Los personajes le pertenecen a la genial SM y no a mí, la historia solo es de mi cabeza que divaga.

Grupo en Facebook Fanfic. La chica invisible.

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Capitulo Dos.

Bella PVO

No me atreví a despedirme de nadie, bueno tampoco era de que tuviera de quien despedirme, mi amiga Bree había desaparecido junto con su amigo Diego a quien sabe dónde y quien sabe a qué hacer, Mickey era un imbécil al que claramente no le iba a decir nada, no hasta que me pidiera una disculpa, no dudo que algo bueno pudo a ver pasado hasta el momento en que se convirtió un idiota total al forzarme a hacer algo que no deseaba, su beso no había estado mal, de hecho había sido agradable o tal vez era el hecho de que desde hace más de dos años no estoy con nadie, pero al invadir así mi espacio personal era demasiado y era algo al que no estaba dispuesto a soportar, y bueno gracias a ese enigmático hombre que me salvo de Mickey no lo soporte y de verdad lo agradecí.

—Lo siento mucho, tengo que irme—fue lo único que alcance a saber decir como despedida, mis palabras y mi cerebro solo pensaban en que le había pasado a mi padre, ¿Cuál era ahora el nuevo problema?

—Solo dame tu teléfono—escuche que grito pero no puedo estar segura ya que iba demasiado lejos y la música era muy alta para estar segura, o tal vez era mi cerebro que quería que dijera eso.

Simplemente no sé qué más pensar y comienzo a avanzar rápido entre la gente que comienzo a empujar ya que después de pedirles permiso no se quitan, ahora solo puedo concentrarme en pensar en que fue lo que le pudo a ver pasado, mis más grandes temores cuando recibo esas llamadas es pensar en mi padre muerto en algún lado, siempre ese es y será mi más grande temor, mientras mi padre no desee cambiar su estilo de vida; odio tanto esta situación por ese horrible sentimiento que me deja la preocupación porque con la gente que apuesta nunca se sabe cómo va a reaccionar o que es lo que va a pasar, no sé qué día esto terminara de la peor manera por un estúpido juego mal ganado, y lo peor de todo esto es algo que yo no debería vivir esto no debería pasar si tan solo tuviera un padre más fuerte, odiaba en general esta situación ni siquiera sabía para donde correr solo imaginármelo, ya que ni siquiera le habían dejado darme esa información, y no me queda más que tener un tour por la ciudad y encontrarlo y rezar para que no sea lo que me imagino.

Después de salir, la calle esta desierta tanto de gente como de coches, ya que es la hora en que nadie llega pero tampoco nadie se va, me quedo esperando unos minutos a que uno de los taxis se digne a llevarme, aunque la verdad no sabía bien a donde, tenía que comenzar mi recorrido al lugar más común que visitaba, le doy la dirección del bar de siempre de mi padre, está ya la conocía mejor que la de mi propia casa, ya que un "fin de semana normal" mientras que para muchos es salir de fiesta y al día siguiente estar en cama todo el día por la resaca que traen, para mi es otra historia para mi cada fin de semana es diferente, cuando llego a descansar lo único que deseo es dormir pero cuando trabajo o descanso es igual ya que mis deseos de dormir son desaparecidos por tener que ir por él al lugar de moda de ese momento y tengo que ir porque estaba cayéndose de borracho e incluso es imposible que logre hablar mucho menos era posible que recordara la dirección de nuestra casa, así que después de la llamada del cantinero tengo que ir en taxi por él, sacarlo a rastras del lugar entre constantes reclamos y maldiciones y sobretodo juramentos de que es la última vez que me hace eso, si sus promesas no fueran tan vacías estaría menos cansada de este tipo de vida que llevo y esa fue otra de las razones por las que también mande a mi hermana a estudiar lejos de aquí, no la quería ver metida en una vida como la mía, es cansado vivir así.

El taxista fija la vista en el retrovisor a mis ojos, estoy segura que ahora mismo estoy hecha un manojo de angustia y preocupación, no puedo dejar de tamborear mis dedos sobre mi bolso, el taxista no comenta nada, solo se ríe disimuladamente cuando el vibrar de mi celular me hace saltar y templar, claro si supiera la historia en la que vivo dudo mucho que me viera como una tipa histérica más que se preocupa por cualquier cosa absurda, no como yo, que tengo que pensar en qué lugar de mala muerte voy a encontrar a mi padre muerto, de un momento a otro, ese pensamiento hace que me estrese aún más y que el número extraño que este marcando me haga templar de una manera histérica.

—Habla Isabella—la voz por el otro lado ni siquiera me dejo decir nada antes de comentar algo, solamente habla de una manera rápida.

—Así es, ¿Quién habla? —conteste comenzando a templar como en aquella llamada que recibí hace ocho años del hospital, en esa llamada en la cual perdí a mi madre, ahora siempre que pasa esto pienso que ahora voy a ser huérfana.

—Amm, es complicado, soy un conocido de tu padre el cual me pidió que te localizara—comento la voz que me hizo casi llegar a la histeria, no podía temer lo peor, mi padre muerto y yo aun teniendo la deuda que el dejara y ser perseguida hasta que pagara.

Ok ese es un pensamiento bastante pesimista, así que suspire, conté hasta diez intentando tranquilizarme aunque esto fuera casi imposible, mis templares no disminuían, creo que al contrario aumentaban con otro segundo, escuche al otro lado una respiración desesperada.

— ¿Él está bien? — pregunto con la voz completamente cortada, creo que debí contar a mil y aun así no estaría bien.

—Sí, no te preocupes, ahora necesito saber tu dirección—después de esas palabras me pude relajar, al menos está vivo.

En que condición no lo sé, pero supongo que si ese hombre me quiere localizar es una buena persona que si lo viera en un estado crítico lo llevaría a un hospital no pensaría en la dirección de mi casa, así que no debería ser demasiado, eso era lo único que me tocaba esperar, pero ahora lo quería de verdad comprobar.

—Yo pasare por él, solo dime ¿dónde están?—asegure mientras me tranquilizaba, necesitaba verlo con mis propios ojos, para estar bien de nuevo.

—Prefiero llevarlo a tu casa, no se encuentra en condiciones para que lo lleves tú sola— comentó nerviosa la voz al otro lado, eso me vuelve a inquietar.

—Está bien—respondí en un suspiro, creo que se desespera un poco con mi voz cortada y lo que me tardo en responder simples preguntas.

Le comente la dirección y cambie la dirección del taxista quien me gruño molesto en respuesta al darse cuenta que era para el lado contrario para dónde íbamos, en protesta bajo la velocidad a ser tan lenta que todos los semáforos por los que pasamos los toma en rojo y tuvimos que esperar el cambio el cual me parece eterno aunque sé que solo son minutos, rodé los ojos y me angustie cuando volvió a sonar mi celular a tan solo unas cuadras para llegar a mi casa.

— ¿Dónde estás? —preguntaba el conocido de mi padre en cuanto conteste, y me di cuenta de que era un hombre bastante impaciente.

—Voy llegando, ¿pasa algo?—pregunte igual de nerviosa que antes, escucho unas murmuraciones del otro lado, creo que es algo como que soy repetitiva.

—No deja de alarmarte, solo son unos cuantos golpes nada del otro mundo—comenta con una voz de desesperación que me hizo rodar los ojos.

Como solo es el conocido no importa demasiado lo que pase, pero sí fuera su padre no estaría así, estoy segura, para todos es tan fácil ver y después opinar sin saber lo que se siente estar en esa situación, vuelvo a contar hasta veinte tal vez saltándome algunos números para no tardarme tanto en responder.

—Discúlpame, es mi padre del que estamos hablando, no puedo relajarme, no es fácil solo recibir una llamada y que luego te llame un desconocido y no sabes nada de lo que sucede en persona—contesto molesta y escucho unas risas burlonas.

—No fue para tanto, pero bueno, cuando llegues lo hablamos, ahora tu padre está dormido por eso él no ha hablado contigo, ya tratare yo también de relajarme—asegura con un poco de sarcasmo en la voz.

—Ok, llego en unos minutos, permíteme— respondo sin emoción ya que me desespera un poco.

En cuanto comento que debe acelerar el taxista me rueda los ojos y lo hace de mala gana, empieza a ignorar algunos topes haciéndome saltar en la parte trasera de este, en cuanto llega a mi casa, noto que fuera de mi casa esta estacionado un Volvo, eso no es algo que se vea por el rumbo donde vivo, aquí las cosas de lujo son eso de lujo e inalcanzables al menos para mí más que para todos los demás, por más que me esfuerce por tener algo de eso, no lo puedo logar, suspiro desesperada por mi situación y con resignación pago al taxista quien me cobra de mala gana, molesta no le doy ninguna propina, ya que es un gasto que no tenía previsto y sobre todo por cómo me trato en el camino, por propia experiencia sé que las propinas son lo que ayuda, pero como me trato olvido eso y me bajo con toda mi molesta contra el taxista quien me ve con desagrado al no dejar nada de dinero extra y acelera una vez que cierro la puerta.

Al quedarme unos segundos del otro lado de la acera donde el coche esta estacionado puedo observar como un hombre alto, vestido con un traje negro que incluso en la penumbra derrocha calidad, me sonríe cuando ve que me acerco a él, su sonrisa es tan natural que no puedo evitar sonreír, sus dientes perfectos y blancos me dejan impactada, son tan lindos y creo que eso mejora aún más su sonrisa, podría ser modelo con esos dientes, divago viéndolo y después enrojezco al darme cuenta que parezco una acosadora.

—Si quieres abre la puerta para meterlo y llevarlo directo a su habitación—comenta con un tono un poco autoritario.

—Ok, yo lo puedo hacerlo, agradezco que lo hayas traído, solamente bájalo—contesto sonriéndole y él se ríe y me rueda los ojos.

—Está completamente inconsciente dudo que alguien como tú lo pueda hacer—contesta sin emoción viéndome de arriba abajo, siento como su mirada va evaluándome centímetro a centímetro.

—De verdad puedo hacerlo, no es la primera vez—contesto alzando una ceja al ver cómo me mira.

—Te vas a lastimar, ya estoy aquí, yo te ayudo y lo llevo directo a su habitación para que no te molestes—contesta en tono de orden y ruedo los ojos.

Abro rápido la puerta y despejo el camino para que entre, lo saca sin mucho esfuerzo o al menos eso parece, me quedo parada en el umbral de la habitación de mi padre para que sepa dónde dirigirlo pero como lo dijo este va completamente inconsciente y cae con facilidad sobre la cama. El hombre me sonríe mientras sale y cierra la puerta.

—Gracias, creo que no hubiera podido—casi susurro pero en el silencio que envuelve la casa lo escucha a la perfección.

—Odio decirlo, pero casi siempre tengo la razón—hace una mueca que me hace sonreír.

—Bueno de todas maneras muchísimas gracias por esto—comentó mientras señalo el camino. —Fue de mucha ayuda—admito bajando la mirada.

—De nada aunque debo admitir que no todo fue sin interés—contesta y me desvía la mirada cuando intento hacer contacto visual con él—, odio hacer esto, pero necesito hablar contigo, es un poco importante—comento mientras sonreía de lado.

— ¿Qué sucede? —dije mientras pasaba mi mano por el cabello, sabía que nadie hace esto por nada, pero una parte muy pequeña de mi esperaba que sí.

—Te parece que en lugar de hablarlo aquí lo hacemos en mi oficina, digamos que ahí es donde se debe abordar este tema—contesto viendo hacia el suelo.

—Porque no me das un adelanto y te ofrezco un café…desconocido—me muerdo el labio al decir lo último.

No lo pienso demasiado, pero no encuentro otra manera que me diga que es eso tan importante que me tiene que decir dentro de una oficina, creo que prefiero recibir las malas noticas frente a una tasa de café en mi casa, que en una fría oficina que me va hacer ponerme peor de lo que me puedo poner en mi propia casa.

—Me parecería bien, pero de verdad prefiero hacerlo en la oficina—contesto sin más y me extendió la mano cambiando el tema—, soy Edward lo siento no haberme presentado antes, donde han estado mis modales— me sonríe abiertamente y noto su mirada intensa, sus ojos verdes son muy enigmáticos.

—Bueno por no haberte presentado antes Edward tienes que quedarte conmigo a tomar un café y adelantarme un poco de la información que me quieres decir en tu oficina—le contesto mientras lo tomo del brazo para levarlo a la cocina conmigo.

Si algo he aprendido a través de mis años como mecerá, es que los clientes más contentos son con los que coqueteas y los tocas un poco y al parecer él no es la diferencia ya que no se resiste demasiado y se deja llevar, pongo la cafetera enseguida mientras él toma asiento en la mesa, reflexiono por cinco segundos lo estúpido que podría ser tener a un completo desconocido en mi cocina, amigo de mi padre, los cuales todos eran de lo peor, o conocido lo que fuera todos son de la misma manera, hombres bebedores, adictos a los juegos sin demasiados escrúpulos y no personas a las que quieres tener a las dos de la mañana donde cualquier cosa me podría hacer y nadie se enteraría ya que mi padre parecía muerto arriba e incluso podría pensar que estaba si no hubiera sido por que vi como su pecho subía y bajaba.

—Isabella…—hizo una pequeña pausa, supuse que fue cuando la pequeña falda que traía se subía más de lo que debía enseñar por buscar el azúcar que quedaba en la repisa final.

—Solo Bella por favor—conteste mientras enrojecía peor que un tomate, no me animo ni siquiera a voltear y me hago tonta buscando algo que ni yo misma sé que es.

—Bella, agradezco esto, pero es demasiado, solo con un gracias me conformo—comenta nerviosa, me bajo la falda discretamente y volteo aun un poco ruborizada.

—Trajiste a mi padre y lo pusiste en su cama, eso me ahorro muchos problemas no creo que sea demasiado un café y se me hacer muy poco un gracias—contesto intentando sostener la mirada.

Al terminar de poner la mesa y sacar las mejores tasas, sirvo su café y me siento frente a él, quien me observa con intriga, sus ojos verdes no dejan de observarme como me muevo de un lugar para otro en la pequeña cocina, incluso saco un poco del panque que prepare en esta semana para relajarme después de checar las cuentas y solo concentrarme en el cocinar y no más, su mirada que parece no perder ninguno de mis movimientos me hace volverme más torpe de lo que ya soy.

—Tienes que al menos adelantarme, ¿Cuánto te debe mi padre? Y ¿Qué paso hace rato? —comento sin emoción y lo veo directo a los ojos, los cuales enseguida se enfocan en el trozo de panque que le di.

—Puedo responder lo último, —su voz es ronca, supongo que hablaron durante el tiempo en el bar, parece que su tasa es la cosa más maravillosa del planeta, ya que no quita la mirada de encima—, tu padre se metió con el tipo equivocado, a este no le agrado que después de tantas manos perdidas tu padre ganara una y justo en esa ganara las escrituras de la casa, esa ya era la ronda final del todo o nada, eso fue lo que paso Isabella—en ese momento sube un poco la mirada pero la desvía de mí, mis brazos empiezan a templar compulsivamente.

— ¿La casa?, ¿esta casa? —pregunto incrédula sintiendo que mis ojos se van a salir en cualquier momento, el impacto es mucho, ¿Qué es lo que le pasa por la cabeza a mi padre?

—Siento decirte que sí, y eso es de lo que quiero hablar contigo en la oficina, digamos que no fue la primera ni la última vez que lo hizo—contesta y saca su celular que parpadea sin parar.

— ¿Me temo lo peor? —pregunto preocupada y triste, no puedo creer que lo único que nos quede no lo vaya a arrebatar.

—No aun no—responde con una sonrisa. —, me tengo que ir, gracias por el café—responde sonriendo aunque se distrae buscando algo en su cartera—, el lunes llámame a primera hora—me tiende una tarjeta y se da la vuelta.

Me quedo pasmada en la cocina sin decir nada, solo escucho como la puerta se cierra y en unos segundos más el coche acelera por la calle, me quedo observando nada en la pared pensando cómo es posible que mi padre apueste lo único que nos queda, la única seguridad, suspiro y me voy a la cama aunque lo que menos puedo hacer es conciliar el sueño, ruedo por la cama una y otra vez y solo funciono por completa inercia sabiendo lo que tengo que hacer, me levanto al escuchar a mi padre.

Sus pasos son más pesados y sus constantes quejas me hacen rodar los ojos al darme cuenta que el mismo se buscó esa situación, me paso al baño para buscar todo para curarlo y entre sus gruñidos y maldiciones no me comenta nada más, voy al trabajo y todo lo hago igual en un piloto automático en el que solamente realizo mis actividades por hacerlas para no perder un sueldo que de verdad necesito. Una vez más el sueño me abandona a pesar de la jornada de trabajo tan difícil ya que no puedo dejar de estar pensando en que mi padre supero sus límites al apostar la casa, de verdad ahora si no sé qué es lo que voy hacer con él, ya que no llega el sueño salgo a limpiar la casa mientras mi padre ronca como si nada hubiera pasado, el cada noche la descansa con su conciencia tranquila, sin pensar en otra cosa que no sea él.

Después de tener los trastes de la cena limpios y la cocina recogida, el día comienza a aclarar y me da a ver que ya es una hora razonable para que la gente inicie su día, no como yo que la comencé desde antes ya que no podía dejar de pensar en la única seguridad que me queda y ahora parece que se va a ir, después de realizar otro postre me relajo para ver que son las siete de la mañana y que puedo hacer esa llamada tan importante que me ha dejado sin sueño desde el sábado, así que voy a mi tocador donde tengo puesta en el espejo la tarjeta que el conocido de mi padre me tendió esa madrugada, tomo el celular y me doy cuenta que estoy templando, suspiro y marco el número, no tarda mucho en contestar, por lo visto ya su día había o estaba por comenzar porque no tarda en nada en darle la dirección de su oficina y la hora en la que me puede recibir y no dice más, es cortes pero también cortante y me hace sentirme insegura.

Me baño y me cambio por una ropa más decente que mi horrible uniforme de la cafetería que siento que no es algo decente para ir a un lugar así que al tener la dirección en las manos sé que es uno de los lugares de clase alta, tal vez no es lujo por completo pero si es bueno el lugar, y no quiero ser tomada como una mujerzuela que no soy, así que me pongo un vestido floreado más recatado que mi falda anterior con el que le di un espectáculo incensario.

Salgo de la casa con tiempo de sobra para perderme si llega a pasar y aun así llegar a tiempo a mi cita con Edward, quien amablemente me recuerda su nombre en la llamada, el tiempo que paso para trasladarme a este lugar lo aprovecho leyendo un libro para regalarme ya que de pensar en lo que me puede decir este hombre me hace querer gritar desesperadamente y ponerme a llorar porque estoy cansada, ese pensamiento no me deja continuar mi lectura, así que observo como es diferente el lugar donde vivo, recuerdo mi vida antes de la muerte de mi madre y me doy cuenta de que este no era mi sueño, de que quería algo tan diferente.

Por suerte no me pierdo, y llego a tiempo, agradezco tanto que mi sentido de ubicación no sea tan malo, ya que si no hubiera llegado, al entrar al edificio donde se encuentra la oficina me siente intimidad, no tengo que preguntar mucho por él, ya que enseguida me pasan a una hermosa oficina que denota masculinidad por todos lados, poder incluso, pero es tan sutil que no te hace sentir intimidada por completo, enseguida que escucha mis pasos levanta la vista de sus documentos y me tiende la mano.

—Isabela, ¿Cómo te encuentras? —pregunta mientras suelta mi mano después de un breve apretón.

—Bien supongo, y no me llames Isabella, solo Bella por favor—contesto con voz suave y me sonríe.

—Lo siento, yo también olvido cosas—me contesta y me rio un poco.

—Soy mala con los nombres, no puede ser un buen pretexto para que olvides ese hecho y recuerdes que debes de imprimir las tarjetas con tu nombre—le refuto mientras tomo asiento.

—Una buena observación, lo tomare en cuenta—contesta y comienza a buscar algo en su escritorio.

—Bueno, pero supongo que no es eso lo que me trajo aquí, ¿verdad? —me sonríe de lado y sigue buscando los papeles.

—Efectivamente no, lo que te trajo aquí es una razón muy diferente—contesta serio y me tiende una carpeta delgada compara con las otras que tiene—, la verdad es esta, mi negocio es sobre hipotecas —comenta viendo hacia abajo—, tu padre lo sabía, nos hemos encontrado en otras ocasiones y hablamos, no sabes lo que se puede decir en esas chalarlas, le conté de esto y uno de los meses pasados vino a hipotecar tu casa—comenta avergonzado y siento como todo se desmorona para mí.

— ¿Perdí la casa? —pregunto con la voz temblorosa, todas mis casi nulas esperanzas de que todo estuviera bien se acaban de ir.

—No aún no, pero puedes hacerlo si no pagas pronto—me comenta Edward mientras me ve preocupado—, aun no es tan alarmante el asunto, faltaría que se vencieran otras mensualidades, lo que me apena, es que no sabía que tu mantenías tu casa y en esa noche, Charlie me adelanto un dinero pero no fue suficiente…—me muerdo el labio preocupada.

— ¿Por eso lo golpearon? —pregunto sin voltear a verlo mientras intento encontrar sentido a esto.

—Él quería negociar la deuda con otro prestamista, a base de la casa, era un truco extraño el que quería realizar, pero al fin no lo logro, pero logro salvar la casa al menos de él—contesta y me enseña un papel dentro de la carpeta. —aquí esta las propuestas de pago que puedes hacer para no perderla, me tome la libertad de pre autorizar una prologa de pagos y así ayudarte un poco—contesta y me sonríe.

— ¿Eso qué significa? —mi voz se corta al imaginarme otra deuda más.

—Es que en unos meses puedes ir adelantando el adeudamiento pero no tienes que pagarlo tono enseguida, así cada mes darías un porcentaje pequeño—me explica con palabras más coloquiales.

Salgo un poco más tranquila al saber que al menos con esa hipoteca la casa no está disponible para ser apostada, ya que al ver al punto en el que es capaz mi padre me deja sorprendía, los pagos como los acomodo Edward me hacen estar un poco tranquila al ver que si lograre sobrevivir aunque sea un poco más apretada la situación pero lo lograre y ahora es lo que me importa.

Llego a la cafetería con una sonrisa tranquila hasta que veo a Mickey saliendo de esta, pasa de largo fingiendo no a verme visto, cuando lo veo siento el mismo coraje de ese día de que todo lo quisiera forzar, entro enseguida y me cambio para encontrar a Bree sentada esperándome para hablar, ya que desde ese día no nos habíamos visto.

— ¿Qué fue lo que paso?, Mickey ahora ni siquiera pregunto por ti—me dice a modo de saludo mientras ruedo los ojos.

—Se comportó como un patán y alguien le dio una lección, eso es todo—contesto restándole la importancia que tiene.

— ¿Quién le dio la lección? —pregunta Bree con ojos brillantes.

—No lo sé, si no hubiera tenido un problema supongo que lo hubiera averiguado—contestó con una mueca que la hace rodar los ojos.

—Isabella tu siempre tienes problemas, creo que ya deberías a ver aprendido a liderar con ellos hace mucho y saber a qué hora no debieran de importar—me regaña y solo ruedo los ojos—, no hagas eso la que se perdió una oportunidad fuiste tú no yo, yo no desaprovecho nada—comenta con una sonrisa pícara.

—Mejor deberías de contarme que fue lo que paso, antes de decirme más cosas—contesto y le doy un golpe juguetón.

—Después de bailar y tomar, pues fuimos al baño a hacer lo que teníamos pendiente y después lo repetimos todo el siguiente día en su departamento, no es nada formal pero ya al menos es algo, no como tú, ¿Cuánto tiempo llevas sin nada? —su enorme sonrisa me deja ver lo contenta que la puso la situación.

—Eso no es la discusión, es ahora, ¿Qué esperas de esto? —pregunto desviando el tema lejos de mí.

El tema no se vuelve a centrar en mi por suerte y el día laboral pasa tranquilo entre platicas al respecto de su genial fin de semana, al regresar a casa me sorprende al ver a mi padre esta y que esta noche no haya salido a jugar, supongo que el clima nublado no le ayuda mucho ya que con este le duele la placa que tiene en la espalda y el dolor de su herida en la rodilla se vuelve muy fuerte, siempre se queja de sus constantes dolores en el clima así, simplemente preparo la comida y no hablo para nada en momentos como estos ya que su carácter empeora pero ahora no es algo que me importe demasiado al darme cuenta de que estamos a nada de quedarnos sin casa, sin la única cosa segura que hemos tenido en cinco años, lo único que se supone que no debía arrebatarnos.

— ¿Me puedes decir que te pasa? —pregunta molesto cuando nos sentamos a cenar, desde que llegue del trabajo no digo nada.

— ¿Cuándo me pensabas a contar de la hipoteca? —contestó con una pregunta que hace que casi se ahogue después de darle el trago a su vaso de agua, sus ojos me expresan sorpresa.

— ¿Quién te hablo de eso? —Responde sin poder creerlo—, lo tengo controlado, no te preocupes, ahora solo necesito desaparecer un tiempo y luego regreso al juego y seguirá todo igual que antes de que supieras—su descaro final me irrita.

—No recuerdas lo que paso el sábado—aseguro mientras comienzo a comer, que no es claro quién me dijo.

—Claro que lo recuerdo, como puedes pensar que no Isabella, me ofendes—y su tono denotan sus palabras llenas de molestia.

—Entonces si lo recuerdas debes saber quién me hablo de eso—le contesto con molestia y me voltea a ver.

—El bocón de Cullen, ¿Qué no sabe que voy bien? —lo dice para sí mismo mientras niego con la cabeza, es el descaro total que un extraño me tenga que decir esas cosas.

—Él tiene otra historia, lo que has abonado, no alcanza para cubrir el préstamo que pediste, es abogado y ya el caso está con él, ¿Qué esperabas? —le refuto molesta mientras me fulmina con la mirada.

—Es mentira todo va bien, solo dame unos días y volveré a ganar los juegos y todo regresara a lo de antes, te lo repito una vez más—comenta mientras se levanta de la mesa—, tú no te metas en este asunto yo le resolveré—comenta mientras sale molesto de la cocina para irse a la sala con su plato de comida.

Me quedo sentada en la mesa comenzando a hacer las cuentas para ajustar este nuevo préstamo a mis finanzas que si ya son justas ahora van a quedar insuficientes, me molesta esto y me decido ir a dormir agradecida de que sea antes de las dos de la mañana a la hora que siempre me acuesto que llego del trabajo, para peor esta semana tendré un turno más corto en el restaurante y eso provoca una pequeña baja en mi sueldo.

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—Isabella, ¿puedes venir? —dice el señor Newton desde su oficina, tiemplo al pensar que me pudiera despedir de este trabajo.

— ¿Qué necesita? —pregunto amable en cuanto entro a su oficina, siento como mis piernas tiemplan sin cesar.

—Siéntate Isabella, no es para nada malo—comenta tranquilo señalándome la silla frente a su escritorio.

— ¿Cometí un error? —pregunto aun sin creer que sea algo malo.

—No para nada, simplemente quiero hablar contigo sobre tu próximo aumento—comenta con una sonrisa inusual en la cara.

— ¿Aumento? —interrogo confundida, en todos mis años trabajando no se hacen de la nada esos aumentos.

—Si es un poco simbólico, es solo del cinco por ciento pero quiero que lo tomes como una disculpa de parte de Mickey por su comportamiento a vergonzante de esa noche, y quisiera pedirte de favor que no comentes nada—el señor Newton parece demasiado interesando en eso.

—No lo puedo aceptar, me ofende que quiera sobornarme, yo no he hablado de Mickey—contesto indignada por la situación.

—Yo sé que no lo has hecho, pero es una manera de prevenirlo, entenderás que como padre es mi responsabilidad proteger a mi hijo y el muchacho tiene problemas con el alcohol eso es todo—todo lo dice mientras comienza a escribir en una hoja que firma y me la tiende.

—No señor Newton yo no le puedo aceptar esto—comento segura y molesta—, así que si no se le ofrece nada más me retiro.

Salgo de su oficina molesta, directo a cambiarme para salir de mi turno ya que termino, en ese momento Mickey va entrando y de nuevo me vuelve a ignorar mientras saluda a todas las demás que están dentro del pequeño recinto que tenemos para cambiarnos y dar el cambio de turno. Ruedo los ojos mientras entrego mi corte y las mesas que quedan.

Hoy agradezco tener un descanso y llegar temprano a casa, mi padre está viendo la televisión y me ignora por la discusión anterior, como siempre me pongo a hacer la cena para ambos, que aunque este molesto no puedo dejar que se muera de hambre, lo llamo a cenar en menos de una hora.

— ¿Te vas a querer hacer responsable del nuevo préstamo? —pregunta mientras comienza a comer, me quedo con la mira fija en el plato, me molesta que ahora yo sea la mala del cuento.

—Naturalmente, como de todo lo demás que me tengo que hacer cargo—contesto sin voltear a verlo.

—Ahora es porque quieres Isabella, no porque yo te lo deje, ya te dije en unos días regreso a mi buena racha y tengo el dinero para seguir pagando—contesta con desagrado.

—En lugar de considerar regresar a las apuestas deberías en pensar en trabajar en algo decente—contesto enfrentándolo con la mirada.

—Lo aria, si no fuera un lisiado, que no puede trabajar igual que antes—golpea su bastón quien cae al suelo estrepitosamente.

—Para tu anterior trabajo no necesitabas las piernas y eras bastante bueno en él, no hay pretexto para eso, eras contador para eso no se necesita estar caminado siempre, solamente que no quieres salir de tu zona de confort—contesto gritando llena de todo el coraje acumulado.

—Me estoy cansando de tu insolencia, un día de estos me vas a hartar Isabella—me grita y sale de la casa.

Me quedo sola en la casa, me meto a la habitación de Vanesa la cual siempre tengo cerrada con llave, ya que ahí guardo las pocas cosas de valor que tenemos ya realmente son escasas, pero son las más valiosas en cuanto a su sentido sentimental más que de otra manera eso es lo más importante, las cosas favoritas de mamá y otras útiles como la laptop con la que me comunico con mi hermana por medio de video llamadas, al menos una vez a la semana en mi descanso.

La plática se centra casi siempre en lo feliz que es en la universidad, cosa que de verdad me enorgullece el hacer el esfuerzo de poder pagársela aunque ahora con este nuevo préstamo sobre la casa a un año no sé cómo lo lograre, pero me esforzare lo suficiente para logarlo, en esa platica no puedo evitar contarle sobre mi última discusión con nuestro padre, la entristece pero le cambio el tema contándole lo guapo que es Edward, y lo lindo que se portó conmigo, ella que es aun como una niña me convence de al menos como agradecimiento y al ver su posición social mandarle un mensaje en agradecimiento invitándolo a cenar al restaurante, enseguida que cuelgo con ella, ya que aún le faltan cosas por hacer, me da un poco de pena por la hora pero lo hago.

Hola Edward, espero que aún me recuerdes, solo quiero agradecerte el favor que me acabas de hacer por la prologa que me diste, cuando quieras una reservación urgente en el Clam Bar me avisas y yo te la consigo. Gracias.

Bella.

En cuanto lo mando me arrepiento al pensar que fue estúpido a verlo hecho, no sé porque le hago caso algunas veces a mi hermana pequeña, ya que cansada de verme durante dos años sola, cualquier persona que sienta al menos un poco de interés de mi lo ve como mi futuro marido y príncipe azul que me saque de esta situación, una vez ya en mi cama, me pongo a leer uno de mis libros que mantengo en una repisa, siento como vibra mi celular, lo tomo con cautela, al pensar que es Vanesa y algo malo paso, suspiro al ver que es otro número desconocido.

Hola Bella, este es mi numero personal, preferiría que te comunicaras a este número, y lo de la prologa no es nada, pero tomare en cuenta tu propuesta gracias.

Edward

Le escribo a mi hermana contándole quien me felicita y me manda según "sus buenas vibras" para que pueda a ver algo, la ignoro diciéndole que en todo ve un cuento de hadas y no sabe de la vida, pero la verdad prefiero que así siga siendo.

Con el paso del tiempo, logro ajustarme al nuevo préstamo de mi padre, con la prologa y el descuento que me consigue Edward en agradecimiento de que conseguir una reservación casi imposible para sus clientes que tenía que llevar a cenar me ayuda con un descuento mensual que me hace más fácil ajustarme a los pagos que realizo mes con mes para la empresa donde él trabaja, cada mes nos vemos para realizar esos pagos y él siempre me asesora para no tardarme más tiempo del que debiera, ya que al rechazar el soborno del señor Newton se volvió más estricto conmigo.

— ¿Esta noche trabajas? —pregunta Edward mientras avanzamos por el pasillo para la salida.

—No, tengo libre, pero le indique bien a mi compañera que hacer cuando llegues—contesto con una sonrisa al ver que falta menos para terminar.

— ¿Qué vas a hacer? —con el paso del tiempo me he dado cuenta que Edward siente mucha curiosidad sobre mi vida.

—Voy a ir de fiesta con una amiga, ¿deseas ir? —mi tono es pícaro mientras Edward me ve y se ríe.

— ¿Te estas burlando de mí?, hoy te pedí la reservación porque tengo otra aburrida cena con unos inversores de mi padre—contesta con una enorme sonrisa.

—Bueno si te desocupas temprano, me avisas y nos vemos para festejar el cumpleaños de Bree—contesto y me despido de beso de él.

Salgo de ahí para dirigirme a mi trabajo en el cual la cara de todos es de angustia y preocupación, me quedo sorprendía al ver esto, busco a Bree pero aun no llega y nadie comenta nada, tratan de que todo sea como antes pero sus ojos son tan preocupados que solo me extraña, cuando Bree llega la abrazo enseguida deseándole un feliz cumpleaños, gritando incluso un ¡feliz cumpleaños!, emocionada, ella ahora es como mi hermana que hace mucho no veo, me mira extrañada y me sonríe tímida mientras me aleja de todos para hacerlo.

—La preocupación es porque después de que te fuiste ayer al señor Newton le dio un infarto y esta grave en el hospital— comenta en voz baja.

— ¿Por qué nadie quiere decir nada? —pregunto casi susurrando.

—Si el muere es probable que todos nos quedemos sin trabajo y nadie tiene como tu otro trabajo, de todos este es nuestro único sustento—comenta preocupada y hace una mueca.

—Aun así lo necesito tengo muchas deudas, no sé qué voy hacer si eso pasara—me comienzo a morder las uñas nerviosa.

—No te preocupes, no debe de ser muy probable y hoy olvidaremos eso porque vamos a festejar como nunca—su alegría es siempre tan contagiosa, e incluso por unos momentos, me hizo olvidar lo que se me vendría encima si eso pasara.

—Ok sólo porque es tu cumpleaños trataré de olvidarlo—contesté intentando sonar alegre.

—Tenemos que festejar como nunca—me dice realmente emocionada, tratando de olvidar que igual que yo es el sustento de su familia—, olvidar que nos podemos quedar sin trabajo y recordar que ya me hice un año más vieja—hizo un puchero al final de la oración y le sonreí.

—Ja, ja, ja—no pude evitar reír sarcástica—si al cumplir veinticuatro años eres vieja, ¿en qué me conviertes a mí, que voy a cumplir veintiocho?—le reclamé riéndome y ella rodó los ojos.

—En alguien que para esta edad no es tan lista como debería—comentó cambiando su tono a uno serio.

— ¿Lista?, ¿A dónde quieres ir con esto? —la interrogué mientras ella se mordía el labio.

—Bella sabes a dónde voy con esto como siempre, si tan sólo le hicieras caso a Mickey tendrías la vida resuelta, él haría todo por ti—sonrió de lado y desvió la mirada avergonzada.

—Eso sería como prostitución y aún no caigo tan bajo—le repliqué molesta y ella sonrió a modo de disculpa.

—No lo seria, desde que entré aquí hace dos años sé que Mickey está enamorado de ti; y deberías ver esa oportunidad, tomarla y no dejarla ir—se mordió el labio y me tomó la mano—, él está dispuesto a todo por ti. Tómalo en cuenta, él trabaja y te podría mantener, no creo que sea muy buen amante, pero puedes intentarlo—propuso juguetona para calmar las cosas.

—Y también me enamoro de él inmediatamente y todo pasa a segundo término incluso el que sea mal amante—contesté sonriendo. —No seas así Bree, es malo imaginar que todo va a salir como uno quiere, de color rosa—repuse sonriendo amargamente.

—Eso sería mejor a que seas una amargada como lo eres ahora—exclamó, sonriendo y golpeándome el hombro.

Antes de que se fuera le mostré el dedo en señal de ofensa y se fue riendo por el pasillo. Reflexioné por unos minutos lo que me propuso, y sé que no es posible; en la actualidad, nadie llega a rescatarte porque sí, nadie da nada por nada. Ahora todos quieren algo a cambio, algo que hasta ahora no estoy dispuesta a dar porque sí.

El día permite a todos ir olvidando lo probable que es que perdamos el trabajo, pues tenemos tantos clientes que atender que nadie puede parar, cuando apenas se desocupa una mesa inmediatamente llega otra persona a ocuparla. Ya nadie pensar en eso o al simplemente resignarse a la pérdida de su trabajo, todos felices parten un pequeño pastel en la parte trasera del local para Bree, la felicitan y la abrazan como si una tragedia no estuviera a punto de sucedes en cualquier momento.

Decidimos ir a mi casa a la hora de la salida, para descansar y arreglarnos antes de ir al antro de moda a festejar su cumpleaños. El camino es tranquilo entre platicas que no involucren ni la familia ni el trabajo y aunque se nos complicó en un inicio lo logramos, llegando a casa me di cuenta de que no estaba mi padre, sé que esa ausencia no era para nada buena, lo ignoré al menos por ahora no quería preocuparme por nadie que no fuera yo. Quería ser simplemente una mujer más que va a festejar el cumpleaños de su amiga y no más.

Después de descansar y arreglarnos, llegamos al lugar donde la fila era enorme donde las mujeres lucían muy poca ropa y aunque traía una pequeña falda y una blusa ceñida al cuerpo, me sentí una monja al lado de ellas, creo que eso también dificultaba nuestra entrada al lugar; después de un buen rato, nos dejaron entrar.

Nos dirigimos primero a la barra a pedir unas piñas coladas para iniciar y buscar a los de más, al ver que nadie había entrado o llegado aún nos quedamos tranquilas en la barra pidiendo más bebías, en cuanto llegó Diego, Bree desapareció y me dejó sola. Vi el reloj y me di cuenta de que no marcaba más de las doce y suspiré, aunque hubiese querido, aún no podía irme, era temprano aunque tendría que resignarme a la idea de que nadie más vendría.

Comencé a pedir cosas más fuertes para olvidar que estaba sola en un bar, un Martini me pareció buena idea, lo estaba tomando tranquila mientras me dejaba guiar por la música sentada en mi asiento moviéndome lentamente para no parecer loca; cuando de repente, sentí cómo una mano se aferraba a mi hombro y me sorprendía.

—Ahora no huiras de mí—susurró en mi odio esa voz que me parece tan conocida pero no logro identificar.

— ¿Quién eres? —susurré dudando de que el extraño me hubiera escuchado, intento voltear pero no puedo ya que me continuaba teniendo agarrada.

— ¿Qué acaso ya no recuerdas mi voz?, porque no me dejaste ni siquiera decirte mi nombre—comentó con voz ronca mientras tomaba el asiento de al lado y sus ojos verdes me observaban mientras sonreía— ¿Huirás en este momento? —inquirió con voz sarcástica.

—Depende, ¿quieres mi teléfono? —pregunté y él sonrió en respuesta—¸porque si es así podría apagar mi celular y que no me importara quien llamase para no tener que huir—le contesté, me di cuenta de que esa fluidez de palabras era por el alcohol, puse el celular en la barra y lo tomó y lo apagó.

—Esta vez no dejaré que huyas, y te invitaré todo lo que quieras—sus ojos me veían con intensidad y me sonrojé. —y serás solamente mía por lo que resta de la noche—aseguró antes de pedir otros tragos para ambos.

—Ahora ya que tienes el plan hecho, me puedes decir tu nombre—le contesté y me mordí el labio, aunque la otra ocasión no andaba ebria pasaba por tantas cosas que tal vez lo olvidé.

—Soy Alec, no me diste tiempo ni de presentarme en aquella ocasión—se quejó negando con la cabeza, tomó mi mano y la dio un beso al borde. —y ya que en esa ocasión tampoco me dijiste tu nombre, ahora podré preguntar ¿cómo se llama la hermosa damisela en apuros que rescaté ese día? —su voz ronca hizo olvidarme de todo.

—Bella—contesté sin atinar a decir más, me tenía hipnotizada.

—Esta noche nos divertiremos, Bella—comentó tan seguro de sí, que no dije más.

Bailamos, tomamos y bailamos, cosa que no hago nada bien pero a él no le importó, terminamos besándonos en algún rincón del lugar donde estamos, incluso haciendo otras cosas, al igual que en el coche. Todo sólo son flashes pero puedo asegurar que hace mucho no tenía una emoción así.

No llegué hasta la mañana siguiente a mi casa, solamente con el tiempo justo para darme un baño e irme a trabajar, Alec me llevó a mi casa sonriendo por saber mi dirección. Entré despacio, aún un poco alcoholizada, mi padre me estaba esperando sentado en el sillón de la pequeña sala.

— ¿Dónde estabas? —preguntó colérico en cuanto cerré la puerta.

—En algún lugar, no creo que tenga que darte explicaciones—refuté mientras comenzaba a caminar hacia mi habitación.

—Tienes que hacerlo, Isabella, ¡sigues siendo hija de familia!—me gritó desde debajo de las escaleras.

— ¿Cuándo tú me dices lo que haces? —exclamé gritando desde arriba.

—Soy tu padre estoy exento de eso—refutó, viéndome con furia.

—Y yo soy quien mantiene la casa, así que también estoy exenta—expuse molesta.

Me meto a bañar enseguida, el baño con agua helada me ayuda a sentirme mejor y que el alcohol se vaya por completo, cuando salgo vi varias llamadas perdidas en mi celular de la cafetería, por lo que me doy prisa y me cambié más rápido para irme, esa no se me hacía una buena señal.

Cuando llegué a ésta, todos estaban reunidos en la parte trasera del local e incluso estaba cerrada para el público. Entré y un silencio sepulcral estaba apoderado del lugar, al poco tiempo me senté, el dolor de cabeza inició a atormentarme recordándome que no debí de haber tomado tanto anoche. Al poco tiempo entró Mickey con un traje costoso negro, todos mis temores comenzaron a surgir, un murmullo se apoderó del lugar y Mickey llamó al orden enseguida.

—Como todos sabemos, mi padre se encuentra delicado en el hospital y no sabemos cuándo saldrá de ahí por ende me toca a mí ocupar su lugar, pero mi contrato no termina hasta dentro de tres meses, así que ahora no podré hacerme por completo cargo del lugar—explicó todo con una voz seria e intensamente cargada de poder incensario para todos los que le conocemos.

— ¿Y qué pasará mientras? —preguntó una persona atrás de mí.

—Por mientras vamos a cerrar hasta nuevo aviso—comentó fuerte porque todo el murmullo se hace escandaloso, mi alma se fue a los pies en ese momento.

— ¿Qué va pasar con nosotros? —insistió Bree mientras se levantaba.

—La mayoría será reubicada en otras de las cafeterías que maneja mi padre, pero no todos tendrán lugar así que esas personas serán llamadas cuando se vuelva a abrir—informó y todos callamos. —los nombres que diga serán reubicados los de más pasen por sus cheques—lo dijo mientras desdoblaba una hoja que llevaba en el bolsillo de su chaqueta.

Esperando desesperada mi nombre para mi reubicación nunca salió, suspiré exasperada pensando que era un error, pero les da prioridad a las personas que más dificultades tienen o que eran el sustento de su casa, en ese momento maldije el ser tan discreta con mi vida. Una vez termina de nombrar los que estaban siendo reubicados; luego mi nombre sale enseguida, cuando pasé a recoger mi cheque ni siquiera volteó a verme, al ver la cantidad me doy cuenta de que muy apenas lograré cubrir la hipoteca de la casa, suspiré y salí cabizbaja del lugar.

Una vez en la parada del autobús no tardé mucho en pensar hacia dónde debiera de dirigirme, me siento mal de llegar en un short y una playera tan pegados a la oficina de Edward; así que, decido no pasar a visitarlo ni nada, sino ir simplemente a las cajas a pagar la próxima mensualidad en lo que encuentro un nuevo trabajo.

— ¿Por qué te vas tan rápido? —preguntó Edward detrás de mí mientras me dirigía a la salida.

—Amm, no siento que venga vestida adecuado para un lugar como éste—contesté sonrojada pero sin voltear a verlo.

—Quisiera saber dónde está ese lugar para verte vestida así más seguido y no con ese traje—declaró pícaro mientras me alcanzaba.

—No creo que lo sepas en un buen rato—contesté triste y mis ojos se llenaron de lágrimas.

— ¿Qué sucede? —se interesó preocupado, mientras me hace parar de caminar.

—Me acabo de quedar sin ese trabajo—expliqué y las lágrimas comenzaron a caer.

No me doy cuenta de que estoy llorando a mares, hasta que sus dedos se comenzaron a deshacer de mis lágrimas, ahora sí no entiendo cómo voy a soportarlo todo. No sé qué voy hacer, toda esa frustración se me juntó y lloré peor. Edward me abrazó y me acercó a su pecho el cual a pesar de las lágrimas me envolvió un olor increíblemente masculino y atractivo. Al cabo de mis minutos, sacó un pañuelo y limpió mi cara, me tomó del mentón y estrelló sus labios contra los míos, me dio un beso corto pero intenso.

—Lo siento, deseaba hacerlo desde que te conocí esa noche—confesó apenado, no logré responder nada—, y en lo que quieras te puedo ayudar—se ofreció ignorando el hecho que me había besado un instante antes.

Me quedé pasmada y fuera de mí, me acerqué a su boca y ahora era yo quien le exigía el beso. Éste es un poco más largo, alguien cercano se aclaró la garganta y nos separamos, volteamos a ver ambos a un hombre corpulento y de cabello rizado al otro lado, golpeando sus dedos contra un reloj llamativo.

—Lo siento, me tengo que ir y lo único que no tiene solución es la muerte, lo arreglaremos después—me dijo seguro y sonriendo.

Se fue con ese hombre que le golpeaba el hombro amistosamente y me dejó confundida y sola en ese enorme pasillo.

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¿Qué les pareció chicas?, en un inicio no sabía muy bien que escribir pero creo que agarro forma el cap., debo de confesarlo odio un poco a Mickey ¿ustedes que sienten?, espero que el cap. les haya gustado pero sobre todo el final, vienen muchas cosas mejores y buena una vez más una enorme disculpa por no actualizar antes, estuve en exámenes y se me hacía casi imposible, espero que me perdonen, y bueno las actualizaciones espero estarlas haciendo los fines de semana no como ahora.

Recuerden hay grupo para mis historias está en Facebook como Fanfic. La chica invisible.

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Muchisisisisismas gracias por su apoyo, no me cansare de agradecerles eso. A continuación doy respuesta a sus comentarios.

zeron97 : Ya se, va a ver drama y romance de todo, así que va as el pobre Bella y otras no tanto, espero actualizar cada fin, cualquier cosa informo en el grupo.

rosy canu: a mí tampoco me agrada Charlie, y bueno ya supimos quien la rescato y si era con esa intención en un inicio pero decidí cambiarlo para que no fuera tan obvio.

cathy1977: Que bueno, espero verte de nuevo por aquí.

elizabeth1485: Espero hacerlo los sábados, pero no es seguro, pero el fin de semana va a hacer.

jovipattinson : Espero verte en los próximos igual: D

Merce: Gracias, espero que te siga pareciendo así.

patymdn: Ya vimos que si se los trajo, pero ya veremos cómo avanza esto.

miop: Gracias y bienvenida, espero que te siga gustando.

Jimena: no todo va a hacer sufrimiento, no te preocupes.

Ilovevampiresangels: Lo seguiré intentando hacerlo pronto.

jupy: digamos que faltan cosas por pasar.

Bueno chicas mil gracias por su apoyo, nos leemos en el próximo cap.

XOXO

LA chica invisible