Capítulo 16
El fuerte silbido le despertó, giro sobre sus costados un par de veces antes de animarse a abrir los ojos, no quería pararse… pero era necesario. Las sabanas fueron a dar al suelo e Hiccup se paró de un brinco, todo estaba en penumbras, la única luz provenía de una vela casi inexistente, se apresuró a prender una lámpara de petróleo antes de que esta se apagara. Parece que ya había amanecido, o eso creía tras oír el pitido del silbato. Era difícil de saber ya que ese lugar siempre estaba en penumbras.
Cuanto había pasado desde su secuestro ¿30,40 días? no lo recordaba. Jedan le había llevado hasta ese lugar, a una ciudad subterránea. Era una enorme mina de plata, con sus túneles, vías y demás. El chico se había espantado al ver una gran cantidad de humanos en el lugar, todos ellos esclavizados, vestidos con harapos y cadenas en sus pies, obligados a trabajar en la extracción de la plata.
Pero la plata no era lo único que extraían.
Había unas extrañas rocas de color violáceo, recubiertas por una sabana mohosa que les daba un aspecto de peludas; para ser rocas eran muy ligeras y despedían un olor nauseabundo, Hiccup podía jurar, sin temor a equivocarse, que esos monjes las atesoraban más que al metal plateado. Estas piedras peludas eran transportadas a una catedral ubicada en el centro de la mina. Este era el lugar más vigilado y la residencia deseos extraños monjes, nadie podía entrar ahí, salvo los párrocos, incluso ellos eran los encargados de transportar los carros con ese extraño mineral, los esclavos solo le extraían y nada más.
Abrió despacio la puerta, intentando no hacer ruido, la lámpara ilumino un largo túnel de madera, el chico avanzaba de puntillas, su sombra se alargaba conformen se acercaba a una puerta, giro el pomo e ingreso…todo estaba en silencio. Era una especie de cocina, tenía una estufita en la esquina, una alacena, una mesa y tres sillas, se encontraba rodeada por tres puertas, la de la izquierda llevaba a la habitación de Hiccup, la del frente a la mina y la de la derecha… el chico miraba espantado esa puerta, intento llegar a la salida, estaba por tomar la manivela cuando esta se abrió de golpe. Hiccup retrocedió.
-valla, ya te levantaste.
Dos hombres ingresaron a la habitación. Hiccup se colocó tras la mesa, dejándola como muro entre estos individuos.
-¿ya desayunaste?
El más bajo le indico que se sentara, se acercó a la alacena, tomo un poco de pan, carne, queso y vino, coloco las cosas en la mesa y se sentó a la derecha.
Era un hombre delgado, pero musculoso, de cabello corto y negro, barba tipo candado y una mirada feroz. A diferencia de los demás monjes gustaba de vestir con un pantalón de cuero y un chaleco negros, con unos brazaletes plateados en sus manos y botas de minero. Hiccup había aprendido que Viggo( sorry chicas, pero no es Viggo Mortensen) era un hombre astuto, frio y calculador, el cual infundía temor solo con verte.
El chico se sentó en la mesa y guardo silencio, acepto la pieza de pan y comenzó a comer. A su izquierda se sentó Ryker, hermano mayor de Viggo. Este era más alto y musculoso que su hermano, con el mismo corte de barba pero calvo, solo vestía un pantalón y los brazaletes, dejando al descubierto su amplio pectoral adornado por algunas cicatrices.
-Mastica con la boca cerrada.
Viggo reprendió a su hermano, que solo bufo molesto pero obedeció. Los adultos devoraban, con frenesí, la carne casi cruda. Hiccup podía escuchar como sus colmillos, más grandes de lo normal, rasgaban el platillo, como la sangre escurría por la comisura de sus labios hasta perderse en su garganta. El chico mordía sus labios, aun no entendía porque sus sentidos seguían tan desarrollados, mordió el pan y continuo comiendo, podía sentir la mirada de ese par sobre su ser, se sentía como un pequeño conejo en medio de sus depredadores. Era por esos momentos por los que se maldecía por ser tan amable…y bueno en la construcción.
Cuando los monjes le llevaron a ese lugar fue para esclavizarlo, no tardó en ser encadenado y puesto a trabajar, era obligado a picar piedra o, por su tamaño, explorar algunas grietas. Tenía prohibido hablar con los demás prisioneros y de hacerlo era azotado. Hombres, mujeres, ancianos y algunos niños pasaban todo el día cumpliendo esas labores.
Les alimentaban con un poco de sopa de tubérculos, pan y agua, les dejaban dormir un par de horas, tirados en las vías o carros, antes de que el bestial silbido les obligase a trabajar nuevamente.
Unos veinte monjes eran los encargados de cuidar a más de 300 esclavos, pero Hiccup ya había descubierto que no se necesitaban más, en el poco tiempo que llevaba ahí había presenciado dos revueltas, estas siempre terminaban con la cabeza de los rebeldes rodando por el piso. Cada tanto Jedan, u otro monje, llegaba con un par nuevo de esclavos, para reponer a aquellos que habían muerto por el cansancio o los azotes, después se internaban en el laboratorio y al salir lo hacían acompañados por un par de barriles llenos de ese extraño líquido que asustaba a los huargos.
Hiccup sabía que fabricaban esa extraña sustancia con la roca peluda, después de todo olían igual. Finalmente había descubierto la ubicación de sus enemigos, pero no podía informarle a Toothless y sus amigos, aunque tampoco sabía con exactitud donde se encontraba ya que le vendaron los ojos…pero no por ello perdía la esperanza de poder avisarles, por lo que se había guardado un pequeño trozo entre sus ropas, rezando se diera la ocasión para mandarlo donde los ancianos o su…donde los ancianos.
-¡Muévanse zánganos!
El sonido del látigo le saco de sus pensamientos, sus ojos se desviaron un par de metros abajo, un hombre con mascara de ave golpeaba a un viejo anciano que haba tirado una cubeta llena de esas rocas peludas.
-¡No, déjalo!
Hiccup le grito, enojado, quería bajar a ayudar pero Ryker no se lo permitió, el musculoso hombre lo tomo de la camisa y le llevo arrastrando lejos de ahí, hasta un viejo elevador averiado, ahí le empujo con fuerza para después arrojarle una caja de herramientas a sus pies.
-¡repáralo!
Ordeno antes de marcharse.
El chico se levantó adolorido, tomo la caja de herramientas y comenzó a revisar el aparato. Ya llevaba (si el pitido marca los días) 17 días haciendo esas labores, reparando los elevadores ¿Cómo termino en ese embrollo?...fácil, por ser tan noble.
En una de sus faenas y una mujer tropezó y, sin desearlo, empujo un carro mal estacionado, este salió disparado por la vía tomando impulso, salió del camino y se fue a estrellar contra una pequeña caja de madera que controlaba el aparato. La chica grito aterrada, sabiendo lo que le esperaba, intento ocultarse entre sus compañeros pero estos la alejaban. De un brinco uno de los monjes se plantó a su lado, el hombre comenzó a golpearla con fuerza, lastimando sus brazos, Hiccup miraba enojado, el chico empujo a sus compañeros y se arrojó a ayudar a la damisela, sin saber cómo arrojo al monje, azotándole en la pared, este se levantó sorprendido, el golpe le había lastimado el hombro, tomo el látigo y se dispuso a golpear al castaño, pero la declaración de Hiccup le sorprendió.
-¡Déjala en paz, yo puedo arreglarlo!
El látigo resonó una vez y lastimo su hombro, pero el chico no se doblego ni se apartó de su lugar, servía como escudo para la aterrada mujer.
-¡Alto!
Viggo apareció en escena, el ajetreo había captado su atención. Sus ojos se clavaron en los del pecoso, que no retiraba la mirada.
-¿acaso sabes de máquinas muchacho?
El chico afirmo.
-Bien, entonces demuéstralo, si logras repararlo perdonare la vida de esta chica…pero si fallas, la matare, así como al resto de las escorias en este sector, y claro que a ti también ¿entendiste?
El castaño trago grueso y le miro aterrado, estaba por suplicar pero la mirada de Viggo le dejó en claro que no había marcha atrás, por lo cual termino aceptando. El monje le llevo arrasando hasta el aparato, seguidos por Viggo, mientras los esclavos continuaban con su labor, uno de ellos ayudo a la mujer la cual, como todos, rezaba para que Hiccup tuviese éxito.
Temeroso retiro la tapa, comenzó a inspeccionar el mecanismo, nunca había visto algo similar pero…tampoco era tan difícil de entender, un simple sistema de poleas, pidió algunas herramientas y comenzó su labor, Viggo le miraba fijamente mientras se desenvolvía, tardo un par de horas pero logro repararlo, el ascensor comenzó a trabajar mejor que antes.
-impresionante.
Viggo sonrió complacido, llevaba días exigiendo a Jedan un ingeniero, pero este le ignoraba olímpicamente.
-tienes esclavos, que sirvan de algo, ponles a arrastrar los carros por la empinada y ya, si necesitas más mano de obra solo avísame, encontré un poblado muy divertido que puede sernos útil.
¡Tsk! En ocasiones era más salvaje que su hermano.
-bueno niño, parece que me serás más útil de lo que pensé ¿Cuál es tu nombre?
El pequeño dudo un poco antes de responder, ese tipo le daba miedo.
-Hi…Hiccup.
-bien, Hiccup, a partir de ahora me servirás como ingeniero, hay muchos elevadores que necesitan reparación y mis hermanos no pueden perder el tiempo en cosas tan mundanas, por lo que tú te encargaras.
Lo miro asustado, quería negarse pero.
-y si no lo haces, bueno…creo que no te gustaría ver morir a tantos de los tuyos ¿o sí?
¿Los suyos? el chico negó con la cabeza.
¡PIIIIIIIPPPPP!
El silbato marco el final de la jornada. Ryker no tardo en llevar a la pequeña mascota de su hermano a su "hogar". Ese par, a diferencia delos demás monjes, vivía en la mina, en una esquina, tenían una especie de buque donde descansaban hasta el día siguiente. El hombre le dio de comer y le asigno un cuarto para después marcharse a vigilar que todo se encontrara en orden.
Desde ese día Hiccup vivía con ellos, no le gustaba ayudarles pero no tenía opción, el chico intentaba ver el lado positivo de esto, almenos si estaban reparados los pobres mineros no tendrían que empujar esos carros hasta la fragua, no era un gran consuelo, pero era lo mejor que tenía.
Cuando regreso devoro la comida que le dieron y se dirigió a su cuarto, tenía un pequeño baño donde se aseo y se preparó para dormir, se colocó una camisa y se tumbó en la cama, le dolía todo el cuerpo, arreglar él solo esas máquinas era una tarea agotadora, el sueño no tardo en invadirlo tras cerrar los ojos, mañana seria otro día pesado.
Se encontró caminado por las vías, descalzo, con la ropa llena de hollín y una fuerte punzada en su pierna izquierda, sus pisadas hacían eco en el recinto, no había nadie y un fuerte olor a humo le invadía, continúo avanzando, algo se divisaba frente a él, pasando esa enorme columna de humo blanco. La enorme Catedral, que fungían como Laboratorio, se manifestaba, sus ojos aparecieron la enorme puerta de madera de la entrada, los enigmáticos ventanales que adornaban la fachada, donde se veía a un caballero cabalgando, una gran torre de piedra, una rueda de madera, el caldero de una bruja y un espeso bosque. Pero lo que más le llamo la atención fue el enorme vitral del centro, el cual adornaba casi tosa la pared, era una gran y brillante Luna plateada, tan imponente y hermosa. Por unos momentos el chico se perdió en su figura, algo le atraía a ese lugar.
"Hiccup"
"Hiccup"
Un susurro muy débil brotaba de las entrañas de la catedral, era muy tenue pero Hiccup le escuchaba claramente. Su corazón dio un vuelco y un revoloteo en el estómago le hizo sonreír, podría reconocer esa "voz" donde fuese… ¡Era Toothless! ¡Había ido por él!
-¡Toothless!
El chico grito su nombre y corrió a la entrada, quera verle, tocar su piel y llenarse con su aroma. Estaba a escasos pasos de la puerta cuando el escenario cambio. La luna se tiño de rojo, una fuerte explosión y los vitrales se despedazaron siendo remplazados por llamas…eso era el infierno.
"¡GRRRRRRR!"
Los rugidos de un huargo captaron su atención, la gran luna roja comenzó a fragmentarse y caer pedazo por pedazo, detrás de ella Hiccup pudo apreciar una enorme biblioteca, de más de cuatro pisos, y en el tercero…a Toothless.
El Huargo luchaba contra un par de monjes que querían decapitarlo. Toothless esquivaba las balas y espadas, logro sujetar a uno de los monjes de la mano y se la arranco de un mordisco, dio un giro y abrió la capucha a la mitad, después se abalanzó contra el otro incrustando sus garras en sus hombros, el monje cayó al piso y Toothless cayo arriba de él, los libros no tardaron en empaparse de sangre.
-¡Toothless!
El chico volvió a gritar su nombre buscando captar su atención, Toothless se giró a verle e Hiccup logro divisar una sonrisa en su trompa. El Huargo estaba herido, Hiccup sabía que había estado luchando para llegar hasta él, no tardo en gritar el nombre de su pareja y correr a las escaleras para reunirse con su pecoso.
Hiccup también estaba emocionado, el chico se acercaba despacio, al final si fue a rescatarlo, no le abandono.
De la nada una segunda explosión se escuchó, las paredes se estremecieron y comenzaron a arder, el lobo intento bajar más rápido, tenían que salir de ahí cuanto antes, se escuchó un crujido y una de las paredes se vino abajo, de esta brotaron dos enormes sombras que se arrojaron contra el huargo. Hiccup miro horrorizado a esos seres, eran enormes, con grandes garras y unos ojos rojos como la sangre, de su trompa brotaba una extraña espuma purpura.
Los seres se arrojaron contra Toothless y comenzaron a pegarle, el huargo conseguía esquivar algunos ataques pero no todos.
-¡No, Déjenlo!
Hiccup se echó a correr directo a ellos, tenía que ayudarle, pero antes de poder tocar el primer escalón un feroz rugido lo paralizo, cuando el chico volteo se topó con un enorme lobo blanco, con ojos tan fríos como el hielo y una dentadura amenazante, no tuvo tiempo de gritar ya que ese ser se arrojó contra él y…
-¡Ahhhh!
Despertó aterrado, estaba bañado en sudor, su respiración era acelerada y podía escuchar el retumbar de su corazón, también sentía el calor de sus lágrimas rodando por las mejillas, retiro estas con la manga y parpadeo unos segundos. Todo estaba obscuro, había apagado la lámpara para poder dormir, sus ojos tardaron un poco para acostumbrarse y decirle donde se encontraba, estaba en su prisión, acostado en esa vieja cama y con un dolor en el pecho que parecía quería darle un infarto.
Comenzó a tocar su cara y cuerpo, estaba completo, inhalo un par de veces buscando controlarse, esa pesadilla fue aterradora. Con trabajo prendió la lámpara, no quería estar a obscuras, y se volvió a acostar, se abrazó a sí mismo intentando calmarse…. ¡solo fue un sueño, solo fue un sueño!
-pero que interesante.
Viggo revisaba el trabajo de su pequeño sirviente, el chico era muy bueno, había reparado algo que incluso a él le costaba trabajo. Tomo un viejo engrane y lo giro en su mano…pesaba. Sosteniendo la pieza de metal dirigió su mirada a los esclavos.
Los humanos no eran tan fuertes y resistentes…como ellos, pero servían, la verdad era muy extraño encontrar a alguien con el talento del pecoso, de mente creativa y habilidad para la mecánica, la mayoría era salvaje y mundano, pero no podía negar que eran útiles especialmente en los trabajos pesados, después de todo si poseían algo de resistencia.
Pero también tenían un límite y…Hiccup lo sobrepasaba. El chico era más delgado, bajo y ligeramente torpe, sin embargo había sobrevivido hasta ahora, podía extraer mineral como el más rudo de sus trabajadores, cargaba cubetas más pesadas que él y su velocidad no disminuía, y ni que decir de cuando le vio arrojar a su compañero, logro moverlo sin problema y no se doblego al sentir el látigo en su hombro, cuando otros más corpulentos que él se doblegaban al primer golpe.
Pero no era lo único extraño en ese chico, ese engrane pesaba unos 20 kilos y siempre veía a Hiccup moverle con facilidad, porque claro que Viggo supervisaba su trabajo, no se acercaba para no interrumpir pero estaba al pendiente de lo que hacía, no fuese a empeorarlo. Pese a ser un trabajo duro Hiccup regresaba al día siguiente fresco como lechuga…algo imposible para un humano.
-lleva esto a la fragua y suban más equipo, mañana arreglaremos el del centro.
Le arrojo la pieza a su compañero y miro como se tambaleaba un poco, de verdad era un humano extraño.
Siete días más e Hiccup continuaba con su labor, el chico aceitaba unos cables cuando una de sus compañeras llego con comida, la mujer que había ayudado.
-Hola Hiccup, te traje la comida.
La chica hablaba en susurros, para no enfadar a los vigilantes. Hiccup le sonrió, limpio sus manos y se dispuso a almorzar. Mam, como se llamaba la morena, era la encargada de alimentarlo, cosa que agradecía ya que estimaba al joven que le salvo la vida, aunque era tedioso el tener que caminar arrastrando sus cadenas hasta donde enviaran al chico.
-¿te faltan muchos?
-no lo sé, esta mina es enorme y Viggo siempre me lleva cada vez más lejos.
-sí, no conocía este túnel…y llevo un par de años aquí.
-¿de verdad?
-sí, desde pequeña
-mmm…oye Mam ¿Cómo llegaste aquí?
La chica mostro una sonrisa débil y triste, hace mucho que no recordaba su pasado.
Mam provenía de una aldea en el norte del país. Una noche un grupo de monjes, siete individuos, había llegado al lugar, se describieron como simples viajeros. La gente no tardó en confiar en ellos, eran amables y les ofrecieron conocimiento a cambio de su hospitalidad, con sus herramientas lograron mejorar su estilo de vida, todo marchaba bien hasta que…esos sujetos mostraron su verdadero rostro.
La gente comenzó a desaparecer poco a poco, algunos eran asesinados de forma brutal, sus cuerpos desmembrados y siempre marcados con extraños símbolos, otros simplemente desaparecían sin dejar rastro. Su pueblo intentaba encontrar al culpable, pero no lo conseguían, muchos culpaban a los lobos y demás animales salvajes, jamás sospecharon de los monjes ya que estos se encontraban presentes al momento de los actos y se ofrecían en las búsquedas.
Fue hasta la luna roja cuando todo exploto. La campana en la iglesia les despertó, la gente corrió alarmada y lista para defenderse, pero ahí no había nadie, ni siquiera el párroco. Estaban por regresar a sus casas cuando esos monjes se presentaron ante ellos, vistiendo esas horribles mascaras. La chica no recordaba mucho, solo que estos individuos les encerraron en la iglesia y después arrojaron unas bolas muy extrañas, las cuales soltaron un humo que la aturdió. Cuando despertó se encontraba arriba de una carroza, amarrada de pies y manos, con los ojos vendados y muy asustada, por varias horas se encontró sumida en la penumbra y cuando al fin descubrieron sus ojos.
Les habían llevado hasta la mina, encadenados. Ahí les separaron. Los hombres y mujeres más fuertes fueron llevados a la catedral del centro, mientras los más viejos y los niños eran puestos a trabajar como mineros. Desde entonces Mam se encontraba ahí.
-ah pasado muchísimo tiempo desde que vi el sol o sentí el viento en mi cara la verdad ya ni recuerdo la textura y aroma del pasto.
El chico le miro con pena, todos los "residentes" de esa mina estaban demacrados, su cuerpo estaba cubierto de tierra, pero Hiccup había comprobado, cuando lavaban sus manos, que tenían una piel más clara que la suya, casi blanca, lo mismo con su cabello, incluso los pequeños. Aunque lo que más le asustaba al chico era ese velo que cubría poco a poco los ojos de Mam, un paño blanco que les arrebataba la vista, muchos ahí lo tenían y ahora su amiga comenzaba a desarrollarlo. Algo comprensible si se toma en cuenta que la luz de día no toca esa tierra, Hiccup podía jurar que muchos ya estaban ciegos, el pecoso creía que estos se movían como topos en su madriguera.
-entonces, esos sujetos… ¿ya tienen mucho aquí?
-no sé, yo creo, cuando llegue ya había muchos esclavos.
El chico le escuchaba atento, si ya llevaban tiempo ahí ¿Por qué hasta ahora se exponían?
Termino de comer y Mam se retiró, prácticamente arrastrada por un monje. Cuando llego la hora de regresar Ryker le intercepto, el hombre le llevo hasta el centro de la mina, ahí Viggo les esperaba.
-Mis felicitaciones pequeño Hiccup, has hecho un trabajo magnifico hasta el momento, estoy complacido.
El hombre caminaba de un lado a otro, rodeándole como un lobo a su presa.
-a partir de mañana empezaras a diseñar mejoras para esta mina, quiero que los carros avancen más rápido, la extracción debe ser superior, se te dará todo lo que necesites, solo debes pedirlo.
Hiccup le veía sin decir palabra alguna, no deseaba ayudarles pero, sabía que de negarse matarían a más personas por su culpa. Pero también le veía como una oportunidad, con un poco de suerte encontraría la manera de enviar un mensaje al exterior, previniendo a los demás…huargos…y humanos. Por qué esta secta no solo amenazaba a la vida en el bosque, si lo que Man le había dicho era verdad, su antigua aldea no tardaría en sucumbir.
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Hola mis queridísimos dragones…si, lo se ¡Me odian!...y con justa razón.
Lamento muchísimo el tardar tanto en actualizar, no tengo excusa T-T.
Bueno en mi defensa, como muchos me regañaron por haber hecho sufrir a Hiccup en el capítulo anterior, digamos que me sentí triste y se me fue la inspiración…-w-…seee, pésima excusa ¬¬. Y con lo que acabo de subir, me van a querer matar T-T.
En compensación les prometo que este mes saco tres capítulos, es más ahorita mismo me voy a escribirlos para que no me regañen, ose a que buenas Noches, Días o tardes.
Ah…pero ante todo respondo los reviws.
mcd. en algunas historias son las terminaciones que usan para referirse al lobo mayor, o jefe, también como referencia a un clan, y mate también es usado en Australia como para decir " si, aja".
Yusefan. Todos queremos golpear a Toothless (o en su defecto a la autora) pero no te preocupes, el babas lo arreglara, no sé como pero lo hará.
samikun15. Pues yo también tenía esa idea pero no sé lo que paso…me gusta hacer sufrir a la gente.
neko-hime-snape. Querida me encanta tener una lectora nueva. Ok chicas hagamos esto. Cuando llegue ese momento les prometo que les daré el lemmon más exquisito que me pueda imaginar, un derrame nasal a su cerebro como compensación ¿les parece?
Katse….yo…bueno…em…aun así me quieres ¿verdad? -w-.
Kaouruminamoto. ¡Gracias a Dios no sabes donde vivo! (yobain mz.220, lt 11 Tlalpan D.f) que si no ya me habrías descuartizado T-T. Te juro que yo también quiero matar a Toothless pero…momento, de donde sacas mi dirección òó… ¡Maldita conciencia de mierda! si me muero te vas conmigo. Lo reparare, lo prometo.
Alinav. ahhhhh… ¡Todos odiamos a Toothless! pero no a la autora T-T.
La Rojas. Si, muchísimas posibilidades, no había pensado en dos, gracias por el Tip. Créeme querida, tu ortografía es mejor que la mía.
Kyoya chan. Ela ahí, espero te guste…o acabes uniéndote a la horda que querrá matarme después de esto T-T.
Ahora si…me despido, cuídense mucho y los leo pronto.
