El adiós de la aprendiz
—Perla, manda un mensaje al pelotón W-A1. Quiero saber si aún no se han visto en necesidad de actuar según mis indicaciones.
—Enseguida lo hago, mi diamante.
Diamante Blanco se mantuvo quieta mientras su perla sacaba un pequeño comunicador de la gema en su frente y comenzaba a mandar un mensaje encriptado para una de las tropas que iban con ellas. La tropa no pertenecía a Blanco en su totalidad, la mayoría eran soldados de Amarillo lideradas por una Ágata de Blanco. Uno pensaría que con equipos así las gemas se confundirían al no saber a cual diamante obedecer pero no era así. Ambas habían establecido una gran comunicación a la hora de formar escuadrones.
La mayor de las diamantes, aquella cuya gema se encontraba localizada en su frente como símbolo de su erudición, se encontraba de pie en un enorme hoyo en un muro bastante oscuro. Un sector al que raramente acudían gemas salvo para testear el terreno del Planea Madre para los registros, pero de eso hacía años. A Blanco le gustaba aquel lugar para meditar cuando tenía algo de tiempo libre.
Había una vía a unos metros de donde se encontraba ella, y cada cierto tiempo pasaba una nave a gran velocidad, iluminándola brevemente. No importaba pues de todas formas ninguna de las pilotos se detenía nunca a verificar si lo que habían visto era una ilusión o en verdad era Diamante Blanco.
—Mi diamante, al parecer Diamante Rosa aún no ha llegado hacia ellas. Siguen esperando en su palanquín a que se aproxime.
Diamante Blanco suspiró pesadamente, apoyándose en la superficie de roca. Su perla la observaba, manteniendo el comunicador en sus pequeñas manos.
—No me sorprende. La primera caza de Rose y es liderada por Bleu. Al menos fue divertido al inicio.
La perla imitó la misma posición de su diamante, mirando con curiosidad el aparato que sostenía en sus manos. Ambas estaban esperando algún mensaje del pelotón, o de Amarillo para poder continuar.
—Mi diamante, está recibiendo indicaciones de parte de Diamante Amarillo. ¿Desea contestar la la llamada?
Blanco observó a su sirvienta por unos instantes y le extendió una de sus manos para tomar el pequeño artefacto. Caminó hacia el interior del hoyo para esconderse un poco más, mientras su perla se mantenía a centímetros de la entrada para vigilar que nadie llegara. Diamante Blanco entonces presionó de forma experta el objeto para admitir el holograma que se formó frente a ella.
—Jaune, ¿qué noticias traes para mi?
Amarillo, desde el otro lado de la línea, frunció la nariz al escuchar el alias que Blanco, Blanc, tenía para ella. Uno que no había utilizado en años pero había insistido en utilizar de nuevo al escuchar la forma en que Rosa se refería a todas ellas. A ella no le gustaba, pero no podía hacer mucho más que ignorarlo. Si mostraba abiertamente lo mucho que le molestaba era más probable que esa tontería continuara a que terminara de raíz.
—Rosa está acercándose...
—Rose, te he dicho que utilices su nuevo nombre.
—¡Su nombre no es Rose!
—A ella le gusta y fuiste tú, mi considerada Jaune, la que insistió tanto en que mostrara aunque fuera un poco de afecto hacia nuestra joven discípula. Pero si lo que deseas es que deje de intentar, entonces eso haré, Amarillo, apuesto a que Bleu le gustará.
Amarillo frunció los labios ante su comentario, con una expresión antipática dibujada en su rostro. Inhaló profundamente, negando con la cabeza para convencerse de no insistir en el tema.
—Rose, está acercándose a tu palanquín. Los soldados están en posición.
—Estupendo. Entonces procederé a dirigirme hacia el punto de encuentro. Confío en que sabrás distraer a Bleu y Rose si es que las cosas se ponen feas. Te veré después.
Amarillo asintió, lista para cortar la comunicación al instante.
—Ah, ¿Jaune?
—¿Ahora qué?
—Procura no ser demasiado suave con ellas, ¿de acuerdo?
Amarillo cortó la comunicación de inmediato, ignorando la sonrisa prepotente de Blanco.
—Muy bien, Perla, pongámonos en marcha. —comentaron Blanco y Amarillo al mismo tiempo, aunque ambas se encontraban en lugares muy distintos en ese momento.
Diamante Rosa se encontraba escondida también, aunque a diferencia de Blanco, ella había optado por un lugar menos escondido y que era tan evidente que si alguien se esmerara mucho en buscarla podría hacerlo. Estaba en lo alto de una estructura, aunque nadie prestaba atención al lugar en el que se encontraba. Ella habría querido ir más arriba, pero Azul le había dicho que eso sería una mala idea si querían ir con cuidado.
—Recuerda que aunque las gemas saben lo que estamos haciendo, debemos ser lo más discretas posibles.
Según Azul, todo eso no era más que un viejo juego de estrategia crado por Blanco y Amarillo hacia millones de años. Mientras le contaba la historia, Rosa recreaba el escenario en su mente, imaginando un Planeta Madre en el que sólo habitaban esas dos con sus respectivas cortes, aunque no tan numerosas como lo eran ahora. Le resultaba tediosamente cómico de tan sólo pensarlo, teniendo en cuenta las personalidades de ambas aunque, por un momento, se permitió indagar más allá de lo que en realidad sabía. No conocía demasiado bien a Blanco, aunque se esforzara en hacerlo sólo conocía lo que tenía que saber sobre ella.
Retomando el hilo de sus ideas, porque no le gustaba la idea de hacerse cercana a la diamante mayor después del desastroso primer encuentro que tuvieron, colocó un escenario imaginario en el que su planeta hogar estaba dividido en dos bandos, el blanco y el amarillo, aunque no fueran necesariamente enemigos. Simplemente camaradas aburridos que se evitan en lo posible. Quien plantease tal idea debió ser Blanco.
—Apuesto a que no podrías encontrarme si me lo propusiera. —habría dicho, con tal de picar el instinto competitivo de Amarillo.
—¡Já! No esperaba tal payasada de tu parte, pero si eso quieres, puedo demostrarte lo contrario.
Y entonces Amarillo sacaría su espada para comenzar a correr detrás del palanquín de Blanco por todo el planeta, porque al final estaba en juego un ostentoso planeta nuevo localizado en alguna galaxia lejana a la que Rosa decidió no poner nombre, no por el momento. No es que no se le ocurriera algo, simplemente era irrelevante ya proyectado el escenario de cómo se formó aquel pasatiempo entre diamantes.
El comunicador en sus manos comenzó a brillar. Tuvo que manipularlo con sumo cuidado para no romperlo, siendo que no era un aparato que estuviera diseñado para sus manos enormes. Era un mensaje encriptado de Azul que la alentaba a avanzar, agregando que ella estaba por acercarse a la posición de Blanco para atacar.
Rosa se deshizo del mensaje y comenzó a avanzar lo más cautelosa posible. El Planeta Madre estaba lleno de pasajes que aún no lograba identificar por completo. Muchos de ellos eran del tamaño ideal para que marcharan gemas cuarzos, pero la mayor parte de los lugares ahí eran lo suficientemente abiertos aunque laberínticos para que pudiera perderse.
Debía dirigirse al punto indicado en su comunicador, el palacio de Diamante Blanco en donde se encontraban sus dos perlas y la de Amarillo. Únicamente Azul y Blanco habían permanecido con sus doncellas, porque así eran las reglas. Aunque no tenía sentido alguno, Rosa había decidido no preguntar. Dudaba que la presencia de una perla en cada equipo pudiera hacer la diferencia.
Según el comunicador en sus manos no tardaría en llegar. La ruta que Azul había marcado era de bastante ayuda para guiarse entre tantos pasillos. Tuvo que detenerse para permitir que una patrulla de gemas marchara frente a ella sin que la vieran, escondida como se encontraba en la oscuridad de un pasadizo. Cuando pensó en avanzar, escuchó un ruido. Tensa, decidió darse la vuelta para encarar el callejón del que venía aunque no vio nada inquietante. Retrocedió un par de pasos aún sin dejar de mirar, buscando algo aunque sin saber qué. Cuando decidió voltearse y continuar con su camino, chocó contra una figura firme e inesperada.
—¡Yellow! ¿Q-Qué haces aquí?
La diamante mostró que en su mano izquierda llevaba un comunicador azul. Rosa retrocedió al instante, y Amarillo aprovechó para avanzar hacia ella, hundiéndola cada vez más en el pasadizo oscuro del que había intentado salir.
—¿Creíste que podías escapar de mi, Rose? Sólo dame tu comunicador y no tendremos que pelear.
—¡No!
—No tenemos que batallar. Piénsalo un poco.
—Sólo lo pensaré si me dices quién inventó esto.
Diamante Amarillo arqueó una ceja, sin apartar su mirada fijamente del rostro de Rosa. Era una imagen completamente diferente de la gema que se había abierto a ella después de pedirse disculpas mutuamente. Sería aterrador si la más joven no se hubiera acostumbrado a lidiar con ella durantes sus sesiones de práctica con armas.
Rosa tuvo que extender el uno de sus brazos hacia atrás para no permitir que su oponente tuviera acceso a él, y con el otro formó un barrera para proteger la base de su cuerpo justo a tiempo, pues Amarillo avanzó hacia ella intentando obtener el artefacto. Forcejearon, ella intentando retroceder y marcar distancia pero Amarillo lograba sujetarla con más fuerza de la que había esperado.
Intentó escapar dándole la espalda, pero antes de que pudiera correr un brazo de la diamante sujetó su cintura. Rosa no podía avanzar, y aunque el comunicador aún no estaba al alcance de su mentora no podría continuar de esa forma por mucho tiempo, empujando en vano a Amarillo para que se alejara.
En su afán por tomar el objeto, una de las manos de Amarillo chocó contra la de Rosa y el comunicador resbaló de su mano. Al caer al suelo se rompió, ante la mirada atónita de ambas gemas.
—¡Mira lo que hiciste! —Rosa reclamó, logrando por fin apartarse.
—¡No hubiera sucedido si me lo hubieras dado en primer lugar!
En un impulso, Rosa le arrebató el comunicador a Amarillo para estrellarlo contra una pared. Ahora había pedazos de dos comunicadores rotos en el suelo.
—¿Decidiste romperlo en lugar de salir corriendo? No me sorprende que fuera tan fácil emboscar a Azul si se mantienen con esta actitud.
—¡Oh, no me vengas con eso! ¡Yo ni siquiera sé qué sentido tiene es... este... esto! ¡Cuando Blanco dijo que sería una experiencia que me ayudaría en mi formación de verdad creí que sería algo importante! Pero no, estoy perdida en nuestro propio planeta, corriendo en círculos y ahora se supone que debo huir de ti! ¡Cómo si eso fuera posible! Tú, entre todas las gemas en este lugar, me conoces perfectamente como para que yo sea capaz de burlarte! ¡¿Quién inventó esta tontería, de todos modos?! ¡Seguro fue Blanco para burlarse de ti también!
—Yo lo inventé y te aseguro que no tiene nada que ver con lo que estás afirmando, Pink.
La diamante menor guardó silencio unos momentos, aún alterada por todo lo que había soltado de golpe. Miró con algo de incredulidad a su mentora, aunque esta parecía estar meditando algo, porque no se veía ni molesta ni ofendida. Rosa suspiró pesadamente, sintiendo que las ganas de continuar con eso se esfumaban.
—Lo siento, yo no...
La mano enguantada de Amarillo tomó la suya antes de que pudiera formular una justificación mal elaborada. Guardó silencio, observando que en su mano era depositado un nuevo comunicador, esta vez era uno amarillo. Al levantar la mirada, pudo notar que contrincante se cubría los ojos, había una pequeñísima curva en la comisura de sus labios.
—10 eones, 9 eones, 8 eones...
Diamante Rosa echó a correr antes de que Amarillo pudiera llegar a un eón en su cuenta regresiva.
Tal vez sí estaba siendo demasiado blanca con ella.
No debía permitirse ser suave con Rosa. Ni con ella, ni con Azul ni con Blanco.
Cuando terminó de contar aún podía identificar la silueta de Rosa corriendo lo más rápido que podía para huir de ella. La gema amarilla en su pecho brilló brevemente lo suficiente para que pudiera extraer su espada de ella. Al segundo siguiente se lanzó a perseguir a Rosa, fijándola como el objetivo primordial en esa carrera que continuaba aunque ambas hubieran hecho trampa ya.
Rosa continuó corriendo, atravesando corredores oscuros mientras que un holograma servía como mapa para ella para guiarse a través el laberinto que representaba la urbe de su planeta. Había un punto blanco que en perspectiva estaba más adelantado que ella, pero no se detuvo. Amarillo le había dado una oportunidad, aunque siguiera sin entender qué era lo que lograría con eso.
Una sombra amarilla cruzó corriendo sobre algunos techos sobre ella. Rosa la esquivó la primera vez que Amarillo aterrizó frente a ella para marcar un límite, deslizándose por un espacio en uno de sus costados.
Una ola de energía iluminó el lugar, Rosa tuvo que detenerse cuando un rayo cruzó a centímetros de su rostro, impactando contra un muro y creando un enorme agujero en él.
—No creíste que te lo dejaría tan fácil, ¿no es así?
Rosa fue más rápida y sujetó la muñeca de Amarillo antes de que ella agitara su espada contra ella. Su mano contraria la colocó sobre la gema de su enemiga, aunque su intención fuera desquilibrarla. Continuaron forcejeando un poco más, aunque Amarillo tenía más fuerza y en más de una ocasión estuvo a punto de librarse del agarre de Rosa.
La gema en el vientre de Rosa comenzó a brillar y sólo Amarillo fue capaz de captarlo. Su distracción sirvió a su oponente para finalmente librar el agarre que ambas mantenían y separarse. La diamante menor tenía una expresión severa, levantó su brazo y su mano formaba una palma perfecta. Diamante Amarillo no esperaba que un objeto se formara al instante en ella.
No lo pensó demasiado, su brazo se mantuvo en alto tan sólo unos segundos, apuntando al cielo, antes de descender con firmeza y apuntando a Amarillo. Una corriente de energía se dirigió hacia Amarillo haciendo que perdiera el equilibrio.
El arma de Rosa era una abanico pequeño. Se detuvo un momento al evaluarlo, y al cerrarlo comprobó que era bastante firme, pero ligero para llevar consigo. Podía abrirlo y cerrarlo con la misma facilidad con la que extendía sus dedos y volvía a empuñar su extremidad.
La emoción le duró sólo un momento al recordar que debía apresurarse. Decidió correr aprovechando que su oponente aún debía recuperarse de la impresión y el ataque que la brisa rosada había provocado en ella.
Blanco estaba por llegar a su palacio. Las puertas estaban abiertas de par en par y había tres perlas reunidas debajo del marco de entrada, y a su lado se encontraba Diamante Azul, aunque por su expresión no se estaba ahí para reclamar su victoria. Blanco expresó con una sonrisa lo único que podía sentir en esa situación.
—Es injusto que ustedes participaran juntas. Pink debió ir con alguien que en realidad pueda aconsejarla.
—Que no hayas aprendido nada de las estrategias con Jaune cuando participaste no es problema de mi equipo, Bleu.
—Utilizar una fusión de soldados dentro de tu palanquín suena un poco sucio, no creo que fuera su idea emboscarme de esa manera.
—Tal vez lo fue pero jamás quiso mostrarte su lado de competidora engañosa. —insinuó, mostrando una sonrisa maliciosa.
Azul arrugó los labios y centró su atención a un punto detrás de su interlocutora. —Aquí viene.
Rosa estaba corriendo a toda velocidad y un perfil amarillo la seguía de cerca. La sonrisa de Blanco flanqueó cuando los ojos de la más joven se volvieron cristalinos y un portal apareció justo frente a ella y desapareció cuando Rosa ingresó en él. Amarillo se detuvo en el lugar en donde había aparecido el portal de luz que Rosa había creado, justo como la última vez en sus entrenamientos. Decidió ponerse en posición de combate, esperando un ataque.
En cambio, un nuevo portal volvió a abrirse pero no cerca de Amarillo, sino a espaldas de Blanco que aún no había avanzado hacia los portones de su hogar. Azul y Blanco se sobresaltaron cuando Pink salió del nuevo portal, cayendo sobre sus rodillas y respirando bastante agitada.
Amarillo observó desde su posición. Su espada se desvaneció, y siendo que había terminado finalmente su persecución.
—Eso fue un final inesperado para tu primera cacería, Rose. ¿Cómo es que lo hiciste? —No esperó a que Rosa se levantara para hablar. La diamante menor se tomó un momento para ponerse de pie antes de que sus perlas decidieran correr hacia ella.
—Verás White, es lo que sucede cuando una demente te persigue por medio planeta empuñando su espada y reclamando tu gema. —respondió ella, utilizando el mismo tono sardónico de ella.
Azul cubrió su rostro con su palma, soltando una suave risa ante la actitud desafiante de la más joven. Blanco no parecía impresionada por eso en realidad, pero tampoco ofendida.
—Ganaste.
—Eso es lo que parece. Pero sigo sin entender el objetivo de esta cacería.
Fue el turno de Blanco para mostrar una sonrisa burlona. Amarillo se acercó hasta ellas, menos agitada de lo que Rosa estaba.
—Debo suponer que la dejaste ganar pero no le explicaste nada, ¿no es así?
—¡No la deje ganar!
Rosa se carraspeó, obligando a Blanco a regresar su atención a ella. La diamante mayor observó fijamente a la más joven, y Azul fue la última en unirse a ellas, manteniéndose al costado de Blanco, que se encontraba entre ella y Amarillo.
—¿Entonces puedo saber qué fue exactamente lo que gané?
Diamante Blanco adoptó una expresión un poco más formal. —Rose, desde el día de hoy has dejado de ser una aprendiz. Amarillo y Azul confían en ti y después de esto y de ver cómo lograste llegar por tu cuenta, sé que sabrás liderar sin ningún problema.
Rosa buscó la mirada de Azul, confundida.
—No necesitas más entrenamiento, Pink. Ahora podrás buscar tu propia colonia y ser miembro formal de nuestro imperio sin que te supervisemos.
—Eres Diamante Rosa y estás lista para demostrarlo. —Amarillo fue la última en hablar.
Rosa no había estado segura de sí en realidad eso significaba algo, pero los rostros de sus tres superiores no mentían. Había logrado algo, no como una de las gemas más importantes de su cultura, sino como uno de los pocos individuos existentes en ella dentro del círculo más alto que existía.
Como parte de ese lazo que sólo ellas tres compartían.
Sentía algo muy extraño, aunque la hacía feliz ese sentimiento. Porque estaba segura de que no habría nada que pudiera arrebatarle ese lazo que formaba con ellas, las conociera plenamente o no. No habría fuerza capaz de separarla de las tres diamantes, de eso estaba segura. Confiaba en sí misma para evitar que sucediera algo así.
