(Antes que nada, debo decir que hay un minúsculo spoiler de los episodios que se estrenaron el lunes pero no es nada de la trama, pueden leer sin riesgos si no los han visto. Sin más que decir, ¡a leer!)
Rosa no había regresado a su palacio sino hasta varias rotaciones solares después. El sol artificial del Planeta Madre marcó exactamente cuatro días cuando Rosa no pudo distraerse más. Había recorrido la mitad de la ciudad, encontrándose con varios centros de entrenamiento para soldados cuarzos, torres altas y hermosas en donde gemas se reunían a filosofar, e incluso se había atrevido a recorrer los pasillos de laboratorios en donde se desarrollaban nuevos planos para crear gemas.
En una de esas ocasiones, al cuarto día de su partida, había pedido permiso para ingresar a un laboratorio algo apartado del centro, a tan sólo un kilómetro de la ciudadela en la que pelotones de Blanco y Amarillo se reunían. Conoció a una Jadeíta que no parecía demasiado feliz en su puesto de trabajo, aunque por la apariencia de la estructura y los materiales que poseía Rosa podía juzgar que era de las gemas que recibían primero las actualizaciones más recientes en cuanto a tecnología de gemas.
Su asistente, una Nefrita, era todo lo contrario. Atenta y bastante carismática, cuando su superior no decía nada fuera de lugar al menos, permitió que ella se sintiera lo más cómoda posible en su corta visita. —¡Es un gran honor tenerla con nosotras, Diamante Rosa! ¿Hay algo en que podamos servirle?
Rosa no tenía ninguna excusa preparada. Incluso si la bienvenida había sido la misma en los lugares que había visitado, los superiores siempre interrumpían para mantener la educación y mostrarle todo, no queriendo ofenderla. Pero ese par de gemas no era como el otro. La Jadeíta a cargo se mantuvo callada hasta que la dictadora se vio obligada a responder.
—Sólo quería explorar algunas áreas del planeta. He terminado aquí por simple curiosidad.
Nefrita observó con curiosidad a su superior, sin saber qué decir. La presencia de la diamante más joven era algo que no habían esperado, mucho menos tan pronto. Según la lógica de Jadeíta, cuyos pensamientos compartía a menudo con su ayudante, Diamante Amarillo mantendría a Rosa lo más alejada posible de su laboratorio después de la última reunión que habían tenido, por la cual había terminado bastante enfadada por la información indeseada.
Pero ahí estaba Rosa, sin compañía alguna salvo sus perlas de compañía. Algo no iba a bien y a Jadeíta no le gustaba. No solamente por el hecho de que interrumpía su rutina de trabajo o porque detestase los percances que podía evitar, sino porque debía mantener cualquier información respecto a la diamante frente a ella en el mayor secretismo posible. Lo que menos deseaba era ser destruida por la curiosidad de esa gema.
—Entonces pase usted, señora, sólo le pediré que guarde silencio pues hay gemas trabajando.
Rosa acató la indicación de la gema; ella y sus doncellas se mantuvieron en silencio mientras recorrían las instalaciones. Había muchos salones en donde podía observar a gemas con muchísimos manuales en estanterías, hologramas de planos sobre futuras construcciones, máquinas poco estéticas e incluso de nuevos proyectos para uso cotidiano.
—Debo suponer que tú eres la directora de este centro. —La curiosidad pudo más en la diamante más joven, aunque se aseguró de hablar en un tono moderado mientras recorrían los pasillos hasta que llegaron a un lugar un poco más grande dentro del recinto. Un salón que tenía los mismos materiales que el resto pero tenía mayor espacio para ocupar. —¿no es así?
—Así es. Diamante Amarillo en persona me asignó este locación por mis antecedentes en numerosos proyectores.
Diamante se mantuvo en silencio, observando la dinámica entre Jadeíta y Nefrita. Estaban trabajando en algún proyecto que requería de la constante asistencia de Nefrita registrando datos. El carácter de ambas gemas congeniaba con el tipo de dinámica que demostraban.
—¿Y en qué se supone que trabajas ahora mismo?
—Aparentemente el suelo de la colonia Épsilon continúa deteriorándose como lleva haciendo desde hace mil años así que debo trabajar en otro material para que eso deje de suceder tan seguido. Diamante Amarillo debería dejar de asignarme tareas de bajo nivel. —respondió Jadeíta.
Diamante Rosa se inclinó para observar detenidamente en lo que trabajaban las gemas. Era un material bastante nuevo del cual estaban tomando bastantes datos. Jadeíta lo moldeaba a voluntad pero este sólo mostró hendiduras un par de veces. La Nefrita se mostró bastante positiva respecto a esos resultados más su superiora mantenía una expresión inalterable.
—Parece una tarea bastante inútil. No entiendo por qué ella no se deshace de esa colonia. Sólo causa más problemas.
No obtuvo la reacción que deseaba. Ambas gemas continuaban trabajando en el proyecto, testeando el material e ignorándola. No era algo a lo que estuviera acostumbrada. Siendo una Diamante, la gema de mayor rango era normal que la gente escuchara incluso lo más ridículo que tuviera por decir. Era algo que le incomodaba de sobremanera respecto a su posición pero recibir una respuesta contraria a esa la tomó con la guardia baja.
—Quiero decir, ni siquiera está en un funcionamiento óptimo. No sé en qué estaba pensando al permitir que se siga utilizando como colonia activa.
—Creo, mi señora, que si desea saber los motivos de su compañera para tomar las decisiones que toma debería preguntarle personalmente. Nosotras podemos decirle muy poco respecto a eso.
Nefrita miró con reproche a Jadeíta por su respuesta tan maleducada.
—Por favor disculpe la descortesía de Jadeíta, Diamante Rosa. Últimamente ha estado muy ocupada con este encargo. —explicó, manteniendo un contraste entre ella y su superiora. La de mayor rango era bastante ordinaria para poseer la posición que mostraba mientras que la asistente mantenía rectitud —. Cuando se trata del mantenimiento de esa colonia, Diamante Amarillo siempre quiere que las cosas queden más que perfectas.
—¿Pero por qué? No tiene mucho sentido. —dijo Rosa, y sus perlas asintieron aunque no estuvieran a la vista de las dos gemas de laboratorio.
Las gemas de Diamante Amarillo se miraron entre sí por tan sólo unos momentos en silencio. Jadeíta regresó a su trabajo y fue Nefrita quien se atrevió a ofrecerle una sonrisa a Rosa.
—Eso debería preguntarle usted.
Fue entonces que Rosa decidió regresar a su palacio, aunque para entonces no estaba muy segura de que Amarillo siguiera ahí esperándola.
Recorrió varios salones del lugar. La biblioteca se encontraba intacta, con el desorden usual que ella misma hacía a veces. El salón en el que entrenaban sus tácticas de combate estaba vacío aunque el baúl de armas continuaba en el mismo lugar que siempre. No había rastro de Amarillo, ni de su perla.
Tenía sentido. No habría tenido sentido que Amarillo esperase porque ella volviera después de su discusión.
—Mi diamante, si así lo desea puedo localizarlas con el comunicador que la perla de Diamante Amarillo posee. —habló la perla pastel.
Quedándose sin ideas, permitió que la doncella hiciera lo que había comentado. La perla rosa le pasó el comunicador diamante que portaba. Rosa contempló a la perla que le había regalado Blanco maniobrar el comunicador con destreza.
—¿Cómo es que sabes hacer eso?
La perla se desconcentró un momento para observar fijamente a su diamante y a su compañera doncella. Se quedó sin palabras, algo sorprendida por la pregunta.
—No lo sé... ¿Sólo lo sé?
—Si tú lo sabes entonces yo también debería de, ¿no es así? —interrumpió la perla rosa.
—¡Suficiente! Sólo termina de localizarlas.
—¡Sí, mi diamante!
La perla se apresuró entonces. Terminó la sucesión que estaba creando con sus dedos sobre el comunicador y entonces un pequeño gráfico apareció frente a ellas. Perla presionó sobre un punto que representaba al palacio donde se encontraban. Una línea se dibujó a través del mapa, guiando hasta un punto en una torre algo alejada. Rosa parpadeó con curiosidad, mirando fijamente el punto que señalaba el croquis.
—No tengo idea qué lugar es ese.
—Parece ser el lado Este del Planeta Madre. El reino de Diamante Azul. —informó la perla rosada. —No la conoce porque usted no ha explorado ese lugar aún, simplemente conoce el reino de Diamante Amarillo y parte del suyo.
—Oh, entiendo. Entonces, vamos.
Regresaron de inmediato al palanquín de Diamante Rosa. Perla pastel agregó las coordenadas y de inmediato partieron a través del Planeta Madre. Recorrieron las calles del planeta, pasando por el centro de esta que conectaba con cada uno de los reinos de las Diamantes y algunas zonas abandonadas que antiguamente habían sido utilizados como guarderías desde los primeros años en que había existido la raza de las gemas.
—Aquí es, mi diamante. —dijo Perla pastel cuando el palanquín se detuvo frente a una enorme construcción de colores azules oscuros. No había guardias en la entrada como en las edificaciones de la zona de Amarillo, aunque podía ver que en otros paneles del mismo pasaje sí poseían algunos cuarzos transitando en actitud apacible. —Es el santuario de Diamante Azul. En la torre está un centro de estudio de astros aunque sólo es accesible para gemas que trabajan en esa área.
Rosa frunció ligeramente los labios, un hábito que había visto múltiples veces en el rostro de Amarillo. —¿Qué es lo que hace ella aquí entonces?
Diamante Rosa ingresó junto a sus doncellas. Había muchos pasillos en aquel lugar y tuvieron que recorrerlos utilizando el instinto. Llegaron a algunas aulas que estaban restringidas y no se abrían a menos que la gema tuviera la clave de seguridad.
—¿Estás segura de que ella está aquí, Perla?
—Es aquí donde indicó el rastreador del comunicador, ¡lo juro!
Diamante Rosa soltó un largo suspiro pesadamente, sintiendo que tal vez había llegado demasiado tarde y cualquier asunto que traía a Amarillo aquí ya estaba concluso. A punto de dar media vuelta y retirarse, se detuvo cuando escuchó una suave melodía. Una voz armoniosa a través de las paredes que a duras penas se escuchaba.
Decidió comenzar a seguir el sonido apresurada. Era una voz suave y encantadora. Tuvo que subir unos niveles más en aquel edificio hasta llegar adonde se encontraba la voz. Grande fue su sorpresa al llegar al lugar de donde provenía la armonía. Era un espacio grande, la luz apenas llegaba hasta la entrada por donde se asomó. Era la perla de Azul, pero no se encontraba sola. Dejó de cantar y le siguió la perla de Amarillo, entonando una melodía similar aunque con un estilo que la diferenciaba de la otra doncella.
Cuando ambas entonaron juntas una melodía más alta pudo notar que en el centro del salón estaban las dos diamantes. Azul y Amarillo se encontraban juntas danzando por todo el espacio que tenían disponible. El brazo de Amarillo sujetando a su colega mientras que Azul daba toques femeninos a la danza. Era un vals tradicional aunque Rosa no sabía qué era lo que hacían, ni por qué lo hacían. Tenía entendido hasta ese momento que la sincronización se utilizaba como incentivo para que gemas novatas practicaran la fusión.
Pero ellas estaban haciéndolo sin un propósito aparente mientras sus perlas cantaban.
No era la primera vez que lo hacían, eso era seguro.
Estaba muy concentrada observando la escena que se presentaba frente a ella que se sobresaltó al igual que Amarillo y Azul cuando las perlas terminaron de cantar porque una de sus propias doncellas, la rosada, anunció su presencia en alto. Rosa retrocedió un paso al verse descubierta, sin saber cómo reaccionar ante las dos diamantes.
—Lo lamento, n-no fue mi intención interrumpir.
Ambas se soltaron para prestarle atención. Azul se mostró comprensiva, puesto que le profesaba un cariño especial a la menor de ellas. —Está bien, Pink, ¿necesitabas algo?
Rosa buscó los ojos de su tutora. Esta parecía igual de sorprendida que Azul ante su interrupción. Negó con la cabeza, intentando mostrarse tan relajada como siempre, pero lo cierto es que aún tenía la imagen de las dos bailando tan concentradas y se sentía como una intrusa en ese momento.
—Vine a hablar con Amarillo. Hay… algo que deseo preguntarle.
Azul arqueó una ceja con curiosidad al observar algo de tensión entre ambas. Soltó una pequeña risita, acercándose hacia Rosa y dándole una pequeña palmada en el hombro.
—En ese caso las dejaré solas. De todas formas tengo una reunión con Blanco y ya voy retrasada. —Se excusó. Su perla hizo una reverencia ante la presencia de las dos diamantes y siguió de cerca a su maestra. La perla de Amarillo se unió a las perlas de Rosa, que mostraron sonrisas forzadas ante el acercamiento inoportuno.
Amarillo se mantenía en su lugar, esperando a que Rosa hablara aunque esta no lo hizo al principio.
—Entonces ahora soy Amarillo para ti.
La más joven frunció un poco el rostro, desconcertada. —Tú siempre estás regañándome sobre que no te gusta que te llame Yellow, ¿y ahora te quejas por que no lo hago?
—No es una queja, fue una observación.
Rosa se llevó las manos al rostro en una seña de frustración, sólo duró unos segundos antes de acercarse a Amarillo. La tirana mayor no esperó el abrazo que le fue concedido en ese momento, pero cuando se percató de lo que sucedía lo correspondió.
—¿Rosa?
—Lo lamento, Yellow. —Apenada, Rosa se apoyó en su hombro mientras comenzaba a hablar. —Fui demasiado grosera contigo. Me sentí terrible cuando hablaste de la Tierra como si hubiera sido un infortunio que yo hubiera surgido de ahí en lugar del grupo de soldados que deseabas. Es sólo que… todas ustedes son tan perfectas, tan extraordinarias y lamento muchísimo no poder ni siquiera aspirar a lo que ustedes representan. A lo que ustedes quieren que yo represente también.
Amarillo suspiró pesadamente, pero permitió que la novicia terminara de hablar y continuara abrazada a ella. Le devolvió el gesto, dándole unas palmadas en la espalda.
—No debí dar por hecho que sentías desapego por ese planeta. Tú no eres como nosotras, después de todo. —carraspeó al notar que las doncellas observaban desde la entrada del salón. —Ni debí reaccionar de la forma en que lo hice. Fue incorrecto de mi parte asumir que tu posición como novata no te permitía opinar.
Ambas reservaron sus palabras durante los momentos siguientes en los que duró el abrazo. Cuando Rosa comenzó a separarse, presumió una actitud más relajada. Amarillo entonces tomó la iniciativa de invitarla hacia el palco de aquel salón para que pudiera asombrarse con la vista que les ofrecía el Planeta Hogar. Había muchísimos colores que se podían distinguir desde ese punto. Amarillos, rosados, violetas, azules e incluso grises que eventualmente se convertían en blancos ante la vista según la luz.
Rosa hacía muchas preguntas pues aún desconocía muchas de las locaciones pequeñas y enormes que se interconectaban gracias a las enormes pistas que permitían que las naves zarparan a través de las localidades. Amarillo contestaba mostrando una paciencia similar a la que poseía cuando le enseñaba a batallar.
—Parece que han solucionado su conflicto. —Perla rosa habló, emocionada.
El sol artificial del planeta madre continuó rotando hasta que una luna lo reemplazó en el cielo. Rosa aún quería quedarse ahí charlando, pero sabía que debían retomar el tiempo perdido.
Aunque antes tenía una pequeña pregunta, y no quería irse sin antes obtener aunque fuera una respuesta. Cualquiera que fuera.
—Yellow, ¿por qué Épsilon es tan especial para ti? —preguntó, mientras continuaba observando al frente, hacia la luna de color violeta que se alzaba orgullosa en el horizonte y que cubría con su luz su hogar. La actividad no se detenía aunque los astros indicaran que era hora de que algunas gemas regresaran a descansar un poco y otras debían levantarse para reemplazarlas en sus trabajos. —¿Por qué te empeñas tanto en salvar esa colonia?
Amarillo apreciaba el aura que emanaba el planeta en esos momentos. Aunque no había sido su plan pasar el día con Pink de esa manera, estaba satisfecha. El alivio que sentía porque las cosas se hubieran solucionado pronto era mayor al que podría describir.
—Es una larga historia, no creo que quieras escucharla.
—¡Pero quiero! Si tú también quieres, claro…
Sin más que meditar, Amarillo tomó aire -pese a no necesitarlo- y decidió contestar.
—Fue la colonia de la que emergió Azul. No era un planeta demasiado ostentoso ni siquiera en ese entonces. Fue hace eones, entonces sólo éramos Blanco y yo a cargo de la autoridad y nuestros ejércitos apenas comenzaban a representar una amenaza para culturas vecinas. —Fue como inició su relato.
—Épsilon parecía incluso menos viable de lo que es la Tierra pero yo insistí en hacer algunas pruebas. La sorpresa de Blanco fue enorme cuando de una guardería emergió un grupo de Aguamarinas, gemas muy raras y que hoy día cumplen funciones diplomáticas en diversos planetas o misiones demasiado especiales. Esas gemas estaban bien. Creímos que era suficiente para nosotras más no fue lo único que Épsilon nos regaló. Ni siquiera fue en una guardería oficial, simplemente la energía de Blue salió de un punto lejano del lugar donde investigábamos y tuvimos que mandar una guardia de soldados para investigar. No regresaron.
—¡¿Azul los destruyó?
—No, eso no fue exactamente lo que pasó. Blanco decidió que debíamos ir personalmente y cuando llegamos al hueco que había creado Azul al salir vimos que nuestros soldados no se podían acercar a ella porque tenía un aura que los detenía y los hacía llorar.
Rosa guardó silencio, sin entender demasiado lo que le era relatado.
—En fin, logramos que dejara a nuestras tropas en paz y la conocimos. Era incluso más venenosa de lo que parecía en ese momento. —Se mofó. —Así que regresamos aquí con un grupo de Aguamarinas, unos cuarzos avergonzados y una nueva diamante a la que debíamos asignarle una corte, pero su colonia estaba siendo tratada para lograr que su suelo fuera fértil de nuevo. La aparición de Azul había drenado los minerales del planeta y aunque creímos que podría fungir como punto de localización, Azul no la quería. Le parecía repulsiva.
—¡Y entonces tú viste que tenía potencial!
—No, no. Nos olvidamos de Épsilon y bajo mi tutela Azul comenzó su formación como diamante. —Cayó unos momentos, apretando un poco sus labios. Inhaló profundamente, deshaciéndose del peso imaginario sobre sus hombros. —Cuando consiguió su segunda colonia y creó a las Zafiros, decidí profesar el afecto que sentía hacia ella más ella no estaba interesada.
La sonrisa ingenua de Rosa se borró de su rostro. Una expresión melancólica había invadido las facciones de su tutora mientras continuaba observando el paisaje frente a ellas, mirando hacia el palanquín de Azul que recorría los pálidos callejones del reino de Blanco. Sentía algo de bochorno así que guardó la calma hasta que Amarillo continuó.
—Para entonces ya estábamos a la par en posición así que simplemente tomamos caminos diferentes. Ella continuaba investigando y colonizando por un lado de la galaxia y yo hacía lo mismo intentando ir por el contrario. Me trajo fortuna aquella decisión, debo admitirlo, pero fue una larga temporada en la que Blanco tuvo que intervenir para que dejaramos de actuar así. Nos amenazó con quebrar nuestras gemas si no hacíamos caso. —Negó con la cabeza, sonriendo un poco. —Azul vino a mi palacio un día y dijo que continuaba sin corresponder pero que estaba dispuesta a ofrecerme algo a cambio en lo que pudiera centrar mi afecto. Me dijo que podía utilizar el lugar del que apareció como colonia, portal galáctico o lo que deseara.
—… Por eso intentas conservarla tanto.
—Siempre que pienso en deshacerme de ella me siento incapaz de lograrlo. Porque cuando comencé a planear lo que haría con ese planeta, Azul participó y me acompañó. Ambas sabemos que no fue la decisión más sabia y que fue un desperdicio de tiempo pero decidimos no hablar de eso. Simplemente lo hecho, hecho está. Sé que algún día no podré hacer nada más por Épsilon, pero mientras tanto continuaré con su cuidado.
Rosa se acercó a ella, aferrándose a su brazo y apoyándose en su hombro con una expresión indescifrable. No sabía cómo sentirse. No era algo que hubiera esperado escuchar, mucho menos de Amarillo. Pero obtener ese pedacito de confianza debía ser bueno. Algo positivo aunque no se sentía como si lo fuera.
—Gracias por contarme, Yellow.
