CAPITULO 2

VENGANZA Y CONSECUENCIAS

El Castillo Peverell era conocido por todos los descendientes de la familia, al ser una gran estructura que fue creada al comienzo de la familia en las islas británicas, cuando los druidas y hechiceros habitaban las tierras, antes de que los romanos llegaran.

Incluso antes de que la infame Camelot fuera creada, el primer Peverell en llegar a las islas hizo un tratado con las criaturas y mágicos de donde se asentó, Éire, conocido actualmente como Irlanda.

Al principio no era más que una fortaleza pequeña, pero con el paso del tiempo y la magia Peverell, fue creciendo hasta convertirse en un gran Castillo, en el cual habitaban los Peverell, sus descendientes y sus ancestros, en estado de retratos mágicos.

Si bien es cierto que los retratos mágicos no comenzaron a llevarse hasta dentro de varios siglos, había familias que conocían el proceso.

El proceso era singular, una parte del alma y la magia del mago, brujo, hechicero o druida, quedaba impregnada en el retrato de éste, dándole vida a medias. La vida a medias que llevaba era que conocía de primera mano los recuerdos de toda su vida, incluida la muerte del sujeto.

Por desgracia o suerte, en la familia Peverell era completamente distinto. Como todos buenos Nigromantes, conocían la magia del alma y podían coger una pieza importante y significativa de los espíritus de los ancestros que llamaban, con el permiso de éstos. Ese proceso fue largo y tedioso, para hacerlo hasta el primer Peverell, pero se llevó a cabo, siendo el mayor logro jamás conocido dentro de la misma familia.

Ahora, el Castillo Peverell estaba en perfecto estado, gracias a la magia élfica y Peverell, manteniéndolo en estasis, hasta que Harrison apareció de repente en frente de las dobles puertas de roble, reforzadas de algún tipo de metal, con la cresta Peverell dibujada en ellas con orgullo.

Tras aparecer con un pequeño "pop" conocido por el estilo de aparición del traslador, una ola de magia se pudo sentir en todo el Castillo, "despertándolo" de su largo letargo.

Detrás del Castillo Peverell y bordeando el mismo, había inmensos bosques que Harrison se perdió, dada la vista imponente que tenía delante.

Un poco más a la derecha, había un pequeño lago, del cual en el centro había una pequeña isla o islote.

Las puertas de entrada, se fijó nuevamente Harrison, eran de magnifico roble con la cresta de la familia tallada en ambas puertas.

Dando un paso hacia adelante, se cortó por enésima vez en el día en la mano y reclamó con una voz potente y segura el Castillo.

- Yo Harrison Markus Peverell, de la Muy Noble y Muy Antigua Casa de Peverell, reclamo mi hogar ancestral. Así sea.- Hubo un resplandor blanquecino y opaco, cuando las puertas y la magia del ambiente le dieron la bienvenida al nuevo Lord Peverell.

Repentinamente y sin aviso, las puertas se abrieron para revelar un hall de entrada ricamente decorado.

Pasando dentro del Castillo, no pudo solo mirar impresionado la entrada, decorada con innumerables mosaicos de batallas antiguas y hermosos cuadros de imponentes fortalezas a lo largo de la historia familiar.

Adentrándose poco a poco en la sala, empezó a reír en lo que parecía una risa medio histérica, dado que solo el hall de entrada era tan grande o incluso más que la casucha en la que vivía anteriormente.

Dando un chasquido con los dedos, se apareció un elfo doméstico vestido con lo que parecía una chaqueta y pantalones negros, con la cresta Peverell en el lado derecho del pecho del pequeño ser.

El elfo se quedó mirando unos instantes a Harrison a los ojos, como si estuviera analizándole, para luego después de unos minutos, inclinarse con respeto y darle la bienvenida.

Harrison asintió con la cabeza al elfo y comenzó a interrogarlo sobre el estado del castillo y los terrenos, los elfos domésticos que vivían en el castillo y lo más importante para él, la biblioteca, la sala de los cuadros mágicos y la habitación donde se guardaba la piedra runa, para activar las salas del Castillo.

El elfo, el cual asentía en los puntos que había sido preguntado, le indicó que lo siguiera mientras que daba una explicación sobre donde estaba la biblioteca, la sala de los retratos y la habitación de la Gran Piedra Peverell.

A medida que avanzaba por su guía turística del castillo, Tomy, que así era conocido el elfo doméstico, le comenzó a contar todo lo que poseía el hogar Peverell.

- Joven Maestro, el Castillo Posee cuatro laboratorios de pociones, dos de ellos ubicados en las mazmorras y otros dos en la torre norte. En cuestión de las torres hay cuatro de ellas, cada una se encarga de sus propias cosas, además del hecho de albergar habitaciones. La habitación principal, la del Lord, está en la primera planta, subiendo por esas escaleras.

Hay más de doscientas habitaciones en el Castillo, joven Maestro. También tiene tres salas de duelo, plenamente equipadas con maniquíes de la época, que tal vez deban ser cambiados por otros.

Se posee la sala nigromántica y de runas, donde podrá practicar la magia familiar sin consecuencias.

Hay una sala de trono, en la que se suele recibir las visitas importantes de otros Lores o Reyes.- Indicó el elfo enseñándole donde estaba ubicada y viendo por vez primera lo rica que estaba decorada.

Tomy le contó de todas las habitaciones y salas que poseía el Castillo, siendo como última la habitación de la piedra angular o piedra rúnica, que era donde se seleccionaba o metían las salas que protegerían el hogar ancestral.

Cuando llegaron allí, lo primero que observó Harrison era que la piedra era bastante grande, ya que a simple vista mediría por lo menos dos metros y medio de largo y ancho. Estaba tallada en muchos tipos de runas, que a lo largo de los siglos, los distintos Lores y familiares Peverell fueron añadiendo.

Con un corte en su mano, la posó en la piedra para que lo reconozca y se activaran las salas de protección, de limpieza y reconocimiento de firmas mágicas y otras cosas igualmente de importantes.

Con un tenue brillo, la piedra reconoció a Harrison como el dueño del hogar y las salas.

- Bien Tomy, gracias por el recorrido y por el largo informe, has hecho un gran trabajo. Creo que te pediré que me guíes una vez más, al menos hasta que me haga una idea de todas las habitaciones y sus lugares correspondientes.

- El Maestro me honra. No es un problema para mí, Maestro Peverell, estoy contento y feliz de que por fin un digno Lord sea reconocido por la magia familiar.

- Estupendo. Vayamos al despacho del Lord y me presentas a los demás elfos que tiene el Castillo.

- Sí Maestro.- Dijo el elfo con una inclinación de cabeza, la cual casi tocaba el suelo.

Cuando salieron de la sala de piedra angular, Harrison se hizo una nota mental, para conseguir otra de ellas de igual tamaño, dado que quería poner más salas de protección, nunca estaba de más ser cauteloso. Tal vez pagaría a Gringotts para el trabajo.

Cuando llegaron al despacho, Harrison vio que estaba ricamente tallado en runas de adorno y tenía innumerables cuadros mágicos, tal vez retratos de sus antepasados.

Un chasquido de los dedos de Tomy y después de unos segundos, tres elfos domésticos en avanzada edad aparecieron.

Levantando una ceja ante la cuestión, Harrison no pudo evitar preguntarse si esto era lo que tenía nada más, para limpiar y mantener tanto el Castillo como sus terrenos.

- ¿Tres?- Preguntó con una ceja arqueada y con cara de palo, lo cual el elfo Tomy se puso un poco nervioso.

- Normalmente maestro, todos los antiguos Potter, mandaban elfos al Castillo, pero desde la muerte de Charlus…

- Peverell. Si es un antepasado, sea Potter, Gaunt, Slytherin o Gryffindor; se le llamará Peverell

- Entendido. Como decía desde la muerte de Charlus Peverell y desde que el vínculo fue roto con los elfos, hemos estado cayendo.

- ¿Vinculo?

- Sí Maestro, para que se refuerce la magia élfica y familiar, debe reclamarnos.

- ¿Cómo lo hago?

- Tan solo con decir su nombre y título, la magia del anillo hará el resto.

- Está bien.- Dio un suspiro cansado, pues no sabía nada acerca de este tipo de magia, algo que tendría que cambiar pronto. – Yo Lord Harrison Markus Peverell, reclamo el vínculo roto con los elfos domésticos del Castillo Peverell, así sea.- Con un gran resplandor de la magia, los cuatro elfos comenzaron a brillar azul, rejuveneciendo un par de años más, llorando emocionados ante la unión hecha.

- ¡Gracias Maestro Peverell!- Gritaron todos, lanzándose a sus pies, cual agradecidos por haberles salvado la vida y la cordura.

Harrison en una toma de curiosidad, acarició con la mano en la que llevaba el anillo de Lord, a cada uno, haciendo que éstos hiparan nerviosos, pero no obstante felices.

- Ahora bien, Tomy, si decidiera que quería más elfos, ¿Debo hacer esto nuevamente?

- Sí, Maestro. ¿Cuántos nuevos elfos debemos contratar?

- ¿Cuántos serían necesarios para los terrenos y el Castillo?

- Por lo menos cincuenta o cien, Maestro.

- Esos, son muchos. Imagino que la magia del anillo me recordará los nombres.- Dijo Harrison meditando en voz alta. – No sé cuánto cuesta nuevos elfos, así que toma la bolsa de oro, está encantada para que salga el precio.- Ofreció la bolsa a Tomy el cual asintió con la cabeza una vez, haciéndola desaparecer en los pliegues de su uniforme. – Ahora, decidme a que os dedicáis cada uno.- Ordenó en un tono de voz firme, pero amable.

- Mipsy se dedica a cocinar y limpiar las cocinas, Maestro.

- Mopsy, que soy hermana de Mipsy, se dedica a limpiar el castillo. Gracias por las contrataciones de nuevos elfos, soy una terrible elfina… no puedo con todo sola.

- No te preocupes Mopsy, es natural. Como tengo entendido, el castillo es enorme. No te castigues a ti misma.

- Mupsy se dedica a los invernaderos, Maestro.- Dijo el elfo, lanzando una mirada preocupada también.

- No os preocupéis ninguno. No os culpo del estado de las cosas, suficiente que habéis sobrevivido así. De hecho, mis felicitaciones por mantener la magia familiar.

- Maestro, yo soy el jefe de elfos domésticos, como bien habéis podido observar, ¿Cuáles son sus órdenes para nosotros?

- Bien, órdenes. Lo primero y más importante es que cojáis algún tipo de baúl o receptáculo para que podáis meter oro en él. Quiero que cada uno se encargue de sus correspondientes tareas. Es decir, las cocinas deben estar abastecidas, los invernaderos cuidados y abastecidos de las plantas. Quiero plantas tanto mágicas como muggles. Si es posible construir nuevos invernaderos para árboles frutales, que así sea.- Mientras iba ordenando, los elfos aparecieron diferentes cajas fuertes en la que Tomy iba depositando grandes sumas de oro, en el de las cocinas, dejó cinco mil galeones, en el de los invernaderos, treinta mil, en el de la limpieza del castillo, cincuenta mil. – También quiero que me preparéis la habitación del Lord, el estudio y limpiéis la biblioteca. Estos días voy a estar bastante ocupado. Cuando los nuevos elfos lleguen, traedlos para que se puedan vincular. La Familia Peverell llegará a toda su gloria.

- Entendido, Maestro.- Dijo Tomy, cogiendo su caja fuerte para la compra de los elfos domésticos y devolviéndole la bolsa de oro. – Con la caja fuerte, tendré de sobra para los elfos y su manutención.

- Bien, eso está bien.- Felicitó Harrison, viendo cómo la noche caía por las ventanas. – Será mejor esperar a mañana, no creo que los mercados estén abiertos a estas horas.

- Pero Maestro.- Se quejó Mipsy, la cual no quería que sus cocinas estuvieran vacías, pues no había mucho que cocinar para el desayuno del joven Lord, ya que todos pensaron correctamente que había cenado fuera. – Si no compramos hoy, mañana no habrá desayuno para nadie.- Concluyó en voz baja la elfina, retorciéndose las manos con nerviosismo.

- Cierto. Está bien, comprad lo necesario esta noche, mañana por la mañana se hará el resto.- Instruyó Harrison, haciendo que los elfos de las cocinas y los invernaderos desaparecieran con un ligero "pop", Tomy por el contrario se quedó todavía un poco más.

- ¿Necesita cualquier cosa más, joven Maestro?

- No, eso es todo Tomy, puedes retirarte. Esta noche creo que iré a hablar con el retrato de Markus Peverell, después de eso, me voy a la cama.

- Entonces Mupsy se encargará de que su habitación esté lista, Maestro.- Dijo Tomy, dando un arco y desapareciendo, para comprar los elfos que su Maestro había requerido.

Los cuatro elfos domésticos que quedaban en el Castillo Peverell estaban bastante felices de que un nuevo Maestro volviera y más de que más elfos fueran contratados y vinculados. La Familia volvería a brillar como en su antigua gloria y los enemigos caerían poco a poco.

Con un suspiro cansado, Harrison se fue a la habitación de los cuadros mágicos, para buscar y conversar con su mentor Markus, el cual le había instruido de antemano, que tendría que finalizar un ritual, para que el retrato lo reconociera, pues si bien estando latente en su sangre y después del despertar, el retrato estaba todo el tiempo en el Castillo y no en su sangre, por ello el ritual.

A pesar de que tenía que hacer el ritual de sangre, todavía tenía que contar sus progresos. No quería hacer el ritual, pero era necesario para que su maestro lo reconociera como su aprendiz. Se tenía que cortar la palma de la mano y dar un cántico en latín, del cual llamaría al poder que tenía encerrado a Markus o una reminiscencia de él en su sangre, para luego devolverlo en su totalidad a su cuadro y poder continuar con su formación.

Si bien es cierto que los demás retratos se turnarían en las demás ramas de la magia que había, así como: Transfiguración, Artes Oscuras, Defensa contra las Artes Oscuras, Encantamientos, Encantador, Creación de Hechizos, Hechicería, Pociones, Alquimia, Runas, Aritmancia, Herbología y Nigromancia.

Las demás clases que se daban en Hogwarts tales como Astronomía y Cuidado de Criaturas Mágicas, no le iba a servir de mucho, teniendo los elfos domésticos que podían encargarse de los animales si fuera necesario.

Gracias a los medios de transporte modernos, la Astronomía ya no era necesaria. Los rituales, vendrían dentro de las categorías de Artes Oscuras y Nigromancia.

También recibiría la educación que todo, sangre pura debía conocer, tales como política y etiqueta. Algunos le enseñarían el arte de la guerra y la planificación, junto con estrategia.

En fin, tenía mucho que lograr en poco tiempo, ya que tenía nueve años y le quedaban dos para asistir a Hogwarts, presentándose correctamente a la sociedad sangre pura y al Wizengamot.

Lo primero de todo, tendría que ir a la sal del sol o la sala de entrenamiento teórico como la llamaría al principio, debido a la gran cantidad de retratos que tenía y le podían enseñar magia teórica.

Al principio, cuando llegó se llevó una sorpresa, pues se encontró con todos los retratos de sus antepasados, no solamente los de la familia Peverell, sino que también los de las subfamilias que había unido.

Para no confundirse, entre paréntesis ponía el apellido de la subfamilia a la que pertenecía. También estaban en secciones separadas. Los Peverell por un lado, los Slytherin, Potter, Gryffindor y Gaunt por otro lado sucesivamente. Todos ellos hablando o susurrando entre sí, al ver que llevaban el mismo apellido.

Internamente dio un suspiro de frustración, ahora tendría que explicar a no solo un retrato, sino cientos de miles, que de hecho había juntado las subfamilias en la familia principal y que él era el único Lord, siendo el último de todos ellos. Mal asunto.

Se fijó en que había unos pocos cuadros que faltaban, cosa que atribuyó a ser directores o jefes de instituciones importantes, tales como San Mungo o Hogwarts. También supuso que era posible la pérdida de los cuadros en otras propiedades, lo cual tendría que ir una a una o mandar a los elfos domésticos a por los retratos faltantes.

Mientras buscaba el retrato de Markus, en silencio se iba maravillando con los retratos que lo saludaban cortésmente, suponiendo ellos lo que pasaba. Pasó el de una joven pareja que databa de la fecha de 1500 a 1599.

Tendría que ir más adelante o atrás en el tiempo, pensó que sería normal ya que Markus en su entrenamiento le dijo que él era antiguo, pero no que tan antiguo era.

También pensó en pedir ayuda de los retratos y luego cuando terminara o al día siguiente, buscar el de sus padres, por si acaso estaban en algún lugar. Por una parte no estaba deseando en llegar a conocer a sus padres, por si sus retratos no estaban orgullosos en lo que se había convertido y lo que iba a hacer, siguiendo la magia y tradición familiar. Llegó a un retrato de una dama vestida con un vestido impresionante de color verde jade, con grabados rúnicos en sus surcos.

La mujer era morena con un busto considerablemente para que un adolescente se sonrojara ante su simple vista. Sus ojos eran como los suyos, de un verde un poco más opaco, sería un tono de verde bosque. Su piel blanquecina, decía que la mujer fue una Lady de alta cuna.

Ya que se la había quedado observando, sería la ideal para pedirle ayuda. Acercándose más, la saludó con una inclinación de cabeza.

- Buenas noches, mi Lady. ¿Por casualidad no sabrá donde se ubica el retrato de Markus Peverell, Maestro Nigromante?- Pidió Harrison en un tono educado, mirando directamente a los ojos de la mujer.

La mujer de bellos ojos, se le quedó mirando durante unos momentos como si estuviera estudiándolo lentamente, hasta que se dio cuenta de los anillos que llevaba en ambas manos. El de Lord, heredero y la piedra de resurrección.

- Veo que eres un joven Lord. Dime muchacho, ¿Cómo te llamas y que edad tienes?

- Disculpe mis modales, mi Lady, mi nombre es Harrison Markus Peverell y tengo 9 años.

- ¿Cómo es posible que a tu edad, hayas podido reclamar el Señorío de Peverell?

- Debido a ciertos infortunios del destino. Es una larga historia, pero ahora estoy un poco cansado para contarla, así que perdone que no la cuente, es tarde y todavía tengo que finalizar un ritual. ¿Sería posible que mañana se la contara?

- Está bien, los niños, aunque sean Lores, deben descansar adecuadamente. Ven mañana después de desayunar y me cuentas la historia. El retrato que buscas está a unos cincuenta de aquí, sigue todo recto, querido.

- Gracias, mi Lady.- Dijo Harrison inclinando la cabeza un poco hacia ella, observándola con deleite, antes de emprender el viaje, contando los retratos en voz baja.

Cuando llegó a su destino, Harrison dio una enorme sonrisa a su mentor que ya sabía lo que venía a continuación.

Markus diseñó específicamente el ritual para que cuando su heredero y aprendiz, llegara el momento, los conocimientos que tenía de su sangre, se fusionaran con los de su retrato y así poder ayudar a quien le hiciera la segunda parte de dicho ritual.

- Imagino que tú eres mi aprendiz en tu mente y sangre.-No preguntó, sino que afirmó con una sonrisa que llegaba a sus ojos.

- Sí Markus, mi nombre registrado es Harrison Markus Peverell, mi antiguo nombre sin embargo, era Harry James Potter, pero reabsorbí las subfamilias en la principal rama.- Contestó Harrison felizmente.

- Entonces, Harrison Peverell, comienza. Me honras con tu segundo nombre, como cada aprendiz debe honrar a su maestro. Comienza con el ritual hijo, y luego descansa. Podremos hablar mañana cuando estés descansado.- Y así Harrison comenzó evocando una daga ritual y un cántico en latín que se creía extinto del conocimiento humano. Haciéndose un corte no muy profundo, pero sí bastante largo, que le llegaba hasta la muñeca, a mediados del cantico, Harrison dijo el nombre completo suyo y de su maestro e impregnó con su sangre y magia el retrato que tenía delante.

Gracias a la magia familiar, cualquier tipo de magia que se hiciera en el Castillo Peverell, estaría enmascarada para que el ministerio de magia no lo detectara, también era posible dado a la cantidad de magia que impregnaba el ambiente.

Justo por debajo del Castillo, pasaba una línea ley, lo que le hacía aún más impresionante, ante los ojos de la comunidad mágica, cuando el Castillo fuera revelado en toda su gloria.

Después de unos momentos de silencio y de resplandor verde oscuro, el retrato volvió a la normalidad. Abriendo lentamente los ojos, Markus se quedó mirando a su aprendiz, que tenía una expresión de angustia por si no le había salido correctamente el ritual.

- Enhorabuena Harrison, el ritual ha salido a la perfección. Recuerdo todo lo que hemos discutido y todo lo que te he ensañado, también lo que me has dicho y lo que hemos planeado juntos. Ahora sin embargo, debo pedirte un último favor, y es que me lleves al atril en el centro de todos los retratos para que les pueda informar, que a partir de ahora, aprenderás todo lo que te podamos enseñar y que te debemos jurar lealtad a ti solo, como eres nuestro Lord Peverell.

- De acuerdo Markus. ¿He de estar presente? ¿O puedo ir a descansar? Creo que podría dormirme de pie y no enterarme de nada.- Pidió Harrison el cual se le iban cerrando poco a poco los ojos, intentando no caerse dormido, pero la magia involucrada y el salto de comidas, era mucho para tomar en un solo día.

- Tranquilo, puedes irte a descansar, pero creo que sí, que será mejor hacer esto mañana, cuando estés descansado y desayunado.- Contempló Markus a su aprendiz, el cual llamó a un elfo y le pidió que le guiara a sus habitaciones, para poder dormir.

Normalmente se ducharía, pero estaba tan cansado que decidió saltarse esa etapa e ir directamente a la cama, después de todo, eran más de las dos de la mañana.

Salto de Escena.

A la mañana siguiente, cuando Harrison despertó en su gigante cama de matrimonio, con las mantas más calientes que había tenido en su corta vida, por un momento se preguntó dónde estaba, pero pronto recordó los acontecimientos acaecidos el día anterior. Con una sonrisa plasmada en su rostro, se dirigió al cuarto de baño que tenía al lado, para darse una ducha y vestirse, pues el día iba a ser largo, tenía que hablar con la bella dama de ojos verdes y con Markus de momento.

También tenía que planear que hacer a continuación y de aquí en adelante, no solo eso, sino que tenía que conocer a los diferentes elfos domésticos que iban a ser traídos a él para unirlos.

Cuando salió del baño se fue al comedor donde ya le esperaba un desayuno inglés completo. Tendría que hablar con la elfina encargada de las cocinas para que le sirviera comida más nutritiva y saludable, dado que no podía permitirse tanta grasa, que no era para nada saludable. También tendría que comenzar a hacer ejercicio, que según Markus le dijo, era bueno para la salud y la magia. Cuanto más ejercicio hiciera, mejor resistencia cogería a la hora de entablar duelo o batalla.

Cogiendo el periódico amarillento tan raro que tenía delante de él, se puso a mirar las noticias a ver si veía algo interesante.

No habiendo nada, salvo por un aviso del departamento de seguridad mágica, diciendo que estaban rastreando al nigromante, dobló nuevamente el periódico feliz de que no le causara ningún problema, al no haberle relacionado con la situación, al menos todavía.

Cuando por fin terminó de comer su desayuno, llamó al elfo doméstico en jefe, Tomy, para que después de que hiciera su conocimiento en la habitación de los retratos, le presentara a los elfos que había contratado y no antes.

- Tomy, avisa a los elfos que pronto los quiero conocer en el despacho, tal vez a la tarde, como muy tarde.

- Si Maestro, como ordene.

- También diles que tienen prohibido hacerse daño, según creo, los elfos os auto infringís daño si hacéis las cosas mal, ¿No?

- En efecto maestro.

- Bueno, eso cambia a partir de ahora. Si hacéis algo mal o creéis haberlo hecho, venid a mí y yo decidiré el castigo correspondiente. ¿Entendido?

- Sí Maestro Peverell.- Contestó Tomy contento de que éste maestro les prohibiese a los demás elfos hacerse daño, incluso a él mismo, algo que decía mucho de su maestro.

Ahora que estaba mucho más descansado que la noche anterior, Harrison se dirigió al centro de la sala de los retratos, donde Markus le esperaba pacientemente.

- Maestro Markus.- Saludó Harrison alegremente, el cual el nombrado sonrío al saludo mañanero.

- Aprendiz Harrison. No hace falta que me llames Maestro, ya lo sabes.

- Lo sé, pero creí que sería mejor tener cierto decoro con los demás retratos.

- Está bien instruido, por lo que veo.- Dijo una mujer de un aspecto un poco severo, pero no obstante hogareño.

- Sí, mi Lady, Markus me salvó la vida y me educó cuando más lo necesitaba. Es como un padre para mí.- Contestó Harrison sin hacer caso al pequeño jadeo que vino de la sección de los Potter.

- Markus, le prometí ayer a una bella dama de ojos verdes, cincuenta retratos más antes que el tuyo, que hoy le contaría mi historia…

- No te preocupes por eso.- Interrumpió Markus con una sonrisa. – Lady Morgana sabe ahora que voy a contar tu historia, para que todos sepan lo que ha pasado contigo y porque de tu entrenamiento, hijo.

- De acuerdo.- Asintió Harrison, evocando un asiento, con magia sin vara, lo cual hizo que varios jadeos salieran de los retratos más cercanos.

- Harrison… ya tienes vara, ¿Cierto?

- Sí Markus, pero creo que olvido eso. Es la costumbre.

- Acostúmbrate ahora a utilizarla. También a usar magia sin ella, pues vendrá bien para sorprender a tus enemigos, pero de momento, es mejor mantener ese talento oculto.

- De acuerdo.- Estuvo de acuerdo rápidamente Harrison, sonriendo un poco.

Cuando Markus estuvo preparado para hacer frente a los demás retratos de la sala, se aclaró la voz y pidió silencio a todos y todas.

- Yo, Markus Antonius Peverell, Gran Maestro Nigromante de la familia, reconozco a Harrison Markus Peverell, como Lord y señor de este castillo y a partir de este momento le debemos lealtad a él. Las otras lealtades que se hayan hecho a lo largo de la historia, quedan en segundo plano, porque hoy tenemos nuevo Lord y señor.- Dijo Markus a los retratos que asentían en señal de respeto hacia Harrison, aunque algunos asentían en señal de cariño y anhelo, que esos más tarde descubriría que eran los de sus padres y abuelos paternos.

Markus continuó contando la historia de Harrison, como ambos la sabían, incluyendo el despertar de sangre y el aprendizaje cuando estaba en estasis, recuperándose de la brutal paliza de su tío.

También contó como Harrison se tomó una cierta venganza en contra de los muggles, castigándolos de vez en cuando, poniendo a prueba sus conocimientos y de cómo tuvo que abandonar momentáneamente el arte de la nigromancia, pues el ministerio lo estaba observando y no querían ninguno de los dos, que fuera pillado.

Cuando hubo terminado Markus de hablar, las reacciones no se hicieron esperar. Unas de odio infinito hacia los muggles, otras de pena y rabia por tener que haberlos aguantado.

Algunos, como Lily Peverell pedían clemencia hacia Petunia.

- ¿Clemencia?- Cuestionó Harrison con un tono frío que bien podría helar la sangre de los vivos. - ¿Tuvo ella clemencia de mí?

- Pero ya te has vengado…

- No, todavía respiran. De hecho, Markus, quería saber tu opinión, sobre darles una buena muerte.

- Ten cuidado. Hagas lo que hagas, investiga primero. Haz que los echen de sus trabajos, después podrás quemarlos vivos si es necesario.

- ¡Destruye sus almas! ¡Que no se reencarnen!- Exigió una voz antigua desde el principio de la sala, dejando mudos a todos.

Markus, con el ceño fruncido, pidió que otro caballete fuera creado para el retrato, pues recordaba vagamente quien había hablado.

Cuando el retrato infractor estaba presente, se presentó como Marduk Peverell, Gran Maestro Nigromante del templo de la muerte y primer Peverell de la historia.

- Tienes casi diez mil años.- Fue lo único que se le ocurrió decir a Harrison.

- En efecto, joven Lord.- Contestó Marduk con una sonrisa satisfecha de que reconociera el potencial. – Puedo enseñarte las artes perdidas de la nigromancia, como destruir el alma de una persona, pero eso tardará un tiempo… ahora dime, ¿Qué pensabas hacer al principio?

- Ponerlos bajo maldición Imperius, para que se comieran unos a otros. Luego, quemar la casa utilizando Hellfyre, aunque creo que se quemaría las demás viviendas también, no es gran cosa.

- ¡Je! Me gustas.- Dijo Salazar Slytherin desde su marco, el cual otro de los marcos dio un suspiro de derrota.

- Otro gran potencial fuera. ¿Por qué odiáis a los muggles? Ellos no os han hecho nada, aparte de esos que sí que merecen morir.

- Porque los muggles, Godric, nos cazarían nuevamente si tuvieran la oportunidad.- Contestó otro retrato, del cual vino de la sección Potter. – Pero, como ha dicho tu Maestro, joven Harrison, debes tener cuidado. El ministerio de magia controla la magia oscura y la maldición Imperius, está controlada por ellos.

- Entonces, tendré que pensar en algo mejor.

- Llega, ataca y vete. No serás visto por nadie y nadie podrá huir del fuego del infierno.- Vino la sucinta observación de Lady Morgana, cuál era el nombre de la hermosa mujer de ojos verdes.

- Tiene su mérito. También podrías hervir su sangre, que griten de agonía mientras que sus almas torturadas son forzadas a salir de sus cuerpos.- Dijo otro de los retratos. Al final muchos estaban de acuerdo en muchas cosas, otros pocos no, pero casi todos estaban de acuerdo en que los muggles debían morir.

- Bien, gracias a todos por vuestro consejo, lo meditaré a fondo. Si me perdonáis, hoy necesito terminar de investigar los asuntos de la Casa Muy…

- No, de la Casa Antiquísima y Nobilísima de Peverell.- Intervino Marduk, el cual sabía que la casa había subido de categoría hace casi mil años.

- Oh, lo siento. Necesito terminar de conocer a los elfos domésticos y unirlos. También tengo que preparar un boceto de salas para una segunda piedra angular. Ver cómo está los invernaderos y escribir una carta a Lord Black, de la casa Muy Noble y Antigua de Black.

- Perfecto. Pásate después de la cena, tenemos una conversación pendiente sobre lo que aprenderás en los próximos años, todavía tenemos que hacer de ti un joven Lord inteligente y caballeroso.- Dijo Lady Morgana, haciendo reír a las damas, que iban a tomar parte de la tutela en etiqueta y política.

- Es mejor hacerlas caso, hijo. Las mujeres son las mejores en intrigas políticas, créeme.- Confesó Markus con una risa alegre. – Ve y haz de esta casa a su antigua gloria.

- Haré que estéis orgullosos de mí.- Dijo mientras marchaba hacia el despacho del Lord, para pedir un ligero almuerzo y la presentación de los elfos domésticos.

- Ya lo estamos, hijo, ya lo estamos.- Dijeron varios retratos al mismo tiempo, riéndose de sus payasadas y tonterías, entrando nuevamente en la vieja discusión de siempre, si los muggles debían o no debían coexistir con los mágicos.

El despacho del Lord era como todo despacho normal, salvo por el simple hecho de que éste tenía cuadros mágicos en el cual los retratos podían entrar a voluntad. También poseía lo que se denominaba un pensadero. El pensadero era para guardar recuerdos o mostrarlos a la gente, cuando ésta tocaba la superficie acuosa. Éste pensadero tenía otra opción, que muy pocos hoy en día tenían y era la de poder proyectar los recuerdos como si fueran imágenes en 3D.

El despacho tenía un escritorio ricamente tallado en caoba y otras maderas. La silla era ornamentada con dibujos de criaturas mágicas, tales como el Thestral y el Basilisco, algo que era hermoso en demasía.

El color del asiento era de un negro con bordes plateados y ahora que pertenecía a Harrison verdosos. Al ocupar el asiento un Lord, el asiento se volvía del color que era la magia de dicho Lord.

Para la magia de Harrison era verdosa y con tintes negros, tan oscuros como la noche misma.

Sentándose en el asiento, vio con cierta satisfacción como una serie de cartas y documentos aparecían de la nada, seguramente gracias a la magia élfica de los elfos domésticos.

Suspirando pesadamente, nunca se le ocurrió que reclamar sus títulos viniera con tanta responsabilidad como la de examinar cuidadosamente los documentos presentados. En su mayoría eran de Gringotts, haciendo que las reclamaciones y las peticiones de Harrison se vieran cumplidas.

Si era sincero consigo mismo, estaba bastante impresionado con su nuevo gerente de cuentas, Griphook, dado que se había tomado la molestia de ver realmente todas sus cuentas, desde la muerte de sus padres.

Lo que vio en el informe le sorprendió, pero también comprendió lo que había pasado. Después de toda guerra, los vencedores tomaban lo que fuera menester de los caídos, sean estos héroes o no.

Así había pasado en el caso de la subfamilia Potter, Dumbledore y sus lacayos habían robado a él, sellado un testamento y mandado a Harrison con muggles.

Bueno, ahora se arrepentirían de haber tomado esa decisión pues estaba más que seguro que tomaría la venganza contra los muggles lo más rápido posible, decantándose por la sugerencia de Lady Morgana.

Quemaría a cenizas Privet Drive, con todas las casas de los demás muggles.

En el informe también venía las diferentes acciones que tenía en los Callejones Diagon y Knockturn, siendo bastantes.

Las empresas muggles, por otro lado eran bastante conocidas a Harrison y se sorprendió que sus padres invirtieran en ellas, así como sus abuelos.

Sabia decisión, pero la decisión de Harrison de vender los activos muggles era más firme, siendo así que escribió una carta de confirmación a Griphook.

Cuando comprara todo el oro, plata, platino, bronce, diamantes y otras piedras preciosas, en vez de guardarlo todo en Gringotts, lo guardaría en el Castillo Peverell, en una habitación, haciéndola bóveda, y con las protecciones pertinentes, tales como el Fidelius. El guardián secreto ya se encargaría de solucionarlo. Seguramente idearía alguna manera.

Otro de los informes detallaba cómo fue posible que fuera heredero Black, al parecer Sirius Black, presunto heredero, le hiciera su heredero cuando fue nombrado su padrino. Actualmente residente en Azkaban, por haber traicionado supuestamente a sus padres y venderlos a Voldemort.

Se decía supuestamente en la carta, pues nunca había recibido un juicio. Su familia por mucho que había intentado liberarlo o que le concedieran el dicho juicio, siempre habían fracasado. Al parecer la familia Black, había caído en un tipo de desgracia social, imponiéndose la familia Malfoy sobre ella.

- Curioso. Tendré que ver en ello más adelante, tal vez una reunión con Lord Black, explique mejor las cosas.- Dijo para sí mismo y apuntando en un libro vacío, lo que sería su propio diario personal, el recordatorio de ponerse en contacto con los Black.

Otra cuestión vino de las cuentas de los fundadores. Al haber fusionado las familias Gryffindor y Slytherin, ambas cuentas de Hogwarts se habían unido y ahora era él el que tenía que controlarlas y buscar financiación para ambas casas.

Eso era un problema, pues ya que había desecho las casas, juntándolas en la Casa Peverell, tendría que ver como afectaba a la escuela y la escritura de ésta. Bien podría ser el dueño de Hogwarts y no saberlo.

Escribiendo una petición para Griphook de que investigara el asunto, le pidió que congelara las cuentas del fundador, hasta que supieran más.

Las bóvedas Gaunt tenía poco oro y plata, lo que más tenía eran retratos, algo que se anotó para que sus elfos trajeran de inmediato al Castillo Peverell.

Pensando en los muebles y otras chucherías que solían encontrarse en las casas, apuntó también en su diario de pedir a los elfos que trajeran todo lo que no fuera oro, plata y bronce de las bóvedas, seguramente habría libros y otras cosas interesantes guardadas allí.

La guinda del pastel, fue la recomendación del banco, es decir, de Ragnok, para denunciar públicamente a los ladrones del oro Peverell.

Los ladrones pasaron a ser nada más que Albus Dumbledore y su maldita orden del fénix, algo que estaba totalmente de acuerdo Harrison en hacer cumplir.

También se emocionó bastante en saber que ahora era el poseedor de la mitad de las empresas que usaban el nombre "Harry Potter" para su propio beneficio.

Por último y más importante, era el nuevo tratado que los gobblins habían ideado para Harrison y su familia. En él constaba que ambas partes se ayudarían en caso de necesidad, con todo lo que fuera, con la excepción de que Harrison no se cambiara de banco y no se llevara la magia familiar con él. Algo totalmente de acuerdo, firmó el contrato en la sangre, con una pluma especial para ello.

Hecho todo eso, Harrison llamó a Tomy para que presentara a los elfos que había adquirido y se pudieran ir uniendo a la familia Peverell.

- Maestro, he conseguido ciento cincuenta elfos para atender todas las necesidades del Castillo. Aquí están.- Dijo Tomy, presentando a los elfos que según iban llegando, se iban uniendo a la familia. Al parecer no hacía falta decir las palabras mágicas, con tan solo ofrecerle el anillo y que éstos hincaran la rodilla y jurasen lealtad, valía.

Después de los ciento cincuenta elfos juramentados, Harrison pidió a uno que llevara el correo pertinente a Gringotts, dejando el resto que era del ministerio de magia, para mirar.

- Tomy, has hecho un trabajo genial. Gracias.

- No Maestro, gracias a usted.- Dijo el elfo no esperando más que la gratitud y alegría de su maestro.

- Bien. Ahora que tenemos más amigos, me gustaría que instruyeras a uno para ser el elfo en jefe o que me digas quien podría ser mi elfo personal.

- Oh Maestro, pensé que querías que me retirara… oh Maestro que alegría, Dobby puede ser tu elfo personal.

- No te preocupes, no quiero que te retires. Estás haciendo un buen trabajo y eso es lo que cuenta.- Alabó Harrison al elfo que lo único que hizo fue ruborizarse, si un elfo podía hacer tal cosa, era extraño por decir lo menos. – Ahora con los negocios. Necesito unos cuantos elfos que me informen sobre el estado de las cosas en el Castillo y lo que necesita ser repuesto.

Como tal, empezaremos con lo sencillo. Quiero que Winky vaya a Diagon y compre de esta lista de libros de historia, he de mantenerme al día con lo que ha pasado estos nueve años en el mundo mágico. También necesito que me traigas periódicos de los nueve años. Es una tarea complicada, lo sé, pero necesaria. Tomate tu tiempo.

Tomy, tú por el contrario irás a la calle de Privet Drive, quiero que mantengas vigilancia sobre esa calle, es muggle, así que, que no te vean. El número de la calle es el cuatro, ahí hay una casa de muggles que tienen que pagar por atormentarme durante muchos años, me gustaría que vigilaras sus movimientos y me dijeras cuando estén todos en la casa, para aparecerme allí. ¿Supongo que el anillo, permite llevarme hacia allí también, si es un traslador?

- Entiendo todo, menos la última parte, maestro.

- Sí verás, el anillo sirve para trasladarme desde una ubicación X al Castillo, si quisiera ir del Castillo hasta, digamos esa calle que te he mandado vigilar, ¿Podría servirme como traslador?

- Creo que sí, Maestro, pero solo si has estado allí de antemano y piensa con claridad a donde te quieres dirigir y tienes que decir el nombre con claridad.

- Perfecto. Entonces, esa es tu orden.

- Como desee, maestro.- Dijo dando un arco y desapareciendo con un leve chasquido.

Las siguientes horas Harrison pasó a explicar lo que quería, como el reabastecimiento de los laboratorios, llenándolos de ingredientes y plantas, desde las más normales, hasta las más raras. También pidió un laboratorio para practicar alquimia, desde cero.

Desgraciadamente el Castillo no tenía uno de esos, pues los Peverell no habían hecho investigaciones de Alquimia.

Otras de las cosas que hizo fue proponer crear unos establos y lechucería, para llenar ambas construcciones con animales mágicos y mundanos. Siempre que veía los caballos en algún anuncio que se colaba a su vista o simplemente cuando era un niño, veía los hermosos animales, le encantaban.

Cuando leyó en los libros muggles sobre animales mitológicos se maravilló más, pero cuando descubrió que esos animales en realidad existían, se fascinó imaginando que quizá algún día podría tener uno o varios de ellos.

En cuanto a la lechucería sería bueno para poder mandar lechuzas a Gringotts y otras cartas a otras personas.

- Tú, Bo, quiero que mires en el lago que tenemos, mira a ver si hay animales acuáticos, en caso contrario, deberás comprar peces y otros animales que puedan vivir ahí.

Ahora, los bosques deben ser explorados y ver que seres mágicos lo habitan, también quiero saber si son peligrosos para nosotros o no.- Dijo a uno de los elfos que aparecieron brevemente, para desaparecer con otro estallido y una reverencia. – Dobby, ve al Callejón Knockturn y compra partes de animales mágicos para rituales, compra los kit de nivel principiante y medio. Coge el oro que necesites. Eso es todo por ahora, más tarde imagino que necesitaré más ayuda. El resto de los elfos pueden dedicarse al Castillo… ah sí, se me olvidaba, en las bóvedas Peverell hay muebles de otras propiedades, quiero que las saquéis y las traigáis al Castillo. También que visitéis las propiedades que tengo alrededor del mundo, coged todo, muebles, joyas, etc. y traedlo aquí. Si podéis, poned en estasis esas propiedades. Eso es todo ahora.- Mandó Harrison al resto de elfos domésticos, mirando ahora las cartas que tenía del ministerio de magia.

La carta que recibió no fue un aviso de que le habían pillado usando nigromancia en Londres, todo lo contrario, fue un aviso formal del secretario del Wizengamot que se dio cuenta de su ascenso y le informaba que el asiento de la "subfamilia" Potter, estaba ocupado actualmente, como Proxy, por Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore y le pedía que si ese era su deseo de mantenerlo como proxy o cambiarlo.

Antes de tomar una decisión precipitada, mandó llamar a uno de los elfos domésticos, para que avisara en el salón de los retratos, de que Harrison necesitaba la ayuda de uno de sus antepasados con respecto al Wizengamot.

No tuvo que esperar mucho tiempo para que el retrato que había en el despacho del Lord, se llenara con un hombre de avanzada edad y los ojos de color avellana, con el pelo desordenado y canoso.

Según la observación primaria de Harrison, era un Potter o antiguo Potter, dado que ahora todos eran de la misma rama familiar.

- Hola hijo, ¿Has mandado llamar a alguien que tenga experiencia con el Wizengamot y sus leyes?

- Ciertamente…

- Oh, perdona mis modales, todos sabemos quién eres, pero te falta conocernos uno a uno.- Dijo con una risa ligera. – Soy Charlus Fleamont Potter. Soy abuelo tuyo, padre de James Potter.

- Pensé que Fleamont Potter era el padre de mi padre.

- Sí bueno, él es mi hermano, es natural que la gente se equivoque, dado que yo tengo su nombre como segundo y él tiene el mío como segundo nombre.

- Interesante. El caso es que sí, necesito tu ayuda abuelo. ¿No te importa que te llame así, verdad?

- Para nada hijo. ¿Qué necesitas?

- Verás he recibido una carta del ministerio de magia, exactamente del Wizengamot, diciendo que tengo que decidir quién quiero que sea mi Proxy para el asiento. Eso, si no quiero llenarlo yo mismo, pero como comprenderás, no puedo ahora por la ley Wizengamot. Solo un Lord de catorce años, puede sentarse.

- Eso era antiguamente hijo, ahora con once años puedes sentarte en el asiento.

- ¿En serio?

- Ciertamente. Pero es peligroso dejar a quien esté ahora. ¿Quién es?

- Albus Dumbledore y sí, es peligroso dejarlo. Necesitaré un listado de leyes que se han sacado desde que él es Proxy.

- Mmm… creo que lo mejor sería si tuvieras inactivo el asiento, hasta que lo quieras llenar por ti mismo. Dime, ¿Cuántos votos posees?

- Creo que el cuarenta por ciento.

- Eso es mucho… pues bien, ponlo en inactividad, se llevarán una sorpresa. No es suficiente para que no haya quorum, pero es lo suficiente para que las cosas se pongan interesantes durante dos años al menos. Te recomiendo que des una rueda de prensa también, en un sitio que tengas ventaja.

- Vaya… eso es muy astuto. Gracias abuelo, tu idea es buena y digna de meditación. Aunque creo que terminaré haciendo lo que aconsejas.

- De nada, nieto. ¿Hay algo más?

- Nada más. Puedes volver con los demás.

- Por cierto, tus padres quieren conocerte y no me mires así, hiciste un poco de daño al hacer esa declaración sobre Markus.

- Pero es cierta…

- Lo sé, yo también me sentiría así, pero tus padres te dieron la vida y dieron su vida por ti, lo menos que puedes hacer es verlos y conocerlos un poco.

- Tienes razón, no lo dudo, sobre todo con esa lógica, pero no es lo mismo. Es cierto que los retratos tienen una parte del alma y la magia del mago fallecido, pero aun así no es lo mismo… pero iré en cuanto que termine con esto, lo prometo.- Concedió Harrison conciliador a su abuelo, el cual con un asentimiento de cabeza salió de su marco del retrato, para dejarle terminar con las cosas del ministerio.

Por otro lado, Harrison tomó un suspiro y comenzó a escribir la carta que daría mucho que hablar en las próximas sesiones del Wizengamot, al menos hasta el 31 de julio de 1991, en el que reclamaría su asiento frente a los otros Lores.

Cuando fuera a reclamar el asiento, nadie, pero absolutamente nadie se le interpondría, si ese llegara a ser el caso, una venganza de sangre o una multa bien elevada podría acaecer a quien lo intentara.

Dejando la carta para que fuera mandada por Dobby cuando llegara de sus diligencias, suspiró una vez más y cuadró los hombros, dirigiéndose hacia el cuarto de los retratos, donde hablaría con sus padres y posiblemente también con Markus sobre cómo proceder ahora que habían completado la primera parte del plan.

Antes de que llegara a la sección Potter, donde los retratos de sus abuelos estaban, una voz ya lo estaba llamando.

- Harrison.- Llamó la voz de una mujer. Cuando se giró al oír su nombre se encontró con los retratos de un hombre moreno con el pelo revuelto y los ojos de color avellana. Al parecer había heredado los ojos de su padre, pues Charlus también los tenía así. Al lado había una mujer con el pelo rojo y los mismos ojos que él. En sus etiquetas, ponían los nombres de James Charlus Peverell y Lilian Rose Peverell, sus padres.

- Hola madre, padre.- Saludó Harrison con una ligera inclinación de cabeza a ambos retratos. Si bien no sabía cómo sentirse al ver por primera vez a sus padres, desde el día en el que Voldemort fue a matarlos, pensó que no podía echar de menos a alguien que no había conocido. También es cierto que ahora los tenía a ellos, a Markus y al resto de todos los retratos y los elfos domésticos y no estaría nunca más solo. Por otro lado los sentimientos que poseía de anhelo por conocerlos mejor, su vida, y sus obras, le vendrían bien.

Se podría decir que era frío cuando se comunicaba con ellos, pero… era mejor así, hace mucho tiempo había encerrado la idea de los padres amorosos, pues nunca se tragó las mentiras de los Dursley, hasta que vio los recuerdos de aquel fatídico Halloween de Voldemort.

Por todo ello, se quedó un rato a conocer a sus padres, hablando de multitud de cosas, así como porque estaba en primer lugar en el castillo, como fue posible que se llamaran de nuevo Peverell, quien lo educó cuando ellos murieron en el ataque (aunque tenían una ligera idea, dado que iba a matar a los Dursley).

Cuando les habló de Petunia y Vernon, se llevaron el cabreo de sus vidas y juraban venganza desde ultratumba, despotricaron contra el par de muggles y contra Dumbledore, por no respetar sus deseos en el testamento.

También hablaron de la formación que iba a seguir, de que le gustaría convertirse en un Maestro Nigromante y Runa. Seguir con la tradición sangre pura y el Wizengamot e invertir el oro de la familia para duplicar la fortuna.

Hablaron de las infancias de sus padres, de Hogwarts y las casas en las que estaban, de las asignaturas favoritas y los empleos que eligieron para cuando salieron de Hogwarts, de la guerra y la Orden del Fénix, liderada por Albus Dumbledore.

Hablaron en sí durante unas cuantas horas, hasta que las tripas de Harrison sonaron y decidió ir a tomar un almuerzo rápido y volver a hablar de otros temas con Markus, dando la promesa de al menos hablar más a menudo con los retratos de sus padres.

Charlus asintió con la cabeza en señal positiva ante la promesa de Harrison, aunque estaba seguro que no la cumpliría muy a menudo, pues como todo jefe de casa o Lord, iba a estar muy ocupado los próximos años, pero tampoco se lo podían reprochar.

Después del almuerzo tardío, culpa de su larga conversación con sus padres, Harrison fue directamente a hablar con Markus para discutir sus planes de estudio durante los próximos dos años.

Viendo que muchos de los cuadros parecían tener un cierto interés en educarlo, sobre los diversos temas en los que eran Maestros e incluso se les daba muy bien aunque no tuvieran la Maestría, decidieron entre todos, que a la semana recibiría un par de horas de clases.

Los lunes tendría clase de nigromancia por la mañana con Markus, después del almuerzo, con Salazar Peverell, fundador de la casa Slytherin, tendría clases de pociones y magia de Pársel.

Después de comer iría con la bella Morgana Peverell y el resto de las damas para que le dieran etiqueta.

Antioch, Cadmus e Ignotus, le enseñarían las diversas runas y sus aplicaciones en la nigromancia los martes.

Los miércoles, su madre le enseñaría encantamientos, decidiendo aportar su granito de arena.

Los jueves, la esposa de Salazar, una bruja un poco hosca pero muy bien parecida, le enseñaría Herbología, tanto teoría como práctica.

Los viernes, su padre y abuelos le enseñarían transfiguración, al menos en las que se dedicaban a la evocación de mobiliario y a cambiar cosas inanimadas a animadas y viceversa. Para la parte de los duelos y batallas, se encargarían por Godric Peverell, el cual era un Maestro de Batalla en sus tiempos.

Los sábados y domingos tendría más clases diversas, como las artes oscuras, de las que se encargaría cada retrato Peverell, salvo algunos de los antiguos Potter que no las usaban mucho.

Para Aritmancia y creación de hechizos lo haría un Hechicero llamado Marius Peverell, también se dedicaría a aprender la magia antigua que todo buen hechicero debía conocer, así como la de la antigua religión, que si bien, se podía hacer sin vara, con una vara los hechizos, encantamientos, rituales rúnicos, etc. saldrían más poderosos al ser un catalizador entre la antigua religión y el lanzador.

Markus le instruyó en el momento, que para la parte práctica de la nigromancia, debería volver a las andadas en los cementerios, aparte de buscar y cazar algunos muggles para su uso y llevarlos a las mazmorras, en los calabozos los mantendría con vida y cuando necesitara uno o dos para sus prácticas, sería sacarlos y "jugar" con ellos.

Harrison pensó en que muggles no echarían de menos en su mundo y se decidió por cazar mendigos, prostitutas, maleantes y lo que la "buena" sociedad muggle desechaba todos los días.

Para más tarde, cuando iba a pedir la merienda, Tomy, su elfo en jefe se presentó ante él y le dijo que los muggles que estaba vigilando, habían llegado a su casa y que estaban todos viendo una caja de la que salían imágenes en movimiento. Aparte dijo que tenían visita también, de una mujer obesa con un perro.

Los retratos más antiguos que no sabían o conocían lo que era una televisión, se quedaron pasmados, antes de que Lily, una de las pocas o casi mejor decir, la única que sabía en la sala lo que era la televisión, se pusiera a explicar lo que era a los demás.

- Bien, Tomy, has hecho un buen trabajo. Dime una cosa antes de ir, ¿Has oído el nombre de la mujer gorda?

- Sí Maestro, se hace llamar Marge…

-¡Excelente! ¡Buen trabajo! Deberías de conseguirte una recompensa, pero antes, llévame a Privet Drive y quédate cerca, necesitaré que me traigas de nuevo al Castillo.- Felicitó Harrison, agarrando su vara y despidiéndose momentáneamente de Markus.

Mataría dos pájaros de un tiro o mejor dicho cuatro de un tiro, pues también tenía pensado acabar con la vida de esa mujer.

Cuando aparecieron delante del número 4 de Privet Drive, Harrison comenzó a echar sin vara encantamientos para enmascarar su firma mágica y su olor. Su olor por si acaso Dumbledore se enteraba y decidía usar hombres lobo para su búsqueda. Uno de los amigos de James era uno, por ello la precaución.

Mirando por un breve momento las salas de sangre que rodeaba la casa muggle, Harrison sonrío por lo que aún seguían en pie, a pesar del hecho de no estar más allí y no considerar esa casa como su hogar nunca más.

Con un leve movimiento de su muñeca, sacó la vara preparándose mentalmente para lo que iba a hacer.

A parte de las salas que él mismo había manipulado con anterioridad, comenzó a echar salas anti muggle en las puertas y las ventanas de la casa, para que no salieran de allí, se encargaría personalmente de destruir ese último vestigio de su antigua vida y enterrarlo en el fondo de su mente, con sus mejores protecciones en Oclumancia.

Ahora, con un audible suspiro, tras haber echado la última de las salas, la cual no avisaría al ministerio de magia de que en la zona, se había hecho magia, Harrison se apartó de la casa, cuando la oscuridad comenzaba a reclamar el barrio muggle.

Apuntando con la vara directamente en el jardín, para que los muggles vieran con horror que es lo que les iba a suceder, Harrison echó el fuego maldito, Findfyre.

Una gran llama blanca salió de su vara y se estrelló en el jardín delantero, convirtiéndose en un enorme basilisco, el cual comenzó a devorar todo a su paso.

Cortando la corriente mágica y guardando la vara nuevamente en su funda de la muñeca, vio con satisfacción como iba duplicándose el fuego mágico y comenzaba a atacar las otras casas.

Los gritos de terror no se hicieron de esperar y la casa del número 4 de Privet Drive, comenzó a ser consumida por las llamas y los animales mágicos y mundanos, que aparecían.

- Tomy, aquí ya no hacemos nada, volvamos a casa.- Dijo Harrison agarrándose a la mano que le ofrecía su elfo doméstico con una sonrisa.

Ahora su Maestro, estaría contento y feliz de haberse vengado y la gente mala muggle, conocería la venganza de los Peverell.

Desapareciendo con un audible "pop" de la escena del crimen y reapareciendo en el Castillo Peverell, justo en la sala de los retratos, miró a cada uno de ellos con un rostro impasible, los cuales le devolvían la mirada interrogativamente.

Lentamente y poco a poco fue sonriendo de pura felicidad al estar en el verdadero hogar, habló a la sala entera con una voz fuerte, potente y segura.

- Está hecho. Están todos muertos.- Y con esas palabras se dio media vuelta para dirigirse a su alcoba a limpiarse y lavarse.

Más pronto que tarde, en esa misma noche, haría un ritual de limpieza para quitarse los restos de la magia de sangre que había dejado en Privet Drive, mientras que los muggles del barrio de Privet Drive y alguno vecino, se quemaban lentamente, con las sirenas de los bomberos, escuchándose desde la lejanía alertados por los vecinos asustados que llamaron cuando vieron los primeros atisbos de llamas, pues se penaban que los gritos eran de una película de terror, con el volumen de la televisión tan alto. Ingenuos, no sabían lo que se había hecho para ellos.

Poco sabría que al hacer ese ritual, Harrison se quitaría los encantamientos más persistentes que Albus puso en su persona y los últimos vestigios de bloques en su magia desaparecerían, haciéndolo aún más poderoso.

Salto de Línea

Albus Dumbledore era un hombre feliz y sin preocupaciones aparentes. El niño, Harry Potter, estaba con sus parientes muggles desde hacía ocho años en Privet Drive.

De las bóvedas Potter, se llevaba una comisión de oro al mes, gracias a sus manipulaciones y a un gobblin, que estaba en su nómina. Ese hecho de pura suerte, fue más que conveniente para él, pues así podía sacar todo el oro que quisiera del fideicomiso del joven Potter, del cual también daba un poco de ese oro a sus más fieles, los Weasley.

Los Weasley o más bien Molly Weasley, antes Prewett, era su más fiel seguidora y además había perdido mucho en la última guerra, tal como sus dos hermanos, de los que culpaba claramente a los Potter, por el "traidor" Sirius Black, aunque Albus supiera que no era él el que los traicionó a todos.

En un futuro, cuando el joven Harry llegara al mundo mágico, es decir, cuando cumpliera los once años, él y Molly crearían un contrato de matrimonio entre la chica más joven Weasley, Ginebra y el joven Potter. Si por algún casual no funcionaba y no se sentía atraído hacia ella, lo más seguro era que usaran filtros de amor, hasta que Potter engendrara un heredero, cuando eso sucediera, trágicamente, encontraría su fin.

Sirius Black estaba en Azkaban, eso era seguro, por "traición" a los Potter aparentemente, aunque sabía con certeza que todo era mentira, porque él echó el Fidelius sobre la casa y sabía desde un principio quien era el espía en la Orden del Fénix.

Su otro espía, Severus Snape, se lo había dicho.

Sí, la vida de Albus Dumbledore era buena, siendo director de Hogwarts, Jefe de magos del Wizengamot, Proxy para la Casa Muy Antigua y Noble de Potter y Hechicero supremo de la Confederación Internacional de Magos (ICW).

Tenía tres carreras y un asiento, aparte del hecho de cobrar buenos sueldos al mes. El fénix que obligó a su voluntad, hace ya tantos años, llevaba tiempo sin luchar contra él ni quejarse, eso era una buena cosa, porque no le dejaba al principio pensar con claridad y era un dolor de cabeza constante. Luego, pasaron los años y Fawkes, fue dejando de luchar y quejarse, resignándose a su posición. Tampoco es que se pudiera quejar el pajarito, pues le daba cualquier capricho que quería.

Sin embargo, unos días, después de ocho años, algunas cosas sucedieron que le vieron afectado más de lo que hubiera imaginado en su vida y le vinieron todas de golpe.

Estando en su casa, en el pueblo del Valle de Godric, la red Flú de repente se prendió fuego unas semanas antes del fiasco Potter.

La cabeza que salió fue la de Cornelius Fudge, diciendo que en un barrio muggle, cerca de donde vivía el chico Potter, había aparecido un nigromante, algo totalmente estúpido pues hacía muchos siglos que no se veía uno en Gran Bretaña.

Despidiendo la idea, pero no descartándola hasta que vio con sus propios ojos como ese mismo nigromante, intentaba hacerse con unos ingredientes por sí mismo, ayudó un poco al DMLE enviando aliados suyos a investigar el caso.

Unas semanas después y no teniendo nada, dejó el caso en las manos capacitadas de Amelia Bones y los aurores.

Ahora en la misma casa y en la misma silla en la que estaba sentado hace un par de semanas, la red Flú volvió a incendiarse para sacar la cabeza del ministro de magia muy contrariado.

Yendo hacia la chimenea al oír las voces de Fudge llamándolo, Albus se agachó y esperó a que el ministro al menos se calmara un poco.

Su espera no iba a ser muy larga, pues viendo que Albus había contestado Fudge calmó sus nervios lo más rápido que una persona podía ver, incluso más rápido en decir Knut.

- Albus, algo ha sucedido… es necesaria tu presencia en el ministerio.- Dijo antes de desaparecer por la chimenea sin dar más explicaciones.

Con el ceño fruncido y una corazonada llena de pesar, fue primero a su despacho en Hogwarts para ver los instrumentos de monitoreo que tenía sobre el joven Harry.

Al llegar se llevó una sorpresa y susto por igual, los instrumentos de plata y platino que tenía en una mesa auxiliar, habían desaparecido. Más bien se habían fundido con el suelo en una masa grisácea y negruzca. Para ello, las salas de Privet Drive tuvieron que ser destruidas y el joven Harry muerto o desaparecido en el mejor de los casos.

Si los Lores de sangre pura se llegaran a enterar que uno de los suyos en el futuro, aunque a éste lo odiaran por la desaparición de Lord Voldemort; había estado viviendo con muggles, cuando muchos de ellos podrían haber reclamado la tutela, como los Longbottom, pedirían su cabeza en bandeja de plata.

No, no podía permitir eso, pero ¿Qué hacer? ¿Tal vez, hablar con Arabella Figg, sería una buena idea?

Sí, eso haría, le pediría una explicación.

Cogiendo un puñado de polvos Flú, se dirigió a su chimenea y llamó a Arabella, sin darse cuenta de la carta con el sello del Wizengamot en su escritorio.

Pero la sorpresa que se llevó al entrar en la chimenea fue tremenda, la casa estaba vacía con una capa de polvo adornando todo a la vista. El olor a gato muerto, era tan fuerte, que las arcadas no se hicieron de esperar. Volviendo a entrar en la chimenea, fue directamente al ministerio de magia, con un toque de pesar en su alma y corazón, su espía hacia Potter, se había ido.

Saliendo de la chimenea en el atrio, se fue directamente al ascensor que lo llevaría a la primera planta, donde residía el despacho de Cornelius Fudge. Cuando al fin llegó al despacho del ministro, hizo que la secretaria le anunciase y le hiciera pasar. Con una sonrisa de abuelo y quitándose los vestigios de mal olor de la casa antes visitada, pasó al despacho como si no hubiera preocupaciones en el mundo.

- Buenos días Cornelius, ¿A qué debo el placer de que me llamaras personalmente a mi casa? Estaba leyendo unos patrones de punto…

- Déjate de tonterías Albus, estamos en un grave problema, una crisis de hecho diría yo. El niño que vivió ha desaparecido de la casa de sus parientes. Es más, esa casa y la del barrio entero, más otro barrio, han sido calcinadas con todos sus ocupantes dentro.- Dijo el ministro sin mucha parafernalia y con decisión continuó. – Los inefables aseguran que se ha echado el hechizo Findfyre sobre el lugar.- Cornelius terminó de contar y vio como el gran Director de Hogwarts palidecía por completo.

- Pero eso no es todo, ayer mismo se sintió un pico de magia muy potente por los callejones Diagon y Knockturn y no sabemos que pudo haberlo causado. Te he llamado aquí, porque tú tienes control en la vida del niño, con esos aparatos tuyos. Dime, ¿Está vivo y dónde está? Mi carrera y tu reputación penden de un hilo.- Se expresó el ministro con una cara de evidente preocupación, pero no por Harrison, sino por su carrera y porque si esto salía al público… no, no quería pensar en ello y seguramente Albus tampoco.

- Lo siento Cornelius, pero mis instrumentos de seguimiento fueron destruidos, no sé qué pudo haberlo causado… por si fuera poco, mi espía del niño, ha desaparecido. Tal vez, si fuéramos a Gringotts, conozco al gerente de cuentas Potter, le podemos preguntar sobre el paradero de Harry Potter.- Sugirió Dumbledore con más esperanza de encontrar al niño, para poder llevarlo a un orfanato muggle, disciplinarlo allí por haberse escapado, dado lo que menos le interesaba a Albus ahora a sus planes era que el niño descubriera su herencia y se le escapara de las manos al reclamar los anillos de heredero.

- ¿Has dicho espía en el niño? ¿Ha desaparecido? ¿Cómo?

- Sí… era una Squib que contraté para que vigilara al joven Harry…

- ¿Por casualidad no se llamará Arabella Figg?

- ¿Cómo lo sabes?

- Nos vino hace meses un soplo de una institución mental muggle, de que una mujer que decía que un chico la había torturado mentalmente… no sé de donde sacas a esa gente Albus, pero al final la pobre mujer cayó muerta, tras un experimento de los muggles.

- ¿Muerta? ¿Cómo?

- Una inyección, supongo. No sé, el caso es que la mujer estaba más allá de recuperación y como no tenía familia inmediata que la reclamara, el gobierno muggle no iba a hacerse cargo, así que la mataron, no sin antes mirar por su casa. Menos mal que otro Squib estaba delante y pudo informar al ministerio. De todas formas ¿Has dicho de ir a Gringotts? ¿Es buena idea? ¿Sabes tan bien como yo, que esas bestias inmundas no nos ayudaran, al menos no si no les pagamos?

- Déjame eso a mí, Cornelius, pero sí, Gringotts puede ayudarnos más a encontrar al joven Potter.- Subrayó con énfasis el encontrar, puesto que a Cornelius se le vería con una mejor cara, al menos sus votantes, a Albus por el contrario le daba exactamente igual, con tal de que el niño estuviera roto, para poder recomponer las piezas por sí mismo y que sus planes no cayeran a pedazos, todo por el bien común, por supuesto. Era una pena lo que le pasó a Arabella, era una buena espía, tal vez tendría que investigar su muerte por "muggles" había algo que no cuadraba.

Con lo que dijo Albus de ir a Gringotts, al principio no le gustó, dado que Lucius le había dicho muchas veces que los gobblins no decían una palabra sobre otras cuentas a otros clientes que no fueran suyos, pero el mérito de tener a un gobblin chantajeado o en el bolsillo de Albus, hacía que la idea fuera muy tentadora.

Con cada pensamiento que le daba, al ministro la idea le fue pareciendo cada vez mejor, por ello pidió al encargado del enlace con los gobblins que les programaran una cita urgente con el gerente de cuentas Potter.

Poco sabían que la negativa que recibirían cambiaría muchas vidas, poniéndolas del revés.

Al pasar las horas y no recibir una respuesta de los gobblins a la cita del ministro de magia y el jefe de magos del Wizengamot, decidieron que lo mejor sería presentarse ellos mismos otro día, pues actualmente tenían ambos muchas cosas por hacer.

Antes de separarse ambos, fueron interceptados por dos magos, uno del enlace de los gobblins y el otro por el secretario del Wizengamot.

- Ah, Jefe de magos, Ministro, que sorpresa, ahora iba a mandar una carta a ambos, pero ya que están aquí, se las entrego.- Dijo el secretario del Wizengamot, cogiendo ambas cartas selladas con el sello de Lord y del Wizengamot a ambos hombres. – Me despido, mucho trabajo por hacer todavía.- Se marchó sin siquiera mirar hacia atrás, lo cual dejó tres magos confusos por la pantalla.

El otro mago que interceptó al ministro y al jefe de magos, era el enlace con los gobblins, el cual tenía información para ellos.

- Ministro, Jefe de Magos, mis disculpas por la tardanza, pero los gobblins se niegan a concordar una cita. Dicen que hemos roto el tratado con ellos y si no queremos una guerra, tendremos que hacer pagar a los que han robado a un cliente fundador, cerrarán el banco también, para toda la población de tiempo indeterminado.- Dijo y se marchó sin esperar una respuesta, pues sabía el temperamento del Ministro de Magia, por lo menos y no quería perder su puesto de trabajo.

- ¡Eso es imposible! ¡Si no quieren una guerra mágica, no lo harán!- Exclamó con indignación Cornelius, olvidando el sobre que tenía en la mano arrugándolo lentamente.

- Ahora, ahora Cornelius, no seamos precipitados, seguro que hay un error. La única familia fundadora en la que puedo pensar, lleva mucho tiempo muerta. Sugiero que vayamos los dos a hablar con el director del banco y solucionemos el problema, pero antes debemos mirar en nuestros asuntos diarios, hagámosles esperar.

- Sí, tienes razón como siempre Albus. ¿Crees necesario llevar fuerza auror?

- ¡No!, quiero decir, no, no será necesario, con tal de que los clientes nos vean a los dos caminar por el banco, tratándolos con cortesía, se darán cuenta de que no hemos hecho nada malo.

- Oh, está bien, supongo que mañana o pasado podremos ir entonces.

- Sí, eso estaría bien.- Comentó con aire ausente mirando a la carta en la mano. – He de volver a Hogwarts, creo que tenía una carta similar en la mesa del escritorio. Hasta pasado mañana, Cornelius.- Se despidió Albus, dirigiéndose otra vez hacia al atrio, pensando en sus asuntos y sin notar que las consecuencias de lo que hizo hace tantos años, ahora iban a ser peores de lo que jamás pudo imaginar.

Con el estallido de las llamas verdes, entró en su despacho para encontrarse de frente a los profesores McGonagall y Snape, los cuales lo esperaban con el ceño fruncido y preocupados.

- Albus, tenemos un problema.

- ¿Más problemas? Minerva, estoy realmente ocupado en estos momentos. ¿No puede esperar?

- Me temo que no director.- Intervino Severus con un dejo de extrema preocupación en su tono. – Ha surgido algo en la escuela que requiere su atención.- Con un suspiro del director, se encaminó hacia su escritorio, notando otra carta, pero esta vez con un sello de Lord en ella, curiosamente la cresta no la reconoció.

Dejando esos pensamientos de lado, invitó a sus colegas y subordinados a sentarse en las sillas ofrecidas.

Una vez sentados, Albus ofreció un caramelo de limón a ambos, los cuales rechazaron inmediatamente, después de todo, sabían perfectamente que algunos de ellos estaban impregnados de una poción tranquilizadora.

- ¿Y bien, que es tan importante que no puede esperar?- Cuestionó a ambos, los cuales se miraron un momento, para ver quien daba la mala noticia.

El momento se vio interrumpido, cuando Minerva cuadró los hombros y tomó su responsabilidad de subdirectora.

- Albus, las casas de Slytherin y Gryffindor han desaparecido.- Soltó la bomba esperando una reacción del director o al menos que cuajara la información.

- ¿Es algún tipo de broma?

- No lo es director. Tanto los blasones Gryffindor y Slytherin han desaparecido. Los retratos de ambas casas se han juntado.

- ¿Juntado?

- Lee la carta del sello de… ese Lord, creo que lo comprenderás.- Informó Minerva, mientras que Severus le dedicaba una mirada de reproche a su compañera.

- Muy bien…- Comenzó a abrir la carta, para leer tres veces el contenido, dado que no creía lo que sus ojos veían.

La carta en sí contenía, la información detallada de que las Casas Slytherin y Gryffindor se habían unido a la familia principal a la que pertenecían y por tanto, las cámaras que había en la institución conocida como Hogwarts, desaparecían, por orden directa del Jefe de Familia.

En cambio, dicho Jefe de Familia o Lord, volvía a renombrarlas, bajo una sola bandera, la cual había un dibujo en la carta, adjuntándose a ella.

- Esto… esto… ¿Es cierto? Pero… no puede ser, ¿Verdad?- Pidió mirando más a los retratos de los antiguos directores, de los cuales ahora se daba cuenta de que faltaban algunos y de que sus nombres habían cambiado.

Los directores que se hacían llamar antes Slytherin y Potter, ahora tenían el nombre Peverell y estaban vacíos.

- Me temo que sí, Albus.- Vino la voz de un director Peverell. – Ahora las antiguas cámaras Slytherin y Gryffindor están unidas en una y todos sus estudiantes pertenecen a la misma. La casa de Mortem.- Terminó con broche de oro, volviéndose a ir del cuadro, esperando que no lo destruyese Dumbledore.

La cara que se le quedó después a Dumbledore lo decía todo, era pura poesía. Al principio pasó por la incredulidad, para luego ir a la furia y la negación, hasta que llegó a la aceptación, dándose cuenta de que no podía hacer nada realmente.

- Temo… que poco se puede hacer ahora, nada más que asumir que este Lord… Peverell ha cambiado justamente lo que su familia anteriormente hizo.

- ¡Pero Albus! ¡La tradición…!

- No Minerva, cada Lord tiene su derecho y si realmente le pertenece Hogwarts, como hemos visto que hace, tiene derecho a interferir al menos en el cincuenta por ciento de la escuela. Mientras, que no haya herederos de Hufflepuff o Ravenclaw, tiene el control de la escuela.

- Te lo estas tomando demasiado en calma, Albus.- Opinó Severus con una ceja levantada.

- Créeme, hijo mío, por dentro estoy hecho un hervidero…- Se cortó cuando vio las cartas del Wizengamot cada una. La primera y más importante, le informaba de que ya no era Proxy Potter, asumiendo correctamente que Harry había dado con su herencia. Más adelante en la misma misiva, vio con horror no fingido, que de hecho, Lord Peverell, había asumido las subfamilias de Potter y Gaunt, más los dos asientos de los fundadores discutidos en el despacho del director, todos juntos de nuevo.

-¡NO! ¡ESTO NO PUEDE SER! ¡MALDITO SEA ESE PEVERELL!- Chilló fuertemente, agarrando su varita y destrozando mobiliario del despacho, haciendo que Fawkes trinara enfadado y se fuera en un estallido de llamas.

- ¿Qué es Albus?- Pidió Minerva, intentando mirar a escondidas, pero no muy sutilmente en la carta que había recibido.

- Albus… esta carta dice que ya no eres Proxy en el Wizengamot y que has sido multado con un millón de galeones por ocupar ilegalmente un asiento… ¿Cómo pudiste hacerle eso a los Potter, bueno ahora Peverell?- Inquirió Minerva con el rostro serio por tal desfachatez.

- Lo peor, director, es que según tengo entendido, Lord Peverell puede desestimar todas y cada una de las leyes y decisiones que tomaste con el asiento Potter, hasta el día de hoy… también va para los otros asientos.

- ¡Sí! ¡Es correcto! ¡Marchaos ahora! He de tranquilizarme.- Continuó con su perorata Albus, sin poder creer lo que ese Peverell había logrado hacer.

Pero lo más intrigante era, que no sabía que las familias mencionadas en el pergamino, eran subfamilias en realidad, si lo hubiera sabido… ahora entendía lo de la amenaza de los gobblins… tendría que pagar todo el oro que había robado a Harry… espera.

- Minerva… el libro de registros… dame el dichoso libro de registros…

- Claro Albus…- Dijo Minerva desapareciendo momentáneamente por la chimenea del director, dejando a Severus solo con el viejo mago enfadado.

- Albus, ¿Qué hago yo ahora? Sabes los problemas que habrá en la nueva casa tan bien como yo y esa casa no puede tener dos cabezas de casa… ¿Qué hago?

- De momento nada… solo quiero ver el libro y pensar. Vete, Severus.- Mandó el director con una mano en la sien, frotándosela para evitar el inminente dolor de cabeza que venía.

Cuando Minerva llegó, entregó rápidamente el libro de registros y se marchó al ver la mirada de su empleador.

Abriendo el libro, pidió por Harry Potter, pero viendo que no iba a obtener nada automáticamente, decidió hacer una búsqueda manual.

Mirando por la "P" encontró un apellido que no esperaba ver. Peverell. Harrison Markus Peverell, el maldito niño, no solo había dado con una forma de salirse de Privet Drive, sino que además había encontrado su herencia, desestimando los planes de Albus Dumbledore en menos de dos días, algo que nadie había conseguido, ni mucho menos enfadar tanto como este Harrison.

Lo peor de todo, era que lo que el niño Lord había hecho, era legal. Ahora no podía acercarse a Gringotts, a no ser que devolviera el oro que había robado a los Potter.

Pensando con frialdad, se dio cuenta de que seguramente Bogord, estuviera muerto… sí, tenía que ser eso.

Pero la pregunta real, era, ¿Cómo demonios iba a devolver más de dos millones de galeones con intereses? Era imposible… a no ser que tuviera la piedra filosofal de Nicholas, pero Nicholas no se la dejaría ni en broma… tal vez un favor de lingotes de oro por el valor de cuatro millones, podría hacerse.

Con ese plan en marcha, observó cómo tenía que rehacer sus planes inmediatos, pero fuera del Wizengamot, pues había perdido un asiento valioso… aunque todavía había una segunda carta.

Abriéndola, inmediatamente se desmayó ante el contenido de la carta, que decía así.

"Al Jefe de Magos Albus Dumbledore:

Por la presente, yo Lord Harrison Peverell, decido que mi asiento en el Wizengamot, con el cuarenta por ciento de los votos que tiene, lo sello hasta que pueda sentarme en él en mil novecientos noventa y uno.

Siendo así, que dicho asiento, queda totalmente en estasis, para que nadie pueda hacer mal uso de los votos.

Viendo que las leyes preestablecidas por el "Proxy" Dumbledore habiéndolas sacado sin mi permiso, las retiro con efecto inmediato."

No leyó más, pues del enfado y las consecuencias que eso traería, hasta que pasara dos años… era tanto, que el pobre director cayó de la silla al suelo, golpeándose la cabeza en el proceso.

Horas más tarde lo encontraría su fénix y lo llevaría a la enfermería.

Esas mismas cartas que había recibido Albus, las recibió el Wizengamot al completo, siendo Dolores Umbridge, la otra multada con un millón y medio de galeones a pagar a Lord Peverell.

El país entero, o al menos en lo que refería a los Lores y Ladies, estaba asombrado por la acción repentina de este nuevo Lord.

Las consecuencias, sí es que las había, serían catastróficas para los que se empeñaran en cruzar a Lord Harrison Markus Peverell, Jefe de la Antiquísima y Nobilísima Casa de Peverell.