Disclaimer: InuYasha no me pertenece ni ninguno de sus personajes (para mi desgracia)

Advertencia: Faltas de ortografía que haya pasado por alto.

Día 26: Confesión accidental (Idea dada por Raquel)

Luces, cámara y… ¡SessKag!

Palabras al aire

Kagome salió de la biblioteca con el cansancio cerrando sus ojos, había pasado casi 5 horas leyendo sobre su tema de ensayo y simplemente quería llorar por lo irritado que estaban sus ojos, ¿por qué había elegido ese tema? ¿Por qué?

Suspiró mientras se afirmaba la tira de su mochila al hombro, casi se le había resbalado, ¿era legal dejar una tarea de investigación de un día para el otro? Si en Tokio no lo era, sabía que en algún otro sí, fue una mala idea tomar esa materia optativa sin sus amigas, de no ser así, por lo menos estaría sufriendo con ella en clase de cocina, aunque en realidad ella si sabía cocinar no como Ayame y Sango que tendían a incendiar las cosas, pero a la pelirroja se le había metido a la cabeza el aprender a cocinar porque había un chico del equipo de baloncesto que le gustaba y la mamá de la morena le dijo "la mejor manera de conquistar a un hombre es por su estómago", así que se inscribió al club de cocina y arrastro a la castaña con ella, pero como Kagome no quería prefirió inscribiste a la clase de historia antigua, ahora estaba muy arrepentida.

Sus pasos le llevaron hasta el salón donde tomaba la optativa, ¿sería tan descabellado el plan de Ayame y quemarlo? Le daría algo de tiempo hacer preparar la investigación, porque sentía que no tendría anda coherente para mañana, por lo menos no si dormía. De repente sus ojos se dirigieron al último asiento al lado del ventanal, fue casi automático, eso hacía cada vez que entraba a tomar el tema del día, sin embargo, esta vez el lugar estaba vacío y el hombre de cabellera plateada y hermosos ojos ámbares no estaba.

Nunca, nunca se lo confesaría a Ayame, tal vez a Sango más adelante, cuando tuvieran 30 y casadas o viajando por el mundo, lo que fuera, de que sí hubo una razón para tomar esa materia en concreto y no haberlas acompañado, y esa razón tenía un nombre y apellido.

Sesshōmaru Taishō.

Lo conoció durante su primer año, pero no como los demás, no como el hombre que tenía el mejor cuerpo, el mejor historial académico y el mejor espadachín en esgrima que la preparatoria haya tenido el placer de conocer; y sin embargo, ella vio más, lo vio un día de lluvia empapado mientras le daba su paraguas a una mujer que llevaba en brazos a su hija de unos 3 años, y que rechazó cualquier cosa, sólo dio un leve cabeceo antes de seguir su camino como si la torrencial lluvia fuera una leve llovizna, durante los meses que siguieron fue atrayéndole cada vez más, aunque nunca dijo nada y no sabía si hacerlo, es decir, era casi seguro que él ni la conocía y llegar nada más así y confesársele era como algo muy tonto, pero no sabía cómo acercarse a él sin parecer otra de sus fanáticas locas.

Caminó hacia el asiento del ambarino, si sólo pudiera decírselo.

—Sin tan sólo pudiera decir: Hola, mi nombre es Kagome, te vi hace tres años ayudando a una mujer en la lluvia y desde ahí como que tuve un enamoramiento de ti, que simplemente creció y creció hasta lo que hoy siento, y sé que vas a decir que estoy loca, que ni siquiera me conoces, pero si por lo menos me dejaras ser tu amiga o alguien cercana a ti, sería tan feliz y si eso no te convence cocino excelente, ¿qué dices?

—Digo que es una interesante forma de pasar tu tarde.

Kagome que estaba mirando, en ese punto, por la ventana se giró bruscamente al oír una voz masculina llenar el ambiente, sus ojos casi se salieron de sus cuencas al mirar directamente a ese color tan bonito y exótico; se sintió morir, ¿no había alguna forma de que la tierra se la tragara?

—Yo… yo… sólo quería…

—¿Ser mi amiga? —preguntó levantando su ceja derecha, ella se sonrojó en el acto, si aún pensaba que de alguna manera Sesshōmaru no la hubiera escuchado, pero con esa pregunta se esfumada su deseo—. No creo que tú quieras eso, ¿o sí?

¿Alguien podría matarla? Sería un acto de piedad, no podía dejar de pensar eso, mientras buscaba una ruta de escape y pensar que excusa podría darle a la administración para que la sacaran de esa clase; y tal vez, podría convencer a su madre de cambiarla de escuela, ella era buena y comprensiva, seguro lo hacía.

—No, yo sólo estaba… no quise decir… lo siento, disculpa olvida todo esto —musitó lo más alto, entendible, pero rápido que pudo, antes de reafirmar su mochila al hombro e intentar salir del lugar, pero fui imposible cuando su camino lo bloqueó el cuerpo de él, que no parecía no un poco alterado, tenía una expresión, diría ella, casi divertida.

—Higurashi.

Ella le miró.

—¿Qué?

Él volvió alzar su ceja.

—Eres Higurashi Kagome, tu materia favorita es literatura moderna, te encanta el chocolate y eres la segunda mejor arquera del equipo femenino, serías la primera si corrigieras la postura de tu codo al momento de soltar la flecha.

Decir que estaba sorprendida sería un eufemismo, ¿cómo era posible tal cosa?

—¿Cómo?

—En realidad, si te conozco, Kagome —murmuró, ella se estremeció—; siempre lo he hecho.

Ella parpadeó confundida antes de que él la besará, tomando sus labios con la desesperación de una amante que ha podido reencontrarse y de esa misma forma correspondió, se perdió en la sensación y el ardor.

Y mientras ella se aferraba a un nuevo sentimiento, él lo volvía a rememorar, porque una vez la había perdido, entre guerras y odio; y no lo volvería hacer, no ahora que ella volvía a él; por fin, volvía a él.

Nos vemos mañana. Con amor.

FiraLili