto de gemas que habían asistido al evento, dejando atrás a sus tres semejantes. Azul pudo observar la rabia en el rostro en el tierno rostro rosado.

—¿Es insoportable todo el tiempo o es un extra debido a mi presencia? —expresó su frustración la nueva líder de la autoridad. Diamante Amarillo, que también se sentía malhumorada en ese instante, respondió.

—Su nivel de brutalidad siempre aumenta en circunstancias especiales. Cuando Azul emergió, por ejemplo.

—O cuando echaste a perder tu segunda conquista, querida hermana. —Azul respondió, sonriendo.

Diamante Rosa rió, aliviada de encontrar un motivo para despejar un poco la tensión de su primer encuentro con su pueblo. Estar a solas con Azul y Amarillo no parecía tan mal.

—Lamento mucho mi imprudencia de hace un momento. En verdad me habría gustado ver sus regalos.

Diamante Azul sonrió y estrechó las manos rosas entre las suyas. Mientras Amarillo seguía concentrada en la gema que mantenía escondida en su mano, su hermana comentaba que su obsequio consistía en las primeras gemas ágatas y cuarzos que serían su soporte para introducirse como parte de la autoridad. Diamante Rosa lo agradeció.

Ambas líderes notaron el mutismo por parte de Amarillo. Azul negó con la cabeza, pues le producía algo de diversión su actuar. Rosa decidió hablar, entonces.

—¿Y tú me brindarás algún regalo, querida?

Diamante Amarillo le prestó atención por fin. Decidió presentar desinteresadamente la gema en su mano. Era una perla que en cuestión de segundos resplandeció y comenzó a formarse.

Contrario a la perla a los pies de la diamante joven, esta era rosada y su gema se encontraba posicionada en su estómago. Era igual de elegante que la que Blanco había obsequiado, pero de alguna manera se sentía diferente cada una de ellas. Esta sí parecía hecha especialmente para ella. Su sonrisa ante el ser en sus manos era sincera esta vez.

—Dado que ya tienes una, puedes desecharla.

Diamante Rosa sonrió, colocando a la gema a sus pies. Ambas perlas se miraron entre sí, aturdidas. No respondió al comentario de la diamante, sino que decidió mostrar la alegría que le causaba acercándose a ella y ofreciéndole un abrazo. Era un gesto nuevo, pues en su cultura no era común demostrar afecto -o cualquier tipo de emociones- mediante el tacto.

—En realidad, me ha encantado, querida. ¡Gracias!

Diamante Amarillo buscó separarse, pero la novicia no se lo permitió. Sabía que era un movimiento indiscreto de su parte aunque ello no la instó a separarse.

Y tras unos segundos más, la matriarca mayor se rindió también ante la gratitud que le era profesada.


Quiero disculparme si alguien leyó el capítulo cinco y encontró que estaba lleno de códigos de edición. Subí el capítulo desde la App porque tengo poco tiempo en la computadora y al parecer se creó de esa manera. Ni siquiera me había fijado que así aparecía :( Vuelvo a subirlo y espero que les haya gustado la historia. Nuevamente, lamento el inconveniente.

¡Saludos!