Diferente no significa mejor

Diamante Amarillo se encontraba en su oficina personal revisando algunas tareas que gemas debajo de ella habían asignado para la exploración de otras galaxias. Desde la aparición espontánea de la más joven de las diamantes en el planeta Tierra había decidido ocuparse en lugares más relevantes y con mayores probabilidades de una colonización exitosa. Aquella roca inservible podía quedarse en el olvido.

Había informes bastante extensos, pero pocos de ellos habían profundizado en planetas con recursos suficientes para siquiera considerarlos futuros proyectos. La líder decidió cerrar las ventanillas de su consola táctil, visiblemente frustrada por la falta de resultados en su búsqueda por extender su imperio.

Parte de su imperio.

—¿Mi diamante? —habló Perla desde su posición. Diamante Amarillo dirigió su atención hacia la sirvienta. Esta mantuvo sus manos unidas a la altura de su abdomen, manteniendo la calma. Su dueña parecía estresada, pero no era nada grave. Había presenciado épocas de mayor estrés. —Es hora de su reunión con la Jadeíta del área D5.

La dictadora se mostró resignada. Checó en su agenda sólo para verificar que fuera cierto, aunque para su doncella era evidente que deseaba cancelar esa reunión en específico.

—Tienes razón. Vamos.

Perla esperó a que la diamante se pusiera de pie para seguirla a pasos apresurados. La rigidez en los hombros de su dueña era la única prueba que tenía para argumentar que no estaba contenta con la próxima reunión.

Diamante Amarillo había mostrado su disgusto por muchas gemas a las que comandaba antes. Cuando estaban a solas -y esto era un secreto que la diminuta doncella conservaría por siempre para sí- la líder se quejaba en voz alta de algunas de sus subordinadas. Incluso imitaba sus gestos y la forma en que adulaban su presencia, casi lamiendo el piso por el que ella caminaba. O incluso, aquellas pocas pero no raras gemas que tenían el valor de cuestionar sus decisiones.

La Jadeíta que estaban por visitar era una de ellas. Trabajaba en un laboratorio dedicado a la investigación sobre las propiedades de terrenos fértiles. Había montones de registros sobre diversos suelos y ambientes. Todo demasiado metódico y preciso. Claramente aún había bastante información que el universo, tan basto y diverso, lograba ofrecer, pero el trabajo de esas gemas jamás se detenía. Su mayor impulso era alcanzar la perfección como imperio.

Diamante Amarillo se dirigió hacia su palanquín y se sentó sobre el trono, llevando su mano hacia el reposabrazos para controlar el transporte. Perla se posicionó a su lado, acostumbrada a los viajes en aquel artilugio. Aunque su dueña en lo personal no gustara de utilizarlo, pero era un procedimiento formal. Era la mejor forma de limitar -en lo posible- la interacción entre gemas comunes y aquellas de rangos mayores.

Más aún si se trataba de una diamante.

Las calles del Planeta Madre sector II eran simétricas y ordenadas, aunque coloridas a comparación del equilibrio en el que se presentaban. Había edificios especializados para el reposo de algunas de las gemas, también contaban con sanatorios y laboratorios de trabajo. Los lugares favoritos de la diamante eran aquellos centros de entrenamiento, una de sus ideas, para especializar a las gemas aunque estas ya fueran creadas sabiendo el propósito que cumplían dentro de la enorme sociedad que conformaban.

El tránsito era fluido, muchísimas naves de ciudadanos viajando a cumplir sus tareas en destinos próximos y civiles buscando mantener la paz en las calles, de modo que en cuestión de minutos llegaron al edificio de color blanco y ambiente clínico de Jadeíta. Las puertas automáticas estaban resguardadas por un par de guardias Amatistas que se mantenían firmes en sus posiciones, formando el símbolo diamante con sus brazos.

—¡Diamante Amarillo, qué sorpresa que nos halague con su presencia! —saludó una gema verde haciendo una reverencia en cuanto ingresó a la recepción del laboratorio. Era una Nefrita. Creadas con el propósito de auxiliar y hacer el papeleo pesado de técnicos prestigiosas y científicos. No eran comparables al nivel de las perlas, pero ciertamente las trataban como tal la mayoría de las veces. — Jadeíta ha estado trabajando bastante para armonizar el proyecto en sus manos.

Más bien, acomodándose a las exigencias de mi diamante para evitar otra discusión. —pensó Perla desde su posición, manteniéndose callada pero la mueca en su rostro la delataba.

—Espero resultados esta vez. —respondió la líder, siguiendo a la gema verde a través de los pasillos hasta la enorme aula en la que había estantes adornando las paredes, llenos con tablas de resultados y maquetas a escala respecto a diferentes tipos de suelo.

En el centro, despejado para su correcto uso, había una silueta verde. Jadeíta se giró para recibir a la líder, elaborando el saludo oficial por mera cortesía. Su gema era ovalada e incrustada, visible a la mitad de su abdomen.

—Mi diamante, —saludó, sin ánimos. —Estará complacida de escuchar que tras un reajuste de datos, he logrado descubrir el origen del incidente que la aqueja.

—Te escucho. —Fue la respuesta de la aludida, manteniendo las manos tras su espalda. La tensión era palpable en la habitación, y Perla y Nefrita se mantenían a la expectativa de que alguna estallara.

Jadeíta había sido la responsable del experimento en la Tierra. No habían esperado nada de aquella pseudo colonia y, a cambio, había provocado que una diamante emergiera. Ahora, tenía que explicar el por qué.

Perla observaba a Jadeíta. Al principio, explicaba la forma en que había indicado a las Peridots de primera generación la información a clasificar en los inyectores de la Tierra. El escuadrón encargado de dicha misión era nuevo, tan sólo la gema más vieja del equipo había asistido como ayudante a dos misiones anteriores de baja relevancia. De modo que, aunado a un error en la lectura de datos en sus manos, provocó que agregaran las referencias incorrectas.

—Así que eso fue. —dijo la diamante, frunciendo los labios.

—Eso, y el suelo fértil de la Tierra, mi señora. Alguien pudo subestimar su potencial. —concluyó Jadeíta.

La doncella miró la expresión de su diamante, esperando que ignorara la indirecta de la investigadora. Así fue, por fortuna.

—Eso es todo, Jadeíta. Puedes continuar con tus proyectos en curso.

—Pero si no he terminado, —Jadeíta comentó, sonriendo abiertamente al conseguir una reacción de fastidio por parte de la diamante. Nefrita, su asistente, apartó la mirada al instante, temiendo una confrontración. —Creo que hay algo que querrá saber sobre la composición de su hermana novicia.

Diamante arqueó una ceja, irguiéndose para ejercer silenciosamente su autoridad. Si funcionó o no, Jadeíta continuó.

—Si quiere llevar con discreción los errores sobre la manifestación de Diamante Rosa, creo que haría bien en asignarle una guardia de inmediato. —sentenció, dejando de lado su fastidio contra la líder. —Dadas las circunstancias de su emerger, puede que ella sea diferente a usted y al resto… No me atrevería a afirmar que sea defectuosa, pero completamente perfecta le aseguro que no lo es.


Quiero dedicar este capítulo a SapphyLaffy, lectora nueva que me llenó de bonitos comentarios y alerta. Si no fuera por ti, ni me habría dado cuenta lo mal editado que estaba el capítulo anterior. ¡Te agradezco mucho el tiempo invertiste en leerme! ^^