Y seguimos, ya vamos en el día 10 y sin saltarme ni uno, ¿qué cosas, ¿quién lo diría? Merezco mucho chocolate.
Disclaimer: InuYasha no me pertenece ni ninguno de sus personajes (para mi desgracia)
Advertencia: AU. Faltas de ortografía que haya pasado por alto.
Día 10: Deporte; aprendiz/entrenador (Idea dada por Raquel Taisho)
Luces, cámara y… ¡SessKag!
Cree en mí
Kagome supo que había fallado su salto antes siquiera de ejecutarlo, por lo que el dolor de caer en el duro hielo no fue nuevo, pero no menos doloroso. Se quedó unos instantes sin moverse, esperando sentir dolor en su pierna derecha y respiró aliviada al ver que su lesión estaba más que curada, aunque seguía teniendo ese miedo a ejecutar los saltos, los simples y dobles no eran problema, pero los triples…
Suspiró, recordando la competencia en que intentó hacer un triple Axel y cayó mal, aún podría sentir el ardor de su pierna y el dolor tan desgarrador que le siguió al instante; sacudió su cabeza para alejar ese episodio de su mente mientras se levantaba, patinaba desde que tenía memoria, pero a pesar de ser campeona de Japón aún no había podido colocarse en los podios de las competencias internacionales, siempre quedaba en segundo o tercero, por eso se arriesgó tanto el año pasado, pero pagó caro el intentarlo.
—Te dije que no vinieras sola.
Kagome se tensó al escuchar la voz de su entrenador, se giró para en efecto encontrarlo con los brazos cruzados y la cara seria de siempre, pero en sus ojos ámbares podía ver el enojo y la preocupación.
—Pensé que llegarías hasta mañana.
—Vine a penas supe que te habían permitido volver hacer los saltos, estaba seguro que no esperarías ni un minuto más —replicó acercándose a la entrada de la pista.
—Yo sólo-
—Lo sé —le interrumpió—, pero creo que no debo de expresarme bien, al parecer, porque recuerdo perfectamente cuando te pedí ser mi esposa, sé lo dije a Kagome a la mujer que le gusta leer y cocinar, no a la patinadora que muchos veneran y otros envidian.
—Sesshōmaru —murmuró prácticamente al borde de las lágrimas, sabía que muchos, la mayoría, no aprobaban su compromiso, o creían que era simple publicidad para ganar más patrocinadores y eso le hería, aunque intentara ignorar todo, simplemente parecía volver y ahogarla en un mar de dudas que resultó en un mal salto por probar que ella era digna de estar comprometida con él.
Él suspiró antes de quitar los protectores que cubrir sus patines e ingresar a la pista que le recibió con un frío escalofrío, recordándole que no estaba vestido apropiadamente para estar ahí, y aún así apenas llegó a la ciudad lo primero que hizo fue conseguir transporte para llegar a la pista de patinaje.
Kagome retrocedió, pero la barrera alrededor del hielo le acorraló hasta que él estuvo a su altura, desvió la cara, pero enseguida sintió como unos dedos apartaban los mechones de su cara antes de recorrer su mejilla y alzarle la barbilla, sus ojos se encontraron y las lágrimas se derramaron en las mejillas femeninas.
—¿Aún quieres ser mi esposa, Kagome?
—…Sí.
Ella vio cómo se suavizaba su mirada ambarina.
—Entonces —llevó ambas manos hacia el rostro de la morena para acercarla a él—, confía en la promesa que hicimos.
Kagome sonrió antes de besarlo. Sí, él era lo único que necesitaba.
Nos vemos mañana. Con amor.
FiraLili
