Sesión I
—Mantén la calma. Si eres incapaz de concentrarte entonces no podrás avanzar.
Diamante Rosa se encontraba en medio del enorme salón que ocupaban, con los brazos extendidos a sus costados y sus piernas firmemente unidas. Meditar no era una actividad a la que estuviera acostumbrada, parecía ser más el fuerte de Azul pues ella no podía mantenerse quieta por demasiado tiempo. Había tantas cosas en el eterno universo por conocer.
—Tu existencia no tiene límite. Créeme, tendrás amplias oportunidades para realizar las actividades que deseas.
La más joven de las líderes suspiró pesadamente, cerrando los ojos nuevamente e intentando canalizar su energía. Aunque no era nada fácil para ella concentrarse.
—¿Acaso lees mis pensamientos? —comentó, forzando sus labios para que se mantuvieran rectos en lugar de delatar su sonrisa.
—No, esa es Blanco. Mis poderes se centran en otra rama de manipulación. —Diamante Amarillo respondió, apoyándose en uno de los pilares del salón y observando a la novicia. —Recuerda concentrar tu energía en tu gema.
—¡Estoy haciéndolo, pero no tengo idea de cómo hacer que funcione!
Las perlas se mantenían a una distancia prudente de las diamantes. Las tres mostraban admiración por las líderes, aunque no estuvieran haciendo nada impresionante. pero era su estado natural ante sus amas. Diamante Amarillo parecía desconcertada de que llevaran tanto tiempo tan sólo con la meditación de Diamante Rosa, sin que esto funcionara en nada.
Tal vez debía cambiar de táctica. Aunque ese método había funcionado consigo misma en su momento, y con Azul, era insensato suponer que funcionaría con cualquier gema. Aún si se trataba de una diamante como ella.
Estaba dispuesta a demostrar que Diamante Rosa estaba a su nivel y si para ello tenía que reinventar sus técnicas de enseñanza entonces lo haría.
—Espérame aquí, necesito traer algo. Perla, permanece aquí, no tardaré —ordenó, dirigiéndose hacia la salida de la habitación. —¡Y sigue intentándolo!
Su voz resonó en las enormes paredes, hasta el último rincón del lugar. Incluso momentos después de abandonar el salón, se podía escuchar el eco imponente de su salida.
Pese a ello, Diamante Rosa abandonó la posición que rotaciones atrás le habían indicado y se permitió relajarse. La perla de Amarillo se sobresaltó ante su acción, resentida al notar que desobedecía las advertencias de su dueña. Pero no podía hacer mucho si la infractora era otra diamante.
—Sí que es bastante aterradora, ¿no es así?
La joven líder observó fijamente a las perlas, disciplinadas, observantes. Caminó hacia ellas, ofreciendo una sonrisa amable.
—Pueden relajarse. Sólo necesito un pequeño descanso. ¿Perla, podrías decirme si Azul te ha enviado el archivo que prometió?
La perla rosada hizo brillar la gema incrustada en su estómago para extraer un comunicador especial desde su interior. Lo maniobró de forma hábil, y negó con la cabeza al ver el resultado.
—Me temo que no, mi diamante. No hay ningún mensaje de Diamante Azul, pero…
—¿Hmm?
—Ha recibido una nueva misiva de Diamante Blanco. Parece ser que… —Se detuvo un momento, observando de reojo a la perla amarilla a su lado. Su compañera, aquella con la gema en la frente negó con la cabeza, y cuidadosamente la doncella continuó. — está preocupada, e insiste en que debe tomar acción cuanto antes en el asunto, mi señora.
Diamante Rosa mostró una mueca pensativa, aunque no parecía conflictuada realmente, contrario a sus perlas. De hecho, su reacción era lo mismo a si le avisaran que estaban por reemplazar alguna de sus soldados por otra más.
—¿Mi diamante está ocupándose de eso, verdad?
—En eso estoy, Perla. Pero no quiero armar demasiado revuelo al respecto. —La joven diamante llevó una de sus manos hacia la cabeza de la perla de colores pastel, a modo de gesto distraído. —No quiero que nadie lo arruine. Será a mi modo.
—¿Qué será a su modo, señora? —Si bien la criada de Diamante Amarillo se había mantenido al margen de la conversación, como una pared más del salón y estudiando la interacción con discreción, era indiscutible que la curiosidad podía más. Aún cuando no estaba en posición de hablar, indefensa sin su dueña presente.
Si esto molestó a la diamante, no lo mostró. Pareció tomarlo con humor, aunque la perla rosada frunció la nariz y la de colores variados en su atuendo apretó los labios.
—Te lo diría, pero fácilmente tu superior te pediría hablar y entonces ya no sería más un secreto en mis manos. —Fue su argumento, obviando el desacato de ella. Le dio una palmada en la espalda. —Pero en su momento seguro serás la primera en saberlo.
No recibió respuesta alguna pues al instante las enormes puertas se abrieron de nuevo, y la diamante les dio la espalda para encarar a su igual. Diamante Amarillo ingresó cargando un baúl entre sus manos.
—Creí haberte dicho que continuaras meditando.
—No considero buena idea que me retes en frente de doncellas, ¿qué clase de ejemplo es ese? Ven, mejor dime qué es lo que me has traído.
La mayor emitió su desaprobación, pero decidió dejar el tema por el momento. Colocó el objeto en el suelo. Su mano sobre la superficie de este fue suficiente para que emitiera un brillo y el diamante que servía como candado se apartó.
Al abrirse, los objetos que guardaba quedaron vulnerables, flotando gracias a una luz similar a la que resplandecía en las consolas que usaban las líderes. No eran piezas cualquieras, ¡eran armas! Más grandes de lo que uno pensaría que guardaría el baúl. Diamante Rosa se acercó para observar de cerca las hachas, espadas, bastones y escudos que comenzaban a modelar frente a ella, a la voluntad del baúl.
—Hasta ahora has sido incapaz de invocar tu propia arma. Me niego a estancarme en esto más de lo convencional, así que comenzaré a enseñarte a portar toda pieza de armamento que me sea posible. Cuando el momento llegue, estarás preparada para blandir tu arma personal.
La sonrisa que mostraba Diamante Rosa era enorme. Cubrió su boca con sus manos, mirando anhelo cada objeto ante ella.
—Pero primero deberás cambiar tu uniforme, —indicó Amarillo, frunciendo los labios. —Por algo más… adecuado. —Presumió su propia vestimenta.
—¿Es eso tan importante?
—Aún eres una aprendiz y necesitas un atuendo con el que puedas maniobrar tu forma física. Azul usa un vestido porque ha practicado; su arma, además, no le da mayores problemas con ello. y rara vez toma acción en conflictos armados.
—¡Oh! ¿Qué arma porta ella?
No hubo respuesta. Diamante Amarillo señaló significativamente su uniforme y Pink suspiró pesadamente. Usaba un vestido similar al de Azul, aunque su diseño era diferente. Optó por un traje similar al de Yellow, aunque en lugar de hombreras mostraba algo de tela a la altura de su cintura como si fuera una falda, pero demasiado delgada para considerarla molesta.
—Azul tiene una guadaña. Blanco… Una ballesta. —dijo, llevando su mano hacia el diamante en su pecho. Lentamente deslizó su arma desde su interior. Era una espada, imponente y de tamaño perfecto. La sujetaba firmemente con su mano izquierda, como si pesara menos que la nada. —Yo tengo una espada. Y tú entrenarás con un bastón primero. Escoge uno.
Rosa comenzó a observar los bastones que lucían ante ella, casi rogando por ser utilizados para el entrenamiento. Mientras tanto, Amarillo deslizó uno de sus dedos sobre el filo de su espada.
—Se ve impresionante, ¿no es así? —murmuró la perla multicolor, manteniendo sus manos juntas sobre su pecho. Sus iguales afirmaron con la cabeza, cada una mirando a su propia dueña, pero esta observaba con anhelo las armas que se mostraban frente a la novicia de las líderes.
—¡Estoy lista! —anunció finalmente, sujetando con sus manos un bastón alargado, más que la espada de su tutora. —¡Empecemos!
Las perlas llevaron sus manos hacia sus bocas, sorprendidas al ver que sin mayor advertencia, el bastón era usado para dirigirse hacia Diamante Amarillo. El impacto nunca llegó pues la mayor utilizó el puño con el que sostenía su propia arma para desviar el largo del bastón y con su mano libre lo sujetó. Diamante Rosa perdió el equilibrió, mirando anonadada a su profesora.
—Lo estás sosteniendo mal. Tus manos están demasiado juntas la una de la otra, ni siquiera estás formando la posición correcta. Separa un poco los pies, no permitas que tu fuerza se concentre más en tus brazos que en la base de tu cuerpo y sobre todo no ataques sin analizar a tu enemigo.
—Lo siento, cuando lo pensé parecía una buena idea. —Con aquella simpática respuesta, Amarillo soltó el bastón y Rosa inhaló profundamente, intentando relajarse de su acto espontáneo. —Muy bien, lo tengo, ¿me enseñas?
Diamante Amarillo se acercó hacia ella, y le indicó la forma correcta de sostener el arma y de mantener su cuerpo en posición. No era demasiado difícil, pero necesitarían desarrollarlo paso a paso.
—Ahora, dado que eres nueva y estamos improvisando desde este punto, procederé. —Caminó a lo largo del salón. Se mantuvo a una distancia moderada, extendiendo su espada en posición, con sólo unos centímetros entre ambos objetos. —¿Recuerdas lo primero que pensaste cuando te pedí traerme aquí?
Tan sólo unos segundos de silencio, y Rosa afirmó con la cabeza, sonriendo. —Blue creyó que lo querrías para danzar, cosa rara porque dijo que no eras demasiado fluida.
—No es verdad. Soy bastante buena para bailar. —corrigió, inclinando su espada para que se pegara un poco al bastón de Diamante Rosa. —Es ella la que no me sigue el paso. Pero tú vas a bailar conmigo y juzgarás eso por ti misma.
Dirigió su mirada hacia los pies de Amarillo. Lentamente, comenzaba a marcar un paso simple pero que provocaba que su cuerpo se moviera y por ende sus armas se separaban.
—Mantén la vista en mis ojos y sígueme.
Torpe al principio, pero los movimientos que Diamante Rosa imitaba pronto comenzaban a hacerse un poco más fluidos y firmes. Al igual que Amarillo. Ambas rotaban alrededor de la unión de sus armas, manteniendo la mirada en los ojos de la otra y marcando un vals tácito, cómplice.
—¿Lo estoy haciendo bien?
Diamante Amarillo sonrió, acercándose un par de pasos y sonriendo al notar que su "oponente" repetía su acción. Sus armas poco a poco comenzaban a inclinarse hacia el techo, conforme se acercaban.
—Para ser tu primera vez danzando con un bastón en las manos, sí. Lo haces perfecto.
¡No crean que me he olvidado de ustedes! Lamento la tardanza al actualizar acá, pero como disculpa traigo dos capítulos seguidos :) Disfrútenlos!
