Épsilon y Tierra


—Entonces, ¿esto fue idea de Blue?

—Desde las lagunas hasta los diseños de las construcciones. La distribución junto a las ceremonias oficiales fueron a mi cargo, pero como verás no funcionó nada bien a largo plazo. Ha sido la colonia que más mantenimiento ha necesitado. No dudo en que pronto perecerá por completo.

Lo que había dicho Amarillo era cierto. Con tan sólo examinar el terreno frente a ella superficialmente era fácil observar algunas fallas en la enorme estructura que, por lógica, pertenecía a la corte más importante de Diamante Amarillo que la representaba en esa colonia. Gemas aristócratas que se encargaban de asuntos diplomáticos y de informar sobre la forma en que continuaba la vida en aquel planeta.

Rosa admiró la forma en que un equipo de cinco bismutos estaban reunidas alrededor de los pilares del edificio, transformando sus extremidades en herramientas para mantener y reparar la estructura. No eran las únicas, pues también había algunas peridots checando los cálculos necesarios para continuar con la restauración.

Desde que había emergido, Rosa sólo había conocido a un grupo limitado de tipos de gemas. Algunas guardias, algunas técnicos, otras constructoras y, agregando a su lista, civiles que auxiliaban tanto a técnicos como a constructores, como lo eran las lapislázuli. ¡Ah, y las Ágatas que mantenían a raya a los pelotones de cuarzos! Aunque estos eran sus menos favoritos, le hacía mucha gracia la forma en que se comportaban al mando y al estar bajo la posición de sirviente ante ellas, las diamantes.

Las perlas, pensó entonces, también eran un tipo de gema, aunque por momentos olvidaba que lo eran. Ellas siempre estaban ahí, a veces silenciosas, a veces simplemente obedeciendo pequeñas órdenes. No era fácil recordar que estaba en compañía de una gema más pequeña todo el tiempo. En realidad, dos.

—¡Mi diamante! —la perla de Amarillo regresó, después de acompañar a Lapis a un terreno más alejado de donde se encontraban para reunir los datos de una laguna desbordándose. afectando las viviendas y puestos de trabajo de muchas gemas. —El esparcimiento del agua está siendo controlado.

—Aunque no creo que sea suficiente, requerirá supervisión a toda hora. —habló la lapislázuli, abriendo las alas en su espalda para elevarse y quedar a la altura de las dos matriarcas. —Parte de los fallos estructurales se deben a los cambios que está experimentando el planeta. Parece estar madurando y la falta de sustento a la parte orgánica de la colonia está afectando negativamente al entorno.

Tras la explicación de la gema azul, que regresó al piso al instante, Amarillo se mantuvo en silencio y pensando profundamente. Sopesando opciones.

La diamante novicia se sorprendió bastante cuando su tutora le indicó a su perla que se contactara con una supervisora para que mandara un equipo técnico a continuar con la conservación de la parte orgánica de la colonia. La doncella amarilla acató la orden en seguida, comenzando a redactar un importe con la pequeña consola que llevaba en las manos para checar los datos generales que había revisado junto a la Lapis.

Dos bismutos pasaron junto a ellas cargando consigo un enorme pilar, pese a lo grande que era parecía que para el dúo era una tarea ordinaria para ambas. Las perlas de Rosa se apartaron para permitir que pasaran junto a ellas, y una de ellas se cubrió el rostro, ocultando una pequeña sonrisa para disfrazar la admiración ante las gemas que cumplían su trabajo por simple curiosidad ante su fuerza física.

Rosa sonrió al notarlo, pero continuaba observando la expresión pensativa de Amarillo.

—Ustedes dos acompañen a la perla de Yellow. Tal vez puedan aprender algo. —ordenó. Sus acompañantes, atentas a su mandato, se despidieron de ella formando un rombo con sus brazos y corriendo detrás de la gema amarilla y azul al instante para no perder de la conversación que mantenían.

Amarillo se permitió dejar de pensar en lo que la aquejaba para mirar a la más joven, dedicándole una mirada algo reprochable.

—Tus perlas fueron creadas especialmente para ti. Se supone que todo lo que son ahora es lo que serán siempre con el propósito de servirte.

—Eso no las priva de aprender ciertas actitudes de otras perlas, ¿no lo crees? Especialmente cuando no llevan mucho desde que emergieron, al igual que yo ¡Y mira que soy tu estudiante!

Su razonamiento provocó una sonrisa ante la actitud obstinada de la menor de las diamantes. Viéndolo de esa forma, tenía lógica. Pese a que las perlas no fueran más que sirvientas y el conocimiento que pudieran aprehender sería limitado, aún con una perla mayor como lo era la suya.

Ambas continuaron inspeccionando las reparaciones que se llevaban a cabo bajo su meticulosa mirada. Una de ellas ordenando, checando y aprobando mientras que la otra, al igual que había ordenado a sus perlas hacer, analizaba todo lo que pudiera respecto a la diamante que acompañaba para aprender más de ella. Ciertamente, aunque ella era una gema creada para liderar se creía incapaz de tener esa gran aura de poderío y autoridad que Amarillo poseía en cada uno de sus movimientos, en cada frase e incluso en los gestos más minúsculos.

Siendo su tutora un ser increíblemente racional, metódico desde la suela de su tacón hasta la punta de su cabello (que desde el punto de vista de Rosa era bastante parecido a un yelmo, inclusive lo había discutido con Azul y ambas habían llegado a la conclusión de que se asemejaba a un casco de guerra debido a la actitud de la propia Amarillo); para Pink era un hecho sorprendente que esta deseara alargar la vida de esa colonia que, aún para sus ojos ingenuos ante tanto protocolo y actividad, obviamente no tardaría demasiado en sucumbir a su final.

.No lo entendía pero guardó sus dudas en ese momento porque había mucho movimiento con los planes que las gemas estaban desarrollando. Amarillo debía mantenerse concentrada aún.

Yellow, ¿una diamante puede trasladarse a una de sus colonias para vivir en ella, y manejar sus asuntos desde ahí?

La tirana de mayor edad estaba revisando el informe de una Jadeíta cuya gema se encontraba en su ojo izquierdo. Parecía tener una buena intuición para determinar qué columnas comenzarían a derrumbarse antes y cuales aún tenían una probabilidad mayor de salvarse si tenían el cuidado adecuado.

A lo lejos, la Lapislázuli que las había acompañado estaba utilizando su habilidad para manipular el piso de la colonia. Rosa, con curiosidad, se colocó de cuclillas y llevó su mano hacia el suelo. La superficie era suave, pero logró presionar ligeramente sus dedos contra ella para sentir que era tan sólo material superficial. Sus pies pudieron notar una vibración debajo, y miró hacia Yellow al instante, con curiosidad.

—Este planeta está lleno de agua, —musitó.

—No hagas eso, el suelo también está por ser reemplazado pero aún debe mantenerse sin alteraciones mayores.

—Oh, por favor, no soy así de fuerte.

Recibió como réplica un gruñido al que decidió no prestar demasiado atención. Al retirar su mano de la superficie, pudo notar que el material con el que había sido creado se había moldeado involuntariamente, formando un hueco con la forma de sus dedos. Parpadeó con curiosidad, y segundos después esa parte comenzaba a recuperarse hasta volver a ser la superficie plana que era antes.

—Pues me parece que por sí solo puede repararse.

Amarillo, finalizando su conversación con la representante de las Peridot que trabajaban en la reconstrucción, decidió prestar atención a lo que ahora hacía la novata de las diamantes. Se estaba entreteniendo dibujando patrones, aprovechando la maleabilidad del material cuando se aplicaba presión suficiente, observando con asombro como esta volvía a su forma original en cuestión de segundos. La tirana mostró su descontento mirándola fijamente hasta que su mirada fue tan pesada que Rosa se obligó a devolver el gesto.

—¿Qué?

—Estás usándolo demasiado. Cada vez que haces eso el suelo comenzará a tardar más en regenerarse.

Acorde a las palabras de la gema, el suelo comenzó a repararse pero esta vez de manera un poco más lenta que Rosa apenas pudo percibirlo. Al observar a las gemas Bismuto ir y venir por las calles, pudo notar que sus pisadas también dejaban huellas pronunciadas que tardaban en desaparecer.

—Será muy difícil reemplazar el suelo, entonces. —comentó, poniéndose de pie al instante para mostrar algo de atención a la diamante. —Y no respondiste mi pregunta anterior.

—Es complicado. Si bien una diamante podría instalar una base especial en un satélite o en la colonia misma, siempre quedarán responsabilidades esperándola en el Planeta Madre. Sería poco práctico asentarse por completo en una colonia si quieres continuar con nuestro progreso.

Rosa aún tenía un par de preguntas más, pero siendo que Amarillo estaba revisando más de una consulta a la vez decidió rendirse y dejar sus cuestiones para otro momento. Decidió recorrer parte de la colonia hasta encontrar el lugar donde se encontraba Perla rosa y Perla amarilla. Más Perla pastel no se encontraba cerca.

—¿En dónde está Perla? —llamó la atención de las dos doncellas que se encontraban archivando los registros que la jadeíta había reunido de las peridots. Se miraron entre sí, percatándose a duras penas de la ausencia de la tercera de ellas. Rosa suspiró ante sus expresiones alarmadas.

—¡Mi diamante, en nuestra defensa podemos decir que estábamos muy concentradas en nuestro trabajo!

—Su perla no estaba haciendo más que mirar a los demás sin hacer nada, en realidad, —comentó la doncella amarilla, guardando su consola de registros en su gema.

Rosa suspiró pesadamente. Justo cuando pensó que debería recurrir a la jadeíta a cargo para que encontrasen a la perla, pudo ver que a tan sólo unos metros de ellas, cerca de una construcción que se desmoronaba, se encontraba un grupo de Bismutos y su perla. Perla pastel se encontraba en brazos de una de ellas.

—¡Creo que alguien ha perdido una perla!

—¡Y mira lo diminuta que es! Nosotras no estamos cerca de las de tu clase muy seguido.

—¿A quién le perteneces?

Perla pastel parecía disfrutar de manera peculiar la forma en que las Bismutos la rodeaban. Estaba a punto de responder a la pregunta que le habían hecho, hasta que una sombra bastante grande obstruyó la luz anaranjada del sol que las iluminaba. Las trabajadoras buscaron en el cielo aquello que obstruía la iluminación para ellas. Perla se sobresaltó al mismo tiempo que ellas al notar que Diamante Rosa, cruzada de brazos, las observaba con algo de aprensión.

—Debo decir que esa es mi perla.

La perla saltó de los brazos de una de las Bismutos para acercarse y posicionarse al lado del par de doncellas, que mantenían el mismo semblante que la diamante. Formó el saludo, manteniendo la mirada baja.

—¡D-Diamante Rosa… nosotras…!

—¡No s-sabíamos! ¡C-Creímos que había sido asignada a J-Jadeíta!

—¡No nos reporte!

Rosa ablandó su expresión un poco, luciendo algo turbada aún.

—Sólo… continúen con su trabajo. Y no vuelvan a hacerlo. —comentó. Se dio la vuelta sin prestar atención a las expresiones pasmadas de las Bismuto. Se dirigió hacia la nave para descansar un poco en lugar de seguir merodeando por la colonia.

Cuando la tarea finalizó, regresaron inmediatamente al lugar de Rosa para continuar con su entrenamiento. Azul ya no se encontraba, pero había dejado un recado sobre los tomos de historia que habían dejado inconclusos varias sesiones atrás, principalmente porque Amarillo estaba más centrada en su entrenamiento físico de lo que Azul estaba.

Blanco ha venido a visitarte. Ha solicitado un encuentro contigo.

Su perla contactará a la tuya cuando se encuentre disponible de nuevo.

Mantente firme,

Azul.

—Seguramente querrá saber cómo va tu progreso. —dijo Amarillo al leer la nota por encima del hombro de Rosa. —Afortunadamente aunque nuestra visita a la colonia Épsilon nos robó algo de tiempo has logrado avanzar sin ningún problema. Quedará satisfecha con los resultados.

Rosa frunció ligeramente los labios, devolviendo la nota a su lugar. Blanco no le agradaba, y estaba segura de que no tenía ni siquiera el placer de que el sentimiento fuera recíproco porque esa gema ancestral parecía siempre tan indiferente. Tan fría y desentendida.

Amaba muchísimo a Azul. Con Amarillo disfrutaba de pasar el tiempo, fuera entrenando, aprendiendo o incluso discutiendo. Pero cada vez que se encontraba con la mayor de ellas se sentía vulnerable y débil.

Una diamante no debería sentirse débil jamás, pensó. Su deber es mostrarse fuerte. Ser un ejemplo. O al menos esa era la forma en que Amarillo se presentaba. Incluso Azul tenía aquella aura autoritaria, pero a la vez lograba ser el centro de la devoción de su pueblo.

Ella no tenía nada. Ni colonia, ni corte. Ni siquiera podía invocar su propia arma. Sólo podía destacar por tener dos perlas a su mando, una de ellas siempre saliendo de la línea de comportamiento que debía mantener al ser una sirvienta.

¡Vaya desastre que había resultado ser!

—Amarillo, —llamó, mirando fijamente a la gema, con algo de confusión en su rostro. —¿Por qué no se ha utilizado el planeta del que emergí como colonia?

Perla amarilla dirigió su atención hacia su matriarca, curiosa por su respuesta. Amarillo no había respetado ese cambio de dirección en la conversación, menos cuando apenas habían ingresado al salón en donde solían entrenar. Rosa siempre se encontraba haciendo preguntas que no se esperaba, incluso la LapislázulI había reaccionado desconcertada porque una diamante intentara sacar información de una de su especie.

—No era viable. Había demasiada vida orgánica. Tendríamos que exterminar a la especie antes de comenzar a testear los terrenos. La utilizamos para experimentar creyendo que tendríamos un pelotón de cuarzos pero no resultó como queríamos.

Rosa no había esperado una respuesta tan directa.

—Lo haces sonar como si fuera algo terrible, cuando en lugar de una escuadra de soldados obtuvieron una adición a su imperio.

El reproche de Rosa no pasó desapercibido por parte de Amarillo. Inhaló profundamente, buscando en el baúl de armas hasta encontrar un par de dagas para entregárselas a la más joven, pero esta no se colocó en posición de ataque como en ocasiones anteriores. De verdad quería una respuesta.

—Y nos sentimos afortunadas de tenerte, Rosa, pero si lo analizas con claridad lo que necesitaba era nuevas tropas para mi corte. Ese planeta fue incapaz de hacerlo. Ahora me faltan tropas y a cambio tú tampoco las tienes, ¿entiendes? No iba a arriesgar más medios de producción en algo que falló incluso cuando no le tenía fe.

La expresión de Rosa tan sólo empeoró. Amarillo rodó los ojos un poco.

—¿Hemos terminado? Necesitamos avanzar un poco más antes de tu reunión con Blanco.

Amarillo se giró para tomar algún arma cualquiera. Sus manos encontraron un hacha, y la tomó firmemente con ambas manos antes de que el roce filoso de una de las dagas perforó su guante. Sin soltar la pieza, se giró al instante hacia su discípula.

—Aunque admirable en combate, atacar a tu tutora por la espalda no es la decisión más sabia.

—Entonces hablemos de decisiones sabias. Como el hecho de que tu colonia Épsilon sea tan orgánica como el planeta del que emergí y aún así gastas tus preciados recursos en repararla continuamente, ¡ah, pero no utilicemos la Tierra como colonia porque está infestada de animales!

Amarillo no estaba nada contenta con aquella acusación.

—Rosa, cállate.

—¿Entonces por qué la sigues manteniendo? ¿Es por los animales?

—No sabes de lo que estás hablando.

—Tal vez sólo eres una gran hipócrita.

La hacha se clavó en el suelo cuando Amarillo decidió dejarla antes de avanzar a largas zancadas hacia Rosa. La diamante más joven estaba temblando, y el par de dagas que le quedaban resbalaron de su mano, un sonido metálico contra el suelo se escuchó justo en el momento en que Amarillo se acercó lo suficiente para tomarla firmemente de los brazos.

—Yo no te debo ninguna explicación a ti, ¿entendido? —dijo en un tono tan bajo que Rosa apenas logró escucharlo. —Esa colonia es de mi propiedad y puedo mantenerla todo lo que desee. La Tierra, que recordarás también era de mi posesión, no es de mi interés. Por mi, podría volar en mil pedazos y me haría un gran favor. Si quieres tomarla bajo tu mando, adelante. No lograrías hacerla viable.

Su estudiante se apartó de ella de ella de inmediato, mostrando lo impotente que se sentía en ese momento.

—En eso te equivocas. La Tierra puede hacer cosas maravillosas, —Rosa aclaró, altiva y resentida. —Después de todo creó a una diamante cuando esperabas a una simple guardia de gemas.

Sin más que agregar, decidió retirarse sin mirar atrás. Aunque se trataba de su hogar, salió del palacio, apenas permitiendo que las perlas subieran al palaquín que Azul le había regalado, y decidió dar un largo paseo lejos de Yellow.