El mundo de Vampire Academy pertenece a Richelle Mead, incluyendo personajes y algunos términos. La historia siguiente es de mi creación.
Espero que la disfruten.
¿Huelen eso? Es el dulce aroma de la maldad en Halloween.
Te llenaré de flores
Dimitri observaba impasible el cadáver que cargaba en brazos. Si él fuera un simple mortal le parecería como tener hielo con forma humana en las manos, pero al ser un no-muerto la sentía caliente, a su misma temperatura.
A pesar de que ya había matado anteriormente, al fin de cuentas de eso vivía, le seguía pareciendo un poco surrealista cómo hacía unos minutos el corazón de la chica corría acelerado y lleno de terror, mientras que ahora ya no emitía ni un espasmo. Las manos feroces, que antes hubieron empuñado valientes una estaca con intención asesina, en estos momentos colgaban cansadas a sus costados. La cálida piel que él disfrutó llenar de magulladuras de todo tipo, estaba tan fría, y no sólo por el fresco manto de viento que usualmente cubre el reino de los árboles.
Pobre y hermosa criatura.
Y en verdad lo era. Una pobre y hermosa criatura cuyo único deseo era vivir lejos del monstruo pero que al mismo tiempo quería ser dominada por él. Pobre y hermosa criatura drogadicta cuya razón no hacía más que vagar perdida en la neblina del gozo. ¡Dejar que el monstruo fuera a ella cada noche a deleitarse con su vida! Estaba tan intoxicada por el amor y por las mordidas que pensó que él siempre estaría ahí para rodearla con sus brazos y protegerla de todo mal, incluso de la muerte. Dulce e infantil inocencia, él era la muerte misma y sólo buscaba en ella una compañera para la cama y las batallas. Una herramienta.
Sería mejor decir un trofeo.
El amor no está, ni estará nunca, en la mente de un ser que vive consumiendo el alma de inocentes como si devorándolas pudiera recuperar la que él perdió. Horrible fue su destino, sin duda, cuando despertó en las cavernas y se dio cuenta de que había un soplo espectral en su interior. Un soplo que salía de los mismísimos labios del Señor de las tinieblas para reanimar cuerpos que debieron continuar inertes pero que terminaron convirtiéndose en cadáveres vivientes, en criaturas de la noche.
No había razón para que Dimitri siguiera ahí, ya había robado la essence vitale de la chica, ya había terminado con la última persona que había (o pudo haber) sido un estorbo en sus planes. Su tóxico aroma de viva, que le había drogado a él tanto como su saliva a ella, se había esfumado en el bosque, de la mano con el viento. Entonces, ¿Por qué no dejaba caer el cuerpo al río y, simplemente, le daba la espalda? ¿Por qué continuaba admirándola como si fuera una obra de arte expuesta para su deleite personal? Era un monstruo, se suponía que él no podía admirar la belleza.
Él no podía verlo pero la muerte la había embellecido; le dio retoques a sus rasgos con un cincel, la maquilló con cal, tomó un pedazo de frío y se lo puso en los labios. Callada, sin decir maldiciones ni improperios, se veía más bonita. Ciertamente, era indigno para semejante obra abandonarla en el bosque sin más, sería una grosería dejarla convertirse en carroña. Dimitri la miraba una y otra vez, recordando cada mínimo detalle de la rosa marchita en sus brazos. Sonrisas, lágrimas, alaridos, gemidos, suspiros. Su rostro deformado por la mezcla del placer y el dolor era lo que más frecuentaban sus pensamientos pues recordarlo era glorioso pero su faz impasible también lo era.
¿Qué debería hacer? Se preguntó.
En el interior de cada strigoi había un demonio, un ser maligno causante de la deformación moral de todas las bestias traga sangre, un ser que los lleva por el sendero del mal especialmente construido para ellos; los incitaba a mancharse las manos con sangre, a violar, robar, destruir y hacer toda clase de abominaciones con el propósito de corromper por completo sus identidades y perderlos entre sus pecados para, finalmente, tomar posesión de ellos. Los transformaba en demonios completos y no sólo en simples monstruos.
Y el demonio de Dimitri inmediatamente vio la oportunidad, una oportunidad única para poseer a su anfitrión en corto tiempo, estaba ahí, en el deseo de Dimitri de aferrarse a lo que quedaba de su Roza.
Llévatela, llévatela. Nadie, ni siquiera la naturaleza puede tenerla. Sólo tú.
Ese demonio tocó su corazón y con sus garras le inyectó una dosis de maldad. La maldad más pura que se podría encontrar, la clase de maldad que tal vez haría a un humano normal desvariar y rasgar sus vestiduras pero que para un monstruo como él, sumergido en la sangre y la crueldad, sólo era como una pequeña descarga de adrenalina. Sin embargo, esa dosis fue la pérdida de Dimitri.
Aún con ella en brazos, de hecho, sujetándola con más firmeza, dio la vuelta y comenzó a caminar hacia el final del puente; caminó por el borde del río, donde minutos antes tuvo la oportunidad de atraparla, justo después que ella se topó con un indeseado incidente que la hizo rodar por el lodo. Volvió a subir y se adentró al bosque, incorporándose con la oscuridad tiránica pues ya era parte de ella. Cuando llegó a las puertas de la finca apenas detectó los olores de los sirvientes; no les tomó importancia, sólo quería llegar a la jaula de oro pero cuando estuvo ahí se dio cuenta de que ambas partes de la habitación estaban destrozadas. Lo había olvidado. Por todo el ajetreo ni había notado el desastre.
Maldita sea. Debe de haber otro lugar.
Apretó su mandíbula, algo molesto. Y el que fuera un sirviente a hostigarlo no ayudaba.
— ¿S-señor? —Preguntó un hombre anciano de complexión compacta, la que se vio aún más reducida cuando Dimitri clavó su mirada sobre él. De inmediato, el anciano desvió la mirada; en su mente, no podía ver directamente a un ser tan magnifico como él, pues era indigno.
— ¿Qué quieres?
—B-bueno, usted es el nuevo señor de la finca, ¿no es así?
Un nuevo golpe de realidad. El patético lacayo tenía razón, ¡y vaya si la tenía! Ahora era Dimitri quien mandaba, ahora él era quien tenía todo el poder. Si quisiera, podría deshacerse de esa vieja choza y podría conseguir un lugar más grande y maravilloso. ¿Qué era lo primero que haría con tanto poder? Se fascinó.
No tan rápido. Recuerda lo que tienes en tus brazos.
Presionó el cuerpo contra él, para hacer que se recargara de tal manera que pudiera sostenerla con una sola mano sin molestias. Alargó su mano libre para tomar por la camisa al hombre y aproximarlo a su figura. El tipo se estremeció, nunca se acostumbraría a ver siquiera un cadáver, ni se diga tocarlo, aun cuando en más de una ocasión tuvo que deshacerse de alguno. Asustado, miró de nuevo a otro lado mientras escuchaba la primera orden del día.
Una habitación cerrada, sin ventanas y donde el sol no lo molestara; eso era lo que quería el nuevo amo. Y había una, la de Galina, que se encontraba en el sótano de la finca, en una parte recóndita a la que la vieja jefa se escapaba cuando no quería ser molestada y donde, cada cierto tiempo, era enviado un joven criado a acompañarla.
De inmediato arribaron en la habitación prohibida, pasando por un pasillo debajo de las escaleras de mármol y bajando por otras, cruzando un ancho pasillo que contenía varias puertas; la primera era del gimnasio, la segunda daba a la cochera, la siguiente sólo era de una bodega, la última, al final del pasillo, fue la que realmente interesaba. Dejó que el viejo quitara el cerrojo y la abriera por él; lo primero que notó fue la gigantesca cama en medio de la habitación, pues era lo que más quedaba a la vista.
Un fino trabajo de madera tallada era la cabecera de café chocolate, que combinaba con las sábanas y mullidos almohadones blancos. Los muebles eran oscuros como la cabecera y antiguos, tal como la decoración del resto de la casa. Incluso, las paredes tenían papel tapiz tejido que exponía hermosas sirenas... y la manera en la que seducían a los hombres y los arrastraban a lo profundo del mar.
Presto, Dimitri le ordenó al hombrecillo que encendiera el aire acondicionado, a todo lo que diera; mientras, él y Rose se metieron al baño, magnífico y antiguo también, y la desnudó con facilidad para proceder a limpiarla de la tierra. Con el mismo cuidado que tiene un amante, la bañó con todos los geles y lociones de baño de Galina. Cuando terminó, la secó de manera minuciosa. Como era una muñeca de trapo, él debió recostarla en su regazo, mojando su ropa de diseñador, para poder pasar las toallas almidonadas por su delicado cuerpo. Después, la embarró de cremas y bálsamos perfumados; todo con la intención de cubrir los indicios del olor de la putrefacción. Como en la mitad de su obra, se despojó de su gabardina para poder moverse mejor.
La envolvió en una bata blanca y la cargó para llevarla a la habitación de nuevo. Durante todo el tiempo que estuvieron encerrados en el baño, que fueron como más de dos horas, el lugar ya se había vuelto un refrigerador. Perfecto, pensó mientras la tendía en la cama.
El insignificante sirviente, con voz nerviosa, le preguntó por alguna otra cosa que él deseara... o la señora. El tipo pensó que tal vez sería preciso seguirle la corriente al amo. No lo fue. Dimitri le propició un golpe en el rostro, que hizo que saliera volando hacía el otro extremo de la habitación.
¡Ese adefesio piensa que has perdido la razón!
— ¿Piensas que estoy loco? —ladró—. Sé bien que ella está muerta, pedazo de imbécil. No es señora de nada. ¡Al único que debes obedecer es a mí!
El tipo, quien se mantuvo inconsciente de milagro, asintió como pudo con su mandíbula dislocada.
—Y ahora, lo que yo ordeno es que te largues. Vete, ya, ¡ya!
El sirviente desapareció tan pronto como pudo para cumplir con los deseos de su amo.
Dimitri se olvidó de su ira y volcó su atención de nuevo a Rose, quien parecía estar naciendo de un capullo blanco hundida entre la colcha y su bata. Se sentó a un costado suyo y alargó su mano para su cuello, haciendo a un lado su cabello, que estorbaba. Se topó al instante con un moretón muy purpura que acarició con las yemas de sus dedos, entonces, trazando un camino, bajó su mano para buscar más de esas marcas por su escote, pechos, hasta parar en su abdomen. Sabía que, si seguía bajando, encontraría más, igual de oscuros y crueles que los primeros.
El demonio clavó sus filosas uñas en Dimitri.
Es tan hermosa, tan deliciosa. El demonio lamió su oreja. ¿Por qué no terminas de saciarte de ella?
¿Por qué no buscas sus labios?
¿Por qué no buscas su tacto de seda de entre las piernas? Eso es, hazlo.
¿Por qué no estrujas su carne? Así, más fuerte.
¿Por qué no terminas de consumir su cuerpo también?
Fue extraño, bastante extraño, la forma en la que el cuerpo de Dimitri se movió solo, tanteando la piel tiesa y pálida de su amante, sintiéndose adormilado, absorto. Tal vez algo ajeno a él lo movía, o tal vez no, no podía decirlo. Quizás era que aún intentaba aferrarse a algo de su vida de vivo, y arrastrarlo a su vida de dios. Aunque esta cosa fuera inservible ya. Lo único a lo que podría responder era que ella seguía siendo tan dulce como lo fue en la cabaña. Fue como si lo envolviera en su miel, de nuevo.
xXx
El perfume se está viendo opacado.
El aire acondicionado no era tan fuerte como se necesitaría, o como le gustaría a Dimitri, pero servía. Sin embargo, el frío contribuía a la rigidez de Rose.
El demonio siempre estaba sobre su hombro para recordarle ir a cortar las espinas de la decadente rosa. Casi a diario, en cada oportunidad que él construía, iba a buscarla, a donde sabía que ella lo esperaba. La mayoría de las veces sólo se sentaba a su lado y le limpiaba el sudor frio del rostro*. Y cuando tenía tiempo de más, la lavaba completamente, sumergiéndola en perfumes. No dejaba que nadie más se ocupara de ella, mucho menos permitir que se supiera de su estancia, por lo que hizo que el anciano jurara no hablar; más le valía, su inmortalidad estaba en juego. Para él, era mejor mantener esto sólo para sí, algo sólo entre ella y él, como siempre había permanecido su amor en la academia. Claro, con algunas excepciones.
¿Qué esperas? Ella ha estado aguardando por ti todo el día, todo el tiempo.
Embelesado, no podía negarse la mayoría del tiempo a los empujes del demonio, sin embargo, había ocasiones en las que debía hacerlo, pues no podía descuidar su puesto como la cabeza de la red, algo que estaba en la cuerda floja por lo reciente. Debía cuidar su espalda y cuidar del lecho de Rose, porque si uno de los dos era roto, el otro también lo estaría al instante.
El demonio notó la importancia del problema, y a la vez una ventaja, por lo que no dudó en actuar, como era costumbre.
No te preocupes por eso, yo te haré fuerte, aún más fuerte de lo que eres ahora. Sólo confía en mí, sólo toma mi mano y tendrás todo el poder que requieras.
¿Dimitri dudó aceptar la propuesta de adquirir más potestad? Para nada, no lo hubiera hecho en ninguna circunstancia, estuviera Rose o no involucrada. A los Strigoi les encanta acaparar dominio.
El demonio pensó que más fácil no podría ser, todo por un cadáver.
xXx
La naturaleza continúa engulléndola.
No lo permitas.
No lo permitas.
xXx
Del jardín, Dimitri mandó a cortar parte de los jazmines que dormían ahí y el anciano llevó todas las flores, que habían sido puestas en valiosos jarrones, a la habitación. Y poner unas flores tan perfumadas en un lugar cerrado y sin ventanas, era casi la muerte para los olfatos refinados, pero eso no le importó a Dimitri; cuando entraba a la habitación, respiraba hondo y se empalagaba con el aroma y fingía que era el de ella, que ese era el aroma de su lívido. El amor del que el solía abusar.
Pero la esencia de la muerte aferrada al cuerpo de rose seguía colándose entre el dulzor del jazmin, y eso le molestaba, arruinaba la imagen perfecta de Rose.
Entonces trae más, más para ella. Ella seguro las adorará.
Dimitri hizo traer más flores de otros tipos, todas las que se podían conseguir en ese momento; pero no fue suficiente, el hedor de la muerte seguía ahí, no sólo en la habitación, la peste se propagaba por toda la finca. Mandó que se colocaran flores también en el pasillo, en las habitaciones, en la cocina, el salón, su oficina, la biblioteca. Entonces perfumes, después inciensos, después velas...
xXx
— ¿Qué es ese olor? —preguntó Jov, mientras se recargaba en su taco como si fuera un bastón, alzando su nariz tratando de atrapar el aroma que golpeó su nariz.
—No lo sé, ¿quizás son todas las putas flores y porquerías aromáticas que están por toda la jodida finca? —respondió su compañero Filip quien, agachado sobre la mesa de billar y golpeando la bola blanca con su taco, se enderezó para mirar a Jov después de su jugada fallida, algo fastidiado.
Nadie soportaba el nauseabundo olor de todas esas flores y demás basura. Ya habían sido molestos los jazmines del jardín desde antes. Poco a poco, se fue haciendo casi la muerte estar en esa estúpida finca, desde que Dimitri se había hecho con el poder hacía un par de meses; de una forma algo sospechosa si le preguntaban a Filip. Por más buen luchador que fuera el nuevo jefe, era un poco difícil de digerir que él hubiese matado solo a Galina y a otros tres más, siendo alguien que había sido despertado no hacía mucho tiempo. Igual, no iba a ponerse a investigar o algo por el estilo, le pagaban bien sin hacer mucho, no iba a desperdiciar eso.
En cambio, Jov sólo seguía olfateando. En medio del denso ambiente provocado por los infinitos olores, él había captado algo pequeño y diferente, turbio, que le causaba aún más nauseas que las flores y aromatizantes juntos. Y creía saber que era, pero no se explicaba de todo el porqué podría hallarse en ese lugar. Desde antes de despertar, su nariz había sido ya muy sensible, incluso para un Moroi, por lo que su olfato como Strigoi era incluso aun mayor. Si para Filip era un martirio estar en esa casa, para él era una tortura; sólo parecía soportarlo para que no cayera su orgullo de Strigoi. Estaban ahí en ese momento sólo porque estaban esperando órdenes de Dimitri, quien se había retrasado, mucho, por lo que habían empezado a jugar billar, pero irse, así como así, era impensable.
A ninguno de los dos les interesaba ser la leña en la chimenea de Dimitri.
—Hay algo más por ahí. Un olor diferente al de las flores.
—Pero si nuestro perro ha encontrado un hueso—se burló Filip—. Es tu turno de tirar, Buddy.
De inmediato, la mirada asesina de Jov se clavó en Filip. Si había algo que este singular Strigoi no soportaba, odiaba y detestaba es que lo trataran como a un perro. Soportó por años en la academia burlas por su fino olfato, tratado como un sucio perro. Fue así toda su vida colegial hasta que lanzó su butaca contra la cabeza de uno de sus brabucones.
A Filip le importaba una mierda como se sintiera su compañero.
Si no existiera la estúpida regla de que no podían matar a otro Strigoi de la red, sin una justificación que valiera la pena, Jov ya lo hubiera empalado con su taco. En cambio, sólo partió en dos la madera al presionarla con su puño. Jov dejó la habitación tragándose la cólera, que era lo mejor que podía hacer, y pensó que tal vez sería divertido llegar al origen de ese aroma que rompía con el de las flores. Tenía la necesidad de confirmar si era lo que él pensaba. ¿Por qué? Simplemente quería hacerlo, no tenía porqué justificar sus acciones.
A pesar de que era como inhalar mercurio, Jov respiró profundo para seguir el hilo de ese olor repugnante. No fue fácil pero pudo tomar ese hilo, enrollarlo entre sus dedos y dejar que este tirara de él por el salón, por debajo de las hermosas escaleras de mármol, más escaleras, hasta llegar a un pasillo largo de atmósfera helada. Estaba tan frio que Jov podía ver el vaho de su respiración. El pasillo estaba a rebosar de flores de todo tipo, como el resto de la finca; sin embargo, en ninguna parte de ella había rosas tan enormes y tan rojas como las que resguardaban el lugar, su belleza y esencia erótica opacaban a los jazmines, tulipanes, gardenias, nardos y lavandas que también rondaban por ahí. Esas rosas enmarcaban, casi de una manera romántica, una puerta blanca que se alzaba al final del pasillo.
A medida que se acercaba, su cabeza le daba vueltas pero quería continuar, quería saber que era lo que se hallaba tras la puerta. Si era lo que sospechaba, ¿por qué algo así era resguardado en ese lugar? ¿Por qué las flores? ¿Dimitri sabría esto o esto era completamente obra suya? Con cada paso que daba, más se ahogaba con el dulzor. Su garganta le picaba. Percibía que en la habitación detrás de la puerta se apiñaba un remolino de olores que iba más allá de su imaginación, que incluso podría llegar a hacerlo desfallecer con sólo un roce. Pero aún así continuaba.
Arrastrando sus piernas y teniendo que hacer a un lado las flores con sus manos para poder pasar, llegó a la puerta que expelía un fino vapor por las delgadas aperturas de sus lados. Sin embargo, en el momento que tocó el gélido pomo un sentimiento de incertidumbre lo invadió; pues este le advertía que no debía abrir la puerta, que debía alejarse. Dudó entre hacerle caso o no a sus instintos, temió por un momento por lo desconocido, temió por lo que podría ver ahí.
Un momento, ¿él, quien era un ser poderoso que podía derrotar a cualquiera con sólo usar sus manos desnudas, que nada podía hacerle daño, pues él era el "daño", estaba asustado? Inmediatamente se sintió un completo marica, la hombría de la que tanto se enorgullecía estaba fracturándose. No, él desconocía la existencia del miedo en su psique. Sea lo que sea que estuviera oculto ahí, no podría hacerle frente.
Se aferró a la perilla, la giró y finalmente abrió la puerta. Un golpe de frío combinado con el nauseabundo mestizaje de olores chocó contra su cuerpo. Después, se encontró con una habitación atestada de flores, flores y más flores, superando incluso la capacidad de la habitación. Cubriendo cada rincón, impidiendo ver la decoración antigua o siquiera el suelo. Humo de las velas e inciensos daba más densidad al ambiente y lo oscurecían, al mismo tiempo que la luz de las pequeñas llamas trataban de brindar iluminación.
Entre la niebla invocada, Jov sólo vio una cosa, una sola, que le hizo revolver el estómago; algo como eso incluso afectaba a los monstruos como él. La cama gigantesca era lo único visible en la habitación, por lo que Jov pudo observar a la perfección los movimientos bruscos del Strigoi de cabello largo y castaño contra un bulto blanco que no emitía sonido ni movimientos.
Una rosa marchita.
Un cadáver.
Tal y como había pensado, había captado el hedor de la muerte.
— ¿¡Pero que mierda!? —exclamó Jov dando un paso hacia atrás, sin poder contenerse u ocultar su repugnancia.
Los movimientos pararon de golpe. En un abrir y cerrar de ojos Jov tenía a Dimitri, desnudo, parado frente a él con una expresión endemoniada, esculpida por la ira, la maldad, y la oscuridad del mismísimo demonio. Una expresión indescriptible y más allá de la imaginación de cualquier hombre. El demonio tomó el control y se lanzó contra Jov, tirándolo al suelo de una.
¡Un intruso! ¡Un maldito, repulsivo, asqueroso intruso!
¡Destrúyelo, destrúyelo! ¡No es suficiente! Él la vio, ¡la vio!, una basura indigna.
Él tiene que desaparecer, morir.
Jov quedó en shock, pero cuando sintió la mano de Dimitri en su cuello se forzó a salir del trance y trató de defenderse. Forcejearon y Jov trataba desesperadamente alejar las manos de Dimitri de su cuello o cabeza, pero obviamente, no pudo contra las fuerzas del infierno. Más temprano que tarde, Dimitri alcanzó su cuello con ambas manos y lo destrozó de la misma manera en la que hacía unos minutos antes Jov había destrozado el taco. Sin embargo, Dimitri no retiró su mano después de escuchar el crujido de las vértebras de su columna, siguió apretando con más fuerza y tirando hasta lograr arrancarle la cabeza, liberando un rio de sangre que manchó todo el suelo, parte de las paredes y techo.
La sangre también llegó a las flores, salpicando sus suaves pétalos de seda.
El joven Moroi renegado, no lo supo jamás pero la muerte lo había guiado hasta ese lugar. Ella fue el hilo que lo había llevado allí. Lo tomó de la mano y se lo llevó por la finca hasta el lugar donde estaba escrito que moriría. Unas letras algo sangrientas. La muerte lo hizo sin remordimiento pues repudiaba a los de su clase, seres anti naturales que estaban en sus garras, pero a la vez no. Se las ingeniaba para hacer que fueran suyos completamente.
xXx
Antes de que me diera cuenta, mis manos estaban derramando por el suelo la sangre de todo ser que hubiese interrumpido en el lecho de Roza. Por desgracia, incidentes como el de Jov se repetían, por más que tomara precauciones. ¿Si colocaba un sirviente como guardián? La curiosidad lo engatusaba. ¿Un Strigoi? Lo mismo.
Después del último intruso, esa presencia asquerosa a mis espaldas molió a golpes al anciano por no hacer su trabajo, por ser un incompetente. No valía la pena ya tenerlo a nuestro lado.
Inservible.
Me percaté que me quedaba sin hombres, eso era un problema, alguien tenía que encargarse de los mandados. Definitivamente yo no podía, sino, la hacía esperar. Sin embargo, tenía que hacerme cargo de esa situación lo antes posible, pero me desagradaba la idea de tener que dejar la finca por más de un par de horas, no me gustaba dejar vulnerable a la princesa de hielo. Pero tuve que hacerlo, tuve que hacer mi trabajo si quería continuar siendo ridículamente rico en lo que restaba de mi eternidad. Una vez que había reclutado a los Strigoi que necesitaba después de haber subido al poder, sólo salía de la finca para alimentarme de débiles humanas sacadas de cualquier parte y volvía de inmediato para continuar con la conservación de la rosa marchita.
Pero bien, ahora debía volver a hacerlo. Necesitaba más poder para hacer que los Strigoi se doblegaran, por lo que ese ser me lo dio, para que adonde sea que fuera pudiera infundir miedo a cualquier criatura viviente o no-muerta, sintiendo como si algo cambiara dentro de mí, como si me pudriera. Sin embargo, sentía un gozo inmensurable cada vez que veía que se doblegaban ante mí con tan sólo mirarlos, y quien no lo hiciera, lo aniquilaba de inmediato; de manera brutal, sin titubear.
Sólo cuando la última cabeza rodó por el suelo, tuve la conciencia de lo que me estaba pasando, en lo que me estaba convirtiendo, y, sinceramente no me molestó, no sentí miedo ni remordimiento. Sólo había dos cosas en el mundo que yo deseaba, poder y Rose. Si por lo menos tenía lo primero, todo lo demás vendría solo. Lo sentía reír a mis espaldas, una sonrisa escalofriante y cruel.
Sin embargo, había momentos de debilidad en los que una pequeña parte de razón volvía a mí, trastornándome, haciéndome preguntar: ¿por qué había aceptado el contrato de ese... ente? ¿Mantenía a Rose en esa jaula invernal? ¿Por qué continuaba aferrándose a ella si sabía claramente que estaba muerta? ¿Por qué era incapaz deshacerse de ella?
¿Por qué continuaba buscando sostén en su cuerpo?
Cuando me atacaban momentos como ese, esa cosa inmediatamente intervenía. Se cernía sobre mí y era como si me abrazara, mientras susurraba en mi oído con su voz áspera:
La necesitas, no puedes dejarla.
—Quiero deshacerme de ella. Ya no quiero verla.
No debes dejarla, ella es la fuente de tu poder.
—Es sólo un cadáver.
No, es tu hermosa y única rosa...
—Marchita. No la necesito, no lo hago. Puedo ser fuerte por mí mismo, puedo matar por mi propia mano. No necesito tu poder...
¡Lo necesitas! ¡Mira a todos los que están a tus pies gracias a mí, gracias a ella! A tú rosa no debes descuidar, síguela deseando, síguela poseyendo. Sus frías y deliciosas carnes no las puedes olvidar. Tómala de la manera en la que no podías antes, cuando estaban bajo la mira de esos ingratos Moroi. Son libres, hazlo, allégate a ella. Ella espera por ti con los brazos abiertos.
Exacto, ve a su habitación, al jardín que has hecho para ella. Un jardín en el que ninguna flor es más hermosa que ella.
Lame, muerde, lastima su cuerpo. Piérdete en ella, en su ser. Es todo lo que necesitas.
A medida que arremetía contra ella, mi cuerpo se sentía más pesado, mi mente se nublaba y sentía frío en mi espalda. Estaba controlándome, estaba consumiendo mi cuerpo. Percibía que iba a desaparecer, pero, no me importaba; "es el poder" me decía "es el poder".
xXx
Los baños de sangre se hacían más frecuentes, la gente se desvanecía a su alrededor. Cuando miraba a un lado no había nadie, pero cuando miraba al otro, veía a Rose. Entonces, no le importaba si estaba solo, la tenía a ella.
Al principio quiso ignorarlo, pero notó que los dedos de sus manos se tornaban oscuros. A medida que arrancaba, apuñalaba, robaba y violaba, esa mancha continuaba creciendo y creciendo hasta que primero fue un pequeño guante, después uno más largo, luego fue una manga que llegaba hasta su ante brazo. La gabardina que siempre llevaba servía muy bien para ocultar esa marca de maldición. Luego notó que esa mancha también crecía en sus pies, extendiéndose como las raíces en la tierra.
Es el poder creciendo en ti, deja que surja. Cuanto más grande sea, mayor serán tus dominios.
Mayor era el domino del demonio sobre él. Finalmente, estaba por absorber a Dimitri, a comerse su conciencia y usurpar su cuerpo. Su plan estaba triunfando, nadie podría detenerlo, ni siquiera el mismo Dimitri, cuya sed de sangre y poder estaban matándolo, extinguiéndolo. Para acelerar su conquista, el demonio inyectaba e inyectaba más maldad, dosis mortales; para hacer que se perdiera.
¡Oh, su amada rosa cuya muerte insistente no la abandonaba! Cuanto más tiempo pasaba, el hedor se hacía más persistente y las flores más perfumes no bastaban, nada bastaba. La finca completa se había vuelto un jardín frío, lleno de flores que había puesto él mismo, que trataban de ahogar la verdad. La naturaleza continuaba digiriéndola, por más que Dimitri, el demonio, hiciera lo imposible para impedirlo. Ella seguía pudriéndose por dentro; el simple uso del aire acondicionado no era suficiente.
Y a medida que ella iba desapareciendo, también lo hacía Dimitri. La marca ya no sólo ocupaba sus brazos y piernas, ya estaba en su pecho y caderas. También empezaba a deslizarse por su rostro. Dimitri no se molestó por ello, sólo lo aceptó, ni siquiera se preocupó por tratar de ocultarlo cuando notó la primera sombra en su barbilla. Habían desaparecido los momentos de dudas, él había aceptado su destino, el destino de un demonio; el camino del pecado, de la inmundicia y la infamia.
Ningún Strigoi inteligente se le acercaba, de hecho, cuando menos lo pensó ya no había ningún otro ejemplar de monstruo en esa ciudad. La mitad había sido asesinada por él, los otros huyeron como ratas. Los más ancianos sabían cómo terminaría él, ya lo habían visto suceder con conocidos, y no querían estar cerca cuando eso culminara.
Dimitri, el despedazador. Era como lo llegaron a llamar.
Era horrible el grito de sus víctimas cuando la magia de la coacción caía y veían con claridad su rostro oscuro, perverso y maligno.
¿Qué era lo único que lo aliviaba de tanta inmundicia? El frío cuerpo de Rose por las madrugadas heladas en la finca pero calurosas como el desierto afuera.
Una última duda surgió una de esas madrugadas, un solo miedo.
— ¿Qué he hecho? —se preguntó mientras veía el contraste de su mano negra contra la piel pálida de Rose. Pero ya era tarde, muy tarde. Mientras el demonio ahogaba el miedo de Dimitri entre los senos tiesos de Rose, el manto de noche que cubría su cuerpo llegó a su corazón. Estaba hecho.
Tendrás todo mí poder, fue lo que dije y lo cumplí. La diabólica mueca de felicidad del demonio reflejada en Dimitri no tenía descripción. Al fin había nacido, por fin se había deshecho de él. ¿Cuál fue su primera acción como un ser de carne y hueso? Con la fuerza de sus manos, extinguió de una vez por todas el cuerpo de Rose, el más fiel ayudante nunca antes existido.
Estas ya no son palabras del demonio. Bueno, depende de sus perspectivas xd.
La idea de este fic nació al mismo tiempo que Juntos para siempre, sólo que a esta jamás la había escrito porque no tenía ni idea de cómo desarrollarla (tampoco supe desarrollar JPS, pero bueno), así que se había quedado en el baúl hasta ahora. De hecho, aun cuando la escribía, la mantenía oculta. El tema escrito fue un secreto muy guardado, nadie lo sabía, quería que fuera una sorpresilla. Ni siquiera mi amore, miuv.16, lo sabía (perdóname :'v).
Y luego ni siquiera fue mi primera opción, primero había pensado incesto, hacerlos hermanos, pero la historia que se me había ocurrido no pegaba con los personajes para nada. Ni siquiera siendo Strigoi. Jeje.
Espero que les haya gustado tanto como a mí o a la chica que ayudó beteando este one-shot, brenic1love. A quien en serio agradezco por el zarpazo de tigre que le dio a la historia. A ella si tuve que decirle del one-shot por obvias razones :'v, necesitaba ayuda urgente. Cuando le envié mensaje temí que me rechazara por el tema, pero aceptó de buena gana. Gracias uwu.
Y también gracias a todos quienes lo leyeron hasta el final, y también a quienes no lo hicieron o se saltaron partes, de igual manera gracias uwu. Hecho especial para esta colección y a todos los lectores de esta. ¡Lean la siguiente historia!
*Lo marcado con el asterisco: dicen que cuando alguien muerto empieza a sudar es porque no quiere irse solo, y quien limpie el sudor, se ira con él. Obviamente esto no afecta a Dimitri porque ya esta casi muerto.
Euda.
