Ser el Fuego
Había pasado más de un año. Más de un año desde la última vez que lo beso, desde la última vez que lo acarició, desde que se permitió ser débil.
En los tiempos en que corrían, Draco sabía que no podía darse el lujo de flaquear.
Harry lo había intentado, y vaya si lo había intentado. El día que le suplico Draco creyó que se iba a rendir, pero la realidad se impuso y con el corazón destrozado se había alejado.
Ahora estaba allí, en las puertas de Hogwarts, viendo cómo cargaban su cuerpo.
¿Qué sentido había tendió todo?¿Había valido la pena? No, para nada. Porque Harry había muerto y todo lo que pasaron ese año bailaba frente a sus ojos calentando sus venas.
¿Había valido la pena que los mortífagos entrarán en Hogwarts? No, eso había salido tan mal como Draco supuso. Sabía que Harry había salido con Dumbledore y aprovechó su oportunidad. Nadie podía decirle nada si el momento en que lograba reparar el armario, justo, coincidía con que el director no estaba, pero desgraciadamente volvieron a tiempo. A tiempo para que Snape acabará con el director. Draco tan preocupado como estaba porque nadie encontrará a Harry, casi paso por algo la furia que lo carcomio cuando vio el puto plan de respaldo que Harry había armado. Un puñado de adolescentes, ¿Longbottom?¿Lovegood? Le hubiera rebanado el pescuezo con sus propias manos. Mientras Snape lo sacaba a rastras del Castillo llegó a tiempo para frenar a Fenrir y de milagro el único hechizo que había memorizado para hacer sin hablar fue Protego. Weasley y Granger le debían una grande. Todavía recordaba la mirada traicionada que le lanzó Harry cuando perseguía herido más allá de lo soportable, a Severus. Todavía le dolía.
¿Y los encuentros furtivos?¿las horas robadas en mugrosos cuartos? ¿Las miradas de súplicas y las palabras de ruego? Eso dolía mucho más. Había dejado uno de sus galeones en el bolsillo de Harry la noche que dejaron la sala de menesteres y así le avisaba cuando podía escapar, cuando no era vigilado. Había esperado en aquel motel muggle por horas, cuando estaba convencido que Harry no iba a acudir, que no le había creído que siempre iba a estar de su lado, lo vio aparecer. Su alma se fue al piso en el mismo momento en que tuvo que poner distancia de las manos de Harry que intentaron abrazarlo. Parte de él murió cuando Harry le preguntó si estaba arrepentido, y por eso no lo quería besar. ¿Valió la pena el sufrimiento que los dos pasaron ese día? La respuesta descansaba en los brazos de Hagrid.
En su mente se agolparon las heridas que tuvo que curar de su cuerpo. La cantidad de pociones que le dio. La desmesurada lista de víctimas que le entregó. Las pocas personas que consiguió poner a salvo con él. La asquerosa cantidad de cuerpos que le llevó.
A cada paso que Hagrid daba en dirección al colegio más irreal se sentía todo. Lo habían intentado. Lo habían intentado con tantas fuerzas y ganas que Draco pensó que podían ganar.
Harry siempre se veía determinado, siempre tan seguro que iban a lograrlo. La cantidad de veces que le juro iba a besarlo sobre el cadáver de Voldemort. La cantidad de veces que Draco le imploró dejara de escupir al cielo, pero Harry no se dejaba ganar. Incluso cuando Weasley claudicó el veía las cosas con optimismo. Hasta cuando apareció lastimado por esa maldita serpiente estaba confiado.
- Me estoy acercando,¿no lo ves?
- Solo veo que te lastimaste dos costillas, Potter.
- ¿Si? Con razón me duelen tanto
- Eres un idiota, ¿se lo dijiste a Granger?
- No, ella estaba muy alterada. No iba a ayudarla.
- Dame tu varita, voy a ponerle un hechizo para localizarte más rápido. El galeón es una mierda.
- ... Se rompió.
- Joder.
- No te preocupes Draco.
- No Potter. Ya lo hablamos. No puedo hacerlo y fingir que no paso.
- Draco...
- Si no vas a poder con esto, la próxima vez te mando una lechuza.
- ¡No! Me voy a portar bien. No me mires así, lo juro.
- Tu no me veas así, vive en mi casa ¿Bien? No puedo permitirmelo. ¿Me entiendes?
- ¿Vive en tu casa?
- Desde hace unas semanas.
- ¿Y ahora me lo dices?
- No merecía el riesgo vernos solo para decirte esto.
- ¡Puede hacerte Merlín sabe que viviendo allí!
- Reitero que no merecía la pena el riesgo.
- Lo voy a matar Draco. Te lo juro.
- Tu solo mantente vivo.
No importaba que pasara, el siempre espero ganar. Cuando Weasley volvió Draco empezó a creerle. Seguía viéndolo con algunas heridas, pero su entusiasmo era tal, que no pudo evitar contagiarse. Cayó en su propia trampa.
Los murmullos se elevaron por todos lados. Los Weasley salieron a tropel del Castillo. No le extrañó ver a Granger tomada de la mano del pobreton. Eso se caía de maduro. Se tensó cuando Thomas le golpeó el hombro para adelantarse.
Draco se permitió un minuto de debilidad. Cerró los ojos y se permitió recordar la tarde en la que Harry apareció en la mansión. Había sentido miedo muchas veces, casi siempre relacionado con que algo así pasara, pero no fue hasta que vio su rostro deformado y el pánico en los enloquecidos ojos de Weasley que Draco sintió el aplastante peso del miedo. Como tus sentidos se agudizan, como tu cabeza trabaja al triple de velocidad. La forma en la que él tiempo se reducía a nada y como todo se movía en cámara lenta. Esa fue la primera vez que pensó en abandonar aquella pantomima. Estaba decidido a salir a la luz y dejarse ver como lo que en verdad era, enemigo no aliado. Pero Harry negó con la cabeza, le suplicó con la mirada que no fuera estúpido y ahí brotó el recuerdo de Aberforth. Ese viejo zorro era hermano de Dumbledore, Draco sabía que ninguna manzana caía muy lejos del árbol, y se arriesgó. Si las cosas salían mal iba a tener que enfrentarse a su tía y posiblemente a su padre, su madre jamás se volvería en su contra. Pero funcionó, Dobby apareció y Draco se tragó las ganas de zamparle un beso a Harry cuando este se acercó a buscar las varitas. Ahí le entregó la suya. Se la dio con la esperanza de que se sintiera acompañado.
Esa fue la última mes que lo vio. Su mundo fue reducido a cenizas y a la esclavitud. Su madre supo en el momento que es lo que había pasado. No le pidió explicaciones, solo le dio un fugaz beso en la frente y se hizo cargo de todo. Su padre no le presto atención y su tía estaba muy enfurecida para pensar en nada.
El recuerdo de aquella último encuentro era devastador. Tan asustados, tan atemorizados de que fuera el último. Después de aquel día Draco había agonizando enjaulado hasta que los llamaron a pelear.
Que estúpido había sido, que ingenuo. No había visto la hora de que aquello pasara, no había cabido en sí de la dicha. Tan feliz y extasiado se encontraba que nunca se dió cuenta a donde estaba yendo. Camino hacia la batalla y él fue con una sonrisa en el rostro.
Cuando la voz de Voldemort resonó difamando a Harry su corazón pasó por dos estados, en principio un frío desolador lo apretó. Había muerto. Lo había matado. Pero cuando las injurias sobre el cómo y en qué contexto le había arrebatado la vida a Harry fueron patentes un calor rompió la capa de hielo.
Draco se había rehusado a creer en aquella realidad, pero cuando Hagrid depositó el cuerpo sin vida a los pies de Voldemort tuvo que tragarse sus esperanzas y aceptar lo evidente. No lo había logrado. Voldemort había vencido.
Mientras la voz de Voldemort se alzaba, diciendo quién sabía que, Draco estudio el rostro de Harry. Se obliga a recordarlo sonrojado, riendo, soñador. Recordó como sus ojos verdes brillaban, su mirada pícara cuando lo provocaba a drede. Recordó su candente respiración. Su siempre cálida piel. Draco recordó todo lo que era Harry Potter. En cuerpo y esencia. Su fuerza de voluntad, su amor, su esperanza. Su fe en las personas, su terquedad su incapacidad para ver el más oscuro de los males en aquellos que amaba. Draco recordó y se llenó de eso.
Su sangre se espesó, sentía lava líquida correr por sus venas. Desde el mismo centro de su pecho un calor insoportable lo envolvió. Sabía que estaba más allá del dolor, más allá de la pena. Quería llorar, pero paradójicamente no podía soltar una sola lágrima. Observó fijamente el rostro deformado de Voldemort reír. Escucho los gritos del clan Weasley. El desesperado lamento de McGonagall. Pero él solo tenía una cosa en mente. No había lugar para nada más dentro de él. Sentía una fuerza colosal crecer dentro de él, empujándolo.
- ¡Draco!
La voz de Lucius resonó en la inmensidad del silencio. Dirigió una mirada a su padre. Se lo veía tan disminuido que no lo hubiera reconocido a primera vista, si no fuera por el hecho que estuvo a su lado día a día mientras se consumía.
- ¡Draco! -Volvió a llamarlo y su voz se rompió suplicante.
No podía decirse que no fuera un hombre perceptivo. Debía oler que algo pasaba, porque el miedo que desprendía su voz era palpable. Si habían ganado ¿a qué temía?
- Draco -la melodiosa voz de su madre llegó tranquila y estable. Sin miedo.
Las miradas de reproche se posaron sobre él aplastantes, podía saborear su odio y su aberración.
- Ven -le dijo su madre a la distancia.
Draco dio un paso en su dirección tan decidido que incluso él se sorprendió. Frenó y se miró el pecho. Algo extraño pasaba en él, podía sentir la magia acumularse, la fuerza crecer y mezclarse con el odio.
Cerró los ojos y levantó la cabeza respirando con fuerza. Una carcajada cruel brotó de sus labios cuando la furia y el poder empezaron a danzar entremezclandose en su interior. Jadeaba buscando aire, a través de sus párpados cerrados motas blancas y rojas. Por un segundo la cara de Harry se filtró en su mente. Abrió los ojos.
Camino despacio, todos se abrían paso para él. Sentía sus miradas quemarlo, pero no dejo que lo lastimaran. Se valió de ellas, tomó impulso de ellas. Abrazo la hostilidad y alimento con ellas el fuego que crecía con cada paso que daba.
Pensó en dar un discurso. En apelar a su moral. En demostrarle que no había logrado doblegarlo, pero lo hizo a un lado. Eso era muy Gryffindor, y él era un Slytherin. No solucionaban así sus cosas. No terminaban así sus disputas. No apelaban a la piedad o la compasión.
Cuando estuvo a unos pasos de Voldemort este le sonrió demente.
- Bien hecho Draco -canturreo abriendo los brazos para él.
Draco se quedó muy quieto. Dejó que sus muertas manos, aquellas que le arrebataron lo que más quería, lo tocarán.
Clavo sus ojos en sus padres. Su madre negó con la cabeza y dio un paso en su dirección. Su padre lo miró asustado pero imitó a su madre.
- Bien hecho -volvió a repetir la siseante voz y lo empujó suavemente para verlo satisfecho a los ojos.
Draco sonrió liberado el fuego que rugía en su pecho.
- Nunca debiste tocar lo que me pertenecía, maldito sangre sucia inmunda -gruño aferrándose a su brazo con tanta fuerza y rapidez que nadie pudo reaccionar a tiempo cuando Voldemort cayó de rodillas al piso- ¡Crucio!
El grito de Voldemort desató el caos otra vez. Vio un destello verde volar en su dirección y sintió cómo su padre colisionaba contra el suyo tirándole al suelo. La rigidez de su cuerpo agudizó el dolor que lo tenía cautivo.
- Muévete -gritó su madre levantándolo.
Lo que parecía una multitud de personas se agolparon a su alrededor y lo arrastraron dentro del Castillo. Draco quería soltarse del fuerte agarre de su madre y buscar a Voldemort. En la confusión lo había perdido y estaba determinado a acabar con él. Sentía la fuerza rugir desesperada en su interior. Iba a matar a ese maldito. Iba a vengar a Harry así le costará la vida.
Por sobre los griterios se escuchaba la atropellada voz de Hagrid buscar a Harry, pero Draco no perdió el tiempo en ello. Suponía que alguien había tomado su cuerpo como botín de guerra, ya lo iba a encontrar y enterrar como se merecía. En ese momento tenía cosas importantes de las que ocuparse.
Alzó la cabeza y fijó la vista mortífagos y miembro de la orden peleaban a muerte y lanzando un par de hechizos protectores siguió avanzando. La mano de su madre le lastimaba el brazo mientras intentaba alejarlo de la trifulca pero con un fuerte tirón se soltó. Había localizado a Voldemort.
Luchando en medio de la sala lo vio pelear en simultáneo con McGonagall, Slughorn y Kingsley. Antes de que pudiera acercarse un paso a ellos escuchó el grito de Granger y se giró buscándola. Si Harry estuviera allí no dudaría, iría a socorrerla. La encontró peleando con su tía por unos segundos Draco pensó que había perdido la cordura ella no iba a poder con Bellatrix.
Camino en su dirección ignorando el grito de su madre y antes de poder atacar por la espalda a su tía vio cómo Lovegood y la Weasley peleaban encarnizadamente. Las tres parecían poder defenderse bien, pero cuando una maldición rozó a la Weasley Draco se apuró hacia ellas.
Estaba a unos pasos cuando el robusto cuerpo de la señora Weasley le cortó el paso.
Antes de que pudiera reaccionar la señora Weasley y su tía empezaron a pelear. Draco dudó, la histeria deformaba el amable rostro regordete y la soberbia actitud de su tía temblaba. Viró la cabeza y vio a Voldemort pelear sin problemas. Su reparación se entrecortaba, se sentía tan dividido que le dolía físicamente.
Si algo le pasaba a la señora Weasley no se iba a poder personas, sabía lo que Harry sentía por ella. Él le había comentado que en aspectos generales, ella era como madre para él. Draco no podía dejar que su tía la matara, no podía por Harry, pero tampoco podía permitir que Voldemort matara a McGonagall, tampoco a Kingsley, Slughorn no le importaba mucho, pero no merecía morir.
Cuando un hechizo de su tía rozó a la señora Weasley Draco tomó una decisión. No podía dejar que algo le pasara dió dos pasos y fue su propia madre, la que de un empujón, lo apartó del camino.
- ¿Qué va a ser de tus hijos cuando te haya matado? ¿Qué les va a pasar cuando su mami vaya al cielo a reunirse con Freddie?
Chilló su tía y la señora Weasley tembló ligeramente
- Protego -gritó su madre cuando su tía se dispuso a asestar un hechizo final.
Bellatrix se giró mirando a su hermana desencajada.
- ¿Que haces? -Estalló furiosa
- Intentaste matar a mi hijo -respondió lentamente.
Draco noto que cientos de personas se alejaron a los costados de la sala viendo las peleas sucederse. Parado en medio como estaba sentía la adrenalina que emanaban electrificar su piel.
- ¡Es un traidor!
- Mataste a mi esposo -agregó su madre acercándose otro paso.
Su tía se dio la vuelta para discutir con ella y Draco vio lo que su madre había echo.
- El se lo busco Narcis...
- ¡Ahora Molly! -frito Narcissa y su tía abrió los ojos intentando volverse pero fue muy tarde.
El hechizo de la señora Weasley le pego de lleno en el pecho antes de que Bella pudiera levantar su varita.
- Nunca... Volverás... A tocar... A nuestros hijos -chilló
Draco se encogió cuando el atronador grito de Voldemort resonó en la instancia. Se giró de con el tiempo justo para ver como los tres adultos eran arrojados por los aires. Tembló con miedo, era hora.
Antes de que siquiera pudiera completar ese pensamiento lo escucho. Draco se quedó petrificado en su lugar. Había enloquecido. Había muerto. Estaba soñando.
Cuando apareció de la nada, como un espejismo Draco se derrumbó. Los gritos exaltados y entusiastas llenaban la sala. Los gritos y aullidos asustados retumbaban contra las paredes del comedor. Dos frágiles manos le sujetaron los hombros abrazandolo por la espalda.
El aroma a lavanda llegó a su nariz pero Draco no podía pensar con claridad. Harry estaba parado, a unos metros de él, midiéndose con Voldemort. Pidiendo que nadie interviniera.
Draco sintió que su mundo se redujo a ese moreno de ojos verdes. Todo lo demás dejó de existir. Solo tenía ojos para él. Vivo. Está vivo. Su mente intentaba unir ese concepto a la realidad que sucedía frente a sus ojos pero le era imposible.
-... la varita de saúco le pertenecía a Draco Malfoy - dijo y Draco dio un respingo.
Su madre gimió asustada a su espalda y él miró incrédulo a Harry. Sintió los ojos de Voldemort posarse sobre él y levantó su varita dispuesto a defenderse.
Cuando las palabras ya me encargaré de Draco llegaron a sus oídos, una risa histérica escapó de su control. Vio a la distancia como el rostro de Harry se contraria en una mueca siniestra. Draco podía jurar que en ningún momento se dio cuenta que su bello discurso le había puesto una diana en la frente.
- Tu no te acercabas ni un centímetro a él Tom -masculló enseñándole los dientes.
Las cosas se precipitaron poco después y cuando el chorro de luz verde salió disparado en dirección de Harry, Draco cerró los y le suplicó al universo que su estúpido y arrogante discurso y la fé que tenía en Dumbledore no le fallaran.
Cuando el silencio llevaba reinando unos minutos fue un grito de Draco el que lo quebró. Un tirón desagradable en su abdomen, como el de la aparición, pero más fuerte y violento lo lanzó a través del comedor hasta estamparlo contra los brazos de Harry.
- ¿Asique soy de tu propiedad? -preguntó ladinamente
La primera carcajada honesta que soltaba en un año y claro que tenía que sacarsela él.
- Eres un idiota -respondió risueño cuando Harry lo sujeto de la nuca y acercó sus bocas.
- Cruciastes a Voldemort, Draco -podía escuchar el reproche y el miedo entremezclados.
- Fuiste a ese bosque a morir -retrucó alzando la cabeza hasta poder rozar sus labios.
- Supongo que tenemos lo que merecemos -susurró mordiendo la boca de Draco y él gimió sujetando su pelo con fuerza.
Harry jadeo y Draco se tuvo que recordar donde estaban. Con un esfuerzo inmenso puso distancia entre ellos y al siguiente segundo mil manos intentaban llegar a Harry.
Lo sintió tensarse pero cuando vio que eran sus amigos sin soltarlo la mano festejo. Un desfile haitianos de personas llegó poco después. Nadie lo saludo, nadie comentó nada sobre lo primero que hizo Harry después de ganar. Nadie preguntó que lo impulsó a atacar a Voldemort.
Después de lo que pareció una eternidad su madre se acercó hasta donde estaba él. Una bruja muy parecida a tu tía Bellatrix la acompañaba.
- Tía Andrómeda -murmuró inclinando la cabeza.
- Draco -su tía se inclinó dio le dio un beso en la frente.
Su madre los estudió a los dos y fue su tía la que respondió las preguntas que su madre no formuló.
- Draco me busco poco después de la muerte de Dumbledore. Nos ayudamos mutuamente.
- Exageras tía -respondió complacido- Tu me ayudaba, yo hacía lo que podía.
- Tu preparaba la poción que mi yerno necesitaba Draco, eso no es poca cosa. -Lo corrigió como siempre que Draco infravalorar la ayuda que brindó.
Lo cierto es que era por Harry que lo había hecho. Nunca se lo había comentado, pero como casi todo lo que parecía altruista de su parte, eran en realidad medidas para hacerlo feliz a él.
- Voy a buscar a tu padre -dijo su madre tristemente.
- Deja que me encargue yo -Draco necesitaba ver a su padre.
- No es neces...
- Por favor, ya voy yo -su madre vio sobre su hombro y le dedicó una inclinación de cabeza.
Draco vio cómo su tía la sostenía y la ayudaba a marcharse apresuradamente. Esquivaban los cuerpos que seguían rodeandolos y el tipo de su mano.
Harry le devolvió el tirón empujándolo más cerca de él mientras que le dirigía una mirada traviesa. Draco entrecerró los ojos. Su temperamento empezaba a emerger. No era un jodido florero y era hora que Potter se diera cuenta.
De otro brusco tiró intentó zafarse, esta vez Harry sin soltarlo se precipitó sobre él. Las personas con las que había estado hablado, Kingsley y McGonagall, los estudiaron callados repentinamente.
- Auch -se quejó Harry masajeando su hombro. Draco meneo las pestañas con falso arrepentimiento
- ¿Te dolió?
- Un poco -dijo Harry con cuidado.
Draco sonrió satisfecho, eso estaba mejor. Potter no tenía que ser muy confiado.
- Voy a buscar a mi padre -Draco puso especial cuidado en hacerlo sonar como lo que era, un aviso, no una pregunta.
La risueña expresión en su cara se ensombreció pero solo asintió
- Vamos, te acompaño.
- No es necesario. -Lo atajó intentando soltarse.
No sabía porque pero había empezado a sentirse a la defensiva. Quería que Potter lo soltara. Siguió tirando de su mano y las miraba cada vez más desesperado al ver que no lograba separarlas.
- Draco -la dura voz lo obligó devolverle la vista a Harry- Vamos.
Harry se inclinó y le dio un beso. Aquello que se había agitado histérico en su interior se volvió a calamar. Le devolvió el beso sintiéndonos poco a poco su cordura se restableció y cuando se separó lo miro mucho las tranquilo.
- ¿Estás seguro? Juraría que en cualquier momento alguien saca una pluma y te pide un autógrafo. -La boca de Harry se abrió por la sorpresa- No querrás perdértelo.
Las personas que estaban más cerca de ellos se quedaron mudas de la impresión. Harry entrecerró los ojos mirándolo y antes de que alguien saltará a defenderlo, como Draco noto a leguas estaba por pasar, Harry empezó a reír a carcajadas.
Draco le sonrió de lado y negó con la cabeza, emprendiendo camino lejos de la multitud, seguido de cerca por un sonriente Harry.
- Te lo digo en serio -agregó empujando a los mirones que no se daban por enterados de que iban de salida- de un momento al otro va a llegar el profeta, yo diría que no te haría mal un arreglito. Vas a salir despeinado
Harry tiró de su brazo haciéndolo girar hasta volver a quedar cara a cara.
- ¿Tu crees? -Le preguntó con una media sonrisa
- Lo aseguró.
- ¿Sabes que llegó Rita hace más de media hora no?
- No -murmuró Draco mirando entre las personas a ver donde podía estar la maga.
- Si, y creo que tienes razón... -Harry lo miró fingiendo que meditaba sus palabras- No sé si una foto despeinada mía se lo que quiero que quede para la posteridad ¿me entiendes?
Draco se relamió internamente. Iba a ser tan divertido.
- Perfectamente oh gran Salvador, perdón, Ladrón de varitas.
- Tienes suerte de que te ame tanto -le dijo entre risas mientras volvía a unir sus bocas.
Pensando en la preciosa foto que iba a dejar enmarcada para la posteridad y en la fila de magos que tenían que saber que Harry era propiedad privada, Draco deslizó sus manos a lo largo de su espalda y las dejo descansar en su precioso culo. Harry gimió motivado y Draco susurró contra sus labios antes de profundizar el beso.
- Tú no sabes la suerte que tienes.
Fin.
