- ¿Un viaje? ¿Estás segura de que es una buena idea, Emma? -preguntó Nieves algo desconcertada por la más reciente noticia que le daba su hija. Se encontraban en el jardín de la casa de Emma, disfrutando del día soleado mientras esperaban a que llegaran los demás; tendrían una especie de cena de despedida, puesto que todo había sido muy rápido desde que la decisión fue tomada, se pensó y se hizo; en opinión de la sheriff, así daba gusto hacer planes. Aunque su madre seguía sin convencerse, no veía la necesidad, y Emma no le diría más de lo que necesitara saber.
- Lo mismo le dije yo. -dijo Garfio - ¿Cómo podría considerar hacer un viaje sin mí? -miró a Emma haciendo un mohín, con la esperanza de que lo reconsiderara.
- Ya está arreglado, chicos. Lo siento.
- Pe-pero, ¿a Nueva York? ¿Por qué no a un lugar más cercano? ¿Por qué no solo por el fin de semana? -insistió su madre.
- Mamá. -reprendió Emma, dándole una mirada de advertencia - ¿Recuerdas cuando Henry todavía no recuperaba la memoria y yo únicamente pensaba en volver allá con él y dejar todo esto atrás? ¿Recuerdas el por qué?
- Deseabas que tuviera una adolescencia normal. Pero Emma…
- Exacto. Este es nuestro hogar y jamás volveré a ponerlo en duda, pero no podemos negar que durante un año entero nuestra vida en Nueva York fue real. Henry conserva recuerdos importantes, tenía amigos, sitios que le gustaba frecuentar, aficiones que aquí ha dejado de lado porque hemos tenido que enfrentar un problema tras otro. El chico no se queja porque aquí están las personas que ama, pero ahora puede tener lo mejor de los dos mundos y mientras esté en mis manos así será. Sé que por razones obvias es complicado, pero siempre lo es, y les aseguro que no existe villano capaz de evitar que me ocupe de las necesidades de mi hijo. Regina está de acuerdo conmigo y nos vamos mañana. No hay nada más que discutir.
- Bueno, si ese es el caso, a mí me agrada el chico. No tendría problemas en escoltarlo también, amor.
- Lo sé, Killian, pero es una cosa de madres e hijo. Es mejor así, créeme. -Parecía que Hook iba a decir algo más, pero en ese instante Emma desvió su atención hacia la puerta que se abría.
- Lo siento, llegué tarde. -dijo Regina, con una sonrisa de disculpa, asomándose por la puerta que daba al jardín. Emma le dirigió una gran sonrisa y se acercó a ella.
- Papá y Henry han estado muy misteriosos con algo toda la tarde y todavía no aparecen. Llegas a tiempo. ¿Todo resultó bien en el trabajo?
- Sí. Kathryn y yo estuvimos revisando algunos documentos y la orienté respecto a las reuniones que tendrá que presidir la próxima semana, pero es muy capaz. Confío en que se desempeñará perfectamente.
- Te lo dije. -Regina rodó los ojos, y luego la perdió de vista, ya que la rubia se ubicó detrás de ella, poniendo las manos sobre sus hombros para dirigirla hacia una silla en la terraza. Para sorpresa de todos, la alcaldesa no opuso resistencia. -Hora de relajarse. -declaró la rubia con voz suave, a la vez que empezaba a masajear sus hombros, lo que le provocó a Regina un ligero estremecimiento. A los pocos minutos, la morena comenzó a cerrar sus ojos, olvidándose de la presencia de todos los demás a su alrededor. Hasta que se oyó un estruendoso alarido desde dentro de la casa, anunciando que el príncipe más joven de la familia había despertado.
- Ups. Neal tiene hambre. Debo ir a darle su biberón. -dijo Nieves, haciendo ademán de levantarse de su sitio.
- Yo voy. -se le adelantó Regina, apartándose del tacto de Emma, quien la quedó mirando con una expresión divertida. - ¿Qué? -preguntó confundida.
- Nada. Ve. -suspiró con cariño, haciendo un movimiento con su mano para darle paso. Después de todo no sería Regina si no estuviera todo el día de un lado para otro ocupándose de algo.
- Si ella no está interesada, yo sí. ¿Por qué no te acercas un poco, Swan? -la llamó Killian, estirando su brazo hacia ella. Emma siguió mirando hacia la casa durante unos segundos, solo espabiló cuando se percató de que su madre había decidido seguir a Regina hacia el interior, entonces se volvió a mirar a Hook y le dedicó una pequeña sonrisa de medio lado antes de realizar un movimiento de muñeca, apareciéndose, convenientemente sentada sobre el regazo de su novio, que sonrió complacido. Se miraron fijamente por un momento y el pirata inclinó su cabeza apreciativamente cuando Emma enterró sus dedos en su cabello oscuro, prodigándole una suave caricia, hasta que él, impaciente, la atrajo hacia sí para reclamar sus labios, pero justo antes de que pudieran tocarse, fueron interrumpidos.
- Búsquense una habitación. -oyeron la voz de Zelena a unos metros y Emma se levantó de inmediato, dejando al capitán un poco más que frustrado.
- Siempre tan oportuna, amor. -señaló con sarcasmo el hombre, mientras bajaba los brazos con resignación.
- ¡Robbie!- exclamó Emma sin hacer caso a la disputa pasivo-agresiva que parecían mantener los otros dos- ¿Cómo está mi sobrina favorita? -preguntó al acercarse lo suficiente para coger la mano de la bebé.
- ¿Sobrina? -preguntó Zelena con curiosidad, arqueando una ceja. Emma se aclaró la garganta, repentinamente nerviosa, sin entender muy bien por qué.
- Sí, bueno, ya sabes, es que… como sea, ¿Cómo está?
Justo en ese momento Snow y Regina salieron de la casa, llevando al bebé Neal con ellas. Entonces las mujeres se sumergieron en una conversación sobre bebés, cuidados y el hecho de que Zelena hubiera comenzado a asistir con Robbie a clases de natación para fortalecer el vínculo madre e hija.
- ¿Qué puedo decir? Cuando finges ser una comadrona debes investigar un poco para que no se te caiga la farsa. -bromeó la pelirroja.
- Me alegro de que hayas podido darle un buen uso a tus conocimientos al final. -dijo Snow con sinceridad.
- Concuerdo. Como niñera eras espeluznante, como madre no tanto. -agregó Garfio con sorna.
- Gracias, Manco Jones. Pero no recuerdo haber pedido tu opinión. -respondió Zelena fulminándolo con la mirada.
- ¿En serio, chicos? ¿Van a pelear aquí? ¿Justo hoy? -se quejó Emma.
- No he dicho nada que no sea cierto. -replicaron al mismo tiempo y se miraron haciendo una idéntica mueca de desagrado por haber pensado lo mismo.
- Claro… -murmuró Emma, rodando los ojos.
Mientras tanto, David y Henry salían del cobertizo, encaminándose hacia los demás sin detener su animada charla. Charming parecía más orgulloso que de costumbre, poniendo su brazo alrededor de los hombros de su nieto, que además de alegre, lucía agitado, con sus mejillas rojas y algunos mechones de cabello húmedo pegados a la frente. Pero sin importarle lo que trajeran entre manos, Hook nunca se había alegrado tanto de verlos.
- ¡David, Henry! ¡Mis muchachos! Por fin compañía agradable. -exclamó, saludándolos con la mano- Te dejo un momento, amor. -le dio a Emma un rápido beso en la mejilla y sin más demora trotó hacia los otros dos -No desesperes sin mí. -volteó a medio camino para guiñarle un ojo, haciéndola reír.
- Descuida. -le respondió Emma sin estar segura de si la oyó o no. Luego se encogió de hombros y volvió a ponerle atención a su hermanito, que se removía sin cesar, estirando sus brazos hacia ella.
Resultó que Charming y Henry habían estado practicando con la espada casi todos los días después de la escuela desde hacía un par de meses, y quisieron aprovechar la reunión familiar para mostrar los avances del chico. Una vez que ambos comunicaron su intención y David le aseguró a Regina con su vida que la demostración sería totalmente segura, todos los demás se acomodaron en la terraza como espectadores, mientras Emma y Nieves se dedicaron a repartir refrescos después de haber dejado a los bebés adentro.
- Snow, te prometo que no es nada personal, pero si tu marido provoca aunque sea la más mínima mueca de dolor en el rostro de mi hijo, lo colgaré de mi manzano. -la morena de cabello corto asintió de acuerdo. Después de todo también estaban hablando de su nieto, y esas no eran espadas de madera.
- Yo no me preocuparía, Gina. Apuesto a que el chico es bueno. -sonrió la rubia con confianza sin despegar los ojos de su hijo, que en ese momento estaba concentrado examinando su espada.
- Por supuesto que es bueno. -replicó Regina con convicción -Es la torpeza de tu padre la que me preocupa. -ante eso Emma solo puso los ojos en blanco y Zelena rió entre dientes.
Se desenvolvieron con una destreza que nadie esperaba. Parecía que iban muy en serio. David casi no mediaba sus estocadas, pero al mismo tiempo no parecía que Henry lo necesitara, esquivaba y atacaba cuando era preciso. Killian era el más entusiasta de todo el grupo, apoyándolos a viva voz, exclamando consejos sobre la marcha, y de paso, dejando a Zelena con los nervios de punta cada vez que gritaba porque el muy bastardo se había colocado estratégicamente detrás de ella solo para fastidiarla, a modo de venganza por haberle fastidiado el ambiente rato antes. No podía creer que alguna vez habían podido llevar una tregua. Y, por su parte, aunque Regina seguía estando nerviosa porque era la primera vez que veía a Henry empuñando un arma así, no pudo evitar sentir que su corazón se hinchaba de puro orgullo dentro de su pecho al ver a su pequeño príncipe actuar como todo un Caballero de la Corona, valiente y tenaz; si estuvieran de vuelta en el Bosque Encantado, estaba segura de que su nombramiento oficial estaría muy cerca. Había crecido tanto. Casi podía verlo portando su reluciente armadura.
- Deja de soñar despierta, Majestad. Esperan tu veredicto. -le susurró Emma, poniendo una mano en su espalda baja. Y entonces se dio cuenta de que Zelena y Nieves estaban dejando de aplaudir. Charming, satisfecho, hacía una reverencia hacia su esposa. Y Henry solo miraba ansioso hacia sus madres.
- Oh, Henry. Te has desempeñado maravillosamente. -sonrió Regina con los ojos brillantes. Henry cuadró los hombros inmediatamente ante sus palabras.
- ¿De verdad lo crees? -preguntó, emocionado.
- Lo digo en serio, cariño. No dudaría ni un segundo en hacerte parte de mi guardia personal. Tienes un talento nato.
- Me halagas, Regina. -dijo David con aprecio.
- No lo decía por ti, Charming.
- ¿Cómo que no? ¿Y de dónde crees que sacó los genes?
- No lo sé... ¿de su abuela, la bandida más buscada del reino, quizás? Solo es una idea. -murmuró Mary Margaret, sacándose una pelusa imaginaria del sweater.
- Oh, deténganse ya, par de fanfarrones. Las virtudes de mi hijo provienen de muchas fuentes. -dijo Regina -Y David, no niego que te sabes defender, pero tomando en cuenta que quien te enseñó el arte de la espada fue aquella princesa parlanchina, pues... -sonrió maliciosamente; se había prometido a sí misma que no lo haría, pero no pudo evitar sacar el tema, esa chica era tan dispersa que le pareció irrisorio cuando Charming mencionó que precisamente ella había sido su mentora.
- Lo creas o no, Anna fue una estupenda maestra. -aseguró el hombre.
- ¿Y quién te enseñó a ti, mamá? -se interesó Henry.
- Oh, el Conde de Montecristo. -respondió ella como si nada.
- ¿En serio? -preguntó impactado.
- Ajá. ¿No esperabas que detrás de mis poderes fuera solo una damisela indefensa, verdad? -el chico sonrió de oreja a oreja, negando fervientemente con la cabeza.
- ¿El Conde? ¿Por qué no me lo dijiste antes? -preguntó Encantador.
- ¿Tenía que habértelo dicho? -respondió Regina extrañada.
- Es que he oído algunas historias impresionantes sobre su habilidad. Deberíamos entrenar juntos alguna vez, tal vez puedas enseñarme algún truco que no sepa.
- Ya veremos.
- ¿Y por qué no ahora? -propuso Henry -Me encantaría verte en acción, mamá. -David volvió a agarrar su espada, jugueteando con ella mientras esperaba una respuesta. Se sentía positivamente intrigado por la habilidad de la reina ahora que se relacionaban en buenos términos. Incluso Regina empezaba a considerarlo cuando Emma se puso por delante de ella sin pensar.
- Wow, chico, no.
- ¿Por qué no? -preguntó Henry frunciendo ligeramente el ceño. Esta vez incluso Garfio la quedó mirando con curiosidad.
- Sí, señorita Swan, ¿por qué no? -inquirió Regina, alzando una ceja.
- Es que no podrás usar magia... ¿y si te hace daño? -susurró insegura.
- ¿Qué? -Regina no sabía si sentirse ofendida o enternecida por la sobreprotección de la Salvadora.
Emma se sentía avergonzada de portarse así por Regina y no por Henry, pero es que simplemente no era lo mismo, no podía explicarse por qué pero no lo era. No obstante, contrario a sus intenciones, su reacción le dio a Regina el impulso que le hacía falta para decidirse.
- Acepto el desafío. -anunció en voz alta antes de volver a dirigirse únicamente a Emma -Ojalá me hubieras conocido mejor en nuestra tierra, entonces no tendrías dudas. Será mejor que te sientes, querida, esto puede ser de alto impacto. -le guiñó un ojo, palmeando su hombro antes de acercarse a Henry para pedir prestada su espada. Emma tragó en seco y sin decir una palabra, se dejó caer en la silla que tenía detrás.
Aunque se tratara de motivos totalmente diferentes, sin duda, la rubia no fue la única cuyo interior se removió por ese inesperado giro de acontecimientos. Un escalofrío recorrió todo el cuerpo de Blanca Nieves al ver ese antiguo brillo letal resurgir en los ojos de Regina cuando empuñó la espada, apuntando a Encantador sin vacilaciones. La sonrisa confiada de él fue lo único que la devolvió a la realidad, recordándole que esta vez las cosas eran distintas. Regina era su amiga, parte de su familia, jamás les haría daño. Una vez que lo vio todo como el juego que era, incluso se sintió conmovida, y casi tuvo ganas de unirse a la contienda, pero se conformaría con ver, la espada era cosa de ellos, ella prefería el arco y sus flechas.
Cuando estuvieron listos para partir, a las 6:00 am del día siguiente, Emma no pudo menos que tomarles una fotografía al par de pesos muertos que yacían en los asientos del Mercedes de Regina. Junto con David y Hook, se habían sumido en una batalla campal que duró horas en su jardín, y ahí tenían el resultado. Un nuevo fondo de pantalla para ella, la oportunidad de conducir el automóvil de Regina hasta Nueva York, y ninguna lesión. No estaba mal.
- Ok. Si todo va bien estaremos llegando a Nueva York a tiempo para almorzar. -dijo la rubia, entusiasmada, encendiendo el motor; en respuesta Henry solo gruñó con los ojos cerrados. Regina en cambio, ni siquiera se movió. Emma no pudo evitar burlarse de ellos. -Lamento tener que recordárselos, pero se los dije. ¿Quién los manda a probar fuerzas con mi padre?
- Valió la pena. -murmuró Henry, acurrucándose aún más en el asiento trasero.
- Le di una paliza a Charming. -sonrió Regina, lánguidamente.
Emma sonrió. Henry podía ser su hijo biológico, pero en momentos como ese solo podía ver lo mucho que el chico se parecía a Regina; en el pasado podía haberle parecido irónico, ahora solo era algo lindo que no se cansaba de ver.
Llegaron al apartamento sobre las 2 pm, porque se detuvieron a comer algo de paso a media mañana en una gasolinera, pero el momento finalmente había llegado. Regina no había dicho nada, pero desde que divisaron el edificio su corazón había comenzado a golpear más fuerte dentro de su pecho, y al pararse frente a la puerta sus manos empezaron a temblar. Henry cogió su mano firmemente al notar su nerviosismo, y cuando Emma giró la llave, miró a Regina de reojo y tiró de ella hacia el interior del que había sido su hogar ya tanto tiempo atrás. La morena se mantuvo en silencio mientras observaba la sala de estar iluminada y llena de fotografías adorables, el sofá amplio y cómodo, la consola de Henry ubicada bajo el televisor, la cocina sin rastro de haber sido incendiada... sintió ganas de reír al imaginar a Emma cocinando diligentemente. Al ser guiada por su hijo hacia su habitación, con una decoración diferente, y pósters en vez de dibujos cubriendo las paredes, sus ojos se llenaron de lágrimas. Ahí habían estado, allí habían seguido adelante, y el lugar, con todas sus sutilezas, representaba todo lo que había querido para ellos cuando tuvo que dejarlos ir.
- ...Y esta es mi nave a escala. Emma y yo pasamos toda una semana construyéndola solo para descubrir que nos faltaba una pieza. Tuvimos que volver a la tienda y hablar con el gerente para que la repusieran; pero para que nos hicieran caso... ¿mamá? -se preocupó cuando volteó y vio que la expresión en el rostro de su madre era todo lo contrario a lo que él pretendía provocar - ¿estás bien?
- Lo siento... no me hagan caso. Es solo que me alegra tanto ver con mis propios ojos lo felices que fueron aquí...
- Y ahora que nuestra familia volvió a estar completa podemos serlo aún más. ¿Verdad, chico? -dijo Emma abrazando a Regina por la cintura y apoyando su mentón sobre su hombro. Sabía que sería difícil para ella, pero quería asegurarse de que también supiera que jamás volverían a separarse. Por su parte, Henry sonrió y se acercó, abrazándolas a las dos de buena gana. Él también había soñado con ese momento desde hacía tiempo, pero vivirlo era infinitamente mejor. -Es bueno saber que la pubertad no te ha hecho repeler los abrazos grupales. -se burló Emma, y al oírla, Henry se apartó indignado, pero no llegó lejos, porque ellas volvieron a atraparlo para envolverlo en sus brazos un poco más. Sin importar su edad, el cambio en su voz ni su estatura, él siempre sería su Pequeño Príncipe. Sí, Emma oyó a Regina llamarlo así una vez y le robó la idea, aunque solo para su fuero interno.
Pasaron el resto del día haciendo de guías turísticos para Regina, pues las dos veces anteriores que había visitado la ciudad no se había fijado en nada ya que debió atender asuntos específicos y nada placenteros. Se tomaron un montón de fotografías delante de la estatua de la libertad, dieron un relajante paseo por Central Park, después Henry devoró casi media docena de hot dogs de un carrito que solía frecuentar cerca de la biblioteca pública, y luego se apresuraron a tomar el ferri al atardecer para presenciar desde el agua cómo la puesta de sol daba paso a la impresionante luminaria artificial que otorgaba una nueva vida e imagen a toda la ciudad. Finalmente, decidieron pasarse por la pizzería favorita del chico de camino al apartamento, y pidieron para llevar, preparándose para llegar a jugar juegos de mesa y culminar viendo una película despaturrados en el sofá.
Fue un gran día, un grandioso y largo día en familia bien aprovechado y sin interrupciones. Henry no se había dado cuenta de cuánto necesitaba algo así hasta ahora. Y más tarde, cuando el sueño comenzó a vencerlo, cobijado en su antigua cama, abandonó su consciencia con un pensamiento: Sus madres podrían o no estar enamoradas entre sí, pero definitivamente se amaban y lo amaban a él, así como él a ellas, y nada sería más poderoso e importante que eso. Era genial pertenecer a su familia... aunque estaba cada vez más convencido de que su corazonada era cierta.
A la mañana siguiente, todos durmieron hasta más tarde de lo habitual y Emma se sorprendió al ver que por una vez Regina sí se había quedado en la cama. Era asombroso el efecto que podía causar la sola consciencia de unas vacaciones. Sonrió, sintiendo que había obtenido una victoria personal, y se levantó sin hacer ruido para no despertar a la morena, dirigiéndose a la cocina a preparar el desayuno para todos.
Unos 40 minutos después, apoyada en la isla de la cocina, Regina no podía estar más sorprendida.
- En serio, quita esa cara o voy a ofenderme. -Emma se sentía nerviosa de que Regina la observara con tanta curiosidad. Como si nunca la hubiera visto.
- Es que nunca te había visto cocinar. -se encogió de hombros sin apartar la mirada.
- Viví sola hasta los 28 años, ¿cómo crees que sobreviví hasta entonces? Porque por mucho que lo deseara, la comida para microondas nunca creció en los árboles. -rezongó, sacando el omelette de Henry del sartén.
- Lo sé, querida, no me refiero a eso. Quiero decir que nunca te había visto tan doméstica. -moviéndote tan segura, en tu ambiente - ¿Estás segura de que no quieres que te ayude?
- Ah, bueno, si es eso supongo que tendré que hacerlo más seguido. Y sí, estoy segura, ve a sentarte con nuestro hijo y yo me ocupo de todo. -le guiñó un ojo y volvió a concentrarse en lo suyo.
Y así lo hizo. Charló con Henry entre sorbos de café y furtivas miradas al periódico, lo que de paso le recordó que tendrían que pasar por un supermercado para abastecerse adecuadamente, pero ya lo harían más tarde. Hacía tiempo que no se sentía tan liberada de las manecillas de un reloj y en secreto empezaba a disfrutarlo.
Después de desayunar, Emma retó a Henry a un duelo en su consola abandonada, y de inmediato vio sus ojos centellear con un brillo competitivo, sabiendo que la respuesta sería un sí rotundo. Regina creyó que sería la oportunidad perfecta para tomar una ducha, pero al final se entretuvo viéndolos inmersos en el eterno presionar botones que provocaban espectaculares explosiones en la pantalla. Así que finalmente se sentó en el sillón de junto a observarlos, aceptando que pasarían todo el resto de la mañana en pijamas, y cuando Henry hubo ganado 2 de 3 partidas decidió que podía volver a poner en marcha su operación, llamando su atención para convencerla de que jugara con Emma, que estuvo más que dispuesta a enseñarle lo básico, palmeando el lugar vacío junto a ella. Y así las dejó solas, aprovechando para ir a mensajear a Violet, y contarle a Zelena acerca de sus planes para la tarde.
A veces el universo conspira para darte justo lo que necesitas y más de lo que podrías pedir. Henry podía dar fe de ello. Ya habían pasado por los víveres y ahora se dirigían hacia una librería, pues tanto Regina como Henry tenían títulos que querían consultar; y en un momento de distracción de Emma en el escaparate de una tienda de discos que quedaba junto a la librería, Henry aprovechó para susurrarle al oído a Regina que cruzando la calle se encontraba la cafetería preferida de la rubia durante el año perdido.
- Enseguida vuelvo. -le dijo Regina inmediatamente, teniendo una idea. Aunque Henry ya lo podía suponer.
- Te esperaré dentro de la librería. -dijo el chico y ella asintió, dirigiéndose rápidamente hacia el café para que con suerte, Emma no notara su ausencia. Eso no pasaría.
- ¿Y tu madre? -preguntó Emma, unos minutos después, al encontrar a Henry en la sección de cómics.
- En la cafetería de enfrente. -dijo él como si nada.
- ¿Y qué hace ahí?
- Habrá querido un café. -respondió burlón.
- Bueno, listillo. ¿Crees que deba ir por ella?
- Creo que deberías, sí.
- Ok... -le dijo ella, sospechando que el chico no le estaba diciendo todo. Pero ¿qué podría ocultar? Dios, tenía que dejar de estar tan paranoica ella también.
Mientras tanto, a unos metros de distancia, Regina había conseguido conversar personalmente con la jefa de los baristas.
- Usted fue quien ordenó dos chocolates con canela y miel, ¿verdad? Déjeme decirle que no es un pedido común aquí. -dijo la mujer, señalando el paquete con los vasos que sostenía Regina en sus manos, mientras se quitaba el delantal de trabajo para saludarla apropiadamente. La morena asintió. - Entonces, ¿Quería verme?
- Así es. Mi nombre es Regina Mills, y realmente no estoy segura de que esto se pueda hacer, pero estoy de paso por la ciudad, se me ocurrió darle una sorpresa a una amiga que solía vivir aquí, y mi hijo me recomendó este lugar; por lo que estaría eternamente agradecida si pudiera darme algunos consejos para recrear alguna de sus especialidades en casa.
- Una amiga, ¿eh? -repitió la mujer de cabello rizado, reflexivamente -¿Está segura de que lo que quiere en realidad no es robar nuestras recetas para la competencia?
- Absolutamente. Solo deseo tener un detalle casero. -la mujer la estudió un rato más sin decir nada. -Pero, por supuesto, entiendo si no...
- No. Está bien, lo haré.
- ¿Solo así?
- Solo digamos que soy buena leyendo a las personas. -sonrió la barista. -Acompáñeme y le mostraré. ¿Qué le llama la atención?
- Bueno...
Emma no encontraba a Regina en el local y empezaba a inquietarse. El lugar no era tan grande y ya era la segunda vez que lo recorría completo. Había decidido llamarla por teléfono, cuando de pronto la vio saliendo muy sonriente del cuarto de empleados, seguida de...
- ¿Julia? -preguntó con desconcierto.
- ¿Emma? ¿Emma Swan? -Regina miró detrás de sí a la mujer que amablemente le había dado todas las directrices que necesitaba y que ahora se dirigía rápidamente hacia la rubia, como si estuviera viendo un espejismo. -Tú, idiota insensible, creí que no te volvería a ver. -rió la chica, dándole a la rubia un afectuoso puñetazo en el hombro. -Podrías haberte despedido al menos, ¿Dónde has estado todo este tiempo? ¿Y Henry vino contigo? Espera a que Josh lo sepa... ¡Y Helen! ella seguro...
- Wow, calma. ¿Quieres que te responda en algún momento o no? -sonrió Emma, ante el reencuentro totalmente inesperado. Cuando se había ido Julia ni siquiera sabía preparar un café que no fuese instantáneo. - ¿Y tú qué estabas haciendo, Gina? -desvió su atención hacia Regina -Henry me dijo que estarías aquí y no te encontré. Creí que te habías perdido.
- Relájate, Swan. Solo estaba interesada en la variedad de la carta.
- Un momento. ¿Ustedes se conocen? -preguntó Julia, alternando su mirada entre ambas. - No puedo creerlo, pero qué pequeño es el mundo. Aunque debí sospecharlo cuando pidió chocolate con canela y miel. Henry y tú son las únicas personas que recuerde que hayan pedido específicamente eso alguna vez. -sonrió al atar todos los cabos.
- ¿Me compraste chocolate? -dijo Emma, acercándose a Regina, y rebuscando su vaso con anhelo.
- Sí, bueno...
- Eres la mejor. Extrañaba esto. -dijo, tomando un sorbo lentamente -El de la abuelita es bueno, pero este... sencillamente es otro mundo, te lo juro.
- Eso parece... -masculló Regina, sin poder evitar ver fijamente cómo la rubia se relamía.
De pronto, la otra chica llamó la atención de ambas, aclarándose la garganta.
- ¿Y bien, Swan? ¿Qué tienes que decir?
- Lo siento. Ah... bueno, primero que todo, Regina, te presento a Julia; ella y su hermano menor eran mis vecinos cuando vivía aquí. Y Jules, ella es Regina, mi...
- ¡Mamás, ahí están! -exclamó Henry al divisarlas desde la entrada, sin reparar en la presencia de la otra mujer. Se acercó corriendo y cogió a Regina por el antebrazo. -Mamá, tienes que ver esto, ¿recuerdas esa primera edición que he estado buscando desde hace semanas?
- ¿La que nos ganaron en la subasta de eBay?
- ¡La misma! ¡Está aquí guardada en una vitrina!
- ¡Es increíble, cariño! Tenemos que ir por ella ahora mismo. -afirmó Regina lista para ponerse en marcha -Emma, debo atender esto. Volveremos aquí en un momento. Y Julia, ha sido un placer conocerte. Gracias por todo. -y sin más, madre e hijo se fueron sin mirar atrás. Julia parpadeó varias veces para convencerse de lo que acababa de ver. Y Emma no se dio cuenta de la consternación de su amiga en un principio, porque estaba acostumbrada a que todo el mundo manejara la enredada historia de su familia.
- ¿Era tu hijo?
- Sí. Discúlpalos, es que el mundo de los cómics es lo suyo y cuando encuentran algo de colección, pues... son así.
- No te preocupes por eso. No puedo creer lo grande que está. ¿Y ella...? -sonrió con suspicacia - ¡Caray, Emma! creo que tenemos mucho de qué hablar, ¿no crees? Y mucho más de lo que yo creía. ¿Dónde te estás quedando? ¿Volviste al edificio? -Emma puso los ojos en blanco y esbozó una pequeña sonrisa, su antigua amiga siempre era así. Al final acababa respondiéndose a sí misma. - ¡OH DIOS MÍO! -chilló la mujer, de una manera muy poco profesional al notar la sortija de compromiso en el dedo de Emma.
Cuando Regina y Henry salieron de la librería sonriendo satisfechos, se encontraron con que Emma estaba apoyada contra un muro, con los brazos cruzados, y los observaba con un brillo travieso en la mirada.
- Asumo que les fue bien.
- Más que bien. ¿Por qué esa pose misteriosa? -preguntó la morena.
- ¿Recuerdas a mi amiga? ¿La de hace un rato?
- Sí, por supuesto. ¿Qué hay con ella?
- Oh, no mucho. Solo está convencida de que vamos a casarnos e insiste en que vayamos todos a cenar a su casa esta noche. -dijo Emma rápidamente, tomando las manos de la morena; agitándolas infantilmente, para bromear con la situación. Pero a Regina se le fue el aire por un momento y no pudo ver la gracia en nada.
- ¿Cómo...? ¿Qué? ¿Puedes repetirlo? Creo que no te oí bien.
- Claro que lo hiciste. Y prepárate para contar nuestra historia porque también cree que tú me pediste matrimonio a mí.
- ¡¿Qué?! ¡Emma Swan! ¿Qué demonios hiciste?
- ¿Yo? En realidad, diría que fue el chico quien nos metió en esto.
- ¿Yo? -preguntó Henry cada vez más perdido. Él solo había hecho indirectas sutiles para enviar a Regina por chocolate y que pareciera que fue su idea. Pero, ¿qué era eso del matrimonio? -¿Qué hice yo?
- Solo proclamar a los cuatro vientos que tienes otra madre frente a nuestra ex vecina.
- ¿Julia estaba ahí? -Emma asintió -Nunca la vi.
- Sé que no lo hiciste. Pero ella a ti sí y está contenta de verte. Seguro que Josh también lo estará.
- Entonces... Emma, ¿por qué no lo desmentiste todo? -dijo Regina en voz baja.
- Cuando nos mudamos a la ciudad, Julia y yo empatizamos casi de inmediato porque yo era madre soltera y ella se ha tenido que hacer cargo de su hermano desde muy pequeña. Ella me conoció cuando mis recuerdos eran otros, cuando creí que siempre habíamos sido solo Henry y yo, y no hay manera de hablar de ti sin que crea que le mentí en todo lo demás. -dijo, poniéndose seria.
- Pero, ¿no te das cuenta? Eso no sería necesario si solo... -sabiendo lo que estaba a punto de decir, Emma la cortó de inmediato.
- Eres la madre de mi hijo. Nunca te voy a negar ese derecho frente a nadie. Y si eso lleva a los demás a creer que hay algo entre nosotras pues por mí está bien. -esa declaración y convicción conmovieron a Regina hasta su mismo núcleo, impidiéndole articular palabra, por lo que se limitó a acariciar suavemente el dorso de sus manos unidas con los pulgares. Y entonces Emma supo que había tomado la decisión correcta. De todos modos eran adultas, Julia y Helen, que, podría apostar, también estaría presente en la cena, no les pedirían pruebas físicas de su noviazgo, y a decir verdad, a una parte de ella, muy en el fondo, le emocionaba la idea. ¿Cómo podría algo salir mal?
Hola a todos. Debo decir que me ha emocionado enormemente la respuesta que ha tenido el fic. MUCHAS GRACIAS!
También me disculpo si esperaban más acción hasta este punto, porque incluso yo me impaciento a veces y eso que es mi historia, pero realmente creo que es más realista y significativo si es un proceso paulatino. Y claramente la amistad entre Emma y Regina tiene un papel muy importante aquí, pero evolucionará pronto. Si deciden continuar esta aventura conmigo entenderán por qué aún no ha sucedido a pesar del evidente afecto que se tienen, ya que todo tiene un punto.
Espero sinceramente que hayan disfrutado este cap, y aunque confieso que iba a describir toda la semana de corrido, el capítulo se me estaba alargando mucho, así que decidí dividirlo en este punto.
Nos leemos pronto, y, como siempre, espero sus comentarios :) Bye.
