En el fondo del pasillo de la escuela se veía a dos ''amigos'' discutir a gritos.
—¡Me diste mal tu jodido número!—gritó Vegeta, tomando por la camisa a uno más alto que el.
—Venga tío, no es para tanto...—se escusaba el otro, agachado un poco la vista; la diferencia de tamaños era muy notoria.
—¡¿Qué no es para a tanto?! ¡He hecho de tonto frente a otra persona!
—¿Uh? Eso no me lo dijiste —empujó la mano que le sostenía y dándole una mirada recriminatoria al más bajo, habló:— ¿Qué le dijiste?
Volteando el rostro a un costado, con la voz baja admitió que le escribió a la otra persona como era costumbre entre ellos: con insultos.
—¡Vegeta!—se quejó.
—¡No fue mi culpa!
—¡Le debes una disculpa!
—¡No!
—¡Si! ¡Vamos a buscarlo!—empezó a tirar del brazo a su amigo.— ¿Cómo se llama?
—¡No te lo diré! ¡Me llevarás y yo no quiero!
—Está bien.—Goku soltó el brazo de su amigo.— Dame el nombre y el que se disculpara seré yo.
—Bulma Briefs.
—¿Qué clase de nombre es ese?—dijo riéndose un poco.—Bueno, vamos.—Empezó a tirar nuevamente del brazo de Vegeta.
Goku era más alto que él, por lo que no le dificultó el arrastrarlo por los pasillos. Preguntaba a quien pasará por la chica, la mayoría dijo que no la conocían hasta que una chica rubia les dijo el salón en el que se encontraba.
Vegeta, aún quejándose, empujó a Goku cuando entraron al salón de la chica. No había casi nadie ahí, Goku sonrió como de costumbre hacia todos y pregunto por ella, una chica apuntó hacia una mesa en el lado derecho. Ambos se dirigieron hasta el pupitre de una chica de pelo azul, que tenía los audífonos a todo volumen, se podía escuchar el sonido si te pasabas cerca.
—¡Hola, soy Goku!—hablo, poniéndose delante de ella.
Ella enmarcó una ceja ante el sujeto en frente de su mesa, no había escuchado lo que le había dicho pero supuso que era un saludo, se quitó los audífonos y movió su mano en un saludo.
—¿Les puedo ayudar?—dijo reparando en el chico más bajito al costado del de cabellos alborotados.
—Bueno ayer mi amigo te mando un mensaje...—apuntó a Vegeta al decir lo último, este desvío la mirada.— Verás, yo perdí mi móvil y cambie de número... pero ese es otro tema, él mando ese mensaje pensando que era yo. Espero y nos disculpes.
—Oh, claro. Se me hizo un poco extraño...
—Permíteme presentarnos, soy Goku y el es Vegeta.—el chico bajito asintió con la cabeza.
—Mi nombre es Bulma...—fue interrumpida por la risa de Goku.— ¡¿Qué es tan gracioso?!
—Jajaja Bulma jajajaja—siguió riendo.
—Oye Kakaroto estás siendo grosero...—susurró Vegeta a su amigo.
—Lo siento.— se disculpo. —Tu nombre es algo extraño...
—¡Es por eso que no me gustan los niños!—gritó.
Vegeta se molestó, se habían tomado la molestia de ir a pedir una disculpa, aunque Goku lo hubiera arrastrado él sabía que debían hacerlo, quizá su amigo era una cabeza hueca pero ella no podía tratarlos así. Le pareció desagradable.
—Pues adivina qué, guapa.—le dijo, su sarcasmo era notorio.— No es nuestro problema que no te gusten los niños. Eres más desagradable que todos los que he conocido, vámonos Kakaroto.
Ambos salieron de ahí dejando a una molesta Bulma que arrugo el ceño y se puso nuevamente sus audífonos, refunfuñaba molesta ¡Ese idiota le había insultado! ¿Qué se creía? Era él el que le debía una disculpa, no el otro tipo. Se mantenía callada en todas las clases e incluso en horas de receso, hace poco había aprendido que era mejor estar sola: nadie era capaz de entablar una buena conversación, todos eran aburridos a su parecer, su intelecto era grande, tan grande que no tenia necesidad de prestar atención en clases, todos los contenidos ya se los sabía ya que estaban en los libros y era patético no adelantarse un poco (por no decir todo). A sus dieciséis años ella ya leía libros de robótica que sacaba a hurtadillas de su padre y no sólo eso sino que los entendía perfectamente, incluso pidió a sus padres un pequeño espacio en casa para poder tener privacidad y leer o tal ves crear algo en su pequeño espacio.
El timbre la sacó de sus insultos hacia los idiotas que había conocido, no tuvo más opción que quitarse los audífonos, la habían educado y sabía que era una falta de educación no escuchar a alguien cuando hablaba.
—¡Estoy en casa!—grito entrando.
Fue recibida por su madre, antes solía preguntar si no venía alguien con ella o más tarde, pero desde hace meses ya no le preguntaba, solo se limitaba a preguntarle por su día y si quería algún aperitivo, lo mismo de siempre. Pero no podía decirle que hoy si venía con alguien, hizo una mueca subiendo las escaleras al pensar en que sería divertido pasar la tarde con alguien tan sólo hablando o jugando a algo, un par de veces intento unirse a algún equipo deportivo para encajar un poco, pero en todos los clubes que había entrado todos ahí tenían sus amigos y su propio grupo, no era alguien paciente así que al día siguiente no iba y punto.
Cerró la puerta tras de sí y sacó su móvil. Volvió a ver la conversación de ayer, había estado tan sorprendida por el mensaje que hasta se extraño de que sonora ese silbido de WhatsApp, era uno de los pocos chats que tenía, las conversaciones que tenía podían ser contadas por los dedos de una mano, nunca se imaginó que alguien le mandara el condenado mensaje para pedirle la tarea.
Puso su teléfono a cargar y pensó a salir a caminar un rato, no tenía hambre y a esa hora no debía haber nadie por las calles ya que todos volvían a sus casas.
Salió corriendo, dio una caminata por un parque, lentamente admirando las pequeñas flores y los grandes árboles que se alzaban y daban sombra. Con sus manos tras su espalda empezó a dirigirse a un puesto de helados, pidió uno de fresa y siguió su recorrido.
Después de un tiempo levantó el rostro y una pequeña gota de cayó en su rostro. Se la limpio y las gotas empezaron a caer con más fuerza y rapidez aumentando su tamaño.
Era frustrante tener que volver a casa empapada y con ganas de seguir caminando. Se abrazo a sí misma, no quiso apresurarse ya estaba mojada y molesta ¿Qué más daba mojarse un poco más?
—¿Estás loca?—escucho la pregunta de alguien. Al levantar la mirada arrugo su ceño, era el idiota que le había insultado está mañana, aunque también le dijo guapa, si no sintiera frío se hubiera sonrojado.— ¿Por qué no te cubres?
—¿Me ves con algo para cubrirme?—le dijo, molesta.
—¡Hmp! Pues eres algo tonta.—vio como él se acercaba y se ponía a su lado, protegiendola del agua con su paraguas.
—¿Q-Qué haces?
—¿Qué más? Te cubro con el paraguas, anda, dime dónde vives y te acompaño.
—No es necesario...
—No seas terca.
—Bien. Corporación Cápsula.—vio como el rostro del chico la miraban con burla.
—No me voy a creer ese cuento.
—¿Estás dudando? ¡Estas hablando con Bulma Briefs!
—No te creo.
—¿Ah, no? Pues vamos y lo verás.
Vegeta sólo se encogió de hombros y empezó a caminar al lado de la chica, le parecía algo extraño el color de su cabello, pero ¿Quién era él para criticar? Su cabello era algo extraño también. Sintió como la chica se acercaba más a él, la miro pidiendo una respuesta.
—Te estás mojando.—susurró, apuntando con su barbilla el hombro de Vegeta.
Siguieron caminando en silencio. Cuando llegaron a la casa, o gran casa, Bulma lo miro con superioridad, él no le había creído y la había tratado de mentirosa.
—Te lo dije.
Chisto.— Bueno, adiós.—dijo dándose la vuelta listo para volver a casa.
—¡Oye!—giró su cabeza para poder verla, pudo notar que tenía la cara roja.— Siento haberlos tratado así... me molesto que tu amigo se riera de mi nombre.
Vegeta no pudo responder. Sólo asintió con la cabeza y se dispuso a volver a casa, con una sonrisa involuntaria.
