Capítulo 17

Aterrador, es lo único que venía a su mente, ese lugar era aterrador, pero…también enigmático y hermoso. Sus pasos se detuvieron a medio camino, jamás imagino que la catedral fuese tan grande, incluso el interior se sentía más grande que la mina donde se encontraba ubicada.

Ese día Viggo lo levanto temprano, más que de costumbre, le ordeno asearse y le dio un cambio de ropa, Hiccup se asustó un poco al ver como el mayor le guiaba al interior de la iglesia, sabia que los que entraban ahí ya no regresaban, salvo los hermanos de esa extraña secta. Esto lo desconcertó un poco, creyó que con el trabajo que realizaba podría vivir por más tiempo, pero parece se había equivocado.

-Cálmate chico, no te pasara nada malo, jamás lastimaría a mi mejor ingeniero.

Vocifero el hombre intentando calmar los nervios y temblores del joven, que ya empezaban a molestar.

Pero pese a las palabras Hiccup no se calmó del todo, aún tenía miedo de lo que pudiese haber ahí dentro. Tomo una gran bocanada de aire cuando el pelinegro empujo las puertas para permitirles el acceso.

El rechinido le hizo saber que esas placas de metal eran muy pesadas, el estruendo tardo unos segundos en desaparecer antes de darles acceso a la catedral. Lo primero que les recibió fue un amplio salón, con piso de mármol y un par de estatuas a cada lado, unos caballeros de granito negro, con corcel y toda la cosa. Avanzaron despacio y sus pisadas hicieron eco en todo el sitio, continuaron un par de metros más hasta atravesar una gran puerta doble de madera, que les dio la entrada a un salón a un más amplio. Un lugar con varias puertas y rodeado de pinturas. El chico se sorprendió al ver que todas poseían una temática algo macabra. En una se podía a preciar a una serie de demonios escuálidos, con orejas puntiagudas y dedos largos y esqueléticos, que arrastraban un cuerpo envuelto en sabanas manchadas de sangre al interior de un poso en una noche helada; En otra se podía ver a una hermosa mujer, con un cabello tan negro como la noche, de piel blanca, ojos azules y labios carmín, desnuda, rodeada de seres antropomorfos y copulando con estos; había otra que parecía un aquelarre, unas mujeres extrañas bailaban alrededor de una enorme hoguera, pero sus sombras proyectaban a terribles seres alados con patas de cabra y grandes cuernos; pinturas donde se veía una serie de Ángeles sosteniendo batalla contra los seres del inframundo, pero, en todas estas los seres de alas blancas eran aplastadas. Hiccup sintió un escalofrió al ver todas estas imágenes, el chico estaba acostumbrado, cuando la ocasión se presentaba, a ver hermosas pinturas, llenas de vida y felicidad, donde las creaturas de luz siempre ganaban la batalla para bien de la humanidad y la vida misma. Bajo la mirada, temeroso de la de estos seres, ya que podía jurar que le seguían con los ojos mientras se desplazaba, por lo que apuro el paso y camino tras su guía. Viggo atravesó el enorme salón, directo al área este, donde se encontraba una gran pintura del tamaño del muro y bajo esta una puerta azul con un grifo dorado en el picaporte. Curioso, como era Hiccup, levanto la vista para saber a dónde se dirigían, el chico se llevó una enorme sorpresa cuando vio la imagen. Un enorme demonio alado de más de tres metros le daba la bienvenida, con una lengua bífida, alas de murciélago, una enorme cola de reptil y grandes cuernos, desnudo y con el falo erguido, rodeado por un fuego negro y…una especie de… ¿osos? parados en dos patas, con grandes garras y nariz afilada. El chico le contemplo unos segundos antes de avanzar, no esos no eran osos, parecían más bien…lobos.

-No te retrases.

-Voy

Llegaron a otro pasillo, solo que este estaba adornado por una gran cantidad de plantas, parecía un pequeño bosque dentro del recinto. El chico quedo embelesado admirando el lugar, era simplemente hermoso. Por primera vez se separó un poco de su guía, que le permitió curiosear. Podio escuchar una fuente a lo lejos pero no lograba verle, las enredaderas formaban una especie de mini laberinto que confundía sus pasos. Rosas, Gardenias, Nube, Alcatraces de colores e incluso Girasoles le saludaron. Se acercó a ver un crisantemo azul cuando algo le hizo saltar. No grito, ya que no le pareció aterrador a algo por el estilo, solo, se sorprendió de verle. Despacio se acercó admirando la obra de arte…Era la escultura de un hermoso Huargo. El animal estaba tan detallado en todos los aspectos que incluso parecía estar vivo, pero no era la única. Cuando presto más atención se percató que había una gran cantidad de estas repartidas por todo el lugar…incluso había unos cachorros.

Sus pasos le llevaron hasta un hermoso lobo que se encontraba cerca de la salida, se inclinó un poco y toco la piedra, logro sentir sus dedos deslizándose por las finas y expertas cinceladas, de verdad parecía que estaba por correr. Sus ojos se humedecieron un poco al recordar a su familia, ese huargo se parecía muchísimo a Toothless, incluso la cantera asemejaba a su pelaje negro azulado.

-son hermosas ¿verdad?

La voz de Viggo le asunto, se paró de golpe y giro a verle.

-S…Sí, son muy bonitas.

Viggo solo giro a ambos lados contemplando las estatuas.

-so… ¿son huargos?

La pregunta del chico le sorprendió, cualquier otro les había confundido con un simple lobo, algo exagerado, pero nada más. Sin embargo Hiccup había notado la diferencia.

-Sí, son Huargos… ¿Cómo lo supiste? ¿Acaso haz visto alguno?

El chico se estremeció por la pregunta, pero por suerte su cerebro siempre trabajaba rápido.

-Mi abuelo, él me comento sobre ellos, me dijo que eran lobos enormes y muy fuertes, astutos, más que un lobo común.

La descripción era muy burda pero Viggo quedo complacido, para un humano estaba bien.

-Sí, son fuertes…pero solo eso, créeme, son bestias salvajes sin un sentido de progreso o desarrollo, simples animales… aun no evolucionan

Viggo no dijo nada más y continúo su marcha. Hiccup le veía molesto ¡eso no era verdad! los huargos no eran solo unos animales salvajes, eran muy listos y educados, más que muchos humanos a los cuales conocía.

Continuaron su marcha hasta llegar a un enorme pasillo que se dividía en dos.

Hiccup se aterro al ver que una de las puertas estaba decorada con una gigantesca luna roja, una gran luna de sangre hecha con rubís y rodeada por un montón de nubes de zafiro. Por unos segundos el joven recordó a la gran dama blanca que apareció en el zócalo de la cueva, aquella a la que tuvo que aullar junto a su nueva familia. Una hermosa luna que por unos segundos le transfirió paz y tranquilidad…todo lo opuesto a esta.

Pero no entraron a ese lugar, tomaron la otra puerta, una gran puerta de cristal cortado que no le permitía ver el interior, hasta que ingreso.

Su corazón comenzó a golpear como loco cuando se dio cuenta donde se encontraba… ¡era una biblioteca! La misma biblioteca con la que había soñado hace días, el lugar donde él y Toothless…

-¡Jedan!

Viggo lanzo un grito que asusto al chico. El mayor sabía que su compañero se encontrara ahí, siempre estaba ahí, investigando.

Pasaron unos segundos y se escuchó un bufido proveniente del segundo piso.

-guarda silencio, no me gusta que grites.

La fuerte, y fría, voz del rubio hizo retumbar los anaqueles. Viggo retrocedió un poco, temeroso de su compañero, esto no pasó desapercibido para el menor, como es que alguien como él podría tener miedo. El chico se sorprendió mucho al ver bajar por las escaleras a aquel que le había secuestrado, al sujeto que lo había alejado de Toothless.

-te encuentras en un recinto donde el silencio es oro Viggo, apreciaría que lo respetaras.

-lo…lo siento.

Jedan bajo con elegancia las escaleras, mirando a su compañero de forma fría, aunque sus ojos no tardaron en desviarse. Hiccup pego un brinco y se escondió tras su carcelero, de verdad ese chico tenía algo que infundía respeto y miedo al mismo tiempo.

-mmm, este es el chico del cual me hablaste.

Dejo de lado el libro y le indico al pecoso que se acercara, Hiccup se habría negado pero Viggo lo empujo al frente. El rubio no tardo en sujetarle y escanear, pasados unos segundos le reconoció, era el joven que habían encontrado en el bosque, él le había llevado ahí…mmm, la verdad creyó que ya había muerto a causa del trabajo, pero que sorpresa.

-te recuerdo, eres… ¿limbo? ¿timbo? ¿pingo? emm

-Hiccup- respondió con un deje de voz

-Hiccup, claro.

El mayor lo soltó y se fue a sentar a una silla, cruzo las piernas y acomodo sus manos sobre estas, esperando paciente a que Viggo hablara.

-¿y bien?

El hombre soltó un suspiro, aguantando las ganas de golpearlo, se creía tan importante y… ¡grrr!

-como ya te había comentado, Hiccup es muy hábil para arreglar las cosas, un excelente ingeniero, creo que nos podría ser útil con el asunto de "La máquina" creo que si le dejas examinar, tal vez podría ayudar a que este lista en poco tiempo.

La risa burlona no tardo en escucharse, Jedan le veía divertido, como si Viggo hubiese dicho una magnifica broma.

-déjame ver si entendí, me estás diciendo que este… Humano, es capaz de reparar algo que, ni siquiera nuestros hermanos han logrado reparar…bromeas cierto.

-No. el chico es listo Jedan, fue capaz de arreglar todos los elevadores él solo, si no me crees date una vuelta por la mina, todos funcionan perfectamente y no se han estropeado desde entonces, te puedo asegurar que es bueno.

Soltó un suspiro y se quedó viendo a Hiccup, analizándolo, no tenía nada que perder, si el humano lo lograba sería una buena noticia, en caso de fallar…bien podría restregárselo a Viggo en su cara por un par de años, aparte que la vergüenza para este sería muy divertida.

-está bien, si lo que dices es cierto…adelante, llévale al laboratorio, pero más vale que no estropee nada o de lo contrario ¡tú responderás!

Un ligero escalofrió recorrió la columna del moreno, pero no dudo en aceptar el trato, confiaba en que el chico sabría cómo salir a delante…y también tenía un az bajo la manga, una pequeña presión para hacerlo cooperar.

-que así sea.

Tomo al Hiccup del brazo y lo arrastro al pasillo.

-Hasta luego Hiccup

El rubio se despidió de forma burlona, ese chico no sabía la que le esperaba en caso de estropearlo…ninguno de los dos.

Por un segundo Hiccup se sintió aliviado de salir de ahí, pero su alivio duro muy poco, regresaron al cuarto de los cuadros y se adentraron bajo la puerta que era custodiada por ese raro aquelarre. Unas escaleras de caracol les recibieron. El pobre de Hiccup prácticamente era arrastrado por los escalones, intentaba seguir el paso de su carcelero pero este era muy rápido, ya le dolía el brazo, ahí donde el moreno sujetaba. Pasaron algunos minutos y llegaron al final del túnel, o eso esperaba. Fue trepado a una plancha de madera la cual comenzó a descender, parece que tenían que ir aún más profundo. Las luces de las antorchas iluminaban las paredes, era un pozo, un pozo profundo, se tornaba cada vez más húmedo e incluso logro ver restos de agua escurriendo.

Se escuchó un Crack y la plancha se detuvo, un túnel iluminado por antorchas les esperaba. Avanzaron despacio, el chico se empezó a marear, el aire era caliente, pero también frio, lo que le volvía muy pesado y sofocante (ya saben cómo estar en una gruta).

Antes de llegar al final Hiccup logro apreciar un pequeño callejón, era un lugar estrecho y obscuro, el chico se asustó al ver que el camino de este se encontraba cubierto de sangre seca, era tanta que incluso la tierra se había vuelto en lodo, rojizo y viscoso.

-ahí es a dónde van los sacrificios Hiccup- susurro el hombre- pero no te preocupes, si cooperas nunca tendrás que cruzar ese pasaje.

Hiccup se puso pálido y asintió, no quería saber lo que pasaba ahí. Continuaron su camino hasta el final. Frente a ellos se encontraba una enorme puerta de metal, con una luna roja en el centro.

-andando

Era una especie de laboratorio, repleto de extraña maquinaria, había enormes tubos de cristal, los cuales el chico nunca había visto, esparcidos por todo el lugar, algunos con esa extraña mezcla purpura. Hiccup veía embelesado, jamás había contemplado cosas parecidas. Una gran cantidad de monjes viajaban de un lado a otro, finalmente logro verle sin máscaras, al igual que viggo y Jedan eran personas de aspecto normal, chicos de entre 20-25 años, algunos lucían su característica túnica negra y otros una bata blanca, todos andaban de aquí para allá, tomando notas y manipulando frascos, varios de ellos se giraron a verles, extrañados por el humano.

Aterrado el chico se pegó un poco a su verdugo, esto le causo risa al mayor, aún era un niño después de todo. Continuaron hasta llegar a una plataforma de metal, en el centro había una especie de grúa, y bajo esta…no logro distinguirlo, parecía una extraña estatua.

-¡Nick!

Un joven de cabello castaño oscuro se asomó, brotando de una escotilla en el interior de la grúa.

-¿Qué sucede?

Era un joven como de unos 18-20 años, de ojos grandes y purpuras, piel blanca y una sonrisa traviesa, también era bajito, de la misma estatura que Hiccup. Con agilidad felina el joven bajo de un brinco y se colocó donde su compañero, mirando con curiosidad al chico.

-¡Oh! es hora de la cena

Bromeo mientras miraba a Hiccup y relamía sus labios. Esto ocasionó que el joven se pusiera tan pálido como el papel.

-No. él es Hiccup, es bueno arreglando cosas, con suerte entre los dos conseguirán arreglar esto.

-¡¿Qué?!

La cara de indignación del chico no tenía precio, estaba furioso, en que podría ayudarle un burdo humano, estaba por reclamar pero Viggo no lo dejo.

-Jedan le envió, y si él cree que te puede ser de ayuda a si debe ser…a menos que quieras contradecirlo.

Nuevamente Hiccup fue testigo del miedo que esos sujetos podían reflejar… ¿Por qué le tenían tanto miedo a ese rubio?

-e…está bien, lo aceptare…pero dudo que sea de ayuda.

Bufo molesto y regreso a su trabajo, Hiccup vio asombrado como trepaba esa enorme estructura con tanta agilidad.

Viggo reprimió una carcajada, si tenía suerte Hiccup lo arreglaría en poco tiempo.

Antes de marcharse el mayor se acercó al chico y le susurro algo en su oído. Los ojos de Hiccup se agrandaron y un nudo se formó en su estómago, reprimiendo el llanto acepto en silencio. Viggo sonrió satisfecho, ese chico era muy fácil de manejar, era demasiado sensible y bondadoso, bastaba con amenazarle con la vida de los demás para que aceptara sus órdenes.

-muévete.

Empujo al chico y se marchó de ahí.

El pecoso le vio irse, tenía miedo, sabía que eso era algo malo, como, fácil, porque era importante para ellos, y si era bueno para ellos, era malo para los demás.

-Hey niño, apresúrate.

Nick se asomó desde su "ventana" mirando con desaprobación a Hiccup, le ordeno subir pero…el pecoso no tenía la mínima idea de cómo hacerlo, no había ninguna escalera o cuerda para trepar. Esto desespero al mayor, al menos en edad, que no tardo en bajar por él, lo cargo de caballito y subió hasta la cima.

-valla, no pesas nada, aunque no me sorprende estas muy flaco.

Cuando llegaron Hiccup quedó maravillado, si el laboratorio le había parecido genial, esto…no tenía palabras. Prácticamente se encontraba en el interior de una máquina, rodeado por engranes, pipetas, barómetros, cigüeñales, válvulas y demás. Muchos de los artefactos Hiccup no les conocía, jamás los había visto, por lo que le pareció interesante, comenzó a mirarles detalladamente, intentando saber su origen y uso.

-y bien, genio, ¿Qué es lo que deberíamos hacer?

Nick le miraba molesto, no le agrado la idea de que colocaran a un humano como asistente, peor, que creyesen que tenía su habilidad, pero no podía decir nada…o terminaría muerto.

-yo…em, no, no lo sé. La verdad es que jamás había visto estas cosas (los barómetros)

El mayor bufo molesto, entonces ¿para que lo enviaron?

-ha si, entonces ¿qué haces aquí?

-bueno, Viggo me ordeno ayudarte, yo, yo solo me encargaba de mantener en buen funcionamiento los elevadores de la mina, nada más…no sé porque me trajo aquí.

Mmmm, ya había escuchado los rumores de que un humano había arreglado casi todos los elevadores de la mina, la verdad no le impresiono, eso era fácil. Soltó un suspiro cansado, en ocasiones no entendía a ese Rubio.

-pues entonces serás mi sirviente, ten.

Le arrojo una pesada bolsa de herramientas y comenzó a andar. A Hiccup no le quedo de otra más que seguirle, el chico estaba asustado, pero también fascinado. Bajaron un piso y llegaron a otra especie de cámara, unos tres monjes se encontraban ahí. Hiccup apresuro el paso al sentir las miradas, caminando tras Nick que iba quejándose por ser usado como niñera. Todos los monjes le veían con desconfianza y repulsión, que hacia un humano ahí.

Llegaron al centro, frente a una gran maquinaria, la cual Hiccup podía jurar era el interior de un reloj. El chico comenzó a trabajar, Hiccup le servía de asistente, dando los objetos y escuchando las quejas. Se sorprendió un poco al ver lo parlanchín que era, a Nick le gustaba hablar sobre las máquinas y sus usos…y eso le agrado. Cuatro días después y el chico había aprendido el nombre y función de varias cosas, por increíble que parezca Nick respondía sus preguntas e incluso le enseñaba cosas, en poco tiempo se habían hecho…casi amigos.

-uf, pues sigo sin entender para que sirve esta cosa, y es imposible separarla, está muy oxidada y si la jalo con fuerza…demonios.

-em, porque no le hechas algún aceite, como lubricante. El aceite de ricino es muy bueno, yo lo usaba en mis herramientas cuando estas se oxidaban.

El chico bajo la cabeza tras sentir la mirada de enojo, solo era una sugerencia. Nick estaba por reprenderlo pero… no era mala idea. Decidió seguir el consejo de su aprendiz, fue por tres barriles y entre los dos bañaron las enormes tuercas y paneles de metal, sin dejar ni un centímetro por cubrir, lo dejaron reposando toda la noche y al día siguiente procedieron a retirarlo.

Pese al lubricante les costó un poco destrabarlas, ya que llevaban más de cien años sin uso, el castaño se sorprendió un poco al ver la fuerza de Hiccup, el chico se veía enclenque pero era capaz de cargar un engrane de treinta kilos. Lograron desmontar la maquina en un par de horas, solo ellos dos ya que al mayor no le gustaba que los demás se metieran en su trabajo, con Hiccup hacia una excepción porque Jedan le había mandado, sino. Dejaron en el suelo todas las partes, Hiccup hacia diagramas de cómo se veía cada que retiraban una pieza, para poder montarle después, una idea bastante ingeniosa, acepto el monje.

El chico estaba sentado en el piso retocando su último plano, cuando se escuchó un ligero Crack a su espalda. Uno de los engranes en la parte de arriba había cedido por cuenta propia, deslizándose por el tubo de metal que le sostenía. Los ojos verdes observaron en cámara lenta como la pieza, de más de cien kilos, se deprendía y caía directamente a él. Cerró los ojos aterrado, mientras llevaba sus manos a la cabeza y se giraba, intentando protegerse. Logro escuchar un grito y después un ruido de algo impactándose, tardo unos segundos en abrir los parpados…no le había pasado nada.

-¿estás bien?

Enorme fue su sorpresa al ver que Nick le había salvado, pero esta aumento al ver el rostro del chico y sus manos.

El moreno había saltado y logro sujetar el engrane antes de que aplastara al menor, pero como este era muy pesado decidió usar un poco de fuerza extra.

Hiccup miraba asombrado su apariencia. Sus manos habían crecido un poco, sus uñas se alargaron hasta casi parecer garras, las venas en su cuello se encontraban saltadas, la piel se tornó ligeramente obscura, cubierta por una finísima capa de vellos, la boca se extendió y los dientes se volvieron puntiagudos y filosos, pero lo que más le sorprendió fueron sus ojos, estos… estos habían crecido, tomando una forma casi redonda, las pupilas estaban expandidas y un tinte rojo les rodeaba, esos ojos eran tan parecidos a los de… ¡un huargo!