Tocar el Fuego


Potter lo guió hasta la sala de menesteres y Draco se frenó justo ante la entrada, tenso como una bara. No podía entrar allí con él. No importaba que tanto lo deseara, no podía dejar que Potter supiera sus planes. Era una doble condena de muerte, o triple. El Lord no iba a dudar en borrar del mapa a todos los Malfoy si creía que Draco lo había vendido.

- Necesitamos una sala como la del comedor -murmuró por lo bajo Potter mientras caminaba frente al papel tapiz.

Cuando la puerta apareció Draco dudó un poco viendo a Potter entrar. Por encima de su hombro apareció literalmente lo que él moreno había pedido y abrió la boca. ¿Así funcionaba? Tenía mucho más sentido todo lo que había aparecido ante él las primeras veces.

Se sintió un poco estúpido al notarlo recién en ese momento, pero endureció el gesto cuando Potter se giró para invitarlo a entrar. Caminó erguido a su lado y procuró no dedicarle más que un vago pensamiento al embriagador calor que desprendía el cuerpo a su lado.

La habitación parecía diminuta comparada con la que él siempre usaba. Una mesa con dos sillas estaban el centro, mientras que una cálida chimenea se posaba en la pared del fondo. Refrenar el impulso de acercarse a ella en busca de calor fue duro, pero se mantuvo quieto frente a la mesa. Con la capa y la ropa seca ya no se sentía mal, pero recordaba la sensación y la necesidad de más calor lo puso nervioso.

- Dobby -gritó Potter y Draco dio un respingo.

Cuando el elfo se apareció frente a ellos sus ojos se abrieron desorbitados. No sabía que su antiguo elfo ahora pertenecía a Potter.

- ¡Harry Potter señor! -chilló- Dobby estaba por acostarse señor -le explico, lo cual explica la dudosa vestimenta que traía- Pero el señor llamó a Dobby y Dobby vino a verlo inmediatamente señor -Draco hizo una mueca al ver la amable expresión de Potter. Era un caso perdido.
- Gracias Dobby, yo... me preguntaba si es muy tarde para pedirte dos te -Draco hubiera ido él personalmente a las cocinas a prepararlo al ver semejante expresión en el rostro de Potter, solo le falto hacer un puchero.
- No señor Harry Potter, señor. Dobby estaría encantado de traerlo señor

Con un sonoro plop, el elfo desapareció sin siquiera mirarlo una vez.

- Él trabaja aquí -le explico Potter mientras se acercaba a la silla que Draco miraba.

Sujetando ambas sillas con una mano cada una las acercó a la chimenea

- Así estarás más caliente -dijo encogiendo los hombros cuando vio su mirada inquisitiva- Siéntate, ahora llevo la mesa -le dijo pero Draco la sujetó él mismo.

Una cosa era dejarse consentir un poco y otra era quedarse parado viendo como Potter hacía todo el trabajo. No era ningún minusválido, podía hacer las cosas por su cuenta. Cargó con la mesa hasta acomodarla entre las dos sillas y se sacó la capa

- Todavía debes tener frío -se quejó Potter negándose a sujetarla por mucho que Draco la sacudía frente a él.
- No seas absurdo -dijo apoyándola sobre la mesa y sentándose con toda la clase que poseía.

Arrugó la nariz cuando Potter se derrumbó sobre su silla. Se mantuvo lo más erguido y elegante que pudo ante su ordinariez. Cuando Dobby se volvió a aparecer cargando una inmensa bandeja Draco pegó un salto en la silla y Potter soltó una sonrisa burlona. Clavó los ojos con odio en el elfo que, por mucho que empezó a temblar en ningún momento le dirigió la palabra.

Su madre y su padre le habían ordenado que se castigará hasta el cansancio cuando se enteraron que Dobby le hablaba. Una lejana punzada le molesto. Había pasado tanto tiempo... Casi se había olvidado. Dobby había sido siempre muy bueno con él. Incluso cuando Draco fue creciendo y empezó a imitar a su padre, Dobby siguió tratándolo bien. Hasta le había leído alguna que otra historia para dormir.

- Gracias -dijo cuando el elfo sirvió la mesa y tanto Dobby como Potter se quedaron viéndolo sorprendidos.

Draco mantuvo la postura como si fuera normal agradecerle a un elfo por su trabajo, pero la verdad es que había necesitado decirlo. Quizás Dobby lo odiara, también se la había buscado, pero él recordó su infancia y la verdad es por muchos años Dobby había sido más que cariñoso con él y Draco, como siempre, se portó como el arrogante hijo de puta que su padre quería que fuera y lo maltrato.

- Eso fue muy amable -Comentó Potter dejando una taza caliente frente a él.

No iba a responder, la situación era por lejos surrealista y Draco no iba a seguir alimentando la locura. Un momento de debilidad era admisible, pero hacía rato él había traspasado el umbral de lo correcto. Era hora de que empezara a usar la cabeza. Potter quería que esté de su lado. Corriendo a un lado lo caliente que le sonaba esa afirmación, era arriesgado ya pasar tiempo con Potter sin atacarse.

- Bien, eh... ¿está bien el te?
- Potter -alzó la vista y tuvo la recompensa de ver como se sonrojaba de pronto.

Draco gruñó internamente. Estaban perdidos, él estaba más allá de la salvación y de corazón quería creer que merlín se iba a apiadar de su condenada alma.

- Deja de divagar. Querías hablar. Habla.

Con una mueca de disgusto Potter empujó la taza lejos de él y Draco quiso imitar su gesto, pero el calor que desprendía la taza provocó que sus pies se escogieran de placer y envolvió las dos manos sobre ella.

- Bueno -espetó molesto- Primero, perdón.

Draco solo alzó una ceja. Iba a mantener el silencio, si abría la boca eso podía durar toda la noche. Alejó nuevamente pensamientos relacionados a aquella alusión.

- Siento haber... sugerido, que estabas en venta.
- No lo sugeriste -lo interrumpió molesto.

Ahí iban sus intenciones de mantener la boca cerrada.

- Correcto, no lo sugerí -le reconoció Potter y Draco se cuidó de no mostrar su sorpresa- Yo... Mira, me exprese mal -intentó explicarse mientras se estrujaba las manos sobre la mesa.
- Pero es lo que piensas -volvió a cortarlo.

Draco podría patearse a sí mismo por aquella muestra de debilidad, iba a hacerlo cuando estuviera solo, pero en ese momento ya no había nada que hacer. Le dolía más allá de lo creíble que Potter pensara así de él.

- ¿Siendo honesto? No, jamás lo creí. Pero todos me dijeron que así funcionaba. -se encogió de hombros- Al parecer no tienes un honor al que apelar y si un precio.
- ¿Todos? -preguntó sonriendo por dentro. Jamás lo creí
- Con los que hable sobre esto -explicó agitando la mano entre ellos.
- ¿Hablas a menudo de nosotros Potter? -Comentó jocoso viendo el adorable color calentar su cara.
- No seas idiota -se quejó abochornado y Draco no pudo evitar reírse.
- Tu no seas sensible Potter. ¿Tus amigos no te advirtieron que esto era una estupidez?

No concebía que ninguno de esos idiotas lo dejarán hablarle. No sólo por lo menos. Ya se lo imagina rodeado de una trup de personas, tan solo para decirle Hola.

- Me dijeron que no tenía sentido que lo intentara. -murmuró con el semblante serio- Que eras peligroso.
- Podría mostrarles como me quedó el pecho y verán cuál de los dos es peligroso para quien.

Vio como el color se esfumó de su rostro y se sintió ruin, pero no menos honesto.

- De verdad lo siento Malfoy -dijo Potter reclinándose en su dirección en la mesa- Se que no me excusa, pero yo no tenía ni idea, de lo que hacía ese hechizo...
- Dejalo de una vez Potter -lo cortó, no quería ver más esa expresión atormentada y decidió no volver a sacar ese tema.

Era malo para su sistema ver como sufría y saber que él era el causante lejos estaba de complacerlo.

- ¿Por qué no vas al punto Potter? -preguntó más que deseoso de llegar al final de aquello. Con un poco de suerte podría trabajar en el armario una o dos horas antes de tener que ir a dormir.
- El punto... el punto es el mismo, quiero que pelees de nuestro lado.
- Cosa que no va a pasar -argumentó.
- No veo porqué no -le dedico una sonrisa y prosiguió- Te vi Malfoy. Tu no estas contento del lado en que estas, y yo quiero saber que puedo ofrecerte para que te quedes de mi lado.
- Creo que ya dejé más que claro que no estoy en venta -marco molesto.

Para ser alguien que no creía que Draco era un vendido lo insinuaba con insistencia.

- No quiero comprarte ¿vale? -alzó la mano para callarlo cuando se propuso a corregirlo- Mira, todo es sobre beneficios y pérdidas -Draco afinó la vista mirando a Potter, ahora sí había captado su atención- Yo solo digo, para pelear del lado de Voldemort, él tuvo que ofrecerte algo, mi pregunta es, que puedo ofrecerte para que te vengas del lado correcto.

Draco se sentía nauseabundo. Voldemort. No podía negar que Potter se la buscaba, llamarlo por su nombre era un abuso. Esa era la influencia de Dumbledore, como ese viejo estaba demente, poco le importaba arrastrar a Potter con él por el acantilado de la muerte.

- No tienes nada que puedas ofrecerme -dijo despacio- Las cosas son como son Potter, no le des más vueltas.

Todo era una pérdida de tiempo, tenía que irse de allí antes de decir o hacer algo de lo que pudiera arrepentirse.

- No te vayas -pidió Potter sujetándolo del antebrazo cuando Draco empujó la silla con las piernas- No puedes irte, no terminé de hablar.
- No tienes nada que me interese Potter.
- No puedes saberlo, tiene que haber algo que quieras y estoy dispuesto a lo que sea -argumentó.

Draco lo estudió unos instantes. Eso tenía potencial. Sabía que Potter no exageraba, su rostro no mentía. De verdad estaba dispuesto a hacer lo que sea que Draco quisiera con tal de que traicione al Lord, pero después de todo, era verdad lo que él decía. Nada se compraba con su vida. La orden, difícilmente, lograría mantenerlo con vida y Draco no se iba a inmolar por una causa que no creía.

Seguir al lado del Lord no era para nada una carta de seguridad, pero por lo menos, en su posición actual, nadie iba a atentar con su vida. Si acaso Dumbledore si Draco se acercaba lo suficiente, pero no creía que su director lo matara. Seguramente lo desarmaria, o lo heriría, pero no veía al director como un asesino de adolescentes.

- No Potter -su pecho dio un tirón molesto, sus deseos y sus oportunidades nunca fueron compatibles pero esa noche dolía más que nunca- Dejalo de una vez.

Se soltó del agarre y se paró. Necesitaba poner distancia, dormir y dejar que las pesadillas lo atacarán. Que tan ridícula era su vida que necesita de ellas para recordar en qué mundo vivía

- Siempre supe que eras un cobarde -le escupió Potter a su espalda dejándolo duro de la impresión- Pero absurdamente pensé que cuando fuera el momento adecuado, ibas a dar la cara y hacerte hombre. -Draco cerró los ojos sintiendo como el puñal se clavaba en su corazón y Potter lo giraba con cada una de sus palabras- Por lo visto eso fue esperar mucho de ti

Draco controló las lágrimas de impotencia que acudieron. ¿Lo acababa de llamar cobarde? Ese engreído bueno para nada, con más suerte que habilidad, ¿lo había llamado cobarde?

- ¿Disculpa? -Gruñó dándose vuelta de golpe.

El rostro de Potter se encontraba justo a su lado. No había escuchado cuando se paró, pero ahora lo tenía a escasos centímetros y su olor lo golpeó. Suave y tentadora menta. Mucha suerte tenía de estar tan enojado, caso contrario Potter se iba a llevar el susto de su vida.

- Lo que escuchaste -respondió con altanería- Eres un cobarde.
- Tu no me conoces Potter. No sabes de lo que soy capaz -lo amenazó, pero Potter no se dio por enterado.
- Bien, dime, que puedo ofrecerte para que renuncies a ayudar a ese monstruo y me demuestres de que eres capaz. -masculló imitando su mortífero tono.

Draco, que teniendo tan cerca a Potter solo tenia una clase de pensamientos, respondió antes de pensar.

- ¿Estás dispuesto a lo que sea?¿A darme cualquier cosa que yo quiera?
- Siempre y cuando sea accesible. No le daremos inmunidad a tu padre.

Draco dio un respingo ante la mención de su padre.

- ¿Tu crees que dejaría que le pongan precio a mi cabeza con tal de que mi padre quede libre de culpa y cargo?
- ¿A no? -Dudo confundido y Draco se relamió internamente.
- ¿Sabes que?, dejemos esto aquí. Sin dudas mi precio es demasiado para ti.

Se alejó un paso y cuando la mano de Potter se volvió a cerrar sobre su muñeca estuvo cerca de soltar un grito de victoria.

- Lo que quieres, ¿puedo dártelo yo, o incluye otros?

Esa idea jugueteo en su mente y la desecho. No, Draco solo quería a Potter.

- Lo que quiero, solo me lo puedes conseguir tu Potter. -Canturreo y las mejillas de Potter volvieron a colorearse.
- Bien entonces, ¿estás de nuestro lado?
- No te dije lo que quiero. -Comentó arrugando el entrecejo.
- No interesa, voy a darte lo que sea.
- Eso no lo sabes -le espetó turbado.
- Si lo sé Malfoy. Si depende de mi, dalo por echo. Ahora, porque no nos sentamos y ultimados detalles.

Lo empujó hacía la mesa y Draco se dejó arrastrar conmocionado. ¿Estaba loco? Draco creía que se había casi sobreentendido que iba a pedir.

- No voy a decir o hacer nada hasta que no aceptes Potter. No soy idiota.
- ¿Te sentirías más cómodo si hiciéramos un juramento inquebrantable?

Draco retrocedió asustado. Eso no era algo con lo que jugar. Era a muerte.

- No seas idiota -jadeó molesto- No bromees con cosas que no entiendes
- Se perfectamente de qué hablo Malfoy. -Le respondió con chulería al tiempo que extendía su mano sobre la mesa.
- Me voy a fiar de ti -Comentó sentándose, sin mirar su mano.
- Bien, ¿me vas a decir ahora que planeas?

Draco soltó una carcajada. Potter tenía razón, había que afinar detalles.

- Mira Potter, vamos a dejar todo en claro de una vez. Primero, no, no te voy a decir que tengo entre manos
- Pero... Yo te dije... -Abría y cerraba la boca entre molesto y contrariado.
- Vamos a ser francos. Vas a tener que confiar en mi.
- Ya te dije que lo hago.
- No, no lo hiciste, pero me refiero a confiar enserio. No importa que diga o haga Potter, debes saber que yo estoy de tu lado, pero no voy a ponerme una diana en la frente.
- No te entiendo -dijo soltando un suspiro pesado.
- Yo no voy a decirte ahora que tengo que hacer, es muy sencillo, si lo hago, mi madre y mi padre se mueren -una mueca torció los labios rosados y Draco prosiguió antes de que pudiera interrumpirlo- Se que no se perdería mucho, pero veras, son mis padres.
- No te pido que los traiciones a ellos -aclaró con tanta impotencia que Draco dudo poder llevar a cabo aquella extraña alianza.
- En este momento, traicionar al Lord es traicionarlos a ellos.

Esta vez fue el turno de Potter de estudiarlo largamente. Draco dejó que aquellas palabras calaran en él. Potter tenía que saber donde se estaba metiendo y Draco no iba a engañarlo por mucho que a la larga se viera beneficiado.

- Eso quiere decir que estas metido hasta la garganta en lo que fuera. -su voz salio pausada y sin esperanza alguna.
- Correcto. -Afirmó observando las reacciones de Potter.
- ¿Cual es tu plan, pues?
- Mira, tu tienes razón, soy un Mortifago. No voy a decir que uno muy apreciado, pero en definitiva, cuando nos llama yo debo acudir.

La mirada verde se volvió más cristalina cuando Draco alzó su manga y dejó expuesta la marca.

- ¿Por qué? -Preguntó Potter tan bajo que supuso hablaba consigo mismo y no con Draco, pero él sintió la urgencia de responder.
- Tu lo notaste hace años Potter, soy un idiota. Pero tampoco había muchas opciones. -Sonrió recordando el llamado.

Como su madre entrena su cuarto con la espalda encorvada y los ojos llorosos. La felicidad que irradiaba su tía. Recordó las dudas, la incertidumbre, la felicidad, el orgullo. Pero sobre todo recordó el miedo. Tanto que su madre lo arrastró la mitad del camino porque él no se podía mover. Como su mano tembló al levantarse su camisa. Cómo se tragó el grito dolorido que quiso soltar cuando la varita de Voldemort quemó su piel.

- Ahora, puedo ser de mucha más ayuda allí. -dijo, quería llenar el silencio que los había envuelto.
- Snape se encarga de eso -Draco alzó los ojos y los clavó en Potter- Es un doble espía, trabaja para la orden.
- No puede ser... Él... Él juró -su voz se fue perdiendo mientras exprimía su cerebro por encontrar una salida.

Snape quería arrebatarle su misión, Snape quería ayudarlo a acabar con Dumbledore. Snape no era de fiar.

- No pueden confiar en él -dijo preocupado- No puedes confiar en él Potter. Él sabe que es lo que tengo que hacer, y quiere ayudarme.
- Lo sé -dijo Potter con la misma desgana de antes
- No lo entiendes, lo que tengo que hacer es malo Potter, creeme malo de verdad y él me quiere ayudar.
- No me lo vas a decir ¿no? -Volvió a preguntar esperanzado y Draco agitó la cabeza.

Por mucho que le importara poco morir, que no era el caso, sabía que toda amabilidad y cordialidad por parte de Potter iba a morir ni bien le explicara en qué consistía su misión. Y sobre todas las cosas, Draco no quería perder aquello que ahora los unía.

- Ya te dije que no, no insistas. Pero confía en mi, Snape no es de fiar.
- Dumbledore jura que si lo es.
- Tampoco confíes en él Potter. Antes se equivoco, puede volver a hacerlo.

Potter se preparaba para defender al director pero Draco agitó la mano restándole importancia.

- No me interesa, solo abre un ojo cerca de él.
- Bien, andaré con cuidado. Igual sigo sin entender que vas a hacer por nosotros. Si no vas a decirme que tienes que hacer, ¿cómo voy a impedirlo?.

Draco medito, ahí estaba el quid de la cuestión. Armándose de valor respondió.

- No puedes evitarlo, tiene que pasar.
- ¡¿Pero dijiste que es malo, muy malo?! -Estalló pegándole un puñetazo a la mesa.
- Y lo es, pero tiene que pasar, o yo soy hombre muerto.

Potter se levantó arrojando la silla al piso. Caminaba por la chica instancia como un León enjaulado, uno muy peligroso.

- ¡Bien! -Exclamó mirándolo fijamente.- No voy a poder impedirlo. ¿Puedo contar con que me avises antes de actuar?

Draco lo miró con incredulidad. Nunca pensó que Potter fuera a aceptar esos términos.

- Sin mucha antelación -advirtió dudando- Si estás demasiado preparado es lo mismo, pero si. Te voy a avisar antes de ponerme en marcha. Estate preparado Potter, va a pasar más pronto que tarde. -agregó como muestra de su buena predisposición.
- ¿Podrías darme una pista siquiera?
- Si fueras Goyle, encantado. Pero tu si tienes cerebro, una pista y lo vas a descubrir. Solo esten preparados.
- En plural.
- Potter... -advirtió ligeramente divertido. A tenaz no le ganaba nadie. Quizás él.
- Perfecto. -dijo desbordando sarcasmo- Ahora, ¿que quieres que te de a cambio?

Draco se reclinó en la silla y sonrió ladinamente. Ahora al fin iban a pasar a la parte divertida.

- ¿Terminamos de hablar sobre la alianza? -Consultó despacio.
- Supongo que sí. Vas a ser mi informante. Yo no me fio en Snape, me voy a valer de lo que puedas decirme. Ya veremos más adelante que otras cosas podrías hacer.
- Potter -murmuró pasándose sensualmente- Yo se hacer muchas cosas.

Las mejillas de Potter se volvieron rojas de golpe y Draco deseo ser un lobo para poder aullarle a la luna.

- ¿Qué quieres Malfoy? -Volvió a preguntar y Draco sonrió al ver la duda velar sus ojos.
- Que pases una noche conmigo Potter -susurró cuando el espacio entre lo dos se redujo a nada.
- Bien -respondió llanamente- ¿Te vale aquí, hoy?

Draco retrocedió con un respingo de incredulidad.

- ¿No te vas a negar? -pregunto confundió.
- No -Vio cómo sus manos volaban al cuello de su suéter y se lo quitaba por la cabeza.

Alzó la cabeza atento, algo simpleme no cuadraba. ¿Iba a hacerlo? ¿Así de fácil?

- ¿Prefieres que lo haga? -Inquirió mientras que sujetaba su corbata y la deslizaba hasta desatar el nudo.
- ¿Qué?.. Yo... ¿No?

Draco era un mar de confusiones. Las ideas chocaban suicidamente unas contra otras. El deseo y las ganas se atropellaban contra el miedo y la duda. Sus ojos se abrieron cuando las manos de Potter fueron abriendo botón a botón su propia camisa, dejando al descubierto su perfecto pecho, poco faltó para babear cuando notó la línea de vello negro que descendía por medio de sus pectorales.

- ¿Lo vas a hacer? -Volvió a preguntar no muy seguro de sí por fin había perdido la cordura y se encuentra en un muy realista sueño.

Potter se acercó a él y lo miró a los ojos. Un escalofriante dejavu le recorrió la espina dorsal. Unos ojos, rojos, lo habían mirado de aquella forma. Midiendolo, especulando que tanto podía dar, hasta que punto era de confiar, que tan rápido se podía quebrar. Su estómago se cerró y una sensación de vértigo se apoderó de él. Pero no fue hasta que Potter habló, no fue hasta que sus palabras lo tocaron, que Draco entendió que esto era mil veces peor. Que el dolor de venderse a uno mismo, para volverse propiedad de otro, no significaba nada. Las palabras que Potter pronunció, con voz calmada casi muerta, dolían mil veces más.

- A algunos de nosotros nos importa más está guerra que otras idioteces Malfoy. -Alzó sus manos y empezó a desabotonar la camisa negra que él tenía puesta- ¿Esto es lo que tengo que hacer para que seas mi informante? Me da igual. Si quiero tener una esperanza de ganar, tengo que saber que pasa del otro lado.

Esta vez no fueron náuseas. Esta vez sintió la bilis reptar por su garganta trayendo consigo lo poco que había cenado.

Se alejó de las manos que parecían quemarlo y con el tiempo justo giró doblándose sobre sí mismo. Entre arcadas profundas Draco expulsó todo lo que su estómago contenía. La mayoría era bilis, pero dio igual. Siguió hasta sentir que ya no había nada dentro de él. Los lagrimales le quemaban tanto como la garganta y no vió el sentido a luchar contra aquello que más necesitábamos.

Se sentía sucio, enfermo. Se arrodilló junto a su propia inmundicia, cuando sus piernas no pudieron más con él, y la sintió como algo afín. Eso era él. ¿Cómo podía haber sido tan torpe?¿Cómo podía haber sido tan ciego?

Escupió intentando borrar el amargo sabor de su boca pero este no desapareció. Alzó la mano y a ciegas sujeto la fría taza. Dió un trago y quiso vomitarlo, pero se obligó a mantenerlo dentro.

¿Alguna vez iba a dejar de ser humillado por Potter? Seguro que no. Potter era mejor persona, era persona y punto. Draco era un cuerpo con vida y cerebro, nada más. No podía ni alegar que sabía usarlos. A ninguno, tiró su vida por la borda cuando se paró frente al Lord y su cerebro cuando abrió la boca hace unos minutos.

Potter tenía razón, ¿no se estaban jugando algo mucho más serio que un jodido revolcón? Él sabía que sí, lo sabía mejor que Potter y aún así, había caído tan bajo que ni él mismo se reconocía.

Se tapó la cara con las manos. Merlín, como se odiaba en ese mismo momento. Draco muchas veces asumió que Potter era mejor con la varita, que su habilidad no estaba en un enfrentamiento físico, pero él tenía algo que Potter no. La palabra. Draco podía lastimar tanto con solo hablar, que era temido por ello. Pocas veces tenía que alzar su varita, se valía de su cerebro y su astucia para desarmar a la mayoría de sus atacantes. ¿No acababa Potter de ganarle bajo su propia ley? ¿No acababa de asentarle el peor golpe? Draco recordaba el sectumsempra, un juego para niños. Aquello sí que dolía.

Un pitido ensordecedor le estaba perforando la cabeza. Era demasiado tarde para la dignidad o para el amor propio, pero no lo era para hacer lo correcto. Llegados a ese punto, en que la migraña amenazaba con explotar alguna neurona dentro de su cráneo, Draco se paró valiéndose de la mesa como punto de apoyo. La cabeza le daba vueltas, pero se esforzó por encontrar un camino de cordura. Retazos de pensamientos, de un plan se formaban en su mente y Draco los siguió hasta que pudo llevar claridad al resto de sus pensamientos.

Miró el fuego de frente y sonrió. ¿No había lloriqueado por una oportunidad? Ahí la tenía. ¿Pensaba mancillar de aquella forma su salida?¿Pensaba que valía la pena tener a Potter de aquella forma? La respuesta era clara, por primera vez tenía una respuesta muy exacta para las preguntas que se agolparon en su mente. No, no iba a joder su oportunidad de ser mejor. No, no quería a Potter de esa forma.

- ...que el frío te iba a enfermar, quizás debamos ir a ver a Pomfrey -Draco se giró y vio a Potter que lo estudiaba preocupado.

La camisa de este estaba abierta, pero Draco no sintió placer en ver sus suaves músculos. No pudo evitarlo y reparó que no estaba todo trabado como había supuesto, pero no fue más allá.

- Mañana a la noche va a pasar algo -dijo y su voz salió quebrada. Su garganta ardía y no se atrevió a carraspear.
- ¿Qué? -Potter se acercó e intentó sujetarlo del brazo pero Draco retrocedió mirándolo con temor.
- Mañana a la noche, lo que tengo que hacer. Lo voy a hacer mañana a la noche. -dijo apresurado mientras que intentaba dar un esquivaso al cuerpo de Potter que bloqueaba la salida- Me voy.
- ¿ Y tu paga? -preguntó Potter alzando una ceja y Draco sintió otro tirón en su estómago.
- Olvidalo Potter -murmuró caminando hacia la puerta, si tenía que correrlo de su camino que así fuera.
- Te lo dije Malfoy, ¡te necesito de mi puto lado! -exclamó mientras apoyaba la palma de su mano en su abdomen para frenarlo.

Draco cerró los ojos superado.

- Estoy de tu lado Potter -respondió con un susurro- No voy a cambiar de opinión, solo dejame ir.
- ¿No vas a hacerlo entonces? -preguntó dudando- ¿No vas a pedirme que lo haga contigo para que me pases información?
- No -gimió Draco encogiéndose al escuchar crudamente lo que se había atrevido a pedir.
- ¿Por qué lo vas a hacer Malfoy?
- Por tí Potter -su cabeza daba vueltas. Las náuseas, la jaqueca, el frío... toda aquella situación había logrado superarlo. Tenía que irse a dormir y por la mañana terminar su trabajo.

Alzó el mentón y miró directamente a la puerta, por el rabillo del ojo notó como Potter se corría de su camino y suspiro aliviado. Cuando lo separaba un glorioso paso de la puerta la mano del Gryffindor se volvió a cerrar sobre su muñeca y Draco supo que estaba muy cerca de atacar con tal de poder escapar. Ya se había humillado, ya se había pasado de bando, ya le había informado cuando iba a ser su movimiento, ¿era mucho pedir que lo dejara en paz de una vez?

Con fuerza se giró para encarar a Potter y obligarlo a que se perdiera cuando su boca lo derribó contra la pared.

Su cabeza golpeó con fuerza contra la puerta y las manos de Potter le sujetaron la cara impidiendo que pudiera alejarse, su cuerpo lo mantenía clavado en su posición y solo pudo jadear por aire cuando la boca de Potter se alejó dándole unos segundos de tregua.

Al principio Draco no se percató de lo que estaba haciendo, dejó que el suave aroma de Harry nublara sus sentidos. Bebió de su esencia, saboreó dentro de su boca muerto de hambre pero cuando los dientes se clavaron en su cuello, Draco abrió los ojos y el hechizo se rompió.

Se removió inquieto, quería que lo soltara. No iba a hacerlo, no de esa forma. No quería una puta, más allá de la mierda que siempre fue, nunca podría sacar provecho de una situación así. Tenía lo justo de dignidad para creer que merecía más que eso. Sacando de cuadro que para nada podía permitir que Potter se vendiera de esa forma, como si fuera un mugriento pedazo de carne. No, Draco se rehusaba a amar algo que se podía menospreciar de aquella forma, estaba firmemente convencido de que la persona que amas era tu reflejo y para nada iba a reflejarse en un juguete, en algo intercambiable.

- Alejate Potter -gruñó peleando contra sus brazos para que retrocediera- Te dije que no iba a hacerlo.

Siguió peleando hasta que las inmensas manos de Harry lo sujetaron con fuerza de los antebrazos y lo tiró hasta donde se hallaba la mesa. Se estrelló contra ella y usandola para mantener el equilibrio, otra humillante vez, se giró para ver como el moreno se acercaba mirándolo de una forma que Draco solo podía describir como peligrosa, no porque fuera a lastimarlo, eran tan lasciva que su semi erección dió un tirón necesitada.

- ¿Qué te pasa? -preguntó desesperado- ¿Quieres que me disculpe? -aventuro al ver que Potter seguía en silencio, acercándose a él milimétrico paso a milimétrico paso.- Bien, perdón Potter, fue una estupidez. ¿Satisfecho?
- ¿Por qué te arrepentiste Malfoy? -inquirió inclinando la cabeza estudiando su cuerpo.
- Po...porque fue... fue una estupidez. -tartamudeo cuando las manos de Potter se volvieron a posar en su camisa, pero esta vez sin paciencia o delicadeza tiró con fuerza de ella haciendo que los botones saltaran por todas partes.
- ¿Solo querías humillarme? -Preguntó con la boca tan cerca de su tórax que el calor de su aliento le erizó la piel.
- No
- ¿Por qué lo pediste? -Volvió a preguntar soplando aire tibio contra su cuello.
- Porque lo deseaba -gimió al sentir la lengua delinear su cuello hasta su mentón
- ¿Por qué me vas a ayudar Draco? -Susurró contra su oído y Draco sucumbió.
- Porque no quiero ser un monstruo -dejó caer la cabeza en el hombro y un sollozo lo partió en dos. Otros más le siguieron y las manos de Potter lo sujetaron contra su pecho.

Llevaba tanto tiempo llorando que cuando Potter levantó su rostro se encontraba desorientado.

- Por fin -murmuró antes de empezar a besarlo.

Esta vez su boca no se abalanzo con violencia, esta vez su lengua no irrumpió a la fuerza. Los labios de Harry se cerraron sobre los suyos despacio, tan despacio que Draco hubiera podido rechazarlo si así lo hubiera querido, pero se sentía débil, necesitado, roto. Cuando Potter rozó suavemente su labio inferior con la lengua, Draco supo que nunca en su vida lo habían besado así. Tan íntimamente, con tanta devoción.

Sus manos bajaron lentamente por su cuerpo, tocando tanto de él como le fue posible, mimandolo. Draco sabía si no fuera porque estaba siendo besado con tanto apremio se hubiera largado a llorar otra vez como un idiota. Potter más parecía estar alabando su cuerpo que dejándose llevar por un arranque, de lo que fuera.

Una idea oscura surco su mente. Todo aquello era un sueño, tenía que ser irreal. Potter lo odiaba, lo sabía. Lo vió tantas veces en sus ojos que desde hacía algún tiempo empezó a rehuir a su mirada. Intentó alejarlo, pero las manos del moreno lo sujetaron con firmeza por las caderas mientras que se imponía más exigente en el beso.

Para cuando su cabeza comenzó a dar vueltas y la erección de Potter se empezó a frotarse sensualmente con la suya, Draco logró soltarse. Jadeaba buscando aire al tiempo que las manos de Potter intentan liberarlo de su pantalón.

- ¿Por qué? -preguntó impidiendo que abriera el segundo botón- ¿Por qué lo haces ahora? Te dije que no era necesario.

Draco necesitaba entender, no es que lo fuera a parar, no ahora que estaba seguro más allá de toda duda que Potter lo deseaba. Porque Merlín nadie, nadie, besaba así si no era porque lo deseaba. Su erección no era fingida ni mucho menos. Draco sabía por experiencia que uno no podía tenerlas con gente que le desagradaba.

Potter se acercó un poco más a él y empezó a besar su cuello. Los dedos de sus pies se curvaron al sentir como su áspera lengua subía y bajaba a lo largo de su carótida mandando descargas de placer descomunales a su polla.

- ¿Por qué? -susurró contra su piel- Porque llevo años deseandolo. -Draco gimió cuando sus dientes se cerraron sobre su pezón izquierdo y su mano se internó en las profundidades de su pelo- ¿Por qué ahora? -murmuró deslizando su lengua en torno a su ombligo- Por que pase años esperando a que dijeras lo que quería oír- Introdujo su lengua en su ombligo y Draco agachó la mirada fascinado.

Potter, de rodillas frente a él, lamiendolo como si fuera un jodido helado. Al parecer el de preferencia del moreno, por la satisfacción que parecía reportarle cada lametón que le propinaba Draco asumió que tenía que estar disfrutando casi tanto como él, porque sabía que no había forma que pudiera equipararse.

- ¿Sabes cuánto tiempo llevo esperando para que me demuestres que no eras la mierdecilla que siempre te esforzaste en parecer, Draco? -Potter se quedó mirándolo fijo un rato hasta que se dió cuenta que esperaba un respuesta de su parte.
- No...
- Tres años, tres. -enfatizó molesto- Siempre supe que no podías ser una mierda integral, no cuando cada santo día que pasaba yo más y más me iba obsesionado, cuando me iba importando con quien salías, cuando empecé a querer exhibime frente tuyo, cuando ese uniforme de Quidditch empezó a quedarte cada vez mejor... Pero cuando volvió Voldemort -Draco dio un brutal respingo y poco tuvo que ver el nombre del Lord, más bien fue la fuerza con la que Potter le bajo el pantalón y el boxer- Cuando volvió perdí las esperanzas. Te regodebas de tu mortígafo padre -gruño besando la cara interna de sus muslos- Juro que creí que estabas perdido y que yo era un idiota. ¿Porqué me dolía que fueras así?¿Por qué me importaba lo que pasara contigo?

Draco intententaba hallarle lógica a sus palabras pero estaba más allá de todo. La boca y las manos de Potter lo tenían completamente cautivado y sus palabras parecían provenir de la más surreal de sus alucinaciones.

- Y llegamos a este año, yo sabía que eras un mortífago y te odie tanto... -Draco abrió del todo las piernas cuando los hombros de Potter le empujaron las rodillas abriéndose espacio.

Se sujetó a la mesa y se reclinó sin pudor alguno. Escucho un gemido ahogado provenir de la maliciosa boca que ascendía enloquecedoramente lento por su pierna y tuvo que correr los ojos, aquello era demasiado. Su corazón palpitaba en sus oídos, en su sien, en su polla. Estaba seguro que una de sus costillas iba a fisurarse intentando retenerlo en su lugar.

- Y entonces te vi en ese baño -su aliento golpeó de lleno en su prepucio y Draco gimió sonoramente a punto de morir- Llorando, abrumado, con tanto miedo -para cuando la mano de Potter se aferró a la base de su pene Draco había perdido la partida y se subió a la mesa. Sabedor de que cuando llegara la hora, sus piernas no iban a poder sostenerlo- Y más te odie -masculló dándole una pequeña probada a la punta de su miembro- Que bien sabes -le informó y Draco sintió sus neuronas entrar en cortocircuito.

Draco no sabía decir que era más sensual, su jodida lengua o su mugrienta y decadente forma de hablar. El muy bastardo estaba explicando todo con la voz más sexual que Draco alguna vez escuchó, al mismo tiempo que se preparaba para hacerle una dichosa mamada. Definitivamente, todo se había ido oficialmente a la mierda.

- ¿Por qué te uniste si lo odiabas? -alzó los ojos y Draco vio que esa vez necesitaba una respuesta
- Te lo dije, soy un idiota -repitió no muy seguro de poder formar una mejor oración, no en ese momento, no cuando la boca de Potter estaba tan cerca de fulminar sus neuronas.
- Lo eres. -corroboró

Alzó su mano libre y sujeto su muñeca izquierda. La marca resaltaba tanto que Draco sintió vergüenza de ella. Quiso alejar la mano, pero Potter volvió a tirar de ella y la acercó a su boca. Draco sintió un destello violento en su pecho al ver la marca tan cerca de la cara del moreno, no estaba bien que se mezclaran esas dos cosas, pero su mirada quedó en blanco al ver la lengua de Potter posarse en la marca y lamerla a lo largo

- Joder -jadeó tan excitado que un dolor agudo le recorrió la erección.
- Mira que dejar que te marcara así -podía escuchar la furia velar sus palabras- Me provoca matarlo solo por ello -soltando su mano volvió a concentrarse en su miembro y Draco volvió a suspirar.

- No puedo más -suplicó altamente necesitado. Ya no se sentía para nada agradable, empezaba a sonarle a tortura. Por el brillo salvaje que vio cruzar los ojos a sus pies, supo que el muy bastardo estaba divirtiéndose con eso.

Podría ofenderse, pero no valía la pena el intento. Se sentía tan ridículamente feliz, tan feliz que no tenía muy en claro cómo iba a poder salir de aquella sala y seguir siendo miserable.

- Yo tampoco puedo más -canturreo Potter sobre su glande y Draco alzó las caderas para que dejara de provocarlo- Quieto Draco -le dio un par de lamidas pero él necesitaba más, más contacto o iba a ponerse enfermo.- Casi te mato -masculló forzando las palabras- Casi lo hago e iba a perderme de todo esto -volvió a mirarlo fijamente y parte de su excitación remitió.

La expresión atormentada de Potter había alcanzado un nivel épico y Draco sintió su corazón temblar. Podía sentir en su carne la angustia que los ojos verdes traslucen.

- Pero lo volvería a hacer ¿sabes? Nunca hubiera sido valiente para reconocer que te amaba. No fue hasta que casi te pierdo que me di cuenta que no importaba nada un carajo, que te amaba. -su voz se fue apagando- Y hoy lo reconociste, al fin, no quieres ser un monstruo y yo no quiero vivir sin tí.

Draco se olvido de la mamada. Se olvidó del dolor descomunal de huevos que tenía. Se olvidó de todo y bajando de un salto de la mesa paró a Potter hasta pegarlo a su boca.

Sintió que Potter se quiso alejar, pero le valía. Duplicando la fuerza lo sujetó de los hombros y lo mantuvo quieto entre sus brazos. Asaltó su boca e introdujo su lengua con furia animal. Su pecho empezó a latir erráticamente cuando empezó a morder sus labios. Su sabor era tan intenso que toda su cabeza se volvió zona de guerra. Tantas cosas quería hacer en simultaneo que a como pudo y sin darse cuenta de como lo hizo, dejó a Potter desnudo en unos nanosegundos frente a él. Estudió su rostro y se obligó a ir solo un poco más lento. No estaba para nada seguro del estado virginal o no de Potter y para una primera vez se necesitaba mucho trabajo, que dudaba poder darle como correspondía.

Sus manos dejaron de responderle, sus instintos se habían hecho cargo hacía un tiempo y las marcas, poco disimuladas, que iba dejando en el cuello frente a él eran el claro informe de que no iba a poder hacer las cosas con la delicadeza que la situación ameritaba. Como si Potter fuera un maldito telépata, solucionó todo para los dos. Enredó sus brazos en su cuello y lo giró hasta que fue su culo el que rozaba la mesa. Draco lo besó desesperado amasando sus perfectas nalgas.

Cuando se giró entre sus brazos y alzó el culo en su dirección Draco no se pudo resistir y se agachó frente a él. Beso cada centímetro de piel que tuvo en frente y cuando nada de eso fue suficiente se introdujo en él. Los ruegos y gemidos de Potter llenaron la sala fomentando su deseo y alentando su necesidad. Temblando se paró y posicionó su erección en la entrada de Potter.

- ¿Seguro? -alcanzó a preguntar antes de empezar. No iba a poder frenar.
- No me traiciones Draco - le rogó vulnerable, asintiendo con la cabeza.

Draco le sujetó la cara y lo obligó a mirarlo.

- Nunca podría ¿me oyes? -los ojos de Potter brillaron con algo de temor y Draco se inclinó para besar sus hinchados labios- Te amo demasiado para dejar que te mueras Potter -clavó los dientes en su labio inferior y se introdujo un poco dentro de él.

Harry dejó caer la cabeza para atrás con un quejido y Draco cerró los ojos cuando el calor y la opresión lo golpearon.

- Joder, ¿me oyes Potter? -volvió a preguntar cuando se metió otro poco dentro de él- Te amo demasiado para nada que no sea verte ganar esta condenada guerra -un gruñido nacido del fondo de sus entrañas se abrió paso cuando se introdujo hasta la mitad.

Eso era el paraíso. Esa era la puta gloria. Tan apretado como un puño y tan caliente como las mismas llamas que tanto amaba ver. Así se tenía que sentir tocar el fuego. Y Draco quería mucho más de eso. Siguió penetrandolo hasta que su presioso culo le rozó las caderas. Se quedó quieto hasta que Potter se acostumbró. Con cuidado fue dando algunas sacudidas a su miembro hasta que poco a poco lo sintió moverse frente a él. Se retiró un poco para volver a impulsarse lentamente. Los quejidos de Potter se volvieron gemidos y fue aumentando la velocidad y la profundidad a medida que le pedía.

¿Cómo podría describirse lo que se sentía teniendo semejante hombre entre sus brazos?. ¿Como se explicaba la sensación de poder de plenitud que generaba ver semejante mago abrirse para uno?. Era otra pregunta fácil, pensó Draco mientras veía como Harry arqueaba la espalda y se impulsaba a su encuentro, no se explicaba. Era algo que tenías que vivir para creer y Draco iba a matar con sus propias manos y nada de magia a cualquier ser que deseara averiguarlo.

Cuando Harry se corrió gritando su nombre, Draco mordió su hombro y lo siguió gruñendo su secreto mejor guardado.

- Te amo desde que te vi en esa maldita tienda Potter

Harry soltó una risa y se derrumbó sobre la mesa. Draco hubiera querido guardar algo de decoro, esas palabras salieron de su boca sin su consentimiento, pero la mano de Harry le sujetó la muñeca y lo tiró sobre su espalda.

Ya habría tiempo para la vergüenza.