Capitulo 13

Epilogo

10 años después

Regrese con el epilogo prometido, esperando que les guste y poniendo el fin definitivo a esta linda historia :3

"Gracias por leerme y por los hermosos reviews que me mandan, Saludos especiales para:

-nani28

-micaelavargas107

-Chibitan

Fieles seguidoras de este lindo fanfic…"

Adios!

Asile-chan

POV ORIHIME

El tiempo pasó realmente rápido, ya son diez años desde que Ulquiorra me convirtió en su ama, pero más que eso, terminamos convirtiéndonos en novios y 2 años después en esposos, aun sin estar cerca de terminar la Universidad nos casamos, pero no creo que ninguno de los dos se arrepienta de nada; fui la segunda del grupo en casarse, cumpliendo la ley de que siempre la que toma el ramo es la siguiente en la línea del matrimonio, y yo fui la afortunada en la boda de Ichigo y Rukia.

FLASHBACK

*Diez años antes*

Recién acabábamos de graduarnos de la preparatoria, había sido algo sencillo pero verdaderamente único; Ulquiorra fue quien dio el discurso de salida debido a sus excelentes notas; y aunque al principio estaba renuente de hacerlo, termino cediendo.

Unos pocos días después estábamos todos dirigiéndonos a la boda de Ichigo y Rukia, seria en un gran salón que el papá de este alquiló; habían en el lugar mínimo 200 personas, entre Shinigamis y humanos, nosotros nos sentamos todos juntos en la tercera fila. La ceremonia fue algo hermoso, Rukia se miraba radiante en ese vestido blanco con corte de sirena, mientras Ichigo no se quedaba atrás con el traje negro con camisa blanca.

Después del acto de la iglesia, fuimos al salón donde se llevaría a cabo la recepción, pasamos riendo ante todos los discursos dados por parte de la familia de los novios y nosotros como amigos, además con el video de fotografías de ellos dos. Ya a la hora de lanzar el ramo, todas las chicas nos pusimos detrás de Rukia, esperando que comenzara la lucha por el ramo, pero esta hizo la mueca de lanzarlo 3 veces antes de la verdadera, donde todas alzábamos las manos y ella reía, pero a la cuarta vez, al dar un salto por intentar alcanzarlo me deslice con la parte de debajo de mi vestido rojo y caí de rodillas, con las manos junto al pecho por la impresión. Pero como si fuera un regalo del cielo, el ramo cayo justo frente mío, y no dude en agarrarlo cantando victoria. Todas las demás chicas se habían asustado por mi caída y no reaccionaron hasta que vieron que yo saltaba y cantaba al tener el ramo entre mis manos.

Al acercarme a la mesa donde estábamos, todos comenzaron a darle bromas a Ulquiorra quien solo miraba pacientemente todo.

-Vaya Ulquiorra, serás el siguiente—decía Tatsuki entre bromas.

-Es mejor que empieces a comprar el anillo—le dijo Ichigo quien se había acercado junto a su ahora esposa para unirse a las bromas.

-Suerte Orihime—me dijo Rukia mientras me guiño el ojo.—

FIN DEL FLASHBACK

Después de ese día nos reunimos para navidad y año nuevo, pues empezando enero cada uno tomaría un camino diferente, fue algo duro despedirnos, pero tal como lo prometimos, nos reuníamos al menos una vez al mes, era difícil pues cada uno tenía sus propios compromisos, pero una tarde entre amigos valía más que todo eso.

Pasaron los primeros dos años y Ulquiorra y yo seguíamos viviendo juntos, pero aún no había habido ningún tipo de intimidad entre nosotros, por más que fueramos una pareja de adolescentes bajo el mismo techo y sin restricción, estábamos tan ensimismados en nuestras duras carreras que poco tiempo nos quedaba juntos, y este lo aprovechábamos saliendo o haciendo otro tipo de actividades.

Durante el primer día de vacaciones entre semestres, en el cual al fin podíamos respirar tranquilos, Ulquiorra me invito a salir al parque, para mí era algo totalmente normal, pues era uno de nuestros destinos más recurrentes. Pero ni en un millón de años me hubiese imaginado lo que paso ese día.

FLASHBACK

*8 Años atrás*

-Salgo en un minuto Ulquiorra—le gritaba desde la recamara a mi amado novio, quien me esperaba ya en la puerta para salir.

-Siempre tardas mucho Orihime—me dijo sin reclamo.

-Es que no hallaba mis zapatos—dije mientras posaba mi vista en mis amados botines negros, los cuales habían sido un regalo de él para mi cumpleaños.

-¿Tanto te gustan? Tienes cientos de zapatos más—decía, y era verdad, era una coleccionista de zapatos, pero siempre los que él me daba eran los que más me gustaban, y de todos, ese par era el favorito por excelencia.

-Pero es que son hermosos—dije haciendo un puchero y me dirigí al auto.

Era un dia hermoso, el clima estaba perfecto para una caminata por el parque, y al que siempre íbamos era bastante lindo, grande y lleno de vida por todos lados, además de que quedaba cerca de casa, llegábamos en cuestión de 15 minutos en auto, pero al ir en el camino vi como lo pasábamos y vi a Ulquiorra bastante confundida.

-Etto, Ulquiorra, ¿no íbamos al parque de siempre?—dije y el volteo solo un poco la vista a mí para luego dirigirla al frente.

-Nos dirigimos a otro, esta un poco lejos pero te gustará—me dijo y yo me relaje, si él lo decía sería así, tenía el don de que todo lo que hiciera o me diera me encantara.

Tardamos alrededor de una hora y media en llegar, dejamos estacionado el auto y vi como el bajaba una cesta con comida. El parque sin duda era increíble, pacifico pero lleno de flores de colores, arboles de cerezo y muchas bancas y juegos para niños.

Paseamos largo rato en toda la extensión del lugar y luego nos dirigimos a una banca que se encontraba arriba de una pequeña colina para comer; como siempre, Ulquiorra demostraba sus grandes dotes culinarios, era exquisito tanto a la vista como al paladar, comimos casi todo lo que contenía esa cesta menos un platillo que venía cubierto, Ulquiorra me dijo que sería el postre y que si lo destapábamos podía estropearse.

Ya al finalizar de comer, tomó la cajita entre sus manos, un poco nervioso, aunque no lo demostrara, estaba tan acostumbrada a él que notaba hasta el mínimo de sus cambios.

-Toma—dijo y me la paso todavía cubierta—voy a hacer algo, no la abras hasta que vuelva—me dijo y se levantó caminando atrás de la banca donde estábamos sentados, voltee para verlo alejarse y cuando lo perdí de vista volví a ver la cajita, quería hacerle caso, pero dejarme a mí, la persona más curiosa del mundo con una caja misteriosa y pedirme que no la abriese era imposible.

La puse en mi regazo y le quite el pequeño mantel de seda que traía, luego quite la tapa y pude ver que era sin duda un postre, pero que tenía escrito "¿Te casarías conmigo?" en crema de chocolate. Yo no podía creer lo que mis ojos veían, ¡Era una propuesta de matrimonio! Y posiblemente la había arruinado por mi curiosidad, estaba tan absorta que pegue un brinquillo cuando sentí como alguien detrás de mí, que se posiciono en el espacio de mi cuello me habló:

-Sabía que no aguantarías, pequeña curiosa—dijo y voltee para ver la cara de Ulquiorra, que aprovechó y me dio un beso. –Entonces ¿Aceptas?—me pregunto mientras caminaba frente a mí y sacaba otra caja de la bolsa de su pantalón, de la cual saco luego un brillante anillo con dos piedrecillas, justo de la misma forma que las horquillas que mi hermano me regalo hace mucho.

-Siii claro que acepto!—dije dejando el postre a un lado y abalanzándome sobre el para llenarlo de besos y abrazos, estaba tan feliz que no lo podía creer, ¡me casaría con mi amado Ulquiorra!.

Pasamos el resto de la velada destilando amor, incluso en el camino a casa fue así. Ya al llegar platicamos en el sofá y yo no paraba de ver el hermoso anillo que tenía en mis manos, era simplemente único. A la hora de dormir cada uno se dirigió a su habitación, pues aun dormíamos en cuartos separados, esto para no interrumpir el sueño del otro cuando nos tocaba desvelarnos haciendo los trabajos, solo si ambos teníamos mucho que hacer estudiábamos juntos, principalmente en su habitación que era la más ordenada y dormíamos en la misma cama las pocas horas de descanso que teníamos en esas circunstancias.

Pero esta noche quería seguir a su lado, dormir juntos sin necesidad del desvelo, solo porque sí, pero no fui capaz de decírselo cuando nos despedimos y cada uno entro a su habitación; me sentía extraña ante esa idea pero no me desagradaba, así que tomando valor y en nombre de la primera excusa que se me ocurrió, me dirigí hacia la puerta de mi habitación para irme a la suya. Pero sorprendentemente fue encontrarlo en mi puerta, a punto de tocar y con una almohada en la mano, al verme se sorprendió un poco y luego hizo la mirada un lado sin decir nada.

-Etto, yo también iba a tu habitación, así que pasa—dije y le di lugar de entrar, suerte estaba todo limpio esa noche.

-Venia—dijo acomodándose en una silla—para que durmiéramos juntos—dijo y me vio directo a los ojos para estar atento a mi reacción, mis mejillas se sonrojaron un poco pero logre hablar sin que se me notara demasiado el nerviosismo:

-Yo también iba por lo mismo—dije y el relajo la mirada al igual que yo baje mis nervios.—Ven recuéstate entonces—dije y le mostré un espacio en mi cama mientras yo también me recostaba. Se metió un poco tenso aun, pero para calmarlo toque su cara con mi mano y me miró, sus esmeraldas verdes se posaron en mí y estuvimos así por varios segundos, hasta que rompí el contacto y lo besé, comenzó con un beso casto que se fue intensificando mediante el tiempo transcurría, se iba haciendo más necesitado, más pasional. Y mientras este subía de tono, comenzó a pasar sus manos por todo mi cuerpo, rozando mi espalda, para luego bajar a mi trasero. Todo se iba intensificando, él en un movimiento se puso encima de mí, para seguirme besando mientras desabotonaba la pijama que me había puesto, yo también hacia lo mío quitando su camisa para ver su bien formado pecho, era una vista digna de fotografiarse, pero tendría tiempo para ello después, ahora solo quería tocar cada rincón de su pecho y su espalda, mientras el posaba sus manos en mis caderas y subía hasta mis pronunciados pechos, besándolos, mordisqueándolos y apretandolos, para luego terminar bajando lo que restaba de mi pijama junto a mi ropa interior, mientras el mismo se deshacía de la suya, ya al quedar completamente desnudos, me miro, pidiendo silenciosamente mi afirmación para lo que proseguía, tenía entendido que dolería, pero no por eso me eche atrás; le di una mirada afirmativa y comencé a sentir el fuerte dolor mientras el poco a poco iba uniéndose a mí.

No me habían mentido al decir que era incómodo y dolía, pero todo se disminuyó en cuestión de minutos y comencé a mover las caderas para darle paso a que siguiera, y así lo hizo, primero de manera suave y luego un poco más brusco, mientras yo ahogaba los gemidos en mi garganta y lo presionaba más contra mí.

-Ulqui-o-rra—decía entrecortada cuando sentía que una calidez se apoderaba de mi vientre,

-Orihi-me-e—soltó él para luego sentir como terminaba, llegando a la cima juntos.

Fue algo verdaderamente único, nunca en mi vida había experimentado sensaciones parecidas a esas, y si a eso le sumo mi aun notable alegría por la idea de mi pronto matrimonio con Ulquiorra eso no podía ser mejor.

-Te amo—dijo él cuando termino de reincorporarse, se miraba cansado.

-Yo también te amo—dije mientras me acomodaba en su pecho y quedaba profundamente dormida, con los más hermosos sentimientos alojados en mi corazón.

FIN DEL FLASBACK

No importaba cuanto tiempo pasara, me era imposible olvidarme de ese dia, lo recordaba tan claro como otras fechas igual de únicas y memorables, así como el día de mi boda; en un gran salón que quedaba frente al parque donde Ulquiorra me propuso matrimonio, el día de nuestra graduación, nos logramos graduar en la misma promoción debido a que él adelanto 3 años por su gran inteligencia, algunos de mis amigos también se graduaron ese mismo año, quedando solo unos pocos como Ichigo y Chad para graduarse al año siguiente, el primero debido a una especialización que tenía que cumplir debido a su carrera y el segundo porque además de recursos humanos, saco una maestría en Derechos humanos, la cual hizo que su carrera se extendiera un años más.

Otra fecha inovidable fue, cuando después de 3 años de casados, tuvimos a nuestra pequeña Urime, nuestra amada hija, con el cabello negro de su padre y los ojos grises de mi parte.

Sin duda estos diez años han estado llenos de momentos memorables, recuerdos que nunca se podrán olvidar y que han servido para reforzar la promesa de seguir juntos a pesar de la distancia, haciendo más grande el grupo, en vez de reducirlo.

FIN