Y día 12 y casi no cumplo, porque no me gusta el tema que tuve que abordar :´v

Disclaimer: InuYasha no me pertenece ni ninguno de sus personajes (para mi desgracia)

Advertencia: AU. Faltas de ortografía que haya pasado por alto.

Día 12: Sesshōmaru engañando a x personaje con Kagome (Idea dada por Raquel Taisho)

Luces, cámara y… ¡SessKag!

Sólo ámame por un momento

Sabía que estaba mal, lo que hacía estaba muy mal, sin embargo, no podía detenerse, el estrés, la amargura y la rabia le sobrepasaron, por eso, a pesar de que siempre hubiera pensado que el alcohol no servía de nada sino para empeorar las cosas, ya no le importo, entró al primer bar que vio en su camino y mientras las copas se iban acumulando y la sangre subiendo, todo fue desapareciendo por un momento, ya no hubo trabajo que le agobiaba hasta ahogarlo, ya no había esposa que solamente se casó por el dinero y el apellido, no había más preocupaciones que alzar su mano para pedir otro trago.

Eso hasta que una mujer entró en su campo de visión, joven y preciosa, que desentonaba con ese lugar tan oscuro y lúgubre; ella parecía brillar al caminar y sobre todo al sonreír, esa sonrisa fue lo que hizo que mandara lo último que quedaba de su conciencia lejos, necesitaba que alguien le amará, aunque fuera una noche, su vida simplemente ya no era eso, era una jaula de oro en la que moriría, así que por eso la siguió hasta que todo fue fuego y pasión, desbordándose entre las sábanas y jadeos en la oscuridad, sin nombres, sin ataduras, sólo el consuelo de un amor imaginario.

Sólo por un momento.

Sólo por lo que durase la noche.

.

.

.

Sí.

El alcohol definitivamente era una estupidez. Lo supo al momento de abrir los ojos y sentir que todo daba vueltas, no había nauseas, pero el dolor de cabeza era persistente.

—Necesito una aspirina —murmuró para sí mismo, y notó como ésta se encontraba rasposa.

—Y agua, mucha agua.

Él abrió los ojos bruscamente al escuchar una voz femenina, sin levantarse giró con cuidado su cabeza para ver a una mujer, no, corrección; a la mujer que había abordado el día de ayer, sus ojos celestes le sonreían tal como sus labios rosas, vestía cómodamente por lo que al instante comprendió que estaba en el departamento de ella.

Ella rió al ver el mutismo del hombre así que se acercó con movimientos ágiles.

—Toma esto, el desayuno estará en un momento, puede que no tengas hambre, pero con todo los que tomaste ayer me sorprende que no te hayas intoxicado.

Sesshōmaru la miraba. Lo hacía, porque nunca se había involucrado con nadie que no fuera su esposa, las mujeres no tenían cabida en él, sin embargo, ella parecía salida de un cuento, era bella, con su piel morena, cabello azabache que mantenía dentro de una cola bastante floja que hacía que mechones rebeldes cayeran por su rosto femenino y perfectamente simétrico, pero lo que en verdad llamaba su atención no eran esas curvas que se insinuaban perfectamente, no, eran sus ojos, tan azules, como si el cielo hubiera bajo a la tierra para que los mortales pudieran alcanzarlo.

Ella depositó la taza blanca y un par de pastillas en la mesita de noche, antes de mirarle y volver a sonreír.

—No estás acostumbrado a tomar, ¿verdad? ¡Ah! —Sesshōmaru se sobresaltó cuando ella exclamó al final de su pregunta, que sonaba más a afirmación—. No deberías llegar sin esto, tu esposa se volvería loca.

Él vio como dejaba su anillo de casado junto a la taza, la actitud de ella era tan calmada que no pudo evitar que la pregunta escapase de sus labios, el alcohol al parecer aún no se le bajaba pues en condiciones normales nunca lo hubiera hecho.

—¿Te acuestas con hombres casados?

Pensó que, por fin, esa sonrisa caería y la indignación asomaría en esas bellas facciones que quería tocar de nuevo. Pero la sorpresa volvió a él, cuando la vio embozar una sonrisa más suave, casi dulce.

—No. En realidad, nunca traigo hombres a mi departamento, es una de mis reglas y menos a hombres casados, los dramas maritales son un incordio muy grande.

—Entonces…

—¿Por qué te deje venir? —Ella miró el anillo antes de sentarse en el borde de la cama, al lado de los muslos de Sesshōmaru—. Porque vi a un hombre que necesitaba amor —las yemas acariciaron los pómulos masculinos, él no se alejó del tacto; había algo tan confortante en ella y sus palabras—, a un hombre que se estaba hundiendo en un abismo que acabaría por matarle.

—¿Entonces fue pena?

—Nunca —aseguró—, sólo quería mostrarte que aún en la peor adversidad habrá alguien que venga a ayudarte.

Sesshōmaru no pudo evitar comparar a su esposa superficial, sarcástica y cruel, con esa joven de dulce mirada y bellos sentimientos, ¿quién la había puesto en su camino? Si su esposa fuera la mitad de ella, su vida sería más llevable.

—¿Dónde has estado?

Ella rió, pero se levantó.

—Iré a terminar el desayuno, el baño es la puerta izquierda y-

—¿Cuál es tu nombre?

Ella se detuvo dándole la espalda.

—… Higurashi —dio un paso hacia atrás para ladear su cuerpo y mirarle de frente—. Higurashi Kagome.

—Mi nombre es Sesshōmaru.

Kagome sonrió con gracia antes de voltearse.

—No tardes, o el desayuno se enfriará.

Sesshōmaru la vio marcharse y en menos de 40 minutos ya estaba saliendo del edificio, recién duchado, desayunado y con la cabeza más despejada que nunca, miró por una última vez el edificio, más concretamente la ventada izquierda del cuarto piso, antes de mirar el anillo que tenía en su palma y meterlo en el bolsillo de su pantalón. Tenía que ir a ver a su abogado, quería los papeles del divorcio lo más pronto posible.

Rompiendo mi saludo final, debo aclarar una cosa, estoy en contra de cualquier tipo de infidelidad, por más justificada que sea, simplemente la detesto, así que tuve que hacer malabares para poder terminar esto, pero aquí está.

Nos vemos mañana. Con amor.

FiraLili