Los personajes le pertenecen a la genial SM y no a mí, la historia sólo es de mi cabeza que divaga.
Grupo en Facebook Fanfic. La chica invisible.
Capítulo 6
Edward PVO
Sus labios me hipnotizaron, mis manos viajaban por su espalda, llegaron a su cadera, la levanté mientras ella no decía nada y continuaba con el beso. Avancé por el cuarto con ella entre mis brazos, sus labios no se separaron de los míos, al contrario, se volvieron más apremiantes cada vez, más deseosos de mí. Dejé de pensar y la llevo a la cama, la recosté, necesitaba tanto estar con ella, sus manos desabrochan torpemente mi camisa. Dejé sus labios y bajé lentamente a su cuello, a sus hombros mientras continuaba besando cada punto del camino.
—Edward, Edward—la voz de Jessica aparece en mi mente aunque sé que la que me ha hablado es Bella, mi ex prometida reaparece, como una parte esencial de mi mente.
Sólo fui capaz de hacer un ruido con la boca y observarla obnubilado. Sé que la castaña que estaba entre mis brazos y a la cual deseaba era Bella, mi amiga; pero una parte de mí sentía que era Jessica. Besé su boca, su sabor era tan diferente, al igual que su manera de besar, menos tierna y cariñosa, menos dulce…
Dejé de pensar para que mi cuerpo tomase el control, mis manos pasaron hacia el cierre del vestido hasta que llegaron sobre su cadera, pasando seguidamente hasta sus piernas. Comencé a retirarlo para que cayese a sus pies. La deseaba tanto.
—Edward, ve despacio, esto me pone nerviosa. Sólo ve despacio—ruega la voz de Jessica.
—Edward es mi primera vez, sólo se paciente y cariñoso. —la voz de Jessica. —Mi amor, te deseo, pero estoy muy nerviosa—su voz sonó temblorosa de nuevo.
—Lo siento Bella, esto no está bien— fue lo único que logré articular aun perturbado por no entender cómo era posible que ella hubiera hecho su aparición en ese momento.
Me levanté, acomodo mi ropa en el camino, sintiendo su mirada atónita detrás de mí, pero no quise voltear, simplemente ignoré todo y salí del lugar como alma que lleva el diablo. Ahora no debía ni quería hablar con nadie. Necesitaba estar solo.
—Edward, siempre vas a ser el hombre más especial de mi vida y el único con el que deseo estar, siempre Edward—las palabras de Jessica regresan a mi mente.
La culpa era de Emma, al mencionarla tanto esta tarde, en quererla de vuelta en mi vida, al desear que ella esté aquí… cuando por fin sentía que la herida estaba por cerrar, que ya no me hundiría en mi propia incertidumbre al sentirme el hombre más patético sobre la tierra, que todo podría ir a mejor, que mi vida podía cambiar…
Llegó una pequeña de tan solo ocho años, mi sobrina, arruinando el pequeño avance que he hecho poco a poco.
Justo cuando pensaba en estar con una mujer que no se le parecía, que no llevaba su nombre y a la cual respeto y aprecio mucho, vienen a mi mente, su voz, sus caricias no parecen de Bella, sino de Jessica.
…
Voy en busca de mi auto, estoy seguro de que todos se enteraron de que estoy saliendo cuando me pongo mal tiendo a azotar las cosas, las puertas y todo, no es algo que me importe, que piensen lo que quieran, tomo el coche y enseguida me alejo de ese lugar, necesito aire fresco, un lugar que no tenga la esencia de esa mujer, un lugar en el que no sea yo, un lugar diferente.
Aunque es de madrugada estaciono el coche en un tramo desolado de la carretera y salgo, me siento sobre el cofre y comienzo a observar las nubes, la noche es pacifica porque no hay ruido dentro de la carretera, solo un silencio interrumpido por mi respiración y el latido de mi corazón.
— ¿Te quieres casar conmigo?, y hacerme el hombre más feliz sobre la faz de la Tierra—mi voz tiempla mientras de reojo veo como los fuegos artificiales inician y la música del violín se intensifica.
—Edward, ¡por Dios!, o ¡Por Dios! —su voz es emocionada en sus mejillas caen grandes lagrimas mientras voltea hacia enfrente donde las letras comienzan a chispear, inician otros instrumentos a ser tocados mientras los segundos se hacen más intensos.
— ¿Jess, cariño? —mi voz vuelve a templar, tal vez no lo hice de la manera correcta.
—Por Dios Edward, ¡Claro que SIIIIIIIIIIIIIII! —grita con emoción mientras salta.
—Pensé que nunca lo ibas a decir—susurro mientras deslizo el anillo por su dedo.
— ¿Cómo pudiste creer eso?, eres lo que más amo en esta Tierra, bueno que digo Tierra eso es poco, galaxia, universo, o todo lo que exista. Edward, pensé que nunca llegaríamos a tanto—salta a mis brazos una vez que ya estoy de pie.
—Entonces yo también quiero cambiar, hacerme el hombre más feliz sobre el universo y eso es quedarse corto, de verdad te amo, Jessi, mi único y magnifico amor—comento mientras la volteo para que vea el final de los fuegos artificiales.
Me levanto y comienzo a aventar piedras a la nada, ¿Cuándo se terminarán estos recuerdos, esta maldición de seguir pensado en que momento fue mi error?, ¿qué fue lo que pasó?, ¿por qué no me di cuenta a tiempo?, ¿fue ese día cuando lo decidió?, ¿fue después?, ¿Cuándo, Jessica?
— ¡¿Cuándo Jessica?, ¿Por qué mentiste?, ¿Por qué arruinar así mi vida?! —grité a la nada mientras me tiraba en el lodo.
Seguido de eso una brisa llegó mientras golpeaba el lodo con los puños al saber que nunca habría respuesta, que nunca se acabaría este dolor, esta incertidumbre; que todo se fue a un hoyo: mi vida, la suya, el futuro, todo terminó seis pies bajo tierra.
Después de un rato de estar maldiciendo, gritando y golpeando logré tranquilizarme y que su imagen, sus palabras, todo pasase a segundo término. Que al menos la rabia y el coraje que siento disminuyan a un grado soportable y que me haga poder mentir. Solo ahora necesitaba mantenerme lejos de a mi sobrina, que me trae su recuerdo a la mente; cuando sentí que mi ropa estaba escurriendo, subí al coche y regresé a la casa. Una vez en el garaje, la lluvia solo se vuelve brisa, parece que incluso el clima me tenía que recordar ese día.
— ¿Tal vez tuvo un accidente y por eso no llegó, no vez como está la lluvia?—esa era mi mejor mentira, — ¿o tuvo un problema con su vestido por el clima?, no lo sé, tranquilicen a la gente pronto llegará, estoy seguro de eso. No se puede perder esto, es el mejor día de su vida—recuerdo mi intento patético de justificarla.
Una vez dentro de la pequeña cabaña a la cual nos asignaron; un silencio sepulcral reinaba dentro. Agradezco inmensamente no encontrar a Bella despierta, no tendría ni idea cómo explicar mi desaparición, mi ropa mojada y enlodada, y mis nudillos llenos de lodo y sangre. Me meto al baño, quitándome la ropa empapada y comienzo a bañarme, es en él único momento que agradezco que mi madre tuviera la delicadeza de sacarme de la casa, sabía lo que significaba esa habitación, en la que durante tantas noches dormí con Jessica. Esa casa es un mar de recuerdos de ella: el lugar donde hicimos el amor por primera vez, el lugar donde le pedí matrimonio y el lugar que después de ella me guareció durante tanto tiempo.
Salgo ya más tranquilo y sobre todo cansado, observo a Bella dormir, da la vuelta inquieta mientras la observo puedo ver que tiene machones amarillentos en los brazos y los cardenales de la última vez que los vi ya casi desaparecen, se ve tan diferente, tan frágil con su pijama de caricatura, se vuelve a hacer una bola que tiene frío por el frescor que se suelta por la lluvia. Voy al guardarropa y saco un cobertor y se lo pongo, comienza a relajar su postura en el rato en el que acomodo mi cama y me dejo ir por Morfeo.
Cuando siento que el sol quema mi piel y que debo girarme, recuerdo que estoy en un sillón así que lo hago con más cuidado para no caerme, escucho unas voces lejanas pero no le pongo demasiada atención, hasta que escucho la risa nerviosa de mi madre, me siento enseguida, se supone que debo de estar en la cama y no en el sillón, pues se supone que desde hace tiempo Bella es mi pareja; maldigo en mi interior, mientras me pongo en píe para lavarme la cara. Una vez que el agua toca mis manos, mis nudillos arden, los observo y están comenzando a cicatrizar agradezco eso, aunque no sé cómo voy a lograr ocultarlo ahora al final de esta reunión. Cuando logro despejar mi cabeza con el agua escucho los pasos de Bella, me veo en el espejo, suspiro y tomo valor para salir.
—Hola Bella, buenos días, quería decirte…—comienzo pero enseguida se pone tensa y me hace parar.
—No pasa nada Edward, simplemente tu madre se preocupó porque escuchó que anoche te fuiste azotando puertas—me dijo mientras tendía la cama.
—Lo siento, no debí de haber actuado de esa manera, es que me descontrolé—golpeo con la palma mi frente.
—Supongo que no, pero le dije que tuvimos una discusión por un mensaje, eso en la actualidad pasa todo el tiempo y le pedí disculpas por ambos, no pasa nada—repuso sin emoción mientras continua con su actividad.
—Yo soy el que debe hacer eso, no tú y de paso pedirte una disculpa a ti—comenté avergonzado mientras bajo la mirada.
—Por mí no hay problema, Edward, lo que pasó, pasó no hay nada que hacer al respecto así que déjalo así y tu madre me dijo que por qué no nos quedamos todo el día de hoy y partimos mañana al atardecer y acepté, se me hizo una falta de respeto no hacerlo después del escándalo de anoche—su voz fue tan fría.
—No, hablaré con ella y hoy mismo nos regresamos si quieres ahora mismo, se supone que los que te deberían de poner incomoda eran mis familiares no yo, Bella; de verdad lo siento tanto, solo que…—intenté explicarme mientras ella no levantaba la mirada de la cama, por lo que comencé a pasar las manos por mis despeinados cabellos.
—Ya te dije que no sucede nada…—su voz se va disminuyendo una vez que levantó la mirada y se centra en mis manos, — ¿Qué fue lo que te pasó? —preguntó casi horrorizada.
—No fue nada, es consecuencia de lo de anoche—contesté ocultando mis manos de su vista.
— ¿Cómo que nada?, los nudillos los traes abiertos. Discúlpame, pero eso es algo—su voz casi se vuelve indignada mientras sonreí de lado.
—Está más exagerado de lo que crees, Bella, no es nada, si quieres cámbiate y nos vamos ahora, supongo que es lo ideal—le propuse para desviar el tema.
—Ya te lo he dicho, le dije a tu madre que esteremos hasta mañana, ella está muy preocupada, después de que te cure las manos, deberías ir con ella—replicó una vez caminando hacia mí.
—Hablaré con ella y le diré que yo fui quien decidió irnos antes, de verdad no quiero que te sientas más incómoda por mi presencia—suspiré desesperado, —de verdad me siento increíblemente mal por lo que pasó y será mejor que nos vayamos.
Cuando llega enfrente de mí, pone su mano frente a mí esperando que ponga mis manos encima de las de ella, pero me niego con la cabeza mientras su mirada se vuelve más recriminatoria.
— ¡Qué no, he dicho, nos vamos a quedar, puedes entender eso al igual que no me interesan tus disculpas ni cómo te sientas!, no lo hago por ti precisamente sino por tu mamá, no hay que darle más incomodidades y preocupaciones de las que le dimos anoche—su voz al igual que su mirada se ponen furiosas.
—Bella, entonces ahora debes entender que no es por ti, simplemente me quiero ir.
—Entiende que no—casi grita a mis espaldas cuando me volteo para no seguir viendo su cara irritada—, para mí lo de anoche, simplemente no pasó, tú debes de tener tus razones y no me importan; así que deja esta actitud, y déjeme curarte las manos antes de Lizzie lo vea y la hagas sentir peor—su voz es tan molesta que me hace voltear a verla y no seguir observando por la ventana agradeciendo que no haya nadie en la parte trasera que escuche esto.
—Déjalo así, yo me lo busqué—comenté sobando los nudillos que arden.
—Créeme no lo hago por ti, es por tu madre, ella no merece preocuparse por cosas innecesarias o al menos que eso deberían de ser. No sé qué pasaba por tu cabeza, Edward, pero lo que sí sé decirte es que debes valorarla aún más porque una vez que ella no esté vas a extrañarla y te arrepentirás por hacerla pasar por esas tonterías—su voz sonó fría y a la vez melancólica dejándome sin palabras.
—Lo siento no quería recordarte a tu madre, ¡diablos! Tengo que estar equivocándome contigo cada cinco segundos—rezongué, golpeándome la cabeza con la palma una vez más.
—Hay una manera de solucionarlo.
— ¿Cómo?, de verdad Bella lo siento tanto, no me quiero comportar como un imbécil, pero lo hago porque no sé… Es este lugar, no es bueno para mí—admití
—Deja de hablar y simplemente déjame curarte, debe de a ver de todo por aquí para hacerlo—repuso mientras se pasa de largo al baño sin ponerme demasiada atención.
—No puedo dejar de hablar, necesito que sepas lo que pasó anoche—repliqué mientras ella regresaba con el botiquín.
—Ya te lo dije, y ya me cansé, Edward, no fue nada, ahora siéntate, es claro que pensaste que sentías atracción y al final no fue así, lo superaré no fue para tanto.
Me siento frente a ella y la observo, tomo su barbilla ante su mirada que refleja sorpresa, me acerco lentamente a ella, no se aleja, comienzo a besarle. Ella responde enseguida, sigo consciente de que es Bella y eso me alegra, después de unos segundos se aleja, toma mi mano que sostiene su cara y la agarra fuerte sin decir nada.
—Siento una gran atracción por ti, como no te imaginas, solamente sucede que tus palabras me recordaron cosas que no quería, no debía de estar pensando en otra estando contigo, eso es todo—le soy sincero mientras ella vierte alcohol sobre mi herida haciéndome saltar un poco.
— ¿Qué clase de cosas? —su curiosidad me hace sonreír aunque esta dura muy poco al comenzar a limpiar—, estoy acostumbrada a hacer esto de mala manera, así que responde o será peor—su voz es casi divertida.
—Cosas que es mejor dejarlas donde están, seis metros bajo tierra, ese tipo de cosas, cosas que ya dolieron bastante—desvié mi mirada al contestar.
— ¿Es sobre Jessica?, tu sobrina la nombra demasiado, debió de haber sido importante—su voz es cautelosa.
—Algo así ahora no es un tema importante— contesté encogiéndome de hombros.
Bella se quedó inconforme con mi respuesta y no le recrimino nada, esa respuesta es la que me tiene en este momento en sus manos curándome, como lo dijo, con cierta rudeza. Una vez que termina y me venda las manos, decidí bajar para darle un poco de privacidad al cambiarse y comienzo a ver qué es lo que hay para almorzar antes de seguir con la reunión que nos esperaba hoy, que sería el doble. Al poco tiempo baja en un short corto y una camiseta en cuello "V" que se ajusta a su cuerpo y me dejó sin aliento.
Después de almorzar en un silencio obligado por ella, me cambié y salimos a convivir con los demás familiares, no es queden demasiados pero si suficientes para que nadie de mi familia nuclear se acerque demasiado a mí. Veo como Bella y Rosalien hablan con mi madre, sus risas y sonrisas me dan a ver que la están pasando bastante bien y siento un ligero golpe en mi hombro, que al voltear me doy cuenta de que es Emmett.
— ¿Qué fue lo que pasó anoche?, no es agradable que en medio de la noche nos despiertes azotando puertas—comentó entre preocupado y molesto.
—No fue nada, tuvimos una discusión—contesté cortarte sin decirle nada más.
—Una simple discusión no te hace azotar puerta, puedes engañar a mi madre, a mí no. Edward, ¿qué paso realmente?, ¿fue culpa de Emma por recordarla?—siento como se va molestando cada vez más mientras va hablando.
—Algo así, pero ya todo está bien, Emmett, no tienes de que preocuparte—repuse enseguida yéndome del lugar.
Odio esas preguntas incomodas que nunca llevan a ningún lado, simplemente me alejo, el convivio informal sigue en su normalidad, todos los de mi familia me observan como bicho raro, una cuestión que es bastante molesta, al ver que Bella se desenvuelve tan bien con ellos y que incuso está más cómoda con ellos que conmigo.
Me retiro enseguida a mi cabaña a meditar lo ocurrido, no deseo ver a nadie en estos momentos solo deseo alejar el recuerdo de Jessica, el recuerdo de la vida que alguna vez soñé, deseo que todo termine.
…
Bella PVO
Me desperté aún confundida, Edward dormía en el sillón en una posición incómoda y su cara se veía un poco relajada, traté de mover mis cosas con cuidado para que siguiera reinando el silencio, acomodé todo en mi neceser para darme una ducha, eso se me hacia lo mejor que podría hacer, para ver si el agua me ayudaba a entender lo que había pasado en la noche.
El agua caliente, que salía de la regadera me comenzó a relajar, hacia tanto que no me bañaba con el agua tan caliente, ya que siempre en casa hay que cuidar el gas…
Me demoré un momento más en la alcachofa esperando tranquilamente a relajarme porque las respuestas no las encontraba; mi cerebro no daba para entender cómo de un momento a otro de estar tan apasionados, de estar besándonos y desvistiéndonos, Edward simplemente se paró y se fue. En mi fuero interno debo de admitir que eso dolía un poco, "lo siento" no es una explicación para lo que pasó, y por más que me quedé toda la noche esperando su respuesta. Me quedé dormida después de un par de horas de esperarlo y no lo sentí cuando llegó.
Al salir de la ducha me sequé tranquilamente mientras escuchaba unos suaves golpes en la puerta. Me apresuré a vestirme con mi pijama de nuevo ya que era lo más próximo que tengo para bajar rápido antes de que vean a Edward dormir en el sillón, y cuando abrí la puerta la gentil sonrisa de Elizabeth Cullen no se hizo esperar.
— ¿Los desperté, querida?
—No para nada, Edward aún duerme y yo acabo de salir de la ducha—comenté mientras suelto mi cabello y ella sonríe tímida, me quito de la puerta para que pase pero niega con la cabeza.
—Mi visita será rápida, cariño, solo estoy preocupada… —sus palabras hacen que me sienta incomoda por primera vez en su presencia—, es que anoche escuché que Edward azotó la puerta de la salida y me dejó inquieta el pensar en que pudo hacerte algo, mi hijo, es muy temperamental.
—No fue nada, simplemente tuvimos una discusión, sabes siempre sucede eso, tiene un carácter un poco fuerte.
— ¿Un poco?, ¿querida, cuánto tiempo llevas con él para solo considerarlo un poco?, al menos que el amor lo haya cambiado; pero mi hijo es de un carácter demasiado fuerte para su propio bien—en los ojos verdes de Elizabeth se ve la preocupación por su hijo, enseguida tomo su brazo.
—Bueno puede ser, solo llevamos juntos unos meses, no es mucho, fue un mensaje que recibí de un ex novio, pero no le agradó demasiado. Bueno, creo que no es buena idea seguir siendo su amiga ahora que tengo a Edward en mi vida, así que no pasó de unos cuantos gritos y ya, nada de qué preocuparse—mi mentira salió tan convincente que Lizzie suspira aliviada y yo de paso.
—Gracias, Bella, necesitábamos tanto de vuelta al verdadero Edward después de lo sucedido con esa…. Mujer. Él ya no era el mismo hasta ahora, gracias—su voz es de agradecimiento y toma mis manos entre las suyas para darme a ver que esta gustosa, el remordimiento se apodera de mí al igual que la curiosidad.
— ¿Qué mujer?, de que hablas, Lizzie.
— ¡Oh!, Edward no te ha hablado de Jessica. Supongo que no debí comentarlo, discúlpame, Bella, pensé que ya lo sabias—dijo mientras ríe nerviosa. —, fue una tontería de mi parte, supongo que cuando Ed se sienta preparado lo hará.
—Sí, supongo lo mismo, no te preocupes no le comentaré nada, déjalo así, y en cuanto se despierte, lo mando contigo—le propuse tranquila aunque la curiosidad se apoderaba aún más de mí por segundos, ¿Quién será la tal Jessica?.
—Bella, también quiero pedirte un favor, sé que es demasiado pedir pero ya no veo demasiado a Edward, siempre tiene como pretexto su trabajo y sé que este lugar no le trae gratos recuerdos, pero si pudieras hacer que se quedara un día más con nosotros te lo agradecería. Sé que será menos difícil para él ya que tú estás a su lado.
—Está bien, no te preocupes estaremos aquí hasta mañana—acepté segura, ¿en qué me acabo de meter?
—Gracias, Bella. Mañana al medio día se pueden ir para que no tengas problemas en tu trabajo querida, muchas gracias por todo—me propuso sonriendo—, bueno, cariño, es hora de que ya me retire, recuerda que el convivio inicia en dos horas y la cena se hará fuera de aquí para que te arregles aún más.
—No, gracias a ti, Lizzie, en un rato te veo—repuse cerrando la puerta una vez que dio la vuelta.
¿Qué es lo que me pasaba por la cabeza para decidir engañar a la familia de Edward?, su madre tan buena persona y creyendo que yo haría cambiar a su hijo, cuando apenas nos conocíamos. Claro hemos compartido algunas comidas y algunos diálogos pero no los suficientes para conocernos al nivel que creía su madre, eso me molestaba y me entristece. Su madre es alguien a la que no quisiera dañar, es una buena persona que el día que sepa la verdad le va a doler demasiado.
Aún subo aturdida para encontrarme a Edward saliendo del baño, me distraigo con la cama, no me siento preparada para verlo a la cara aún, cuando me enfoco en él, sus nudillos parecen que libraron una batalla y me dispongo a curarlos y a obtener respuestas sobre la mujer de la que todos hablan, pero se niega a dármelas igual que su madre. Me deja sola para poder superar mi coraje contra su silencio y en venganza decido optar por más mientras almorzamos, cuando piensa comenzar a hablar le dedico una mirada de pocos amigos para que se calle y así lo hace en su segundo intento, cuando salimos al convivo del que habló su madre, Rosalie la cuñada de Edward me llama a su lado. Por más que intento abordar el tema de la tal Jessica nadie me hace caso, entre Rosalie y Elizabeth desvían con maestría mi tema, hasta que el lugar está vacío y el hermano de Edward me indica que desde hace rato se retiró del lugar alegando dolor de cabeza.
En ese momento me siento tan incómoda que sus palabras toman sentido, se suponía que su familia me debiera de hacer asentir así y no él y pasa todo lo contrario: él me pone constantemente en una situación incómoda y su familia intenta remediar sus desastres. Al entrar en el lugar no escucho en ningún lado ruido, sigo caminando en busca de Edward, aunque me incomode su presencia debemos guardar las aparecías, se supone que somos pareja y así no se comporta de verdad una pareja. Sigo buscando hasta que lo encuentro en el baño tomando una ducha, decido darle privacidad y bajo para que termine de realizar su actividad.
Me pongo a ver la televisión de plasma que está en el lugar donde estamos durmiendo, paso de canal en canal sin encontrar nada que ver en especial, simplemente para distraer la mente; ya que ahora sí no tengo ni idea que me espera en la siguiente cena donde ahora sí solo es la familia de Edward, nadie más. Suspiro y cierro los ojos reclinando mi cabeza en el respaldo del sillón, aunque toda su familia me cae bien y me hacen sentir como parte de ellos, su sobrina me odia y no deja de hablar de esa mujer de la que nadie me quiere mencionar, incluyendo a Edward que conoce la verdad de que no es nada mío, eso me inquiera aún más.
Escucho la puerta cerrarse y unos pasos en las escaleras, no cambio mi posición, es lo único que está evitando que me dé por querer salir corriendo y gritando lejos de esta locura a la que me acabo de meter; en definitivo podría decir que la carrera de dama de compañía no es para mí, no puedo evitar involucrarme.
— ¿Bella a qué hora entraste, no te oí? —escucho la sorpresa de Edward cercana pero aun así no abro los ojos.
—Hace un rato, ya tus parientes se fueron y tus padres los despidieron disculpándose por ti y tú dolor de cabeza.
—Lo siento, sentí que estabas más incómoda en mi presencia que sin ella, por eso decidí entrar a pensar un rato—escuché su voz más cercana y siento como toma mi mano y abro los ojos—, analicé las cosas y, si así lo deseas, lo mejor es que no hablemos de lo que pasó anoche y así seguir con el plan como estaba, ¿te parece?
—Es lo que te estuve diciendo todo este tiempo—repliqué sin decir más para no darle a ver que puedo saltar justo ahora de felicidad.
—Sí, lo sé, suelo ser demasiado obstinado, lo siento de verdad, en ningún momento mi intención fue hacerte sentir incomoda, solo quería aclarar el punto; pero veo que no estás dispuesta eso y no hay problema, será como tú digas.
Solo sonreí no digo más, eso me agrada, pero insiste con mi último pensamiento es la última vez que me rentó para estas cosas, aunque se suponía que debería ser dinero fácil, fue todo lo contrario aunque a mi hermana le hago creer la fantasía de que todo va de maravilla y que las cosas parecen progresar para otra cosa aunque esto sea lo más alejado de la realidad es lo que la hace feliz y ella no tiene que saber realmente lo que pasa. Tal vez cuando regrese le cuente a Bree toda mi experiencia ya que nunca he sabido tragarme sola mis problemas, tengo que explotar con alguien más.
Media hora después de seguir pasando de canal en canal, regresa Edward vestido en un traje negro y una camisa color celeste que lo hacen ver increíblemente guapo y me siento un poco inferior a su lado, mi vestido no se ve de tanta calidad como el suyo y por supuesto es usado, omito todo lo que pienso y solo le sonrío para subir ahora yo mientras él se queda con el mando de la televisión.
Subo y comienzo a sacar el arsenal completo que pocos veces uso, el maquillaje no es algo que me guste o se me dé, así que a base de tutoriales logro resaltar mi mirada con sombras acorde a lo que va para mis ojos chocolate: mi labial es de un rojo pasión que me hace querer marcar mis labios en todos lados; mi peinado es algo más natural, lo agarro con unas trenzas que cruzan en la parte inferior de mi cabeza y el de más cabello lo dejo suelto y lo ondulo con las tenazas.
Al verme me sorprendo de lo diferente que me veo, salgo dispuesta a vestirme, mi vestido verde llega hasta la rodilla, con una falda amplia con un poco de volumen que la hace verse más corta; el top es negro con una gasa que lo forma en un halter verde esmeralda; mis zapatos negros lo hacen parecer elegante, insegura de no ser lo suficiente formal, bajo las escaleras con temor, más que nada porque las sandalias negras son nuevas y más altas de lo que suelo usar, se habían quedado tanto tiempo guardadas en mi closet después de que esa "ocasión especial" no llegara…
— ¿Crees que estoy bien o debo cambiarme? —pregunté al ponerme frente a la televisión para que Edward me observe.
—Estás magnifica—responde boquiabierto.
—Gracias, solo espero estar a la altura del lugar.
—Estas más allá, ¿vamos?
Se levanta apaga el aparato y me tiende su mano para que la tome, insegura lo hago, me da confianza la admiración que siento en su mirada. Al llegar al salón donde los demás nos esperan, Emmett me sonríe y golpea amigablemente a Edward quien solo asiente, enrojezco enseguida y Rosalie rueda los ojos, no sé porque Emmett hace eso cuando su esposa parece reina de belleza infundada en un hermoso vestido color cereza que le acentúa cada curva, en una versión más aniñada, Emma luce un vestido del mismo color de su madre.
A los pocos minutos Carlisle, Emmett y Edward discuten de que ruta deben de tomar, mientras Elizabeth y Rosalie comentan sobre los vestidos que compraron para esa ocasión y la tradición de ir al restante y el menú especial que sirven para ellos en el lugar privado que tienen, me dejan admirada como para ellas el dinero no suele ser problema. Al notar que no me integro en su plática, comienzan a hacerme preguntas de mis postres y comidas favoritas para mañana hacer una despedida especial, porque no saben cuándo se volverá a reunir así la familia, para finalizar la conversación el padre de Edward se acerca y toma la cintura de su esposa para que se despidan y parten enseguida en un coche que suena el claxon en ese momento.
— ¿Nos vamos, querida? —pregunta Edward detrás de mí y sonrío, hace tanto tiempo que un hombre no me llama así.
—Sí, por supuesto. —respondí después de mi ensoñación.
Vuelve a tomar mi mano y caminamos al garaje, me abre mi puerta y al entrar al carro, el olor a humedad me molesta, bajo enseguida la ventanilla y Edward en cuanto se sienta maldice y a la vez se ríe.
—Siento el olor, ayer me subí mojado y mojé todo el coche y olvidé dejar las ventanillas abajo, el asiento sigue mojado—explicó contrito casi con burla.
— ¿A dónde fuiste?
No puedo evitar preguntarlo, maldigo para mis adentros inmediatamente después al recordad que era yo quien no quería hablar de lo ocurrido anoche y creo que eso incluía el dejarme a medio vestir en la cama y salir a Dios sabe dónde, sonríe de lado y pone en marcha el coche sin responder y se pone en camino.
—El lugar está a media hora aproximadamente de aquí es en un pueblito cercano, es pintoresco, si lo deseas mañana podemos visitarlo antes de partir, ¿tienes que trabajar por la noche? —su voz denota esperanza.
—Sí, entro hasta las diez, así que hay tiempo.
—Bueno si quieres mañana después de comer lo visitamos y después partimos de nuevo a la civilización.
Sus palabras me hacen reír y seguimos charlando amenamente, el olvidar ese episodio fue lo mejor que nos podía pasar, seguíamos con una relación de amistad bastante buena, era entretenido hablar con Edward, siempre tenía palabras diferentes para decir o comentar, sin duda un hombre inteligente y culto, haciéndome regresar a la pregunta de por qué elegirme a mí como acompañante para algo tan importante como conocer a su familia.
Al llegar al lugar Edward deja el coche en manos de un valet parquin mientras entramos al lugar donde al verlo enseguida sin que diga nombre ni nada lo conducen a un salón alejado de la gente que murmura. Unos músicos al fondo están tocando, en cuanto entramos, los padres de Edward nos reciben con una sonrisa enorme. Edward como todo un cabañero abre la silla para mí y me ayuda a sentarme, su cuerpo está tenso y su mirada se ve en un lugar lejano, a los pocos minutos llega la otra parte de la familia, todos charlan animados, pronto se trae la comida, cuando volteo a ver todos los tenedores y cucharas que están puestos me aterro.
—Van de adentro para fuera, si tienes dudas, obsérvame—susurra Edward en mi oído, su madre me sonríe.
—No tengas pena querida, todos pasamos por lo mismo, cuando conocí la familia de Carlisle cometí tantos errores que su hermana me quería mandar a una escuela de buenas costumbres, todo se aprende con el tiempo—su sinceridad y su tono me hacen sentirme confiada.
La comida del lugar aunque demasiado sofisticada para lo que suelo comer es exquisita, eso es lo que realmente me gustaría cocinar a mí en lugar de estar acompañando a los grandes empresarios a sus mesas, suspiro en silencio y sigo con la charla.
—De verdad, pensamos que nunca te íbamos a conocer, Edward siempre oculta su vida privada hasta a su familia, es un gusto tenerte aquí—comenta Carlisle mientras toma mi mano y Edward sonríe.
—Gracias, el gusto es mío, no me esperaba una bienvenida así.
—Pues ni deberías, estás de más—la pequeña Emma comenta en voz alta para que todos escuchemos.
—Emma, deja de decir esas cosas— la reprende su abuela.
—Yo quiero a Jess de vuelta, ella si era mi tía, ella si me gustaba, ella no, quiero a Jessica—casi grita la niña emberrinchada y el lugar se queda en silencio.
Una vez más ese nombre, ¿quién es ella?, mis dudas comienzan a aumentar de una manera voraz, que soy capaz de hacer lo que sea para averiguarlo, Edward al lado mío se queda paralizado al escuchar ese nombre, su madre voltea con una mirada llena de arrepentimiento a verla.
—Te he dicho que no hables así, Emma—comenta mientras se levanta—, ¿me permiten un momento?—toma a la niña y salen del lugar.
La conversación vuelve a tomar el mismo curso y todos intentan fingir que no pasó nada hasta que regresa la niña y me ve con más coraje y este incrementa exponencialmente al ver que Edward me tiene tomada de la mano y deja un beso en mi mejilla.
— ¡Por Dios!, esa no es de lo que hablo, yo hablo de un verdadero beso, como el que un día vi, no eso hermano, ¿Qué no ves a la mujer que tienes enfrente? —la broma de Emmett me hace enrojecer al recordar esa ocasión.
—Emmett—reprende Edward.
—Te voy a enseñar, ven acá, mi amor—habla melcochudo Emmett a su esposa que se acerca.
El beso que se dan los esposos, es tan breve pero tan pasional que hacen sentir incomodos a todos los de la mesa, la niña se aleja una silla más y se acuesta entre estas, Rosalie al terminar pasa su mano sobre su hija y con la otra a su esposo.
— ¡Diablos!, me encantaría dejar ahora a Emma con sus abuelos, para darle otro hermano, ya que los únicos que queremos que deje de ser una niña así de consentida somos nosotros y no ellos dos—argumenta y todos ríen menos Edward y yo.
—Emmett, deja de molestarlos, cuando estén listos darán el siguiente paso y así se irán. Deja de presionarlos, hijo—la madre de los Cullen lo regaña.
—Yo solo doy soluciones para el comportamiento de Emma.
—Ya Emmett, déjalos, ya regresando a casa tendremos tiempo, deja tus papás hoy disfruten su día—comenta Rosalie divertida por las ocurrencias de su marido.
— ¿Podemos dejársela a ellos?, ellos no quieren disfrutar como nosotros, amor, piénsalo—asiente Emmett.
—Ni lo creas, Emmett, ya dijo Rosalie que se esperan—comenta Edward divertido abrazándome por la cintura mientras me sonrojo.
—Ok, ese sonrojo quiere decir muchas cosas, Emma se queda con nosotros—la voz de Emmett es de burla y yo me pongo como tomate.
—Ya se queda este tema aquí has puesto mal a Bella, ya nadie va a hablar de intimidades—el padre de Edward llama a la calma y todos ríen.
—Claro que no, pues ustedes ahora se quedarán aquí mientras todos nos regresamos, ¿quién va a querer hablar de eso?—regresa Emmett a su tono vivaracho*.
Después de llamar al orden, sigue el postre y un brindis que me hace incomodarme al darme la bienvenida a su familia. Después de unos minutos de platica más, me disculpo y Rose amablemente me hace el favor de acompañarme, me deja en los baños y regresa al lugar. Me quedo más tiempo del necesario para reflexionar lo que han hecho con su bienvenida, sus palabras sobre matrimonio y cosas que se deben de hablar con una persona que si está como novia de Edward, no que yo simplemente soy una actriz representando este papel, al regresar al lugar sigo notando a Edward tenso aunque trata de disimularlo, diciendo que era por mi ausencia, en media hora nos despedimos de sus padres quienes pasarán la noche en ese lugar como es la tradición y regresamos a su casa en silencio.
Al bajar del coche la champaña consumida junto con el vino tinto quieren entorpecer mis sentidos, ya lejos de todos no puedo fingir que Edward es algo mío así que camino hacia delante molesta por evadir mis preguntas y decir que tiene dolor de cabeza como en la mañana. Avanzo por el lugar lleno de pasto donde constantemente mis tacones se atoran, cada paso es peor que al anterior, entre mi pésimo equilibrio, el repentino mareo por el alcohol y la molestia que me causa la bipolaridad de Edward, me molesta más de lo necesario que los zapatos se atoren.
Logro llegar intacta al lugar por suerte, abro la puerta y entro aun sin dejar los zapatos. Cuando llego a las escaleras, el primer escalón me da una mala jugada mandándome al suelo y haciéndome doblar el píe, ¡DUELE!, grito dentro de mi cabeza, como duele, Edward no tarda enseguida en ayudar a levantarme.
— ¿Te hiciste daño? —pregunta preocupado mientras me ayuda a ponerme en píe pero no puedo mantener el píe izquierdo en el suelo, cuando lo intento el dolor es infernal.
—Sí—respondo al no poder poner el pie en el suelo.
— ¿Cómo te caíste? —pregunta mientras me toma en brazos.
—Son nuevas las zapatillas, no ayuda mi falta de equilibrio y el lodo en ellas, ¡Demonios! duele—comento y Edward asiente.
Me lleva en brazos sin que parezca mucho esfuerzo por las escaleras y me deja en la cama, se sienta a los pies de la cama y me quita los zapatos con sumo cuidado de no lastimarme, me deja tendida, vuelve a bajar y me deja un vaso de agua y va al baño, regresa con unas pastillas y me dice que me las tome, a los pocos minutos siento el alivio del analgésico, me quedo acostada, mi pie amenaza con hincharse pero al menos ya no duele. Edward desaparece en el baño dejándome en paz, después de que se va el dolor, con eso se va mi furia por todo al igual que los efectos del alcohol.
…
Llega a mis oídos en un volumen muy bajo música clásica desde el baño, después de intentarlo a la tercera ocasión me logro poner en pie, como bien dijo Edward solo fue una torcedura y no pasó a mayores; con todo el silencio que puedo, abro un poco más la puerta que está entreabierta y veo la ropa de Edward en el suelo, su celular sobre el WC reproduciendo la música y el cancel no me deja ver más adentro, ya que es polarizado; pero al no escuchar la regadera me hace saber que está en la tina.
Supongo que al estar tan relajado puedo obtener mis respuestas. Decidida a que esto, paso me adentro en el baño, está tan tranquilo o dormido que no me siente dentro del lugar, me deshago del vestido con cuidado y me quedo en ropa interior. Tomo una toalla del estante y me envuelvo en ella, abro la puerta tan despacio como puedo y lo observo relajado con una toalla sobre los ojos, enseguida que siente mi mirada y la puerta abierta se la quita, me comienza a ver sorprendido y sonrío
— ¿Me dejas entrar? —en mi voz suena la duda.
—Por supuesto, ¿Cómo sigue tu pie?—dice mientras se vuelve a colocar la toalla en los ojos.
Pongo mi toalla sobre el marco de la puerta y me meto en la tina, colocándome en el espacio que me ha dejado Edward, la tina no es tan grande ambos estamos con las piernas flexionadas, sigue sin hablar y la música llena el lugar.
—Creo que se hinchará pero sobreviviré—comento con alegría—, ¿qué te pasa a ti?
—Nada, solo mi familia me saca de quicio la mayoría de las veces—contestó con tono amargado.
— ¿Por qué?, te sentí tenso la mayor parte de la cena.
—Como te lo dije en la mañana, no me gusta tratar ciertos temas, como los que se trataron hoy, el matrimonio es uno de ellos, sobre todas las posibles conversaciones odio las relacionadas con mi vida privada y mis planes de pareja; y no me gusta que mi sobrina sea una niña tan grosera, que Emmett se meta en mi vida…lo siento, no venias a ser mi paño de lágrimas, sino a relajarte—repuso más tranquilo al final.
—Tu hermano me parece gracioso; tu sobrina es una niña, es normal que te cele de otras mujeres y en fin, todos tenemos problemas con las familias, ve a mi padre—dije a con afán de tranquilizarlo.
—Sí, supongo que es normal, que la familia es así —aceptó no muy seguro y se quita la toalla y me observa —, creo que una vez más tengo que disculparme por los temas incomodos que se trataron hoy en esa mesa, supongo que tu día no ha sido agradable.
—No tienes de qué, es agradable estar en familia de nuevo, la mía se desmoronó después de la muerte de mamá.
No comento nada más, mi sinceridad impacta a Edward y le sonrío para que se relaje, enseguida hablamos de otros temas más triviales para que ambos podamos tranquilizarnos. Por más que intento llegar a la parte de esa mujer que tanto nombran no lo logro.
Cuando el agua está casi fría y mi piel comienza a arrugarse, Edward me invita a levantarme mientras cierra los ojos como un cabañero, ese simple acto me hace salir de mi cuerpo consciente y decido dejarme guiar por mis instintos.
Me acerco lentamente, una sonrisa asoma su rostro sin abrir aún los ojos, pongo mis manos a cada lado de sus bien formados hombros, me acerco a su boca con cautela, delineo primero con mi lengua su labio inferior y Edward suelta una risa nervosa, comienzo a devorar su labio inferior, no se resiste y él saca sus manos del agua y me pegan a él que está desnudo, mi ropa interior mojada lo hace sonreír mientras también devora mis labios y pide acceso a mi lengua, se lo doy enseguida y profundizamos el beso, es tan exquisito… Después de unos minutos así, me separo de él, me observa intrigado mientras me pongo de pie, tomo mi toalla, la enredo en mi cuerpo y aún con los pies dentro del agua y su mirada fija en mí, me deshago de mi sostén y lo dejo caer alzando una ceja. Sonríe nervioso.
— ¿Vienes? —pregunté saliendo.
No responde me deja avanzar y enseguida lo siento detrás de mí, toma mi cintura y me hace voltear, veo su toalla enredada en su cadera, me toma por el cabello y me besa con pasión mientras me lleva a la cama, recuerdo lo que dijo en la mañana, mi toalla abandona mi cuerpo antes de llegar y sigue besándome, me siento atrevida y cohibida, su boca deja la mía y comienza a bajar por mi barbilla.
—Edward, tenme paciencia—susurro cuando sus besos bajan y paran.
— ¿Quieres parar?
—No, solo que…
— ¿Eres virgen? —pregunta entre sorprendido y preocupado, sin pensarlo dos veces lo golpeo en el hombro.
—Claro que no—contesté indignada y se relaja—, solo que no soy tan experta, eres el segundo hombre con quien estoy, solo se paciente y ve despacio por favor—confieso cerrando los ojos mientras me vuelve a besar.
—Tranquila, todo estará bien—susurró en mi odio antes de lamerlo.
Sus besos pasan de mi oído al cuello, comienzan a bajar hasta mis hombros, me tiene templando, me vuelve a voltear y él se sienta en la cama y me sostiene de la cintura para que no me siente, espero y enseguida sus manos pasean por mis costados y van bajando poco a poco, su boca con ellos. De estar en mi cintura, baja hasta mi ombligo el cual lame unos momentos. Sigue bajando y toma la cinturilla de mi braga y la comienza a bajar dejándome completamente desnuda a su vista, me sonrojo.
—Eres hermosa—susurra antes de atacar mi boca.
—Estoy en desventaja—comenté antes de tirar del nudo de su toalla.
Le dejo desnudo dejándome impactada al ver su abdomen marcado, sus músculos y su erección, suspiré y; al ver mi duda, me besa desesperadamente mientras me acuesta en la cama, sus besos bajan a mi cuello y luego a mis hombros, su boca se queda tan cerca de un de mis pechos que me quedé sin aliento cuando comienza a besar a su alrededor, y sus manos comienzan a acariciar a su compañero derecho. Comienzo a gemir. Cuando su boca toma al pecho derecho, dejo caer mi cabeza sobre la almohada disfrutando por completo de la caricia, una vez que está duro e hinchado pasa al izquierdo, me hace jadear su nombre sin aliento; su mano, en lugar de jugar, comienza a abrir mis piernas para hacer una caricia más íntima que me hace cerrar las piernas.
—Tranquila, pequeña, vas a disfrutarlo—susurra separando su boca de mi pecho.
—Solo ve despacio—susurré en respuesta y su dedo se abre paso en mi intimidad.
—Déjate llevar, no pasará nada malo—asiento mientras reanuda su tarea.
Mientras sus manos me hacen abrirle mis piernas y para evitar que las cerrase, se posiciona entre ellas; sus labios jalan mi pecho dejándome sin habla y haciéndome arquear; sus dedos aprovechan y abren mis labios adentrando un dedo lentamente en mi vagina haciéndome arquear aún más, se separa de mi pecho y abrí los ojos para ver su enorme sonrisa.
—Tus temores son infundados, iremos despacio y disfrutarás igual—dijo mientras su dedo entraba más adentro haciéndome jadear de nuevo.
Su pulgar busca una parte en mí que al encontrar me hace gemir fuerte y jadear su nombre, Edward lo disfruta y aumenta el ritmo de su caricia, me comienza a besar mientras adentra otro dedo en mi haciéndome sentir en un inicio incomoda, me susurra que todo estará bien mientras lame mi oído y su caricia me hace sentir más calor y placer, mi orgasmo está por venir; sus dedos paran y él se levanta y me deja sin más.
— ¿Pasa algo? —pregunté casi sin aliento.
—Necesitamos protección, pequeña—comentó con una enorme sonrisa que me hace sentir más tranquila.
Escucho como desgarra la envoltura del condón y regresa a mí, lo recibo gustosa, mi cuerpo completo lo anhela, me besa con deseo, sus manos se mueven por mi cuerpo, van a ese punto anterior que me hace jadear a la tercera caricia; y con delicadeza, se posiciona entre mis piernas.
— ¿Segura, pequeña? —asiento y muevo mi cadera.
Con cuidado y delicadeza me besa mientras lentamente comienza a penetrarme, me hace saltar un poco, estoy más estrecha de lo que pensamos y comienza a doler un poco.
— ¿Estás bien? —preguntó, cuando sintió que salté por su intromisión.
—Sí, solo sigue así—contesté segura.
—Estás deliciosa, cariño—comentó mientras sonrió.
Sus penetraciones son lentas y delicadas en lo que me acostumbro a su tamaño, me besa y besa mis pechos. Mis manos pasan por sus abdominales, mi ser entero aclama por más y él gustoso comienza a dármelo, sus envestidas son más fuertes, me hace jadear y querer gritar su nombre otra vez; mis manos se van a su fuerte espalda, la acaricio y la rasguño cuando una oleada de calor demasiado fuerte invade mi cuerpo, nunca había sentido un calor, un instinto tan grande de gritar.
— ¡Edward!—casi grité cuando ese calor me invade.
Sus penetradas son más fuertes, más profundas, mi cuerpo anhela más de ese placer y Edward me lo da, sus golpes son más fuertes; se sostiene de los barrotes de la cabecera y me enviste como loco mientras yo regreso, mis paredes se aprietan más. En dos envestidas más Edward comienza a temblar, gruñe y cae sobre mí, sudado y exhausto igual que yo, con una mano acaricio su espalda y con la otra su cabello, nos quedamos así unos minutos.
…
* Que tiene un carácter vivaz, despierto y alegre
Hola chicas, ¿Cómo están?, ¿Qué les pareció el capítulo?, espero y les haya gustado, a mí me gustó mucho, sentía que era muy necesario que ambos contaran lo que paso después de que la dejo, y bueno pobre Bella, no más no puede obtener las respuestas que realmente desea, y ¿Qué tal Edward?.
Gracias a mi Beta Cristal82 por corregir este capítulo.
Bueno mil gracias por sus comentarios, sus followers y favorites, gracias por darme la oportunidad de leerme.
Respuestas:
Tata XOXO: Pues al parecer en este capítulo tampoco lo hace.
jupy: Pues un capítulo más y Edward no dice nada.
Merce: Nada, Edward es muy reservado
Alejandra : Mil gracias Ale, la verdad es que tú me dices una muy buena idea de la que ya traía pero la mejoraste, y bueno en fin, Edward no dice nada.
Daisy: Mil gracias por tu comentario y pues qué bueno que te guste y bueno intento no tener errores, pero en fin no siempre se puede.
Guest: Pues aquí estamos de nuevo.
cary : Me encanto tu comentario, si yo opino lo mismo despacio no es sinónimo de vete pero ahora si que pasaron cosas.
patymdn: Bueno hasta ahora nada, saben interpretar sus papeles y bueno hay que esperar.
Sully YM: Sí ya mucho mejor aunque hoy no, pero si mucho mejor, y que se nos alarga la estancia.
miop: ahora si se quedó hasta el final.
Jimena : Bueno aquí esta y bueno ya vimos lo que paso.
XOXO
Bere
