Advertencia: Los personajes de Harry Potter no me pertenecen, sino a la fabulosa J.K. Rowling –Amén, Madame-. Este fic lo escribo sin ánimos de lucro, sólo para entretener mi mente con las infinitas posibles parejas de un personaje tan querido para mí como Hermione. El tono de la historia está inspirado en la película He's just not that into you, o A él no le gustas tanto, dirigida por Ken Kwapis en el 2009.
El siguiente capítulo recomiendo leerlo con las siguientes canciones como música de fondo. Para la primera parte, "Every Little Thing She Does Is Magic", en la versión de Sleeping At Last. Y en la segunda parte, "Somebody That I Used Know", de Gotye y Kimbra, en la versión en directo del canal de YoutTube KCRW. Luego entenderán la razón.
Los títulos de los capítulos vienen de versos de las canciones que recomiendo. En esta ocasión, el verso es de "Every Little Thing She Does Is Magic". Disfruten.
Capítulo 3 – My silent fears have gripped me
Harry POV
-"Tengan muy buenos días, oyentes de La dona doblada. Esta mañana les habla, como siempre, su locutor más querido. Lo sé, lo sé, deberán taparse los oídos por los gritos de mis admiradoras, ¿pero qué puedo decir? El nombre Lee Jordan siempre trae lo mejor".
-Jordan –gruñí con la boca pastosa por el sueño. Bendito Jordan. Y bendito frío mañanero de abril. Miré el reloj. 6 a.m. Me enrollé más en la cobija y abracé la almohada en la que hace pocos días durmió Herms, tras las lágrimas que la dejaron agotada. Enterré la nariz en su aroma, ya con los ojos abiertos. No podía entender cómo Remus podía dejar ir a una belleza como Hermione. Vamos, no se trataba de esas mujeres aburridas con las que suele salir, ni de las jovencitas tontas que se le quedan viendo con cada presentación que hace en su librería. Diablos, él fue su jefe durante años, ¿cómo fue que no se enamoró de alguien tan increíblemente inocente y astuta que hizo crecer su clientela con su contagiosa pasión por los libros? Alguien sin duda chispeante que roba las miradas, las sonrisas de todos. No. Él tenía que dejarla como un trapo después de seis meses saliendo –en secreto-.
Me tapé la cara con la almohada. Realmente nadie aprecia su suerte. Como Sirius, que iba a dejar pasar la oportunidad de renovar su catálogo editorial, sólo por comodidad, por pedantería. A veces mi padrino parecía más un adolescente que un hombre de cuarenta y cinco años. Tal vez si realmente fuese mi tío habría heredado la perseverancia letal de los Potter. Ahí sí que sería una combinación imposible de escapar. Aparté las mantas con decisión. El día me esperaba. Herms me esperaba, seguramente ya despierta tras darle de comer a Crook. Reí mientras me ponía las pantuflas, recordando cómo esa bola de pelos esponjosa adoraba jugar con el borde de mi pantalón de pijama cuando me quedo en casa de su dueña por el maratón de El Señor de los Anillos. Gracias Tolkien, gracias Peter Jackson. Que Legolas los acompañe siempre. Amén.
Después de comer algunas tostadas, vestirme con un suéter cuello tortuga, y guardar el pequeño aparato en mi maletín, me encaminé a casa de mi amiga. Con las manos en los bolsillos tarareé a lo largo de las cinco cuadras hasta llegar a mi destino. Cuando vi la fachada ya tan conocida para mí, suspiré, anhelando la sensación de hogar que sé que me daría la bienvenida, no como mi solitario departamento. Hice una mueca. Solitario porque tú lo eliges así, dijo mi querida consciencia. La ignoré mientras tocaba el timbre de la casita azul. Ginny se ha ofrecido varias veces a vivir contigo. Ya sabes, calentar tu comida, tu cama…
Meneé la cabeza. ¿Qué diantres me pasaba? Ya incluso pensaba como mi padrino.
-¡Harry! –exclamó la voz de Hermione, abrazándome en el proceso. Mi abrazo fue aún más entusiasta.
-¡Herms! ¿Cómo estás? –dije en su cuello. Sentí cómo sus hombros cayeron levemente. Auch, pregunta inadecuada, Potter. Un intento de sonrisa fue su respuesta cuando nos separamos.
-Estoy bastante bien. Ven, pasa. - El reloj daba justo las 7 a.m. Calculé mentalmente treinta minutos para llegar a la editorial. Bien, otros treinta para nosotros entonces. -¿Desayunaste, Harry? –preguntó. Negué su propuesta y me fijé mejor en su atuendo. Un suéter cashmere gris, estilo cardigan, abierto ligeramente entre los pechos, junto a un jean ajustado y botas marrones. Me costó tragar saliva. Bendita Ginny y su parloteo sobre ropa. ¡Ahora distinguía el suéter de Hermione, por Dios! Eso no ayudaba a mi autocontrol. Sus ojos castaños claro se achicaron y frunció el ceño, preocupada. -¿Estás bien?
Carraspeé. Concéntrate, Potter.
-Sí, es que hace un calor terrible, ¿no te parece?
Me miró como si estuviera loco. Incluso tocó mi frente.
-Estás sudando un poco de frío. Eso no es normal en abril. ¿Estás seguro de sentirte bien?
Asentí con la cabeza.
-Ya se me pasará, tranquila. Empecemos. Supongo que ya imprimiste la carta de renuncia y la firmaste, ¿cierto? – ella asintió-. Ahora quiero que seas totalmente sincera conmigo, Herms. ¿Te gustaría publicar esa historia con algún rival de Black&Lestrange? ¿Con El Quisquilloso, tal vez? Ellos se especializan en enfoques peculiares, fuera de clichés. Sería una muy buena oportunidad para ti y para ellos.
Sus ojos se agrandaron por la sorpresa.
-La verdad es que no había pensado en más nadie que la publicase, ¡pero esa es una muy buena opción, Harry! ¡Gracias! –una enorme sonrisa en sus labios disipó momentáneamente su semblante triste que me tenía igual de acongojado desde hace semanas. –Sería un verdadero nuevo inicio.
-Además, creo que la idea entusiasmará mucho a Luna y a su padre. Que finalmente aceptes su oferta de cambiar de "bando".
Ambos reímos. Ella se mordió el labio luego, pensativa.
-Pero antes de firmar contrato con alguien, quiero despejarme. Irme de aquí un tiempo. Anoche soñé bastante con mi mamá, con regresar a mi hogar.
Cerré los ojos momentáneamente.
-Claro, eso sería lo mejor. Que sepas qué rumbo tomará tu vida. –respondí con una opresión en el pecho. Que Hermione se fuera significaba meses sin verla, sin hablar con ella directamente y tenerla cerca de mí. Nunca nos habíamos separado por tanto tiempo. Sabía que, por lo decaída que estaba, no se iría de Londres sólo por unas semanas. De pronto sentí su mano cálida en mi mejilla.
-Regresaré. No me olvidaré de ti. –prometió, logrando que volviese a respirar.
-¿Ni de mis galletas?
-Ni de tus galletas.
Tras eso –y mimar a Crook como se corresponde a cada salida-, tomamos nuestros abrigos y conduje hasta la editorial. Lo siguiente puede resumirse como un manchón borroso en el que sólo destacaba Hermione apretando mi mano hasta que llegamos a la oficina de mi padrino. Ella tocó la puerta con decisión, luego de inspirar por lo bajo.
-Adelante.
Sirius levantó la vista del periódico que –curiosamente- leía al revés. Al parecer no se había recuperado de que su secretaria, Parvati, avisara de nuestra llegada.
-Sobrino. Granger. –saludó secamente.
-Buen día, Black.
-Buen día, padrino.
-Oh, vamos, Harry. ¿Cuántas veces te he dicho que me digas tío? "Padrino" suena demasiado formal. –exclamó él, provocándome una ligera sonrisa. Su punto débil había aligerado el ambiente.
-Lo siento, es la costumbre. Me gusta decirte padrino. –contesté. Sirius suspiró con los ojos divertidos. Era el momento. –Bien, ambos sabemos que estás bastante ocupado, por lo que no te quitaremos más tiempo del debido. –Sirius miró a Hermione de reojo.
Herms extrajo de su carpeta la carta de renuncia, mientras yo sacaba de mi maletín un documento de acuerdo entre las dos partes para el reembolso del millón de libras de adelanto. Con sus respectivas copias. Sirius los tomó con los labios fruncidos. Los minutos de silencio se alargaron innecesariamente. Mi pie tenía un tic. Tenía una mano sobre la de Herms, que entrelazó sin que el editor lo notase, entretanto la mujer de ojos miel no le quitaba la vista de encima.
-Muy bien. ¿Así que con esto te comprometes a devolver el millón de libras esta misma semana, de cuyos trámites se encargará mi sobrino?
-Eso es correcto.
-¿Y por qué no lo haces tú misma, ya que tuviste las agallas suficientes para reñirme ayer, Granger? Podría demandarte por incumplimiento de contrato –inquirió Sirius, provocando un profundo sonrojo de mi parte y que sobresaliera el mentón de mi amiga. Sirius Black ahora sí había traspasado la línea de prudencia. ¡Me iba a escuchar! Sin embargo, antes de que de mi boca saliese más que un gruñido, mi compañera sonrió, dejándome helado.
-No lo hago yo misma porque debo salir de la ciudad. Tú sabes, despejarme de las malas vibras, para pulir mi novela.
Una risa falsa salió de Sirius.
-Para "pulir" tu novela. Oh, sí, sí, sigues creyendo que alguien te comprará esa basura tan detestable y apestosa.
-¿Sabes, Black? Quizás deberías agradecerme.
Mi padrino arqueó una ceja con tal insolencia que a punto estuve de levantarme del asiento. Hermione apretó su agarre en mi mano.
-Claro, porque sin mi "basura" evitaré que la Editorial vaya a la quiebra y que su nombre sea puesto en entredicho por tal temática. Otro escándalo podría hundir tu carrera, Black.
Me mordí los labios, escondiendo mi sonrisa. Ahora era Sirius quien enrojecía de la ira.
-¿Eso es una amenaza?
-Ni por asomo, Black. Sólo expongo los hechos. Recuerda que Rita Skeeter sigue con el corazón, digamos… no tan intacto como hace un año.
Disimulé mi risa con una tos.
-Lo que queremos, padrino, es evitar un escándalo que perjudique a los involucrados. Y te recuerdo, tal como Hermione, que en un escándalo tú serías el más afectado, teniendo en cuenta tus deslices con modelos y con Skeeter. –intervine.
-Una mujer herida es la más peligrosa del mundo. –continuó mi amiga. Vaya si no lo sabía yo. Cho y la misma Herms eran pruebas de ello. Al menos yo no he sido nunca el blanco de mi mejor amiga.
-¡Me están chantajeando! ¡Mi propio ahijado y la mujer que me debe tanto! Todo porque…
Una risa fría lo calló y a mí me erizó el vello de la nuca.
-¿Te debo tanto? Quien creyó en mi talento y me contrató en Black&Lestrange fue tu abuelo, Arcturus, no tú, y lo hizo después de que se convirtiera en un padre para mí cuando trabajé en la librería de Remus Lupin. Seis años he trabajado aquí, de los cuales tú sólo llevas aquí uno como encargado. Este iba a ser el primer libro que firmaría contigo como jefe. La paciencia, el cariño y los consejos se los debo a tu fallecido abuelo. Tú ni siquiera ibas a las giras promocionales de quien llamaste una vez tu "escritora estrella". No me interesan las razones, ese es tu problema; no te llenes la boca diciendo cosas que no son. Otra cosa, ni Harry ni yo te chantajeamos. Sólo te recordamos cómo serán las cosas una vez que, con tu patética actitud, se te ocurra dañar mi imagen. Yo no tendré que hacer nada. Tú sólo te pusiste la soga al cuello liándote con tantas reporteras.
-Sirius, mi cliente y yo ya tenemos que irnos. Por lo que, te agradeceríamos, que firmaras los documentos para cerrar de una vez este trato. Tú recuperas tu dinero, mi cliente es libre de hacer lo que quiera con su libro–exclamé mirándolo fijamente. Vamos, no hagas esto innecesariamente más difícil. Cerca de él noté el manoseado adelanto de El paso de la rueda. –Y supongo que es innecesario recordarte que cualquier divulgación que se haga del manuscrito será penada, ¿cierto?
Su boca se abrió por completo.
-¿A tal punto llega tu desconfianza hacia mí, Harry?
-Desconfío del hombre que está frente a este escritorio y se ha atrevido a decir tal cantidad de disparates, incluso en presencia de un abogado. En cuanto a la demanda que mencionaste, es improcedente, pues Hermione Granger iba a firmar por primera vez un contrato contigo tras la revisión del manuscrito. Los acuerdos que ambos hicieron sobre que te dejara ver en lo que trabajaba se hicieron de manera verbal, en esta oficina, sin testigos. Sin olvidar que ella te entregó el texto un mes antes de que se cerrara el plazo que acordaron.
Las aletas de su nariz se dilataron, tomó el ejemplar y lo azotó contra la mesa.
-¿Quieres esto? Llévatelo. No quiero el trofeo a la majadería femenina, gracias.
Por el rabillo del ojo vi cómo Herms arañaba un lado de la mesa. Alerta cachetada.
-Harry, tengo que hacer una llamada. –informó. Asentí hacia ella. Nunca dejaba de asombrarme la entereza de esta mujer, su astucia, incluso llena de dolor. –Ya todo ha quedado claro. Adiós, Sr. Black.
Una vez que se cerró la puerta de la oficina, la rabia que mermaba con la presencia de Herms se apoderó de mí. Guardé el texto y las copias en mi maletín.
-Cuando asumiste el mando de la editorial te lo dije, que no iba a permitir que le hicieras daño a Hermione o te la ibas a ver conmigo.
-Harry…
-Harry nada. Podría demandarte por trato inadecuado con un autor de tu editorial.
-Por Dios santo. ¿Qué te ha hecho esa mujer? ¿La cara de mosquita muerta esconde a una puta, como sospechaba? ¿Es mejor que Ginny en la cama y por eso te tiene idiotizado?
Lo siguiente que supe fue que Sirius Black estaba en el piso, con el labio sangrante y mirándome en shock.
-Bellatrix sería mil veces mejor que tú llevando esta compañía. Tu abuelo y tus padres deben revolcarse en sus tumbas por la vergüenza de tener a un misógino como tú. Uno completamente incapaz de velar siquiera por los vacíos legales en sus acuerdos. Una sola vez, una, en la que vuelvas a hablar así de Hermione Granger, y te juro que la encía rota será de tus menores problemas. Físicos y legales. Puedes olvidarte de que eres mi padrino, o mi tío, como tú dices.
Cerré la puerta con un portazo tal que todos en el piso de la oficina del editor me miraban con la boca abierta.
-Parvati, ¿podrías decirme, por favor, dónde está Hermione? –pregunté a la secretaria de Black.
-E…ella está con Hagrid, abajo.
-Muchas gracias. –respondí alejándome. Ya cerca de las escaleras sentí una mano sobre mi hombro.
-¡Harry! –era Parvati. Intenté sonreírle.
-A mí no me vengas con esa sonrisa falsa, Harry. ¿Por qué estás temblando?
Suspiré.
-Tuve un altercado con el Sr. Black.
-Escuché sus gritos, algo ya normal, pero al ver salir a Hermione más enojada que ayer y a ti así… ¿Tan malo fue para que le digas Sr. Black?
-Lo fue, Parvati. Ahora, de verdad no quiero ser maleducado, necesito salir de aquí.
-Claro. Te entiendo. –contestó abrazándome, buscando reconfortarme. Parvati sin duda alguna, era la mujer idónea para mi mejor amigo, Ronald Weasley.
-Gracias.
Bajé a trompicones los escalones, sintiendo la mano derecha. Rayos. Recordé el peso de la grabadora en mi maletín. La extraje y apagué. Una vez en el estacionamiento escuché a Hagrid intentando animar a Herms con sus risas sonoras. Sonreí a medias, agradecido.
-Finalmente ha llegado el caballero andante… -exclamó Hagrid hasta ver mi semblante. Quise peinarme para mejorar mi imagen, no es que eso haga mucho, algo es algo. -¿Qué te pasó, Harry?
Hermione, por su parte, tomó mi mano y se fijó en los nudillos, ensangrentados.
-¡Harry James Potter! ¿Qué has hecho en los minutos que no estuve allá arriba? –preguntó ella con los ojos brillantes y con el cuello enrojecido. -¿Estás bien? ¿Se atrevió a pegarte? ¡Ya verá ese malnacido, voy a dejarle el tacón de mi bota enterrado en…!
Afortunadamente la agarré de la cintura antes de que se alejara más en medio de su furia. En un principio pataleó. No sabía que esta mujer tuviese tanta fuerza.
-Suéltame. Lo voy a machacar como nunca nadie en su vida lo ha hecho. ¡Déjamelo a mí!
-¡Hermione! Mírame. Estoy bien, sólo alterado. Él fue el golpeado.
Hagrid y mi amiga no podían creerlo.
-¡QUÉ! –Exclamó a duras penas ella.
-No aguanté que te siguiera insultando y, cuando me di cuenta, le había dado un puñetazo en la boca.
-¡¿Sirius Black insultó a Hermione?! ¿Se atrevió a tratarla mal? Ahora se las verá conmigo –replicó Hagrid pareciendo más amenazador que nunca.
-¡BASTA!
El grito de Herms fue como un balde de agua fría para ambos.
-Ninguno hará nada de eso. Tú, Harry, dame las llaves de tu auto. Te vas al asiento de acompañante. –obedecí sin rechistar. Cuando estaba en su modo mandona nadie se salva- Tú, Hagrid, te vas a sentar en la caseta de vigilancia, te calmarás y no harás ninguna locura. ¿Me entendieron?
-Sí, señora –respondimos al unísono el vigilante y yo.
-Bien.
Cuando subió al auto y puso en retroceso la marcha, supe que no me escaparía del interrogatorio. La carretera lluviosa hacia su casa nos acompañó.
-Ahora, usted, señorito, me va a decir, palabra por palabra, qué pasó cuando me fui.
Hice una mueca.
-Creo que lo mejor es que lo escuches.
Le mostré la grabadora y la encendí. Con cada palabra su semblante se puso más serio. Eso no era un buen presagio.
N.A. Vaya, ¡este capítulo me llevó siete páginas de Word y sentí que estoy conociendo mejor a los personajes! No sabía cuán mal me caía Sirius Black, jaja. Les juro que no pretendía que su ahijado le diese un puñetazo, pero ¡se lo merecía! En el siguiente capítulo Hermione regresa a casa de su madre. Les recomiendo preparar pañuelos e ir escuchando la canción "Carry on", de Fun. Una vez llegados allí, iniciarán los flashbacks de sus decepciones amorosas, las cuales tendrán un capítulo entero cada uno, al estilo one-shot, sin salirse del fic. Creo que es la manera de hacerle justicia a todo lo que tiene guardado esta mujer. Otra cosita, aviso que este fic será un Harry/Hermione/Oliver; nuestro capitán favorito no tarda mucho en aparecer, sólo que de una manera muy distinta a la que estamos acostumbradas. Aún barajo posibilidades.
Por otro lado, no sabía que la historia tendría reviews y seguidores. Las alertas en el correo me hicieron infinitamente feliz mientras buscaba inspiración para seguir la historia. No quería hacer algo por salir del paso.
Phillyel-Tsuki: ¡Mi querida, querida Phillyel! Sigues leyéndome a pesar de los años. Casi lloré de la emoción cuando leí tus dedicados comentarios a los dos capítulos. En este capítulo vemos más de esta Hermione que, achicopalada como está, no duda en usar su ingenio y sacar las garras. Me gusta que no sea la simple damisela en peligro, que tenga cierto sentido del estilo, que no vista como una viejita, jeje. En cuando a Remus como "chico malo", tendrá algo de eso, por lo que el corazón de Mione está más roto que nunca. Por otro lado, la relación de Harry y Hermione me sigue sorprendiendo cómo se da. Creo que no supero esa escena en la que bailan y casi se besan en la película Harry Potter & The Deathly Hallows Part 1. Había muchísimo potencial ahí. David Yates, eres malvado. Te mando un fuerte abrazo, Phill. Seguimos leyéndonos, linda.
Mia Flores: ¡Muchísimas gracias por leer este fic! Y por ese gran elogio. Bienvenida a otro capítulo.
Ahora, mis seguidores: Daisasuke Kurogane, Lily A. Morthan, Phillyel-Tsuki, VannyCamy, kyouko87, vpd7, es un verdadero honor que pusieran este fic en la lista de sus alertas. ¡Muchísimas gracias! También me encantó que leyeran la historia en países como México, Argentina, Brasil, Perú, España, Chile, Estados Unidos, Colombia y Venezuela. ¡Gracias, de todo corazón!
