Disclaimer: InuYasha no me pertenece ni ninguno de sus personajes (para mi desgracia)
Advertencia: Faltas de ortografía que haya pasado por alto.
Día 24: Donde Sesshōmaru esté en los últimos momentos de la muerte de Kagome (Idea dada por Moon)
Luces, cámara y… ¡SessKag!
Precio de la libertad
Sesshōmaru entró a la habitación interrumpiendo sin anunciarse, pero no le importó; los ocupantes se sobresaltaron antes de inclinar la cabeza y retirarse de la mujer que se haya reposando entre almohadones.
—Sesshōmaru —murmuró Kagome extendiendo su mano, él acudió al instante arrodillándose a su lado.
—Kagome.
Ella sonrió al escuchar su nombre.
—Llegaste —suspiró con alivio.
Él frunció el ceño antes de dirigirle la mirada a la anciana, quien simplemente negó con la cabeza, Kagome había entregado todo para acabar con Naraku y la perla, incluyendo su vida; después de todo nada viene sin consecuencias y el precio un futuro sin la morena.
—Me llevo más de lo esperado controlar el caos que dejó Naraku en el Oeste —musitó tomando la frágil mano, en su rostro femenino ya no había ese color rosado natural, estaba pálida… demasiado pálida.
—¿Cómo están todos?
—Esperando tu regreso.
Ella sonrió al recordar a las personas que conoció estando en la Casa de la Luna, pero cuando Naraku por fin se mostró fue tiempo de entrar a la batalla, los días que siguieron se perdieron entre un sendero de sangre y muerte, hasta que al final, Kagome fue atrapada por Naraku teniendo que luchar contra él y lo hizo, se levantó una y otra vez hasta que sus manos estuvieron llenas de ampollas, sangre y mugre; y el cuerpo de Naraku se extendía a sus pies, con los ojos vacíos y sin vida. Y ahí, en medio de la sangre y las lágrimas yacía la perla que tanto daño proporcionó a todo aquel que pidiera y/o la poseyera, entonces lo supo al sostenerla, un objeto que ha sido pasando de mano en mano, llenándose de odio no iba a querer dejar el mundo tan fácil.
Siempre hay un precio por cada deseo.
La perla pidió su vida a cambió de su destrucción, ella acepto.
Sin embargo, la bondad que aún residía en la perla, la dejo volver por unos momentos, unas horas, unos días que ya se agotaron.
—Sesshōmaru, quiero salir.
Él la miró fijamente antes de mirar a las personas, a sus amigos antes de que ellos asintieran, al parecer ya se habían dicho todo.
—¿A dónde quieres ir? —preguntó al sostenerla entre sus brazos, ella suspiró aliviada como si la presencia de él le calmara el alma.
—Quiero ir al Goshinboku, los cerezos ya deben estar floreciendo.
Él no dijo nada, pero se dirigió hacia ahí, los aldeanos que la veían se inclinaban con el dolor pintado en sus rostros; ella no lo mencionó, él tampoco, no hablaron hasta llegar a su destino.
—Es hermoso —dijo con voz suave, pero transmitiendo toda su alegría en ella.
—Como tú.
Ella rió.
—Gracias, aunque estás mintiendo, yo estoy marchita.
—La belleza es relativa, ¿has visto a una flor luchar contra el invierno? Puede extinguirse, pero su lucha permanecerá por siempre en la mente de quien la vio intentar ir contra lo establecido.
Kagome se preguntó como tenía lágrimas aún después de haber llorado en los brazos de Sango y Kaede, porque no quería morir, no cuando sabía lo feliz que su futuro sería al lado de Sesshōmaru, no cuando la perla le mostró lo maravilloso que sería si no la destruía; ella quería ese mañana, quería amarlo hasta que doliera, hasta que los años de su vida se consumieran por el tiempo y no por un pago… pero, aún así, sabía que hizo lo correcto, sin embargo, no supo hasta qué grado le dolería estar de nuevo con Sesshōmaru.
—Así me dices que me recordaras.
Él se dirigió al árbol para sentarse entre las raíces y acomodarse, para dejarla sentada en su regazo y la rodeó con los brazos para mantenerla segura.
—No.
Ella le miró.
Él la beso.
—Sesshōmaru.
—No promete recordarte, te prometo mi vida y mi corazón por la eternidad —las lágrimas se desbordaron mientras él las besaba—. Te voy a buscar, Kagome. Lo haré hasta encontrarte.
—No puedes prometerme eso —ella tomó su rostro para verlo—, no puedo atarte a mí.
—Ya me has atado desde el instante en que acepté amarte.
Lloró, lloró mientras se besaban y los pétalos de cerezo caían a su alrededor, hasta que el lugar se silenció y la cabeza de Kagome cayó hacia atrás.
El precio había sido pagado.
Nos vemos mañana. Con amor.
FiraLili
