Dedicado a una amiga que insistió mucho en que escuchara ésta canción y lo hice, y ahora la canto todo el tiempo aunque no me guste. Felicidades bebé, has logrado tu cometido? ゚リツ
Advertencias: limón, limón y más limón con tres tipos? ゚リᄈ
[soy peor]
Lo siento, terminamos?
Dice el escueto mensaje que me llego ayer por la mañana. Extrañamente no hay lágrimas ni dolor, sólo hay enfado y unas ganas de tirar el móvil por la ventana.
Yuri Plisetsky me ha dejado y lo peor es que el muy cobarde no es capaz de decírmelo a la cara y darme una maldita razón de por qué me ha cortado.
Bufé enojado cuando reviso su Instagram. Tan mal no debe estar si, a horas de que terminamos, publica fotos con una chica rusa, aspirando sus bocas de una manera asquerosa.
Metete tu mensaje en el cu...en dónde no entra el Sol.
A la mierda los rusos, a la mierda tú y tú zorra.
Lo peor de enterarme de que me han dejado es saber que me han puesto los cuernos.
Ya vas a ver, rubiales. Lo juró por Dios y Satán que me las vas a pagar.
Tres años de relación desechados por un mensaje, patético. Luego de ojear un poco más por el twitter del ruso, me enteré que esa tarde estaría en un bar, sonreí sabiendo que esa noche era mi oportunidad.
Esta noche empezaría mi venganza, Yuri creía que era un niño bueno, que nunca rompería un plato, la verdad es que he roto más platos de lo que él lo hará en toda su vida y hoy se lo demostraría.
Él quería humillarme con un mensaje, haría que nunca pudiera olvidar esta noche.
Yuri Plisetsky, soy peor.
Esa tarde planee la cama sobre la cual dormiría Yuri esta noche.
Llamé a mi instructor de Yoga, a mi entrenador del gimnasio y mi instructor de cocina, los invite al mismo bar en el que estaría el pequeño niño ruso.
Salí de compras y busqué la vestimenta que me quedaría mejor para que supieran mis intensiones con solo verme.
Cuando llegué a mi departamento, encendí la ducha y deje que la tina se llenara para luego colocar las sales y perfumantes, me metí y me relajé.
Fui a mi habitación y me puse una tanga negra, me puse unos shorts, una camiseta sin mangas y una chaqueta de cuero acompañada de mis confiables adidas blancas.
Cuando llegó la hora, salí de mi apartamento y caminé hasta el bar que, curiosamente, estaba cerca de donde vivía, ¿qué loco, no? Sabía que el idiota de mi ex- novio lo había hecho adrede.
Empujé la puerta del lugar y me fui hacia la barra, pedí un mojito al cantinero, guiñándole un ojo cuando me dio lo que pedía, haciendo que se sonroje. Me di la media vuelta en el asiento y busqué al niño ruso, no me sorprendí cuando me devolvió la mirada asombrado para luego dirigirla a su acompañante de una manera sensual, me miró de reojo totalmente arrogante.
¿Y yo había pensado que él era el hombre de mi vida? Dios, que ciego.
Le sonreí ignorando lo que sea que él intentaba hacer.
Alguien tiró de mi a su lado, miré a la persona y vi a mi instructor de yoga ruso, Viktor Nikiforov, y pasé mi lengua por mis labios de una manera totalmente incitante. Él me sonrió sensual.
—Vaya, Yuuri, no te tenía así de provocador— susurró en mi oreja lamiendo el lóbulo de ésta, gemí al ser tan sensible en esa parte. Sus dedos acariciaban mi cintura para luego meterse dentro y tocar la piel, fue tan fácil caer en la tentación. Todo este tiempo aguantando la atracción que había entre ambos solamente por el maldito infiel de mi pareja. Me gustaría decir que me arrepentía pero no era así.
—Nunca fui así de provocador, solo contigo...— alguien entró por la puerta y me aparté de Viktor al reconocer a mi instructor de cocina, Jean Jacques Leroy. —Bueno, no sólo contigo... — arreglé mi oración cuando le hice una seña al canadiense para que se acercara a la barra. — También con él — abracé al cocinero una vez que estuvo cerca y él me correspondió el gesto un poco sorprendido. Viktor me miro confundido. —Vayamos a un lugar más privado.
Nos dirigimos a una de las mesas apartadas y me senté entre medio. —Bueno, Viktor, él es JJ, mi instructor de cocina— los presenté — JJ, él es Viktor, mi instructor de Yoga— ambos se saludaron y comenzaron una amena conversación sobre cómo impartían clases y de la manera en que me desenvolvía como estudiante.
Me felicité mentalmente al darme cuenta de que todo marchaba sobre ruedas. Miré atentamente esperando que mi entrenador apareciera y cuando lo hizo, internamente chillé emocionada como una colegiala.
Presté atención a cómo Yurio lo llamaba en un gesto de camadería y Otabek Altin le devolvía el saludo, pero no se acercó por mucho que el ruso lo invitó, más bien, pasó de largo.
Me reí.
Me puse de pie y lo llamé, coqueto. Beka me sonrió como muy pocas veces lo hacia y cogió una silla sentándose en mi mesa al lado de Viktor.
Si quería lastimar a Yurio que mejor que estar con su mejor amigo y entrenador.
Presenté a Beka al pequeño grupo y pedimos tragos de tequila para comenzar la noche. Reímos y hablamos, coquetee con ellos ante la fulminante mirada del rubio ruso.
—Bueno, los he llamado esta noche— inicié mientras sostenía un vasito de vodka, ellos me devolvieron sus miradas cargadas de deseo. — porque quería pedirles un favor...— miré a otro lado fingiendo vergüenza.
—Puedes pedir lo que quieras, Yuuri— dijo JJ mientras acariciaba el dorso de mi mano. Estos tres hombres tenían algo en común, aparte del hecho de que son jodidamente calientes, todos quieren follarme. Desde que los he conocido la atracción sexual era palpable y una tentación por la cual luchar toda la semana.
—Sí, pidelo — secundó el kazajo. Sonreí.
—Bueno...quiero un ménage— solté inocente mientras me zampaba el vaso de vodka de una. Sus miradas sorprendidas fueron épicas, pero aguante la risa.
—¡¿Qué?!— exclamó Viktor, mientras bebía su trago.
—Pero...Yurio... — comentó Otabek, tratando de interceder por su amigo y quizás no queriendo perder la cordura ante mi propuesta indecente.
Bufé. —¿En serio, Beka? Hemos terminado...y la verdad... Es que siempre quise hacer algo así... — bajé mi voz un octavo mientras mis manos toqueteaban en sublimes caricias las piernas de Jean y Viktor. Mi cabeza se apoyó en el pecho del canadiense y miré a Beka, incitándole a ceder. —Ustedes si son hombres...no como la mamada que tenía en casa...— mis manos traviesas fueron a las entrepiernas despiertas de mis dos acompañantes. —Beka, cariño, sé que me deseas...prometo que valdrá la pena.
Él tragó.
(*)
Salimos los cuatro del bar ante la mirada de Yuri, mientras Beka me sostenía contra su pecho.
Esta noche lo elevaría hasta el cielo y lo haría olvidar la amistad que tenía con Yuri.
—¿Serás el primero en entrar en mi, verdad?— le pregunté entre jadeos mientras besaba mi cuello y me marcaba como suyo.
—Claro, bebé.
Llegamos a mi apartamento entre caricias furtivas y besos repentinos. Entramos e hice que se acomodaran en el salón. Estábamos nerviosos pero pronto haría que se relajaran y podíamos continuar con todo el rollo sexual.
(*)
Yuuri intentó besar a Otabek pero él no se lo permitió.
—No hasta que esté metido muy dentro de ti— el japonés lanzo un gemido lastimero, quizás había juzgado mal kazajo, no era tan bueno con él como creía. El hombre suspiró al ver el puchero del moreno y le dio un casto beso en los labios. No fue suficiente pero el japonés se conformó ante el gesto.
—Bueno — suspiro Yuuri mientras el kazajo lo acarreaba en sus brazos, el menor le echó los brazos al cuello mientras lo llevaba a su dormitorio. Miró por encima de su hombro. Viktor y Jean caminaban uno al lado del otro, se habían quitado las ropas y sus fuertes cuerpos junto a sus magníficas erecciones se exhibían ante la lujuriosa mirada del japonés.
Otabek lo bajó dejándolo en la superficie de la gran cama. —Desnudate, bebé — Yuuri tragó nervioso ante el apodo tan tierno, algo en su corazón se removió, probablemente derritiéndose y algo en su estómago se revolvía... ¿Quería vomitar?
Acató la orden entusiasta dejando ver sus sublimes piernas y muslos...escuchó los jadeos sorprendidos de los tres hombres cuando les dejó a la vista su trasero con la tanga, la única prenda por quitar. Se dio una palmada en su glúteo, coqueto.
—¿Estás seguro de esto, cielo?— se aseguró Viktor y Yuuri casi grita de la ternura por aquel sentimiento extraño en su corazón. Asintió.
—Dinos si te duele, princesa— retomó Jean. Ay, cárabo elegí bien. Podía sentir las lágrimas en sus ojos pero no se permitió dejarlas caer.
—Puedo tratar con todos...— y eso fue lo que les dejó el paso libre, aquella seguridad que tenía Yuuri para con todos.
Otabek se inclinó y rozó su boca contra la de él, lamió la extensión de sus labios hasta que Yuuri permitió que su lengua se deslizara contra la de él, en un baile sumamente libidinoso. Mientras su boca estaba ocupada con la del kazajo, sintió otro cuerpo a sus espaldas. —Comparte un poco de eso, cielo — se quejó Viktor, su mano volvió su rostro a la izquierda y el ruso le dio un beso largo y demandante.
Otabek se alejó para quitarse la ropa. Jean comenzó un jugueteo con sus pezones, pellizcando y tirando de ellos. —No me olvides, princesa — lo empujó contra él y le robó un beso con rudeza, dominó su boca, seduciéndolo. Poco después lo soltó.
Yuuri Katsuki, se sintió en el paraíso y pudo morir cuando escuchó la voz de Viktor.
—Monta a Beka, cielo— sus orbes se dirigieron al cuerpo tendido en la cama, el kazajo sostenía su enorme miembro entre sus manos, esperando por él.
—Vamos, bebé... — instó el moreno a que avanzara hacia él. Jean acarició su trasero haciéndolo gemir expectante.
Ah, bueno, si me dices de esa manera.
Yuuri realmente quería jugar un poco más pero sabiendo que tenían toda la noche, sabía que tenía mas tiempo para recorrer aquel cuerpo moreno esculpido por el mismísimo diablo, porque ese cuerpo estaba hecho para el pecado... Obra de Dios, no podía ser.
El japonés se acercó poco a poco hacia el kazajo, beso su cuerpo haciendo un camino desde los pies hasta sus muslos, desde su torso hasta la mandíbula para luego estacionarse en sus labios. Unió sus bocas y lenguas en un beso ardiente.
—Bésame a mi, princesa— pidió J.J, sentándose al lado de Otabek, en la cabecera de la cama, su polla erecta entre sus fuertes piernas. Yuuri sintió que se le hacia agua la boca pero hizo lo que le pedía. Sintió los brazos de Viktor rodeando sus caderas y plantó besos mojados en la piel sensible de su cuello y en sus omóplatos, mandando espasmos en su cuerpo.
Otabek acarició su verga, preparándose para llenarlo por completo. El ruso se puso en movimiento mientras lo alzaba de las caderas y hacia que su pecho chocara contra el de Altin. Estiró sus nalgas con ambas manos dejando ver su pequeña y rosada abertura. Gimió.
—¿Lubricante?—
—Mmm, en el cajón — los ligeros toques en su entrada lo estaban volviendo loco. Viktor cogió el bote y tiró un poco del gel en sus dedos para luego embadurnar el orificio con el lubricante. Lo rozó con sus dudes y poco a poco fue adentrando un dedo. No lo movió, solo esperó a que la sensación no fuera tan incomoda para colocar otro dedo y después moverlo muy lenta pero largamente. —Mmm...sí—
Yuuri no supo como fue que tuvo cuatro dedos que se abrían como tijeras en su interior. Los gemidos y chillidos eran difíciles de disimular.
—Déjame entrar en ti— Otabek se hartó de esperar, la vista erótica que el japonés le daba, era demasiado para él. Le sujetó las manos y Viktor le colocó las caderas en la perfecta posición. Yuuri suspiró extasiado cuando la enorme verga se deslizó en su ano. Otabek empujó más profundo adentrándose todavía más en él.
—Oh, demonios, se siente tan bien...— Beka tenía razón, se sentía genial, majestuosamente invadido y lleno. —Yuuri, encárgate de Jean.
El japonés miró al canadiense que se encontraba de rodillas con su miembro en la mano, esperando por sus atenciones. Un líquido brillante salía de la punta. Yuuri enseguida fue a por ella, lamiéndola, mientras se metía el glande a la boca, se deleitó con su sabor y gimió mientras Otabek lo penetraba. Viktor realmente quería esperar pero supo que no podía cuando veía el culo de Yuuri galopando la polla de otro.
—Cielo, esto te dolerá — advirtió mientras masajeaba la cintura y pecho del moreno, lo llevó hacia adelante dejando su trasero en pompa, todos se detuvieron sabiendo lo que vendría. —Será mejor que mantecas tu boca ocupada...— Yuuri enseguida volvió a hacerle una mamada al canadiense. Estiró sus glúteos y fue hacia el lugar, echó gel en la entrada y en su miembro. Yuuri gimoteo alrededor de la erección en su cavidad bucal, al mismo tiempo en que el ruso se posicionaba en su lugar, Otabek salió un poco dejándole espacio al otro invasor. Jean llenaba su boca y el japonés se alimentaba con toda la extensión, como si se hubiesen puesto de acuerdo, el kazajo y Viktor se metieron a la vez dentro de sus entrañas.
Yuuri gritó, alejándose de Jean, y lágrimas de dolor resbalaron por sus mejillas.
Oh, tan lleno.
Se quedaron estáticos, esperando a que los espasmos pasaran, el japonés se había corrido en el pecho de Beka. Dolía como los mil demonios, sí, pero se sentía tan bien. No se arrepintió.
—Dioses, Yuuri, que bueno... — jadeo Viktor contra su cuello. —Arqueate— el japonés acató la orden y gimió al sentir más ardor y la inconfundible sensación de estiramiento. El ruso lo sujetaba con fuerza, manteniéndolo en su lugar. —Muévete, cuando dejes de sentir dolor, haremos el resto— Jean se acercó, instándole a seguir con su faena. Yuuri gimió quedo cuando se movió de arriba hacia abajo montando ambas pollas. Eran embestidas lentas y cortas pero placenteras, siguió así, con ese ritmo desesperante hasta que se vino nuevamente, estaba muy sensibilizado y apenas mantenía a su boca moviéndose sobre la erección de J.J.
—Sera mejor que se apresuren...su boca...maldición— se quejó el canadiense. Viktor y Otabek tomaron eso como una señal para tener el control y arremetieron violentamente dentro de Yuuri. Saliendo y entrando a la vez, empalando hasta lo más profundo y maltratando la próstata, las embestidas iban y venían, duras y fuertes, largas y profundas, llevando nuevamente a Yuuri hacia un nuevo orgasmo.
El moreno sentía que no podía tomar más de todo eso.
El placer alcanzó un punto álgido cuando el kazajo y el ruso se turnaron, penetrando su interior y esperando la oportunidad para tocar su próstata. Sin pensar, araño las caderas de Jean, perdiendo la compostura, el canadiense intentó calmarlo acariciando los mechones de cabello oscuro, lográndolo al instante. Se alejó y esperó hasta que Yuuri pudo tomarlo de nuevo en su boca e inició las estocadas un poco más lentas. El moreno se concentró en respirar por la nariz y dejó que su cuerpo se abandonara al placer.
Otabek tiró de sus pezones e hizo que lanzara un grito de sorpresa, Viktor se retiró unos centímetros dejando pasó a la polla de Beka. —¡Sí, sí, más, más! — exclamó perdido en ellos, con sus manos masturbó a Jean y volvió a tomarlo en su boca.
—Sí...mierda...— siseo mientras se aferraba a los cabellos de Yuuri y arremetía brutalmente en la pequeña y linda boca de su japonés, corriéndose después de unas cuantas embestidas más, Yuuri lo trago todo. El kazajo retrocedió y Viktor tomó su lugar y se empujó tocando su punto.
El moreno chillaba, gritaba, gemía, jadeaba y arañaba el pecho de Otabek.
El ruso mordisqueaba y succionaba su cuello y hombros, dejando marcas y Beka se ponía a la labor con su pecho. Se movían en sincronía dentro suyo y no supo cuando perdió la conciencia.
Se despertó sobresaltado unos minutos después, ellos seguían dentro suyo, se habían corrido en su interior.
Yuuri tomó el celular de Otabek, que era el que más cerca estaba y tomó una foto con flash, subiéndola como estado a Instagram. Jean rió al verlo así. Viktor salió de él y se colocó a un lado del japonés.
—Hagamos una selfie— comentó, todos se acomodaron en posiciones. Jean entre las piernas de Yuuri mirando hacia la cámara, Otabek a la derecha del japonés y Viktor a su izquierda. A menos que seas muy inocente sabias lo que había pasado. —Tomala tú, Beka, yo no llego.
—Bien— él lo hizo, segundos después, Yuuri la subió a su cuenta.
Como comentario colocó:
«Sigue tu camino que sin ti me va mejor, ahora tengo a otros que me lo hacen mejor»
—¿Listos para la otra ronda?— coqueteó el pequeño e insaciable nipón.
Yuuri sabía que su ex lo vería, sonrió feliz viendo su venganza realizada.
Quizás ahora podría comenzar una relación con aquellos hombres... ¿Quién dice que uno es suficiente?
(*)
Bueno, disfruten.
No sé pero cada vez que hay lemon, todas brillan por su ausencia.
