Choque de cuchillas


Diamante Rosa había mejorado considerablemente desde la primera sesión de entrenamiento. Desde no saber manejar el bastón que se le había cedido, hasta poder soportarlo con sus manos, maniobrar e incluso atacar. Junto a su tutora logró avanzar considerablemente.

Las perlas se mantenían ajenas a las actividades de sus diamantes pero cada una se esmeraba en registrar en lo posible cada detalle de cada sesión. Perla Amarilla se centraba en las técnicas que utilizaba para enseñar, Perla Rosa en los avances que su dueña hacía e incluso las veces en las que cometía alguna impertinencia. La perla de colores pastel, utilizando la gema en su frente, graba todo para más tarde reproducirlo como un holograma. Había sido útil para el par de ocasiones en que Amarillo debía puntualizar alguna abertura de su estudiante.

Las sesiones se llevaban a cabo cada cuatro rotaciones del sol que giraba sobre el Planeta Madre, y duraban aproximadamente cinco. Eran más intensivas de lo que eran para las cuarzos guerreros que en cuanto a tiempo pero más dinámicas en su contenido.

Cuando no entrenaban, Diamante sumaban sus filas en cuanto al tiempo pero más relajadas en cuanto a su contenido.

Cuando no entrenaban en el salón que Amarillo había mandado construir, se tomaban el tiempo para reanudar el adiestramiento de Rosa desde el punto al que Azul había llegado. Para grata sorpresa de la tutora, su estudiante novicia era bastante hábil no sólo en batalla sino también en otras áreas como la danza y el canto.

Esa tarde tenían dos sesiones pendientes. Una de canto con las doncellas como apoyo y el entrenamiento de siempre.

Blue decía que gozas una voz maravillosa. —Diamante Rosa comentó cuando se encontraban a mitad de la sesión. Pese a su talento, todo lo que Rosa aprendía era meramente teórico y, a lo mucho, quien hacía las demostraciones prácticas era la perla de Amarillo, no ella misma. —Aunque no puedo decir lo mismo puesto que no he tenido ese placer aún.

—Deberías dejar de usar esos nombres cuando te refieras a nosotras, —respondió a cambio Diamante Amarillo, aunque eso no tuvo el efecto que deseaba; distraer la atención de Rosa para que olvidara la pequeña cuestión que había lanzado al aire. Inhaló profundamente, intentando ignorar la mirada atenta de la aprendiz. —Yo no canto salvo que sea para situaciones que lo requieran.

Su contestación no logró ser lo suficientemente cortante para zanjar el asunto.

—¿Cantaste cuando surgió Blue? Porque si es así, tal vez tú me debes una canción… ¡Oh, aprendí una que me gustaría escucharla con tu voz! Si me permites…

—Yo no canto en presentaciones ceremoniales. Lo empleo únicamente como arma, Pink.—interrumpió de inmediato, mostrando su desaprobación ante Diamante Rosa. —Es parte de mi personalidad el uso el que doy a ese arte.

Ambas guardaron silencio, sin insistir en el tema. La lección continuó por ese día, con las tres perlas haciendo un coro ante la melodía que Rosa practicaba, forzándose a centrarse. No era demasiado imprudente como para retomar el tema cuando su compañía ya se mostraba muy a la defensiva.

—¿Mi diamante? —la perla de Amarillo se detuvo, girándose de inmediato hacia su dueña. —Es hora del entrenamiento armado.

Diamante Amarillo hizo caso a su perla, que mostraba en sus manos un pequeño reloj con una galaxia miniatura en su interior. Había planetas marcando el tiempo oficial del planeta con pequeñas estrellas deslizándose a lo largo del espacio para marcar los segundos. Se puso de pie al instante, sin siquiera llamar a su doncella para que comenzara a seguirla.

—Estaré preparando nuestra próxima lección. No te tardes. —Fue su único aviso antes de abandonar la habitación. Lo último que logró escuchar fue el suspiro resignado de Diamante Rosa.

El tacón de sus botas generaba eco a lo largo de los pasillos, con tal firmeza que Perla era capaz de reconocer el ligero enfado en la gema. Siendo una dictadora de renombre, era lógico que tuviera un carácter fácilmente susceptible. Contadas eran las veces en que ella había perdido el control de su propia posición, pero Perla podía recordar todas y cada una de ellas más de lo que quisiera admitir, aún tras años de estar al mando de aquel magnífico ser.

—Tal vez no debí ser tan fría con ella.

—¿M-Mi señora…?

—Es sólo que es demasiado curiosa. —confesó una vez que ingresaron al salón de entrenamiento. Se dirigió al cofre que había traído consigo para adiestrar a Rosa, o Pink como insistía en que la llamase al igual que ahora Azul hacía. —No creí que una gema pudiera expresar tal vivacidad.

Perla se colocó en el puesto que tenía designado para ella y sus compañeras mientras que la gema de mayor rango revisaba las armas del baúl. No hacía mucho habían finalizado con el bastón, al punto en que Diamante Rosa lograba danzar sobre el suelo, mostrándose grácil con el arma en manos y evitar que el impacto del largo de la espada contra alguna de sus extremidades.

—No me parece que su arma sea un bastón.

—Al menos eres intuitiva en algo.

Diamante Rosa ingresó sin la usual simpatía de siempre. Parecía haber perdido el ánimo, y sus perlas pasaron de largo hacia sus puestos, sin siquiera levantar la mirada.

—Cada vez que lo sostengo se sienta tan antinatural entre mis manos. —Observó fijamente cada arma que se presentaba ante ellas. Cada una con una pequeña variación, similar a las gemas que pese a pertenecer al mismo tipo no eran todas completamentes iguales. Al menos, Diamante Rosa pensaba así. Pero sabía de antemano que para sus propias hermanas no era así.

Nadie se resigna

a esta vida tan indigna

—Del sirviente que no tiene a quién servir… —murmuró.

Diamante Amarillo se sobresaltó al escucharla. Así que Azul había comenzado a enseñarle canciones de perlas. Interesante método, aunque no lo aprobara.

—Hoy intentaremos con estas, —Tomó dos armas esta vez. Una daga, que era unos centímetros más larga que la palma de su mano y una nudillera muy curiosa que poseía el mismo filo que un sable. Amarillo se colocó la empuñadura y le brindó la daga a la principiante.

Al tomarla, se sintió un poco familiar. Más no era el tipo de arma con la que se sintiera cómoda. Guardó silencio esta vez, esperando alguna indicación por parte de su tutora. La tensión del percance anterior comenzaba a disiparse.

—Me estás forzando a utilizar técnicas más didácticas de las que estoy acostumbrada, pero es un reto que pretendo aceptar. —Diamante Amarillo marcó algo de distancia entre ambas, comenzando a divagar un poco. Era la primera vez que demostraba su improvisación sobre la marcha de sus sesiones. —El bastón fue un éxito considerando que no te sentías cómoda. Casi logras desarmarme.

Había dado una vuelta entera al salón mientras sus dedos acariciaban distraídamente el filo de la nudillera. Desde su posición, Diamante Rosa formó una mueca pensativa. Pronto los pasos se hicieron más firmes y seguidos.

—¿Qué estás haciendo?

—¿De qué hablas, Pink?

—Tú… estás haciendo una melodía con tus pasos. —dijo, girándose cuando notó que se paseaba tras de ella. — ¿Por qué?

Un, dos, tres.

Un, dos, tres.

Un, dos…

—¡Gira a tu derecha y empuña tu arma!

La orden ensordeció a Diamante Rosa un momento. Por simple reflejo obedeció; un estremecimiento la invadió cuando el filo de su daga bloqueó empuñadura de Amarillo. Y fue ese sonido el que continuó con el acorde de los tacones.

Aprovechando la sorpresa de Rosa, su mano impactó firmemente contra su muñeca, tomándola con firmeza. La diamante menor se sobresaltó, notando que su arma estaba inutilizada y su brazo atrapado.

—Te toqué.

—¿Q-Qué…?

Diamante Rosa tropezó con sus propios pasos cuando fue liberada de su agarre. Amarillo retrocedió al instante, marcando distancia sin apartar sus ojos de los de la novicia y sin dejar de empuñar la nudillera.

—Dos toques más y perderás. Si pierdes, dejarás de llamarme Yellow.

Una sonrisa genuina apareció en el anteriormente confundido rostro de Rosa. Puso en alto su navaja, aceptando tácitamente el reto.

—Y si yo te gano, dejarás de llamarme Pink como si fuera un insulto. —Sus pies comenzaron a desplazarse lentamente alrededor de la arena, del mismo modo que su contrincante. Ambas esperando que la otra atacase. —¡Quien toque la gema recibe tres puntos!

Ante aquella proclamación, Rosa avanzó con mayor confianza hacia Amarillo. Sus armas volvieron a chocar y esta vez fue la nudillera la que recibió el impacto. Un guante amarillo se alzó, dirigiéndose hacia uno de los brazos de la más joven pero Rosa giró y evitó el contacto que a duras penas rozó el contorno de su brazo. Sus armas dejaron de forcejear

Logró encontrar una abertura en uno de los costados de Amarillo. Más cuando intentó darle una palmada en la espalda, notó que ella giraba del mismo y desvió su cuerpo hasta quedar agachada hasta la altura de su abdomen. Diamante Rosa soltó un grito de sorpresa cuando las extremidades de su instructora la sujetaron del torso y fue cargada en el aire por Amarillo.

—Y con esto son dos toques. Deberías rendirte ahora que tienes algo de dignidad.

Diamante Rosa sacudió sus extremos hasta que la devolvieron al suelo. No pasó desapercibida la sonrisa presuntuosa de aquella oponente, por lo que volvió a puntuar distancia entre ambas, levantando su daga de forma desensiva. La sonrisa de Diamante Amarillo comenzó a borrarse al notar que los ojos de Rosa borraban su pupila e iris, volviéndose blancos.

—¿Ros…?

No tuvo tiempo de cuestionar si se encontraba bien, pues al instante comenzó a correr hacia ella. Se colocó en una posición para defenderse utilizando el arma en su puño, pero entonces la mano libre de Rosa dibujó una línea imaginaria frente a ella y se abrió una pared blanca.

Diamante Amarillo se tensó, buscando con la mirada a Rosa que había desaparecido al ingresar a la pared de luz que se había desvanecido al instante. Una nueva luz la cegó, a centímetros de su cara. Por inercia levantó su brazo para cubrir su rostro y con la mano armada protegía su abdomen. Pero el resplandor fue suficiente para cegarla momentáneamente y un enérgico filo le golpeó la mano, haciendo que su nudillera saliera volando hasta clavarse en una de las paredes.

El portal se volvió a desvanecer justo cuando se había quedado vulnerable. Y el ataque definitivo fue una mano amable sobre el diamante en su pecho. Rosa se encontraba frente a ella y sus ojos mostraban la emoción que suponía su victoria.

—Gané.


Espero de corazón que les haya gustado UuU ¡Los quiero! 3

Por cierto, en Wattpad casi no me tardo en actualizar porque la App del celular me lo permite así cosa que no puedo con la de ff sin que algo salga mal. Así que díganme si les gustaría que me esmere en traer un capítulo al mismo tiempo que lo publico en Wattpad, o estarían dispuestos a esperar unos días más para que traiga dos cada que actualice :) Y si ven algún error díganme! :D ¡Saludos!

(Para mi lectora que encontré en WL, si me lees, te sigo mandando mucho lof UuU)