Nota de autor:

Agradezco a todos y todas, la paciencia de esperar.

En el otro Fic, Harry Potter y el Poder del Conocimiento, sí que voy a continuarle, aunque de momento esté en suspensión, tengo un capitulo a medias, después de todo.

Con referente a éste fic, iré actualizando cada pocos días, hasta que suba los capítulos que ya tengo reescritos.

Cuando tenga los capítulos reescritos, imagino que iré subiendo una vez a la semana, en caso contrario, avisaré con tiempo.

Por otra parte, las parejas están más o menos decididas, así que siento que no vaya a ser posible con Fleur, dado que tengo otro fic, en el que ella y su hermana sí que son pareja de Harry.

Un saludo a todos y todas, y muchas gracias por vuestra paciencia una vez más.

CAPITULO 1

DESCUBRIENDO LA HERENCIA MÁGICA Y DE COMPRAS EN EL CALLEJÓN DIAGON

El legado de los Peverell, como bien Markus Peverell había dicho en repetidas ocasiones era la Nigromancia.

Todo comenzó hace unos cinco mil años más o menos cuando el primer Peverell apareció en la historia, siendo éste un joven aprendiz de uno de los templos de la muerte en Mesopotamia. Este joven aprendiz de sacerdote se interesó tanto en la parte de resucitar a los muertos o incluso de traer sus almas del más allá para cuestionarlos, que decidió ser el primero de su familia en convertirse en un nigromante profesional.

Esa decisión se llevó a cabo con orgullo y mucho tesón, puesto que no podía ser tomada a la ligera. Después de completar con éxito los rituales que se necesitaban para poder llevar el poder de la nigromancia, éste Peverell hizo algo que muchos pensaron descabellado para la época, para que su línea familiar no se perdiera y se respetara, todos los descendientes del mismo apellido, debían de conocer al menos la magia que él mismo estudió y que con el paso de los años fue mejorando.

Gracias a las sendas de la nigromancia, éste Peverell pudo ir componiendo la magia y crenado nueva magia basada en el arte mencionado. También estudió la magia del alma, como tan estrechamente estaba vinculada.

Después de tomar la decisión y crear el ritual de sangre, la nigromancia se convirtió en la magia familiar de los Peverell y éste sacerdote del templo del dios Muerte, tuvo que abandonar la ciudad, al llevarse todo el conocimiento que había investigado e ido creando, pues los demás sacerdotes lo querían para sí mismos.

Yéndose de allí, consiguió salvar su vida y la del resto de su familia, así los Peverell nacieron en el mundo y fueron muy respetados durante más de cinco mil años.

Hasta que un día en las islas británicas la rama Peverell tuvo que dividirse en tres importantes familias, teniendo la cuarta, los Peverell, todavía en existencia, pero con la cabeza gacha.

Las familias fueron: los Potter, los Slytherin y los Gryffindor. Los Peverell también estaban activos, pero como se había dicho, manteniendo un perfil bajo y continuando con su magia familiar escondidos del ojo de la sociedad.

Mientras que algunos obtuvieron puestos de trabajo en la enseñanza, otros lo hicieron a través de la creación de hechizos y varitas/varas, capas de invisibilidad y muchas otras cosas que el mundo mágico de la época se benefició, hasta la llegada de los hermanos Peverell: Antioch, Cadmus e Ignotus.

Los tres hermanos no pudieron mantener la cabeza y el perfil bajo con sus creaciones, por ello decidieron en última instancia cerrar el Castillo Peverell y todo el conocimiento en él y estar a la sombra de su reputación.

Por desgracia, los dos primeros hermanos murieron en trágicas muertes, lo que llevó al tercer hermano a esconderse tras el apellido de los Potter.

Antioch en su infinita sabiduría, quiso esconder a su familia en el apellido Gryffindor, casando a Godric, su hijo con una Gryffindor.

Cadmus hizo algo similar con su hijo, Salazar, casándolo en la familia Slytherin.

Esos dos herederos Peverell, fueron nombrados por los fundadores de las casas, haciendo que la gente los confundiera, pero en última instancia se respetaran por sus grandes logros.

Así es como la gran familia del primer Peverell se dividió en tantas subfamilias, de las cuales de Slytherin y Gryffindor quedarían emparentadas lejanamente con los Gaunt y los Potter, hasta el día de hoy, en el que el joven Harry Potter-Peverell nació y estuvo decidiendo en todo el aprendizaje con su mentor Markus, el de fusionar todas las subfamilias Peverell, dentro de la misma familia, para recuperar el honor del primer Peverell.

Ahora Harry escuchaba con especial atención a su mentor, el cual le estaba dando la explicación sobre las diferentes sendas de la nigromancia.

- La nigromancia es al mismo tiempo una disciplina y una escuela de aprendizaje mágico dedicada al control de las almas de los muertos. Se parece a la Taumaturgia en que, en vez de ser una progresión de poderes estrictamente lineal, consiste en diferentes "sendas" con sus correspondientes rituales. Los nigromantes más poderosos pueden invocar a los muertos, expulsar o aprisionar almas e incluso reinsertar a los fantasmas en cuerpos vivos (o no-muertos). No es necesario decir que el estudio de esta Disciplina no está muy extendido entre los Vástagos; sus practicantes, especialmente los Giovanni, son rehuidos e ignorados siempre que es posible.

Ahora, hay diferentes escuelas, como podrás comprobar Harry, pero a lo largo de los siglos y milenios fueron apareciendo nuevos nombres a ellas, tales como los Giovanni. Parece que es poco importante, pero en realidad sí que importa, pues te iré diciendo a lo largo de la explicación como fue evolucionando. Al principio se encargaban las escuelas de sacerdotes en diferentes templos dedicados a la muerte. Cuando la maldición vampírica llegó al mundo, los vampiros tenían el don en su sangre o su alma de la nigromancia. En nuestra familia, seguimos las sendas, pero también el resto de nigromancia. Es complicado, pero aprenderás con el tiempo, que puede ser beneficioso.

Volviendo al tema de la Taumaturgia, la Nigromancia también ha dado pie a una serie de rituales. Aunque no son de efecto tan inmediato como los poderes básicos de la Nigromancia (hechizos, maldiciones, encantamientos, Pociones o Alquimia), estas ceremonias pueden tener efectos impresionantes a largo plazo. No sorprende que el objeto de estos poderes sean cadáveres enterrados hace tiempo, manos de ahorcado y demás parafernalia, así que obtener los elementos adecuados puede ser complicado. La escasez de estos componentes limita la frecuencia de los rituales nigrománticos, haciendo que los demás Vástagos respiren (metafóricamente) aliviados.

- Pero Markus… si un Vástago puede hacer eso… ¿Quiere decir que yo no podré? No soy un Vástago después de todo.

- Cierto, no eres un Vástago, pero tendrás el conocimiento y la capacidad para explorar ésta área de la Nigromancia. Y sí, podrás realizar los rituales. ¿Más preguntas?

- Sí… los componentes de los que has hablado, es posible tener una mano en la creación de ellos. ¿Tales como en el del ahorcado?

- Es mejor si el ahorcado ha sido condenado por el delito específico, pero sí, puedes tener una mano, aunque el ritual no sea luego tan fuerte y poderoso, seguirá siendo válido. En el caso de la mano de los ladrones, puedes cosecharla tú mismo, tanto de un ladrón vivo que haya sido pillado y encarcelado o de algún ladrón muerto que haya sido ejecutado por ello.

- Entiendo, gracias Markus.

- No hay de qué. Volviendo al tema que nos ocupa, el sistema es el siguiente: un nigromante Cainita debe aprender al menos tres niveles en la senda del Sepulcro antes de aprender el primero en una de las otras dos. Cainita es un título dado al nigromante.- Explicó Markus antes de que Harry preguntara. – Como oirás a partir de ahora, hay muchos títulos. Eso lo estudiarás más adelante.

Después deberá alcanzar la maestría en la Senda Primaria, que contiene cinco niveles, antes de adquirir el primer nivel en la tercera Senda.

Como con la Taumaturgia, el avance en la Senda Primaria (en este caso la del Sepulcro) cuesta la experiencia normal, mientras que el estudio de las secuencias es más oneroso. Como la Nigromancia no es un estudio tan rígido como la Taumaturgia, las tiradas en la magia o como se diría ahora, el drenaje mágico, puede variar de una senda a otra, e incluso dentro de una misma senda.

Ahora vamos a ver las sendas. La primera de ellas es la Senda del Sepulcro:

En esta senda, veremos los diferentes poderes y sus usos, lo cual el primero de ellos es la Penetración. Este poder permite a un nigromante mirar a los ojos de un cadáver y ver reflejado en ellos lo último que contempló antes de morir. La imagen solo será visible en las retinas por el nigromante que use Penetración. El sistema de este poder requiere una tirada de percepción más ocultismo (dificultad 8 para las criaturas que estuvieron vivas, 10 para las no vivas, como los vampiros) mientras se observan los ojos del objetivo. El número determinará la claridad de la visión; un fracaso mostrará al nigromante su propia Muerte Definitiva, lo que puede inducir el Rötschreck.

Los grados de éxito son los siguientes:

1 éxito Sensación básica de la muerte del sujeto.

2 éxitos Imagen clara de la muerte del sujeto y de los segundos precedentes a ésta.

3 éxitos Imagen clara, con sonido, de los minutos anteriores a la muerte.

4 éxitos Imagen clara, con sonido, de la media hora anterior a la muerte.

5 éxitos Percepción Sensorial completa de la hora anterior a la muerte.

El siguiente poder es: Invocar Espíritu. Este poder permite al nigromante llamar a un fantasma del Inframundo, aunque solo para conversar con él. Para lograrlo, el Giovanni tiene que cumplir ciertas condiciones:

El nigromante debe conocer el nombre del fantasma, aunque bastaría una imagen obtenida mediante psicometría. Debe haber cerca algún objeto con el que el fantasma tuviera contacto en su vida. Si el objeto era muy importante para él, las posibilidades de éxito aumentan enormemente.

Con este poder no se puede invocar ciertos tipos de fantasmas. Los vampiros alcanzan la Golconda antes de su Muerte Definitiva, o los que fueron diabolizados, están más allá del alcance de estas invocaciones. Tampoco se puede llamar a muchos fantasmas de los muertos, ya que están destruidos, son incapaces de regresar al plano mortal o se perdieron en la tormenta eterna del Inframundo.

El sistema para usar invocación de espíritus, se debe tener percepción más ocultismo (dificultad 7 o la Fuerza de Voluntad del fantasma, si el invocador o narrador lo conoce). El número de éxitos indica la disposición del espíritu y el tiempo de la criatura se quedará por las inmediaciones. Los fantasmas invocados serán visibles y audibles por parte de aquel que los invocó, y así permanecerán hasta que pase el efecto. Los fantasmas que deseen ser llamados pueden aparecer voluntariamente.

Si el nigromante fracasa en la tirada de invocación, llamará a un espíritu malévolo, también conocidos como espectros, que inmediatamente empezará a atormentar al nigromante.

El siguiente poder es Ordenar a Espíritu. Un vampiro puede lograr que un espíritu obedezca sus órdenes durante un tiempo. Este poder es peligroso, y cuando no se emplea de forma adecuada supone un riesgo tanto para el vampiro como para el fantasma.
Sistema: Para dar órdenes a un espíritu el vampiro tiene que invocarlo primero con éxito. Antes de que el fantasma abandone el lugar el jugador tirará Manipulación + Ocultismo (la dificultad es la Fuerza de Voluntad del objeto). El espíritu podrá gastar Phatos (el equivalente fantasmal de la sangre; asume una reserva de 1-10 con una media de 7) para resistirse; cada punto gastado eliminará un éxito del vampiro (que podrá intentar dar órdenes varias veces a un mismo espíritu durante una sola invocación).

Los grados de éxito son los siguientes:

Fallo

La restricción de la invocación queda cancelada y el fantasma es libre para marcharse. Muchos espíritus aprovecharan la oportunidad para atacar a aquellos que pretendían esclavizarlos.

1 éxito

El fantasma debe quedarse cerca; no podrá atacar a ninguna criatura sin el consentimiento del nigromante.

2 éxitos

El fantasma está obligado a quedarse y a responder a las preguntas, aunque hay que formularlas cuidadosamente.

3 éxitos

El fantasma debe quedarse y responder la verdad a cualquier pregunta, sin evasión u omisión.

4 éxitos

El fantasma debe permanecer y responder la verdad a cualquier pregunta que se le haga. También deberá realizar cualquier servicio ordenado por su nuevo maestro, aunque quedará vinculado por la letra de la orden, no por su espíritu.

5 éxitos

El fantasma está atrapado; deberá obedecer las órdenes del vampiro con la mayor diligencia posible.

Estas órdenes atan a los fantasmas durante una hora por cada éxito logrado. Si el vampiro lo desea puede gastar un punto temporal de Fuerza de Voluntad para mantener una noche más el dominio sobre el fantasma. El gasto de un punto permanente ata al fantasma durante un año y un día.

El siguiente poder es Embrujar. Este poder lo que hace es atar al fantasma invocado a un lugar determinado o, en casos extremos, a un objeto. El espíritu no podrá abandonar la zona sin arriesgarse a ser destruido: si lo intenta deberá hacer una tirada de Fuerza de Voluntad (dificultad 10, son necesarios 2 éxitos) o sufrirá un nivel de daño agravado. Si el fantasma se queda sin niveles de salud será arrojado al Inframundo, donde se enfrentará a su destrucción.
Sistema: El nigromante tira Manipulación + Ocultismo (la dificultad es la Fuerza de Voluntad si el objeto se resiste, 4 en caso contrario). Cada éxito atará al fantasma al lugar decidido por el nigromante durante una noche. Con el gasto de un punto de Fuerza de Voluntad el plazo se convierte en una semana. Un punto permanente aumenta la duración a un año.
El siguiente poder es Atormentar. Mediante el uso de este poder los antiguos Giovanni convencen a los fantasmas para que se comporten... por su propio bien. Atormentar permite al vampiro golpear a un espíritu como si se encontrara en las tierras de los muertos, causando daño a su forma ectoplásmica. El Vástago permanece en el mundo real, por lo que el fantasma no podrá responder a los ataques.
Sistema: El jugador tira Resistencia + Empatía (la dificultad es la Fuerza de Voluntad del objetivo) para que el vampiro pueda "tocar" al espíritu. Cada éxito causa un nivel de daño agravado. Si el fantasma pierde todos sus niveles de daño desaparecerá inmediatamente, arrastrando hacia lo que parece ser un portal a un terrible mundo de pesadillas. Los espíritus así "destruidos" no podrán regresar al mundo real durante un mes o más, incluso pueden no volver nunca más siendo engullidos por el olvido.

La Senda del Osario.

La Senda del Osario se ocupa principalmente de los cadáveres y de los métodos por los que las almas muertas pueden regresar al mundo de los vivos, temporal o permanentemente.
Tremens.
Tremens permite a un Nigromante animar durante una acción la carne de un cadáver. Un brazo podría extenderse repentinamente, un muerto podría sentarse o unos ojos sin vida abrirse en el momento menos esperado. No hace falta decir que estas cosas suelen provocar una gran reacción en todos aquellos que no esperan que el familiar, recientemente fallecido salga rodando de su ataúd...
Sistema: Para usar Tremens el nigromante gasta un único punto de sangre y hace una tirada de Destreza + Ocultismo (dificultad 6). Cuantos más éxitos se logren más complicadas podrá ser la acción ordenada. Un éxito concede un movimiento repentino como un espasmo, mientras que cinco permiten al vampiro especificar las condiciones en las que se anima el cadáver ("La próxima vez que alguien entre en la estancia quiero que el cuerpo se incorpore y abra los ojos"). En ninguna circunstancia se podrá usar Tremens para que un cadáver ataque o cause daño.
Las Escobas del Aprendiz.
Con este poder el nigromante puede lograr que un cuerpo muerto se incorpore y realice una función sencilla. Por ejemplo, el cadáver podría ser puesto a llevar objetos pesados, a cavar o arrastrarse de un lugar a otro. Estos cuerpos no atacarán ni se defenderán si alguien interfiere en su función, sino que seguirán intentando cumplir sus órdenes hasta que sean incapacitados para ello (lo que suele conseguirse con el desmembramiento, el fuego o alguna otra acción destructiva).
Sistema: Una tirada de Astucia + Ocultismo (dificultad 7) y el gasto de un punto de sangre y otro de Fuerza de Voluntad son todo lo que necesita para animar un cadáver. El número de muertos animados es igual al de éxitos obtenidos. El nigromante deberá entonces declarar la tarea que realizarán los zombis, que se pondrán manos a la obra hasta que terminen el trabajo (momento en el que se derrumban) o hasta que algo (incluyendo el tiempo) los destruya.
Los cuerpos alimentados por este poder siguen descomponiéndose, aunque mucho más lentamente de lo normal.
Hordas Tambaleantes.
Este poder crea exactamente lo que se podía esperar: cuerpos reanimados con la capacidad de atacar, aunque de forma torpe y lenta. Una vez animados los cadáveres esperan (años, si es necesario) hasta cumplir con sus órdenes. Éstas podrían ser proteger un determinado lugar o atacar inmediatamente, y serán cumplidas hasta que el último sea destruido.
Sistema: El jugador invierte un punto de Fuerza de Voluntad y gasta un punto de sangre por cada cadáver que quiera animar. Después deberá superar una tirada de Astucia + Ocultismo (dificultad 8); cada éxito permitirá al vampiro levantar a otro cadáver de la tumba. Cada zombi (a falta de un término mejor puede seguir una instrucción sencilla, como "Quédate aquí y protege el cementerio de cualquier intruso" o "¡Mátalos!". Nota: Los zombis creados con Hordas Tambaleantes esperarán lo que sea necesario para cumplir sus funciones. Mucho después de que la carne haya desaparecido de sus huesos animados místicamente esperarán... esperarán... esperarán... siendo aún capaces de cumplir con sus funciones.
Características de los Zombis.
Los cadáveres animados por un nigromante con la Senda del Osario tienen Fuerza 3, Destreza 2, Resistencia 4, Pelea 2 y siempre actúan los últimos en un turno (salvo circunstancias especiales). Tienen cero puntos de Fuerza de Voluntad para gastar, pero se resistirán ante los ataques como si su puntuación fuera 10. Todas las puntuaciones Sociales y Mentales de los cadáveres animados son cero, y nunca intentan esquivar. Sus reservas de dados no se ven afectadas por las heridas, salvo causadas por el fuego, los colmillos y las garras de las criaturas sobrenaturales. Casi todos los Zombis tienen 10 niveles de salud, pero son incapaces de curar las heridas recibidas.
Robar Alma.
Este poder puede afectar a los vivos, no a los muertos. Sin embargo, convierte temporalmente a un alma viviente en una especie de fantasma, ya que permite al nigromante arrancarla de un cuerpo mortal o vampírico. Un humano exiliado de su cuerpo por este poder se convierte en un espíritu con un único vínculo con el mundo real: su cáscara vacía.
Sistema: El jugador gasta un punto de Fuerza de Voluntad y hace una tirada enfrentada del mismo rasgo contra la víctima (dificultad 6). Los éxitos indican el número de horas que el alma es obligada a permanecer fuera de su cuerpo, que permanecerá clínicamente vivo, aunque catatónico.
Este poder puede emplearse para crear anfitriones adecuados de Posesión Demoníaca.
Posesión Demoníaca.
Este poder permite a un vampiro introducir un alma en un cuerpo muerto recientemente para que lo habite mientras dure el efecto. De este modo se obtiene un cadáver reanimado que en una semana se estará descomponiendo, pero que sirve para que un fantasma o un alma vagabunda (por ejemplo, la de un vampiro empleando Proyección Psíquica) dispongan de un hogar temporal en el mundo físico.
Sistema: El cuerpo en cuestión no puede llevar muerto más de 30 minutos, y el nuevo inquilino debe estar dispuesto a ocuparlo (no es posible obligar a un fantasma o a una forma astral a entrar en una cáscara). Por supuesto, casi todos los fantasmas aceptarán encantados la oportunidad. Si por cualquier motivo el vampiro deseara introducir un alma en el cuerpo de otro vampiro (antes de que se convierta en cenizas), el nigromante debería lograr cinco éxitos en una tirada enfrentada de Fuerza de Voluntad contra el propietario original del cuerpo. Si no se vence la entrada estará vedada.
Nota: El alma podrá emplear cualquier habilidad física (Esquivar, Pelea, Potencia, etc.) de su nuevo hogar, así como las capacidades mentales propias (Informática, Leyes, Presencia, etc.) que posea en su nueva existencia. No podrá hacer antiguas aptitudes físicas ni de las mentales de su nuevo cuerpo.

La Senda de las Cenizas.

La Senda de las Cenizas permite a los nigromantes observar las tierras de los muertos e incluso afectar a los objetos y criaturas que las habitan. De las tres Sendas de la Nigromancia esta es la más peligrosa, ya que muchos de los poderes aumentan la vulnerabilidad del vampiro a los fantasmas.
Visión del Manto.
Este poder permite al nigromante ver a través del Manto, la barrera mística que separa el mundo de los vivos del Inframundo. El vampiro podrá contemplar los edificios y otros objetos fantasmales, el paisaje conocido como las Tierras de las Sombras y a los propios muertos sin reposo. Sin embargo, lo más probable es que cualquier espíritu detecte que hay un vampiro observándolo, lo que puede tener desagradables consecuencias.
Sistema: Una tirada de Percepción + Alerta (dificultad 7) permite al nigromante utilizar la Visión del Manto. Los efectos duran una escena.
Lenguas sin Vida.
Mientras el poder anterior permitía ver a los fantasmas, éste otorga la capacidad de conversar con ellos sin esfuerzo. Después de activar Lenguas sin Vida el nigromante podrá tener conversaciones con los moradores del tenebroso Inframundo sin tener que gastar sangre y sin obligar a los fantasmas a realizar esfuerzos.
Sistema: el uso de este poder requiere de una tirada de Percepción + Ocultismo (dificultad 6) y del gasto de un punto de Fuerza de Voluntad. Lenguas sin Vida también concede los efectos de Visión del Manto, por lo que el vampiro podrá ver a aquellos con los que conversa.
Mano Muerta.
De forma similar al poder Atormentar de la Senda del Sepulcro, Mano Muerta permite al nigromante atravesar el Manto y afectar a los objetos ectoplásmicos como si fueran físicos. Los fantasmas serán sólidos para los Vástagos que utilizan este poder, por lo que podrán ser atacados. Además, el nigromante podrá coger los objetos "muertos", relacionarse con los edificios espirituales (dando a los espectadores en el mundo real la sensación de que el vampiro está caminando por el aire) y, en general, existir en ambas "dimensiones". A cambio, el vampiro será totalmente sólido para los residentes del Inframundo... y para cualquier arma que puedan tener.

Sistema: El jugador gasta un punto de Fuerza de Voluntad y hace una tirada de Astucia + Ocultismo (dificultad 7). Por cada escena que el vampiro desee estar en contacto con el Inframundo se deberá gastar un punto de sangre.
Ex Nihilo.
Ex Nihilo permite a un nigromante entrar físicamente en el Inframundo. Mientras esté en las tierras de los muertos será, en esencia, un fantasma extraordinariamente sólido. Mantendrá el número normal de niveles de salud, pero solo podrá ser afectado por aquellas cosas que causen daño agravado a los fantasmas (armas forjadas con almas, algunos poderes espectrales, etc.). Un vampiro que se encuentre físicamente en el Inframundo podrá atravesar objetos sólidos (al coste de un nivel de salud) y permanecer "incorpóreo" después de hacerlo durante tantos turnos como su puntuación en Resistencia. Por otra parte, se verá sometido a todos los peligros del Inframundo, incluyendo la destrucción definitiva. Un vampiro muerto en las tierras de los muertos desaparecerá para siempre, más allá incluso del alcance de otros nigromantes.
Sistema: El empleo de Ex Nihilo tiene grandes efectos sobre el vampiro. Para activar el poder hay que dibujar primero un umbral con tiza o sangre sobre una superficie adecuada (nota: La puerta puede haberse dibujado con anterioridad). Después el jugador gastará dos Puntos de Fuerza de Voluntad y dos de sangre, realizando una tirada de Resistencia + Ocultismo (dificultad 8) mientras se intenta abrir físicamente la puerta. Si la tirada tiene éxito el umbral desaparece y deja paso al Inframundo.
Cuando el Vástago desee regresar al mundo real no tendrá más que concentrarse (gastando otro punto de Fuerza de Voluntad y realizando una tirada de Resistencia + Ocultismo, dificultad 6). A elección del Narrador, un vampiro que estuviera profundamente inmerso en el Inframundo podría tener que viajar hasta un lugar cercano al mundo de los vivos para cruzar. Los vampiros que se adentran demasiado en las tierras de los muertos pueden quedar atrapados para siempre.
Los Vástagos en el Inframundo no pueden alimentarse de los fantasmas: su único sustento será la sangre que lleven con ellos.
Dominio del Manto.

El nombre de este poder es algo exagerado. Dominio del Manto es la habilidad para manipular el velo que separa el mundo de los vivos del de los muertos, facilitando la tarea de un fantasma vinculado al servicio del nigromante o haciendo casi imposible que los espíritus contacten con el mundo material.
Sistema: Para ejercer este poder el vampiro gasta dos puntos de Fuerza de Voluntad e indica si quiere reforzar o debilitar el Manto. Luego se hace una tirada de Fuerza de Voluntad. Cada éxito rebaja o aumenta las dificultades de las acciones de todos los fantasmas en uno, hasta un máximo de 10 y un mínimo de 3. El Manto recuperará su consistencia normal al ritmo de un punto por hora.

Ahora, otro día te explicaré como son los rituales, de momento quiero que consideres lo que te he dicho y como ponerlo en práctica. Si bien los libros que te indicarán paso a paso lo que debes hacer están en la biblioteca del Castillo Peverell, puedes ir preparándote la Senda del Sepulcro, con los muggles aquí como conejillos de indias.- Explicó pacientemente Markus, el cual vio con una sonrisa interna, como Harry cerraba los ojos para almacenar el conocimiento que habían discutido en el día.

Después de unos momentos, Harry volvió a abrir los ojos con un poco más de compresión sobre la magia ancestral de su familia.

- Haré que te sientas orgulloso, Markus.- Prometió Harry saliendo de su estado mental de meditación y dejando a su mentor con una sonrisa en el rostro.

- Ya lo haces, ya me siento orgulloso de ti.- Dijo a la nada Markus, sonriendo con afecto al sitio vacío que había dejado Harry y sintiendo que tendría éxito en lo que se propusiera.

Salto de escena.

La semana siguiente a los estudios de la Nigromancia en el paisaje mental de Harry, los llevó a investigar de modo práctico lo que su mentor le había dicho que hiciera, para ello tendría que ir a los hospitales y cementerios, más intentar no llamar la atención sobre sí mismo, dado que podía llevar a preguntas indeseadas.

Para ello, después de las clases del colegio, clases que por cierto ya no intentaba no sobre salir, dado que los muggles estaban sujetos a su cuerda, bajo cruciales amenazas sobre la vida de su hijo y la de ellos mismos; cuando salía del colegio, Harry visitaba un pequeño hospital que había en los alrededores de Surrey, con la excusa perfecta de que andaba buscando los informes de sus padres, si tenían informes de nacimiento y esas cosas, aparte del hecho de pedir educadamente donde buscarlos.

Para desgracia suya, llamó la atención no deseada de una mujer, de Arabella Figg. Arabella Figg era una vieja arpía con la que se quedaba a veces, ya que sus parientes debían salir de vacaciones atrás en el tiempo, cuando no los tenía atados bajo su correa.

Arabella o como Harry le gustaba llamarla en su mente, la arpía Figg, estaba en el hospital en ese día tras haberse caído y roto una pierna.

En su sorpresa de encontrarse con el sobrino de Petunia en el hospital y tras estar bajo los efectos de los medicamentos para el dolor, se le escapó de que tendría que informar a Albus sobre el estado del niño. Lo cual Harry escuchó, pero no le gustó por donde iba el tren de pensamientos de la mujer.

Poniéndose a sí mismo bajo un encantamiento no me notes y haciéndose invisible, se metió en su mente para ver lo que pensaba.

Lo que encontró allí lo sorprendió en la medida más radical que se pudiera imaginar, la mujer al parecer estaba en el barrio vecino a Privet Drive, para vigilar al joven Harry y hacerse amiga de Petunia, dando consejos de vez en cuando, sobre cómo tratar al joven Peverell.

Eso sí, Arabella no sabía nada de los últimos vestigios de magia intencional de Harry, lo que le daba un suspiro de alivio, tampoco sabía nada del último año que pasó Harry atormentando a sus familiares.

Entrando un poco más en la mente de la mujer, dado que tenía curiosidad acerca del nombre de Albus, descubrió que era el hombre que lo puso en Privet Drive y que además estaba pagando a Arabella con el dinero de Harry, dinero que había robado a él mismo, tras la muerte de sus padres.

Enfurecido sobre eso, profundizó aún más, sin darse cuenta del daño que estaba haciendo en la mente de la mujer, para descubrir el plan del anciano.

Al parecer Arabella era lo que se denominaba en el mundo mágico como Squib. Un Squib era un nacido de mágicos, pero sin la magia. Algo parecido a los hijos de muggles, pero al revés de ellos.

También descubrió que ésta mujer tenía un resentimiento muy fuerte contra los Potter, algo de que los culpara de su condición, no sabía por qué, más tampoco le interesaba eso a Harry.

En definitiva, la arpía Figg era la causante de los mayores dolores de Harry en el pasado, cuando la mujer había aconsejado a Petunia para torturarlo.

Con odio renovado, Harry arrasó la mente de la mujer sin preocuparse de las consecuencias futuras, algo que, cuando salió del paisaje mental de Arabella, la encontró babeando en el suelo, con un par de enfermeras a su alrededor y médicos.

Actuando rápidamente, lanzó una pequeña sala mágica, sin dibujar runas, alrededor de las enfermeras y los médicos, para que los demás no los notasen.

Con otra de las maldiciones que Markus le había enseñado, se aseguró que los médicos cayeran muertos a intervalos del día o los días posteriores. Cuando les hicieran la autopsia, no encontrarían nada mágico, salvo por la consumición de Belladona un veneno que se utilizaba en Pociones.

En cuanto a Arabella, pensó en dejarla en ese estado de locura inducida por la Legeremancia, pero pensándolo mejor, le lanzó una maldición en la que se aseguraba de que su mente era una bomba a punto de estallar.

Cualquier persona mágica que intentara entrar en su mente, desencadenaría la maldición y haría una bomba mental, lo cual destruiría ambas mentes. La del visitante y la del huésped.

Saliendo rápidamente y sin que ningún muggle se diera cuenta de su visita al hospital, decidió dejar pasar un par de días en el tormento de los muggles del colegio, con el fin de no llamar la atención más.

Por suerte para Harry, ese día pasó a que Albus Dumbledore no estuviera en Gran Bretaña y para cuando quisiera enterarse de la suerte de Arabella, ya era demasiado tarde, pues había desaparecido en el mundo muggle, en sanatorios y hospitales que no conocía, para terminar siendo dada la eutanasia, pues no podían encontrar una forma de sanar a la mujer y al no encontrar tampoco familiares que la pudieran atender, el final de la torturadora de Arabella fue magistral.

Muerta por los propios sanadores que no pudieron cuidarla, inyectándola una inyección de veneno en las venas, lo cual le llevó a una muerte lenta y dolorosa, pero eso los muggles no lo sabrían.

Después de dos días sin saber nada de los medios de comunicación y sobre todo de los perros a los que informaba Arabella Figg, Harry decidió explorar la casa de la señora, para ver si era mágica o tenía algún tipo de sala, de la que pudiera aprender algo extra.

Ahora su lista de cosas que hacer, había aumentado en el hecho de ir a los hospitales, cementerios y la casa de Figg, para encontrar sus estudios avanzados.

El domingo, cuando todo el mundo estaba ya sea en sus casas relajándose o en las iglesias de Surrey, rezando por sus almas, Harry se encontraba en la casa de Arabella Figg, examinándola.

La casa de la señora Figg era como todas las demás casas de Surrey, idénticas en diseño por fuera, sin embargo ésta tenía algo que las demás no, magia.

Sin pasar demasiado dentro de los límites de la casa, Harry podía decir sin equivocación que tenía salas mediocres.

Las salas eran de monitoreo y anti robo, por ello no era de extrañar que los maleantes se la saltaran, cuando iban a venir a robar aquí.

También tenía salas para avisar a alguien si un mágico las cruzaba, algo que le hizo fruncir el ceño. Había otros sin número de salas, que por desgracia Harry no conocía. Lástima, le hubiera gustado pasar a la casa y ver que objetos mágicos podía hurtar de ella, pero la verdad no queriendo que esta casa se quedara allí, tendría que pensar en una manera de eliminarla. Pensando en que quizás había llegado el momento de reclamar sus títulos, dejó de lado la destrucción de la casa y se puso a ver cómo convencer a Markus sobre ir a Gringotts antes de que el año acabara.

Según Markus, cuando tuviera nueve años, tendría la capacidad de reclamar el Señorío Peverell y toda la fortuna de su familia, así como juntar las familias Slytherin, Gryffindor, Gaunt y Potter en la familia Peverell.

También tenía el derecho y el deber de ver a su casa aumentar en el poder económico, con lo que pensaba en unos cuantos negocios que podría llevar del mundo muggle al mágico, o al menos negocios no tan legales del mundo muggle.

Tales como el negocio del robo y la prostitución, según sus fuentes, el negocio de la prostitución era el negocio más antiguo del mundo, así que ¿Por qué no extenderse en el mundo mágico? Tendría que averiguarlo.

En el caso del robo, todo lo que se robara en el mundo muggle, tal como dinero, oro, joyas y demás cosas de valor, podría mandar a sus propios ladrones, para quitarlo de los muggles y revenderlo en el mundo mágico. Sería un poco turbio y tendría que hacerse con cuidado, pero bien pensado las cosas, podría funcionar.

También había pensado en investigar que negocios había en el mundo mágico y depende de cómo fuera su biblioteca, estudiar la manera de crear nuevas mejoras.

Lo que hiciera con sus negocios y futuras inversiones, afectaría de manera significativa en sus esfuerzos por llegar al gobierno mágico y por ende a su asiento en el Wizengamot. No sabía cuánto poder tenía acumulado o cuanto poder tenía las familias que pensaba juntar de nuevo, pero era claro para él, que necesitaría aliados, por ello quería mirar en unas cuantas casas nobles y antiguas, tales como los Black y los Lestrange. Según los recuerdos de Voldemort, esas familias estaban emparentadas entre sí por el matrimonio de Bellatrix Black y Rodolphus Lestrange.

Los Black también se emparentaban con los Potter, por ende, con él, un Peverell. Eso les daría prestigio a la familia Black, algo que pensaba explotar en su favor.

Pero volviendo sus pensamientos al presente, Harry llegó al cementerio de la ciudad, donde bien podría comenzar su entrenamiento práctico, levantando las salas primero.

Levantaría salas que le avisaran si algún mágico venía a husmear donde no le llamaban, también repelentes de muggles, no le interesaba que la policía local le pillara saqueando tumbas.

No es que realmente las saqueara, sino que las abriría para llamar a los espíritus de los difuntos, viendo si funcionaba lo que había aprendido. También quería saber dónde podía conseguir los elementos necesarios para los rituales, tales como la mano de un ladrón o la de un ahorcado.

Harry sospechaba que con los difuntos que habían cometido delitos de sangre, los rituales más poderosos se podrían hacer, por ello también era un bono especial, ver si algún asesino o violador estaba en ese cementerio.

Todo eso le costaría llevar a cabo un trabajo de dos meses, en los cuales estudiaría atentamente bajo la mirada de Markus las Sendas.

Era lento al principio, dado que lo hacía en su mente, pero cuando llegaba el momento de ponerlo en práctica, pudo festejar más tarde, el haber erigido bien las salas de protección alrededor del cementerio.

Días más tarde, comenzaría la ardua tarea de buscar en las tumbas de los cadáveres los elementos que él quería, más la experiencia que buscaba su ancestro Peverell en él.

Como había dicho una vez, cuanto más trabajes en ello y más experimentes, levantando los muertos, más fácil para ti será acceder a esta magia.

Al principio le dio un poco de asco el olor repugnante, pero Markus le había avisado que tendría que acostumbrarse al hedor de la muerte, más cuando él mismo utilizara seres humanos vivos para los rituales más… oscuros, por así decirlo.

Trabajando duramente para conseguir sus objetivos inmediatos, Harry consiguió una noche el espíritu de un muerto que había sido ahorcado, en un suicidio propio, la alegría de ver en la cara del joven, envió escalofríos por la columna fantasmal de dicho muerto.

- Perfecto. Ahora espíritu te mando a volver al mundo de los muertos…- Se detuvo momentáneamente cuando sintió que sus salas le alertaban de que mágicos estaban llegando en grupos grandes, al parecer la nigromancia era o bien seguida en este punto o los lacayos del ministerio y los que no entendían este arte, habían decidido aprehender al nigromante en cuestión.

Suspirando brevemente de que su éxito fuera parcial, había encontrado a uno de los que podía recolectar el elemento en cuestión, pero no podría ser esta noche.

- Maestro… si vas… al cementerio… al cementerio de la cárcel… encontrarás… de todo tipo allí.- Dijo el espíritu al ir desapareciendo, pero haciendo un favor al que lo había invocado.

Harry agradeció el hecho y en un movimiento rápido, sacó un puñal de sus ropas, lo cual utilizó para cortar la mano del cadáver.

La mano en sí ya estaba casi en los huesos, claro indicativo que era antiguo el muerto, lo que le venía de perlas. Con otro movimiento de la mano, la tumba se selló nuevamente en su sitio de descanso.

Decidiendo que hacer a continuación, Harry se preparó o bien para una batalla mágica que no sabía si podía ganar o para lo mejor, una escapada estratégica.

Una parte de él quería dañar a los lacayos ministeriales, pero otra lo pensó mejor.

Así que, optando por la solución más audaz y apremiante, se des-ilusionó así mismo y comenzó a buscar una salida sin utilizar mucho la magia.

Al día siguiente salió en las noticias lo que Harry había hecho, pero nadie siquiera sabía quién era el causante de ello.

Markus esa noche, le dijo que se detuviera y que tal vez, tendrían que comenzar con los rituales, para poder ir a Gringotts más pronto que tarde.

- Será mejor que tengas cuidado, ahora saben que hay un nigromante en esta ciudad, estarán pendientes de todos los mágicos que haya por aquí. Al menos las salas de sangre de aquí te obedecen, eso es bueno.

- Sí, pero si saben que hay un nigromante, el viejo Dumbledore tal vez pueda venir en pos de mí, para observarme. ¿Eso no intervendría con nuestros planes?

- ¿Tan mal quieres irte de aquí?

- Estaría mejor en donde realmente pertenezco, que con muggles. Además, si me voy ahora, podré estar de vuelta en unos pocos meses, cuando las cosas se calmen, o tal vez dirigir la atención hacia otro lugar.

- Eso es inteligente. Está bien, prepárate, pues el fin de semana que viene, te enseñaré los rituales nigrománticos y el ritual de herencia que tendrás que hacer en Gringotts para reclamar las reliquias. Con ellas podrás dirigir la atención hacia otros lugares, tales como Gales o Escocia.

- Gracias Markus.- Dijo Harry con una sonrisa feliz, saliendo del paisaje mental, pero no obstante yendo al imponente Castillo, para guardar sus conocimientos recién adquiridos.

Ahora la mano que había cortado, estaba fuertemente enterrada y guardada en el jardín con sus salas especiales, siendo la caja donde estaba un ancla.

Lo más curioso, es que donde la enterró, ahora ahí no crecía la hierba. Eso era normal al parecer, había ciertos inconvenientes tras volver a enterrar una mano recién cortada, pero nada negativo para el nigromante. Algo por lo que suspirar de alivio, la próxima vez no cometería el mismo error.

También era un aviso para Markus, de que Harry necesitaba de la biblioteca del Castillo Peverell para continuar mejor con su entrenamiento en la magia familiar. Por esa razón escuchó a su descendiente hablar de los planes que tenía para hacer que la casa ancestral de Peverell reluciera a su antigua gloria de nuevo.

Estaba seguro o casi al ciento por cien seguro, que los gobblins encontrarían negocios en los que invertir y tiendas que abrir para su descendiente y próximo Lord Peverell.

Salto de Línea.

El fin de semana llegó rápido para Harry y más rápido para Markus, pues lo único que hacía era existir en la mente de su descendiente, hasta al menos que completara parte del ritual que él mismo llevó hace tanto tiempo.

Pero quitándose de esos pensamientos oscuros por el momento, Markus conjuró la misma mesa y las dos sillas para su descendiente y él, poder hablar y atender respectivamente.

- Ahora bien Harry, como te dije, este fin de semana toca aprender los rituales de la nigromancia, que están sujetos a las diferentes Sendas. Una vez que tengas esto, podremos movernos a un tema superior.

- ¿Cuál sería? ¿Qué aprenderé después de estos rituales?

- Más rituales. Rituales que te permitan mantener la cordura si alguno de éstos sale mal. Rituales que mejorarán tu magia y tu perspectiva, así como los sentidos y las cualidades que tienen todas las personas. Fuerza, resistencia, velocidad, etc. también podrás ir a Gringotts a reclamar lo que te pertenece, no espero que te lo den en este momento, dado que nos movemos antes de que cumplas los nueve, pero he pensado que si en mis tiempos era así, tal vez en estos haya cambiado.

- Por supuesto, Markus. Estoy listo para empezar.

- Antes de empezar, Harry, hay algo que debo decirte y disculparme.- Dijo, observando a su aprendiz y protegido, el cual estaba mirando con un rostro interrogante. – Cuando reclames el Castillo, hay un ritual que comencé, pero que deberás acabar. ¿Estarás listo?

- Lo estaré. No te decepcionaré.

- ¿Aunque sea a causa de perderme de tu mente?

- Jamás te perderé. Siempre serás mi mentor y protector.- Dijo con el ceño fruncido ante la mera idea de perder a su mentor.

Markus solo asintió en señal de aprobación hacia Harry, el cual se quedó mirando pensativo y pensando en lo que había dicho su mentor.

Tal vez, tuviera razón en parte y no pudiera tener la compañía de Markus con él siempre, pero hasta que ese día llegara, Harry pensaría lo contrario, aunque fuera mentirse a sí mismo, necesitaba esto, al menos saber que tenía familia que todavía se interesaban por él.

- Bien, ahora a los negocios.- Dijo con una sonrisa sincera Markus. – La lección de hoy en día es sobre los rituales nigrománticos. Tienes que tener en cuenta que no solo los de las Sendas existen, sino que muchos de ellos hay, pero los que te interesan ahora y de momento, son los de las Sendas, los que tendrás que preparar y hacer algún día, para probar que conoces el camino de la magia familiar.

El primer ritual que te voy a mostrar es el ritual de la Llamada de los Muertos Hambrientos.

Primero que nada, una pequeña explicación acerca de los rituales.

Como la Taumaturgia, la Nigromancia también ha dado pie a una serie de rituales. Aunque no son de efecto tan inmediato como los poderes básicos de la Nigromancia, estos ceremoniales pueden tener impresionantes efectos a largo plazo. No sorprende que el objeto de estos poderes sean cadáveres enterrados hace tiempo, manos de ahorcados y demás parafernalia, así que obtener los elementos adecuados puede ser complicado. La escasez de estos componentes limita la frecuencia de los rituales Nigrománticos, haciendo que los demás Vástagos respiren (metafóricamente) aliviados.

- Pero Markus, esa parte es como la explicación de la nigromancia.- Interrumpió Harry un poco confuso.

- Cierto, pero como en toda explicación acerca de este arte, es necesario que se entienda de donde procede.- Contestó Markus no enfadado, sino contento de que se diera cuenta de ello. – Cómo iba diciendo, los rituales relacionados con la nigromancia son muy variados. Algunos tiene relación directa con las sendas y otros parecen haber sido enseñados por los propios fantasmas (por cualquier motivo indescifrable). Todos los nigromantes comienzan su "carrera" con un ritual de Nivel Uno, pero los demás deberán obtenerse a lo largo de la crónica. Por lo demás, los rituales Nigrománticos son idénticos a los Taumatúrgicos y se aprenden del mismo modo, aunque son totalmente incompatibles.
Los tiempos de invocación de los rituales nigrománticos varían enormemente. El nigromante tira Inteligencia + Ocultismo + nivel del ritual; un éxito indica que el ritual se desarrolló correctamente, un fallo no produce efecto alguno y un fracaso suele significar que algunos "poderes" se fijan en el invocador, normalmente en su detrimento...

Ahora el ritual de la llamada de los muertos hambrientos:

La invocación de este Ritual sólo lleva 10 minutos, pero requiere de un cabello de la cabeza del objetivo. El rito terminara con la quema de este cabello en la llama de un cirio negro, tras lo que la víctima será capaz de oír retazos de conversaciones del otro lado del Manto. Si el objetivo no está preparado, las voces pueden llegar como aullidos confusos que realizan demandas sobrenaturales; será incapaz de sacar nada en claro, y podría enloquecer temporalmente.
Ojos de la Tumba.
Este ritual, cuya invocación lleva dos horas, hace que el objetivo experimente visiones intermitentes de su muerte durante una semana. Las imágenes llegarán sin previo aviso y podrán durar hasta un minuto. El invocador no tendrá la menor idea del contenido de las visiones, ya que solo las percibirá la víctima. Cada vez que las imágenes se manifiesten el objetivo deberá tirar: Coraje o sentirse totalmente aterrorizado. Las visiones pueden llegar en cualquier momento, interfiriendo en actividades como la conducción, el disparo de un rifle automático, etc.
Ojos de la Tumba necesita un poco de tierra de un sepulcro reciente.
Faro espiritual.
Este ritual está ideado para atraer wraiths. Requiere la cabeza de un hombre olvidado de Dios: este fantasmal objeto actúa como señal luminosa para todos los wraiths de la región. Los Giovanni que han visto estos objetos en las Tierras de las Sombras dicen que los ojos, boca y orejas irradian una impía luz que atrae a los wraiths.
Si algún wraith desea evitar ir, deberá pasar una tirada de Fuerza de Voluntad a una dificultad igual a la Fuerza de Voluntad del Giovanni que hace el ritual. En caso de fallo, se puede hacer una tirada de Fuerza de Voluntad cada hora para alejarse. El ritual deja de ser efectivo al siguiente amanecer, aunque la cabeza puede usarse de nuevo.
Ritual del Grillete Desenterrado.
Este ritual requiere que el nigromante tenga una falange del esqueleto del fantasma en el que está interesado. Tras la invocación, la falange se "sintoniza" con un elemento de vital importancia para el fantasma, algo cuya posesión haría que el nigromante pudiera utilizar los poderes de la Senda del Sepulcro con mayor facilidad. Muchos vampiros toman este hueso y lo cuelgan de una cuerda, usándolo como una especie de brújula sobrenatural para seguir al objeto en cuestión.
Para invocar apropiadamente el Ritual del Grillete Desenterrado se precisan tres horas, y para ello es necesario tanto el nombre del fantasma como el hueso ya descrito, así como una esquirla de una lápida o una cruz (no necesariamente del dueño de la falange). Durante el ritual, esta piedra se convertirá en un polvo que deberá ser esparcido sobre el hueso.
Toque Cadavérico.
Cantando durante tres horas y fundiendo una muñeca de cera con la forma del objetivo, el nigromante convierte a un mortal en una burla cadavérica de sí mismo. A medida que la muñeca pierde sus rasgos la víctima se volverá fría y pegajosa. El pulso se hará débil e intermitente y la piel palidecerá. No se podrá hacer nada por impedir que se convierta en una razonable copia de un muerto viviente. No hace falta decir que este estado tiene ciertas repercusiones en la vida social. Los efectos de este ritual solo empiezan a pasar cuando se permite endurecer a la cera de la muñeca. Si ésta llega a bullir el conjuro también se rompe.
Invocar la Gracia de la Sombra.
Este ritual permite al Giovanni atisbar el aura de muerte que rodea a todos los seres vivos. Los que están familiarizados con las sutilezas de la existencia fantasmal hablan de la Sombra, el "lado oscuro" de la personalidad del wraith. Este ritual abre temporalmente un canal para el intercambio con la Sombra naciente del sujeto (que emergerá del todo posteriormente si el sujeto se convierte en un wraith). Aunque no es tan poderosa ni maligna como la Sombra de un wraith, puede revelar aspectos condenatorios de los actos de la persona, y con frecuencia llevarla a la desesperación.
En resumen, el Giovanni saca al exterior los aspectos autodestructivos de la psique del sujeto. Usado con éxito, este ritual hace que el sujeto revele sus más oscuros secretos al Giovanni: conspiraciones, traiciones, mentiras,...El sujeto puede resistirse con una tirada de Fuerza de Voluntad a una dificultad igual a la Inteligencia + Ocultismo del celebrante. Un fracaso puede suponer una tremenda sensación de remordimiento y desesperación que puede llevarle al suicidio; en esta situación no puede sacarse nada en claro.
Aferrar lo Fantasmal.
Este ritual, después de seis horas de cánticos, permite al nigromante traer un objeto del Inframundo, al mundo real. No es tan sencillo como puede parecer, ya que podrá haber algún fantasma sencillo molesto con el robo... Además, el objetivo tomado debe ser reemplazado por uno material de masa equivalente. Si no se hace así el objetivo del ritual recuperará su existencia ectoplásmica.
Los objetos tomados del Inframundo tienden a disiparse después de un año aproximadamente. Solo las cosas recientemente destruidas en el mundo real (llamadas "reliquias" por los fantasmas) pueden ser recuperadas de este modo. Los artefactos creados por los propios espíritus nunca fueron diseñados para existir fuera del Inframundo, así que se desvanecen al contacto con el plano de los vivos.- Terminó Markus con un asentimiento de cabeza hacia Harry que se había quedado fascinado con la descripción. No por ello quiere decir que habían terminado con su lección sobre el arte, sino que solo había comenzado y daría más información a lo largo de los milenios que la Familia Peverell había recaudado. – Por hoy es todo Harry, más adelante seguiremos con los rituales. Después de todo no puedo tenerte aburrido aprendiendo lecciones en tu mente.

- ¿Aburrido? No estoy aburrido, sino todo lo contrario, estoy fascinado. Ya espero el momento de continuar.

- Bien Harry, ese es el espíritu y al ánimo que quiero que muestres. Ahora tendremos que discutir tu vuelta al mundo mágico y dejar el muggle. ¿Qué te parece?

- Perfecto, simplemente perfecto. Estoy deseando dejar a los muggles y volver a donde pertenezco, a nuestro hogar ancestral.- Comentó Harry, haciendo que Markus frunciera el ceño momentáneamente y decidiera tomar el pelo un poco a Harry.

- Pensé que los muggles te estaban tratando mejor.

- Bueno sí, pero… ¡Espera! Me estás tomando el pelo.- Descubrió enseguida, lo cual Markus no pudo evitar reírse un poco entre dientes.

- Sí, lo siento, necesitaba un poco de risa y ver cómo te lo tomabas.

- No muy bien, debo decir. No me gusta la compañía de los muggles.

- Bien, pues recoge tus cosas, saldrás el mes que viene. Deberás tener cuidado con las salas, pues una vez que salgas de aquí, al año que viene, si no estás para tu cumpleaños, las salas mismas caerán.

- Entiendo. Así que tendría un año para acabar con éstos muggles.

- Sí. ¿Has decidido cómo hacerlo?

- Voy a tomar un ejemplo de la inquisición. Los quemaré vivos, sin que puedan salir de su casa. Creo que Hellfyre es una buena opción.

- Ten cuidado, Hellfyre es peligroso si no sabes cómo controlarlo. Por otro lado siempre puedes dejar que se salga de control, podrás ver como se queman todos los muggles que viven en Surrey.- Comentó a la ligera Markus. – ahora con las malas noticias, creo que podrías reclamar los títulos en el Wizengamot a los catorce años, eso lo sabes, al menos en mis tiempos era así. No lo llamábamos Wizengamot, pero es algo similar. Pero al menos podrás reclamar en Gringotts las bóvedas, propiedades y anillos de Lord. Los gobblins no hacen distinciones de edad, si puedes cuidar de ti mismo, para ellos es válido. Ahora debes estar tranquilo este mes que viene y planear con sumo cuidado tu entrada en Gringotts. Te recomiendo que utilices espejismos, para parecerte a un gobblin o a alguien más mayor. Mientras que planeas, voy a introducirte más en las runas antiguas.- Declaró Markus siempre el profesor, dado que Harry se acercaría más al mundo mágico y cuando reclamara el Castillo, tendría que poner las salas y protecciones pertinentes que habían estado latentes durante tanto tiempo.

Y así es como comenzó la instrucción secundaria de Harry en runas antiguas y amparo. Si bien ya había hecho algún que otro cameo en las runas y el amparo, todo era por el sencillo motivo de arreglar las salas de sangre a su favor, ahora en el mes a su preparación para irse de la casa, lo que estaba estudiando era el alfabeto rúnico del Futhark y sus variantes egipcias, celtas y babilónicas.

Las demás, las nórdicas las estudiaría una vez que estuviera en el Castillo Peverell y éste hubiera sido reclamado.

Por suerte, como dijo Markus, el Castillo tenía sus propias piedras de la sala, algo que no le costaría a Harry activar, pues eran por la sangre. Con un corte en la palma y pasándola por la piedra rúnica, las salas se activarían protegiendo el Castillo. Lo que sí tendría que hacer es crear una nueva piedra rúnica y enlazarla a la antigua, para que las nuevas salas pudieran activarse y así proteger mucho mejor el Castillo.

No sabía que salas poner, puesto que lo que estaba estudiando ahora era mucho más avanzado, pero Markus hablaba de unas salas especiales, que atrapaba al enemigo en ellas y si éste salía, moría. Las llamó salas de muerte.

Diez días habían pasado desde que Harry se le instruyó por vez primera en las runas básicas y ahora que dominaba la teoría al menos, comenzaron a profundizar en el arte del tallado y el conocimiento de las runas.

- Como sabrás y a pesar de que me repita demasiado, Harry, los alfabetos rúnicos son un grupo de alfabetos que comparten el uso de unas letras llamadas runas, que se emplearon para escribir en las lenguas germánicas, principalmente en Escandinavia y las islas británicas, aunque también se usaron en Europa central y oriental, durante la antigüedad y la edad media, antes y también durante la cristianización de la región.

En la antigüedad podemos decir con certeza que las runas eran más importantes, pues eran el pináculo de la magia. Con ellas podías hacer casi cualquier cosa, desde rituales hasta hacer magia con el tallado de ellas y ganar guerras. Por supuesto, todo comprendía un tiempo de hacer las cosas y es por eso, que primero aprenderás a tallarlas por arte de magia, no duran tanto tiempo como si las tallaras en piedra, pero te darán la ventaja, si un día te ves en la necesidad de tenerlas a mano.

Ahora, las variantes escandinavas del alfabeto se conocen también como Futhark, término que deriva de las seis primeras runas, que se transliteran como F, U, P, R y K. La variante anglosajona se conoce como Futhorc, debido a los cambios producidos en la pronunciación de éstas seis mismas letras en el inglés antiguo.

Con un poco de historia, como antes te he dicho, las runas más antiguas encontradas datan de alrededor del año 150 y a grandes rasgos, el alfabeto fue reemplazándose por el latino con la cristianización, alrededor del año 700 en la Europa Central y al finalizar la época Vikinga, alrededor del 1100, en Escandinavia. Sin embargo, el empleo de runas persistió en Escandinavia hasta entrado el siglo XX, especialmente en la Suecia rural, empleándose especialmente en la decoración con runas y en los calendarios rúnicos. Ya sabes cuales son los tres alfabetos rúnicos más conocidos, ¿Verdad?

- Sí, el Futhark, Futhorc y el Futhark escandinavo o joven.

- Exactamente. Ahora que sabes una vez más la historia de las runas, lo que tienes que hacer es conocerte el alfabeto de los tres y recordar cómo se escriben, para cuando lances las runas con tu magia y mente, salgan directamente, formando las salas y pabellones que quieras. Debes recordar que no solo puedes ir escribiendo al azar, sino que tienes que saber lo que escribes.

- ¿Puedo hacerlo en círculos?

- ¿Cómo? Explícate.

- Sí, es decir, cuando escriba las salas, digamos de protección o escudo, ¿Puedo hacerlas rodeándome en un círculo rúnico? O tiene que ser seguido.

- Puede ser en círculo, pero te limitará en movimiento.

- ¿Y si consigo que se muevan?

- Primero apréndete los alfabetos y luego investígalas, juega con ellas y sobre todo…

- Ten cuidado, que son volátiles. Sí, lo sé.- Terminó Harry por Markus, con un rollo de sus ojos, pero no obstante siempre llevaba en mente la misma advertencia.

Salto de Línea

Cuando el plazo para el mes que se iba a quedar en la casa de sus tíos, aumentó a tres meses más, para vergüenza de Harry y alegría de Markus, dado que la búsqueda por el Nigromante paró y la vigilancia en la casa Dursley, nunca o casi nunca estuvo demasiado presente, Harry decidió hacer caso a Markus en lo que respectaba a reclamar el Señorío Peverell a los nueve. No es que no disfrutara de la compañía de Markus, pero estaba ansioso por irse de la casa y tener un hogar, para llamarlo casa por sí mismo.

En cuanto a sus estudios fueron progresando tan rápido y adecuadamente, que, sin quererlo ya estaba probando a tallar runas más complejas y crear salas en el número 4 de Privet Drive.

El día treinta y uno de julio, por fin Harry cumplió los nueve años y Markus sabía lo que iba a venir. No iba a recibir felicitaciones de nadie en la casa, salvo por las suyas propias, que se las dio la noche anterior en el paisaje mental de éste, no, lo que sabía que iba a venir, era que Harry iba a completar la parte del ritual que Markus comenzó hace tantos siglos atrás. Tanto Markus como Harry estaban ansiosos pero por diferentes motivos. Uno, encontrar un nuevo hogar y un sitio de pertenencia.

Markus, volver al hogar con su aprendiz y presentarlo a sus antepasados Peverell y los nuevos. Un nuevo Lord Peverell se alzaría sobre este mundo y cosas nuevas y maravillosas sucederían. ¿Quién sabía lo que iba a pasar? Tal vez, Harry decidiera ir a Mesopotamia para continuar con sus estudios en Nigromancia, tal vez decidiera hacer aliados en el Wizengamot y cambiar la Bretaña mágica, no sabía lo que iba a pasar, pero estaría de acuerdo, en que todos los retratos le ayudarían en lo que fuera.

Harry se levantó ese día, vistiéndose de negro completamente, con pantalones vaqueros oscuros, zapatos negros y una camiseta de manga corta de igual color.

Para ir mejor preparado por si acaso hacía frío, tenía una chaqueta de cuero negro puesta encima de la cama, junto al lado de una pequeña bolsa, en la que había el resto de sus cosas, tales como libros mundanos y ropa que fue comprando o queriendo.

Cogiendo la chaqueta y guardando la bolsa encogida, Harry se dirigió hacia la cocina, donde encontró a Vernon y Petunia desayunando.

Al parecer Dudley estaba en casa de un amigo, un amigo no matón, al final el gordo seboso aprendió la lección de no meterse con la gente, aunque en el pensamiento de Harry, cuando recuperara el Castillo Peverell, como muchas veces había instruido y contado Markus, volvería para asegurarse que su pasado, jamás podría volverse a poner al día con él, así como ir a la casa de Marge Dursley y acabar con la perra.

Viéndolos comer tranquilamente y sin que ellos se dieran cuenta de que estaba en la misma habitación que ellos, Harry se le ocurrió un poco más de tormento, solo para no perder la costumbre.

Esperando a que alguno de ellos bebiera de su café o té, es cuando hablaría con voz sedosa, llena de amenaza y dolor.

En el momento indicado había llegado, cuando Vernon fue a tomar un sorbo del café caliente.

- Vernon.- Dijo Harry alzando la voz un poco, para hacerse oír. En ese preciso momento el nombrado Dursley se atragantó con el café y se volvió blanco como la nieve. – Necesito que me lleves hoy mismo a Londres. Ahora.- Mandó Harry, sin siquiera sentarse a desayunar con sus parientes, tenía en realidad mucha prisa y no quería que el día se le acabara. No sabía cuánto tiempo iba a necesitar en el banco.

- Por supuesto… cojo las llaves y nos vamos de inmediato, señor.- Dijo Vernon asustado de que tal vez, podría contrariar a Harry de alguna manera o forma.

En el camino a Londres, en el coche nuevo de Vernon, ninguno de los dos entabló conversación, pues ninguno tenía nada que decir al otro, ni siquiera una advertencia de Harry a su "tío" el cual miraba de vez en cuando al chico que iba sentado al lado suyo.

Cuando por fin llegaron a Londres, Harry se fue a bajar del vehículo, pero antes de eso, le dio una advertencia a Vernon.

- Es posible que después del día de hoy no me volváis a ver… si todo sale bien, seréis libres de mí. ¿Eso te gustaría?- Preguntó Harry sabiendo que le ponía en un compromiso.

Después de unos pocos tartamudeos del hombre gordito, Harry se cansó y se bajó del coche, resoplando ligeramente y encaminándose hacia Charing Cross Road, donde encontraría el Caldero Chorreante, todo gracias a su "tía" Petunia, o al menos sus pensamientos sobre el pub.

Lo descubrió al no tener mucha gente en la cual elegir para practicar Legeremancia, y por raro que pareciere, Petunia siempre pensaba en ese pub, cuando Harry estaba presente, así podría encontrar el Callejón Diagon y por supuesto, Gringotts.

También es cierto, que no solo su tía Petunia sabía dónde se encontraba, Voldemort o Tom Riddle, también lo sabía, pues cuando era un estudiante, había pasado por el Callejón, tanto Diagon como Knockturn.

Sabiendo lo que había en ambos callejones y las compras que tendría que hacer el día de hoy, si todo salía correctamente y bien, Harry entró por la puerta sin echarse ningún glamour. Sabía por experiencia que su cicatriz había desaparecido y no era nada más que tan solo una raya blanquecina en su frente.

Ahora, solamente un par de personas se fijaron en él, pero rápidamente volvieron a sus ocupaciones sin hacerle mucho caso. El barman o camarero de la barra, le dio una mirada especulativa, la cual solamente asintió Harry.

Dirigiéndose hacia la puerta de entrada al Callejón Diagon, como si muchas veces lo hubiera hecho antes, se saltó todas las miradas indiscretas y cerró la puerta detrás de él.

En la pared de ladrillos, con el dedo de su mano derecha e infundiendo magia en los correspondientes, abrió el paso para quedarse de momento maravillado.

Ese momento pasó rápido, en cuanto recordó porque estaba allí, tirando de sus escudos oclumánticos, Harry entró rápidamente al Callejón.

Caminando rápido por las tiendas del Callejón Diagon, sin detenerse a mirar alrededor, pues ya tendría más tiempo de eso cuando su negocio en Gringotts terminara, llegó a las escaleras del banco mágico, dando una ligera inclinación a los guardias gobblin, los cuales se le quedaron mirando especulativamente.

Seguro que pocos magos hacían eso, ni siquiera los hijos de muggles que entraban por primera vez al banco, siempre creyéndose superiores o creyéndose las bobadas que los que los iban a buscar decían.

Tras las puertas del banco, flanqueadas por dos gobblins a cada lado de ellas, se encontraba una sala pequeña que tenía otras puertas, seguramente llevaría a los despachos de los administradores o salas de reunión.

Gravadas en las puertas de plata había unas palabras advirtiendo a los ladrones, las cuales Harry se tomó el tiempo para apreciar.

Entre extraño, pero preste atención

A los que tienen el pecado de la codicia

Para aquellos que toman, pero no ganan,

Deberán pagar en su vuelta.

Así si busca bajo nuestros suelos

Un tesoro que nunca fue suyo

Ladrón, está advertido, tenga cuidado con

Encontrar algo más que un tesoro allí.

Cruzando las otras puertas del vestíbulo, también flanqueadas por gobblins se entraba a la sala principal, siendo ésta una cámara de mármol muy larga con más de cien gobblins sentados en taburetes altos, tras largas mesas de madera, ricamente talladas.

Esos gobblins se encargaban actualmente de contar y pesar monedas, escribiendo con la mayor reserva, examinando también las piedras preciosas, que sus largos dedos tocaban.

Admirando a los gobblins por primera vez, tomó todo en su memoria para más tarde catalogar los recuerdos en su paisaje mental. Tal vez al lado del castillo que tenía, haría una especie de banco, con estas criaturas y así podría tener más de un paisaje mental, en el mismo paisaje mental. Había leído que solo los expertos en Oclumancia, podían hacer este tipo de cosas y que pocos de ellos eran los que estaban documentados en los libros, casualmente, esos libros eran libros de familia. A nadie le gustaba que supieran de sus habilidades y mucho menos instruir a gente que no fuera de la familia, sobre ciertos tipos de artes mentales.

Acercándose a una de las mesas, saludó al gobblin que estaba contando diamantes con un monóculo minuciosamente.

- Saludos, Maestro…- Observó la placa que tenía delante, durante unos momentos, antes de volver a su interlocutor, el cual había sido llamado inmediatamente la atención. – Bogord, que tus bóvedas se llenen del oro de tus enemigos.- Saludó Harry en el idioma de la raza gobblin.

El gobblin que recibió el saludo levantó la cabeza, sorprendido, de que un niño mago le saludara en su idioma correctamente.

- Saludos Maestro mago, y que tus enemigos se arrodillen a tus pies.- Devolvió el saludo, esperando a que el mago comenzara con su negocio.

Harry asintió respetuosamente al saludo del gobblin, le hubiera gustado que utilizara el título de nigromante, pero no se podía tener todo en la vida, seguramente no lo sabría el gobblin.

- Como bien habéis observado, Maestro Bogord, estoy en el banco por un propósito noble. Mi nombre antiguo, antes de conocer mi verdadero legado, era Harry James Potter, aunque ahora voy por Harry Peverell. He venido a reclamar mi herencia. También quiero una prueba de sangre. Pagaré el impuesto necesario.- Concluyó Harry, esperando la respuesta del gobblin.

Bogord se quedó mirando sorprendido hacia Harry durante unos momentos, decir que era una sorpresa que el heredero Potter se presentara antes de cumplir los once años a reclamar su herencia, era un eufemismo. Decir que estaba sorprendido de que el niño cambiara al apellido Peverell y que además de eso, quisiera reclamar su herencia con una prueba de sangre, era mucho más de un eufemismo.

Si bien es cierto que no era la primera vez que pasaba, al menos la parte de que un heredero venía a reclamar sus títulos antes de tiempo, tenían órdenes expresas por Albus Dumbledore de que se le negara a este mago su herencia.

Pero si sabía de sus costumbres, Harry Potter o Peverell, podía invocar la magia antigua gobblin para hablar con el director Ragnok directamente, no por ello la familia Peverell fue de los primeros en tener un tratado con los gobblins, aparte del resto de los magos, tirados por el ministerio de magia.

Rodarían muchas cabezas debido a que tenían expresamente prohibido por los tratados de los magos, hacer negocios con otros magos que no fueran de la familia que servían. Además de que la Noble y Antigua Casa de Potter, era como su nombre indicaba, antigua.

No sabiendo lo que hacer a continuación, decidió ganar un poco de tiempo para ver cuán talente tenía el mago, intentando ignorar sus reclamaciones. Pero, por otra parte, si le ignoraba estaba claramente alineándose contra las costumbres gobblins y sus hermanos que no sabían del complot con Dumbledore.

Eso, llamaría la atención inmediata tanto de los ancianos gobblins, como la del Rey de la nación, lo que pasaba a ser también su director.

- Mi nombre es Bogord, como bien ya sabes joven. Soy el gerente de cuentas de la Antigua y Noble Casa de Potter y yo no te reconozco como el reclamante de las bóvedas y títulos.- Dicho eso, esperó a ver que hacía el joven delante de él. También había decidido que si no se equivocaba, ganaría el respeto y amabilidad de sus pares. Si por el contrario estaba equivocado, bueno ya vería lo que pasara entonces. Siempre podría decir que lo estaba probando y continuar para ser el gerente de cuentas, espiando para el director y jefe de magos del Wizengamot.

Harry viendo la alta traición que se estaba llevando en Gringotts, levantó una ceja en cuestión al gobblin y ponderó sus acciones a tomar.

Una de ellas era pedir audiencia con el director del banco de Gringotts para que se llevara a cabo sus reclamos. Otra, era cuando recibiera sus reclamos, sacar todo su oro y pertenencias de Gringotts y llevárselas a otro lado. Seguramente los enanos estarían dispuestos a hacer negocios con él, y posiblemente un tratado especial.

- Muy bien, no me deja otra opción entonces. Esperaba no tener que recurrir a esto.- Dijo Harry cambiando al inglés antes de volver a cambiar al idioma de los gobblins, algo que dejó sorprendido al cajero y supuesto gerente de cuentas Potter. – Yo, Harry James Potter-Peverell, hago el llamamiento de sangre sacrificada voluntariamente, para hablar con el director del banco de Gringotts. Así sea.- Con un corte superficial de su mano, salpicó un par de gotas en el escritorio del gobblin que le negó su patrimonio. Una luz dorada después, confirmó su reclamo de hablar con el director del banco.

Minutos después, vinieron un par de guerreros armados gobblins, para escoltar al despacho del director a ambos y explicar la magia involucrada al respecto. Todo esto en el lapso de unos pocos minutos y dejando a los pocos clientes del banco con la boca abierta, no sabiendo nada de lo que había pasado.

Mientras caminaban por lo que parecían ser los pasillos que conducen a los gerentes de las Antiguas y Nobles Casas, siguieron rectos hasta llegar a unas dobles puertas de roble, reforzado en lo que parecía ser oro y piedras preciosas.

De las puertas, Harry pudo sentir el pulso de la magia, de una muy antigua magia de la cual no estaba muy seguro de que sentir. Le recordaba ser familiar y muy potente. Se parecía a la magia familiar Peverell, pero con un toque diferente que no pudo explicarse.

Uno de los guardias que los escoltaron a las puertas del director entró al interior para informar de que el señor Potter-Peverell y el gerente de cuentas Bogord, gerente de las cuentas de Dumbledore, estaban presentes.

Oyendo realmente a quien pertenecía la lealtad del gobblin, Harry frunció el ceño, pero no dijo nada, todo se solventaría en unos momentos.

Cuando oyeron que podían entrar al despacho, lo primero que hizo el gerente de cuentas Dumbledore fue despotricar en el idioma gobblin sobre el niño mago que había faltado el respeto a la nación. También estaba las claras señales que le hacía el gobblin al tranquilo nigromante.

- Mis más sinceras disculpas majestad, haré que le corten la mano a este mocoso por molestarle…- Terminando de despotricar y señalando al mago en cuestión, que no parecía lo más perturbado por esta explicación.

Sin mucho preámbulo y mirando con cierto desprecio hacia Bogord, se volvió su rostro impasible hacia Ragnok, el cual había leído en la placa que tenía enfrente de él.

- Majestad Ragnok, como heredero Potter y legado Peverell, he invocado la antigua tradición en la sangre, que según mi maestro Markus Peverell, Gran Nigromante de la familia Peverell, me ha informado. Tenía entendido que cuando se invocaba esta tradición, el director del banco saludaba al invocador en cuestión y pedía amablemente que se le explicara el problema, ahora veo como han decaído las tradiciones gobblins.- Dijo con un poco de ira en sus palabras, pero no dando tiempo a que ninguno hablara después de hablar él, continuó. – Si es posible que pueda explicarme a usted, los motivos por los cuales he reclamado ante Maestro Bogord mi herencia Peverell y una prueba de sangre, estaré agradecido y olvidaré esta afrenta.- Con un asentimiento cauteloso del Rey de la Nación Gobblin, Harry pasó a explicar porqué había venido a Gringotts, también explicó lo que su reclamo de su herencia sería. Le contó sobre el ritual que Markus hizo, o al menos lo que el entendía del ritual, dado que todo era demasiado complicado de explicar a aquellos que no comprendían el arte de la nigromancia.

En definitiva el ritual se basaba, que cada generación de la familia Peverell, que fuera digno, tuviera la oportunidad de desbloquear el poder que había en su sangre y los conocimientos no se perdieran. A medida que iba hablando, Bogord, iba más blanco si era posible, al parecer sabía lo que le iba a pasar y su decisión de espiar para el viejo mago, ahora la lamentaba.

Ahora estaba lamentando internamente el hecho de haberle negado al joven mago la posibilidad de reclamar su herencia, cuando lo que realmente tendría que haber hecho, era señalar al verdadero gerente de las cuentas Potter y no mentirle. Según las tradiciones y el rostro de su rey, lamentaría con creces el hecho que estaba ocurriendo, pues la familia Peverell era la más antigua de todas ellas y con la que tenían acuerdos y tratados desde tiempos inmemoriales.

- Suficiente heredero Potter-Peverell, he escuchado a ambas partes y vamos a hacer su reclamo antes de decidir el castigo de Maestro Bogord, aquí presente.- Con un chasquido de sus dedos hizo estallar a la luz un cuenco con runas y pergamino. – Imagino que sabe para lo que sirve, señor Potter-Peverell, así no tengo que darle explicación alguna. Por favor comience.- Instruyó Ragnok con el rostro neutro y un tono de voz plano.

Después de recibir el visto bueno del rey de los gobblins, Harry se mordió la mano derecha y dejó caer unas gotas de sangre en cascada, hasta que rellenó las runas del cuenco. Al principio los gobblins estaban un poco sorprendidos de la acción tomada, normalmente se haría con una daga ceremonial o con la varita del mago, exigiendo, por supuesto poder sacarla, sin hacer daño a los gobblins.

Ragnok pensó que era interesante el niño, más viendo las reacciones de las runas y el pergamino.

En el pergamino mencionado anteriormente, se comenzó a notar claramente las letras que marcarían el destino de muchas personas, unas para bien y otras para mal.

Se veía claramente como fue creciendo el árbol genealógico de los Potter, vieron con asombro algunos y otros curiosidad, cuando se cambió al apellido Peverell en un santiamén, sin embargo el de Slytherin y el de Gryffindor aparecieron al lado del de Peverell. También estuvo presente el de Gaunt, unas líneas más debajo de Slytherin. Por último apareció el apellido Black, nombrándolo a Harry, como su heredero.

Harry frunció el ceño unos momentos, pues no sabía cuántas familias más había en la línea de Peverell.

Viendo esto, lo único que le quedó por hacer al rey gobblin, fue dar su más sincero pésame a Bogord, ya que incumplieron uno de los tratados con los Peverell.

- Esto soluciona dos problemas. Uno, Maestro Bogord debe pagar por su traición al tratado. No culpo a la nación entera, solo al traidor. - Comenzó Harry diciendo con la más naturalidad posible y plausible que pudiera tener. – Otro me concede la emancipación y por ende, la independencia. También quiero reclamar los anillos de Lord para las familias que aparecen aquí, salvo la Black, que como indica soy heredero. Quiero juntar las familias Potter, Slytherin, Gaunt y Gryffindor en la familia Peverell, que es donde deben estar.- Terminó demandando algo que al parecer al Rey Ragnok era bastante obvio, pues cuando escuchó de su reclamo Peverell, supo de inmediato que las otras subfamilias iban a ser disueltas otra vez en la primera familia a la que pertenecieron.

Con un asentimiento, movió los dedos sobre una especie de tabla con ciertas runas en ella, pocos segundos después cajas diferentes de anillos aparecieron sobre la mesa, enfrente de Ragnok y Harry.

Se conjuró esta vez una daga para que Harry tomara el procedimiento de la fusión de las familias, lo cual Harry agradeció con una inclinación de cabeza y un suspiro de alivio, en cuanto a poder hacerlo ahora.

Cortándose la palma de la mano y dejando caer unas gotas en los anillos Potter, Slytherin, Gryffindor y Gaunt, haciendo lo mismo para el Anillo Peverell, cantó en un susurro apenas audible un hechizo, fusionando los cuatro con el anillo Peverell, tras un haz de luz multicolor y un pico de magia, que todos los presentes podían sentir.

Las cuatro casas se fusionaron de nuevo a la Casa de Peverell, haciendo que en muchos sitios sucedieran ciertas cosas interesantes.

En primer lugar, en el Wizengamot los asientos de las Casas Potter, Slytherin, Gaunt y Gryffindor, desaparecieron y en su lugar apareció el asiento Peverell, el cual había estado muchos siglos, desocupado y escondido en las sombras. Asiento por el cual, nadie salvo Lord Peverell podía tocar, bajo pena de muerte inmediata. Al parecer tenía una especie de sala de muerte que reconocía a través de la magia y la sangre al dueño del asiento.

En otro sitio, a muchas millas de distancia en Escocia, en el libro de registros de nuevos estudiantes a fecha de mil novecientos noventa y uno, para entrar en ese año, se borró el nombre de Harry James Potter y en su lugar apareció Harry James Peverell.

En el ministerio de magia, en la sala de los registros de nacidos mágicos, pasó algo similar que en Hogwarts.

En Gringotts, las bóvedas Potter, Slytherin, Gaunt y Gryffindor se juntaron con las bóvedas Peverell. Haciendo que muchos de los ingresos y artefactos familiares reaparecieran en dicha bóveda.

Sin embargo había tres artefactos que todavía no aparecían.

La varita de saúco, la piedra de resurrección y la capa de invisibilidad, ante esto, se dirigió al director del banco con la ceja arqueada.

- ¿Me podría decir porque hay tres reliquias familiares que todavía no aparecen?- Preguntó un poco de mal humor, pues pensó que reclamando todas esas casas en una sola, todas las pertenencias, así como las cacareadas reliquias de la muerte, aparecerían evitándose tener que buscarlas.

- Un momento, mi Lord.- Dijo Ragnok, mientras hacía unas pruebas sobre el pergamino de propiedades y reliquias que tenía delante de él. –Al parecer, las reliquias que faltan, las va a tener que reclamar con otro ritual diferente. La varita o vara, que se ve aquí, está en posesión de Garrick Ollivander. La capa de invisibilidad, por extraño que parezca, la tiene Albus Dumbledore. Y el anillo Peverell, como es conocido en la actualidad, con la piedra de la resurrección, está en una casucha perteneciente a un… Marvolo Gaunt, en algún lugar de Little Hangleton.- Explicó Ragnok, volviendo la vista al joven Lord. Tenía curiosidad sobre cómo iba a reaccionar ante los ladrones.

Con una mirada pensativa en su rostro, el joven Harry se tomó unos momentos para pensar en sus siguientes opciones. Si reclamaba las reliquias de la familia Peverell tendría que dar explicaciones a Ollivander y Dumbledore si se encontraba con ellos y por algún casual, descubrían que las tenía. Con Ollivander no estaba seguro, ya que no creía que fuera capaz de poseer una varita y con Dumbledore, todavía dudaba de ir a Hogwarts.

Por otra parte, le pertenecían por derecho propio y luego estaba la duda de si sería inmortal. Si alguien le cuestionaba de porqué tenía las reliquias o parte de ellas, ya que el anillo no pensaba dejar que lo vieran, o la varita-vara, decidió finalmente que merecía el riesgo, probar el ritual de sangre que le instruyó Markus. Después de todo, había más beneficio que otra cosa, así por ello tomó su decisión en unos diez minutos.

- Me temo…- Empezó Harry, pasando al inglés. – Que tendré que hacer el ritual de reclamo de posesiones.- Y con eso dicho, con la misma daga ceremonial que utilizó para el ritual de heredero, se hizo un corte en la palma derecha y empezó un cántico en el idioma natal de los Peverell, un idioma que no se había escuchado en milenios.

Dicho idioma ponía a los gobblins los pelos de punta, ya que no lo entendían, pero veían claramente que el chico delante de ellos era poderoso sin varita, no querían imaginar lo que podría llegar a hacer con una.

El Rey Ragnok ya pensaba en las delicias que podría causar en su pueblo el tener un aliado tan poderoso y uno que se regía por las viejas costumbres. Cuando le dijeron que el heredero Potter estaba a la espera de que le atendiera, no se esperaba encontrarse con algo como esto y menos que mencionara que era descendiente directo de Markus Peverell, el Gran Maestro Nigromante.

Por supuesto, la raza gobblin sabía lo que un nigromante podía hacer, si este chico, que se regía por las viejas formas, estudiaba un poco de la nigromancia o al menos se interesaba por ella, las cosas se volvería muy interesante para todos los seres mágicos de Gran Bretaña.

Con un último cántico más, hubo un resplandor rojo y verde, y las reliquias de la muerte en todo su esplendor, por lo que muchos magos matarían sin dudar, aparecieron como si nada encima del escritorio del rey de los gobblins.

Con una gran sonrisa de satisfacción y pasando una mano por encima de las tres reliquias, pero sin tocarlas, empezó a buscar encantamientos, maldiciones y hechizos que no debieran estar presentes. En la varita encontró un encantamiento de seguimiento con la firma mágica de Ollivander, desechándolo rápidamente, siguió con la siguiente reliquia, preguntándose porque ese mago pondría solo un encantamiento de seguimiento en la varita.

La siguiente reliquia, la piedra, tenía dos tipos diferentes de magia en ella. El primer tipo, era un Horrocrux, magia del alma, del cual ya sabía que estaba presente. El segundo tipo de magia, era una maldición oscura que fulminaba al que tocaba el anillo.

Para con la piedra se tomó más de un momento y con las dos manos empezó un canto sumerio, para deshacerse del Horrocrux, sin tener que destruir el anillo. La maldición se rápidamente cuando el canto iba por la mitad, pero el trozo de alma de Voldemort luchó por su supervivencia con ahínco, pero al final de unos minutos más, el alma salió del anillo en forma de nube negra, siendo destruida con una ola de la mano del joven hechicero.

Por último el manto o la capa de invisibilidad, encontró varios encantamientos de seguimiento, pociones tiradas encima de él, de las cuales eran de lealtad y fidelidad hacia Albus Dumbledore y los Weasley. También se encontró con un hechizo de compulsión, curioso de hecho todo lo que encontró en el manto.

De poco le sirvió que tuviera todo eso, ya que con las dos manos empezó otro canto sumerio, totalmente diferente, siendo este uno de limpieza, siendo para lavar de magias externas. Cuando todo estuvo listo y todo el espectáculo de la magia sin foco hubo finalizado, fue recibido por los aplausos de Ragnok.

- Bravo, es la primera vez en muchos siglos que veo a alguien como tú hacer tal espectáculo de magia. Puedo suponer Lord Peverell que eres un hechicero, ¿Verdad?- Preguntó el Rey con los ojos vidriosos de la emoción y una sonrisa dentada, como si fuera un tiburón a punto de devorar a su presa.

- Gracias Majestad Ragnok, sí, soy un hechicero. Aunque creemos que con una buena cantidad de tiempo y educación, podría llegar a ser un Druida, el primero o segundo en la familia Peverell.- Contestó Harry con total tranquilidad, dando a entender que tenía un mentor en la actualidad. También tenía un dejo de cansancio en la voz, dadas las circunstancias, dado el hecho del inmenso poder mágico que pudiera tener, todavía era un niño o al menos en el cuerpo de uno. La magia que había realizado, desde bien temprano en la mañana y con los rituales, le había dado un peaje en su propia magia. Después de todo exorcizar un alma, no era una tontería. – Volviendo a asuntos más importantes, me gustaría que me diera una lista con las propiedades que poseo y activar las salas y protecciones de la Mansión Peverell, aunque según tengo entendido, mi casa ancestral es un Castillo. También me gustaría un mecanismo para sacar oro de mi bóveda sin tener que bajar y ver si mi nombre está registrado mágicamente.- Pidió Harry al Rey amablemente, mientras recogía las reliquias. El anillo se lo puso en la mano contraria que llevaba el anillo de Lord y el anillo de heredero Black. La varita, en cuanto la tocó, lanzó chispas multicolores y un fuerte estruendo en reconocimiento de su magia y sangre, dando la bienvenida a su verdadero maestro. Atándosela en la muñeca, creando las ataduras con un leve movimiento de un dedo, recogió la capa de invisibilidad y se la puso alrededor del cuerpo, haciéndole invisible durante unos instantes, hasta que después volvió a la visibilidad, revelando una capa plateada y negra que despedía un aura un tanto oscura y de gran poder.

Viendo que no tenía mucha salida, Bogord, el gobblin traidor, intentó hacer un escape para informar a Dumbledore de los acontecimientos que había presenciado.

Lo que no sabía éste, era que el niño, no el niño no, el joven hombre que tenía sentado enfrente de él, vio claramente sus intenciones y con otro movimiento de la mano y unas palabras en lo que se escuchó claramente como galés antiguo, la cabeza del antiguo regente de las cuentas Potter, se separó de su cuerpo lanzando un chorro de sangre por toda la habitación. Los demás gobblins que vieron esto, al principio no se inmutaron debido al shock de ver a uno de los suyos morir tan fácilmente.

- Dime niño, porque no debería matarte con mis propias armas.- Pidió un gobblin armado a Harry.

- Porque si no tú y tu familia moriréis por incumplimiento del tratado Gobblin-Peverell. Y tu rey y el banco serán destruidos por la magia de mi familia. ¿Alguna pregunta?- Exigió Harry bastante molesto de que le hayan cuestionado sus acciones cuando el mismo rey no había movido un dedo en señal de ataque.

Mientras todo esto sucedía, un gobblin llamado por Ragnok y de nombre Griphook fue en busca de la lista de propiedades de la familia Peverell, una bolsa sin fondo y encantada para que apareciera el oro que deseaba en el momento a entregar, una especie de tarjeta de crédito muggle, pero encantada para que los tenderos de las tiendas pudieran cobrar a los Lores o gente burgueses que podían permitirse tal lujo.

Y la negativa de que el nombre de Harry James Potter, ahora Peverell estuviera registrado mágicamente en el ministerio de magia. Esto significaba que Harry podría cambiarse el nombre por cualquiera de su propia elección.

Todo esto se hizo en el plazo de una hora, ya que el cliente al que estaban atendiendo era muy importante para el banco, tan importante que el Rey ordenó expresamente que todo se hiciera a la mayor brevedad posible y el que lo hiciera, sería el encargado de llevar las bóvedas de dicho cliente. Como todo gobblin que se precie, sabía que para ser gerente de cuentas de un cliente tan rico, sino el más rico de Europa y el quinto o décimo del mundo, hacer las cosas bien era una prioridad, por ello cuando el Rey Ragnok le nombrara gerente, Griphook usaría ambos idiomas para hacer un juramento de gerente, para no traicionar la confianza de su cliente, no quería que sucediera lo mismo que con Bogord, el cual yacía muerto y su familia sufriría las consecuencias de su traición.

Harry estaba descansando en el cómodo sofá negro de cuero, que había en la oficina del Rey Ragnok, dado que después de tantos rituales, tanto de sangre como de limpieza de las reliquias, estaba algo cansado. Cerrando los ojos lentamente y cayendo en un estado meditativo, pero en vigilia de su entorno, se reunió con su mentor Markus.

Con una ligera inclinación de cabeza y los saludos pertinentes y corteses entre maestro y aprendiz, Harry empezó a narrarle lo sucedido en el banco, o más bien a mostrarle los recuerdos en una especie de pensadero más grande, el cual los proyectaba hacia afuera, en vez de meterse dentro del mismo. Cuando Markus terminó de ver la memoria, dio a Harry una sonrisa de orgullo.

- Entonces… puedo suponer que vas a destruir a ese que se hace llamar Lord Oscuro y te atacó. Después de ver cómo te deshiciste de su alma, por supuesto.

- Ciertamente, decidí que no merece la pena entablar una asociación con un loco que quiere gobernar el mundo mágico a través del miedo, cuando con la política y los asientos que tengo ahora en el Wizengamot bastaría. El único problema sería Dumbledore, pero con la amenaza de dejar Bretaña en la ruina total, tanto mágica como financieramente, no debería ser un problema.

- Eso está bien, pero ¿Te encargarás personalmente de Voldemort?

- No, si vuelve a la vida, que se encarguen otros de él, no merece mí tiempo ni esfuerzo. Pero si me ataca, obviamente me defenderé con todo lo que tenga a mi alcance.

- Bien dicho Harry, no podrías haber hecho una elección más acertada, ningún Peverell se inclina ante nadie, ni recibe órdenes de nadie en ese sentido. ¿Qué harás ahora?

- Después de que me traigan el libro de propiedades y el mecanismo para sacar oro sin tener que bajar a las bóvedas, iré a comprar ropa y una vara de algún fabricante de ellas. No debe ser difícil, pues estamos en un callejón mágico y después iré a la mansión Peverell o Castillo. Esté donde esté.

- Es un buen plan. También puedes visitar el callejón Knockturn. Cuando consigas tu propia vara, asegúrate de fusionar la de saúco con ella, estoy seguro de que funcionará mejor. ¿Qué harás sobre los negocios? Según tengo entendido, creo que tenías ideas muy buenas para negocios.

- Sí… sobre eso primero quiero saber lo que las otras subfamilias tenía en inversiones. Una vez que sepa de ellas y de cómo la economía en el mundo mágico funciona, entonces decidiré que hacer.

- Es un buen plan, siempre hay que saber cómo funcionan las cosas en la actualidad. Pero deberías preguntar por la economía alimenticia.

- ¿Alimenticia?

- Sí, si controlas lo que consume la gente, tales como alimentos, tendrás más poder. Los alimentos en mi época eran llevados por granjeros, ellos podrían ser analfabetos y no tener idea de mucha magia, pero sabían de lo suyo a la hora de cuidar de una granja. En algunos círculos eran respetados, pues ellos podían muy bien dejar de vender. Lo mismo sucede con la pesca y el ganado.

- Entiendo, veré lo que se puede hacer. De momento creo que debo volver a la vigilia, parece ser que pronto el gobblin con lo que me interesa estará aquí.

- Ten cuidado, Harry.

- Siempre.- Dijo Harry despidiéndose de Markus y pensando en lo que le había dicho, ciertamente tenía un punto en lo referente a las granjas, ganado y pesca, además con la construcción de muelles mágicos, tal vez se podría aumentar la población mágica en diversos callejones o conglomerados y no estar tan separados como lo sería en el tiempo presente o en el de Voldemort.

También contaría con los hijos de muggles, mágicos de primera generación y con los Squibs. Que no tengan magia, no significa que no valgan para nada. Todo tenía su valor. Además ellos ya estaban listos, para cuando en una próxima generación, si tenían un hijo, podría nacer con magia.

Pero lo primero, era lo primero. La mansión Peverell o Castillo, aunque poco podía sospechar sobre que el Castillo Peverell todavía se mantuviera intacto gracias a la magia familiar, de sangre y las salas que los Peverell a lo largo de las generaciones fueron dejando, para salvaguardar la casa, pero los elfos domésticos en última instancia, se les ordenaron, cuando el último de los Peverell, puso el Castillo en estasis, que se mantuviera limpio y ordenado. Por supuesto, hasta que un digno heredero del apellido volviera a reclamar el mismo apellido.

Justo antes de que saliera de su paisaje mental, Markus lo detuvo unos momentos más, por el simple hecho de la curiosidad.

- ¡Espera! Antes de que te vayas, dime una cosa.

- Claro, pregunta.

- Ahora que tienes las reliquias, las tres completas, ¿Qué vas a hacer con ellas?

- No lo sé, tal vez experimentaré con ellas para ver que potencial tienen, tanto por separado, como en un conjunto. Lo que sí que sé, es que voy a dar buen uso a la capa de invisibilidad.

- ¿Oh?

- Voy a cerrar la brecha con los Dursley una vez por todas, los voy a matar a los cuatro.

- ¿Cuatro?

- Marge también. Aunque tenga que buscarla y quemar a cenizas su casa, con ella dentro.

- Entiendo. Si utilizas la vara, hazlo rápido, no sabemos si hay detectores que puedan usar para rastrearte, no quiero que te pillen in fraganti.

- Tengo una ligera idea de cómo proceder. Pienso esperar a que todos estén en la casa, después de bloquear las puertas y ventanas mágicamente para que no puedan escapar y por último prenderé fuego a la casa con ellos dentro. Aun no estoy decidido a usar Findfyre o Hellfyre.- Después de un poco más de charla de temas triviales que se les fue ocurriendo durante la marcha, y de que planes tenía para presentarse a la sociedad sangre pura, decidió volver a la realidad para comprobar sobre sus demandas a los gobblins.

Con la apertura de los ojos lentamente, observó que los gobblins presentes le estaban dando miradas calculadoras. Haciendo un gesto con la mano, hizo aparecer un vaso con agua fresca, para refrescarse un poco. Mirando el reloj de pared, comprobó que estuvo fuera poco menos de una hora y con una disculpa hacia el Rey y los guardias que todavía estaban apostados al lado de Ragnok.

No un momento más tarde, entró por la puerta otro gobblin con las carpetas que pidió y lo que parecía los artefactos para sacar oro directamente de las bóvedas.

- Bien, perfecto Griphook, gracias por la brevedad, puedes retirarte.- Comentó con aire ausente Ragnok.

Echando un vistazo rápido sobre las propiedades, se dio cuenta de que poseía varias mansiones repartidas por el mundo en modo estasis, lo cual quería decir que se mantenían en perfectas condiciones. Varios castillos en iguales medidas que las mansiones y por último, lo que sus ojos buscaban con anhelo, el Castillo Peverell, su hogar ancestral.

Mirando en la carpeta, se volvió a hacer un corte en el dedo y dejó caer unas gotas encima del pergamino amarillento y reclamó su hogar ancestral.

El anillo de Lord Peverell brilló durante unos segundos, para después volver a la normalidad.

Pasando a la otra carpeta, vio con horror que su nombre era utilizado por varias empresas y magos para hacerse ricos, eso tendría que cambiar. En donde ponía que pusiera su nombre y apellido, decidió cambiarlo a uno más tradicional, pero respetando el deseo de su madre difunta, del nombre Harry, cambiándolo a Harrison. La abreviatura era la misma, pero el nombre tenía un aire más solemne.

Así pues, donde ponía en el pergamino que escribiera su nombre completo, puso: Lord Harrison Markus Peverell, haciendo honor a su mentor y salvador Markus.

Con un corte en otro de sus dedos, lo firmó en la sangre, haciendo imposible que utilizaran su nombre para cualquier cosa. Después se volvió a Ragnok y le pidió que contratara abogados que demandaran a las personas y empresas que utilizaban el nombre de Harry Potter, para sus propios propósitos y que dieran un comunicado en la prensa, que los apellidos Potter, Gryffindor, Gaunt y Slytherin, fueron reabsorbidos en la línea principal de Peverell.

- Si no podéis detener la impresión de mi antiguo nombre y la subfamilia Potter, quiero que os hagáis con las empresas que lo utilizan. Debe ser mucho oro para nuestros bolsillos. Sed creativos.- Pidió Harrison sin mucho pensamiento, pues sabía que los gobblins se harían cargo de las empresas que usaban el nombre de "Harry Potter" o "Niño-que-vivió".

Con una inclinación de cabeza y un estrechamiento fuerte de manos, se despidió del rey de los gobblins, no sin antes pedirle que contrataran a Griphook como su gerente de cuentas.

Harrison se daba cuenta de que Ragnok delegaría las peticiones que había hecho Harrison, para probar la valentía y el tesón de los gobblins, para ser el nuevo gerente de cuentas Peverell.

Una vez terminados los trámites, le escoltaron de nuevo al vestíbulo de entrada al banco y pidió ver a Griphook para que llevara sus cuentas bancarias, inversiones y negocios.

- Que tu oro y tus enemigos tiemblen ante tu hacha, Maestro Griphook.

- Y que tus bolsillos se llenen del oro de los tuyos, mi Lord Peverell.

- Ya que hemos concluido las presentaciones formales, no voy a perder tu tiempo. Sé que el tiempo es oro.

- En efecto. ¿Qué puede hacer Gringotts por usted, hoy?

- Me gustaría, como bien sabes, que lleves mis inversiones en el mundo mágico y veas si tengo alguna en el muggle.- Pidió Harrison, acomodándose en la silla ofrecida en el despacho de Griphook. Pensando en las siguientes palabras, volvió a adoptar una mirada seria. – Quiero que investigues que inversiones tengo en el mágico, me da igual que sean del Callejón Knockturn, Diagon, Ministerio de magia… el caso es que quiero saber en dónde está mi oro. En el mundo muggle, depende de los beneficios que dé. Si tengo bastante dinero hecho allí, así como diez millones de libras o dólares, quiero que vendas las participaciones y compres con el dinero muggle, oro, plata, bronce, diamantes, etc.

Todo eso, será enviado a baúles para guardar. Solamente quiero empresas en el mundo mágico.

- ¿Por qué es eso, mi Lord?

- No soy especialmente apegado a los muggles. No me gustan como piensan y si les damos un incentivo de que todavía existimos, vendrán a por nosotros sin dudarlo y créeme, ellos tienen armas más avanzadas que en la Edad Media.

- Entiendo. Se hará como desees.

- Bien, también me gustaría que investigaras las posibilidades de hacernos con una de las islas del norte de Gran Bretaña, comprarla o conquistarla, como quieras.

- ¿Para qué una isla?

- Para crear granjas, ganado y pesca.

- El mundo mágico ya tiene ese tipo de comidas. Lo compra a los muggles…

- Y si los mágicos comenzamos a ser autosuficientes, los muggles perderán una gran parte de su economía.

- Con razón no te gustan los muggles…- Dijo con una enorme sonrisa de tiburón, pero no obstante apuntando lo que le pedía su cliente. No por nada se podía hacer oro de cualquier forma y maneras.

- Por supuesto. Ahora, tengo entendido que los muggles tienen a veces, ciertos artefactos que no les pertenecen, como digamos armas hechas gobblin o artefactos mágicos. ¿Sería posible, que si recuperara dichos artefactos, Gringotts mantuviera silencio al respecto?

- ¿Robándolos?

- Tomándolos de nuevo a sus respectivos dueños. También creando una especie de museo, en el cual cobraríamos la entrada a la gente, por supuesto.

- Por supuesto… se puede hacer.

- Bien, pues de momento eso es todo, Maestro Griphook, que tus bóvedas se llenen y tus enemigos tiemblen ante tu hacha.- Se despidió Harrison, agarrando desde el codo del gobblin en señal de despedida.

- Y que tus enemigos perezcan ante ti.- Terminó Griphook sonriendo con su dentadura dentada y poniéndose inmediatamente a trabajar. Tenía mucho por delante.

Salto de Línea

El Callejón Knockturn era oscuro y sombrío, con un toque malvado y siniestro, todo lo que Harrison podría representar ya que no era tan bueno como la gente pudiera pensar. Mirando hacia ambos lados del oscuro callejón, fue mirando las tiendas que había por doquier. Tiendas de túnicas para magos prominentes, pensó que sería bueno hacerse con un guardarropa nuevo antes de ir a la tienda de varas, dado que estaba en el mundo al que pertenecía, debía vestirse como el resto de magos y hechiceros. Pero por otra parte, necesitaba donde guardar sus compras, por ello se dirigió hacia la tienda de baúles que había un poco más al fondo del callejón.

Caminando directamente hacia allí, se dio cuenta de que si quería que le tomaran por lo que era, debía parecerse o al menos crear la ilusión de que no era un hijo de muggle perdido. Con un movimiento de su mano, transfiguró su sudadera en una túnica negra con toques verdes.

Ahora, vistiendo como realmente era, se aseguró que ambos anillos de Lord y Heredero, estuvieran presentes en su mano derecha, lo cual fue positivo para la intimidación y que no le timaran a la hora de comprar.

Entrando en la tienda y yendo directamente al dependiente, lo saludó.

- Buenos días, estoy en la necesidad de un baúl de varios compartimentos…

- Lo siento niño, pero no vendemos a críos.- Contestó el tendero de mala forma, instando a Harrison a salir de la tienda.

Con el ceño fruncido por la negativa, Harrison mostró su anillo de Lord.

- Verá, soy un Lord, y si no me da lo que requiero en este instante.- Dijo Harrison con una máscara perfecta de sangre pura, levantando la mano derecha, en la cual llevaba los anillos. – Tendré que decir que su tienda deja mucho que desear, ¿Nos entendemos?- Cuestionó con un ligero tono oscuro al tendero.

- Por supuesto mi Lord, le mostraré los baúles de los que disponemos.- Tartamudeó el tendero, viendo con un poco de temor la cresta del anillo, una cresta que no se veía en siglos.

Con eso dicho, pidió al joven Lord que lo acompañara a la trastienda donde los baúles estaban almacenados, listos para la venta.

- Verá mi Lord, disponemos de varios baúles, de los cuales los hay de tres, siete y catorce compartimentos.

El de tres viene con los hechizos y encantamientos estándar, más un bloqueo en la sangre. El de siete y catorce, viene con encantamientos avanzados y la posibilidad de meter una casa en el interior.

- Estupendo. Me llevo los tres.

- ¿Los tres?

- Sí, los tres. ¿Cuánto es?

- Cinco mil galeones en total.

- Tome.- Dijo haciendo entrega de la tarjeta de crédito, la cual el tendero se quedó estupefacto al verla, pues solo los más ricos poseían de éstas.

Cobrándole, el tendero le dijo que los baúles podían ser encogidos, pues llevaban esa opción y que el peso era peso pluma, así no había que preocuparse de lo que pesaran los baúles si guardaba cosas.

Dándole las gracias, salió de la tienda, contento y cinco mil galeones más pobre, pero no le preocupaba el dinero, pues tenía de sobra.

Después de salir de la tienda de baúles, se dirigió a la tienda de ropa, la cual no estaba muy lejos. También quería comprar o ver si Gran Bretaña Mágica tenía fronteras y más territorios, tales como islas en el Norte, sería interesante saber.

Meditando sobre ello, entró en la tienda de túnicas de Twilfitt y Tatting, para comprar de hecho, un guardarropa entero y nuevo, de la mejor calidad posible que tuvieran. Compraría túnicas de gala, formales, de diario y ropa normal de vestir con los colores negro, verde, rojo y azul oscuro.

La ropa de vestir se combinaba con zapatos de cuero de dragón, lo que daba una buena movilidad y comodidad, pero también decidió en última instancia, comprarse ropa de duelo, por si acaso un día tenía que ponérselas para luchar, esperaba que no, pero nunca podría ser menos cauteloso.

Saliendo de la tienda de ropa, se dirigió hacia la tienda de varas, o mejor dicho, la tienda del hacedor de varas. Allí pudo observar todo tipo de materiales con cierta fascinación, había muchos tipos de maderas desconocidas para él, frascos con lo que parecían partes de los animales mágicos y algunos con sangre. También había piedras preciosas y metales por doquier, Harrison se preguntaba, porque una vara necesitaría algún metal como núcleo o hecha de ese mismo metal.

Mientras estaba pensando en sus cosas, el fabricante de varas interrumpió su lectura en la parte trasera de la tienda para observar al nuevo cliente.

El fabricante era un hombre de mediana edad con el pelo castaño rojizo, barba rala que adornaba un rostro alegre de ver a un potencial cliente. Era de mediana estaría con una musculatura fuerte. Sus ojos de color gris amenazaban tormenta si se enfurecía y despedía un aura del mismo tono, cosa que le venía bien dada la ubicación de su tienda.

Ahora ese era el aspecto que dejaba ver a sus clientes, para su familia y amigos más conocidos, era otra cosa, dado que el hombre, tenía un raro don, el don de la metamorfomagia, capacidad para cambiar a voluntad los rasgos físicos del cuerpo, tales como la masa y la altura. Pocos magos y brujas tenían ese don, menos eran los que se registraban en los ministerios de magia, dado que eran utilizados por éstos para sus propósitos funestos.

Inclinando la cabeza en señal de aprobación en la vestimenta del joven que había entrado en su tienda, se dirigió a él por su título.

- ¿En qué puedo ayudarle, joven Lord? ¿Ha venido a por su primera o segunda varita?- Preguntó el hacedor de varas.

- Nada de eso, hacedor de varas, he venido a que me cree una vara.

- ¿Wandcrafter? Eso le saldrá un poco caro, mi Lord.

- El dinero es lo de menos. Espero además de la creación de la vara que me aconseje si debo unir la de mi familia a la que usted cree. Mi mentor me ha aconsejado hacerlo, pero tengo dudas. ¿Qué mejor que un hacedor, para responderlas?

- Mmm… Un ritual de unión de varas ¿Eh? Espera, ¿Has dicho varas? ¿Eres hechicero?- Preguntó con una cara de pura incredulidad.

Con una sonrisa que amenazaba con dividir su rostro, Harrison asintió con la cabeza en señal afirmativa.

- Entonces acompáñame al interior de la tienda para que pueda ver que maderas e ingredientes utilizaremos para tu vara.

- Bien.- Caminaron un corto camino hacia el interior de la tienda, donde estaba el almacén con los frascos y maderas más raros que se podía encontrar, pero eso Harrison no lo sabía, después de todo, era un Nigromante, no un Hacedor.

Haciendo una señal el tendero de que Harrison se acercara a él más, le explicó que tenía que posar sus manos por las maderas y decirle cuál de ellas era la que más le llamaba la atención o la que más se asemejaba a su magia, haciéndole sentir cómodo.

Después de que las maderas fueran escogidas, vendrían los núcleos, el mismo procedimiento y para finalizar, las piedras mágicas.

Harrison extendió ambas manos concentrándose en dejar fluir su aura por primera vez en público, al menos uno mágico. El aura de Harrison era oscura con un tinte verdoso que salía despedida de él.

El tendero podía observar con cierta fascinación como Harrison sin problemas iba moviéndose con su magia alrededor del almacén, hasta que se detuvo en una madera, que el propio tendero no podría creer si no lo vio.

- Esa madera es de un sauce boxeador, me costó mucho cogerla…- Se vio interrumpido al notar que justo al lado, una madera de un sauco milenario, fue elegida también por la magia del joven delante de él. – Increíble, maderas de sauce boxeador y sauco milenario… bien, ve a los núcleos a continuación.- Comandó el tendero un poco impresionado e imaginando cuan poderosa sería la vara… más si se fusionaba con éxito a la de la familia del joven Lord.

Asintiendo con la cabeza, Harrison se trasladó a los frascos que contenían dichos núcleos. Primero fue a parar a uno con una sustancia líquida y concentrada que despedía magia negra, después su magia se encargó del resto, con un tirón le llevó hacia un estante donde había colmillos largos y amarillentos, frascos donde parecía haber fibras de color rojo oscuro. El tendero por mucho que se restregara los ojos con las manos y se pellizcara el brazo, no podía dejar de alucinar ante la elección de ingredientes que veía.

Primero eligió, o mejor dicho su magia hizo, las maderas más poderosas que había en el mundo mágico. Después vinieron los núcleos, sangre de dementor primero, cosa que cuesta mucho, pero mucho en conseguir, debías de atrapar a uno en una jaula y sacarle la sangre, que tenía poca en él, cosa que nadie en su sano juicio hacía, salvo los nigromantes. Después de eso, la magia del chico fue hacia los colmillos más antiguos que tenía, los de basilisco. Y por último fibra de corazón de un grifo anciano. La vara que fuera a crear iba a ser la más poderosa que creara en su vida. Muchos matarían por una como esa. Esto indicaba que el joven Lord delante de él iba ser muy poderoso, más que Albus Dumbledore y Voldemort.

- Ah, y una gota de mi sangre también, para que solo yo pueda utilizarla. Supongo que sabrás el ritual correspondiente.

- Por supuesto mi Lord, a continuación, por favor, elija las piedras de poder para completar su vara.- Para su mayor fascinación, el joven delante de él no se inmutó, salvo que levantó un dedo hacia arriba de la cabeza del tendero y señaló una piedra negruzca con tintes plateados que brillaba a la luz de las velas.

¡No lo podía creer! ¡Adamantium! La magia del chico eligió Adamantium para su piedra de poder. La vara ya en sí poderosa, ahora sería indestructible, ya que pensaba recubrirla con el raro metal.

- De acuerdo, joven Lord, tardaré unas pocas horas en tenerla lista, si quiere puede dar una vuelta por el callejón o ir a los otros callejones que están más arriba de Diagon.

- No. Esperaré aquí. De todas formas tengo que clasificar los recuerdos este momento. Por cierto, ¿No sabría decirme si Gran Bretaña Mágica, tiene en su poder islas o terrenos aparte de Hogwarts, Hogsmeade, el ministerio de magia y los callejones?- Preguntó Harrison con el ceño fruncido, ya que necesitaría saber de ello lo más pronto posible.

- No mi Lord, solo se tiene eso. ¿No es suficiente? Después de todo somos como que ¿Cien mil mágicos en las islas británicas?

- ¿Tan pocos? Bueno, eso es interesante. Gracias.- Dijo Harrison evocando una silla de cuero negro, sentándose en ella, mientras que el fabricante de varas se dedicó a su labor.

Más tarde, después de seis horas de arduo trabajo y mucho calor para derretir la maldita piedra de Adamantium, tuvo la vara lista. De catorce centímetros, de color negro con tintes plateados y rojo sangre, el tendero tenía delante de él una de las varas más poderosas de la historia. Dándose la vuelta para avisar al joven Lord de que su vara estaba lista, se llevó una sorpresa al descubrir que ya estaba de pie, observando con atención clara la vara situada encima de la mesa.

- Bien, podría cogerla y darle una ola, mi Lord.- Dijo el tendero con una cara que decía claramente lo impaciente que estaba por ver los resultados.

- Por supuesto, pero antes.- Sacó la vara de saúco de su antebrazo y se la mostró al tendero para que la observara. – Quisiera que haga el ritual de fusión de varas, sino, me temo que la vara que ha hecho para mí, no funcionará correctamente con mi magia.- Le comentó Harrison como si estuviera hablando del tiempo y no era para menos, su misma magia le llamaba a esa vara, pero también le indicaba que la vara de saúco era un buen partido. Antes que tener dos varas, una indestructible y la otra muy codiciada, prefería tener una vara indestructible y codiciada al mismo tiempo, eso le daría la oportunidad de mejorarse a sí mismo cada día.

El tendero por mucho que mirara y mirara al joven delante de él, no podía seguir creyendo lo que veía y escuchaba. Le estaba insinuando que la vara todavía no estaba completa y le estaba ofreciendo la vara de su familia, una vara familiar, que si bien comprendía las viejas costumbres, la utilizaba únicamente el Lord de la familia, así que éste joven, había visto pasar a mejor vida su antiguo Lord. Con un suspiro de resignación, accedió a fusionar las varas en una sola.

Pero mirando más de cerca la vara, palideció por completo al ver los intrincados dibujos y runas en ella. Delante tenía la otra de las varas más poderosas del mundo, la vara de saúco, la de los cuentos de hadas que las madres leían a sus hijos a la hora de dormirlos. Con una mirada hacia el anillo de Lord, se dio cuenta de la cresta familiar, la cresta Peverell. Tragando saliva audiblemente, volvió a fijarse en el chico delante de él, no podía tener once años todavía, no había oído nada acerca de que un Peverell fuera a Hogwarts, aunque tal vez éste fuera a Durmstrang.

Comprendiendo el alcance del futuro poder que tendría, cogió la vara que le ofrecía el joven y la sangre en un vial, procediendo así con el ritual de unión de varas a la sangre Peverell.

Después de unas dos largas horas, en lo que debía ser rápido y conciso, fue lento y mucho más conciso dado que no quería cometer error alguno.

Cuando se hubieron fusionado las varas, hubo un gran destello de color negro plateado y rojizo sangre, dando a conocer la vara de los mismos colores original, pero con los patrones runa de la vara de saúco dibujado en ella.

- ¡Bien hecho hacedor de varas!- Y con ello recogió con una muestra de respeto y temor por lo que iba a suceder a continuación. Temor por la enorme cantidad de poder que desprendía la vara, bien ahora le serviría para hacer los complejos cuadros rúnicos y practicar la magia nigromántica con ella.

Con un gran pico de magia, que se pudo sentir por los dos callejones y un ligero temblor de tierra que movió toda la tienda, vara y hechicero se unieron para siempre. Pobre del que intentara robarle la vara a Harrison, la muerte sería el menor de sus problemas.

Con una mirada clara de pura incredulidad en el rostro del tendero por el poder desprendido, abría y cerraba la boca como un pez, sin poder decir palabra por su creación.

- Estupendo, ahora me gustaría un par de fundas para la vara. A parte de la pregunta obvia.

- ¿Pregunta obvia?

- Sí, ¿No tendrá la traza del ministerio en menores de edad?

- En absoluto… jamás se me ocurriría hacer una cosa así. Además usted es un Lord de una Casa Muy Noble y Muy Antigua, puede hacer magia fuera de la escuela y en la calle, que nadie le dirá nada.

- Perfecto. En cuanto a las fundas…

- Imagino que la querrá personalizada. Tengo un par que le vendrá de perlas. La primera es una funda de muñeca, encantada para que la vara, si se pierde o se deja por ahí tirada, vuelva a la muñeca. También tiene encantamientos anti convocadores, anti robo y de invisibilidad.

La segunda es similar, pero sin los encantamientos de invisibilidad.

- Perfecto. Simplemente perfecto. Me las llevo.

- El problema, mi Lord, es que son muy caras.

- ¿Cuánto de caras?

- Mil galeones cada una. Más el precio de la vara, asciende en total a cuatro mil quinientos galeones. El ritual de unión corre a cuenta de la casa.

- Bah, no es tanto.- Dijo entregando sin problemas la tarjeta de crédito mágica que le habían entregado los gobblins.

El tendero se quedó mirando pensativo la tarjeta durante unos instantes, hasta que reaccionó, cobrando al joven Lord por las fundas y la vara.

Harrison recogió ambas fundas y se las ciñó, una en el antebrazo derecho y la otra en la cintura, al lado derecho.

Con una pasada de la vara, para probarla, lanzó un encantamiento desilusión en la funda de la cadera, sonriendo ante el poder que poseía y daba la vara a su maestro.

- Bien señor…

- Black, Regulus Black, de la Muy Noble y Antigua Casa de Black.- Dijo uno de los posibles herederos a la familia Black, con un arco elegante hacia Harrison.

Con otro arco, Harrison salió de la tienda mirando con una gran sonrisa siniestra en su rostro. Pronto sabría la gente de sus proezas mágicas y Dumbledore tendría una ligera idea del error que cometió, pero primero, debía de cenar algo, dado que habían pasado ocho horas desde que había tomado bocado alguno, no es que no estuviese acostumbrado a saltarse comidas, pero por el bien de su crecimiento, debía nutrirse.

Con un pensamiento de que debía ponerse también en contacto con Regulus, para concertar una cita con su Lord Black, para que le explicara el porqué de ser él un heredero a esa Casa, se fue al paso del Caldero Chorreante, en el cual pidió un exquisito plato de comida y una buena bebida, en la que consistía en una Cerveza de Mantequilla, dado que no servirían a él vino élfico, aunque fuera un Lord.

Cuando terminó de comer, Harrison se preguntó si debía de ir directamente a cumplir con su venganza o esperar al menos un par de días y ver por sí mismo como estaba el estado del Castillo Peverell.

Pensando rápidamente, se dio cuenta de que ya era tarde, estaba casi anocheciendo y la gente lo miraba con el ceño fruncido. No queriendo llamar la atención innecesaria sobre él, pues supondría que el ministerio vendría a investigar, Harrison salió del pub mágico después de pagar y dejar una propina bastante generosa.

A fuera, en el callejón, activó su anillo-traslador, el cual lo llevaría a través de cualquier sitio y salas, hacia su nuevo hogar.

El Castillo Peverell.