Desperté alterado. Llorando por el sueño donde veía morir a Severus. —Suspiré volviendo a recostar mi cabeza sobre la almohada— Él está vivo ¿Por qué sigo soñando esto? ¿Por qué me sigue atormentado? —Pasé mis manos por mi cabeza— Habían pasado dos semanas desde aquella vez que Snape me explicó el por qué estaba vivo. Yo lo estaba evitando, no sé la razón. Eso creo. Me dirigí al baño, me tranquiliza el sentir el agua caliente el recorrer mi cuerpo, recordé la última vez que hable con el profesor de pociones. Éste mordió mi lóbulo recordé mientras pasaba mi mano por mi oreja, imaginé como se sentiría besarle. Cómo se sentiría que él me tocará de la manera que yo quería. Quería tenerlo cerca... Mientras pensaba en esto... Comencé a sentir ese hormigueo, esa sensación que él me presentó tan sólo a susurrarme al oído. Vi como mi miembro comenzaba a levantarse, comencé a masajear mientras pensaba en Severus toc...

-¡HARRY! —Dijo un Ron bastante apresurado entrando al baño, haciendo que aquél placer que estaba sintiendo desapareciera—

-¿Alguna vez dejas de gritar? —Respondí desesperado—

-Amigo, sólo quería decirte que estaré en la biblioteca. Y que Hermione te espera en la sala común.

-De acuerdo. —Respondí furioso—

-Y amigo...

-Uhum? —Murmuré—

-Relájate, es sábado. —Salió riéndose—

¿Relajarme y él va en sábado a la biblioteca? Hermione era una gran novia. —Pensé—

Salí del baño, y me vestí lo más rápido que pude si algo había aprendido todos estos años era no dejar esperando a Hermione. Y caminé hacia la sala común.

-¡Harry! ¿Cómo dormiste? —Dijo una Hermione animada—

-Y-o... —Recordé el sueño de Snape—

-¿Estás bien? ¿Puedo ayudarte en algo?

-No, en nada. —Susurré sin mirarla—

-Harry... Ron me ha dicho que no has dormido bien. Tienes pesadillas. Y creo que no le haré caso a él que asegura que son con arañas ni a Seamus que asegura que son sueños eróticos en donde tú estás siendo penetr...

-¡Hermione! —La interrumpí sonrojado por lo que no terminó de decir—

Me senté a su lado y ella me tomó de la mano.

-¿Somos amigos? —Preguntó con media sonrisa— Asentí. -¿Entonces?

-Yo... Casi todos los días sueño con Snape. —Ella me miraba con cara de sorpresa— Y no, no vayas a pensar mal. Sueño justo el momento en donde lo vi morir.

Hermione relajó su rostro. Y se quedó unos minutos pensando para después sonreír. —La mire con cara interrogativa—

-Es fácil, Harry. ¡Tienes que despedirte de él! —Dijo como si hubiese encontrado la fórmula para hacer la piedra filosofal—

-Mione... No te ofendas, pero cómo me voy a despedir de él si sólo llevamos un par de semanas en Hogwarts. —Respondí volteando los ojos—

—Ella sonrió— -Harry... No hablaba de despedirte directamente de él. Tienes que ir a su tumba y despedirte. ¿No entiendes? Tú aún te culpas por no haber sido lo suficiente valiente como para ir a despedirte.

Entonces, comprendí todo. -Hermione, eres maravillosa e inteligente. —La abracé—

-Bueno, Yo... Yo sólo uso mi lógica, veo los detalles que las demás personas ignoran. —Dijo Hermione apenada—

-Tienes razón. —Me despedí y salí de ahí—

Estaba decidido. Iría esta noche al cementerio a despedirme de Severus Snape. Al menos de ese que vi morir ante mis ojos. Mientras iba caminando tropecé con Ginny y George. —Ginny me sonrió—

-Harry, Hola. —Dijo tranquilamente—

-Hola, chicos. ¿A dónde iban? —Pregunté—

Ginny respondió que ella tenía que acompañar a un amigo a estudiar, Ella se veía emocionada por ver a ese alguien, así que la observé un momento con curiosidad. Ya después me enteraré, esto es Hogwarts. —Pensé— y Ginny se retiró, así que me quedé con George.

-¿Quieres dar un paseo, George? —Pregunté—Él asintió con la cabeza sin mirarme y nos dirigimos hacia el patio de Hogwarts. Era un lindo día, tranquilo, nublado y sin lluvia. Nos sentamos en una orilla.

Él claramente no iba comenzar la conversación así que tomé la iniciativa.

-¿Hermoso día? ¿No crees? —Él sólo se limitó a mirarme—Sabes George... Yo, Yo extraño cada día a mi mamá. —Él cambió de rumbo su mirada hacia el paisaje— Me pregunto qué diría ella por cada elección que he tomado... Me pregunto cómo se sentiría ser abrazado por ella cuando en algo no me va bien. Y para ser sincero, George. No me va bien en muchas cosas. —Sonreí— Me pregunto cómo sería tenerla hasta en lo detalles que parecen no importar, cómo qué camisa usar en el baile... o decirle que cambié de color favorito... —Bajé mi mirada— Yo me enojé con mi papá ¿Sabes? La manera en la que trataba a las personas en su estadía en Hogwarts era la de un cobarde —Suspiré esta ultima palabra— Experimenté tanta rabia, George. —Sentí una lágrima caer por mi mejilla— No sé la razón del porqué le contaba esto a George pero lo sentí correcto. Sentí que era lo que debía hacer. Así que lo siento. —Lo observé— Siento tanto la pérdida de tu hermano, siento que él ya no esté. Porque él no era un cobarde, George. Y ese tipo de personas... Son las que necesitan el mundo. —Dirigí mi mirada hacia el paisaje—Y son las que nos podemos dar el lujo de extrañar. —Susurré—

-Y-o... —Intentó hablar George— Lo observé— -Yo lo extraño tanto, extraño tanto a Fred... Comenzaron a salir sus lágrimas que tengo la certeza había reprimido para que su familia no se preocupará por él. —Me acerqué a su cuerpo para poder rodearlo con mis brazos—

-Está bien, George. Está bien... Es válido llorar. —Dije mientras le acariciaba la espalda y él recostaba su cabeza en mi pecho— -Aquí puedes llorar. —Susurré—

NARRA SEVERUS

Habían pasado semanas después de la discusión con Potter. Ese mocoso me evitaba. Cuando terminaba mi clase él simplemente corría para retirarse antes de que yo pudiese gesticular Tú no, Potter. ¿Por qué actuaba de esa manera tan infantil? El ser gay no era nada malo en el mundo mágico. Pero en el mundo muggle sí. —Murmuré—

Resultaba que me había dado cuenta estas semanas de que Potter tenía un cuerpo asombroso. ¿Debía agradecérselo al Quidditch? ¿Cómo decirle a alguien de forma sutil que lo quiero penetrar y hacer que grite mi nombre por el placer? Imposible. —Gruñí—

Para calmar mis pensamientos decidí ir a dar mis habituales paseos, ya era rutina. El día estaba nublado, estos días eran los mejores para salir y eso siempre pensaban las parejitas, me agradaba interrumpir y ponerles detención por formar un espectáculo en donde no deberían. Mientras caminaba observé de lejos a ese niño que tanto me quitaba el sueño. Y ese cuerpo que tanto analizaba en el gran comedor, en clases... -Potter. —Susurré— Vi cómo extendía sus brazos para abrazar a George Weasley sentí un incendio en mi cuerpo cuando vi al chico recargando su cabeza en algo que me pertenece. Quería tomar el cuerpo de Potter ahí mismo, estrujarlo y alejarlo del pelirrojo.

NARRA HARRY

Estaba oscureciendo... Era hora. Me despedí de George. El se veía más relajado, reprimir la tristeza nunca ha sido bueno, en general... Reprimir lo sentimientos no ayuda nunca. Le dije que hablaríamos después y me dirigí al bosque prohibido donde volaría con mi escoba hasta llegar al cementerio. Si me atrapan me espera un gran castigo —Respiré como si eso me regalará más valor—

Llegué después de una hora. ¡Maldición! —Pensé— No sé dónde está su tumba. Pero conociendo a Dumbledore... Seguro la reconozco. —Me tranquilicé—

Caminaba por todo el cementerio hasta que detuve mi paso y forcé un poco mi vista, ahí estaba... En una sección bastante alejada de la zona. Era alta. Muy alta. Con cuatro grandes paredes de color negro y tenía una estatua de Snape, también había bancas a su alrededor. —Pudé imaginar cómo habrá sido el funeral—

Coloqué una rosa blanca sobre su estatua pude apreciarla un poco gracias a la luz de la luna. Snape se veía fabuloso. Decidí sentarme en una de las bancas de enfrente.

-Snape... —Susurré—

-Potter... —Alguien musitó en mi oído— Esa voz que tanto conocía... el hormigueo que tanto extrañaba hizo su aparición.