- Y tú debes ser la novia. -dijo una mujer alta, de cabello castaño atado en una coleta, extendiéndole su mano a Regina luego de haber abrazado a Emma y a Henry por unos buenos 5 minutos. Emma le había señalado que se trataba de Helen, la vecina del piso de arriba, que además era la mejor amiga de Julia y que había hecho sus veces de niñera para Henry y para Josh, aprovechando el tiempo mientras buscaba otro trabajo.


Los tres se habían presentado en la puerta de Julia a las 8 en punto, sin haber ensayado nada en realidad. Henry solo les había aconsejado que dijeran la verdad sin incurrir en detalles al sacar su abrigo del perchero para ponérselo antes de salir, a fin de cuentas era la forma más sencilla de llevar las cosas, y ellas le dieron la razón, mirándose entre sí en cuanto lo vieron adelantarse resueltamente hacia la puerta.


- Soy Regina. -le sonrió educadamente, en respuesta a su entusiasmo. Entonces la chica arqueó una ceja y se tomó su tiempo para mirarla de arriba abajo.

- Bueno, sin duda pareces una. -Helen guiñó un ojo juguetonamente y Regina la miró con una expresión de póker mientras pensaba: si supieras... Luego se volvió hacia Emma, sintiéndose pagada de sí misma.

- Me gusta tu amiga. -le dijo sonriendo.

- Apuesto a que sí. -resopló Emma, pasándole un brazo por los hombros antes de adentrarse en el apartamento de Jules. -Es mía. -dejó caer al pasar junto a Helen, que solo levantó las manos en son de paz, tratando de contener una sonrisa divertida. Y aunque era esencialmente una broma, y a pesar de que nunca lo admitiría porque entre otras muchas razones Regina seguramente le lanzaría una bola de fuego a la cabeza, algo en su interior se calentó al decirlo en voz alta. Su Regina, Su amiga, Su reina. Nadie más la conocía como ella, y saberlo le hacía sentir especial entre la gente. No era algo que pudiera proclamar todos los días, así que disfrutaría del momento mientras pudiera.


La cena transcurrió rápidamente entre conversaciones triviales y las interminables anécdotas de las antiguas vecinas de Emma; Regina, desde su lugar en la mesa, mantenía la compostura, por supuesto, pero no podía evitar sentirse ligeramente consternada por la naturalidad con la que ambas mujeres la trataban, parecía que la conocieran de toda la vida, no tenía que ganárselas ni demostrarles nada para que la aceptaran en su círculo. Era algo nuevo para ella. De pronto, se encontró con la mirada de Henry que le sonrió con complicidad y casi se sintió como una adolescente, cohibida al ser descubierta por su propio hijo... pero más allá de eso, su corazón saltó feliz dentro de su pecho, pues él la conocía así de bien, él comprendía.

Así, cuando todos habían terminado y estaban recogiendo la mesa, fueron testigos de, probablemente, el momento más emotivo de la noche. Josh, el hermano menor de Julia, un chico de unos 15 años, delgado, con el cabello alborotado, totalmente distraído de su entorno debido a los enormes auriculares que cubrían sus oídos y su vista fija en la pantalla de su móvil apareció, cerrando la puerta tras de sí con la espalda, lanzó su mochila a la silla más cercana y siguió su camino hacia el pasillo sin mirar a nadie, hasta que Jules lo interceptó desde atrás, cogiéndolo por la cabeza con ambas manos, y volteándolo directamente hacia Henry, que lo miraba con nerviosismo, a la espera de su reacción.

- ¡Pero ¿qué demo...?! ¿Henry...? -parpadeó varias veces sin poder creérselo, su mejor amigo, el desaparecido, estaba ahí, dentro de su casa.

- Hola, Josh. -respondió el aludido en voz baja, casi avergonzado. No sabía cómo serían las cosas ahora, nunca más habían hablado, ambos habían crecido. Él se fue sin decir adiós...

Pero todas sus inseguridades se vinieron abajo cuando el chico se quitó los auriculares de un tirón, lanzándolos a cualquier lugar junto con su móvil y en menos tiempo del que cualquiera creyó posible, eliminó la distancia y se estrelló contra Henry, dándole un abrazo apretado.

Y cuando se separaron fue como si el tiempo no hubiera pasado, él chico le contó sobre su día en la escuela, y dejó salir algún comentario sobre que el edificio no era ni la mitad de interesante sin él. Henry rebozaba de alegría, yendo de un lado para otro, sacando su propio celular para mostrarle fotografías, o buscando su consola portátil para enseñarle sus nuevas marcas. Cuando finalmente el furor se estabilizó, recién se dieron cuenta de la mirada de las cuatro mujeres sobre ellos.

- Josh, mira, ella es mi mamá, Regina. -le señaló, acercándose a Regina, y el chico lo siguió algo confundido.

- Pero creí que tu mamá era Emma... Hola Emma. -dijo al llegar con el grupo, y Emma gesticuló un hola silencioso en respuesta con una sonrisa. Era genial volver a ver al chico así de animado.

- Ajá, es mi otra mamá. Ahora vivimos en Storybrooke con ella. -después de un par de segundos de mirar alternadamente entre ambas mujeres, Josh soltó una carcajada.

- ¡Enhorabuena! Ya decía yo que lo de Walsh no duraría. ¿No te lo había dicho, Jules? Algo no cuadraba. Ahora tiene sentido. -ante eso Emma borró la sonrisa, sospechando que se estaba perdiendo de algo, y mientras tanto, Jules no paraba de hacerle gestos a su hermano sin filtro para que cerrara la boca de una vez. Y en cuanto el chico captó el mensaje, se aclaró la garganta. -Bueno, mucho gusto, otra mamá de Henry. -Extendió su mano hacia ella, y Regina la tomó, asintiendo con la cabeza apreciativamente.

- Henry me ha hablado mucho de ti, Josh. Y al parecer has sido una gran influencia para mi hijo. El gusto es mío. -respondió Regina. El chico soltó una risita nerviosa antes de soltarle la mano y dirigirse hacia su hermana.

- ¿Quedó algo de comida?

- En el microondas. -le indicó ella.

- Gracias. -cogió su cena lo más rápido que pudo y luego miró a Henry. - ¿Vamos a mi habitación? Tengo un montón de cosas nuevas. -Henry le dio una mirada fugaz a Emma y a Regina, que asintieron inmediatamente, y sin más, lo siguió por el pasillo.


Minutos después, las mujeres se acomodaron en la sala de estar, a sabiendas de que había llegado el momento del interrogatorio.

- ¿Y cómo pasó? Quiero decir, la última vez que supimos de ti, tu novio era Walsh. -se interesó Helen.

- Ah sí, el mono volador. -murmuró Regina, sonriendo por lo bajo sin poder evitarlo.

- ¿Así le dicen? -se rió Julia, positivamente sorprendida por la relajada actitud de Regina ante la mención del ex novio de Emma.

- Es una especie broma privada. -asintió la morena, haciendo un movimiento con la mano para quitarle importancia. Emma a su lado cerró los ojos, recordando aquella noche tan particular y dejando escapar un suspiro mientras maldecía silenciosamente a Zelena por ese episodio de su vida.

- Cosas de la vida, la hermana de Regina lo conoció hace mucho tiempo, y es por causa de ella que tiene ese apodo en realidad.

- Ya veo, pero ¿qué ocurrió? Parecía que estaban yendo en serio.

- Solo digamos que al final resultó que no era lo que decía ser.

- Es un modo amable de decirlo. -masculló Regina, rodando los ojos. Helen y Jules la observaron, antes de volver su atención a Emma.

- ¿Y tu dama misteriosa? Porque discúlpame, Emma, pero eres la persona más desconfiada que conozco cuando se trata de permitir que otras personas entren a tu vida, ¿Cómo es que en menos de dos años tu hijo ya le llame mamá con tanta naturalidad? -dijo Jules, viendo cómo la expresión de la rubia se suavizaba.

- Bueno, primero, Regina no es cualquier persona, es y siempre será su otra madre, y nuestro hijo puede reconocer eso por sí solo, no es que yo se lo hubiera impuesto. Y siendo totalmente sincera, creo que yo irrumpí en su vida, no ella en la mía.

- Recuerdo esa época. Me seguía a todos lados. -dijo Regina, sonriendo cuando Emma la empujó suavemente por el hombro para protestar.

- ¿C-cómo…? -inquirieron las chicas, confundidas. Emma las miró, apoyando su mejilla en su mano reflexivamente antes de contestar.

- Sí, bueno, es que también… podría decirse que nuestra relación comenzó con el pie izquierdo.

- Eso sí que no me lo creo, las tengo en frente y se afiatan perfectamente, ¿no, Jules? -dijo Helen, buscando un apoyo que obtuvo de inmediato.

- Ajá. -asintió ella convencida.

- Pues nuestra primera impresión no fue precisamente esa. -dijo Regina con aire misterioso. Resultaba tan refrescantemente simple contarlo así, solo los hechos, sin las conspiraciones ni maldiciones ni disputas familiares de trasfondo. Incluso parecía la historia de alguien más, pero no lo era.

- Ustedes saben que yo solía ser fiadora de fianzas, hace tiempo les conté más o menos de qué se trataba mi trabajo. Pues bien, hace varios años me pidieron que fuera a una ciudad de Maine, donde Regina es la alcaldesa…

- ¿Eres alcaldesa? -se levantó Jules de un salto, con los ojos abiertos de par en par. Antes de que Regina pudiera responder, Emma ya lo estaba haciendo. Aunque no como ella esperaba.

- Es una absoluta nerd. Ciencias, política, economía, lenguas extrañas, lo que se te ocurra. -dijo entre admirada y orgullosa de la mujer a su lado, que en ese momento se estaba sonrojando como pocas veces la veía.

- Dios, me estoy volviendo muy autoconsciente, de repente. Creo que debería ir a cambiarme, ponerme algo más formal. -dijo Jules indecisa, rompiendo el hielo para todas las demás.

- No seas ridícula, querida. Tu atuendo está bien. -dijo Regina, recuperando su tono habitual después de aclararse la garganta discretamente.

- Es que no te encuentras a una autoridad sentada en el living de tu casa todos los días. -sonrió la mujer, dejándose caer de vuelta al sillón.

- Vamos, Jules, yo quiero seguir oyendo la historia. -se quejó Helen.

- Sí, yo también. Lo siento, sigan.

- Como dijo Emma, llegó a mi ciudad, que por lo general se preciaba de ser tranquila y sencilla, con las mismas familias habitando el territorio por generaciones, ya me comprenden. Entonces, ni su visita ni su manera de husmear pasaron desapercibidas y eso me puso en alerta.

- Demasiado alerta, diría yo. Quiso echarme del pueblo prácticamente enseguida. -añadió Emma.

- Y mientras más trataba, ella ponía más empeño en quedarse, fue una pesadilla.

- ¿Pero qué cosa tan mala le hiciste a esta mujer para que reaccionara así, rubia? No me digas que ella era tu objetivo. -intervino Helen.

- No, no precisamente, pero igual me terminé involucrando porque ella tenía actitudes muy sospechosas. -picó, mirando a Regina con aire desafiante para ver cómo continuaría la morena después de eso, pero Regina tenía el contra argumento perfecto bajo la manga. Desafío aceptado.

- Y ella no halló nada mejor que aparecerse en una reunión del concejo de la ciudad para decirle a todo el mundo que yo estaba desviando fondos municipales. -dijo como si nada, devolviendo la batuta a Emma. La rubia resopló.

- ¿Qué? -después de la revelación anterior las vecinas de Emma no pudieron menos que inclinarse hacia adelante, totalmente intrigadas.

- Pero no se equivoquen -sonrió-, ella quiso que lo hiciera. Me puso pistas falsas para que sacara esas conclusiones y al final quien quedó en ridículo frente a todo el mundo fui yo.

- Fue para darle un escarmiento, estaba siendo demasiado entrometida. -completó Regina, descubriendo que ya no era capaz de recordar todo eso con molestia. Por el contrario, le resultaba incluso entrañable.

- Wow. Nunca hubiera pensado que fue todo tan complicado para ustedes, chicas.

- En esa época nos odiábamos, discutíamos por absolutamente todo y jamás pensamos que acabaríamos teniendo una relación como la que tenemos ahora. -asintió Regina.

- En realidad, lo único que teníamos en común era Henry. -se le escapó a Emma, y sus dos amigas la quedaron mirando extrañadas, entonces supo que tendría que extenderse un poco- Ah… es que Regina y Henry tuvieron una conexión especial desde el principio, independiente de mí. Pero eso no es todo, nuestra disputa no acabó ahí.

- Ni empezó por ahí.

- ¿Hay más?

- No tienes idea, querida. -Regina sonrió de lado.

- Con decirte que si yo intenté ponerla tras las rejas, ella lo consiguió. -dijo Emma, y Regina casi se atragantó con el sorbo de café que estaba bebiendo.

- ¡No puede ser! -exclamó Jules.

- Es cierto, aunque no fui yo directamente, ella conducía en estado de ebriedad. Chocó el cartel de bienvenida a la ciudad y por eso pasó la noche en una celda. Yo me vine a enterar al día siguiente.

- Pero lo que no les está diciendo es que fue ella quien me embriagó.

- No es culpa mía si no puedes tolerar bien los tragos. Tú lo pediste, ¿recuerdas?

- Ok, ¿de qué nos estamos perdiendo? -interrumpieron las vecinas. Regina arqueó las cejas sin dejar de mirar a Emma, y la rubia puso los ojos en blanco para provocarla, antes de volverse a las otras dos.

- La noche que nos conocimos, Regina me invitó a tomar una copa a su casa… básicamente para sondear mis motivos para haber llegado al pueblo así de la nada. Había sido un día de muchas emociones para mí, así que le pedí algo fuerte, y después de beber un whisky me ofreció una copa de su reserva personal de sidra de manzana. Y si la probaran sabrían que esa cosa es letal.

- ¡Hey! -exclamó Regina indignada.

- No he dicho nada sobre el sabor. Pero cariño, en el fondo lo sabes. -ante la expresión de afecto Regina quedó en blanco, alejándose de cualquier pensamiento que hubiese tenido antes. -Además, la señora alcaldesa aquí presente tiene una resistencia envidiable al alcohol, por eso piensa que exagero.

- Es bueno saberlo. -apuntó Helen, ya tejiendo un plan para esa noche en su cabeza.

- Pero sí, pasé la noche en la cárcel. Y verme por la mañana no fue precisamente una navidad para Regina.

- Después de lo que hablamos yo creía que a esas alturas ya se habría ido del pueblo.

- Y desde entonces adoptó una estrategia pasivo-agresiva para decirme de todas las maneras que encontró que no era bienvenida allí.

- Y a cambio de eso, ella cortó mi árbol de manzanas con una sierra eléctrica.

- Solo un gancho. Y sí, sé que no fue lo más maduro que pude hacer, pero estaba muy molesta por cosas que ya no vale la pena mencionar.

- Como pueden ver, Emma era más que irritante, pero también… era un desafío. En el fondo me divertían todas esas disputas. Ella fue la primera persona realmente capaz de meterse bajo mi piel y de enfrentarme en mucho tiempo y yo…

- Cayó rendida por mí sin remedio. -se jactó Emma, viendo cómo el rostro de Regina se ponía de todos colores.

- ¡Claro que no! -ok, vale, no se enamoraron ahí, tendría que subir la apuesta, pensó Emma.

- Oh, por supuesto, había olvidado que poco después de eso me diste un puñetazo.

- Porque besaste a mi novio. -refunfuñó Regina frunciendo el ceño.

- ¿Que hiciste qué? -exclamó Helen escandalizada.

- Bueno… sí, eso pasó. Pero técnicamente él me besó a mí, y no era tu novio, era más bien tu… -antes de que pudiera continuar y decir una barbaridad Regina la cortó. Sumergirse en la naturaleza de su relación con Graham haría todo muy difícil de explicar.

- Emma. -la aludida se encogió en su sitio ante la mirada de advertencia de Regina.

- Quiero decir… no era una relación formal. -balbuceó como pudo. No esperaba que sus vecinas se echaran a reír en su cara.

- Bueno, aquí queda claro quien manda en la relación, ¿no crees? -dijo Jules con aire malicioso y Helen asintió mientras seguía riendo por lo bajo. Emma solo rodó los ojos, sintiendo que debía recuperar terreno de alguna forma.

- La mayoría del tiempo -aceptó, y Regina la miró sorprendida -pero si yo quisiera pondría mis… ¿Cómo les dices? Ah, sí, mis ojos de cachorro y ella no podría negarme nada.

- ¡Señorita Swan! -exclamó Regina, ruborizada a más no poder. Eso era confidencial, ¿qué se creía la rubia? y por supuesto que podría seguirse negando si quisiera... aunque si pensaba en la manera en que habían acordado ese mismo viaje... ok, puede que ese no fuera un buen ejemplo, pero seguramente existieron muchas otras situaciones que evidenciaron lo contrario, ¿cierto?

- ¿Señorita Swan? ¿Ese es tu apodo? -preguntó Helen con una mirada ladina. Emma sonrió.

- Más o menos. Regina es muy formal la mayoría del tiempo por su trabajo y todo, así que me trató así desde el principio, primero por cordialidad, luego porque se convirtió en mi jefa cuando tomé un empleo permanente en el departamento de policía, pero después de tanto tiempo es casi cariñoso. Aún así casi siempre lo usa para reprenderme por algo, como ahora.

- Oh, así que son esa clase de pareja. ¿Hacen juego de roles y todo?

- ¡Pero por supuesto que no! Nuestra vida personal y profesional está perfectamente delimitada. -aclaró Regina un poco cabreada.

- Está mintiendo, sí jugamos un poco. -contradijo Emma, riendo entre dientes, sin importarle la mirada fulminante que cayó sobre ella. ¿Quién diría que acabaría extrañando a esa Regina que solía querer matarla?

- ¿En serio, Emma? -Regina enterró la cara entre sus manos, mortificada. Sí, a veces la llamaba así solo por jugar, pero no de la manera que seguramente se estaban imaginando las dos mujeres que se encontraban frente a ellas.

- ¿Y tú, Swan? ¿Le has puesto algún apodo? -siguió Jules, entretenida. Emma lo pensó por un momento y luego posó su mirada en Regina.

- Mi majestad. -dijo suavemente, sacándole una sonrisa boba a Regina.

- Es su majestad. -corrigió en el mismo tono que había utilizado Emma. Y la aludida asintió con una pequeña sonrisa.

- Por eso, mi majestad. -entonces la sonrisa de Regina se expandió y sus ojos se estrecharon sin poder ocultar un brillo especial. Emma solo respiró profundo. Por alguna razón había dejado de respirar.

- Ya deténganse, esto es demasiada miel para ojos de una soltera. -reclamó Jules, haciendo aspavientos. Entonces, Regina, que espabiló primero, sacudió su cabeza y volvió a tomar la palabra.

- Pero a pesar de todo eso, como dijo Emma, el bienestar de Henry era lo más importante para ambas, y cuando hubo ese derrumbe en la mina… -al recordar eso, la expresión de ambas decayó.

- Creo que hasta ese día nunca me había sentido tan aterrada. -admitió Emma, y se sorprendió un poco cuando la mano de Regina encontró la suya en medio del sofá.

- Tampoco yo.

- Henry entró a una mina abandonada y quedó atrapado. Todo el pueblo se reunió para ayudar, pero el terreno estaba muy inestable y no podíamos correr riesgos.

- Afortunadamente encontramos una manera, pero alguien tenía que bajar por un túnel con arneses. Yo quería hacerlo, pero finalmente Emma lo hizo.

- Aunque me costó la vida convencerla. Estaba tan preocupada… Esa fue la primera vez que vi algún rastro de vulnerabilidad en sus ojos, y me di cuenta de lo mucho que le importaba nuestro hijo.

- También fue la primera vez que realmente confié en Emma.

- Y justo antes de ir a por Henry compartimos un momento. Ella se acercó a mí, creí que iba a besarme. -suspiró, dejando caer la tensión del recuerdo con ese último comentario, que por cierto, en aquel momento sí se imaginó. Es que Regina la había tomado completamente por sorpresa y se acercó hasta el punto que si Emma intentaba sostener la mirada sobre sus ojos se quedaba bizca. ¿Qué otra cosa iba a pensar? Claro que la morena solo quería a Henry de vuelta, no pensaba en ella en ese momento, pero en fin, la imaginación de Emma es volátil. ¿Qué se le va a hacer?

- ¡¿Qué?! Yo no… bueno, quizá… no estaba pensando con claridad, ¿ok? -acabó Regina en voz baja y Emma la observó sin estar segura de si era verdad o solo le estaba siguiendo el juego. Sabía que debía apostar por lo segundo, pero le inquietaba que su superpoder no se hubiera activado todavía. En fin, solo debía seguir hablando, era por eso que estaban allí después de todo.

- Con el tiempo mi trabajo allí terminó y me enviaron a otro lado. Nunca le dije que no quería irme. -dijo, adoptando una postura seria.

- Y yo nunca le pedí que se quedara. Creí que era lo mejor, que ambos estarían mejor... Pero fue horriblemente difícil verlos partir. Fue entonces cuando me di cuenta de lo mucho que la echaría de menos, pero perdimos el contacto…

- No volví a saber de ella hasta que tuve que volver a Storybrooke por otros asuntos. Me contactó de urgencia un conocido de Neal, el padre de Henry. Neal estaba en problemas, provocó a una persona muy peligrosa para proteger a su propio padre y... simplemente tuve que ir… aunque no pude salvarlo.

- Entonces, ¿Henry llegó a conocer a su padre? -preguntó Helen con cautela, sabiendo que ese era un tema delicado.

- Brevemente. Pero pudieron compartir lo suficiente para encariñarse el uno con el otro, y finalmente Neal y yo hicimos las paces.

Bajó la mirada hacia sus pies, y unos segundos después sintió los dedos de Regina entrelazarse suavemente en su cabello, en la parte posterior de su cabeza. Cerró los ojos, se sentía bien, era reconfortante, ahora entendía por qué a Hook le gustaba tanto cuando ella se lo hacía. Podría quedarse así todo el día.

- Eso es… Lo lamento, Emma. -dijo Jules casi en un susurro.

- Está bien, él está en un lugar mejor ahora, uno donde es feliz. Estoy segura de eso. -sonrió Emma aún con la mirada triste, recordando la última vez que había visto a Neal, cuando él mismo le había dicho esas palabras. -Pero basta de drama, no estamos aquí por eso, ¿o sí?

- Tienes razón, todavía no nos han dicho quién se declaró a quién, y ya se están tardando. -dijo Jules, tratando de aligerar el ambiente.

- Fui yo. -dijo Emma. Creyó que era justo encargarse de esa parte, después de todo Regina tendría que lidiar con la propuesta de matrimonio.

- Eso no me lo esperaba. -silbó Helen, admirada.

- Lo sé, ¿verdad? Regina cambió todos mis esquemas... aunque también influyó que en ese tiempo realmente tenía miedo de perderla. Y es que por fin nos habíamos hecho amigas, empezábamos a tener una relación más abierta, Henry quería que nos asentáramos en la ciudad, todo estaba bien y de un momento a otro lo jodí todo, hice algo sin pensar en las consecuencias y le hice daño... dejó de hablarme, dejó de trabajar, dejó de salir... ¡Dios! incluso dejó de ver a Henry, y yo no tenía ni la menor idea de cómo arreglarlo. La busqué una y otra vez, llené su buzón de mensajes, luego traté de darle su espacio, pero nada. Al final fue el chico quien hizo la magia, fue hasta su casa y se plantó frente a la puerta gritando sus verdades hasta que Regina salió a recibirlo. -durante todo ese relato Helen y Jules se mantuvieron en silencio y Regina pensaba... solo pensaba en todo. -Y yo estuve feliz al enterarme, ¿saben? Al menos ella salía de casa y hablaba con alguien. Pero las cosas siguieron frías entre nosotras durante un tiempo y eso me mataba, luego nos unió un asunto de trabajo, pero al terminar ella simplemente se fue... Ese fue mi límite. Fui tras de ella y la confronté, admití lo idiota que había sido y le dije que no me rendiría, que sin importar lo que pasara no dejaría de intentar porque lo nuestro era único y especial para mí. Ella me entendía de maneras que nadie más podría y no podía simplemente dejarla ir. Pero ella no movió ni un músculo mientras me escuchaba, y cuando me di la vuelta para marcharme me llamó, me dio una oportunidad. Y así... así comenzó, y pasamos al siguiente nivel de nuestra relación.

- Chica, que esa es una gran declaración, abriste tu corazón y todo, pero ¿no le dijiste que la amabas? Porque en serio, después de todo lo que has dicho...

- No presiones. -refunfuñó Emma.

- Emma es más de acciones que de palabras. -intervino Regina en su defensa -Y pueden estar seguras de que lo que me dijo esa noche valió mucho más que una decena de esas declaraciones que seguramente verían en una comedia romántica. Nuestra relación es diferente, es real, más profunda, y ambas somos conscientes de eso. Al final del día creo que es todo lo que importa. -Emma le sonrió, tomando su mano, y ella le dio un apretón, tratando de transmitirle que no cambiaría ni una palabra de todo lo que había dicho antes. -Escuchen, yo misma admito ser una persona bastante cerrada cuando se trata de mis sentimientos, pero Emma ha sido paciente y perseverante, ella sencillamente entiende... y me ha defendido e incluso lo ha arriesgado todo salvándome en muchas ocasiones de formas que no podrían siquiera imaginar, aún cuando no tenía que hacerlo o cuando nuestra relación estaba en sus peores términos. Es mi mejor amiga, y como si fuera poco ella me dio a mi hijo. ¿Cómo podría no amarla? Pero no necesito decírselo cada día para que lo sepa, así como yo no necesito escucharlo para estar segura de ella. Siento si esperaban oír algo diferente, pero para mí nuestra historia tal y como ha sido lo significa todo.

- Yo... no quise decir eso... yo solo... -trató de rectificarse Julia entre palabras atropelladas.

- ¿Emma? ¿Estás bien? -preguntó Helen al notar que Emma parecía haberse congelado mientras una lágrima rodaba por su mejilla.

- Sí, sí, es solo que... Yo también te amo. -susurró volteando hacia Regina, antes de apoyar la frente contra su hombro. No entendía lo que le pasaba, simplemente se sentía abrumada y desbordada y no estaba acostumbrada a eso.

- Querida... -murmuró Regina, frotándole la espalda. No podía dejar de estar preocupada, ¿era algo que había dicho?

- Cuéntales cómo me pediste matrimonio, quiero oírlo. -dijo Emma después de un rato, sin despegarse de ella.

- ¿Estás segura? Porque estás siendo inusualmente sensible. -inquirió Regina en un tono ligeramente burlón. Y consiguió lo que quería, Emma la miró y rodó los ojos.

- Oh, cállate majestad. Es tu culpa por decir cosas tan bonitas. Pero de aquí no sale, ¿está claro? No me gustaría arruinar mi reputación.

- Claro como el cristal, querida. -Tomó una respiración profunda y se enfrentó a las otras dos. -Está bien. Entonces ¿quieren escuchar cómo "le pedí" matrimonio?

- Absolutamente sí, y a estas alturas sería conveniente tener un bol de palomitas. -bromeó Julia. Helen le dio una palmada en la pierna y miró a Regina con interés, dándole a entender que continuara. Regina ya había pensado en eso, buena parte de la tarde, en realidad. Y es que podría atenerse a los hechos y apropiarse de la propuesta de Hook... pero por mucho que tratara de reconciliarse con la idea simplemente no sonaba como algo propio de ella. Le dejaba un mal sabor de boca, siendo totalmente honesta. Así que tuvo que crear algo por sí misma hasta quedar conforme.

- Ocurrió una mañana. Y fue una sorpresa hasta para mí, si lo pienso, porque no lo había planeado ni nada; solo... yo no soy una gran fanática del matrimonio en general. Pero me estoy desviando, ¿verdad? En fin, yo me desperté primero como de costumbre, y si conocen a Emma sabrán que no es una persona mañanera a menos que no tenga opción, así que normalmente dejo que duerma hasta que se despierte por sí misma o hasta que no haya más remedio porque se nos hace tarde para ir a trabajar. Esa mañana fue diferente, solo me quedé observándola, y algo en ella... no sé, respiraba tan tranquila a centímetros de mí, completamente relajada. Me tenía absolutamente embelesada, y luego me invadió la sensación de que lo que teníamos no era suficiente, quería darle más, sentí que Emma merecía más aunque ella no me dijera nada. Y sin pensar me acerqué a su oído y comencé a susurrar. Me reservo para mí la mayoría de cosas que dije, pero culminé diciendo: ¿Y si nos casamos? ¿Y si hacemos oficial nuestra familia? ¿Me harías el honor, Emma? ¿Te casarías conmigo? Simplemente no podía detenerme a mí misma, y en medio de eso ella despertó y me miró desorientada, pidiendo que repitiera lo que acababa de decir. Ya que lo había dicho me descubrí deseándolo y no me retracté. Se lo dije en voz alta: Deseo pasar el resto de nuestras vidas despertando a tu lado. Y realmente creo que deberíamos casarnos... ¿Serías mi esposa? Y ella dijo "Sí", y nos quedamos en la cama hasta tarde, dejando de lado todo lo demás. Y luego me dediqué a diseñar el perfecto anillo que fuera con su personalidad, y mientras lo fabricaban envié flores vivas a su oficina cada día, que luego plantamos en el jardín para que crecieran y perduraran como una promesa de nuestro futuro, por supuesto. Y cuando el anillo finalmente estuvo listo organicé una reunión con todos nuestros amigos para anunciar oficialmente nuestro compromiso. Está de más decir que se lo dijimos a Henry primero que a nadie y él nos apoyó por completo. -terminó con una sonrisa satisfecha. Su audiencia había enmudecido observándola fijamente y especialmente Emma a su lado la estaba mirando con la boca abierta.

- ¡Maldición, Regina, quieres matarme! -exclamó y sin poder contener esa sensación extraña haciendo estragos en su pecho y su vientre, se levantó bruscamente, y no halló nada mejor que hacer que encerrarse en el baño en busca de calma.


- ¿Oíste eso? -preguntó Henry en voz baja, oculto en el pasillo oscuro con su teléfono.

- Mi hermanita definitivamente sabe dejar volar su imaginación... de una manera innecesariamente detallada para algo que técnicamente debería ser solo para salir del paso, si me permites decirlo. ¿Quieres repetirme una vez más cómo es que se metieron en algo así ellas solas? -preguntó Zelena algo perdida, o más bien incrédula.

- Más tarde, no estoy solo. Ahora aproveché porque Josh bajó de una carrera a buscar un paquete.

- Bien hecho, niño. Pero puede que te estés arriesgando demasiado.

- Es que tenías que escucharlo. Estaba demasiado bueno. -dijo, y oyó a Zelena soltar una risa contenida.

- Como van las cosas, ¿crees que sea necesario aplicar el plan de contingencia?

- No lo sé, te lo informaré si después de esto no reaccionan.

- Bien. Solo avísame con tiempo para buscar a alguien que cuide a Robbie.

- Lo haré. -insistió el chico -Mientras tanto probaré con la lista que hicimos el otro día.

- ¡¿Todavía no aplicas nada de eso?!

- Hey, solo disfrutaba el tiempo con mis madres. No puedes culparme.

- Como sea. Tú sabes lo que haces... y ellas ya hacen bastante por sí mismas.


A medida que avanzaba la noche la conversación se desvió a otras direcciones, sacando a Emma y a Regina del centro. Y llegado el momento de irse, Helen les propuso salir a bailar a algún pub. En un principio dudaron, pero cuando Henry les dijo que tenía intenciones de pasar la noche poniéndose al corriente con Josh, les fue más fácil decidirse. Volvieron a casa a cambiarse de ropa, y aunque Regina se negaba a la idea de bailar -porque ya bastantes líos había pasado para hacerlo en Camelot, y a pesar de todo, nada de lo que aprendió le servía para nada en este mundo -le parecía atractiva la idea de salir a algún lugar agradable a beber un par de copas. Emma por su parte estaba totalmente a favor de despejar su mente un rato.

Cuando llegaron, vieron la pista concurrida, y rodeándola buscaron el sitio menos ruidoso con mesas disponibles, y sin más comenzaron a pedir rondas de alcohol y aperitivos sin escatimar. Y sí, el ambiente se distendió... mucho. Al punto en que la cosa más ínfima desataba risas desenfrenadas.

- Pero en serio, chicas. Helen es gerente de una cadena de hoteles y su novio de turno...

- !¿Cómo que novio de turno?! ¡Llevo más de tres años saliendo con Rob!

- Como sea, el tal Rob a quien nunca he visto trabaja en una aerolínea. Seguro les podrían arreglar una luna de miel espectacular.

- Pues en realidad es una gran idea. -dijo Helen, frunciendo los labios hacia un costado - ¿Ya tienen fecha?

- Aún no. -dijo Regina algo distraída, tamborileando con los dedos al ritmo de la música pegajosa.

- Bueno, les diré algo, apenas tengan fecha avísenme, y aunque no sea tan fácil como lo pinta Jules, les prometo que Rob y yo programaremos el viaje de sus vidas. ¿Dónde les gustaría ir, por cierto? -ante esa pregunta Regina no pudo mantener la compostura y rió sin control. -¿Dije algo gracioso?

- Lo siento... solo imaginé la cara que pondría el novio de Emma si ella me llevara a la luna de miel a mí en vez de a él. -entonces se dio cuenta de lo que había dicho y el efecto del alcohol se le bajó de golpe, haciéndole desear que la tragara la tierra. ¿Cómo pudo tener un desliz así? Pero entonces una carcajada inesperada de Jules la secundó.

- ¡Buena esa! Si a su enrevesada historia además le agregáramos un novio tendríamos una bomba atómica. -dijo, levantando la mano para chocar los cinco con Regina, que le siguió el juego aliviada.

- Mejor agréguenle un par de dragones, encantamientos mágicos y que mis padres biológicos sean Blanca Nieves y el Príncipe Encantador, y su mente explotará. -se unió Emma, terminando su última cerveza.

- Ustedes tienen mucha imaginación. -sonrió Helen, negando con la cabeza mientras volvía a llamar la atención del mesero.

- Oh, y eso que no has oído nada sobre nuestro viaje a Nunca Jamás, ni nuestro trabajo encubierto con las reinas en la oscuridad.

- Ajá. -asintió Emma, entusiasmada -Porque vivimos en un lugar donde las monjas son hadas, ¿o era al revés? Y la abuelita de Caperucita maneja la cafetería local, y el Dr. Frankenstein es nuestro médico de cabecera. -rió, abrazando a Regina por los hombros, mientras la morena no dejaba de asentir, tratando de recuperar el aliento.

- Corrijo, están absolutamente chifladas. Y son tal para cual.


Rato después Jules y Helen decidieron ir a bailar, y Emma y Regina se quedaron conversando en la mesa.

- ¿Segura de que no quieres bailar?

- Sabes que no sé bailar.

- ¿Y tú crees que alguien de por aquí realmente sabe cómo hacerlo? Te aseguro que solo se mueven, es estilo libre.

- No lo sé, Emma. No he bebido lo suficiente para que no me importe.

- Y eso me parece genial. Así no acabarás en el piso. Vamos, nadie aquí va a juzgarte... tengo una idea, ven.

- ¿Qué? ¡Emma! -refunfuñó mientras Emma la cogía de la mano y tiraba de ella para conseguir que se pusiera de pie. Cuando por fin lo hizo, la guió a la pista, y sin soltar su mano, la cogió por la cintura, imitando la postura clásica del vals. -¿Qué estás haciendo?

- Bailar contigo. ¿Me sigues o te sigo?

- Esto es ridículo.

- Y una oportunidad que podría no repetirse. Nadie nos conoce. Podemos hacer lo que queramos.

- La música no concuerda.

- Piensas demasiado. Solo mantén tu mirada en mí y por una vez déjate llevar, ¿ok? Confía en mí.

- Ok...

Y bailaron el vals en la oscuridad, en medio de un montón de gente sin rostro. Después de unos cuantos giros Regina comenzó a encontrarle el gusto y rió echando su cabeza hacia atrás, dejando ir todas sus preocupaciones que en ese momento le parecieron insignificantes, y Emma sonrió complacida al ver lo mucho que se divertía. Cuando se detuvieron, Emma la envolvió en sus brazos por unos segundos, contenta de haber conseguido exitosamente su cometido, y luego se apartó un par de pasos, poniendo las manos en sus caderas para guiarla en el movimiento, asintiendo cuando la morena realmente la siguió, sin dejar de mirar sus manos. Después de un rato, con el ritmo adquirido, Emma la soltó y alzó los brazos, dando una especie de saltos desiguales. Y Regina arqueó las cejas, con evidente diversión.

- Ahora estamos listas para enfrentar el siglo XXI, mi reina, no te detengas a pensarlo y sigue bailando.

Así lo hizo, durante horas bailó con Emma como si fuera su único propósito en la vida. Y al menos por esa noche lo era.


Llegaron al apartamento cuando el sol comenzaba a salir, y luego de unos cuantos inconvenientes para encontrar la llave correcta y el tropiezo monumental de Emma después de abrir la puerta, se dirigieron directamente a la habitación, en la que Regina se estrelló contra la cama, completamente agotada, lanzando los tacones a cualquier parte, y trató de bajar el cierre de su vestido, pero parecía particularmente difícil esa noche, así que acabó rindiéndose, y se dedicó a tantear la cama en busca de una almohada, sin importarle demasiado el estado en el que quedaría su vestido; mientras que Emma luchaba incansablemente para quitarse la chaqueta y los pantalones sin haberse quitado las botas primero. Cuando descifró cómo hacer todo y fue libre de su ropa se lanzó a su lado de la cama, reptando hasta llegar a la mitad, y estirando la mano para coger la de Regina.

- Gina...

- ¿Hm?

- Me gustó mucho bailar contigo esta noche.

- A mí también.

- Tenemos que repetirlo. Quiero seguir bailando contigo cuando volvamos a casa.

Para cuando terminó de hablar solo pudo suspirar. Regina ya se había dormido.


Al despertar, Emma se encontró en un lugar que no esperaba. De alguna manera había acabado ocupando la misma almohada que Regina, y al abrir los ojos pudo notar que sus frentes estaban unidas y sus narices prácticamente se rozaban. Pero encontró algo entrañable en esa posición. Tanto así, que aunque estaba sedienta no quería moverse. Volvió a cerrar los ojos y oyó a Regina murmurar algo ininteligible en sueños. Y entonces sonrió, sin preguntarse por qué se sentía tan eufórica apenas despertar, se movió y accidentalmente rozó la punta de su nariz con la de Regina, que frunció ligeramente su nariz en respuesta al cosquilleo y luego siguió durmiendo como si nada. Emma deseaba que despertara, quería empezar juntas el día... o lo que quedara de él, ni siquiera sabía qué hora era. Ese era el problema de ser quien despierta primero, se dijo. Y sin detenerse a pensarlo volvió a frotar con ligereza su nariz un par de veces, esta vez con intención, solo para obtener una reacción. ¿Eso era lo que llamaban beso esquimal? no estaba segura. No entendía por qué lo encontraba tan fascinante. Lo hizo una vez más y sonrió. Regina iba a matarla. No tendría que ser tan divertido. Mientras pensaba en todo eso no se dio cuenta de que Regina empezó a removerse para darse la vuelta, por lo que no alcanzó a reaccionar cuando sus labios laxos rozaron los suyos por un par de segundos mientras se volteaba. Eso... fue... Regina ni cuenta se dio, pero ella... sin poder gobernarse a sí misma y contra cualquier pronóstico solo se largó a reír fuertemente. No tenía sentido, no sabía exactamente qué era lo que le hacía tanta gracia, pero aún así.

- ¡No puedo creerlo! ¡Me besaste! -exclamó, incorporándose en la cama, provocando que Regina se despertara de un salto... o algo parecido, porque inmediatamente agarró la almohada y la colocó sobre su cabeza, quedándose inmóvil una vez más.

- Déjame dormir... -murmuró con la voz ronca, y amortiguada por causa de la almohada.

- Pero me b-

- Déjame. Dormir. -la cortó amenazante. Y Emma le hizo caso... durante unos minutos.

- Ok, pero me besaste.

- No seas idiota. -dijo Regina, quitándose la almohada de encima, dando lugar a la apariencia más desaliñada que Emma hubiese visto nunca. Despeinada, con los ojos entrecerrados y unas lindas ojeras coronando la imagen.

- Tus labios tocaron los míos. Eso es un beso aquí y en China. -insistió solo por el placer de llevarle la contraria.

- Tenemos distintos conceptos sobre lo que implica un beso. -bostezó Regina -¿Y por qué estabas tan cerca?

- No tengo idea, desperté así. -se encogió de hombros.

- ¿Y Henry?

- No lo he escuchado por ahí, así que supongo que sigue en casa de Josh y Jules.

- Eso es bueno. Mejor que no nos vea en estas condiciones. -dijo después de estudiar detenidamente el aspecto de ambas. Emma asintió antes de levantarse.

- Voy a preparar café, ¿quieres un poco?

- Sí. -suspiró perezosamente mientras se masajeaba las sienes -Si vas a empeñarte en mantenerme despierta necesitaré combustible.

- Ok, café bien cargado en marcha.


- Oye, ¿qué tipo de mujeres crees que nos gustarían? ...si nos gustaran las mujeres, claro. -preguntó Emma reflexivamente mirando al techo mientras Regina bebía su segundo café sentada en la cama.

- No estoy segura, ¿por qué? -preguntó, mirándola de reojo antes de beber otro sorbo.

- No lo sé, curiosidad, ocio. ¿Adivinas mi tipo y yo adivino el tuyo? -la miró directamente esta vez.

- Tu tipo no es muy difícil de adivinar en todo caso. -sonrió Regina juguetonamente tras su taza.

- ¿Por qué lo dices? -inquirió Emma confusa.

- Por favor, estás a punto de casarte con un hombre que usa delineador de ojos. Si eso no es una señal mi hermana baila con los munchkins. -dejó su taza vacía sobre la mesita de noche y acto seguido recibió una lluvia de golpes de almohada.

- ¿Era necesario mencionar eso? Eres… malvada. -se rió Emma sin poder evitarlo.

- Tienes suerte de que no tenga mi magia aquí. -advirtió Regina tratando de defenderse como podía.

- Créeme, lo sé. Hago uso de la mano que me tocó. Y bien, señorita sabelotodo, si es tan fácil ¿cómo sería mi tipo de chica ideal? -se detuvo en su afán y permitió que Regina volviera a sentarse, apoyándose en el respaldo de la cama. La morena se tomó su tiempo para alisar su cabello con los dedos y luego sonrió de lado mientras pensaba. Emma lo había pedido.

- ¿Basándome únicamente en las características de tu prometido? Tendría que ser impetuosa.

- Me gustan las personas con carácter, de acuerdo, continúa.

- Morena, todos tus ex lo son. Y obviamente tienes debilidad por los chicos malos, pero sigues siendo una heroína y tienes que pensar en la seguridad de Henry, así que deduzco que sería una villana reformada. -Emma abrió los ojos como platos y la quedó mirando en silencio varios segundos a la espera de que siguiera hablando, pero eso no pasó.

- ¿Y quién cumpliría con esas características tan específicas? -Regina se encogió de hombros.

- No lo sé… ¿Ruby?

- ¿Ruby? -Emma frunció el ceño, sorprendida.

- Por lo demás, tu pirata jamás se baña y Ruby apesta a perro mojado durante días después de cada luna llena. Así que sí, me parece que Ruby sería tu chica ideal. -culminó con una sonrisa y Emma se rió entre dientes, negando con la cabeza.

- Eres terrible.

- No lo has negado. -picó Regina, sintiéndose victoriosa. Pero Emma también podía jugar, y lo haría.

- Ok, Ruby, hablando de eso, ¿quieres ducharte primero o me cedes el turno?

- ¿Perdona? -dijo Regina totalmente despistada.

- Oh, lo siento, ¿no estábamos usando apodos?

- N-no... ¿por qué creíste que...? ¡No hablaba de mí! -se sonrojó, levantándose rápidamente, y dirigiéndose a buscar ropa para meterse al baño, pero Emma la siguió.

- Pues es una pena no ser tu tipo, porque creo que tú serías totalmente el mío, majestad. -se encogió de hombros -Supongo que Lily tenía razón entonces. Me costará pero lo superaré. -dijo, poniendo una mano en su frente, fingiendo desolación. Y con eso, despertó la curiosidad de Regina. ¿Qué tenía que ver Lilith en todo eso?

- ¿De qué demonios estás hablando?

- De que hace un tiempo Lily me comentó algo muy interesante acerca de que pudiste estar así de cerca de convertirte en su madrastra. No dijo más, solo lo dejó caer. Y nunca le di importancia, pero ya que estamos hablando del tema... ¿Ocurrió algo entre Maléfica y tú en el Bosque Encantado? -sonrió maliciosamente, pero cambió la cara de inmediato cuando notó que a Regina se le iba todo el color del rostro.

- Oh, no puedo creerlo... -murmuró la morena.

- Espera, ¿entonces sí pasó algo? -preguntó Emma, descolocada.

- Voy a asesinar a Mal.


Hola nuevamente. Debo decir que he amado cada uno de sus comentarios, y espero que este cap. demuestre mi aprecio :D

Espero que les guste.

Díganme qué opinan.

Nos leemos en el próximo ;)