Skip Beat no me pertenece
Un pequeño capítulo extra, muchos meses después, para esas personitas que querían saber cómo inició todo.
Capítulo extra:
¿Por qué había ido ahí? Ya ni siquiera lo recordaba.
Después de la fiesta por el estreno de "El loto sagrado en el fango", llegó a su departamento para obligarlo a cenar. ¿No es así? No estaba segura.
Al principio todo era normal. Aunque para Ren no lo era.
-Ese vestido… ¿por qué le tuve que comprar ese vestido?- Costó horrores que lo aceptara y no es que estuviera escotado ni que no le quedara bien, al contrario, le quedaba como anillo al dedo, pero que su espalda estuviera totalmente descubierta no ayudaba en nada.
-¡Dios! ¡Qué espalda! ¡Parecía que no tenía fin!-
Ella estaba preparando algo para cenar en la encimera de la cocina, pero estando detrás de ella a una distancia prudente, podía tener una buena vista de esa espalda que pedía a gritos que la tocara.
-¿Se sentirá tan suave como parece?-
Realmente no lo pensó más.
Se acercó a esa nívea piel y le plantó un pequeño beso.
Kyoko tembló al sentir esos labios.
Él daba pequeños besos por toda la espalda.
Kyoko no tenía ni la menor idea de lo que sucedía.
Prefirió girar y ver a su sempai o se derretiría con sus besos.
-¿Tsuruga-san?-
Lamentablemente para Kyoko –o ni tanto- él ya no era el caballeroso Tsuruga Ren, era el emperador de la noche en total plenitud.
-Ese vestido…quiero quitártelo-le susurró con una voz ronca que Kyoko nunca le había escuchado.
Y así lo hizo.
El vestido se amarraba en el cuello, por lo que al desatarlo resbaló por todo su cuerpo hasta acabar en el suelo.
Kyoko no se podía mover. La había dejado en ropa interior en un minuto.
¿Qué ocurría? ¿Qué pasaba con su sempai? No lo sabía aún, pero eso parecía peligroso, muy peligroso. ¿Qué debía hacer? ¿Continuar o detenerse? ¿Cuál era la mejor opción para su corazón? Simplemente se dejó llevar.
-Hermosa-mencionó él, admirándola de pies a cabeza.
Pasó su mano por su espalda, disfrutando del contacto.
Subió su mano a su cuello y atrajo sus labios para unirlos con los de él.
-Ven-le dijo al dejar de besarla.
Tomó sus piernas e hizo que rodeara su cintura con ellas y la llevó a su habitación.
Caricias, besos, miradas y millones de sensaciones ocupaban ahora la habitación.
Ninguno de los dos sabía muy bien si lo que hacían era lo correcto. Pero se sentía correcto.
Ya pensarían después que excusa darían o en las consecuencias de sus actos.
Por ahora, solo disfrutarían de su primera vez juntos. De la primera vez, porque definitivamente no sería la última.
