Y día 13, disculpen la demoro, tuve un día bastante agitado, pero ya pude sentarme a subir el drabble, ¡disfrútenlo!

Disclaimer: InuYasha no me pertenece ni ninguno de sus personajes (para mi desgracia)

Advertencia: AU. Faltas de ortografía que haya pasado por alto.

Día 13: Coqueteo mesero-comensal (Idea dada por Raquel Taisho)

Luces, cámara y… ¡SessKag!

Su nombre

—Vamos, por lo menos pregunta su nombre.

—¡No!

Kagome se sonrojó ante la insistencia de su amiga pelirroja, que estaba inclinada sobre la barra que separaba el área de las mesas de donde preparaban las bebidas, pero más que inclinada casi parecía acostada para poder estar cerca de la morena que trataba de huir.

—¡Por kami! —bufó Ayame rodando los ojos—. Kagome, ese hombre, que déjame decirte por si tus ojos empiezan a fallar, está buenísimo, es como un dios griego caminado entre los mortales y es obvio que está interesado en ti. Viene todos los días, excepto el sábado que lo tienes libre, a la misma hora y en la misma mesa, hasta los clientes saben que no deben sentarse ahí. ¡Sólo acércate y pregúntale su nombre!

—¡Que no! —replicó dejando la bandeja vacía en la barra—. La mesa 3 quiere una malteada de chocolate.

Ayame gruño antes de deslizarse hacia atrás para bajarse y preparar la bebida requerida, pero mientras estaba acomodándose el uniforme, vio como el dios griego de su amiga se levantaba dejando el dinero en la mesa, algo que las confundió al principio hasta que un amigo de él -que le acompañó un día y que se interesó en la castaña que ahora se encontraba tomando su descanso- les explicó que el adonis vivió por varios años en el extranjero y se le quedó la costumbre de dejar el dinero en la mesa e irse, así que, a esas alturas, Kagome sólo iba a recoger las cosas, sin embargo, el camino rutinario a la puerta fue modificado cuando él comenzó a ir hacia ellas; la pelirroja casi suelta un grito de emoción cuando él tocó suavemente el hombro de Kagome, ¡¿dónde había una cámara cuándo se necesitaba?!, pensaba al ver el rostro sorprendido y sonrojado de la morena.

—¿S-sí? ¿Necesita algo más? —preguntó desviando ligeramente la mirada, pero sin mover la cabeza, su jefe le reñiría si se enteraba.

—En realidad, sí —replicó, su voz varonil atravesó a Kagome que hizo aún más rojas sus mejillas si eso era posible—. Tu número telefónico.

Ayame gritó.

Kagome juró por todos sus antepasados que, si le permitían salir con vida, iba a ir a rezar por todos.

—Ah… yo…

Él se inclinó.

—Por cierto, mi nombre es Sesshōmaru —él apartó un mechón azabache—, y sí, estoy interesado en ti.

Ayame juró que iba a morir de la risa, al parecer sus conversaciones no eran tan discretas como creían.

Nos vemos mañana. Con amor.

FiraLili