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CAPITULO EDITADO POR EUDA.
RESUMEN.
Un mundo de lujos, viajes, dinero, joyas, y lo más anhelado, su libertad. Pero esta libertad tiene un precio, un arreglo de seis meses con un hombre despreciable, un viaje al otro lado del mundo y una cabaña de medio pelo, ¿Sera este el punto de ruptura de Rose? O ¿será un nuevo comienzo? Su padre la vendió, su esposo es alcohólico y mujeriego y su vecino está más caliente de lo que es permitido, si, la vida de Rose Hathaway esta patas arribas, pero de algo ella está segura, nada puede empeorar… ¿o sí?
Su esposa, Tú mujer.
—Te vez hermosa, querida —Alberta musitó mientras acomodaba mi falda de lino negro. Mire mi reflejo en el espejo. Un elegante, pero sencillo vestido acariciaba mi delicado cuerpo terminando un par de centímetros arriba de mis rodillas, las sandalias de tacón eran delicadas con mis pies y el maquillaje fue leve, casi inexistente —Pero, no es el atuendo correcto para una novia.
—No soy una —murmure bajo, tan bajo que no creo que ella me hubiese escuchado—. Y gracias a mi padre nunca lo seré, no en realidad — ella termino de acomodar mi cremallera y se hizo a mi lado y me miro a los ojos.
—El acuerdo que hizo tu padre, dice que deberán ser esposos por los próximos seis meses, luego serás libre y podrás tener todo lo que has deseado, un amor lindo, una casa y hasta hijos.
—No es tan fácil, Alberta. Solo hay una primera vez para todo, hasta para caminar por el altar, la mía será hoy, y aunque pasara todo aquello que dices, nada será igual porque ya nada será como la primera vez. —Una silenciosa lagrima rodó por mi mejilla hasta llegar a mi barbilla, cayó, y se perdió entre mi vestido.
—Pero es mejor tarde que nunca —ella me tomó de los hombros y me hizo que la mirarse—. Todo en la vida se basa en experiencias, esta no tiene por qué ser diferente, saca lo bueno, olvida lo malo y cuando el tiempo caduque serás libre —la mire a sus ojos, esos ojos cálidos que me habían envuelto desde que era una niña, esos ojos que remplazaban los verdes esmeraldas de la mujer que me dio la vida, mi madre, aunque pensándolo bien, aquella mujer solo me dio la vida y me dejo una serie de problemas, en cambio, la mujer que tenía enfrente me había criado durante toda mi vida, aquella mujer era mi madre.
—Lo que más me duele, es que mi padre me vendió, como si fuera un auto, como si fuera una propiedad.
—Rose…
—¡No! —La interrumpí— durante años he dejado que lo defiendas, pero ahora, ahora debes reconocer que se le ha pasado la mano, soy su hija, soy su única hija y me vendió a la primera oportunidad, no pensó en mí o como me podría sentir. —Camine hasta la gran ventana de mi apartamento y mire la ciudad que se extendía a mis pies, tan grande y ruidosa y a la vez tan pequeña y lejos de mi alcance. Me abracé a mí misma y con voz baja le dije— me vendió por un imperio más grande, más dinero, más poder. — Volví la vista hacia Alberta y con la mirada dura dije— y aquel hombre no es diferente, el acepto por los mismo, más dinero, como si el que tuviera ya no le bastara.
—Sabes que no fue él quien acepto, ¿verdad? Fue su padre quien arregló el acuerdo —me volví bruscamente hacia ella y con los dientes apretados le dije.
—No es diferente, Je… como se llame tiene treinta años, ¿no crees que es algo mayor para decidir qué hacer? Además, ¿lo has visto? Es mujeriego, egocéntrico y según he escuchado trata al mundo como si fuera la misma mierda, no quiero conocerlo y menos ser su esposa, es simplemente repugnante.
—Pues tendrás que hacerlo, de lo contrario te quedaras en la calle —una tercera voz se escuchó en la estancia. Alberta y yo nos volteamos a la voz del intruso y en la entrada de la habitación se imponía un oscuro Abe. —Y no creo que con tu estilo de vida sea algo que desees, pequeña flor.
— ¿Y por qué me quedaría en la calle? Soy una excelente profesional, oh espera, verdad que chantajeaste a media ciudad para que no me dieran trabajo y así poderme casar con el hijo de papi, que lindo. —Él sonrió sacudiendo su cabeza, provocándome más ira.
—No eres una excelente profesional, eres hermosa, y las mujeres hermosas no tienen la cualidad de ser inteligentes —Él caminó hasta donde mí y sobó mi rostro, su tacto me causó estremecimiento—. Piénsalo como un arreglo, he asegurado tu vida, nunca pasaras necesidades.
—Nunca las pasaría —dije haciendo un lado su tacto con mi mano—. Prefiero fregar pisos que seguir tu juego —camine hasta mi buro y me serví una copa de brandy—, pero como no quiero tirar mi educación al carajo, seguiré tu estúpido plan con una condición —mire Alberta como bebía de mi copa y ella asintió.
—No están en lugar de negociar — él dijo un poco irritado.
—Oh, por supuesto que sí lo estoy, y tu aceptaras, de lo contrario tus millones se irán al carajo. —Me volví hacia él y le sonríe con malicia, la misma sonrisa que había aprendido de él con el paso de los años.
—¿Y qué seria eso, Rose?
—Es muy sencillo, al cumplirse los seis meses me divorciare, no te daré más tiempo, en ese tiempo tú veras cuánto dinero le sacas al viejo Alexander, es tu decisión, pero luego de ello, tendrás que dejar que me contraten en cualquier clínica de la ciudad y me dejaras en paz, desaparecerás de mi vida y nunca más volverás.
—¿Qué sucede si no acepto? ¿Y si quiero que el matrimonio se alargue por más de seis meses? —Me encogí de hombros como me puse mi velo de color negro.
—Lo perderás todo, tú mismo lo has dicho, soy hermosa, tan hermosa que cualquiera caerá rendido a mis pies, y créeme, el hijo de Alexander no será la excepción. Los hombres piensan con la de abajo y por un poco de buen sexo ellos hacen lo que una desee —lo mire y sonreí, a diferencia de su semblante que era oscuro y turbio—. Y créeme que te puedo dejar en la ruina querido padre. Así que, si te niegas, no me quedará otra opción que cogerme a mi futuro esposo hasta que aceda a quitarte tu imperio y créeme no me dolerá hacerlo.
—No te atreverías —me retó. Yo me reí y negué con la cabeza.
—Haría eso y más. Tú me has quitado mucho, y no me dolerá hundirte, así que ¿tenemos un trato o no? —Estiré mi mano. Me miró con detenimiento por unos momentos más, dudando, hasta que él caminó y estrechó mi mano.
—Disfruta siendo la putilla de un millonario. —Se iba a soltar, pero lo agarré con fuerza y lo atraje hacia mí.
—Recuerda que tu futuro está en manos de esta puta, así que ándate con cuidado, Abrahim —Lo solté y él se enderezo arreglando su chaqueta y comenzó a irse, pero antes lo detuve—. Un consejo para el futuro padre, —él se detuvo y me escucho— la próxima vez sé más inteligente y no hagas tratos con el diablo porque te puede ir mal —su espalda se tensó, pero él se marchó sin palabra y mirada alguna.
…
—Yo, Rose Mazur, te tomo a ti Je… — me quede en silencio, ¿Cuál era su nombre? ¿Jessy? ¿Jhon? ¿Jimmy? —Yo te tomo a ti Je… — Ah, porque era tan difícil. Fácil, porque no sabía su nombre, solo lo había escuchado una vez en mi vida y no le había parado atención.
—Jeese — su voz irritada se escuchó por la estancia.
—Yo, Rose Mazur, te tomo a ti Jeese Zeklos como esposo —puse la sencilla, pero costosa, argolla en su dedo.
—Por el poder que me confiere el estado de New York, yo los declaro marido y mujer —el juez se detuvo por un momento y algo vacilante dijo: —puede besar a la novia.
Jesse me miró, sus ojos azules penetrantes me perforaron con crueldad y frialdad. Ambos, como si estuviéramos conectados, nos dimos media vuelta sin tocarnos y caminamos hasta la salida del estudio, los invitados, o más bien las pocas personas que nos acompañaron miraron hacia ambos lados en cualquier sitio que no fuera a nosotros, si, era algo incómodo.
Al salir del estudio donde se ofició la boda, Alberta, me recibió con una copa de bourbon y se alejó dando abasto a los pocos invitados. Mire a cada uno y todos eran unos completos extraños para mí. Del brazo de mi padre colgaba una despampánate pelirroja que era unos veinte años más joven que él, al otro extremo de la habitación estaba Alexander y Katherine Zeklos, los detalle, no debían de sobre pasar los cincuenta. Katherine, era una mujer muy hermosa y un tanto afectuosa, sus delicadas facciones eran siempre suavizadas por una cortés sonrisa y sus ojos mostraban la calidez de toda madre. Alexander, aunque no era tan efervescente como lo era su mujer, en sus claros ojos se podía ver un poco de afectividad; a pesar de ser un hombre poderoso en el mundo de la industria, era un hombre humilde y piadoso. Los mire un poco más, él tomaba la mano a su esposa y se la besaba mientras compartían una pequeña charla, ambos eran sofisticados, educados y hasta cierto punto cálidos, ¿Cómo era posible que de esa mezcla naciera algo tan desagradable como Jesse?
Dirigí mi mirada hacia el que era mi nuevo esposo; la palabra se sentía amarga y áspera contra mi paladar. Ese hombre jamás seria mi esposo, era soberbio, egocéntrico, mandón, mujeriego, y, aunque no era de dominio público, su sexta copa de licor me indico que tenía una gran adicción al licor caro; no me sorprendería si también fuera agresivo. Jesse Zeklos, en otras palabras, un desecho de ser humano con tanto dinero, que no apuesto que no sabía qué hacer con él, y con un gran parecido, era el amante perfecto de las mujeres de la ciudad, pero ni su atractivo ni su cartera llena de fajos verdes ocultaba el despreciable ser que era, ya saben, un demonio con disfraz de ángel, la comparación me causo risa.
Como si mi mirada lo llamara, su espalda se puso rígida y se dio media vuelta clavando sus penetrantes y azules ojos en mí. Vi como repaso su vista por todo mi cuero y una pequeña y lobuna sonrisa se apareció en sus gruesos labios. Rodeé mis ojos. Ni en sus sueños, querido amigo, tocarás algo como yo. Vi como dejo su copa vacía sobre la mesa y camino hasta mí, con paso lento y calculador, estaba intentando intimidarme, cosa que no logró.
—Llego la hora de irnos —dijo como me tomaba del hombro y caminaba conmigo hasta la puerta de la gran casa.
—Aún no he empacado nada y suéltame —dije a la vez que arrancaba mi brazo de su mano grande y fría.
—Tus cosas ya están listas, tenemos un avión que tomar.
—¿Luna de miel? Debo decir que me sorprendes un poco, Zeklos —su mirada, sin poder creerlo posible, se hizo más fría y calculadora.
—Nadie menciono que te daría una luna de miel —él me volvió a mirar y sonriendo de medio lado dijo: —no es que valgas la pena de igual manera —auch, debo admitir que eso dolió.
—Si no es una luna de miel, entonces ¿a dónde vamos? —pregunte como le seguía el paso por los escalones de piedra de la entrada.
—A diferencia de ti, los adultos debemos trabajar.
—Yo trabajo — corrí a defenderme, el aminoro su paso y perdonándome una mirada levantó su gruesa ceja a modo de burla.
—Ir de compras a Paris no cuenta como empleo, Rosemarie —fruncí el ceño. Primero odiaba que me llamaran por ese nombre y segundo, no era de las que se iba de compras cada fin de semana a Paris, la escuela de medicina nunca me dejo el suficiente tiempo si quiera para recordar que era mujer. Sin embargo, no me impresiono que él no lo supiera, algo me decía que Abe no le había dicho de mis logros.
—Como digas, Zeklos —pase por su lado y camine hasta el auto, lo sentí inhalar fuertemente y seguirme el paso, el hombre al parecer perdía muy fácil los estribos. Una vez dentro del auto le pregunté—. En todos los casos, pensé que trabajabas aquí, en la empresa de tu padre —él me ignoró como tomaba una copa y se la llenaba de apestoso y caro Whisky.
Sólo le dio un sorbo, lo degusto y cerro sus ojos en deleite, me causo repulsión el gesto, odiaba el licor, odiaba su olor y lo que les hacía a las personas, y no podía creer que ahora estaba casada con un alcohólico.
—Lo hago, pero la empresa es grande, tenemos negocios en el exterior y mi padre no puede hacerse cargo de ellos, así que me corresponden a mí. —Él me miró y añadió—. No espero que lo entiendas, pero debes acostumbrarte a viajar en cualquier momento.
—¿Por qué? ¿soy tu siamesa o algo así que debo andar detrás de tu trasero?
—Que dama —murmuro por lo bajo—. No, pero eres mi esposa, y no dejare que te quedes aquí haciendo y deshaciendo dejando el apellido Zeklos por los suelos.
—Alto ahí alcohólico de mierda —sus ojos se abrieron, estaba segura de que mi rostro rojo debía ser un poema—. No por que hayamos firmado un papel te da el derecho de tratarme como se te venga en gana, que estés acostumbrado a follarte a prostitutas de esquina, no te da el derecho de confundirme con una de ella, no lo harás y no te lo permitiré. Y en el peor de los casos, el que debe andarse con cuidado es otro, ¿o te recuerdo quien sale cada dos días en el periódico con una aventurilla nueva? No porque tú seas una escoria como hombre quieras pensar que soy igual.
—No soy una escoria, y mis "Aventurillas" no son de tu importancia.
—Ahora sí, no seré el hazme reír de las personas, o te comportas o…
—¿O que, Rosemarie? No puedes dejarme, si lo haces ya sabes lo que te pasara —Tragué largo y espeso, mas no retrocedí ni perdí el control, no me iba dejar humillar por él.
—No me pasara nada, solo quedare en la ruina, créeme. Ahora, eso es mejor que estar a tu lado, cualquier cosa es mejor que estará tu lado —un reflejo de dolor alumbro en sus ojos, pero él lo supo camuflar—. No soportare infidelidades, Zeklos, así que guarte bien esas bolas, a la primera me voy, sé que voy a perder, pero también sé que aquí hay algo en juego para ti, de otra manera no hubieras aceptado y sea lo que sea no te conviene que me vaya, así que respetas o los dos perderemos.
Me volteé mirando hacia la ventana no dándole cabida para responder, a lo lejos percibí como se servía otra copa de licor y otra y otra, realmente tenía un problema, pero lo ignoré, tenía muchos problemas como para lidiar con los suyos. Con un soplido de casación descargué mi cabeza sobre el cristal y cerré los ojos, este, frio y duro fue relajante contra mi piel. Vi la ciudad con ojos cansados y una solitaria lagrima rodo por mi mejilla, y me pregunté si no había sido yo la que había negociado con el diablo.
…
—Esto debe ser una broma — dije como mire la cabaña que tenía frente a mí, o ¿pocilga sería la palabra correcta? La verdad no sabría decirlo.
Con cuidado de no enterrarme una esquirla de madera, caminé por los viejos escalones y subí a la parte delantera, si, no era más lindo de lo que se divisaba de lejos. La cabaña en si era pequeña, y aunque contaba con todas sus paredes y ventanas en su lugar, el piso y algunos marcos estaba podridos, dando a entender que no había sido usada, ni mantenida en un largo tiempo. Con más cuidado a un en no pisar un pedazo de madera podrido entre en la propiedad, si afuera estaba en mal estado, adentro no estaba mejor. Lo único que lucía decente era la chimenea en piedras y aun así no hizo ver elegante el lugar. Caminé por la sala principal y vi esta estaba vacía, al igual que la cocina y las demás habitaciones exceptuando la habitación principal, al parecer esta era la única parte de la propiedad que lucía impecable y estaba equipada con todo de última tecnología.
—¿Por qué estamos aquí? — me volví a preguntar a Jesse quien pasaba por mi lado y entraba en la habitación.
—Nos quedaremos aquí mientras soluciono los problemas de la empresa.
—Estas de broma, ¿verdad? —le mire con desprecio—. No podemos vivir aquí, esta casa o lo que sea se cae a pedazos, vayamos a un hotel —Me di media vuelta dispuesta a marcharme, pero una mano grande y fría me tomo por el brazo con brusquedad.
—Déjame aclararte algo, princesita —sus dientes estaban apretados y su voz salió afilada y con odio—, tú no tienes dinero, por lo cual no estás en posición de opinar, y no nos iremos de esta cabaña, ¿te parece que no podemos vivir aquí? Entonces arréglalo, tienes dinero a tu disposición si lo quieres hacer.
—Espera —lo interrumpí —, ¿no estarás sugiriendo que me convierta en tu empleada? —la sonrisa lobuna que me regalo fue una respuesta a mi pregunta.
—Bueno Rosemarie, no pensaras que mantendré tu lindo trasero aquí sin hacer nada ¿verdad? Tampoco digo que tienes que ser una sirvienta —él me dio una mirada de arriba abajo y vi como sus ojos se oscurecieron—. Aunque si deseas que te regale uno de esos uniformes sugestivos, no es más que me lo digas, seria todo un placer ver esas piernas tuyas.
Me solté bruscamente de él—eres un cerdo —escupí en desprecio. Él por su parte me tomó nuevamente del brazo, jalándome hacía él, pegando nuestras caras.
—Tal vez, pero tendremos que sobrevivir juntos durante algún tiempo, ambos tenemos necesidades, no veo por qué no saciarlas juntos. Sin embargo, aparte de eso debes ganarte el alimento, Rose, no me gusta mantener a las personas sin hacer nada, y créeme que no serás la primera, te encargaras de que esta casa sea digna para vivir y de mis necesidades.
—Primero me arranco los ojos y me los como antes de estar contigo, y segundo, si esperas que al llegar todos los días encontraras una cena caliente, te informo mejor que de una vez empieces a comer a la carta, porque, mi querido amigo, no soy tu sirvienta —me solté bruscamente de él y con agilidad tome sus testículos y se los apreté a tal punto que sus ojos comenzaron a lagrimear—. Y la próxima vez que vuelvas si quiera a dignarte a tocarme como lo has hecho el día de hoy, hasta ese día tu amiguito te acompañara. No creas que soy como las demás mujeres, no porque no tenga dinero, quiere decir que me dejare humillar por ti, despierta, Zeklos, esta es la vida real, y en la vida real, las mujeres se defienden —lo solté como el cayó a mis pies aullando de dolor y me fui por donde había venido.
—¡Perra! —logre escucharlo musitar, pero no le preste atención, él tenía que aprender a comportarse como un hombre.
…
Rusia, suspire, Rusia. Era frio, desolado, blanco y muy solo, extremadamente solo. Los días en la cabaña eran solitarios. Jesse no era una muy buena compañía, cuando me despertaba él no estaba y cuando me acostaba él no había llegado. El frecuentaba otras mujeres, lo sabía, cada día al recoger las ropas sucias podía oler los perfumes baratos y el licor en ella, me enfurecía, él tenía una vida normal, mientras yo estaba aquí encerrada entre estas cuatro paredes todos los días todo el día; a veces pensaba que el universo me odiaba.
Deje la taza de chocolate sobre la única mesa que había y me levante del único sillón que había, mire la casa, todo estaba vacío y frio, tal vez podría hacer algo, digo, no era una experta en construcción, pero había leído algunos catálogos los últimos días y sabia como poner una pared, no debía ser tan difícil después todo.
Sin pensarlo mucho, tome mi abrigo y mi cartera, Jesse me había dado una tarjeta de crédito para las cosas básicas como alimento, el cual incluía una larga lista de licores, y para el mejoramiento del hogar, eso era todo, si un solo centavo salía para algo diferente el me lo iba hacer pagar, no sabía cómo, pero sabía que el pequeño bastardo se las ingeniaría y no sería nada bonito. No digo que me golpeara, no lo creía uno de esos hombres, aunque uno siempre se podía equivocar, pero había peores lecciones que los golpes, y en mi vida ya había tenido demasiado maltrato psicológico como para permitir, que este hijo de perra, me lo hiciera también.
Me subí en el vehículo y colocando el GPS, me marché. La cabaña, o pocilga, como me gustaba llamarla estaba a unos cinco minutos de la carretera principal, de ahí seria unos quince minutos hasta la ciudad, y de ahí, quien sabe cuánto hasta encontrar una ferretería. Con el silencio envolviendo el ambiente nevado y solitario decidí por un poco de música. El viaje fue tranquilo y un poco relajante, estar en una ciudad extraña, casada con un completo extraño amante del whisky era abrumador y un poco estresante, todo en mi vida era un caos. Mi madre estaba muerta, mi padre era un controlador obsesionado por el dinero, mi esposo era un completo idiota y yo, bueno, yo era una doctora fracasada que dependía del estado de animo de mi padre. Que linda vida.
Encontré una ferretería cerca de una plaza. Estacionando el auto me baje de el y mire a mi alrededor, el pueblo era pequeño y pintoresco, de las casas y las edificaciones salía humo de las chimeneas y las personas caminaban sin mirar mucho quien había a su alrededor, no muy diferente de América. Con cuidado de no caer por la nieve entre en la gran tienda de materiales, allí el aire cálido acaricio mi piel con agrado y confortes. Mire a mí al redor y había varios compradores y unos cuantos ayudantes acomodando las diferentes herramientas en sus pasillos respectivo, ignorando el hecho de que yo no sabía por dónde comenzar tome un carrito de supermercado y me dedique a recorrer los grandes pasillos.
Recordando lo que había leído tome todas las herramientas necesarias, las placas de yeso y los fui acomodando en mi carrito, necesitaba más cosas de las que me suponía así que como iba pasando los estantes fui adquiriendo todo lo que necesitaba, mi última parada fue en las placas de madera. Había tantos estilos que no sabía por cual decidirme, sin agregar que no sabía cómo las cargaría hasta el vehículo, tal vez esto no había sido una buena idea después de todo.
—Te recomiendo el pino, siempre son confiables a la hora de construir —me di media vuelta hacia la voz y me encontré con un hombre, de unos treinta tanto años y atractivo.
—¿Disculpa? — pregunte un poco confundida. Él sonrió dejando iluminar sus hermosos ojos color café.
—El pino siempre es recomendable para la construcción —él señalo mis compras —es confiable y resistente, además siempre es un buen aislante del frio, créeme, sé de esas cosas.
—Oh —fue lo único que dije mirando nuevamente hacia las opciones que tenía enfrente de mí.
—Mire —él caminó hasta donde estaban las placas y tomando una me las enseño—, si ve, son gruesas lo que ayudara aislar el frio, además no son tan frágiles como las demás por lo cual cuando las ensamble no se romperán, ni se agrietarán. —la mire un poco fascinada, su voz era gruesa y melódica, era un poco cálida y muy varonil, como todo él— y son de fácil ensamble.
—Entonces son perfectas —dije dándole una sonrisa plena la cual él respondió—. Mucho gusto soy Rose…
—Zeklos —él me interrumpió—. Lo sé, soy vecino de usted, vivo en la cabaña más cerca de ustedes —él cambio de mano sus compras y estirándome su mano se presentó— Me llamo Dimitri Belikov. —Su mano era cálida y un poco callosa, lo que me dio un claro indicio cuál era su trabajo.
—Bueno Sr. Belikov, le agradezco mucho su ayuda, realmente estaba muy perdida —miré de nuevo el estante y riéndome con un poco de vergüenza admití—. No soy muy buena con esto.
—No debe preocuparse, no es tan difícil como parece, sólo lea las instrucciones y todo saldrá bien —Él miró el reloj de su muñeca y volvió su atención a mí—. Debo marcharme, espero que tenga suerte con su proyecto.
—Gracias nuevamente —él asintió y se marchó pasando por mi lado, su colonia alcanzo a tocar mis fosas nasales, las respire con deleite, era embriagador, como lo era su portador.
Terminé las compras y con ayuda de un asesor subí todo al vehículo, apenas si me quedo espacio para montarme. Decidí ir a tomar algo antes de regresar, tal vez ir a un café y mientras disfrutar de mi actual lectura. El pueblo era realmente hermoso, y entre más lo miraba más me gustaba, como había visto, no era muy grande, pero sus casas coloniales, sus montañas rodeadas de nieve y su cultura me enamoraba. Estacione afuera de un lindo restaurante y entre. La tiendecilla era pequeña y estaba llena, era tan calidad que no quería salir de allí. Tome un asiento en el centro y pedí unos pastelillos con un poco de chocolate, mire a mi alrededor y en la barra vi al hombre de la tienda, Dimitri, era su nombre, si mal no lo recordaba.
No estaba solo, a su lado había una mujer muy hermosa de cabellos negros y piel pálida, ambos estaban serios, bueno, Dimitri estaba serio, la mujer parecía a punto de llorar, estaban enfrascados en una conversación, por la forma en como ella lo miraba algo me dijo que eran más que amigos, así que con renuncia quite mi vista de la pareja y comencé a comer mi comida y a leer un libro.
Estaba tan concentrada en la parte donde la adolescente se da cuenta que su amado posiblemente murió en las cavernas a manos de los vampiros malos, o Strigoi, como ellos los llamaban, que no me di cuenta de que había alguien a mi lado hasta que su aroma me impregno las fosas nasales y su grueso acento se escuchó.
—Al parecer es mi día de suerte —levante la vista de mi libro para encontrarme cara a cara con un verdadero Dios ruso— ¿Puedo? —él pregunto señalando la silla vacía que había enfrente de mí y yo asentí como hipnotizada.
Por nuestro lado paso la mujer que antes lo acompañaba y me lanzó una mirada afilada haciéndome tragar, Dimitri, siguió mi mirada y rápidamente hablo—. No te dejes intimidar, sólo está molesta.
—No me intimida —dije—, sólo me asusta un poco, parece que me quiere asesinar. — él sonrió y negó con su cabeza.
—Sí, Natasha tiene ese don, sin embargo, es inofensiva.
— ¿Es tu novia? —solté, pero cuando me di cuenta me cubrí la boca en vergüenza —. Lo lamento, no debí preguntar, fue descortés de mi parte.
—No te preocupes, Rose — él sonrió. Mi nombre rodo tan deliciosamente por su lengua que algo dentro de mí se incendió—, y para responder tu pregunta, es más bien una ex novia, es una larga y desagradable historia para una tarde y una compañía tan buena —mis mejillas se tiñeron de rojo, fue un pequeño alago, pero era lo más que había conseguido en mi vida—. Pero debo admitir que tú no eres la única curiosa.
— ¿A no? — pregunte frunciendo el ceño.
—No —él se acercó y bajo el tono de su voz—. Me intriga saber cómo alguien como Jesse, termino casado con una joven como tú.
—¿Debo sentirme ofendida? —Pregunte un poco seria. Él noto mi cambio de ánimo por lo que se apresuró a decir.
—No, por supuesto que no. Es solo que no me explico cómo alguien como Jesse consiguió a una mujer joven y hermosa como tú —mis mejillas ardían en este punto. Aquí estaba yo frente a este Dios ruso que pensaba que era hermosa, tal vez hoy estaba de suerte.
—Gracias —musite—, pero ¿cómo sabes que soy joven?
—Bueno, eso es fácil — él puso su mano en mi mejilla y la acarició con delicadeza—. Cuando te dicen algo sencillo, pero bonito, tu hermoso tono de piel se sonroja. Las mujeres mayores perdieron la capacidad de sonrojarse al llegar a los treinta, además, —él agrego— tu forma de hablar y de expresarte denotan inseguridad, lo que no tiene una mujer mayor. —Su mano me siguió acariciando como su mirada me calentaba en lugares que no eran correctos.
—Tengo veintidós años —fue lo único que se me ocurrió decir y luego recordé su pregunta— y lo de Jesse, es algo desagradable de lo cual no me gusta hablar, pero si te preguntas si hay amor, te digo que no, sólo es un acuerdo de negocios. —Su mano se detuvo y su ceño se frunció. Él retiro su mano de mi mejilla y casi lamente la pérdida de su calor.
—Lo lamento, ¿acuerdo de negocios? ¿Cómo? Por favor no me digas que eres una estirada millonaria de su mundo —la palabra millonaria salió con bastante desprecio. Ahora la que frunció el ceño fui yo, no por tener dinero quiere decir que uno sea una mala persona.
—No soy de su mundo, ni del de nadie, solo soy Rose, mi padre hizo un acuerdo para que me casase para volverse más rico, así que el estirado es él —me levante de la silla tomando mis cosas— y tener dinero no te hace mala persona, esos papelitos verdes no te hacen de ninguna manera, eres tú quien decide que ser; pero para que tu conciencia quede tranquila y no creas que coqueteabas con una millonaria estirada, te respondo que no lo soy y si lo fuera no me definiría como persona, feliz tarde. —Y sin más palabras me marche de allí montándome rápidamente en mi vehículo.
Que tonta, todos eran iguales, todos juzgaban sin antes conocer, todos creían que tenían el derecho de juzgarme sin ni siquiera conocerme, ¿por qué nadie podía ver más allá de lo que realmente era? ¿Por qué nadie veía la gran medica que podría ser y no la niña millonaria que no era? Fui demasiado estúpida pensar que el guapo y sexy Dimitri podía coquetear conmigo sin malas intenciones o pensar que era una niña mimada. Fui demasiado ingenua.
…
Estoy sudando como un maldito puerco. Mi cabello oscuro se pegaba a mi frente como entre mis pechos me corría el sudor, las manos me ardían y los pies me estaban matado, realmente la albañilería no era lo mío. Mire la estancia y esta estaba vacía, sin ninguna pared, lo único que mantenía en pie la estructura eran sus vigas y columnas, las cuales estaban a la espera de ser ocultadas detrás de una buena y bonita pared de yeso. Tomé un poco de agua y me puse las manos en la cintura, realmente no sabía cómo empezar; las placas de yeso me miraban desde el piso y la cortadora desde un extremo. Por todos los cielos ¡no sabía hacerlo! De sólo ver su hoja de cortar, me daba pavor rebanarme algo.
Pero como la mujer valiente que soy, me arriesgue. Dejando a un lado la botella de agua y el hecho de que sudaba como cerdo me agache y tome la primera placa de yeso, era liviana, y fui con ella hasta la cortadora que estaba a la espera de ser usada. Con un flexómetro tome las medidas y estaba dispuesta hacer el primer corte cuando la puerta sonó. Mire sobre mi hombro, confundida, llevaba casi dos semanas por este lado y nadie había venido nunca; ni siquiera Dimitri siendo mi supuesto vecino había venido, y menos luego de nuestro último encuentro.
Con renuncia dejé lo que hacía y me dirigí hacia la puerta, a fuera, la nieve caía por lo cual al abrirla y esta chocar con mi cuerpo mi piel se erizo, pero el sentimiento no duro mucho cuando vi la persona que había enfrente mío sosteniendo un termo que podría contener algún liquido caliente.
—¿Qué haces aquí? —dije con los dientes apretados. Dimitri, miró un poco incómodo, pero sin embargo me sonrió, no pude dejar de ver sus gruesos y carnosos labios, realmente eran perfectos para besar.
Concentración, Rose.
—Sólo pasé a saludar —respondió— y a traerte un chocolate, ya sabes como una ofrenda de paz. —Entrecerré mis ojos y sin decir nada me dispuse a cerrar la puerta, pero su pie se interpuso—. Hey, lamento en serio lo de la otra vez, sé que no fue cortes de mi parte, pero si me aceptas el chocolate puedo explicarte mis razones —lo mire sin decir mucho, no me confiaba de él, a decir verdad, no me confiaba de nadie.
—Tienes diez minutos —tomé el termo y lo inspeccione probando su peso— y para ser sinceros, sólo te dejo entrar por el chocolate— él sonrió y negó con su cabeza.
—Lo tendré en cuenta para una próxima vez —ese, próxima vez me hizo bailar todo por dentro, pero lo ignore.
Entramos y el miró la estancia, o más bien lo único que había y vi que su labio es inclino en una media sonrisa. ¿Cómo podía ser tan hermoso? Mientras el miraba la estancia yo lo mire a él, era tan alto que, aunque usara mis zapatos más altos, no lo alcanzaría en su totalidad, si mucho llegaría hasta su nariz. Su cabello era largo hasta los hombros, de un color chocolate al igual que sus ojos y sus hebras eran gruesas. Su cuerpo era musculoso, de pecho ancho y de cadera estrecha, todo en él estaba en perfecta armonía. Pero si tuviera que elegir, mi parte favorita serian sus ojos, eran tan hermosos, sus ojos eran calculadores y serios, pero cuando sonreía estos se iluminaban y era una autentica obra de arte.
—Asi que —él comenzó mirándome de nuevo a mí, por un segundo fui consiente de mi aspecto y me dio un poco de vergüenza, aunque lo disimule— Mira, Roza, lamento lo del otro día, no fui un caballero.
—Sí, fuiste un poco grosero —admití—, no sé qué te pasa con la gente de dinero, pero no todos somos iguales.
—Lo sé, pero —él se detuvo y me miró a los ojos—¿Recuerdas a la mujer que estaba conmigo en la cafetería? —Asentí — su nombre es Natasha, Natasha Ozera, su abuelo materno es un jeque árabe, lo que hace que tenga tanto dinero que no sabe ni qué hacer con él, pero lo que le sobra de dinero le falta de educación; sus allegados no son diferentes. Créeme, conozco más gente así, y no son la excepción.
—No porque ella sea así, significa que yo lo sea también —argumente— no soy perfecta, pero no soy como ella, no me voy a París por el fin de semana de compras, soy diferente.
—Lo sé, ahora lo sé —él pasó su mano callosa por mi mejilla y sin quererlo me incline a su caricia, era tan cálida y reconfortante —. También sé que eres hermosa, inteligente, y algo me dice que eres un poco inquieta —dijo mirando hacia a mi alrededor, sin embargo, de todo lo que dijo, solo una cosa se me quedó.
—¿Piensas que soy hermosa? — el me miro, sus ojos se oscurecieron mientras pasaba su lengua por su labio remojándolos un poco.
—Tan hermosa, que duele — sus palabras me cortaron la respiración, su mano calidad seguía acariciando mi mejilla como sus ojos me miraban con ferocidad.
—Estoy casada — dije, pensé que eso arruinaría el momento, pero no, me equivoque, en cambio sus ojos adquirieron un nuevo brillo, un poco más peligroso.
— Nunca olvide aquel hecho, Roza — musitó—, pero tampoco me interesa. Me interesas tú, y sé que tu matrimonio es una farsa, así que me olvidare de que soy un caballero y me arriesgare a pedirte una cita.
—A penas si nos conocemos —musite a su mismo nivel de voz— no sé nada de ti, y está claro que no sabes nada de mí.
—Para eso son las citas, pequeña Roza —él comenzó a alejarse de mí y caminó hasta la puerta —. Te espero mañana a las 19:00 en mi casa para cenar —él se detuvo con la mano en el pomo de la puerta esperando mi respuesta. No la pensé, está más que claro que no la pensé cuando me encontré diciendo:
—Pasta, me gusta la pasta — aunque no lo vi, percibí su sonrisa cuando respondió.
—Entonces pasta será — y con eso se marchó dejándome un poco colorada y muy nerviosa.
…
Demasiado corto, demasiado formal, demasiado sexy, ¡ah!, todos estaban mal, mi cabello amaneció rebelde y tenía un humor de perros. Toda la mañana Jesse había resaltado el desorden que había, y cuando le dije que me podría ayudar, ya que, técnicamente esta era su casa, se hecho a reír como loco desquiciado y vacío media botella, en serio.
Mire la hora, eran las 18:20, tenía cuarenta minutos antes de tener que estar en casa de Dimitri, sin pensarlo mucho tome una toalla del gran cajón y corrí al baño. Fue la ducha más rápida que había tomado en mi vida. Sin mirar el reloj corrí de nuevo a la habitación, había dos vestidos sobre la cama, uno era de un precioso color café y el otro de un color negro, los mire, no mucho y al final me decidí por el café, era hecho de lana y me mantendría caliente, tome un par de ropa interior del cajón y me las coloque, me maquille y peine en menos de diez minutos y aunque no era el aspecto que deseaba, me veía decente a diferencia del día de ayer.
Al salir recibí un mensaje de Jesse, el cual decía que se demoraría, no le preste atención, nada de lo que hiciera me importaba. Tomé mi gran abrigo, las llaves de la casa y la botella de vino que había comprado para la ocasión y salí de la cabaña. Afuera hacia frio, pero eso no hacia evitar que mis manos sudaran y que sintiera mi estómago contraído. Sabía que esto no era una buena idea, pero realmente en mi vida no había tenido buenas ideas, a veces pensaba que haber estudiado medicina no era una buena idea, tal vez Abe tenía razón y yo solo servía para ser bonita y eso era todo.
Deseche esos pensamientos como desechaba la nieve que había en mis zapatos, no iba a pensar en eso, no cuando estaba parada en toda la puerta del hombre más hermoso que había visto en mi vida. Con la mano temblorosa toque la puerta, adentro, se escuchó una pequeña conmoción y luego Dimitri abrió la puerta. Le mire, lucia perfecto con su suéter color negro y unos vaqueros un poco desgastados, su cabello estaba recogido en una cola de caballo y en su mano tenía un trapo dándome a entender que estaba cocinando.
—Tan hermosa —le escuche musitar. Mis mejillas por instinto se sonrojaron.
—No sabía que te gustaba, así que te traje esto —le pasé la botella de vino que el tomo sin prestar atención, sus ojos estaban muy ocupados en mí.
—Gracias —él dijo y se hizo a un lado—, pasa — entré despacio y al pasar por su lado lo sentí inhalar mi aroma, lo imité y el olía como los dioses.
Mire su lugar y me maraville, la cabaña era más grande de lo que creí, y estaba amueblada con sillones de cuero oscuro, la gran chimenea se extendía en la pared de enfrente y el fuego ardía; de los altos techos colgaban lámparas también con acabado en madera dándole un toque sofisticado y elegante, era un lugar precioso.
—La cena esta lista — lo escuche decir a mis espaldas. Me di media vuelta y vi que me ofrecía su mano— ¿me acompañas? —sin decir palabra le tomé su grande mano.
Caminamos por la estancia y llegamos a una gigante y moderna cocina, aunque el lugar seguía siendo en madera, la cocina estaba equipada con todo de última tecnología. Detrás de la barra del desayuno se instaló una mesa perfectamente configurada y desde allí se podía apreciar un gran ventanal que de seguro en el día llenaba la estancia de suficiente luz natural, mirando un poco más allá del ventanal observe una piscina térmica y miles de hectáreas rodeada de bosque y nieve, parecía un lugar sacado de cuento de hadas.
—Este lugar es hermoso —dije como caminaba a tomar asiento el cual Dimitri sostenía para mí.
—Sí, me asegure de que tuviera todo lo que siempre había querido —dijo mientras tomaba asiento enfrente mío. Mire hacia hacía la mesa, y allí estaba perfectamente colocado un plato de pasta frente a mí; olía delicioso, se me hizo agua la boca.
— ¿Construiste este lugar? —pregunté cómo comenzaba a comer, gemí al probar la comida, realmente sabía muy bien, mis ojos se clavaron en los de Dimitri, y ese brillo peligroso y encantador estaba en su rostro.
—Si, Roza, es a lo que me dedico —él miro todo a su alrededor y volviendo su atención a mi agrego— yo creo lugares hermosos y funcionales para las personas.
— ¿Así te ganas la vida?
—Digamos que sí. A veces también trabajo en un viñedo, pero la mayoría del tiempo me dedico a diseñar y construir cosas.
—Debe ser magnifico, ya sabes, hacer cosas que te gustan a la hora que quieres.
—Si —admitió —, pero a veces asusta tener tan pocas opciones.
—Es peor no tener ninguna —dije mirando a sus ojos—, cuando tienes opciones puedes decidir, puedes huir si es el caso, pero cuando no tienes ninguna es asfixiante, no sabes qué hacer ni a donde huir.
—Así las tengas, no puedes huir —él dijo mirándome con seriedad— las cosas deben enfrentarse, porque no importa donde vayas ellas te seguirán y no te darán paz.
—Sólo digo que es bueno alejarse de las cosas por un tiempo, ya sabes, respirar de aquello que nos atormentan. —Jugué con el borde de mi copa no queriendo reunir mis ojos con los suyos.
—A eso se le llama espacio, despejar la mente y dar a las dudas una respuesta, no importa que tan lejos corras, Roza, las cosas siempre te encontraran.
—Créeme, no importa si me voy o me quedo nadie querrá encontrarme, y no importa donde este, los problemas me persiguen —sentí su mano tomar la mía, su calidez me envolvió de nuevo y otra vez me sentí segura.
—Para tener veintidós años eres muy pesimista, no sé qué pasa en tu vida, pero sea lo que sea tiene solución —iba a decir algo más, pero mi celular nos interrumpió. Me solté de su mano y vi que era un mensaje de Jesse, se preguntaba dónde estaba, miré la hora y vi que realmente era tarde. No quería irme, pero tampoco quería más enfrentamientos con él, a este paso reamente lo dejaría sin bolas.
—Debo irme —me levante y él siguió mi ejemplo y me acompaño a la puerta. Iba a tomar mi abrigo, pero él fue más rápido, lo tomó y lo colocó sobre mis hombros—. Gracias por todo, realmente disfruté mucho la velada —dije volviéndome hacia él.
—El que debe agradecerte soy yo Rose, fue maravilloso gozar de tu compañía —y acto seguido me beso en la mejilla, muy cerca de mi boca, tan cerca que le sentí respirar. Sus labios permanecieron varios segundos allí y cuando se separó me sentí perder su calor y su tacto.
Asintiendo me marché, pero antes de bajar las escaleras él me llamó, me di media vuelta y dándome una sonrisa enorme me dijo—. Si llegara el momento en que escaparas, yo querría encontrarte, te buscaría hasta el final del mundo.
Sonreí y le pregunté—¿Por qué harías eso?
—Tú sonrisa —respondió—, tu sonrisa merece ser busca y amada —y con eso entró dejándome sola con la más grande y estúpida sonrisa que había tenido en mi vida.
…
La casa había quedado hermosa, gracias a Dimitri, él me había ayudado mucho, por no decir que él fue el que hizo todo. Tres semanas nos tardamos en remodelar por completo la casa, los últimos toques lo habían dado los muebles los cuales estábamos colocando en esta fría y hermosa tarde.
—Creo que esto es lo último —dije como termine de colocar el ultimo jarrón. Caí en el gran sillón y Dimitri cayó a mi lado.
—Hicimos un buen trabajo —él miró a nuestro alrededor observando su creación.
—Tú lo hiciste —me reí, y el imitó mi acción.
—Lo hicimos, fuiste una buena ayudante, ¡dame esos cinco! —él levantó su mano como chocamos palmas en medio de risas, las cuales fueron interrumpidas por su celular sonando. Él lo saco de su bolsillo y mirando la pantalla respondió— Madre, — su voz fue cálida y cariñosa pero rápidamente eso cambio, su ceño se frunció y se puso rígido — ¿Cómo ha pasado? — al parecer la mujer le respondió y él se puso de pie buscando sus cosas— voy en camino — y con eso colgó.
— ¿Todo en orden? —pregunte un poco asustada. él se detuvo y me miró, algo en su rosto se suavizo y caminando hasta mí me lo acaricio, me había dado cuenta que le encantaba acariciarme la cara.
—Todo bien, mi sobrino ha tenido un pequeño accidente, debo de irme —Dimitri en varias ocasiones me había hablado de su sobrino y lo que significaba para él.
— ¿Puedo ir contigo? —le pregunte.
— ¿Quieres venir conmigo? —él sonrió con delicadeza, asentí y él respondió—. Eso me encantaría.
Tomamos nuestros abrigos y salimos de la propiedad. Dimitri me abrió la puerta del vehículo como el caballero que era. Al pasar por su lado no deje de notar como su entrecejo estaba fruncido, su estado me preocupada, no me gustaba verle así, algo dentro de mí se hundía cuando lo veía abatido, cosa que no pasaba siempre, de hecho, no pasaba nunca, él siempre tenía una tierna y carismática sonrisa en su rostro y verle así me dolía, más de lo que podía imaginar.
—Hey, — tome su cara en ambas de mi mano, su creciente barba picaba en mis palmas— todo estará bien, él es un niño fuerte.
—Pero no deja de ser un niño —él dijo acostando su rostro en mis manos y deleitándose a mi tacto.
—Todos pasamos por ahí, Dimitri —sentí como sus labios besaron una de mis palmas y una la familiar corriente que sentía hace días se intensifico con su pequeño acto—. Vamos —él asintió y besando una vez más mi mano me ayudo a subir al vehículo y nos marchamos.
…
La casa Belikov era, a una mejor palabra, grande, hermosa y muy muy antigua. Era tan hermosa y tan diferente de la casa de Dimitri, lo que para él era pequeña y moderna, aquí era todo lo contrario, el lugar gritaba dinero a montones.
—No me dijiste que eras millonario —dije. Él me miró frunciendo su seño, al parecer mi tono de voz le había incomodado.
—No lo soy. Mi familia es adinerada, yo no —seguí mirando hacia la casa y un malestar se instaló en la boca de mi estómago. Él tenía dinero, como Jesse, su vida no debió ser muy diferente a la mía o a la de Jesse, él no debía ser muy diferente a todos los hombres que había conocido, todos tan encantadores al principio, pero después sacaban las garras ¿y si Dimitri no era diferente? ¿y si solo era el juguete otra vez de un niño rico? ¿y si…? Mis pensamientos fueron interrumpidos por su gruesa voz,
—Detén ese hilo de pensamiento.
— ¿Disculpa? —él me soltó la mano y se posiciono enfrente mío y ahora fue él quien tomó mi rostro en sus manos.
—Se lo que pasa por esa hermosa y testaruda cabecita, y no es lo que piensas. Si, mi familia tiene dinero, y estoy seguro de que nuestras crianzas no fueron muy diferentes, las mejores escuelas, las mejores fiestas y viajes inolvidables, pero a diferencia de muchos yo tenía unos padres que eran estrictos y antes de enseñarnos el valor del dinero, nos enseñaron a valorar a las personas. Y te prometo que el dinero que tengo lo he ganado con mis manos. —Una sonrisa avergonzada apareció en mi rostro, él tenía razón y yo lo sabía, él no era como los demás.
—Lo siento, de verdad. —Vi que él sonrió y picoteo mis labios. Mis ojos se abrieron, nunca lo había hecho, siempre me besaba en la mejilla, pero nunca se había atrevido a más. Las mariposas que siempre sentía evolucionaron y ahora sentía como si tuviera una estampada de caballos en mi estómago.
—Ven, entremos —él tomó mi mano y caminó conmigo. La nieve crujía bajo mis botas y el viento golpeaba con rudeza contra mi piel, sin embargo, no lo sentí, aunque mi cuerpo estaba casi al punto de congelarse, mis labios estaban en llamas, ellos ardían en ese punto mágico que Dimitri había tocado.
La gran puerta se abrió y una señora de unos cincuenta años se paró en toda la entrada, era idéntica a Dimitri con sus cabellos castaños y ojos oscuros y amables. Ella tenía una sonrisa en su rostro como abría la puerta para dejarnos pasar. —Madre —vi como la mujer tomó a Dimitri en sus manos y le beso con autentico cariño.
—Dimitri, hasta que te dignas a ver a tu vieja madre. —Vi como él sonrió y negó con la cabeza.
—No exageres, si mal no lo recuerdo, cenamos hace tres noches —él dijo entrecerrando sus ojos en diversión.
—Antes venias más —ella me dio una mira de complicidad y volvió la atención a su hijo—. Aunque debo entender que te tiene tan ocupado —ambos sonrieron y me miraron.
—Madre — Dimitri me tomo de la cintura y me acerco a la mujer—. Te presento a Roza. Rose, esta es mi madre, Olena Belikov.
—Un gusto, querida —la Sra. Belikov se acercó y besó ambas de mis mejillas— Dimitri, me había hablado de ti. Debo admitir que eres muy hermosa, tanto como él lo había mencionado — mis mejillas se sonrojaron como ella sonrió ancho y feliz.
—Es un gusto, Sra. Belikov —dije con un hilo de voz y las mejillas sonrojadas.
—Querida, llámame Olena, la Sra. Belikov es mi madre —ella me giñó un ojo y de repente se puso seria—. Me alegro de que hayan llegado.
— ¿Cómo esta él? —preguntó Dimitri como ambos entrabamos en la casa y subíamos los escalones hacia la segunda planta.
—Más calmado, pero sigue negándose a ir al doctor. Sonya lo ha llamado, pero no ha llegado con esta nevada, las carreteras están imposibles.
Dimitri se hizo paso conmigo por el pasillo y me llevo hasta la habitación que supuse que era de su sobrino, dentro de esta estaba el pequeño con lágrimas en sus ojos y sosteniendo su pierna y la que supuse que era su madre. Miré la herida y vi que dentro de esta había un gran pedazo de vidrio partido, y por la herida brotaba sangre, volví la vista hacia el pequeño y vi como sus pequeños y surcados ojos por las lágrimas me miraban.
— ¿Tú eres mi doctora? — su labiecito temblaba como apenas podía pronunciar las palabras.
Me solté de la mano de Dimitri y camine hasta donde el pequeño arrodillándome hasta estar a su altura, mire su rostro y vi que su ceja tenía un pequeño corte que requería puntos y algunos raspones, realmente el niño estaba lastimado, pero no era de gravedad.
—Mi nombre es Rose —dije con la voz suave — ¿Cuál es tu nombre pequeño hombrecito?
—Paul, Paul Belikov —él pronuncio como el teléfono de la casa sonó y Olena se disculpó y se marchó.
—Mucho gusto, Paul —mire un poco más su herida y tome su pequeña pierna en mi mano— ¿Quieres contarme que te ha sucedido? —él negó con la cabeza como comenzaba a llorar de nuevo— ¿y si no me cuentas como crees que te podré ayudar?
—El doctor ha llamado —Olena pronuncio entrando en la estancia—. La carretera está cerrada —ella dijo un poco en pánico— dice que deberá rodear todo el pueblo y le tomara unas tres horas poder llegar —al finalizar la oración Paul comenzó a llorar sin control.
—Hey, Shhh, todo estará bien —le tranquilice como limpiaba sus lágrimas.
—Me duele —musito. Si, sabía que le dolía y también sabía que le dolería un poco más cuando le aplicaran la anestesia para ponerle los puntos.
—Sé que te duele —dije y limpie de nuevo sus lágrimas—. Déjame hablar con tú tío, todo estará bien, lo prometo.
Me levanté de donde estaba y fui hacia Dimitri quien me miraba un poco confundido—. Necesita puntos, en su rodilla y en su ceja, también hay que desinfectar las heridas y los pequeños cortes. ¿Hay alguna farmacia por aquí cerca? —Pregunte mirando a todos en la estancia y la otra mujer negó con la cabeza.
—La única farmacia cerca queda a unos kilómetros de aquí y la calle está cerrada — ella me miro preocupada—. Mucho gusto, soy Sonya —Una leve sonrisa se dibujó en su cara a manera de saludo.
—Es un placer —dije. Volví mi vista hacia Dimitri y le dije— no es grave, pero necesita puntos y analgésicos para el dolor.
— ¿Cómo sabes lo que necesita? — pregunto el un poco confundido. Yo me reorganice un mechón de mi cabello y mire hacia ambos lados.
—¿Recuerdas que te dije que no pasaba mis fines de semana de compras en París? —él asintió —Bueno, no era broma, realmente no lo hacía, porque estaba demasiado ocupada con la escuela de medicina —el abrió sus ojos y pregunto.
—¿Así que eres doctora?
—Neurocirujana pediátrica —sus ojos se abrieron más si era posible.
—¿Cómo? Solo tienes veintidós años.
—Termine mis estudios a los quince años, era conocida por ser una nerd. Me gradué en el verano y a ese otoño ingrese en la universidad, trabaje el doble, nunca reprobé ninguna materia, de hecho, veía materias adelantadas y a los veinte ya era médica, hice dos años de especialización y el verano pasado terminé mi residencia.
—¿Y dónde quedo tu juventud? —volvió a preguntar.
—Entre los libros de anatomía —suspiré y le dije—. Siempre fui diferente a las personas de mi mundo, siempre quise sobre salir por ser más inteligente que bonita. Mientras mis amigas estaban de fiesta yo estaba estudiando incontables horas, quería probarme que era más que una cara bonita. Al tercer año de carrera conocí a un profesor, era neurocirujano, el me enseñó mucho, mis sábados las pase metida en su despacho estudiando, mientras los demás salían de fiesta. Todo lo que sé, se lo debo a él. Él creyó en mí, sabia mi situación y me ayudó, le debo mucho.
—Rose, pero eso es magnífico —dijo en el asombro y la admiración—, sin embargo, no entiendo como acabaste metida con Jesse. Tienes un futuro brillante. ¡Mi Dios! Tienes veintidós y ya eres neurocirujana, es algo de lo que debes estar orgullosa.
—Lo estoy, —dije— y estoy con Jesse porque mi padre me amenazo, si no lo hacia mi esfuerzo todos estos años serian en vano.
—Mucho hijo de… —se detuvo y miró hacia los lados mientras respiraba—. No puede hacer eso, no puede jugar con el futuro de las personas, menos con el tuyo —vi como sus ojos se volvieron afilados y peligrosos como las palabras escapaban entre sus dientes. Sin embargo, con toda la tranquilidad del mundo acaricié su brazo y sentí sus músculos relajasen.
—Tienes razón, no debe de hacerlo, pero siempre he visto lo positivo de todo, y aunque Jesse sea despreciable hay algo que salió bien de toda esta travesía.
— ¿Y que puede ser eso, Roza? —él preguntó y yo levante mis cejas de forma divertida.
—Tú —dije simplemente y eso bastó, su sonrisa adorno nuevamente su rostro llenándome de paz—, pero ahora, necesito algunas cosas.
—Creo que puedo ayudar con eso —Olena dijo interrumpiendo nuestra conversación—, en casa tenemos algunas cosas básicas de primeros auxilios —ella me prestó una caja de tamaño considerado la cual deje caer al lado de Paul —la guardo para casos de emergencia o cuando hay nevadas como estas, sin embargo, aunque se poner puntos no sabría cómo extraer el vidrio, por ello no lo había hecho.
—Tienes razón —dije como colocaba un par de guantes de látex—. Si no lo sabemos extraer podríamos cortar alguna vena y eso no sería nada bueno —saque el pequeño frasco que tenía la anestesia y abriendo una jeringa nueva la llene.
— ¿Dolerá? —él pequeño infante pregunto con sus ojos grandes y temerosos.
— ¿Te consideras un niño grande Paul? —él asintió— entonces como adulto te diré, el líquido que ves aquí ardera un poco, pero luego te adormecerá las zonas y no sentirás nada.
El asintió y yo procedí, vi como Dimitri se sentó y comenzó a sobrarle el brazo como su madre sostenía su otra manita. La anestesia le dolió mucho, pero se aguantó como el hombrecito que era. Con ayuda de las pinzas logre extraer la pieza de vidrio y con un poco de gaza y antiséptico logre limpiar la herida antes de cocerla, me tomo un total de siete puntos en su pierna y tres en su rostro para terminar con mi labor.
—Listo, lo has hecho muy bien, Paul —lo felicite como quitaba mis guantes sucios y dejaba todo sobre un recipiente que Olena me había dado—, sentirás un poco de molestia, pero si te tomas juicioso los analgésicos no te sentirás mal.
—Gracias, Roza —el pequeño me dio un abrazo el cual respondí con agrado, era realmente un niño hermoso.
…
—La tormenta ha intensificado, no podemos conducir así —escuche decir a Dimitri. Estaba mirando por la ventana y no podía ver nada, todo era una visión blanca y sin vida del horizonte. —Mi madre dice que debemos quedarnos.
—No puedo quedarme —dije mirando preocupada por la ventana— Jesse enloquecerá y no quiero discutir con él.
—Tampoco puedes llegar a él —su voz salió con un poco de desprecio y algo enojada—. No puedo conducir bajo la nieve, si tienes una manera de regresar eres libre de volver con tu esposo —dicho esto se dio media vuelta y se marchó cerrando la puerta de un portazo.
Mis ojos se abrieron, nunca lo había visto enojado, ni siquiera creía que pudiera hacerlo. Su tono de voz fue tan frio que sentí como me helaba la piel y su mirada furiosa me asusto un poco, pero no me asuste de él, no, me asuste de que saliera de mi vida y no volverlo a ver, me asuste de que se cansara de mí y se alejara, realmente me asuste.
Decidí buscarlo, quería hablar y tranquilizarlo, o tranquilizarme a mí misma, no sabría, el caso era que necesitaba tenerlo a mi lado y hablar. Iba saliendo de la estancia cuando mi teléfono sonó, mire el identificador y rodee los ojos, era Jesse.
—Hola —salude como salía de la habitación.
—¿Dónde estás, pequeña Rose? —su voz estaba ahogada y algo difusa, estaba alcoholizado.
—Me ha cogido la tormenta, tendré que pasar la noche en el pueblo — mentí.
—Es solo un poco de nieve —hipo— no es una excusa para estar fuera de tu hogar.
—¿Qué quieres, Jesse?
—¿Qué quiero? —él me devolvió la pregunta con ironía—. Pues te diré que quiero, pequeña zorra, te quiero aquí, en mi cama, con tus pies bien abiertos mientras te hago gritar de placer, quiero que te entregues como la perra que eres mientras te lo hago duro, no puedes seguir huyendo, Rose, me perteneces.
—Estas ebrio, vete a la cama, mañana hablaremos —lo odiaba, pero no discutiría con él, no mientas estuviera en ese estado.
—Eres una pequeña perra, Rose, sé que estas con ese bastardo del ruso, todos en el pueblo comentan sobre tu aventura, ¿pero sabes algo pequeña golfa? Tu eres mía, tu eres mi esposa y me debes respeto.
—Hablamos mañana, Jesse —dije como iba a colgar, pero antes de lograrlo escuché una última palabra que me helo la sangre.
—Si compruebo que me eres infiel, querida Rose, disfrutare ver como la vida abandona tu cuerpo. Dulces sueños princesa —y con eso la señal se cortó dejándome en un ensordecedor silencio.
…
La chimenea ardía mientras el viento soplaba. La habitación era enorme y sobre mi tenía un sinfín de mantas, sin embargo, me sentía fría. Mire a la lujosa habitación y aunque un aire de calidez la rodeaba era como si este fuera ajeno a mi cuerpo. La llamada de Jesse me había asustado, pero no duro mucho, el siempre que estaba ebrio hablaba y amenazaba, nunca tan extremo como hoy, pero al final del día seguía siendo Jesse.
Sin embargo, la ausencia de Dimitri me dolía, durante la cena no habló, ni siquiera me miró y cuando llego la hora de dormir, fue su madre quien me llevo hacia la que sería mi habitación por esta noche. Su indiferencia me dolía y sobre todo cuando recodaba sus labios sobre los míos.
Sin pensarlo, me levante haciendo las colchas a un lado. Sin preocuparme por ponerme algo más cálido, corrí hacia su habitación; la casa estaba en total silencio y el único sonido era el que producía el viento al chocar contra las grandes ventanas. Su habitación estaba al final del pasillo de la tercera planta, corrí hacia él.
Al llegar abrí la puerta silenciosamente, al igual que en mi habitación todo estaba en silencio, y las llamas en la chimenea ardían, sobre la gran cama de dosel podía divisar su cuerpo el cual dormía pacíficamente. Sin hacer mucho ruido cerré la puerta y caminé hasta donde él, a diferencia de mí él solo tenía dos matas la cual le cubrían el cuerpo dejando su pecho un poco al descubierto, su rostro, aunque dormido, tenía el ceño fruncido, parecía molesto.
Con cuidado de no despertarlo corrí las sabanas y me hice a su lado, su cuerpo cálido arropo mi piel fría dándole la bienvenida, intenté ser lo más silenciosa posible, pero fallé.
—Es de mala educación meterse en las camas ajenas, Rose — su voz gruesa y dormida lleno el silencio del lugar.
—Lo lamento —dije como me daba la vuelta para verlo. Sus ojos estaban abiertos y me miraban con lo que parecía curiosidad y un poco de enojo.
— ¿Qué pasa? ¿No puedes dormir? —pregunto. Negué con la cabeza y le miré.
—Sólo quería verte, ¿está todo bien?
— ¿Por qué no habría de estarlo?
Me encogí de hombros—. No me has hablado durante la cena y actuaste como si estuvieras enfadado. —él suspiró y comenzó acariciar mi cabello.
—Me disculpo, no debí actuar así, y no estoy molesto contigo.
—¿Entonces qué te pasa? —Dimitri enderezó su cuerpo y clavo su vista hacia el techo.
—Estaba enojado conmigo, Roza. Odio cuando hablas de Jesse, odio cuando pienso en ti con él, sé que es un arreglo, pero me hierve la sangre saber que él te tiene, que eres su esposa ante el mundo. —Me miró por un segundo y después volvió su mirada a donde la tenía antes—. No quiero que tengas que salir corriendo hacia él, no quiero que detengas tu vida, eres tan hermosa, e inteligente y odio ver como él te hace tan infeliz.
Me coloque sobre su pecho y le mire a la cara, era tan verdaderamente hermoso, eran tan fuerte y varonil, pero a la vez tenía es curiosa capacidad de hacerme derretir con su voz, con su aroma, era total e ilógicamente perfecto y yo lo tenía aquí, bajo mi tacto diciéndome todo eso.
—Tú me haces feliz —su mirada de cruzó con la mía cuando sus ojos me buscaron—. Sólo por ello no he corrido lejos de aquí, saber que todos los días a las cinco de la tarde aparecerás con mi chocolate hace que mi vida sea llevadera.
—Mereces más que un chocolate caliente —argumentó.
—Puede ser —admití—, pero no tenemos lo que merecemos siempre; sin embargo, siento que no te merezco, y aquí estas, preocupado por mí, puedes hacer lo que sea con tu vida, y todos los días me haces feliz.
—Quiero que lo seas —su voz bajo unas cuantas octavas—, quiero que sonrías, y quiero ser yo quien cause esa sonrisa.
—Entonces haces un excelente trabajo.
Nos quedamos mirándonos, perdidos en los ojos del otro, sus ojos brillaban con tanta intensidad que creí que lo estaba imaginado y ahí fue cuando lo entendí, Alberta tenía razón, tenía una segunda oportunidad para lograr las cosas. ¿Y si Dimitri era mi segunda oportunidad? ¿Y si él era la forma de la vida de decirme que las cosas irían mejor? Y los pensamientos quedaron olvidados como sus labios tocaron los míos, la sensación de electricidad abrazo mi piel como mi cuerpo se estremeció.
Eran tan carnosos como los imagine y eran suaves, muy suaves. Su grande y callosa mano se posó en mi espalda donde me acerco más hacia su cuerpo, calor, tenía mucho calor. Sus labios no solo me besaron, me adoraron, me acariciaron como el más bello e invaluable tesoro, era embriagador, era sofocante y la vez relajante. Había besado algunos chicos en mi vida, nada serio, pero esto era diferente, no era solo un momento donde dos personas compartían labios, no, era uno de esos momentos donde dos personas que nunca se imaginaron conocer se dicen todo lo que nunca se habían podido decir en voz alta.
Sus manos contornearon mi cuerpo como el me coloco bajo su peso, no me dejo de besar, lo hizo lento y en sincronía como una dulce y emotiva balada. La piel se me erizo y no fui la única, lo sentí temblar bajo mi tacto. Calor, él también tenía calor, pero no era de ese calor sofocante, no, era del tipo de calor que acoge y protege una persona y no la quiere dejar, no quiero que me deje, no quiero dejarle.
La ropa se desprendió tan rápido de mí, como las hojas del otoño se van volando por la suave brisa. Su cuerpo cobijo el mío y lo protegió, lo protegió del mal del mundo, del mal que nos rodeaba. Las caricias se volvieron más íntimas, más eróticas. Sus grandes manos acariciaban mis pechos con devoción, como sus labios me amaban de una manera silenciosa y sutil. Su ropa se perdió y su cuerpo toco el mío, cada centímetro era aprisionado por él.
—Dulce Roza, ¿pero que me estás haciendo? — Gemí como su mano se posó allí, en mi intimidad donde nadie había tocado nuca— Tan dulce, tan prohibida, tan mía — cerré mis ojos y abrí mis sentidos, cada uno lo envolvió marcándolo como mío.
Su cuerpo se alineo al mío, sin barrera, sin preocupaciones, era verdad, era suya, fui suya desde aquella noche donde amo mi sonrisa antes que mi cuerpo, desde ese punto me volví suya, le entregue mi alma, le entregue mis sueños y ahora, aquí, le entregaría mi cuerpo, solo suyo, como él era solo mío. Por este breve momento solo éramos él y yo, nada más, nada existía aparte de nosotros y éramos felices.
Mi cuerpo se abrió como una flor en plena primavera y lo recibió, su grande y grueso cuerpo se acoplo al mío y lo instale tan adentro de mí que nos convertimos en uno, mire sus ojos y vi como estos se cerraban como un suave gemido salió de sus labios, fue el momento más erótico y privado que había tenido la oportunidad de presenciar. Su cuerpo comenzó con un lento y pausado movimiento, suave y rítmico, llegaba a cada extremo arrancándome gemidos de placer, ¡oh, pero que dulce sensación! La piel se me afloro como los pezones se me excitaron por su tacto, las piernas me temblaron como me hacía completamente suya.
Cerré los ojos y disfrute, disfrute de las maravillas que le hacía a mi cuerpo, disfrute de su amor carnal, disfrute de ser su mujer, su todo. — Abre los ojos — demando. Las gotas de sudor cubrían nuestras pieles ambientando el lugar con nuestra esencia — Abre los ojos mi pequeña mujer, quiero verte culminar, será todo un privilegio.
Le obedecí, y al hacerlo, mis ojos se encontraron con dos esferas oscuras ardiendo en pasión y explote, mi cuerpo cedió a sus exigentes caricias y me llene de maravillosas sensaciones como él gruño y enterrando su cabeza en mi cuello exploto en su propio placer llenándome de todo él.
Su cuerpo se acopló al mío, su aliento se perdió en mis labios y su lengua se ajustó a las curvas de mi piel y cuando el éxtasis envolvió nuestros cuerpos, él se rindió ante mí, brindándome seguridad y calidez, aquello de lo que había carecido toda mi vida. Relajado a mi lado me abrazo y beso mis parpados como el alba nos envolvía en un nuevo amanecer, en una nueva oportunidad.
…
La cabaña apareció ante mi vista, y la felicidad se esfumo tan rápido como humo disipado por el viento, aquella cabaña era mi prisión que yo misma había embellecido, mi castigo, mi purgatorio, en los últimos días se me habían acabado las palabras para describir lo que era aquel lugar, el caso era que cuando estaba allí metida la esperanza de una vida mejor se iba y no miraba hacia atrás.
— ¿Te sientes bien? —era la décima vez que me preguntaba eso. Lo miré y sonreí. Anoche le había entregado todo de mí, y él todo a mí.
—Sí, estoy muy bien, más que bien —era verdad, aunque en la parte interna de mis piernas había una que otra molesta mi cuerpo se sentía maravilloso, adolorido, pero al fin y al cabo maravilloso.
—Lamento si te hice daño —dijo como parqueó el carro enfrente de la entrada.
—No me has hecho más daño del que puede causar una primera vez —dije como tomaba su rostro en mis manos y le besaba—. Fue maravilloso, gracias.
Me besó una vez más, pegando su frente a la mía—. Recogeré unos planos y volveré para la cena.
—Entonces te estaré esperando — le besé una última vez como me despedí de él.
Vi cómo se alejaba en su carro y con una sonrisa en la cara entre en la vivienda, hubiera no deseado hacerlo. Al cerrar la puerta algo me tomó con fuerza del cabello y me aventó contra el piso haciéndome chocar la cabeza con los suelos de madera; el golpe me aturdió como sentí la sangre comenzar a gotear de mi cráneo. Tome mi cabeza con ambas manos intentando hacer que se detuviera el mareo, pero fue en vano, con los ojos borrosos mire a mi atacante y me encontré con un ebrio y furioso Jesse.
—Hola, pequeña Rosie —su voz hipo como hablaba— hasta que te dignas en llegar.
—Jesse —logre musitar, pero me calle al instante, mi cabeza me dolía.
—Sabía que estabas con ese tipo —él camino por la estancia como bebía de su botella—. Te dije que no quería que me engañaras, ¡tú eres mía! —su pie chocó contra mi abdomen haciéndome doblar de dolor y escupir sangre.
—Para... por favor —musite, sin fuerza, sin esperanzas. A lo lejos escuché como su botella se estrelló partiéndose en varios pedacitos y acto seguido sus manos me tomaron del cabello y me levantaron, gemí del dolor.
—Eres una pequeña perra, Rose, y pagaras el haberme traicionado —y la charla había terminado.
Sus grandes manos me abofetearon hasta que sentí la sangre dentro de mi boca, los golpes vinieron unos detrás de otros hasta que ya nada podía dolerme; todo estaba sordo y mi cuerpo cayo de repente sobre el piso, el fin estaba cerca, la casa se sentía fría y mi cuerpo no podía moverse, me costaba respirar y vi como los parpados me pesaban. Era el fin lo sabía. Jesse no volvió, sus manos no volvieron a tocar o no sabría decirlo, ya no podía sentir nada. La oscuridad llego a reclamarme no sin antes escuchar voces, lo último que recuerdo es a mí misma llamando por él, llamando por él único que mi mente podía recordar.
—Dimitri…
…
La calidez reconfortaba mi cuerpo adolorido, la cama era tan cómoda que quería seguir durmiendo, pero no podía, tenía hambre y ganas de hacer pis, así que con renuncia abrí mis ojos, gemí, todo me dolía tan condenadamente mal, no sabía que pasaba, pero si sentía como si un camión me hubiese atropellado.
—Roza — escuche su voz y eso hizo más soportable el dolor. Volví a intentar abrir mis ojos y lo conseguí, miré a mí al redor y estaba en la habitación de Dimitri—Roza, — busqué su voz y lo vi de pie junto a la puerta sosteniendo una bandeja con comida.
—Hola —salude con la voz áspera.
—Por fin despiertas —él caminó dejando la bandeja aun lado y se sentó a mi lado—. ¿Cómo te sientes?
—Como si me hubiera golpeado algo —carraspeé. Su semblante se oscureció—. Dimitri, ¿qué me paso?
—Jesse. — Fue todo lo que dijo como los recuerdos volvieron a mi memoria y el cuerpo se estremeció—. No te preocupes, ya está solucionado.
Confundida le miré, sus ojos estaban oscuros y su cuerpo estaba tenso, sin embargo, pude ver un poco de placer y descanso en su profunda mirada. Me asuste un poco ¿Qué paso cuando perdí la conciencia? ¿Cómo Dimitri me encontró?
— ¿Qué paso? ¿Qué le hiciste? —él me miró serio sin revelar nada y suspirando dijo:
—Dejaste tú móvil en el auto así que regrese para entregarlo, cuando entre él te tenía por el cabello y te... te golpeaba. En ese momento no pensaba en nada, sólo quería sacártelo de encima así que lo golpee, lo golpee tan fuerte que estoy seguro de que nunca volverá a poner una mano sobre alguien.
—Él… ¿él está muerto?
—Lamentablemente no¸ aunque si paso los últimos días en el hospital, y de ahí será llevado a prisión.
—¿Cómo?
—Cuando paso todo llame a mi madre, ella es abogada, al enterarse cogió tu caso como algo personal y se encargó de hundirlo, al investigar nos dimos cuenta de que tan miserable era, así que mi madre se encargó de que se pudra en la cárcel y anuló vuestro matrimonio.
Esperen, ¿cómo era posible eso? ¿cuánto tiempo estuve fuera? Como era posible que todo hubiera pasado tan rápido, pero bueno, al parecer el dinero lo podía todo, sabía que no había sido barato esa investigación, pero el dinero era lo que menos me importaba en este momento mi único pensamiento era…
—Eso quiere decir que… que soy libre —dije bajo, aun no creyendo la noticia.
—Si Roza, él no volverá a molestarte —Dimitri tomó mi rostro en sus manos y me dio un suave beso—. Eres libre de elegir, puedes hacer todo lo que quieras, tu padre no puede tocarte, mi madre le ha amenazado, al parecer al destaparse la suciedad de Jesse también tu padre cayó, si no quiere irse a la cárcel deberá dejarte en paz. Así que, a partir de ahora, eres libre, tú decides, tu toma las decisiones.
—Libre — musite, la palabra se sentía mágica entre mis labios.
—Así es —dijo—, la pregunta es ¿y ahora que harás?
Lo miré, vi sus ojos, vi su corazón y vi que era todo lo que quería. En américa no tenía a nadie, nadie me esperaba en casa, nadie me iría a buscar si me perdía, nadie amaría mi piel en medio de una noche de tormenta, nadie, excepto Dimitri, y él estaba aquí, él me buscaría hasta el final del mundo con tal de verme sonreír. Sólo él podía juntar las piezas y volverlas a unir, sólo él buscaría el calor de mi cuerpo en medio de la noche y sólo él podría amarme sin medida. Si, aquí pertenecía, a este pequeño mundo rodeado de nieve y chocolate, él era eso y yo quería ser parte de él.
— ¿Vives aquí en la primavera? —pregunté y su ceño se frunció.
—No. En la primavera vivo en Moscú, allí trabajo, ¿por qué?
— ¿Crees que allí necesiten una neurocirujana? —él procesó mi pregunta y cuando la entendió una rica y maravillosa carcajada resonó en la estancia como me tomaban en sus brazos y me besaba.
—Creo que podemos encontrar algo —sus labios me picotearon y preguntó: —eres libre de decidir, y decides quedarte aquí, ¿por qué?
Lo miré a los ojos, sonriendo.
—Porque si tú eres capaz de buscarme por mi sonrisa, yo soy capaz de quedarme por tu amor —su pecho se hinchó como tomaba aire y cerraba sus ojos en deleite. Sus labios tomaron los míos y me volvió a besar, sin prisas ni argumentos, sólo por el deseo y la pasión de hacerlo. Si, Alberta tenía razón, en la vida había segundas oportunidades, pero lo que ella no sabía es que esas nuevas oportunidades se podían convertir en la mejor aventura de nuestras vidas.
7 AÑOS DESPUES.
—Rose —la enfermera llamó a la puerta de vidrio—, te buscan en recepción —asentí como terminaba de revisar a mi paciente.
—Creo que unos días podrás ir a casa, todo va mejorando y los exámenes lucen mejor — él niño de ocho años me miro con los ojitos brillosos.
—¿En serio, doc.? ¿Y podre volver a la escuela?
—Claro que sí, si tomas las precauciones podrás hacer todo lo que te gusta, pero ahora debes descansar.
—Lo hago, doc., mire como duermo —el pequeño se acostó y cerro sus ojos sin ocultar la sonrisa de felicidad, vivía para sonrisas cosas.
—Buen chico, no le digas a los demás, pero eres mi paciente favorito —dije como lo arropaba lo que me hizo ganar una sonrisa más grande del pequeño.
—Guardaré el secreto, doc.
Salí al pasillo sonriendo, días como hoy, cuando veía a niños sonreír me hacían amar mi trabajo. Pero había algo que amaba más que a nadie y esa persona estaba parada en el mostrador bromeando con la enfermera. Lo miré desde la lejanía, era igual o más guapo que el día que lo conocí, y en estos siete años solo había mejorado, sí, mi hombre era como el buen vino, entre más viejo, mejor se ponía.
—Y hablando de ella, aquí esta —Dimitri dijo como volvía toda su atención a mí—. Eh ¿a que no es la mujer más hermosa de todo el universo? —sus labios besaron los míos en un beso casto.
—Hola a ti también —sonreí—. ¿Qué haces aquí? ¿Paso algo?
— ¿Por qué tendría que pasar algo? Sólo quería pasar y ver si mi chica estaba bien.
— ¿Tu chica? ¿No estás un poco mayor para usar esos nombres? —Su rostro estaba divertido.
—Nunca se es demasiado viejo, además, mi chica es demasiado joven.
—En ese caso eres un pervertido —sus ojos se volvieron traviesos como murmuro en mi oído.
—Eso no era lo que me gritabas anoche mientras te corrías sobre la isla de la cocina.
—Dimitri, —gemí en silencio— eres malo.
—Así me gusta —sonreímos en picardía como la enfermara nos miraba con diversión.
—Dra. Belikov —volví hacia la enferma y ella dijo—, la necesitan en el tercer piso.
—En un segundo iré — volví hacia mi guapo y atrevido esposo y le dije—. Tal vez hoy me lo puedas recordar luego de que Amelia se duerma. —Mi voz salió sugestiva hasta que nombre a mi pequeña y hermosa princesa de tres años—. Hablando de Amelia, no quiero encontrar caramelos bajo su almohada.
Dimitri me besó como comenzó alejarse — Yo no sé nada, todo es obra de la pequeña diablilla, lo juro.
—Es tu hija, debes saberlo. No más dulces.
—Vamos, Roza, sabes que cuando me mira con esos ojitos tan tuyos no puedo negarle nada.
—Es una hija de papi.
—No discutiré sobre eso —él corrió de nuevo a donde mí y me robo un beso dejándome sin aliento. —Te veré en la noche, yo me encargo del pequeño huracán en casa y cuando llegues Sra. Belikov te hare gritar hasta que pierdas la voz, y te hare recordar una y otra vez porque nos amamos tanto. —Picoteo mis labios por última vez como comenzó alejarse no sin antes gritarle.
—No más dulces, si no lo pagaras caro
Él me miró por última vez y sonriendo dijo—. Es un riesgo que quiero correr —y con eso se marchó dejando la promesa en el aire.
Fin.
Por: Miuv.16
Ok, esto se siente para mi, como si hubiera pasado demasiado tiempo desde que he subido algo, tanto, que me costo demasiado llegar a este capitulo, pero cuando lo logre quede con ganas de seguir escribiendo sobre esta historia, tal vez lo haga. Espero de corazón que lo disfruten y se enamoren de ella, es corta, pero es escrita con mucho amor para todas ustedes. Realmente les agradezco por apoyar este proyecto y valorar a cada una de las personas y sus trabajos que han participado, para uno, que esta detrás de la pantalla y de estas historias es de verdad muy valioso y alentador cuando ustedes disfrutan, eso realmente es gratificante. Bueno no siendo más espero sus comentarios, ¿lo amaron? ¿lo odiaron? hasta lagrimas acepto, haha, no ya, realmente espero saber que piensan.
PDT: Como siempre este es un trabajo que lo logre con la ayuda y corrección de mi querida amiga Euda. Así es que, aunque ella no participo de este especial, dejo su esencia en este fic.
No siendo más una Feliz tarde para todas, o noche donde quieran que estén. Besos.
