Hola. Muchas gracias a quienes han leído el comienzo y se han quedado por más. Agradezco también el apoyo y los comentarios :) No tienen idea de lo feliz que me hizo verlos. Así que sin más demora, aquí está el segundo capítulo :D

Quedo atenta a sus opiniones ;)

Pd:

- cota: gracias por tu comentario ^-^ Va a haber mucha interacción tía-sobrino a lo largo de la trama, por alguna razón se me ocurrió que esos dos podrían haber tenido gran potencial de equipo, jaja.

- jkto: gracias por la bienvenida :) y tranqui, no tengo pensada ninguna traición ni infidelidad, la historia va por otro lado XD


- ¿Por qué brindamos? -preguntó Emma, cuando las dos se habían acomodado en el estudio de Regina con una copa de vino para relajarse después de un día tan ajetreado.

- No lo sé. Dímelo tú. -sonrió Regina, burlándose del tono carmesí que adquirieron las mejillas de la rubia. - ¡Por ti, por supuesto! Porque al fin obtuviste tu final feliz. -culminó, levantando su copa. Pero Emma negó con la cabeza esbozando una sonrisa incrédula mientras detenía la copa de la morena.

- ¿Por qué ustedes los personajes de cuento siempre hacen eso? ¿"Final Feliz"? ¿En serio? Son tan absolutos, odio eso. En este mundo no hay tal cosa.

- Bueno, entonces brindemos por tu futuro divorcio, ¿contenta?

- Mejor brindemos por que tu humor tan especial no se acabe nunca.

- No te preocupes, querida. Tengo un arsenal.

- Pues brindo por ello. -ambas rieron y por fin chocaron sus copas, degustando el contenido.

- Dime que al menos maravilla sin mano fue romántico. -Emma asintió.

- Lo fue. Me preparó el desayuno.

- Original. -dijo Regina abriendo los ojos sarcásticamente.

- Estaba muy nervioso, tanto que incluso se le cayó el anillo, pero luego dijo cosas… soy importante para él. No estoy acostumbrada a ser tan importante.

- Eres importante, Emma.

- Sabes a lo que me refiero. Con mi pasado… sigue siendo difícil.

Regina comprendía. Ella misma se sentía insegura de merecer afecto gran parte del tiempo, sin importar cuántas personas trataran de demostrarle lo contrario. Sus historias, la suya y la de Emma, eran más parecidas de lo que quisieran admitir.

- Al menos su papel de cachorro enfermo de amor tiene alguna utilidad.

- Nunca te agradará, ¿verdad?

- No.

- No es tan malo. -Emma se encogió de hombros sin inmutarse.

- Claramente tienes que pensar eso o sería una estupidez tenerlo viviendo en tu casa. -Emma asintió pensando que era lógico. -Para ser honesta, eres demasiado buena para Garfio.

- Y esto demuestra cuánto ha avanzado nuestra relación. ¿No te enorgullece? -se burló la Salvadora. Pero tenía razón, hace unos años Regina no hubiera apostado un centavo por ella.

- Idiota. -sonrió Regina por lo bajo.

- Da igual, me amas. ¿Me complacerás hoy?

- Osadía la tuya al demandar tal cosa de una reina.

- ¡Hey! Que yo también soy de la realeza.

- ¿Y en qué desea que la complazca esta noche, princesa?

- ¿Película, cerveza y toneladas de comida chatarra? -pidió tímidamente. Cualquier otra noche Regina se hubiera negado rotundamente sin dar derecho a réplica. Pero no era una noche cualquiera y Emma aprovecharía.

- Mis arterias se resienten de solo escucharlo. -sabía que al decir eso había firmado su sentencia, la rubia ya disfrutaba de su victoria - ¿Y supongo que la película la escogerás tú?

- Obviamente.

- Debe ser mi karma por no asesinarte cuando eras bebé. -puso los ojos en blanco dramáticamente y salió del estudio.

- Es una oportunidad que no se presenta dos veces. -dijo la chica con soltura, siguiendo los pasos de la alcaldesa.


Henry y Zelena llegaron puntuales al 108 de la calle Mifflin. Curiosamente la mansión tenía todas las luces apagadas, pero Regina ya debería haber llegado a casa hacía horas; la pelirroja tocó el timbre de todas formas al llegar a la entrada, pero nadie atendió así que Henry abrió con su llave.

- ¿Mamá? ¿Estás en casa? -exclamó el chico desde el recibidor mientras Zelena iba encendiendo las luces a su paso. De pronto se fijaron en una luz tenue que provenía de la sala de estar y se acercaron a investigar. Era extraño que Regina no contestara al llamado de su hijo.

- No puedo creerlo, ¿para esto me obligan a ser puntual? -murmuró Zelena, frustrada al distinguir la escena que se desarrollaba en la habitación a contraluz.

La alcaldesa y la sheriff estaban completamente dormidas. Regina se extendía a lo largo del sofá con los pies descalzos sobre las piernas de Emma mientras utilizaba el brazo del mueble como almohada. La rubia estaba un poco más incómoda, al parecer estuvo bien sentada hasta que quedó inconsciente, sus pies estaban bien puestos en el suelo, pero poco a poco se había ido deslizando hasta recostar su cabeza sobre los muslos de Regina. En tanto, a su alrededor se encontraban varias botellas de cerveza vacías, una copa -de Regina, seguramente -un bol de palomitas, envoltorios de caramelos y sobre la mesa de centro, un platón con migajas de algo indistinguible y dos cajas de pizza a medio comer. Zelena hizo una mueca, ¿Acaso tenían quince años? Henry, por su parte entrecerró los ojos, preguntándose si tendrían el descaro de seguirle prohibiendo ese tipo de comida después de esa noche. Pero eso no era lo más impactante.

- ¿Estaban haciendo un maratón de Netflix sin mí? -preguntó en voz alta al reconocer la cuenta de Emma en la pantalla de la televisión, recomendando rutinariamente nuevos programas para ver a continuación.

- Shst. -lo reprendió Zelena para que bajara la voz -Ya sabes lo que tienes que hacer. Aprovecha que duermen y apresúrate. -susurró, enfatizando con el movimiento de sus manos.

El chico asintió, se quitó los zapatos y corrió escaleras arriba para preparar sus cosas. Se quedaría con su tía esa noche. Ella había dicho que podía hacer algo, pero tenían que trabajar juntos para que resultara. Cogió rápidamente su pijama, una muda de ropa interior, su uniforme escolar y su cepillo de dientes; a último minuto pensó en llevarse uno de sus cómics también… para la causa, por supuesto. Lo metió todo a su mochila y volvió al primer piso, donde Zelena lo esperaba con cara de aburrimiento.

- ¿Estás listo?

- Afirmativo.

- Muy bien. Despiértalas. -Henry la miró inquisitivamente. Ella se encogió de hombros. -Se lo tomarán mejor si lo haces tú. -el chico asintió y se acercó a Regina.

- Mamá… -dijo mientras removía su hombro con suavidad.

- ¿Henry? -se incorporó automáticamente Regina, mirando hacia todos lados con el corazón desbocado hasta que pudo enfocar bien a su hijo.

- Estoy bien, mamá. -aseguró el chico con una sonrisa.

- Lo acompañé hasta aquí, porque no contestabas; y luego reparamos en que se debía a esta pequeña pijamada. -agregó Zelena, haciendo notar su presencia.

- Oh, sí. Estábamos festejando el compromiso de Emma, pero creo que nos rendimos a medio camino. -dijo antes de bostezar - ¿Qué hora es?

- Apenas pasan de las 10. -Regina hizo un movimiento con su mano y la estancia se iluminó.

- Pero es día de escuela. Tú tendrías que estar preparándote para ir a la cama, jovencito.

- En realidad… quería pedirles permiso para quedarme con la tía Zelena esta noche. -Regina volteó hacia su hermana con la sorpresa escrita en el rostro.

- Al parecer tu hijo piensa que no sé suficiente acerca del Maestro Yedi.

- Yoda. -corrigió el chico -Y no sabe nada de Star Wars. ¿Puedes creerlo? -corroboró como si fuese una locura.

- De algún modo me lo puedo imaginar. -asintió Regina divertida, dudando que en Oz hicieran cátedra sobre la saga. -Igualmente sigue habiendo escuela mañana.

- Lo sé, pero no me dormiré tan tarde. Lo prometo.

- Y yo lo llevaré a la escuela a tiempo, si eso te preocupa. -se comprometió Zelena.

- No lo sé. Si es así por mí no hay inconveniente, pero tenemos que conocer la opinión de tu madre primero. -bajó la mirada hacia la mujer, que ni se había inmutado con la luz y toda la charla.

- Emma, querida. Despierta. -la rubia únicamente gruñó y escondió todavía más el rostro en su pierna -Señorita Swan…

- Mm… Gina ya terminé el informe. Déjame dormir.

- ¡Swan, despierta de una vez!

- ¿Eh?… ¿Qué…? ¡Auch! -Emma se levantó de golpe, recibiendo una punzada en la cintura, debido a la posición en la que estaba durmiendo. - ¿Cuál es la emergencia? -preguntó algo molesta, antes de reparar en los otros dos -Hey… hola Zelena, hola chico. ¿Qué tal su tarde?

- Estuvo bien. Descubrimos que teníamos cosas en común.

- ¿En serio? -preguntó Emma alternando la mirada entre todos. Sin intención de ofender a nadie, era difícil de creer.

- Sí, así que quería pasar la noche en su casa para introducirla al universo de Star Wars.

- Wow, chico, ¿no crees que sería mucha información de golpe?

- Creo que podré seguirle. -intervino Zelena con una sonrisa soberbia.

- No sé, prácticamente no te he visto en todo el día, ¿y ahora tampoco en la noche? No creo que seas lo suficientemente mayor para perderte de casa por tantas horas.

- No exageres, Emma. Además, ustedes se las estaban arreglando perfectamente bien sin mí hasta hace un momento. -Emma bajó la cabeza ligeramente avergonzada, mas, no arrepentida. A veces le hacía falta un tiempo entre chicas. -Eh, tranquila, no les estoy reprochando, solo digo que no quisiera arruinar su diversión esta noche y que yo tengo mi propio panorama.

- Yo… ¿Regina?

- Yo estuve de acuerdo. -Emma se echó hacia atrás y la miró con los ojos como platos - ¿Es tan difícil de creer?

- Es que generalmente es a ti a quien hay que pasar horas convenciendo.

- Y cada minuto es precioso en este instante. ¡Vamos! La noche es joven, aprovechen de divertirse y relajarse. No celebras un compromiso todos los días, Swan. -insistió Zelena.

- Bueno… no.

- Y a diferencia de ustedes, nosotros sí tenemos limitación temporal, así que agradecería si tu cerebro funcionara más rápido.

- Sí, sí, vayan. Henry, te amo. Zelena, gracias por acogerlo. Y Regina, ¿me pasas un trozo de pizza?

- Tienes manos, cógelo tú.

- Pero necesito recuperar energía…

Regina estaba lista para replicar, pero antes de que pudiera hacerlo, Zelena rodó los ojos previendo el espiral interminable de argumentos entre ambas y movió su mano, transportando toda la caja a manos de Emma.

- Muy bien, si nadie tiene nada más que añadir, nosotros nos vamos. -dijo, poniendo sus manos sobre los hombros de Henry. Él se adelantó para abrazar a Regina.

- Hasta mañana, mamá.

- Buenas noches, cariño. -se aferró a su hijo con fuerza. -Pásalo bien.

- Ustedes igual. -sonrió el chico. Mientras tanto Emma aprovechó para revolverle el cabello.

- Te recogeré mañana después de la escuela.

- Ok. -Henry la abrazó a ella también y luego se unió a Zelena.


Cuando por fin salieron de la mansión y se aseguraron de que nadie los escuchaba, Zelena se descargó.

- ¡Ustedes tardan siglos en despedirse!

- No es culpa mía, mis mamás son así. -se defendió el chico - ¿Y ahora qué hacemos? -la bruja sonrió.

- Ahora comenzamos nuestra operación. -movió su mano y una nube de humo verde los envolvió, transportándolos a casa de Zelena en un segundo.

- Genial… -murmuró Henry. Sus madres casi nunca usaban magia con él. Incluso Regina prefería la manera convencional por hábito.

Zelena se adelantó y pasó una mano frente a un espejo que estaba colgado en la pared. Una especie de onda luminosa se reflejó y luego desapareció. Henry la miró con curiosidad.

- Bien. Está listo, ahora necesito tus conocimientos de logística. ¿Qué lugares claves de tu casa tienen espejos?

- ¿Vamos a espiarlas?

- ¿De qué otra forma se te ocurre que vamos a comprobar que hay algo más entre ellas? Tenemos que ver cómo interactúan en privado.

- Lo sé, pero… ¿eso no es ilegal?

- ¿Y quién nos va a delatar? -rio Zelena.

- Es solo que no me siento del todo cómodo haciéndolo así. -la pelirroja resopló.

- Escucha. Podemos seguir adelante o dejarlo hasta aquí, tú decides. Pero tampoco es que fuésemos a ver cada detalle. No me interesa ver cómo mi hermana se cepilla los dientes. Solo lo que necesitemos ver. -Henry sopesó la idea y finalmente asintió.

- Está bien. -Zelena sonrió -Hay un espejo en la entrada, en la sala donde estuvimos, en el segundo piso junto a la escalera, está el del tocador de la habitación de mamá y…

- Eso es suficiente por ahora. -Zelena se concentró, miró fijamente al espejo e hizo una seña, y como si fuese una cámara en movimiento, las imágenes se sucedieron por todos los lugares que había mencionado Henry. -Más vale que hagan algo interesante.


De vuelta en la mansión, las dos mujeres seguían sentadas en el sofá, mientras Emma mordisqueaba los bordes de un trozo de pizza, Regina solo la observaba.

- Eres repugnante. -dijo Regina, medio en broma, medio en serio, viendo que Emma se chupaba los dedos en vez de usar una servilleta.

- Tú no sabes disfrutar de la comida. -se estiró y volteó hacia Regina perezosamente. La mujer la miraba con la cabeza ligeramente ladeada y el ceño fruncido. Emma se rió de su confusión -Por favor, ¿Quién se come una pizza con tenedor y cuchillo?

- ¿Alguien con modales?

- A veces ensuciarse es parte de la experiencia, Majestad.

- Si tú lo dices… -Regina se encogió de hombros. - ¿Qué quieres hacer ahora? -se incorporó tratando de espabilar.

Lo haría por Emma, quería ser una buena amiga para ella, aunque rastrear a la reina por el bosque toda la tarde había sido agotador. En tanto, la Salvadora trataba de pensar en algo divertido, pero ¿a quién engañaba? Solo se le ocurría una cosa.

- ¿Dormir?

- ¿En serio? -sonrió Regina, secretamente aliviada de no tener que conducir hasta Boston o algo parecido.

- No sé tú, pero yo me muero de sueño. -admitió Emma, restregándose los ojos.

- Sí, yo también. Subamos. -asintió, apagando la televisión mientras se ponía de pie.

Y así lo hicieron. Regina guiando el camino, y Emma arrastrando los pies, llegaron arriba. La alcaldesa se detuvo en la puerta de su habitación y se giró para darle las buenas noches a Emma, quien la ignoró completamente y pasó por delante de ella, adentrándose en el cuarto oscuro.

- Pero ¿Qué haces? Sabes perfectamente que tu habitación está dos puertas más allá. -exclamó irritada. Emma volteó a mirarla un segundo, arqueando una ceja y acto seguido apartó las mantas con la clara intención de meterse a la cama.

- Está demasiado lejos y ya estoy aquí. -dijo mientras se quitaba la chaqueta. Regina bufó.

- Bien, pero si no te quitas los zapatos antes de tocar mis sábanas juro que incineraré esa horrible chaqueta mientras duermes. -la apuntó con un dedo para hacerle ver que hablaba en serio, antes de meterse al baño.

- ¡No te atrevas! -exclamó Emma horrorizada.

- ¡Tú no te atrevas!


- Son tan aburridas como un documental de tortugas. -murmuró Zelena, sin saber qué se esperaba realmente. Aunque estaba algo sorprendida de la confianza que se tomaba Emma y las concesiones que Regina tenía con ella. -Y dime, Henry. ¿Emma se queda a dormir muy a menudo? -el chico se encogió de hombros.

- A veces. La mayoría del tiempo se queda en la habitación de invitados, pero la he visto saliendo de la habitación de mamá por la mañana más de una vez. Sucede cuando se quedan hablando hasta tarde.

- ¿Y eso nunca te causó curiosidad?

- Solo las primeras veces, después me acostumbré. Comenzó una noche que tuve fiebre, poco después de que volvimos de Neverland. Al principio mamá no estaba muy de acuerdo, pero yo pedí que Emma se quedara, así que aceptó. Ambas durmieron en mi cuarto esa noche. Desde ahí empezaron a llevarse mejor poco a poco, acordaron horarios de custodia, cenas semanales y todo funcionó tan bien que sin darnos cuenta estábamos los tres acampando en el jardín. -sonrió al recordarlo. -Aunque creo que fue en Camelot donde por fin aceptaron que eran amigas, porque desde entonces... Emma se quedó mucho más.

- ¿Cómo es que yo no sabía todo eso?

- Supongo que estabas muy ocupada peleando con todos.

- Cierto.

- Además, Emma ya no pasa en casa tanto como antes… ya sabes, desde que se mudó del apartamento de mis abuelos y le pidió a Hook que viviera con ella. Ahora tengo mi propia habitación en las dos casas, así que…

- Ya no tienen excusa. -completó Zelena. Henry asintió.

- Son muy orgullosas. -quedaron inmersos en sus pensamientos por lo que pareció largo tiempo, recordando diferentes momentos y atando cabos sueltos, hasta que Zelena detectó movimiento en el cristal.

- Mira, algo pasa. -ambos se volvieron hacia el espejo.


Regina salió del baño, desmaquillada y con el camisón puesto, lista para dormir, hasta que se percató de que Emma estaba abrazada a su almohada.

- Estás en mi lado de la cama. -dijo secamente.

- ¿No podemos compartir? -replicó Emma sin hacer amago de moverse.

- Por todo el tiempo que me conoces ya deberías saber que yo no comparto, querida. -un movimiento de muñeca después, y Emma se encontró a sí misma haciendo equilibrio para no caer por el borde opuesto de la cama.

- Claro que si lo pones así... -se reacomodó en su lado, alejándose de la orilla, y frotando su rostro contra la delicada textura de las sábanas para compensar la displacentera pérdida del calor que había estado reuniendo en el lado de Regina; aunque, como si le hubiese leído la mente, segundos después, Regina concentró su energía para extender la calidez hacia toda la cama, y una vez que oyó a Emma emitir una especie de ronroneo, esbozó una pequeña sonrisa y finalmente se recostó, dándole la espalda a la sheriff. - Buenas noches, Gina. -escuchó por lo bajo.

- Buenas noches, Emma.