Hola! Aquí vengo de vuelta con el tercer capítulo. Un millón de gracias a las personas que se toman el tiempo de leer esta historia, en especial a las que además me permiten saber lo que les gusta y/o lo que se podría mejorar. Realmente lo aprecio porque enriquecen la experiencia y me dan ganas de seguir escribiendo.

Espero que lo disfruten :)


Cuando Emma despertó, solo su cabello asomaba entre las sábanas, Dios, cómo amaba esa cama. Se estiró perezosamente, con los ojos todavía cerrados, cuando oyó abrirse la puerta del baño, dando paso a la reina envuelta en una nube de vapor y en su inmaculada bata blanca, tan ocupada secándose el cabello que no se daba cuenta de que era capaz de hacer una entrada espectacular sin siquiera usar magia. Emma sonrió.

- ¿No vuelves a la cama? -Preguntó palmeando el espacio vacío a su lado. Regina le sonrió de vuelta al notar que ya había despertado. Pero negó con la cabeza antes de dirigirse a su tocador para comenzar a arreglarse.

- Algunas personas en este pueblo tenemos trabajos más complicados que perseguir a un perro doméstico.

- ¡Hey! Hago mucho más que eso y lo sabes.

- Qué bueno que lo menciones, querida. Teniendo eso en cuenta será mejor que te levantes. Y debemos que limpiar el desastre de abajo antes de salir. -Emma resopló, lanzó las mantas hacia atrás, y cerró los ojos, replegando los dedos durante unos segundos. Regina alzó una ceja.

- Todo arreglado abajo. Ahora tienes tiempo para volver a la cama, todavía es temprano.

- Apuesto a que ni siquiera has visto la hora.

- Si fuese tarde no me estarías pidiendo que me levantara con tanta gentileza. -insistió, aunque ya sabía que era un caso perdido. Regina nunca volvía a la cama. Pero seguía siendo divertido tratar.

- Tú puedes hacer lo que quieras, pero después no te quejes si se te acumula el trabajo en la estación. -la rubia levantó las manos en señal de rendición.

- Tú ganas, ¿desayunamos en Granny's?

- Si te apresuras, seguro. ¿Por qué no?

- ¿Me prestas ropa? -pidió al llegar a la puerta del baño.

- Transporta algo de la tuya, ya te enseñé cómo hacerlo.

- Como quieras, pero si mi armario completo aterriza en tu piso de mármol no digas que no te lo advertí.

- Fuiste el maldito espectro, no creas que lo he olvidado, así que no puedes embaucarme con ese cuento de principiante solo porque quieres usar mi ropa.

- No sé de qué estás hablando. -replicó Emma antes de cerrar la puerta apresuradamente.

- ¡Eso, huye! -rió Regina, recordando aquella camisa que nunca le devolvió.


Zelena tenía mala cara. Cuando le dijo al niño que necesitaban una coartada no se imaginó que realmente la obligaría a memorizar toda la historia de la Guerra de las Galaxias en una noche. Ahora le dolía la cabeza, porque además, Robbie había despertado apenas él cayó dormido. Se preguntaba por enésima vez en qué se había metido cuando Ruby llegó con sus pedidos a la mesa.

- Tal vez deberíamos incluirla. -comentó Henry en voz baja cuando la joven camarera se alejó.

- Olvídalo. -Zelena se negó rotundamente.

- Pero si tuviéramos agentes en terreno…

- Tienes ingenio y sabes manejar a esas dos, y yo tengo poderes, no necesitamos nada más, especialmente no a la novia de Dorothy metiendo su nariz en nuestros asuntos familiares.

- ¡Oigan, la novia de Dorothy les recuerda que tiene super-audición de lobo! Así que si no quieren que me entere de nada no lo discutan aquí.

- Genial… -suspiró Zelena, poniendo los ojos en blanco; causando que Ruby frunciera el ceño y se acercara intrigada.

- Ok, ¿Qué está pasando?

- Es en serio, Henry. No trabajaré con ella. Así que tendrás que elegir, su ayuda o la mía.

- ¿Qué? Pero yo… -la campanilla de la puerta de entrada tintineó, y en un parpadeo el desayuno de Henry desapareció. El chico entrecerró los ojos, haciéndole un reclamo silencioso a su tía, que solo se encogió de hombros en respuesta.

- Vi eso, Zelena. Devuélvele su comida. Lo dejaremos pasar por esta vez. -dijo Regina, caminando hacia la mesa. Emma, que caminaba un poco más atrás levantó los pulgares hacia su hijo, que esbozó una pequeña sonrisa, negando con la cabeza, para después centrarse de lleno en su batido de chocolate recién recuperado.

Ruby se largó a reír al presenciar toda la escena.

- Eres demasiado consentido, Henry.

- No lo hacen por eso, saben que me lo deben. -Emma y Regina desviaron la mirada, haciéndose las desentendidas.

- Lo digo por cómo te tratamos todos aquí. Si lo pienso, fuiste nuestro único niño real durante 10 años, de hecho. Pero pareciera que de un tiempo acá Storybrooke se está llenando de bebés. Y puede que dentro de poco tengamos a otro pequeño bribón que malcriar, ¿no, Emma? -sonrió, moviendo las cejas pícaramente. Nieves ya la había llamado para contarle sobre el compromiso, obviamente. Pero al final, la respuesta de Emma la descolocó por completo.

- Todo puede ser, siempre que lo lleve Regina yo me apunto.

- ¿Regina? Pero yo quería decir…

- Un momento, ¿Por qué yo? -interrumpió Regina.

- Porque aquí yo soy la única que tiene estrías por nuestro hijo. No es justo. -respondió Emma como si fuera evidente.

- Henry tiene 14 años y tú te ejercitas a diario. Ya no tienes estrías.

- Pero hablando en serio, a ti te encantan los niños. Así que supongo que siempre he pensado que si Henry quisiera un hermanito nosotras podríamos… ¿Por qué me miran así? -cuando miró a su alrededor, Henry tenía las cejas alzadas por la sorpresa, Ruby tenía la boca abierta y a Zelena le brillaban los ojos de una manera bastante perturbadora. ¿Qué estaba pasando?

- Oh, verás, creo que todos aquí estamos de acuerdo en que mi hermana y tú harían bebés preciosos juntas, sheriff, pero si no me equivoco, la señorita Lucas se refería a los frutos de tu futura unión con el pirata. -de pronto Emma se quedó muda, y Regina, sin poder ocultar el rubor en sus mejillas pareció encontrar que sus manos eran lo más interesante del mundo para fijar su mirada.

- Sí, lo que ella dijo. -asintió Ruby con una sonrisa divertida.

- Ah…

- Felicidades, por cierto.

- Gracias.

- Así que…

- ¿Un hijo con Hook? La verdad nunca lo había pensado. Probablemente tengas que esperar un tiempo para ver eso, Rubs.

- Bueno, aún soy joven, así que no hay presión. -dijo la loba, guiñando un ojo -Empiezan a llegar más clientes así que no puedo seguir charlando o mi abuela vendrá a la carga. ¿Quieren ordenar?

- Café negro y una ensalada de frutas para mí. -dijo Regina.

- Ok, anotado. ¿Y tú, Emma?

- Yo quiero lo mismo que el niño.

- Batido de chocolate y patatas. Enseguida vuelvo. -se despidió la camarera.

El resto del desayuno transcurrió de manera bastante amena. La sheriff y la alcaldesa parecían fascinadas por lo que fuera que les contara su hijo, aunque su emoción decreció un poco cuando él les propuso tomar unas mini vacaciones fuera de la ciudad -usando artimañas con las que sabía que ellas no serían capaces de negarle nada-, no porque no les gustara la idea, sino porque, como siempre, en ese momento su ausencia sería muy arriesgada para la ciudad, les apenaba tener que decirle que arreglarían algo, pero con fecha indefinida; minutos después, para bajar el perfil, aprovecharon de burlarse un poco de las bolsas bajo los ojos de Zelena, hasta que la pelirroja las amenazó con sacar su varita como siguieran adelante con sus comentarios mordaces. Entonces, a Emma se le ocurrió la brillante idea de robar un trozo de fruta del plato de Regina, y como por arte de magia, comenzó una nueva discusión.

- ¿Cuántas veces te he dicho que no metas tus manos a mi comida?

- Oh, vamos Gina. Es solo un trocito, no lo echarás en falta.

- Ese no es el punto.

- Eh, mamá. ¿Y si la compensas con nuestra mezcla?

- ¡Oh! Buena idea, chico. Permítame reparar mi agravio, su majestad.

- ¿De qué mezcla están hablando? -Preguntó Regina con cautela. Entonces Emma tomó una de sus patatas y la sumergió hasta la mitad en su batido, asegurándose de coger algo de crema también.

- Aquí tienes. Pruébala, te gustará.

- No hablas en serio. Es asqueroso hasta para ti. ¿Y le enseñaste a mi hijo a hacer eso también?

- Nuestro hijo. Y dale una oportunidad, vamos.

- No.

- No es tan malo como se ve, mamá.

- ¿Por qué me haces esto? ¡Yo cambié tus pañales!

- ¡Mamá, decir eso no era necesario! -se quejó el adolescente, mirando hacia todos lados por si alguien había escuchado.

- Bien. Pero-

- Pero nada. Come y luego nos castigas como quieras. -Emma extendió su mano con la patata chorreante, y Zelena hizo una mueca de asco, sin poderse creer que Regina lo haría realmente. La morena cerró los ojos y se acercó lentamente hasta que tomó valor, dio un mordisco breve y se hizo hacia atrás masticando lo más rápido que pudo en un comienzo, pero luego abrió los ojos y se tomó su tiempo para saborear.

- En realidad, la mezcla tiene un toque interesante. -admitió, tomando otra papa del plato de Emma y sumergiéndola ella misma en el chocolate.

- ¡Lo hizo! -exclamaron Emma y Henry chocando cinco. Zelena puso la mano en su frente y negó con la cabeza.

- No puedo creer que estoy emparentada con ustedes.

- Ya te acostumbrarás. -desestimó Regina, limpiándose con su servilleta antes de mirar la hora. -Se me está haciendo tarde para una reunión, así que me temo que tendré que dejarlos. -dijo haciendo ademán de levantarse.

- Espera, yo te traje. Te dejaré en el ayuntamiento.

- Como quieras. -dijo Regina, encogiéndose de hombros.


Después de las despedidas respectivas, Zelena y Henry volvieron a quedarse solos.

- ¿Todavía te queda alguna duda? -preguntó Zelena en voz baja. Sirviéndose un poco más de té.

- Nunca supe que un hermanito era una opción. Se los hubiera pedido desde hace años. -se rió Henry.

- ¿Así que de eso se trata? ¿Las están espiando? ¿Para qué? -Ruby apareció de la nada, sigilosa como ella sola; provocando que Zelena considerara asesinarla una vez más.

- Métete en tus asuntos, Wolfie.

- Hey. No puedes decirme así. No es un apodo de uso público. Y sinceramente no entiendo cuál es tu aversión hacia mí, Zelena. Me ayudaste a reunirme con Dorothy, después de todo. -ante la mención de ese recuerdo -un claro momento de debilidad -Zelena hirvió de rabia.

- ¿No tienes otras cosas que hacer más que fastidiarme? ¿Sabes qué? No importa. Niño, toma tus cosas. Hora de ir a la escuela. -El chico la quedó mirando con ganas de preguntar varias cosas, pero sin estar seguro de cómo abordarlas. -¡Henry! -ante ese tono el aludido se levantó rápidamente, poniéndose la mochila al hombro, pero Ruby los detuvo.

- Esperen, no me han contestado. ¿Qué se traen entre manos? Tal vez les pueda ser útil.

- Alguien aquí parece tener muchas ganas de convertirse en un mono volador, ¿no es así? -gruñó la bruja.

- Ni siquiera lo intentes. -se oyó el tono amenazante desde la entrada.

- Lo que faltaba para coronar mi mañana. Perfecto… -murmuró Zelena, mirando de reojo a Dorothy, que caminó hasta interponerse entre la bruja y su novia.

- Kansas, no pasa nada. En serio.

- A mí no me pareció así. ¿Qué demonios te pasa ahora, Zelena? ¿Qué quieres esta vez?

- De ti nada. Solo busco que tu noviecita nos deje en paz a mi sobrino y a mí.

- ¿Ruby? -preguntó Dorothy extrañada. Ruby miró hacia Zelena y Henry y supo que por el bien de todos no era conveniente decir nada. Ni siquiera a su novia.

- No es nada. Zelena tiene razón, me entrometí en algo que no debía. -la pelirroja suspiró, dando por terminado el espectáculo. O eso creyó.

- No. Esperen. Realmente creo que ustedes deberían hablar. -dijo Henry.

- Creí que seríamos un equipo, niño. Tú y yo. -dijo Zelena, algo dolida, aunque no lo pretendía. Empezó a desaparecer en una nube de humo verde, pero el adolescente se las ingenió para mantenerla en su sitio.

- ¡Tía Zelena, ya basta! El problema aquí no es nuestra operación, sino tus conflictos con ellas. Sé una adulta y resuélvelos antes de que todo se siga torciendo. -Zelena se hizo un paso atrás ante la contundencia de sus palabras.

- Tú no conoces toda la historia. No puedes entender. -entonces a Dorothy se le vino una idea a la cabeza. ¿Acaso podría ser?

- En esta ciudad he oído que Zelena ha estado haciendo el bien desde hace un tiempo. ¿Es cierto? -Ruby asintió.

- Es verdad, lo hace. Ahora es una heroína. -dijo Henry con convicción. Dorothy rió incrédula.

- Realmente me cuesta creer algo así. Pero suponiendo que fuese verdad, y que ayudaste a Ruby a llegar hasta mí sin un motivo oculto, solo se me ocurre un problema no resuelto entre nosotras. -Ruby las miró a ambas, alerta.

- Sea lo que sea que estés pensando, guárdatelo para ti, campesina. -escupió Zelena con desdén, apretando los puños con fuerza. ¿Por qué tenía que pasar por esto?

- Por supuesto que es eso. -sonrió burlonamente -Me lo acabas de confirmar. Es por ella, ¿verdad? Es por…

- Más vale que tus sucios labios no mencionen su nombre o te juro que lo que te hice en Oz no será nada comparado con el tormento que te haré pasar aquí.

- Disculpen, pero ¿acaso me estoy perdiendo de algo? -intervino Ruby, preguntándose si debía empezar a preocuparse- ¿Quién es "ella"? ¿Qué historia es esta? -Zelena miró a Dorothy en advertencia. Pero la chica parecía decidida a cabrearla sin importar las consecuencias.

- ¿Por qué no puedo decir su nombre, Zelena? Fuiste tú quien la envió lejos.

- Nunca lo hubiera hecho si tú no hubieras aparecido para arruinarlo todo. -un destello de ira cruzó los ojos de Dorothy.

- Piensa lo que quieras. Es lo que siempre haces de todos modos. Y su nombre es Glinda, la bruja buena del sur. -culminó mirando a Ruby.

- Definitivamente eres temeraria o completamente estúpida. Bien, al final me acabarás haciendo un favor. Torturarte siempre ha sido después de todo uno de mis mayores placeres. -podría decirse que Zelena hablaba mucho, que era pura palabrería, pero Henry comenzó a sentirse inseguro cuando el cielo se oscureció y los rayos, truenos y relámpagos atravesaron las gruesas capas de nubes, resonando en las paredes. Ok, lección aprendida, quizá existan temas que simplemente deban quedarse como están.

- Tía Zelena, no quieres esto. Tenemos una misión, ¿recuerdas? -Henry la agarró del brazo para hacerla entrar en razón, pero ella no lo miraba, solo tenía ojos para la mocosa entrometida que tenía en frente. – Y-y Robbie… ella se asustará con los truenos.

- ¿Robbie? -el nombre de su hija hizo clic en su cabeza y segundos después el cielo volvió a despejarse como si nada hubiera pasado. -Será mejor que salgamos de aquí. -susurró. -Me disculpo por los inconvenientes, anciana Lucas. -se despidió de la abuela que desde lejos la apuntaba con su ballesta, y tomó la mano de Henry para desaparecer en una nube de humo y reaparecer en la entrada de la escuela.

- Lo siento… -dijo Henry después de unos minutos de silencio incómodo -No creí que todo acabaría así. -Zelena le dirigió una mirada severa, pero de a poco se fue ablandando.

- No es tu culpa, no puede acabar de otra manera, no si esa mosca muerta insiste en meter el dedo en la llaga. Sabía que tarde o temprano pasaría, por eso he procurado evitarla… y a Ruby, por extensión. -Henry sabía que a Zelena en el fondo le agradaba Ruby.

- Glinda es importante para ti, ¿verdad?

- Era mi mejor amiga. Fue la primera persona que me hizo sentir parte de algo. Pero se acabó, y no quiero hablar de eso. -el chico asintió.

- ¿Puedes creer que mamá realmente lo hizo? -bromeó para romper el hielo. Zelena soltó una carcajada.

- Mi pobre hermana. Está perdida, ¿verdad? -Henry se encogió de hombros.

- No nos dicen "Encantadores" por nada.

- Oh, calla. ¿Y no crees que presionaste un poco con lo del viaje? Habíamos quedado en empezar de a poco con un día de campo, pero ¿Nueva York? ¿En serio?

- Lo importante es que ahora la idea ronda por sus mentes. A último minuto me di cuenta de que en un simple paseo podrían intervenir muchas personas… como mis abuelos, y Hook.

- Tienes razón. No podemos tener eso… ¿Y si mejor las enviamos a Las Vegas? Seguro que se acaban casando en menos de un día y misión cumplida. -propuso, moviendo las cejas, Henry solo se rió. Ojalá fuera así de fácil.


Emma volvió a casa temprano. Fue un día tranquilo en la estación y ningún villano se pronunció. Le recordó a su primer año en la ciudad. Estaba colgando su chaqueta en el armario cuando sintió unos fuertes brazos aprisionarla por la espalda.

- Déjame adivinar. ¿Me extrañaste? -preguntó sonriendo, y dejándose guiar a la habitación. Killian asintió y depositó un beso en su cuello.

- Una noche sin ti es una vida entera, amor. -murmuró con la voz ronca mientras aspiraba su aroma.

- ¿Qué hiciste anoche? Por cierto.

- Contar fantásticas historias sobre mis aventuras a oídos dispuestos a bordo del Jolly Roger.

- ¿Oídos dispuestos? ¿Cuánto ron hubo de por medio? -bromeó. El pirata se vengó haciéndole cosquillas sin dejar de caminar.

- Hubo un poco para amenizar el ambiente, no lo niego. ¿Y qué tal estuvo tu noche con su majestad?

- Tranquila. Nos dormimos temprano.

- Aaww. ¡Pero qué chicas tan buenas! -fue su momento de reír. Emma le pegó un codazo.

Killian se alejó y permitió que Emma se diera la vuelta para enfrentarse con él. Ya habían llegado a la habitación.

- Festejar nuestro compromiso con amigos estuvo bien. Pero ¿Qué dices si hacemos una celebración privada ahora, Swan? ¿Eh, eh? -propuso, sonriendo de lado mientras arqueaba una ceja.

- ¡Dios! ¿Cómo es que ya estamos comprometidos y todo lo que dices sigue sonando tan vicioso? -aunque pensándolo bien no era lo que decía, sino cómo lo hacía, pero da igual.

- ¿Eso es un sí? -coqueteó el capitán en voz baja. Antes de que continuara, Emma lo cortó con un beso voraz, tirándolo del cuello de la camisa y empujándolo con ella hacia la cama.


Una hora después, Killian dormía profundamente, con una sonrisa en los labios y los brazos extendidos, ocupando casi toda la cama. Emma estaba sentada en el borde, envuelta en una sábana. Le costaba conciliar el sueño con tantas cosas en la cabeza; contemplaba su mano, pensando en que al menos los temblores se habían mantenido a raya por ahora. A decir verdad envidiaba un poco la capacidad de Hook para quedarse dormido tan fácilmente inmediatamente después del sexo. Para ella todo era divertido hasta que culminaban y la habitación se llenaba de silencio. Suspiró y se acercó a su novio para acariciarle el cabello y darle un pequeño beso en la frente antes de levantarse. Se lavó la cara y bebió un poco de agua, pero seguía inquieta. Quizá debería salir a correr un poco.

Después de considerarlo un rato negó con la cabeza y volvió a la cama. Si lo intentaba probablemente se dormiría al final. Si salía solo conseguiría cansarse y necesitaba reunir toda la energía que pudiera para la búsqueda del día siguiente. Cerró los ojos y se acomodó sobre el pecho de Killian, que instintivamente pasó un brazo por su cintura para tenerla más cerca.


Regina estaba atrapada. Una parte de ella sabía que estaba soñando, pero sin importar lo que hiciera no conseguía despertar, y justamente esa noche nadie podía despertarla tampoco, Henry estaba pasando la noche en casa de los Charmings, estaba completamente sola.

Era desgarrador, revivía la muerte de Robin una y otra vez, apenas su cuerpo inerte golpeaba el suelo, volvía atrás y todo comenzaba de nuevo. Distintos escenarios, el mismo resultado. Su vida extinguiéndose, su alma desintegrándose, su última mirada, su propia impotencia, y el incesante regodeo del perverso Dios del inframundo resonando en sus oídos. Robin no, Robin…

- ¡Robin! -despertó en medio de su propio grito, agitada, sudando, y sintiéndose completamente agotada.

Había ocurrido de nuevo. Había creído ilusamente que las pesadillas se habían detenido de forma definitiva, pues hacía más de tres meses que no ocurría, sin embargo, parecían haber vuelto con más fuerza que nunca. Su piel cosquilleaba como si la atravesara una corriente eléctrica. Miró a su alrededor mientras trataba de regular su respiración y comprobó lo que temía. Su habitación era un desastre. Había hecho magia de manera inconsciente y todo lucía igual que si le hubiese pasado un tornado por encima. Esa visión fue todo lo que pudo tolerar, la angustia se hizo insoportable y las lágrimas quemaban, clamando por escapar. Gritó hasta quedar afónica, y los vidrios explotaron debido a la onda expansiva de su magia descontrolada, pero no le importó, por un segundo nada más que su dolor cobró posesión de ella. Hasta que finalmente cayó rendida sin darse cuenta.


Emma entró al ayuntamiento con el almuerzo. Regina no había respondido a ninguno de sus mensajes durante la mañana, así que supuso que estaba ocupada. Y cuando Regina se sumía en el trabajo olvidaba comer, así que no vio nada de malo en tomarse un pequeño descanso y pasar a verla.

- Buenas tardes, Sheriff. -la saludó la asistente de Regina.

- Hola Kathryn. -sonrió Emma. - ¿Regina está disponible? -la cara de Kathryn se tiñó de preocupación y dudó un momento sobre qué contestar.

- ¿Vienes por algún asunto oficial?

- Todo lo oficial que pueda considerarse el almuerzo. -la sheriff se encogió de hombros, levantando las bolsas de comida para llevar, para que la otra rubia las viera. - ¿Por qué?

- Es solo que… no creo que sea un buen día. No está recibiendo llamadas y… bueno… cuando llegó esta mañana lucía realmente extraña. -dijo en voz baja, dando miradas furtivas hacia la puerta de la oficina de la alcaldesa.

- ¿Extraña cómo? -Emma frunció el ceño.

- Un fantasma sería una descripción apropiada. Apenas alcanzó a decirme que no le pasara llamadas y luego simplemente se encerró en su oficina. No ha dado señales de vida hasta ahora.

- Oh no. -dijo Emma, palideciendo mientras corría hacia la oficina sin escuchar ya a Kathryn. Si era lo que se estaba imaginando era realmente malo.

No había barrera mágica impidiendo la entrada. Ni siquiera estaba puesto el seguro de la puerta. Emma entró con cuidado para no molestarla, pero para su desconcierto Regina no se veía por ningún lado. ¿Se habría ido de ahí? No quiso apresurarse a sacar conclusiones. Miró con detenimiento toda la habitación hasta que notó que lo único fuera de lugar era la silla del escritorio descorrida. Claro que seguía allí. La rubia se acercó sigilosamente y cuando por fin la vio, abrazada a sus piernas bajo el escritorio, se metió ahí con ella sin decir nada. Regina ni siquiera hizo una señal de haber advertido su presencia. Pero lo hizo. Se mantuvieron en silencio durante mucho tiempo, hasta que Regina decidió alzar su mirada.

- Regresaron, ¿no es así? -preguntó Emma con suavidad. Regina no respondió, pero sus ojos se llenaron de lágrimas, diciendo todo lo que las palabras no podían. -Todo estará bien. Estoy aquí. -dijo Emma, moviéndose lentamente hasta ubicarse lo suficientemente cerca para envolverla entre sus brazos. La morena no hizo nada excepto temblar, y contra sus deseos las lágrimas volvieron a derramarse, esta vez sobre la chaqueta de Emma.

- ¿Cuándo acabará todo esto? -preguntó con la voz apenas audible. No esperaba que Emma contestara, solo… era lo que ella misma se preguntaba cada vez que sucedía.

- No lo sé. -susurró Emma con honestidad. -Pero si algo sé es que estaré contigo a través de todo. -a partir de ese momento la morena se relajó un poco más contra su hombro.

- Fue horrible anoche, Emma. Fue una suerte que Henry no estuviera dentro de la casa. Si hubiese estado ahí podría haberle hecho daño por accidente y yo… -ni siquiera pudo terminar esa oración.

- Podría haber pasado, pero no ocurrió. Así que no tienes que torturarte por eso. ¿Por qué no me llamaste? Sabes que hubiera llegado enseguida.

- Emma, no. Ya hemos hablado de esto. No puedes pasarte la vida velando mis sueños. Tienes que llevar una vida normal. Yo estaré bien, solo que dejé la poción para dormir sin soñar demasiado pronto. Volveré a tomarla cada noche y todo mejorará.

- Las pociones no lo arreglarán…

- Ni Archie tampoco. Sabes que lo intenté. Hago lo que puedo. -Emma asintió. Sabía que las pesadillas habían torturado a Regina desde el día que Robin murió. Nadie más sabía sobre eso. Ni siquiera su hijo. Incluso ella se enteró por accidente una noche que se quedó en la mansión después de que regresaron de Camelot, y luego de que ella volvió a su centro. Ser el espectro verdaderamente la trastornó, y cuando necesitó apoyo y comprensión para enfrentar las secuelas de todo lo que hizo, Regina siempre estuvo ahí para ella. Aquella noche Emma despertó con los gritos y corrió asustada hacia la habitación de Regina; lo que vio le pareció sacado de una escena de "El Exorcista". Los muebles flotaban y los objetos pequeños se estrellaban ruidosamente contra las paredes. Pero igualmente, con esfuerzo pudo llegar a ella, pudo calmarla y contenerla. Y así lo había estado haciendo cada noche durante semanas. Conversaban de todo y nada largamente hasta que Regina se quedaba dormida. Solo había dejado de hacerlo cuando ella le insistió que siguiera adelante con su vida, la morena sentía que Emma había puesto su vida en pausa por ella y se sentía culpable, aunque Emma le dijo mil veces que no era así no pudo convencerla, y finalmente hizo lo que le pidió, se alejó, se concentró en su relación con Killian y en mantener a su hijo y a la ciudad a salvo. Ahora sabía que se había apartado muy pronto. Con la reina en la ciudad Regina se encontraba bajo mucha presión y eso no ayudaba. Era demasiado, ambas habían pasado por mucho en muy poco tiempo, si tan solo pudieran irse lejos de todos quizá... - ¿Qué haces? -preguntó la alcaldesa al sentir que Emma se removía, buscando algo en su bolsillo. Se separó un poco cuando notó que se trataba de su teléfono. La rubia levantó la mano para que esperara. Regina frunció el ceño confundida.

- Hola, David… Sí, estoy bien… no ha pasado nada malo... Oye, ¿estaría bien para ti hacerte cargo de la estación durante una semana?... No, que no pasa nada malo… Que sí, estoy segura... Regina, Henry y yo, sí… Ok, seguro, lo que necesites, gracias. -cortó el teléfono y miró a Regina con una pequeña sonrisa culpable.

- ¿Por qué quieres que David se haga cargo de la estación durante una semana?

- Nos vamos a Nueva York.

- ¿Qué?

- Henry tenía razón. Necesitamos un descanso lejos de todo, preferiblemente en un lugar sin magia. Poder gozar de una vida normal. Sabes que todavía tengo el apartamento.

- ¿Te has vuelto loca? Creí que estábamos de acuerdo en que sería extremadamente peligroso dejar la ciudad ahora.

- No hemos recibido ataques ni amenazas desde hace días.

- Lo que es más preocupante aún.

- Gina, la ciudad está llena de gente apta para defenderla. Tu hermana, mis padres, Hook… incluso Gold está de nuestro lado ahora.

- Aunque eso fuera suficiente, soy la alcaldesa. Tengo responsabilidades aquí.

- Tu amiga Kathryn puede hacerse cargo por una semana.

- ¿Por qué siempre lo ves todo tan simple?

- ¿Por qué tú siempre insistes en complicarlo? Piénsalo, no estás en condiciones de vencer a nadie ahora, y no solo por lo que ocurrió anoche. Yo quiero olvidarme de la visión que profetiza mi muerte al menos por un día completo, y Henry no ha pasado un tiempo de calidad decente con nosotras desde hace mucho tiempo. El chico nos lo dijo fuerte y claro ayer, ¿recuerdas?

- Pero… -Emma solo la miró. No sabía qué era exactamente, pero cuando la miraba fijamente Regina tendía a conmoverse. -Maldita sea, Swan. Deja de poner esos ojos de cachorro. Henry hace lo mismo y este es un asunto serio. -Emma se rió. Lo había conseguido una vez más.

- Nueva York no queda tan lejos. Si ocurriera algo en estos días, que lo dudo, seguramente encontrarían una manera de contactarnos.

- …De acuerdo.

- ¿Sí?

- Sí. Puede que… si nos alejamos de la magia por unos días podamos ver las cosas desde una nueva perspectiva. Estamos entrampadas hasta ahora de todas formas.

- Tienes toda la razón. Llamaré a Henry ahora, esto le encantará… ¿Sabes qué? Mejor llámalo tú. Te dejo ser la mamá cool por hoy.

- ¿Me dejas? Dame ese teléfono. -la fulminó con la mirada, arrebatándole el teléfono de la mano.


Cuando Regina lo llamó, Henry estuvo más que sorprendido de que sus madres hubieran accedido a tomar unas vacaciones familiares tan rápido. Eso nunca había ocurrido, pero no iba a quejarse. Podía ser una buena señal.


Ambas se sentían mejor consigo mismas ahora. Pero todavía no habían dejado su refugio bajo el escritorio.

- Debo verme terrible. -murmuró Regina, riéndose de sí misma sin mucho humor.

- Por supuesto que no, te ves tan bella como siempre. Si no me crees pregúntale a tu espejo acosador. -Emma rió y cuando sus ojos se encontraron, Regina notó el vivo color en sus mejillas y ese brillo juguetón en la mirada. Estaba segura de que había visto eso antes, de hecho, cada vez que...

- …Oh, no puedo creerlo. ¡Aléjate de mí, Swan! -exclamó, empujándola en broma.

- ¿Qué? ¿Por qué?

- Te acostaste con Garfio. -sonrió todavía luchando por apartarla.

- Sí, dormimos en la misma cama, ¿y?

- Anoche tuviste sexo. -Emma abrió los ojos como platos y se sonrojó a más no poder.

- ¿Cómo lo sabes?

- ¡Te conozco más de lo que quisiera y tu lenguaje corporal lo dice a gritos!

- ¡Ok, pero no lo grites tú!

- Es grotesco tenerte tan cerca cuando sé en qué actividades y con quién estuviste hace apenas unas horas. -dijo, cubriéndose los ojos teatralmente sin poder dejar de sonreír. Disfrutaba tanto ver a su ex enemiga avergonzada.

- ¿Y quién eres tú? ¿Mojigata Mills? ¡Déjame en paz o me llevo tu almuerzo!

- No seas tan drástica, querida. Solo estoy-

- ¿Regina? ¿Emma? ¿Todo está bien? Llevan mucho tiempo aquí dentro y pensé que quizá… ¡Pero por todo el oro de mi reino ¿Qué están haciendo las dos metidas ahí abajo?! ¿saben qué? Mejor no me lo digan. Pero es la última vez que me preocupo. -dijo Kathryn, saliendo de la oficina de su amiga, secretamente aliviada de que Emma Swan hubiera llegado para quedarse.


¿Qué dicen? ¿Sigo?