La corte de Blue
—¡... Entonces volví a aparecer frente a ella, pero esta vez más cerca que antes y logré tocar su gema! ¡Gané Blue, gané! ¡Debiste ver su cara cuando terminó, fue épica…!
Diamante Rosa narraba su victoria como si fuera la mayor proeza que hubiera logrado en su completa existencia. Tal era el orgullo, que no había dudado en mandar llamar a la respetada Azul para contarle. Creyó que debería recurrir a un vídeo mensaje para comunicárselo, pero dada la excitación que había mostrado Rosa en el aviso, su decisión final fue visitarlas personalmente.
—Suena excitante. Me habría gustado presenciarlo. —Azul le regaló una sonrisa cariñosa, tomando sus manos entre las suyas para darle un poco de apoyo. Rosa rió emocionada, antes de girarse hacia sus perlas que se mantenían junto a las de Amarillo y Azul, silenciosas ante la interacción de las diamantes.
—¡Puedes verlo, en realidad! Perla, muéstranos.
La doncella con la gema en su frente dio un paso adelante, manteniendo una pose sumisa al estar frente a tres diamantes, aunque una de ellas estuviera manteniéndose al margen de la conversación. Cerró los ojos un momento, de modo que la perla en su frente mostró una luz y al instante un holograma comenzó a reproducirse frente a ellas.
La imagen de tonalidades azules estaba congelada en el momento en el que Rosa y Amarillo estaban detenidas con algo de distancia entre ellas. La más joven parecía tomar como ofensa que hubiera sido burla de su tutora en aquel juego con armas.
Rosa había avanzado a gran velocidad hacia Amarillo, justo cuando sus ojos se habían vuelto completamente blancos. Su mano libre había dibujado una línea de lado a lado frente a ella, formando un portal en el que ingresó y que se cerró automáticamente al instante. Fueron tan sólo un par de segundos en los que no hubo vista ni de Rosa ni del portal, hasta que este reapareció. Se abrió un agujero blanco del que la joven discípula salió, esta vez a tan sólo centímetros de distancia de Amarillo.
El puño de Rosa que sujetaba su daga golpeó el brazo armado de Amarillo, provocando que su nudillera saliera de sus dedos. El portal volvió a cerrarse, y Rosa mantenía sus ojos en blanco, mostrándose amenazante a tan sólo un paso de su superiora. Más el aura que mantenía sus ojos cristalinos pronto se borró reemplazada por una sonrisa triunfante. Justo en el momento en que levantaba su mano para colocarla sobre el pecho de Amarillo.
—¡Fue ahí cuando gané! —señaló Rosa, emocionada. —¡Y ahí fue cuando Yellow comenzó a pedirme explicaciones que no tenían respuesta…!
La diamante que presenciaba por primera vez tal evento tuvo que cubrir su boca con su mano para reprimir una risa, causada por lo graciosos que se veían esos hologramas de Rosa y Amarillo, la primera había perdido por un momento la diversión de su victoria debido a que la segunda estaba hablando apresuradamente, agitando los brazos y, en teoría, levantando cada vez más la voz. Era un milagro que aquella imagen holográfica no tuviera el sonido incluido.
—Creo que he visto suficiente. —dijo Azul, dando por finalizada la reproducción frente a ellas. El holograma se desintegró, y por instinto ambas diamantes se giraron hacia la única que había permanecido en silencio durante la pequeña interacción.
Diamante Amarillo había sido atrapada mirándolas, tanto como a la imagen que la perla había reproducido. Soltó un bufido en alto, girando el rostro orgullosamente para observar por la ventana de la biblioteca en la que se encontraban. Azul pareció encontrar aquel gesto adorable, mientras que la menor de ellas mostró algo de nerviosismo disfrazado con alegría modesta.
Desde lo sucedido, y después de que Amarillo discutiese consigo misma durante días sobre lo que había sucedido, finalmente había decidido optar por el mutismo y permitir que su pupila descansara un poco de las actividades a las que habían puesto tanto empeño. Por ello permitió que llamara a Azul, y que esta se presentara para continuar por sí misma con parte de la instrucción que Rosa aún debía recibir.
Aunque antes de eso había insistido en contar sobre lo sucedido, pues la incomodidad fue evidente entre ambas.
—Aún sigue enfadada porque no supe explicar cómo lo hice, —Rosa explicó, mostrando cuán incómoda había sido la situación con Amarillo desde entonces.
—¡No estoy enfadada!
Rosa rodó los ojos, cruzándose de brazos y girando su rostro hacia otro lugar. Azul soltó un largo suspiro, dándole una suave palmada a la más joven para darle algo de apoyo.
—Pink, no es de extrañar que sorprendieses a Yellow. Después de todo, ¡tu poder es inusual incluso para nosotras! Pero eso es lo maravilloso de tu ser. eres una diamante y como tal demuestras habilidades inigualables. No hay nadie como tú. —dijo la gema, acercándose hacia la joven gema para mimar su cabello de forma fraternal. —Ya se le pasará, confía en mí.
—¿Podrían ustedes dos dejar de hablar de mí como si no estuviera presente?
Ante la demanda de Amarillo, la diamante que vestía de túnica se giró apenas hacia ella, no impresionada. —Lo haré cuando empieces a dar señales de estar presente.
Diamante Amarillo frunció el ceño, mostrando una cara enfadada que no perturbó en lo absoluto a su igual. Pero la pupila, manteniéndose detrás de la gema azul, cubrió al instante su boca para no delatar la risa que amenazaba con escapar.
Antes de que Azul pudiera obtener una réplica, la puerta de la estancia en la que se encontraban se abrió. Las tres diamantes recuperaron la postura al instante, observando que una Ágata Azul anunciaba su entrada, escoltando a su lado a una Lapislázuli y su guardia, un cuarzo de color azul que tenía su gema de corte cuadrado localizada en su hombro derecho.
—¡Mis diamantes, lamento mucho la interrupción pero hay un asunto que no puede esperar! Diamante Amarillo, señora, ha arribado una lapislázuli en su palacio más al no encontrarla la guiaron hasta aquí.
La ágata se apartó del campo de visión de las diamantes, permitiendo que la gema que escoltaba se presentase antes las diamantes con el saludo oficial, aunque su rostro se mostraba desganado.
—Lapis lázuli, es un placer en saludarla Diamante Azul. —dijo la gema ante la dueña de la corte a la que pertenecía. Tras un saludo breve, se giró hacia la diamante que permanecía de las otras dos. —Diamante Amarillo, recibí un reporte por parte de soldados de clase baja. Su séptima colonia Élektars está sufriendo un colapso en varias estructuras del centro. Se ha enviado a un equipo de Bismutos para revisar la zona pero lo ideal sería que usted me acompañe para revisar parte del daño.
La líder se mantuvo en su posición y apenas mostró un pequeño gesto de desagrado ante las noticias que recibía. Avanzó, y su perla lo hizo con ella.
—Es por esto que las colonias orgánicas no pueden mantener parcialmente su estado natural. —ironizó, mirando fijamente hacia Azul, con un toque irónico adornando por completo su rostro.
La perla amarilla se sobresaltó ligeramente, al igual que la azul, y ambas retrocedieron ligeramente. Miraron a sus diamantes como si temieran que en cualquier momento estallara una discusión bastante fea. La perla azul incluso colocó sus manos sobre sus labios, bajando la mirada sumisa.
—¿Estás echándome la culpa?
—Bueno, fue tu idea.
—Y al final la decisión sobre tu colonia no la tomé yo.
Incluso la Ágata Azul se mostró impresionada ante el pequeño argumento entre ambas dictadoras. La líder que zanjó la discusión decidió colocar el velo sobre su cabeza nuevamente, cubriendo una fracción de su hermoso rostro. Su túnica sólo le brindaba un aspecto intimidante que se equiparaba al de su hermana.
—Vendré a verte en otra ocasión, —Fue lo que dijo, dirigiéndose hacia la salida, y aunque no indicó a quien se refería era evidente que su promesa era hacia Rosa.
—¡Espera, Azul! No puedes irte ahora, tengo que ir a revisar este problema. —señaló Amarillo, irritada. —Debes quedarte con ella.
—¡Pero yo quiero ir! —Rosa se quejó, avanzando hasta colocarse frente a Amarillo.
Esta no estaba segura de que eso fuera una buena idea. Tan sólo mirar el rostro lleno de emoción por parte de la menor de las diamantes. Por un momento observó a Azul, detenida en el marco de la enorme puerta y brindándole una mirada que tan sólo ella era capaz de brinda, retándola a objetar algo contra la petición de la adorable novicia.
Perla amarilla desde su puesto se mantuvo tensa, notando que su dueña había estado por rechazar tajante a Diamante Rosa. Ella sabía bien que en viajes para tomar acción en asuntos importantes no le gustaba tener a alguien que siguiera sus pasos y estorbara.
Azul, en este caso, fue de suficiente ayuda para que su señora no se negase.
—De acuerdo, iremos juntas con la única condición de que te mantengas quieta y me dejes a mí ocuparme de lo importante. —Dirigió su atención brevemente a Rosa para imponer su condición, más regresó nuevamente su mirada hacia Azul. La diamante de túnica les dedicó una suave sonrisa antes de retirarse, sin decir palabra alguna. Amarillo se abstuvo de mostrar lo irritada que se sentía en ese momento. —Andando, Pink.
Acorde a la apuesta que habían hecho la vez anterior, esta vez Amarillo no agregó ninguna nota de ironía o burla. Rosa celebró eso de manera discreta, chocando las manos consigo misma y avanzando rápidamente detrás de su tutora. Las perlas marchaban detrás de ellas, manteniéndose alineadas.
—¿Está muy lejos la colonia que visitaremos?
—Tan sólo un poco, aunque será algo tedioso porque la ruta que debemos tomar debe ser transitada con cuidado.
—Este será mi primer viaje en nave desde que vine a este lugar. —Rosa expresó, sonriendo cálidamente al salir del palacio que se le había asignado. La Ágata Azul había desaparecido, y quien las acompañaba junto a las perlas era la gema Lapis aunque no parecía demasiado entusiasmada. Contrario a ella. —¿Qué se supone que hacen las Lapis Lázulis?
—Terraforman. Esta en específico me la asignó Azul para ayudarme con Élektars porque era un planeta bastante difícil de dominar. Por ello se le ha asignado un rango mayor entre las de su clase para servir de guía de diseño.
Rosa dirigió su atención hacia la Lapis, y estuvo a punto de inclinarse para llegar a su altura, pero Amarillo la detuvo, haciendo que se mantuviera en su posición sin que nadie lo notase. Debían esperar afuera de su lujosa residencia a que llegara la nave de su mayor.
—Pero quiero hacerle una pregunta, Yellow.
Obtuvo como respuesta un sonido de desaprobación. La diamante llevó su mano hacia su rostro para presionar el puente de su nariz, pero con su mano libre hizo un gesto hacia la gema azul que las acompañaba. Lapis, ante la impresión de Rosa, formó un par de alas con agua, material que recordaba haber presenciado en su colonia aunque en mayor cantidad y sin voluntad, sólo para elevarse hasta quedar su altura.
Rosa ignoró el comentario que escuchó de su compañera respecto a mantener discreción al relacionarse con otras gemas. En su lugar, tenía muchas preguntas que hacer a la nueva gema que había conocido. Pero en ese momento una nave enorme en forma de brazo, igual a la que la había transportado al Planeta Madre pero en color amarillo, descendió de los cielos oscuros hasta aterrizar a unos metros de ellas.
Avanzaron juntas hacia el interior de la nave cuando la compuerta se abrió. Rosa miró todo rincón del transporte, aunque no era para nada diferente a aquella en la que había viajado. Había sólo un asiento, incluso.
—¿Tendré que sentarme en tus piernas o irás de pie todo el viaje? —Se mofó, notando que la Lapis descendía nuevamente, tan sólo para permanecer de pie.
—Eso desearías. —Con tan sólo presionar unos botones de la consola la diamante hizo aparecer un asiento más de la misma altura que el suyo para Rosa y uno más pequeño para Lapis Lázuli. —Sólo las perlas tienen ese privilegio.
La carcajada que lanzó Rosa fue tan ruidosa, poco artística, que Amarillo tuvo que cubrir disimuladamente sus labios para no imitar aquel sonido. Tomó asiento en su respectivo lugar después de indicar las coordenadas de su destino en la computadora del vehículo, al igual que las dos gemas que la acompañaban, Permitió que su perla encontrara lugar en el reposabrazos y Rosa colocó a sus perlas sobre su regazo.
—Es bueno saber que incluso tú puedes tener sentido del humor. —Distraídamente jugueteaba con el cabello de una de sus doncellas, desordenándolo como si fuera una melena incontrolable. —Temía que después de nuestra batalla comenzaras a actuar como White lo hace conmigo.
Perla Amarilla, y esto ya era una costumbre que ocurría exclusivamente en presencia de Diamante Rosa, cubrió su boca. Sorprendida, giró su mirada hacia su propia diamante. Temerosa de la peor reacción.
La rivalidad entre Blanco y Amarillo era latente desde hacía milenios, y casi nadie parecía evidenciarlo. Diamante Azul, fría como ella sola en asuntos que no le eran de su agrado, lo ignoraba la mayor parte del tiempo. Rosa en cambio era novata, joven y no conocía del todo a sus hermanas.
No conocía qué tanto Amarillo detestaba que la comparasen con Blanco.
—Yo no soy como ella, no vuelvas a decir eso—aclaró Amarillo, tensa. Rosa mordió sus labios unos momentos, temerosa de haber tirado demasiado lejos otra vez.
El silencio se hizo presente entre ambas, mientas la nave comenzaba a avanzar a una velocidad moderada para la cantidad de pasajeros que llevaba. Lapis lázuli, sufriendo la desdicha de tener un asiento entre los de las diamantes, se colocó de pie y se dirigió a Diamante Rosa, formando el saludo nuevamente.
—¿Usted quería hablarme, señora?
—¡Oh, sí! Pero… será mejor posponer nuestra conversación. Creí que podría ser un poco más privada.
Amarillo soltó un suspiro, llevando su mano hacia el reposabrazos izquierdo y presionando un botón, provocando que se formara un tubo que encapsulaba a Diamante Rosa, sus perlas y a la gema azul.
—Por mi no se preocupen, hablen con tranquilidad.
Rosa intercambió miradas con las perlas en su regazo por unos segundos, antes de dirigirse nuevamente hacia Amarillo y hablar, confundida. La matriarca mayor sonrió abiertamente, negando con la cabeza. Tuvo que señalar sus oídos y mover su dedo a modo de negación para que Pink pudiera entender que ya no la escuchaba más.
Feliz por la privacidad que le habían brindado, Rosa invitó a la Lapis a sentarse en el reposabrazos al igual que hacía la perla de Amarillo. Y durante largas horas charló con la gema. Amarillo no tenía idea de qué se trataba la conversación, fingiendo que no estaba interesada, pero no pasaba por alto que Lapis formaba pequeños esquemas de agua frente a la diamante para hacer más dinámica su discusión.
Cuando Rosa reía, Amarillo sentía dicha.
Tal vez no había sido tan mala idea traerla consigo.
