Cap 3

30 de noviembre, 14:06 pm

Tal y como lo predijo.

Cuando llegó a la cima de la escalera, no tuvo tiempo ni de respirar ya que comenzó a tirar sus entrañas en el piso de la terraza. Olía asqueroso.

Las arcadas no ayudaron tampoco a su dolor de cabeza y tuvo ponerse en cuatro patas cuando sus piernas flaquearon junto a su equilibrio que se vio cuestionado una vez más.

Estaba viviendo una pesadilla sin fin.

-…Mhag…- Un patético sollozo escapó de sus enfermizos labios purpura gracias al frio. Le dolía hablar. Los jugos gástricos de su estómago habían quemado su garganta.

Hipó levemente mientas Trataba de limpiarse con la manga de su camisa verde pero sus manos estaban temblando tan mal que ni siquiera podía levantar los brazos al nivel de su rostro.

Lo intentó un unos minutos más. Sin éxito. Siguió intentándolo con más insistencia.

No se había dado cuenta de que su respiración se había empezado a agitar.

¡¿Porque no podía levantar el jodido brazo?!

Kenny esta muerto, eres el siguiente

-¡Gha!- Dejó escapar involuntariamente.

Una ola de ansiedad muy familiar lo ahogó.

-Ha… ¡Ahg! Haa… ¡Gah!- necesitaba tranquilizarse, lo sabia. Cerró los ojos con fuerza mientras contaba el ritmo de sus respiraciones.

...veintitrés, veinticuatro veinticinco, veintiséis, veintisiete...

Abrirán tu estomago

...cuarenta, cuarentaidos... eh... cuarenta...

El zumbido infernal volvió a sus oídos. Abrió los ojos como platos enseguida, mirando como si al piso de la terraza bajo sus manos le hubieran salido los ojos del diablo.

¡NO RECORDABA QUE PUTO NUMERO SEGUÍA!

No podía pensar.

No podía concentrarse en nada.

¡No podía respirar!

-¡Gha! Haaa… ¡Haa..!-Respirando entrecortadamente se levantó del suelo, el ruido sordo en sus oídos lo distraía demasiado haciéndolo perder el balance en varias ocasiones. Pero el siguió levantándose. Se arrastraría de ser necesario.

Tenía que moverse.

Moriría de asfixia si se quedaba un minuto más allí sentado.

Tenía que ir a algún lugar…

Cualquier sitio sería mejor.

Necesitaba…

"Café"

Si.

Eso era lo que necesitaba.

Caliente y amargo.

Café.

Con eso en mente abrió la puerta de la azotea que le permitiría entrar al local debajo.

Mantuvo su boca abierta, jadeando por aire mientras bajó los escalones aferrándose a los pasamanos cuando su visión fuera de foco se oscurecía demasiado.

Suchi City estaba destrozado e inhabitado. Pero eso no era lo que le importaba ahora.

Tweek rápidamente se abrió paso a la cocina empezando a abrir estantes y anaqueles sin cuidado alguno.

NADA.

-¡AHG!- Tiró de su cabello con violencia arrancando varios mechones dorados.

¡¿DONDE ESTA?!

Cayó al suelo cuando la habitación comenzó a girar.

¡MORIRÍA!

Como Kenny

¡LOS ZOMBIES ABRIRÍAN SU ESTOMAGO COMO PIÑATA Y SE DELEITARÍAN CON SUS TRIPAS!

"¡JESUCRISTO!"

En verdad…

…Estaba muerto.

En un último intento, desde la sucia superficie del piso de aquel local ladeó su cabeza lentamente hacia el mostrador.

Allí estaba.

Una pequeña cafetera llena de café burlándose de él.

Sus ojos verdes se quedaron inmóviles, negándose a apartar la mirada de esa cafetera, como si esta fuera a desparecer en el momento en que lo hiciera. Con mucho esfuerzo despegó su mejilla del frio suelo y llegó al mostrador, aferrándose de la mesa para impulsarse hacia arriba.

Sus manos eran inestables cuando tomó la jarra de vidrio, llevándola inmediatamente a su boca jadeante sin importarle quemarse con la bebida.

Cuando el líquido cálido bajó por su garganta tweek pudo sentir sus músculos relajarse por fin.

Tragó.

Sin darse cuenta estaba respirando normalmente otra vez.

Tragó

El zumbido aún seguía pero ya no era tan molesto.

Ya no le importaba más. Su mente estaba en paz ahora. Hasta su dolor de cabeza había desaparecido.

Tragó

Había sido mucho tiempo desde que había tenido un café de verdad.

Ese pensamiento hizo que su corazón se hundiera.

Qué clase de persona se envuelve en su placer. Mientras al otro lado de la pared seguramente seguían devorando el cuerpo de su amigo.

Tragó

Él era la persona enferma.

Había prometido dejarlo…

Craig estaba muy orgulloso.

Siempre que pasaba la noche en su casa, él le preparaba café descafeinado en las mañanas para hacerlo sentir mejor.

Sabia asqueroso. Pero era un gesto muy dulce de Craig.

Tragó

Cerró los ojos sintiendo lagrimas calientes resbalar por sus pecosas mejillas.

¡Y aquí estaba él ahora. Atragantándose en una jarra de café como un jodido adicto!

En un aumento de ira dejo de beber el líquido caliente, para aventar la taza de vidrio hacia la pared frente a él.

Esta, estalló irremediablemente en cientos de pedazos, dejando una gran mancha marrón en el muro blanco.

Los ojos olivas se quedaron observando como la sustancia oscura se deslizó por pared hasta llegar al suelo en finos hilos

Se sentía como una basura total.

Daba asco.

¿Porque tenía que meterse en esta situación?

¿Qué estaba pensando?

Él no era de los que salvaban personas.

Él era de los que siempre tenían que ser salvados.

Vagamente recordó cuando una vez trató de salvar a Stan y a sus amigos de Ben Spilver. Había tenido una bazuca en esa ocasión, he igual había terminado perdiendo.

¿Qué le diría Craig en estos momentos?

Imposible saberlo.

Tal vez algo sobre mandar a la mierda a todos y hacer lo que crea mejor.

Eso no lo ayudaba.

Realmente, realmente necesitaba que alguien le dijera que hacer a continuación.

Cualquier cosa…

"Puedes hacer más cosas de las que crees Tweek"

Esas palabras de Craig, se habían tatuado en su cerebro por años pero aun las cuestionaba en ocasiones

Jaló de su cabello con nerviosismo.

¡Dios! ¡Era mucha presión!

"O-ojala estuvieses aquí Craig… y-yo sabría que hacer contigo aquí..."

La presencia del pelinegro era calmante.

Cuando dejó el café por él, estuvo seguro de que podría dejar la cafeína si estaba con Craig para apoyarlo.

Había logrado muchas cosas gracias a Craig.

Craig lo hacia una mejor persona.

Craig era su mejor amigo.

Craig confiaba en él.

Craig lo quería.

Por lo que a continuación él debía…

"Pelea por tu Craig"

Pelear.

Si, debía pelear. Le debia tantas cosas a Craig. era lo mínimo que podía hacer.

Kenny estaba en lo correcto.

Un sonido lo distrajo. Un gemido.

Los gemidos venían justo del cuarto de almacenamiento.

Sin pensárselo mucho se levantó del suelo para ir a revisar. La puerta estaba abierta.

Los ojos verdes de aspecto agotado con cercos oscuros debajo miraron al señor Kim; dueño del restaurante. Ahora convertido en uno de esos monstros.

Como los que devoraron a Kenny.

Rápidamente enterró el palo de golf en el cabeza del asiático, terminado con su vida… ¿o muerte?

-Mng- extrajo el palo.

Esto era. Esto era lo que tenía que hacer.

Pelearía.

Pelearía por Craig.

Aun si Craig lo odiaba después por haber estado bebiendo café.

Realmente eso no le importaba tanto ahora. Solo quería ver a Craig.

Sacó la pistola negra que le había dado Kenny del elástico de su pantalón con la mano izquierda. Mientras mantuvo el palo de golf en su mano derecha. se situó en la salida del establecimiento.

Después de mucho tiempo.

Tweek no tenía miedo.

Kenny lo había llamado proyecto Alice.

Bien, eso sería.

Respiró hondo.

Y de una patada abrió las puertas del local.

El frio clima de south park fue lo primero que percibió su piel. Sin embargo con ojos decididos salió con un pie detrás del otro.

La mayoría de las cosas aún estaban distraídas con lo que quedaba de Kenny, por lo que la calle estaba algo más despejada.

Corrió a la izquierda de la calle. La casa de Craig estaba en la calle arriba de esta.

Tuvo la idea de tomar un atajo entrando al patio trasero de una de las casas del barrio para saltar la muralla hacia el otro lado de la calle.

Se mordió la lengua ante el picor doloroso en los huesos de sus piernas al aterrizar con demasiada fuerza. Las malas noticias no acababan allí, ya que al levantar la mirada vio a dos zombis de rostros irreconocibles justo delante de él.

Al parecer había interrumpido la hora de su comida. Sospechó el rubio notando el estómago abierto con las tripas salidas de una persona en el suelo. Sintió las náuseas volver. Pero no tuvo tiempo de esto ya que los monstros empezaron a moverse hacia él.

Estos eran un poco más rápidos de lo usual, notó con sorpresa Tweek. Por lo que tuvo que actuar igual de rápido.

Azotó duramente el palo de plata sobre la mandíbula de uno, mientras pateó con fuerza la rodilla de otro para hacerlo caer. Estos tipos eran altos.

La mandíbula del zombi voló hacia algún lugar, dejando solo una la larga legua roja colgando sin retenciones. Tweek sintió ganas de vomitar otra vez.

Rápidamente ejecutó una apuñala final el cráneo del muerto y seguidamente disparó al otro zombi que había empezado a levantarse tras él.

Respiró un momento, admirando el pequeño humo de calor que producía la boquilla del arma de fuego extendida en su mano izquierda.

Se sentía bien.

Siguió avanzando, no sin antes apuñalar la cabeza de la pobre víctima destripada.

Más nieve calló en su cara.

Vagamente pasó su mano por su rostro viendo el color negro hollín en ella. Estaba nevando ceniza.

Trasladó su vista a las colinas, tomando nota del humo negro que salía de ellas.

El avión.

Varios sonidos de gemidos lo trajeron de vuelta a la realidad frente a él.

Un grupo de caníbales estorbaba su camino. Tweek le echó la culpa al ruido del arma de Kenny.

Tal vez lo más sensato era tomar otro camino.

Buscar otra ruta.

Era lo menos suicida.

Pero ya estaba tan cerca.

El rubio despeinado con un paso a la vez siguió caminado hacia adelante. Se abrió un camino en línea recta.

Su mente en blanco.

Los ojos verdes se afilaron.

Clavó el palo de golf directamente en el cráneo del primer zombi que se acercó a él. Para continuamente disparar a tres más con su pistola.

Pateo en el estómago a uno que se le estaba acercando demasiado, aprovechado sus diferencias de altura para perforarlo en el suelo.

Disparó a dos más tras él.

Tal vez el sonido de la arma atraería más atención, pero realmente no le preocupaba más.

Acabaría con todos.

Por cada cinco zombis que mataba, avanzaba tres metros.

MATAR

MATAR

MATAR

APLASTAR

Perforó dos cráneos en el suelo con su palo de plata mientras se giraba automáticamente a disparar a las cosas a su espalda.

Fue cuando uno de ellos se abalanzó sobre Tweek.

Era un anormal. Más rápido que los demás.

-¡Mng, hijo de p-perra!- Forcejó con él. El zombie mordía el aire como perro rabioso. Tenía que quitárselo rápido o estaría muerto.

-¡Ahrg!- Terminaron cayendo y la rubia cabeza conectando con la no tan suave nieve gris.

El muerto abrió su boca para rasgar el pálido cuello.

Pero solo terminó mordiendo el caño de la pistola de Kenny.

Tweek apretó el gatillo volando los sesos del infeliz.

Empujó con fatiga el cuerpo inerte del zombi sobre los que ya se habían acercado demasiado, haciéndolos caer.

Disparando rápidamente hacia los que habían quedado de pie. Se dirigió seguidamente a apuñalar las cabezas de los zombis en el suelo.

Cuando el pitido en su oído volvió y Su equilibrio se fue a la mierda. De nuevo.

Calló a la nieve reiteradamente con la respiración agitada.

"No otra vez… mierda"

Estaba un poco mareado.

¡Pero no había tiempo para esto ahora!

Cuando encontrara a Craig podría desmayarse y lloriquear todo lo que quisiera.

Pero simplemente… no ahora.

Se levantó poco a poco con ayuda de su palo de golf.

Sus manos temblaron de frio. Se animó a sí mismo pensado en la calidez de Craig.

Clavó el palo en un nuevo cráneo. Ya faltaba poco.

Estaba a punto de apuñalar otro cuando sonidos de disparos se hicieron presentes.

Sonaban a armas grandes. Aunque estaban lejos.

Tweek no le tomó tanta importancia. Él ya estaba en una misión. Con suerte el sonido alejaría a los zombis de su camino.

Apuñaló el último cráneo.

Se acabó

Iris verdes recorrieron la calle.

Había acabado con todos.

Una pequeña llama de orgullo calentó su centro apresar de sus extremidades agotadas. con dificultad avanzó atravez del lio de zombies desfigurados en el suelo.

Pasó las tres casas restantes. Y antes de que se diera cuenta ya estaba parado frente a la casa gris de los Tucker.

Por alguna razón, se estaba empezando a sentir nervioso.

Caminó lentamente hasta la puerta de la casa. Tragó el nudo en su garganta mientras tomaba el pomo de la puerta.

Estaba abierta.

Su corazón se aceleró.

La abrió. Se dijo a sí mismo que estaría preparado para todo.

Exceptuado el cuerpo muerto del padre de Craig abalanzándose sobre él.

-¡Gha!- Puso rápidamente sus manos sobre los hombros del mayor tratando de mantenerlo alejado de sí. El padre de Craig era un gigante sin exagerar. Por lo que forcejar con él era una tarea difícil.

Más cuando este estaba tratando de comerse su cara.

Cuando se dio cuenta en pánico de que eso no funcionaría decidió cambiar de estrategia deslizando el palo de metal entre las piernas del mayor; lo hizo tropezar dentro de la casa, Tweek rápidamente cerró la puerta por fuera dejando solo una rejilla de espacio.

Lo sostuvo allí con todas sus fuerzas cuando el señor Tucker sacó la cabeza por la rejilla para tratar de alcanzarlo. Tweek enterró los pies en la nieve por la fuerza que ejercía el mayor.

Guió el extremo de su palo a la cabeza del hombre pelirrojo.

-¡Lo siento!

Dejó de sentir fuerza en la puerta cuando el cuerpo del señor Tucker callo flojo, solo la parte inferior de su cuerpo quedó dentro de la casa y Tweek no sabía si debía arrastrar al hombre completamente dentro por respeto.

Tal vez.

Pero él no se atrevía a tocar el cuerpo, a penas y tuvo que cerrar los ojos para poder ingresar a la casa.

Se sentía nauseabundo.

Siempre era peor cuando veía morir a personas que conocía.

El vértigo lo azotó. Ya había gastado toda su adrenalina.

Lentamente llegó a las escaleras. La planta baja de casa estaba deshabitada.

Un rastro de sangre en los escalones hundió su corazón. Subió, deslizando los dedos por el posa manos.

No podía hacer ningún ruido cuando la puerta del cuarto de Craig entró a su campo de visión.

Pasó un mechón rubio detrás de su oreja nerviosamente mientras tiraba de la puerta.

La habitación estaba vacía.

La mente del rubio estaba en algún tipo de estado de trance por lo que solo avanzó en la habitación sin decir nada.

Estaba igual. Paredes azules con afiches de los corredores de red racer y la banda favorita de Craig sobre ellas. Libros, consola de X-box, todo estaba en su lugar…

Parecía como el único lugar por donde no había pasado un apocalipsis zombi.

En el suelo en una esquina de la habitación, los iris oliva se posaron en un gorro azul con pompón amarillo, los extremos eran tan largos que podían cubrir las orejas de cualquiera.

Lo recogió en sus manos.

Sintió ganas de llorar.

¿No estaba aquí? ¿Dónde estaba Craig?

¿Sería capaz de volverlo a ver alguna vez?

¡¿Y si estaba muerto?!

Un chirrido lo salvó de las lágrimas.

Dirigiéndose al sonido. Vio la jaula de metal cerca de la cama. Dentro de la jaula estaba Stripe corriendo en su rueda de ejercicios.

Los ojos de Tweek se abrieron como platos.

¡Craig nunca abandonaría a su conejillo de indias!

¡Él amaba esa cosa, Primero muerto!

Salió de la habitación corriendo por el pasillo.

-¡CRAIG! ¡GHA! C-CRAIG! ¡ESTAS AQUÍ! ¡RESPONDE HIJO DE PUTA!

Finalmente pudo encontrar su voz. –¡CRAI…!- Se detuvo cuando una de las puertas empezó a sonar con un golpeteo.

Vio con horror que era la habitación donde terminaba el rastro de sangre.

Una avalancha de nieve calló sobre la pequeña llama de esperanza que había crecido en su corazón.

¿Podría si quiera seguir adelante después de esto?

Tomó el arma del elástico de su pantalón, guardando el gorro azul.

Su cuerpo estaba temblando en frustración, miedo y ¿por qué no? también en ira, estaba en todo su derecho.

Conteniendo las lágrimas.

Abrió la puerta.

El caño de su pistola se presionó entre unas cejas oscuras. Debajo de ellas, ojos azul marino intenso lo miraron con sorpresa.

Craig Tucker estaba vivo.

.

El moreno tragó saliva ante el frio cañón de metal en su frente, se preguntó mentalmente si debía levantar las manos en señal de rendición.

Pero antes de que pudiera hacer esto, el rubio se abalanzó sobre él. El arma de Kenny calló al suelo mientras los brazos del más bajo casi lo estrangularon. Murmurando cosas incoherentes.

-¡Tweek! ¡Tweek! Mierda… ¿Estás bien? ¿Por qué carajo estás aquí? Es peligroso estar afuera.- Tweek nunca se había sentido tan feliz de poder volver a escuchar esa vos nasal en su vida.

Despegó su rostro del pecho ajeno. –¡Vine a buscarte!

El pelinegro no lo podía creer.

¿Él solo salió y ya a buscarlo, en un apocalipsis zombi?

-Eso es una puta locura ¿Sabes?- Sonrió de medio lado.

-Lo sé…- Miró al suelo recordando la sangre.

–Um… ¿D-De quién es la sangre?- La media sonrisa de Craig cayó y Tweek quiso morderse la lengua por preguntar.

Lentamente el pelinegro se hizo a un lado, revelando a una figura recostada en la cama. Tweek tuvo que haberlo sabido antes, estaban en su cuarto después de todo.

-Ruby.

La chica testaruda parecía dormir pero la sangre en su hombro y la herida de apuñalada en su cabeza decían otra cosa.

Por el rabillo de ojo Tweek podía localizar el cuchillo ensangrentado en el suelo de la alcoba.

-Papá la mordió.- Respondió con voz fría. Sentado en la esquina de la cama con la mirada gacha, negándose a mirar nada excepto sus pies. –…No lo sé, él estaba viendo un puto comercial en la tv y al minuto siguiente se había arrojado sobre Ruby… la traje aquí ya que afuera era un infierno, luego mi madre dijo que iría por ayuda, traté de detenerla pero la loca nos encerró por la parte de afuera.

El rubio podía percibir el deje de dolor en su voz. Lentamente se sentó junto a él.

-Ruby luego… se convirtió en una de esas cosas como siempre ocurre en esas películas de zombis y…luego yo tuve que…-Le temblaron las manos.

-No sé porque mierda está ocurriendo esto… Necesito un cigarrillo joder.- Terminó de hablar solo para sentir algo ser empujado sobre su cabeza.

Las temblorosas manos de Tweek se situaron sobre sus oídos mientras empujaba el gorro azul en su lugar correcto.

Era extraño. Craig había dejado de utilizar ese gorro a los trece años y aún seguía quedándole perfecto.

-Todo estará bien…

Los ojos azul marino se ampliaron de la impresión.

Tweek parecía un ángel desde ese ángulo tan cerca de él, la luz que se filtraba por la ventana en la ensombrecida habitación le daba ese aspecto. No podía dejar de mirarlo.

El rubio se sonrojó en vergüenza de sí mismo, alejando sus manos de la cara de Craig.

Este sin embargo lo detuvo. Acercándose para tomar al más bajo en un abrazo apretado.

Clavó su barbilla en el hombro ajeno, sintiendo los risos rubios picar su mejilla.

-Gracias, por no abandonarme.

.


¡Craig está aquí!