CAPITULO 3
PUNTOS DE VISTA Y RUEDA DE PRENSA
El tercer día que Harrison pasó en el Castillo Peverell, lo pasó hablando con los elfos domésticos y los retratos.
Los primeros se les ordenaron que escucharan a ciertos retratos, tales como el de Markus, Marduk y Morgana.
Siendo éstos los que entrenarían principalmente a Harrison en las artes más importantes. El de etiqueta y política por Morgana y el de la Nigromancia por Markus y Marduk.
Es cierto que cada retrato aportaría su grano de arena a la formación de Harrison, pero los más importantes se asegurarían de que algún día Harrison se convirtiera en un Gran Maestro Nigromante, aunque ya iba por ese camino, pues las lecciones tomadas con Markus hace años, fueron absorbidas como si el cerebro de Harrison fuera una esponja.
Ahora que había hecho el ritual de limpieza, él mismo notaba que su inteligencia y fuerza mágica aumentaban en consideración.
Hablando con los retratos después, Markus instruyó a Harrison de que tendría que hacer un ritual específico más pronto que tarde.
- Es un ritual sencillo, no hace falta mucha compresión de él, lo hacíamos en nuestros tiempos a los herederos de nuestras familias.
- Si creo que es el ritual que pienso, nosotros también lo hacíamos.- Intervino Salazar, con los asentimientos de Godric y otros Peverell, tan antiguos y modernos, llegando a los tres hermanos.
- Es un ritual sencillo, joven Harrison.- Continuó Cadmus. – Ni siquiera es de nigromancia. Sirve únicamente para que otras personas no puedan realizar rituales sobre ti, pociones, alquimia, ni lanzarte encantamientos de bloqueo ni nada de eso.
- Es increíble… y parece muy interesante hacerlo. ¿Tiene algún efecto negativo?
- Uno nada más.- Dijo Markus sonriendo. – Es un efecto negativo, pero tampoco se le consideraría así. Únicamente, si te unes a un familiar o dos, tienes que dar el consentimiento de unión. Si el familiar es mágico, él sabrá cómo hacerlo para que os beneficiéis ambas partes. Afectando una pequeña parte del ritual a dicho familiar.
- Vamos, que es una consecuencia negativa y positiva, como si fuera de doble filo.- Concluyó Harrison asintiendo.
- Exactamente.
- ¿Qué tengo que hacer para hacerlo?
- Buscar la cama rúnica, donde harás el ritual. Espera a que sea de noche y llama a un par de elfos, para que te saquen de allí cuando terminen. También lleva a uno de nosotros, para ver la finalización del mismo. Los ingredientes son los normales en dichos rituales. Nada de qué preocuparse, los tienes todos.
- Entiendo. Creo que lo haré hoy por la noche.- Comentó Harrison mirando pensativamente. – Los elfos serán Tomy y Dobby. Llevaré dos retratos, a ti Markus y a Marduk. ¿Tengo que desnudarme?
- Sí y no llevar nada mágico, así como tu vara, por ejemplo.- Terminó de instruir Markus, pasando a otros temas como la formación.
- Pero Markus… no hay algún tipo de magia o artefacto que me permita hacer la formación en la mitad del tiempo. Será mucho tiempo para saber todo, años si estoy seguro de ello. Aún con la Oclumancia activa todo el tiempo.
- Tiene razón, Markus. Pero sí que hay dicho objeto. Ve a la biblioteca y busca un libro sumerio con el título de las arenas del tiempo. Allí encontrarás lo referente para hacer desde cero un artefacto que te permitirá viajar en el tiempo o más bien, crear una sala donde pase un año entero en ella, pero en el exterior sea solamente un día.
- ¿Por qué no lo has dicho antes?
- Porque tienes que tener un buen conocimiento de runas y salas. Aparte es difícil de crear. En la familia solo hubo unos pocos que lo hicieron, pero esos artefactos fueron destruidos con el tiempo o se volvieron inútiles.- Explicó Marduk con un movimiento de la mano. – Siempre es mejor si consigues hacerlo desde cero.- Terminó instando a Harrison a probar, pues si conseguía la última parte, podría pasar días enteros en la sala especial, pasando dentro de ella años, sin envejecer, pero con el beneficio de aprender tanto en teoría como en práctica, lo necesario para ser un buen Lord o Jefe de Familia.
- Entiendo, ahora vengo.- Dijo Harrison dirigiéndose rápidamente a la biblioteca a buscar el libro que le habían dicho que buscara.
La biblioteca del Castillo Peverell constaba de cuatro plantas y podía ser expandida a dos habitaciones más, ya que había contiguamente otras dos salas que actualmente estaban en desuso, pero que pertenecían a la biblioteca.
Las dos salas eran como una especie de estudio gigante. Pensando en las posibilidades de que en otras propiedades que tuviera más libros, decidió llevarlos todos en la misma biblioteca, así no tendría que pedir a los elfos de traerle algún tomo en especial.
Buscando y buscando, pasó media hora hasta que por fin dio con el tomo que tanto deseaba; dos horas y media de lectura después, Harrison se le vio otra vez en la sala de los retratos.
- Tenías razón Marduk, será complicado recrearlo. Necesitaré discos de oro, plata y bronce. Las runas, son runas que jamás he visto u oído, también es cierto que Markus me enseñó otro tipo de runas. ¿Podrías enseñarme las runas necesarias, para recrearlo?
- Oro, plata y broce tienes, si mi información es correcta, por las runas no te preocupes, te enseñaré para que recrees el disco. Pero te aviso, tardaremos un tiempo en hacerlo.
- Sí, he estimado que como mínimo un mes a dos meses.
- En ese tiempo, puedes seguir con la formación, no creas que te dejaremos sin ella.- Intervino Markus.
- Por supuesto que no, no esperaría nada menos que continuar, mientras investigo.- Declaró Harrison contento de que aunque estuviera estudiando las runas que le enseñara Marduk, podría continuar con los estudios predeterminados para él.
- Bueno, entonces, pongámonos en marcha.
- Antes de eso, Markus, quiero saber cómo ha ido la respuesta a las cartas del ministerio y que hiciste al final con el asiento Wizengamot. También quiero un informe de cuyas opiniones tienes sobre los acontecimientos que acaecerán.- Intervino la voz culta de Morgana.
Dando un asentimiento hacia ella, Harrison le contó que el asiento había sido bloqueado para no ser ocupado hasta que cumpliera los once años y lo ocupara él. Las leyes sacadas ilegalmente por Dumbledore iban a ser minuciosamente examinadas por él, con la ayuda de Charlus, si en el caso de que hubiere una ley que estuvieran de acuerdo ambos, se examinaría por todos los retratos también, por la opinión y la disensión.
Las cartas habían sido redactadas y enviadas a sus destinatarios, con una contestación de vuelta del secretario del Wizengamot que indicaba que los que se habían asentado en sus asientos ilegalmente, debían pagar una fuerte suma de oro.
Al parecer, Harrison opinaba que las consecuencias no se harían de esperar y que Dumbledore atacaría a través del ministerio de magia, con la ayuda del ministro, a Gringotts.
Si atacaban políticamente a Gringotts, Harrison debería ir a hacer una entrevista pública, presentándose al público en sí, como Lord Peverell.
- Está bastante bien, pero que sepas que tienes que comenzar a buscar aliados. Una guerra política no puedes ganarla tu solo. ¿Qué aliados son más importantes y cuáles no? Esas preguntas tendrás que contestarlas tú, bajo tu entera responsabilidad. Ahora, ve a estudiar. Has hecho bien.- Terminó de aconsejar Morgana, la cual asentía en señal de reconocimiento, sobre todo que había acabado la discusión.
Y con ello, Harrison se dispuso a estudiar con los retratos, una mesa, tintero, pluma y pergamino en abundancia, para tomar sus apuntes en las diferentes ramas de la magia.
Salto de Línea.
Dos días después de los acontecimientos en el ministerio de magia, Albus estaba más tranquilo para pensar en las posibles consecuencias a largo y corto plazo. A corto plazo era bastante sencillo, Gringotts y el Wizengamot le habían multado con fuertes sumas de oro, de las cuales gracias a la ayuda alquímica de Nicholas Flamel, podía pagar en lingotes sin tener que quedarse pobre y seguir trabajando para pagar a Lord Peverell.
A largo plazo, todos sus planes se habían ido por el desagüe, lo que indicaba que debía hacer nuevos planes, pero el problema ahora residía en que, ¿Cómo hacerlos, para que el niño cumpliera con su destino, cuando era un Lord? ¿Cómo hacer que entrara en la casa de los valientes, cuando la casa de la astucia y los valientes se habían juntado en una única casa? Esas preguntas y muchas otras debían ser meditadas con cuidado, pues ahora tenía dos años para planear su contraataque a largo plazo.
El contraataque a corto plazo, eran posibilidades que se le fueron ocurriendo, tales como utilizar al ministro de magia, para convencer a los gobblins de que el niño necesitaba de una familia, para que lo cuidara.
Albus pensó que los Weasley se podrían encargar perfectamente de él, pues aparte de ser leales a Albus, educarían al niño en el lado de la luz o al menos el lado de la luz de Molly.
Molly… ese era otro problema, ahora que ambas casas estaban juntas, intentaría convencer a sus hijos de que fueran a otra que no fuera Mortem.
Mortem… ¿Qué pasaba con ese nombre? No era un nombre que inspirase mucha confianza, venía del latín que significaba Muerte.
Sin poder resistir el impulso le dio un escalofrío pensando en las posibilidades del nombrecito de esa casa. Había perdido claramente la mano en la educación y manipulación de los antiguos Gryffindor, pues ahora se juntarían obligatoriamente con los antiguos Slytherin y verían que la luz de Dumbledore no era tan blanca.
Malditos problemas… se vio interrumpidos sus pensamientos, cuando el Flú de repente se puso verde y la cabeza del ministro de magia salió de ella.
- Albus, ¿Estás listo para ir a Gringotts?
- Creo Ministro, que tal vez nos estemos precipitando. El… el niño parece ser un político natural, tal vez debamos tratar el asunto como política.
- Albus, Lord Peverell ha multado a Madame Umbridge con un millón y medio de galeones. Ella no puede pagar esa cantidad de oro. Gringotts exige que hayamos roto el tratado… ¿Por qué no quieres ir al banco?
- Temo que conozca al culpable… de los pequeños extravíos de las cuentas Peverell.
- Sí… eso es fantástico, ¿Quién?
- Yo, Cornelius, soy yo. Eran tiempos de guerra, sabes tan bien como yo que cuando una familia cae, el oro que hay se usa para que otras puedan levantarse… usé el oro Potter para mis fines. Pero puedo devolverlo.
- Más te vale Albus. ¿Por qué me cuentas esto?
- Cornelius, si el niño entra en el Wizengamot con aliados, con que tenga las Casas suficientes de su parte, hará un sesenta por ciento y podrá pasar todas las leyes que quiera. Él es un ser desconocido para la política, incluso levantando la voz en tu contra, haría que te echaran. A mí también. Necesitamos de alianzas políticas, más bien entre las tuyas y las mías para juntarlas.
- Sabes tan bien como yo que los tradicionalistas no se juntaran con los progresistas.
- ¿Incluso para detener a Lord Peverell de cambiar nuestras costumbres? ¿Qué te hace pensar que no aplicará reglas del mundo muggle al nuestro? O incluso, ¿Qué te hace pensar, que no volverá a los tiempos antiguos, donde los rituales de sangre, las artes oscuras y todo tipo de magia negra estaban permitidos?
- Tampoco lo sabes con certeza.- Terminó la discusión Cornelius, pero se veía claramente la duda en el rostro del hombre. – Por si acaso, y por el bien de nuestra carrera, me pondré en contacto con los progresistas, haz tú lo mismo con tu lado.
- Gracias por ver las cosas, como yo las veo. Ahora, creo que me has dado el valor suficiente para ir al banco y pagar mis deudas.
- ¿Con qué lo pagaras?
- Lingotes de oro, por supuesto. Los beneficios de ser amigo de un alquimista muy reputado y conocido.
- ¿Flamel? ¿Él te ha dado el oro? ¿Así sin más?
- Así sin más. Me debía un pequeño favor.- Terminó la explicación levantándose y cogiendo un pequeño baúl encogido, el cual se lo metió en el bolsillo, dirigiéndose hacia la chimenea, hizo un gesto a Cornelius de que sacara la cabeza, para poder ir a través.
Una vez en el despacho del ministro, se dirigieron los dos juntos hacia el atrio, haciendo que la gente los viera juntos y hablando sobre la injusticia de Lord Peverell en voz alta.
Desapareciendo ambos magos con un ligero "pop" fueron a llegar al punto de apariciones del Callejón Diagon.
Caminando lentamente pero con paso seguro, ambos se dirigieron a las puertas del banco mágico, ambos con expresiones serias en sus rostros pétreos. Por un lado, Fudge estaba preocupado de que realmente fuera verdad de que Umbridge hubiera robado a Lord Peverell su asiento, eso daría muy mala imagen para él. Si lo que Dumbledore decía era cierto y utilizó el oro para ayudar a las familias a levantarse tras la guerra y al hospital mágico, pues imaginaba que al hospital mágico también le habría dado oro, entonces no sabía porque los gobblins y Peverell estaban tan enfadados, eso les pintaba en una buena luz.
Si bien es cierto que la casa Fudge era bastante nueva en el tema de las Casas Nobles y Antiguas, por sus contactos con Lord Malfoy y otros Lores, sabía que la Casa Peverell era la más antigua de todas, siendo originaria de Mesopotamia, una de las primeras comunidades mágicas del mundo. Tal vez, fuera una de las familias fundadoras del banco, eso le preocupaba aún más.
Por el otro lado, Albus ya estaba maquinando formas de manipular a los gobblins para salir del paso, seguramente fuera a largo plazo sus maquinaciones, pero merecería la pena. Primero era pagar la deuda que había acarreado, tal vez no pensó en que este problema fuera a venir, debió haberlo previsto en su momento, la culpa era suya, de eso estaba seguro. No le pillarían otra vez en sus manipulaciones.
También tenía una pequeña parte de su mente, diciéndole que dejara al chico tal cual estaba y se centrara en otros asuntos más importantes, como la caza del nigromante o los asuntos en la ICW, pero acallando rápidamente ese pensamiento, se centraría únicamente en Harry… o Harrison Peverell, como ahora se llamaba. Lo malo era que había registrado el nombre y si usaba el nombre de pila del muchacho, debería ser Harrison.
Una vez dentro del banco, ambos magos fueron directamente al cajero gobblin más cercano y se presentaron exigiendo una cita, no programada por supuesto, con el Director de Gringotts.
Para los magos les daba exactamente igual que dicho director, también fuera el Rey de los Gobblins, ciertamente en la gran arrogancia de estos magos, no se dignarían a reconocer al monarca por su título.
El gobblin cajero al que le exigieron ver al Rey, tomó a mal las palabras exigentes de ambos magos, por ello les hizo caso omiso, haciéndolos exasperar un rato. Con su labor reanudada de contar monedas, hizo que fuera lentamente, contándolas repetidamente, cual juego para hacer enfadar a los magos maleducados.
Los vio por el rabillo del ojo mientras iban tomando tonalidades de colores, el primero se quedó impasible, el más anciano, Dumbledore, culpable de la muerte prematura de Bogord. El segundo, el más rechoncho y bajito, se iba convirtiendo poco a poco en morado, tal vez le diera un ataque al corazón y sucumbiera muerto, eso sería un gran honor para el gobblin entre su raza, que mató sin tener que usar arma alguna.
Antes de que pudieran estallar y de mala gana, el gobblin se dignó a mirarlos un momento, como si fueran nada más que estiércol bajo sus botas que pisaron sin querer.
- Y, díganme magos, que es lo que queréis del Rey Ragnok.- Exigió de vuelta, hablando lentamente como si le hablara a un niño que no entendía las palabras y subrayando la palabra Rey, con una sonrisa muy dentada.
- Queremos hablar de asuntos privados referentes a una cuenta de uno de los clientes de Gringotts y de seguridad nacional.- Explicó Dumbledore como si no fuera bastante obvio, de porque el Jefe de Magos y el Ministro de Magia estaban allí.
- Ah, sí, el ladrón Dumbledore ha venido a pagar la deuda. Supongo que también habrá venido a pagar la multa del Wizengamot.- Comentó el gobblin en voz alta, haciendo que otros clientes escucharan y sacando un pequeño tic de molestia del viejo mago.
- Sí… he venido a pagar…- Se vio interrumpido cuando otro gobblin con dos guerreros vinieron detrás de él y le exigió que lo siguiera a un despacho para utilizar.
- Su varita.- Exigió uno de los gobblins armados, haciendo que Dumbledore le entregara la varita con bastante renuencia.
- Usted.- Habló el gobblin cajero, dirigiéndose hacia Cornelius. – No tiene negocio con Gringotts. Le aconsejo que se marche ahora mismo.
- ¡Pero he venido con él!
- ¡Ah, también es un ladrón!
- ¿Qué? ¡No! He venido a hablar de asuntos ministeriales con el Director del Banco.
- Con el Rey.
- Eh… sí, como sea. ¡Exijo que se presente ante mí o…!
- ¿O qué? Para hablar con su majestad, deberá pedir una cita. Sin cita, no hay conversaciones ni reuniones.
- ¡Soy el ministro de magia!
- ¿Y qué? Está en suelo gobblin mago, no en suelo de magos. No nos puedes exigir nada y según como están las cosas con el tratado, será mejor que lo revise, sino quiere que cerremos el banco.- Dijo el mismo gobblin, haciendo estallar en carcajadas al resto de los gobblins y a los armados que habían custodiado a Albus de vuelta al ministro.
Albus tenía una mirada de pesar en su rostro y el mismo baúl en su bolsillo. Al parecer le habían expulsado del banco de por vida por robo de un alto cliente.
Eso quería decir que debía de guardar su oro y pertenencias en otro sitio, tal como su hermano, pues las bóvedas Dumbledore habían sido selladas.
- ¡Como te atreves, gobblin!
- Me atrevo, porque habéis roto el tratado y tan pronto como salgáis de aquí y encontremos a los demás culpables del robo, se les juzgará por ello, créeme mago. Ahora salid del banco.- Dijo el Rey Ragnok que había llegado a la confrontación, expulsando con éxito a Dumbledore, pues se había visto en la obligación moral con Lord Peverell de hacerlo.
Para más vergüenza de Dumbledore, el Rey de los gobblins gritó a los cuatro vientos que las bóvedas Dumbledore habían sido selladas por robar el mismo mago y que si los demás magos eran listos, harían un balance de sus bóvedas por si acaso el viejo folla cabras, les había robado.
Ambos, Ministro y Jefe de Magos se miraron con vergüenza relativa y un poco de enfado. No habían conseguido sacar nada positivo de Gringotts, solo cosas negativas, como el hecho de la expulsión de por vida del viejo mago.
Con un suspiro y sin querer caer más en desgracia, Albus se despidió con un rostro de pesar de los gobblins, como si ellos hubieran hecho únicamente mal a él.
- Esa cara de abuelo decepcionado no funciona con nosotros, mago. No somos estudiantes.- Vinieron las risas después de eso, pues era bien conocido por todos el rostro de decepción que daba Albus Dumbledore para manipular a la gente.
Saliendo del banco por su propio pie, pero no obstante, escoltados con dos gobblins, ambos magos fueron directamente al punto de aparición para irse por caminos separados.
Uno, de vuelta al ministerio a lamerse sus heridas y hacer control de daños con los votantes. El otro a confrontar a su hermano y rezar por que no le partiera la cara mucho, aparte también a lamerse las heridas.
Salto de Línea.
Regulus Arcturus Black, heredero de la muy noble y antigua casa de Black, le gustaba mucho la creación de varitas desde que recibió sus varitas, la primaria en Ollivander y la secundaria en una tienda del callejón Knockturn.
Desde el día que recibió su varita de colmillo de Basilisco y sauce no pudo quedar más impresionado e interesado en la creación de varitas, dado que vio cómo se creaba su propia varita en una tienda de Hacedor de varitas y varas y se prometió a sí mismo, que cuando acabara en Hogwarts estudiaría el arte y aprendería el oficio.
En realidad en Hogwarts le dieron pocas esperanzas de que fuera un creador de varitas, puesto que para ser uno, el mismo gremio, tenía que aprobarte y Garrick Ollivander estaba en el gremio. O se entraba de aprendiz de un fabricante o tus sueños se rompían.
Pero Regulus no se rindió, en su quinto año fue con su problema al Lord de la familia Black, Arcturus Black y le contó lo que quería hacer con su vida, pero que no podía por el simple hecho de no tener un maestro que le enseñara.
Arcturus se puso en contacto con varios fabricantes muy famosos del mundo, los cuales estaban en el gremio y como favor personal al viejo Lord, Regulus entró en un aprendizaje de Wandcrafter.
Cuando los cinco años de aprendizaje pasaron y le dieron la maestría en Wandcrafter, abrió su primera tienda de Varitas-Varas en el Callejón Knockturn, dado que en el Callejón Diagon tenía pocas oportunidades por la tienda de Ollivander.
Es cierto que no tenía muchos clientes, al principio, para mandar hacer sus varitas o varas, pero los pocos que tenía eran de la familia o los aliados a ésta.
Los Lestrange vinieron un par de veces a su tienda a que les hicieran nuevas varitas personalizadas, puesto que, o bien las perdían o se rompían en los simulacros de duelos con Bellatrix.
A Regulus no le importaba hacer tantas varitas, era su especialidad y le encantaba. Hasta que un día llegó un joven Lord a su tienda y le pidió que fabricara la vara más potente de Bretaña Mágica y/o del mundo.
Dicha vara estaba compuesta en un principio de dos de las maderas más poderosas, que combinadas juntas harían de cualquier varita-vara, una muy impresionante. Pero lo que más le chocó fueron los núcleos y la piedra de poder.
Sangre de dementor combinada con colmillo de Basilisco milenario y fibra de corazón de un grifo anciano. Tres núcleos de muy gran alcance y poder, seguramente si estudiaba las artes oscuras el joven Lord, sería más poderoso que el Lord Oscuro, al cual siguió durante muchos años, erróneamente, pues se dio cuenta de que poco a poco iba perdiendo la razón y que su finalidad era conquistar el mundo mágico a toda costa, poniendo en peligro el estatuto del secreto y masacrando familias mágicas.
Pero la piedra de poder, que normalmente suele ser un rubí o diamante, esta vez fue una piedra de Adamantium. Esa piedra le costó a su familia una pequeña fortuna y fue porque tuvo un presentimiento de que un día haría una varita especial con ella, bueno ese día llegó y el joven Lord se lo llevó.
Pero ahí no acabó de darle sorpresas, cuando le dijo que tardaría unas cuantas horas no bromeaba, pero el joven se quedó en su tienda y evocó sin ayuda de ningún foco una silla cómoda para sentarse y meditar. ¡Con una mano! Era increíble lo que hacía el joven mago, no Hechicero, era un hechicero real.
Eso fue lo más raro, había pocos hechiceros hoy en día y mucho menos elementales. En su tienda tenía los ingredientes para crear varas de elementales, por si algún día alguno de ellos se presentaba, pero pareciere que todos o, estaban extintos, o bien escondidos, salvo por este joven Lord.
Cuando terminó su arduo trabajo en fundir el Adamantium y fusionarlo a las maderas de la vara, sonrío para un excelente trabajo.
Lástima que le cobrara tan poco oro por la vara, pero no podía engañar al joven que tenía delante de él, prefería cobrar lo estipulado, a que su tienda dejara de recibir clientes.
Otra de las grandes sorpresas fue cuando el joven sacó otra vara de su antebrazo izquierdo y le pidió que hiciera el ritual de unión de varas con su sangre. Con su sangre para que, si le desarmaban, la vara solo la pudiera utilizar el dueño ya que tenía, su sangre y el que cogiera esa vara estaría en graves problemas.
Mirando más de cerca la vara que le entregaba, pudo sentir un pulso mágico muy antiguo, es como si la propia vara le dijera quien era ella y supiera lo que iba a pasar. ¡Era increíble, la vara de saúco! ¡En sus manos! Y ¡Para una unión con otra vara igual de poderosa! Era totalmente increíble la buena suerte que tuvo ese día de presenciar tal espectáculo de poder en bruto. Luego de la unión, el joven Lord recogió su vara con una expresión de alegría pura en su rostro y respeto por dicha vara.
El pico de magia pura que se sintió después fue asombroso y con un temblor nada menos que en su tienda, siendo el epicentro de dicho poder el muchacho. Temblando por el pico de magia, le dijo el precio de la vara cuando se le preguntó, lo que no esperaba era que el Lord pidiera aparte dos fundas de vara, una para la cintura y la otra para el antebrazo derecho. Pagando por ellas y la vara, el muchacho no tembló ante tal precio, sino que le dio a Regulus una tarjeta de crédito bancaria de Gringotts, al parecer el joven Lord estaba lleno de sorpresas.
Antes de marcharse el Lord, le preguntó por su nombre, claro el respondió cortésmente y pudo vislumbrar el anillo de heredero Black en su mano, al lado del anillo de Lord Peverell.
¿Cómo podía tener ese anillo? Solamente los que están emparentados con su familia podían poseerlo y no morir. Tendría que investigarlo cuanto antes, por ello cuando el joven saliera de su tienda, la cerraría de inmediato e iría a Grimuald Place a investigar el árbol genealógico de su familia, a ver quién estaba emparentado con el joven Lord.
Cuando llegó a la casa de sus padres, tras haber cerrado prematuramente la tienda y asegurarse de que el oro pagado había llegado a su bóveda empresarial, entró rápidamente en el pasillo de entrada, donde fue recibido por el elfo doméstico preferido de su madre, Kreacher, le pidió al elfo si había alguien más en la casa.
Para su respuesta, la recibió de su padre.
- ¿Qué haces a estas horas en casa hijo, no deberías estar en la tienda?- Cuestionó su padre, Orion con voz dura e inflexible.
- He venido a casa a comprobar una cosa, padre. He descubierto esta mañana, algo totalmente fantástico.- Contestó Regulus demasiado extasiado para el gusto de su padre.
- ¿Y qué es lo que te tiene tan extasiado, Regulus?- Intervino una nueva voz, mucho más vieja que la de su padre, ahí al pie de la escalera estaba su abuelo Lord Arcturus Black.
Con una inclinación respetuosa de la cabeza y una sonrisa que amenazaba con partirle la cara en dos, les pidió que fueran al comedor y tal vez llevaran el pensadero de la familia, para mostrarles el recuerdo, tras explicarles primero con palabras, lo acaecido en la tienda.
Cuando se sentaron ambos Black, estaban a la espera de que el más joven hablara, pero cuando lo hizo pidió el té.
- Kreacher, por favor, trae té para tres.- Pidió Regulus con una sonrisa de medio lado, molestando ligeramente a los más viejos.
- Habla de una vez, Regulus, me estas matando de la intriga.
- Bien, bien. Hoy en mi tienda parecía todo normal, como siempre, no mucho trabajo. Hasta que a eso antes del mediodía, llegó un joven pidiendo que le hiciera una vara. Una vara de hechicero no menos, con los ingredientes más raros y caros que tengo en la tienda. Las maderas, de por sí, eran poderosas…
- ¡Espera! ¡Has dicho hechicero!- Cuestionó su abuelo.- ¡Es imposible, no se ha visto uno desde hace siglos!
- ¡¿Hechicero?! Lo que me intriga es los ingredientes de la vara del chico, ¡Has dicho los más caros!
- Si dejáis de interrumpirme, os contaré todo. Si, un hechicero por raro que parezca. Si, los ingredientes más caros y raros.
Como iba diciendo, las maderas más poderosas, madera de saúco milenario y madera de sauce boxeador. Los núcleos eran tres, sangre de dementor, colmillo de Basilisco milenario y fibra de corazón de grifo anciano. Junto con una piedra de poder de Adamantium.
Luego de estar hecha la vara, me pidió que la fusionara con la suya, la de su familia y fue ahí cuando vi el anillo de Lord. ¡Era un Peverell! ¡Un verdadero Peverell vivo!
La vara que me ofreció era la de las leyendas que nos contabais cuando éramos niños a mí y a Sirius. La vara de saúco. Cuando todo fue hecho y me pagó, le di mi nombre y, no sé si fue intencional o no, pero pude vislumbrar su otro anillo.- Hizo una pausa dramática que a sus oyentes exasperó hasta mas no poder.
- Continua Regulus, está muy interesante la historia.- Dijo Arcturus en tono apremiante. Al parecer, se le avecinaba una mañana interesante después de todo.
- Era, el anillo de heredero Black.- Soltó la bomba arrastrando las palabras lentamente.
El silencio que vino a continuación fue sobrecogedor. Las expresiones de los dos más antiguos Black eran de expectación por la historia a incredulidad con un dejo de escepticismo. Orion, no podía creer que un Lord Peverell estuviera con vida y mucho menos que tuviera la varita de saúco, aquella varita que él mismo ha estado buscando por años. Por otra parte lo que decía su hijo, podría ser verdad y estuvieran emparentados con los Peverell.
Por el otro lado a Arcturus le pasaba algo similar como a su hijo, si lo que decía su nieto era cierto, el poder político y el estatus social para la familia Black seria impresionante, pero el actual Lord Peverell, podría querer unir ambas familias y que se convirtieran ellos también en Peverell, lo que les quitaría mucha independencia. Esto había que pensarlo con calma y ver los recuerdos de Regulus para verificar si era cierto o no.
- Sabes Regulus.- Comenzó Arcturus, arrastrando las palabras. - Necesitamos que nos muestres tus recuerdos del día de hoy en el pensadero, para verificarlos y pensar en cómo actuar después.- Terminó dando una orden directa a su nieto, disfrazada de una sugerencia.
Regulus, asintiendo con la cabeza, en señal de que comprendía, se llevó su varita a la sien y empezó a sacar una fibra plateada de recuerdos. Todo el recuerdo con el encuentro del joven Lord y lo metió en un vial que su padre evocó por él.
Antes de ver el recuerdo, Regulus sugirió que fueran al tapiz de la familia para ver si realmente estaban emparentados con los Peverell, en caso de ser afirmativo, sería mucho más fácil de procesar.
Buscando durante mucho tiempo en las fechas pasadas, no pudieron encontrar el apellido Peverell, viendo con resignación que tal vez fuera toda mentira o una imaginación de Regulus, intentaron dar un enfoque diferente y fueron a los añadidos recientemente al árbol. Mirando en cada heredero o heredera que fue naciendo en la década de los 80, se fijaron en el hijo de James y Lilian Peverell, Harrison Markus Peverell.
En efecto estaban emparentados con él, pero lo más curioso era, que la abuela del chico era Dorea Black, aquella que se casó con Charlus Potter, ahora aparentemente Peverell. Fue bueno que Arcturus aprobara ese matrimonio y no expulsó a Dorea de la familia Black. Ambos Black más viejos se quedaron pensativos, mientras que el más joven estaba dando saltitos de alegría al descubrir, que realmente eran una especie de primos terceros.
Esto para un futuro encuentro sería muy beneficioso para ambas Casas, dado que la Casa Peverell ganaría influencia dentro del ministerio y la Casa Black, ganaría prestigio y respeto en todos los círculos sociales.
- Debemos ponernos en contacto con él lo antes posible.- Ordenó Arcturus, pensando en las ramificaciones de dicha alianza, intencional o no intencional.
- Pero padre, ¿Cómo es que es heredero Black?
- Esa, hijo, es una buena pregunta. Pero… aquí dice que es hijo de los fallecidos James y Lilian… Lilian no era la sangre sucia con la que se casó el hijo de Charlus.- Se preguntó a sí mismo Arcturus con el ceño fruncido. Pensando en ello, tal vez, deberían de dejar de decir el insulto a los hijos de muggles, podría ser que a Lord Peverell le molestara un poco.
-Sí, entonces…- Se cortó Orion al descubrir cuál era la verdad, Harry Potter, era en realidad Harrison Peverell, Lord y Jefe de una de las familias más antiguas y ricas de Gran Bretaña Mágica y del mundo.
- Entonces, nosotros como buenos parientes de sangre, nos reuniremos con él para ver como es.
- Mi hermano es su padrino, ¿No?
- Es, Regulus, es. Y pensar que el tonto es el padrino de un Lord muy poderoso políticamente… cuando se siente en su asiento, por supuesto.- Comentó Arcturus con cara de disgusto por la mención de Sirius, todavía no podía creer que se escapara de casa de sus padres a los dieciséis y se fuera con los Potter en vez de con él mismo.
Es cierto que Walburga era una perra intolerante y que Arcturus la amenazó en varias ocasiones con expulsarla de la familia si hacía daño a los chicos, algo así tuvo que hacer con Cygnus en varias ocasiones, para que respetase a las hermanas Black, como eran normalmente conocidas.
Lamentablemente, Andrómeda tuvo que ir y casarse con ese nacido de muggles, Theodore Tonks. Para su posterior sorpresa, resultó que la hija que tuvo con él, tenía el don de la metamorfomagia, un don que rápidamente volvió a meter en la familia Black.
Por suerte, Bellatrix fue la más sensata al casarse con Rodolphus y no con Rabastan.
Bella tuvo dos hijos, Acrux y Adhara Lestrange.
Narcisa tuvo a su hijo con Lucius Malfoy, ese bastardo que había quitado prestigio a la Casa Black, por ello, Arcturus se vengó, expulsando de la familia a Narcisa, haciendo que sea solamente una Malfoy y su hijo precioso, Draco, un Malfoy, sin la pretensión a heredar nada.
Lamentablemente, Sirius todavía seguía en Azkaban y seguiría estando mucho tiempo allí, sin que ellos no pudieran hacer nada, pues el ministro actual estaba en el bolsillo de Malfoy y Dumbledore por lo que fuera, no quería a su nieto libre.
Dos días después, Regulus entró corriendo en la casa anunciando el ataque al barrio muggle con Findfyre.
- ¿Quién crees que lo hizo y porque?- Preguntó Orion con el ceño fruncido. No le importaba nada que los muggles se hubieran quemado en el incendio, pero era curiosa la forma en que dos días después de que el joven Lord, llegara a su vara, un incendio en un barrio muggle comenzara.
- Lord Peverell, por supuesto. No hay que ser muy listo para poner las cosas juntas. Dumbledore dijo a la prensa, que Harry Potter estaba con parientes muggles, siendo malcriado. Ahora no creo que ese fuera el caso, si quemó el barrio muggle, conocido como Surrey.
- Entiendo. Es interesante este cambio de visión. ¿Crees que es anti-muggle?
- Muy posible. ¿Crees que es un hechicero oscuro?
- Lo dudo. He visto en libros de historia, como los historiadores suponían lo que la magia familiar de la línea Peverell era.
- ¿Y?
- Nigromancia.
- Oh… sus enemigos estarán jodidos.- Fue la única declaración de Regulus, lo cual Orion asintió sabiamente, sin decir mucho más.
Internamente pensaba que ya le iba cayendo bien el chico y que no le importaría compartir mesa con él, a pesar del hecho de que fuera mestizo.
Salto de Línea.
Dos meses habían pasado desde que Harrison había pisado por vez primera el Castillo Peverell y en ese transcurso del tiempo, consiguió muchas cosas productivas para su vida en el hogar. Consiguió reabastecer los laboratorios de Pociones y crear un nuevo laboratorio para Alquimia, que cuando informó a los retratos de sus antepasados, de que tenía la clara intención de estudiar el arte, le aplaudieron, felicitándolo por querer descubrir nuevas ramas de la magia y por ser curioso.
Algunos le aconsejaron que estableciera los conocimientos básicos y expertos en Pociones primero, siendo la Alquimia mucho más complicada.
Harrison estando plenamente consciente de que la ambición de convertirse en un alquimista novato era bastante grande, siguió el consejo de sus antepasados.
También renovó los invernaderos, construyendo tres nuevos. Sumándose a los otros dos, fueron en total cinco invernaderos mágicos en los que tenía plantas e ingredientes de todo tipo, tanto mágicos como mundanos.
Los establos y la lechucería fueron construidos también al mismo tiempo que los invernaderos, consiguiendo muchas lechuzas y muchos búhos para ser entrenados como mensajeros. Los elfos domésticos se encargarían de tanto, su alimentación, como su protección. Ahora la segunda piedra rúnica de las salas, albergaba la firma de los animales mágicos y no mágicos que había en los terrenos del Castillo.
En los mismos terrenos descubrieron nidos de serpientes raras, hablando de las raras se referían a las serpientes mágicas como la hidra, el Ashwinder, basiliscos, etc.
Cuando entraron en la madriguera del basilisco, Harrison se dio cuenta de que albergó en el pasado a uno, pero ya no estaba presente, aunque sí que seguía su aura y poder mágico.
En lo referente a sus estudios runa para el artefacto del espacio y el tiempo, estuvo todos los días después de estudiar en su formación, estudiando todos los libros sobre runas del tiempo y el espacio, llegando a la conclusión de que necesitaría un disco de oro y un cristal para hacer funcionar su proyecto.
El proyecto en sí costaría al menos un mes de tallar, puesto que tendría que hacerlo con la vara.
El problema residía que tenía que volver a aprender a tallar runas, él sabía hacerlas aparecer poniendo la mano, pues había aprendido a hacerlas sin siquiera un instrumento de talla.
Lo que hacía Harrison era pensar en las runas que quería que apareciesen, para construir la sala o el círculo rúnico para un ritual.
Ahora sin embargo, tendría que aprender cómo se tallaban con la vara, pensar en que runas quería que aparecieran con ella y así sucesivamente. Sería tedioso, pero estaba seguro que funcionaría.
Otro de los problemas era la parte práctica de la nigromancia. Harrison tenía por supuesto la opción más fácil, ir a los cementerios muggles y conseguir las piezas que le faltara, bien podría quemar después dicho cementerio a las cenizas, para cubrir sus huellas, pero, un sujeto vivo para los hechizos y maldiciones sería mucha mejor práctica.
Ese era un problema real, pues hacía falta dejar pasar un poco de tiempo antes de salir de caza a los barrios muggles marginales.
Tenía en mente ir a partes diferentes de Gran Bretaña a por ellos, sabía por el gordo de su primo, a quienes podía atacar que no echarían mucho de menos e incluso buscarían las autoridades, los miembros de bandas callejeras.
Dichos miembros serían jóvenes, algunos mayores, todo perfecto para ser sujetos de prueba y poder describir las maldiciones que lanzaba.
Si morían, no pasaba nada, se podría deshacer de los cuerpos o incluso llegar a utilizar las partes sin tener que ir a un cementerio a por ellas.
Había pedido a los elfos domésticos que habilitaran las mazmorras expresamente para ese motivo.
Harrison completamente consciente de que intentarían llamar la atención chillando, silenció puertas y paredes, haciendo imposible ser escuchados desde dichas mazmorras. También habilitó una sala especial para sus "juegos".
No solo la nigromancia ofrecía métodos para "jugar" con los muggles, sino que las Artes Oscuras y la magia en sí también lo hacían.
Había leído y escuchado de los retratos, que podía torturar a un muggle a través de algo que se llamaba encantamientos sexuales, tal vez cuando fuera un poco más mayor, aprendería a usarlos, por el bien del conocimiento si algún día se desposaba y debía hacer disfrutar a su cónyuge.
Morgana y las damas se sorprendieron cuando descubrieron que los muggles enseñaban una clase de orientación sexual temprano a los niños, tal vez ellas, que eran de épocas distintas no se hiciera eso, por ello la sorpresa y la repugnancia, lo que las llevó a explicar a Harrison la "charla".
Decir que con magia se podía hacer muchas cosas a tu pareja, cosas buenas y placenteras, sorprendió a Harrison, era decir un eufemismo. Bastante sorprendido se quedó que por dos días que miraba a las damas, se sonrojaba completamente, hasta que se le pasó y la diversión que ello conllevaba desapareció.
A mediados del segundo mes, a Harrison se le pudo oír chillar de alegría por el Castillo, pues había conseguido hacer y recrear el aparato del tiempo y el espacio, que al final resultó ser en dos discos.
Uno de ellos, sería el de la primera prueba, cuando pasara dentro de él, dentro pasaría un año, siendo afuera un día.
El segundo era más especial, dado que los números mágicos eran importantes en las creencias de los mágicos, Harrison se decidió por ir un paso más allá, creando la primera y única sala del tiempo y el espacio en la que siete años dentro, equivalía a siete días fuera. Eso podría ser un problema, pues estaba seguro que en siete años, bien podría tener una buena base e inclusive aprender todo lo referente a lo que querían los retratos que aprendiera, pero el problema radicaba en el nivel de Oclumancia de la persona que entraba.
Si era constante o firme en su Oclumancia, podría sobrevivir a la cordura dentro sin importar lo que pasara.
Harrison pensaba que su Oclumancia era de las mejores, por ello, decidió que después del año y descansar una semana de él, pasaría dentro de la sala especial, durante siete días con los retratos que le enseñarían, Artes Oscuras y su defensa, Pociones, Aritmancia, Nigromancia, Batalla mágica, Transfiguración, Encantamientos y Encantador.
Esas materias de momento se las enseñarían en los primeros siete años, después tendrían que pasar siete semanas descansando, tal vez, y solo tal vez, sería posible para él volver a pasar para llevar a un nivel superior sus conocimientos.
Es cierto que no debía abusar de esa sala, pero la idea de hacerse con el conocimiento teórico y práctico de las materias, le hacía pensar que sería positivamente bueno, dado que después podía encargarse de otros asuntos importantes, como la reconstrucción de la Casa Nobilísima y Antiquísima de Peverell en la sociedad.
- ¡Bien hecho Harrison!
- Sí, joven Peverell, bien hecho, has conseguido hacerlo desde cero y no uno, sino dos. ¡Estupendo! ¡Felicidades!
- ¡Eres un genio!- Fueron unas cuantas felicitaciones que fue recibiendo de todos sus ancestros, los cuales estaban bien contentos la gran mayoría de ellos. La otra minoría no es que no estuvieran felices por él, solo que se preguntaban hasta qué punto podría llegar a ser de inteligente y lo que podría ser capaz de hacer. Algunos estaban seguros de que si presionaban lo suficiente, podría tomar las cosas más allá e ir un paso adelante, sacando nuevos inventos para el mundo mágico, sabían de sobra que se estaba estancando y necesitaban evolucionar un poco.
- Gracias, gracias, no es nada, solo hice lo que muchos de vosotros antes que yo hizo. Creo que he tenido suerte con el segundo. No obstante, ahora podemos empezar bien la formación.
- En efecto Harrison. Pero primero probaremos el de un año. Pasaras conmigo y con Marduk, te enseñaremos durante ese año todo lo referente a la nigromancia, cuando salgas, pasarás los otros siete años aprendiendo de las artes que aprenderás en Hogwarts y con los retratos de las damas Peverell. Cuando ese tiempo termine y seas competente, es entonces cuando aprenderás la nigromancia a un nivel superior.
- ¿Qué quiere decir un nivel superior?
- Quiere decir que te dedicarás exclusivamente al arte familiar. Se te dará instrucciones para investigar sobre los efectos de las maldiciones y hechizos en las personas, los encantamientos también. Perfeccionarás lo que has aprendido en la teoría, practicando con muggles que irás recogiendo personalmente. No podrás pedir a los elfos que los recojan por ti, quiero que te encargues para que veas lo que es el miedo de la persona. Has matado sí, pero desde lejos. Matarás desde cerca para sentir diferentes sentimientos. Invocarás espíritus, fantasmas y espectros, a todos los dominarás. Tengo fe en ti, y para cuando creamos que has superado todas las pruebas, es entonces cuando podrás ir a…
- ¡Markus! ¡Para! Cuando llegue el momento, se lo diremos, mientras tanto no.- Ordenó Marduk con el rostro serio.
- Tienes razón, Marduk, mis disculpas.
- Por cierto, sabemos que tienes nuestras reliquias, creemos que sería beneficioso para ti que supieras utilizarlas. Aparte de para lo que sirven, tienen más propósitos. Llévanos contigo y aprenderás de ellas.- Dijo Ignotus Peverell, antepasado de Harrison con una sonrisa de medio lado.
- Cierto, ellos tienen razón, deberás llevarlos contigo también. Como son nigromantes, en el primer año será conveniente. ¿Con un año tendréis bastante?
- Y de sobra. Es fácil dominar el poder de las reliquias Peverell.- Dijo Antioch de forma arrogante, al parecer no había aprendido la lección en su día.
Casi dos meses habían pasado ahora desde que Harrison creó con éxito sus dos discos del espacio y el tiempo.
Para que funcionaran, tenía que coger una habitación equipada con comida, bebida y materiales de ducha y baño, cama y otros accesorios necesarios para la vida a largo tiempo.
En esos dos meses o casi dos meses, habían pasado en realidad dentro de la "sala" ocho años. El primer año fue todo un éxito, saliendo indemne de su estadía y sin notar los efectos negativos en la mente.
Después de esa semana de descanso, en la cual Harrison se puso en contacto con el Rey Ragnok, dado que anteriormente le había informado, pero en su prisa por entrar a su formación, había descuidado la carta, dejándola sin abrir en el despacho del Lord.
La carta decía en términos que Dumbledore y el ministro de magia habían ido a indagar sobre su paradero, habiendo descubierto quien era en realidad.
Por suerte para Harrison, Ragnok los había parado de hacer cualquier tontería, alegando correctamente que habían roto el tratado mágico-gobblin.
También se le informó a Harrison que Dumbledore había pagado lo que había robado y la multa del Wizengamot en lingotes de oro puro.
Solamente había una manera de que Dumbledore hubiera hecho algo así y es teniendo acceso a una piedra filosofal, algo que totalmente estaba deseando poder tener, no por la vida eterna, sino por el oro y por la satisfacción de poder decir a sus antepasados que lo había hecho. Lo más seguro es que terminara en un armario u olvidada en alguna parte del Castillo.
Cogiendo pluma, tintero y pergamino, comenzó a escribir una carta de respuesta a Ragnok, en la cual expresaría su deseo de dar una entrevista, pues se sentía que ya podía salir a darse a conocer a la sociedad.
Al Rey Ragnok de la Nación Gobblin.
Yo Lord Harrison Markus Peverell de la muy antiquísima y muy nobilísima Casa de Peverell, le doy las gracias por su voto de silencio en la cuestión del jefe de magos Albus Dumbledore y el ministro de magia Cornelius Fudge.
También agradezco la amenaza de haber expulsado de su banco y territorio al ladrón Dumbledore.
También me gustaría ofrecer mis más sinceras disculpas por la tardanza en la escritura respuesta, he de decir que he estado en un entrenamiento intensivo, con un artefacto creado por mí, que posiblemente pueda compartir con su gente, si gustan. Mis más sinceras disculpas por ello nuevamente.
En otros asuntos ateniéndome a la tradición Gobblin, debo pedirle que me facilite una conferencia de prensa en el banco, por supuesto pagaré los impuestos necesarios por utilizar una de vuestras salas de prensa. Me gustaría también contratar diez o quince guerreros gobblins para la protección en dicha conferencia, temo que algunos intenten algo nefasto conmigo en el banco.
Si fuera posible, la conferencia podría realizarse en dos meses y una semana, es el tiempo que necesitaré para estar en mi plena capacidad mágica.
Atentamente:
Lord Harrison Markus Peverell de la muy antiquísima y muy nobilísima Casa de Peverell.
Heredero de la muy antigua y noble casa de Black.
Sellando la carta, la mandó a Gringotts a través de Dobby, no se fiaba que llegara por lechuza sin ser ésta interceptada por sus posibles enemigos.
Sabía que Dumbledore era uno de ellos, pero el resto, tal como el ministro de magia que se movía por codicia y era muy posible manipularle, mostrando una gran bolsa de oro ante él, no conocía al resto que le tenían al mismo en el bolsillo.
Tampoco se podía fiar de los aurores, dado que ellos no sabían que había sido él el que realizó Nigromancia en Londres y el que mató con éxito a un barrio de muggles entero. Eso fue sorprendente y a la vez decepcionante.
Sorprendente debido a que el fuego del infierno tuviera todavía la potencia de quemar y dejar un rastro de destrucción hasta que los aurores llegaran.
Decepcionante, por el motivo de que a los que eran realmente capacitados para evitar este tipo de catástrofes, no pudieran evitarlo, siendo que tuvieran que esperar a los refuerzos de los inefables.
Parecía que la incompetencia en el ministerio inglés era demasiado alta, tendría que investigar cómo era en otros países de Europa y el mundo.
Por el resto de los siete días siguientes y las ocho semanas de descanso, los pasó tanto entrenando en las artes mágicas que iba a ser entrenado y examinado por los retratos, llegando al acuerdo de que al menos había aprendido todo lo necesario para sobrevivir.
Salazar y Godric eran de la idea, de que de ahora en adelante, debía investigar la biblioteca Peverell en busca de nuevo conocimiento, tanto de las asignaturas suyas, como las del resto y es por ello que las asignaturas de: Transfiguración, Artes Oscuras, Defensa Contra las Artes Oscuras, Pociones, Encantamientos, Encantador, Aritmancia, Runas Antiguas, etc. debía investigar y leer los libros que había en la biblioteca, pasando correctamente los exámenes que le pusieron el último año de entrenamiento en la sala del espacio y el tiempo.
Ahora se dedicaría única y exclusivamente a fortalecer los conocimientos de Runas, Nigromancia, Etiqueta y Política, y por último Herbología, que dentro de la sala por desgracia era imposible aprender.
En las ocho semanas, se lo pasó divertidamente, pues entre hacer ejercicio para coger resistencia, hablar con los retratos, investigar el Castillo y sus terrenos, decidió que cuando fuera al Callejón Diagon a por la entrevista, iría a la tienda de animales para comprarse dos serpientes mágicas.
La decisión de comprarse serpientes mágicas vino de una conversación en Pársel con una serpiente de los terrenos, la cual le indicó que si quería más protección, tendría que conseguir que una serpiente mágica se uniera en el ritual de familiar-amo.
Era un ritual sencillo en el que el animal mordía, inyectando su veneno y magia en la sangre del que iba a ser el amo, haciendo a éste invulnerable a ciertos venenos y magias, por el otro lado, la serpiente conseguiría parte de la magia de su amo, conociéndola bien para poder servirle como era debido.
Lo que no sabía a ciencia cierta, era cómo reaccionaría un basilisco a su magia, pues no era de luz precisamente, pero tampoco era muy oscura. Es cierto que algunos podrían pensar que Harrison era el mal, pura y llanamente, pero él no se consideraba así.
Su magia familiar era la nigromancia, un arte considerado por mucha gente, oscuro y negro, pero eso eran los únicos que no lo conocían.
Para los otros nigromantes que conocían el arte, era más un medio de vida que otra cosa.
El resto de planes de Harrison, podrían ser un poco oscuros, en el pensamiento sobre todo de cazar a los muggles, pero después de haber tenido la vida que tuvo en el hogar, un hogar abusivo y viendo de primera mano lo que los muggles eran capaces de hacer, entendió que al tener el don de la magia, podía salirse con la suya al capturar y "jugar" o practicar con los muggles su propia magia.
Mejor ellos que otros mágicos o seres mágicos.
Salto de Línea.
El día de la entrevista, Harrison Peverell no estaba nervioso en absoluto. Gracias a su Oclumancia pudo poner en orden sus pensamientos y prepararse para el pandemónium que se avecinaba.
Vistiéndose con túnicas negras de Lord, se aseguró que por encima llevara su capa de invisibilidad por si acaso tuviera que hacer un escape inesperado. La piedra de resurrección la llevaba en la mano izquierda, los anillos de Lord y Heredero en la derecha. Peinándose el pelo rebelde con un encantamiento, se lo echó hacia atrás a la manera sangre pura. Recogiendo su vara, se la metió en el antebrazo derecho, ya que probó varias veces a llevarla en la cintura en el castillo y vio que no era factible, por si se la robaban. No es que les funcionara al que lo intentara, pero siempre era mejor prevenir.
Despidiéndose de los retratos y ordenando a Dobby y Winky que estuvieran preparados para su llamado por si algo salía mal y tenía que desaparecer rápidamente, usó su anillo Peverell como traslador a Gringotts y con un chasquido se desapareció con una hora de antelación.
Reapareciendo en la antesala de espera, los magos y brujas que estaban presentes se giraron para ver quien había aparecido.
Descartando rápidamente que fue un niño por vía traslador, volvieron a sus asuntos. Con una sonrisa maliciosa, Harrison fue directamente a hablar con un cajero Gobblin para que le llevara a su gestor de cuentas.
- Saludos, Maestro Gobblin, que su oro fluya y sus enemigos mueran.
- Y que sus bóvedas se llenen, joven Maestro. ¿Qué puede hacer Gringotts por ti hoy?
- Venía con antelación al banco, dado que tengo una cita para una rueda de prensa, pero antes me gustaría que me llevaran ante Griphook, mi gerente de cuentas, ¿Es posible?
- Lo es, sígame.- Dijo el gobblin impresionado con las dotes de habla del joven hechicero. Guiándolo por los pasillos, llegaron a las dobles puertas talladas ricamente de Griphook.
Entrando en el despacho después de que éste le permitiera pasar, saludó al gobblin en su lengua natal.
- Que tus enemigos tiemblen ante tu hacha y tus bóvedas se llenen con su oro Maestro Griphook.
- Y que los tuyos perezcan ante tu magia, Maestro Peverell.- Después de los saludos corteses y un apretón de manos, Harrison pasó a asuntos más delicados, como el recuento de las bóvedas en su poder. Para su ira, Griphook le informó que Albus Dumbledore estaba en posesión de la llave de su antigua bóveda de confianza. Antigua, porque cuando reclamó su título de Lord, esa misma bóveda pasó a formar parte de las bóvedas Peverell en su conjunto. La llave fue reclamada y destruida por Gringotts y una denuncia de sus abogados en contra de Albus Dumbledore por el robo muchos galeones en el lapso de 8 años. Al rellenarse la bóveda automáticamente cada 31 de julio, Albus Dumbledore se aseguró de sacar todo el oro que podía.
Por suerte, el viejo mago parecía tener un poco de sentido común, pues la información de Ragnok era correcta y pagó todo lo que había robado y la multa del Wizengamot en lingotes de oro puro, aumentando así la fortuna Peverell.
Desgraciadamente para Dumbledore, fue expulsado del banco después de eso, teniendo que buscar otros métodos.
También hablaron de las empresas y magos que habían utilizado su nombre para su propio beneficio. Salieron más de sesenta empresas en el mundo mágico británico, las cuales la mayoría era de limpieza, cosméticos, restaurantes, hoteles, escritores fraudulentos de libros y alguna que otra librería. Se acordó demandar a todos por uso del nombre sin permiso, injurias y calumnias en contra de él.
Aunque tuviera a su nombre la mayoría de las empresas, los quería ver a todos destruidos económicamente por aprovecharse de la situación cuando más les convenía. A pesar del hecho de que ahora se estaba aprovechando él mismo.
Se enteró también que un llamado Severus Tobías Snape, heredero de la Casa Noble de Prince, debía una deuda de vida a su padre James Peverell, pero que al estar éste muerto, la deuda pasaba directamente a Harrison. Indagando un poco más en su pasado para presentárselo a Harrison, le dijo que fue un mortífago conocido de Voldemort, pero que se libró de ir a Azkaban, debido al hecho de que era espía para Dumbledore.
Harrison tenía tres opciones en ese momento. Una, ignorar la deuda de vida del hombre y dejar las cosas como estaban.
Dos, no ignorarla, es decir, hacerle vasallo de la Casa de Peverell y que cortara sus lazos con Dumbledore y la Casa Noble de Prince.
Y la tercera opción, hacer que la deuda de vida se cobrara la propia vida de Severus Snape.
Por otro lado, se descubrió que tenía un padrino que estaba encerrado en Azkaban sin recibir juicio alguno. Se le acusaba de traicionar a sus padres a Lord Voldemort.
Harrison le informó a su gerente de cuentas de que era totalmente consciente del asunto y que tomaría cartas en él en un futuro cercano u hoy, si la situación lo requería.
Decidiendo dejar para más tarde los asuntos relacionados a Sirius Black, preguntó cómo iban las inversiones en ambos mundos.
- En el mundo mágico he podido recuperar todas las antiguas inversiones de su familia. En el callejón Diagon, Ollivander, Madame Malkin, túnicas para todas las ocasiones, la librería Flourish y Blotts, la tienda de productos de calidad para Quidditch, la tienda del viajero. En el callejón Knockturn he invertido en la tienda de varas de Regulus Black, como ordenó. También en el boticario, tienda de túnicas de Twilfitt y Tatting; aunque ésta se encuentra entre Diagon y Knockturn. En el mundo muggle he vendido casi todas las acciones, tal como ordenó. Sumándose así, una gran cantidad de dinero, muggle eso sí, pero dinero no obstante.
Ajora estamos buscando vendedores de oro, plata, platino, bronce y piedras preciosas en diferentes países del mundo.- Informó Griphook con un brillo en sus ojos codiciosos. Harrison pensó que le darían bastante oro las empresas del mundo mágico británico, pero la decisión de vender las empresas en el mundo muggle, era una idea todavía mejor, dado que allí, con todos los millones de libras que recibiera, podría comprar en todas las piedras preciosas, oro, plata, bronce y platino también.
No es que le faltara el oro, pero Harrison quería tener una salvaguarda por si acaso las cosas iban mal, también le gustaría poder sacar oro en grandes cantidades de Gringotts, para poder crear una bóveda en el Castillo.
La bóveda estaría bien protegida, tal como con un Fidelius familiar, algo que solamente la familia cercana conociera.
- A medida que vaya pasando el tiempo, pienso invertir en más empresas de Bretaña y en el extranjero. En lo referente a los medios de comunicación, estoy intentando ponerme en contacto con el editor del Profeta, pero no contesta. Debe saber Lord Peverell, que el Profeta es un periódico controlado por el ministerio y meterse dentro de él, es bastante difícil. Por otro lado la revista el Quisquilloso no hace falta invertir, dado que su bisabuelo Ignatius Charlus Peverell (antes Potter) ayudó a crearlo. Por otro lado, he estado mirando en las islas y para nuestra desgracia, solo hay tres islas que tienen pocos muggles en ellas. Podríamos proceder echándolos de las islas, salvaguardándolas y creando las fincas para las granjas, pero de momento no he hecho nada, debido al hecho de que no tenía su consentimiento.- Informó Griphook, observando la reacción de Harrison, el cual meditaba sobre el problema de las islas.
Bien podría comenzar ahora a recoger a los muggles de allí, de las tres islas que tenía planeado poner granjas, pero aun así serían muchos muggles a tener en las mazmorras. También podría ir de cacería de muggles o abrir un coto privado durante un tiempo indefinido, al menos hasta que limpiaran la zona, por supuesto cobraría la entrada a los magos y brujas que quisieran participar en el deporte.
- Bien, has hecho una gran labor en el poco tiempo que has tenido. No tengo ninguna duda, de que con tu ayuda nuestras bóvedas crecerán con rapidez. En lo que respecta a las islas, mantén en mente que quiero esas tres y más si es posible, quizás tenga planes para los muggles y podamos evitarnos matarlos a todos. Tal vez, podríamos esclavizarlos para tener mano de obra barata, por así decirlo. Bien podríamos ocultar las islas de la vista de los otros muggles y los que estén en ellas, podrían servirnos como trabajadores de las granjas, quieran o no quieran.
- Gracias por la confianza mi Lord, hago todo lo posible por que el oro crezca. Mantendré eso en mente.- Dijo con una sonrisa dentada, le gustaba la idea de coger a los muggles como mano de obra barata.
- Una pregunta Griphook, ¿Cuánto oro poseo en las bóvedas, actualmente?
- Si me permite un momento.- Contestó Griphook, mientras rebuscaba en unos papeles, Harrison asintió con la cabeza y lanzó un tempus no verbal para saber cuánto tiempo tenía antes de la rueda de prensa. Viendo que iba bien de tiempo, con cuarenta minutos todavía, haría una visita para agradecer a Ragnok el regalo que le proporcionó unos días antes.
- Si, aquí esta. Usted posee trescientos cincuenta millones de galeones y cuarenta millones de libras en el mundo muggle. La suma, por supuesto, va creciendo y en aumento. Lamentablemente la suma de libras irá en decrecimiento, cuando compre todo el oro y piedras preciosas que requiere.- Harrison se quedó plasmado ante todo el oro que poseía y encima le debían dos millones y pico más, por parte de la bruja Umbridge.
Era asquerosamente rico en el mundo mágico, pero no sabía que tan rico. Encima su oro iría creciendo aún más a medida que pasara el tiempo.
- Wow, eso es impresionante Maestro Griphook. Me alegra oírlo. Ahora me gustaría que buscara si la Familia Peverell tiene algún tratado más con otras Familias o seres mágicos. También quisiera ver si hay contratos de matrimonio activos para la Casa de Peverell.
- Por supuesto mi Lord, se lo mandaré a la brevedad posible.- Con eso dicho, se despidió el joven Lord para ultimar detalles con el Rey Ragnok e ir a la sala de prensa.
Cuando llegó escoltado por diez gobblins al despacho del Rey, se preguntó si había tantos para la protección de Ragnok o la suya propia. Pasando por las hermosas puertas impregnadas por la magia familiar ya conocida, Harrison saludó a Ragnok en el idioma oficial.
Habiendo terminado con los saludos de cortesía, Harrison le dio las gracias por el regalo que le había concedido y le explicó para lo que era y la función que tendría una vez acabado.
Maravillándose por el trato que estaba recibiendo del joven Lord, Ragnok hizo unas cuantas preguntas más sobre el objeto y las runas talladas sobre él.
Pidiendo que cuando tuviera tiempo entre el entrenamiento y el descanso, que tendría que producir o cuando terminara, que si le podía traer el objeto mágico para que los artesanos de la nación lo investigara, dado que han estado intentando producir algo así durante generaciones sin mucho éxito.
El único éxito que lograron, fue recrear una especie de gira-tiempo que iría atrás unas semanas solamente.
Por supuesto Harrison no le contó que tenía dos hechos ya, el tercero lo estaba haciendo para la nación gobblin y se lo daría como regalo a ellos, no es que necesitaran saber que tenía uno de un año y otro de siete. El de los gobblins sería de tres años/días.
Viendo terminado el negocio, pidió que le guiaran hacia la sala de prensa y preguntó cuántos gobblins armados habría.
- Serán 35, los diez que están con nosotros y otros 25 más para mi protección, puesto que yo también estaré presente en la rueda de prensa, para dar testimonio del robo hecho por Albus Dumbledore y sus exigencias en cuanto a tu paradero. También diremos por qué fue echado del banco, aunque hubiera pagado ya la deuda robada y la multa del Wizengamot.- Dijo Ragnok. Coincidiendo en que sería prudente si no los veían juntos, Harrison se adelantó a la sala de prensa a prepararse mentalmente y calmar los nervios de último minuto que suelen aparecer.
La sala se fue llenando poco a poco de magos y brujas de cada periódico que había en Gran Bretaña Mágica. Estaban un par de corresponsales del Diario el Profeta, Xenophilius Lovegood del Quisquilloso, una bruja nacida de muggles para la revista corazón de bruja, un par de magos con rostros hoscos del diario "siempre puro", y muchos más.
Estaban todos presentes porque se iba a presentar un nuevo Lord a la comunidad de magos, pero este nuevo Lord era especial. Él era Harry Potter, el niño que vivió. Aunque ya no podrían utilizar ese seudónimo porque los abogados de Lord Peverell habían denunciado a todas las empresas que utilizaron el nombre de Harry Potter para su propio interés, haciéndose éste con cada una de ellas, en un claro golpe contra los que se aprovecharon del nombre de la familia, o mejor dicho, subfamilia.
Hoy en día los periodistas y el mundo mágico, recibirían más respuestas de las que se habrían imaginado o esperado.
Pocos momentos después de que los periodistas ingresaran en la sala, las puertas por las que habían entrado, volvieron a abrirse para recibir una escuadra de aurores, junto con Madame Bones, jefa del departamento de seguridad mágica, Ministro Cornelius Fudge y el Jefe de Magos del Wizengamot Albus Dumbledore. Y más tarde, entraron cuatro Lores del Wizengamot para presenciar la presentación de Lord Peverell.
Los Lores eran: Lord Black, Lord Alucard, Lord Malfoy y Lord Longbottom. Los cuatro Lores se saludaron cordialmente, delante de las cámaras y periodistas, moviéndose detrás de todos los periodistas, pero con una buena visión del podio que se preparó para el que los convocó, esperaron pacientemente a que la hora diera lugar.
En la última guerra, Lord Longbottom sufrió un ataque en su casa, tras haberse escondido tras la insistencia de Dumbledore, el cual le dijo que Voldemort estaba detrás de ellos, pues los consideraba una amenaza, al igual que a los antiguos Potter.
Los Longbottom, una vez oídos los rumores de que el Lord Oscuro Voldemort había desaparecido, salieron del escondite, para encontrarse a cuatro mortífagos buscando respuestas de su Lord caído.
Los cuatro mortífagos no eran conocidos por la comunidad, pero el ataque al hogar ancestral de los Longbottom tuvo lugar. Una batalla de proporciones épicas dio resultado, hiriendo de gravedad a Lady Longbottom, llamada también Alice, esposa del actual Lord, Frank.
La esposa de Frank estaba actualmente en San Mungo recuperándose, algo que los sanadores le dijeron que sería tardío y muy tedioso, dado que se enfrentó a la maldición Cruciatus por mucho tiempo.
Frank pudo contener con la ayuda de las salas de la mansión a los mortífagos que los atacaron, hasta que los aurores decidieron llegar, es por eso que más tarde el mismo Lord Longbottom dejó el cuerpo, dada la tardanza e ineptitud de los aurores.
En los casos de Lord Black y Lord Malfoy, en la última guerra se sabía que habían financiado económicamente y en el caso de Lord Malfoy apoyado activamente a Voldemort.
Los rumores corrían de que Sirius Black también lo había apoyado en secreto, que es por eso que estaba en Azkaban, otros decían que era por haber traicionado a los Potter, más nadie sabía la respuesta con certeza, solamente los que habían metido al pobre Sirius en Azkaban sin un juicio.
Lord Alucard en la última guerra no estaba en Bretaña, pues tenía cosas que hacer en su otro dominio, Transilvania, Rumanía. También corrían rumores de que su casa descendía de la de Drácula.
Diez minutos después de que todo el mundo hubo llegado, las puertas de la antesala a la sala de prensa se abrieron para revelar 35 gobblins armados posicionarse delante del podio y a ambos lados para la protección adicional. Detrás de ellos entró otro gobblin que fue directamente al podio y comenzó a hablar.
- Bienvenidos a la sala de prensa de Gringotts, soy el Rey de la Nación Gobblin, Ragnok. Estamos todos hoy aquí por petición de un cliente fundador del banco, puesto que debido a la presión impuesta por el jefe de magos del Wizengamot y el Ministro de Magia, nos ha pedido formalmente que le dispusiéramos de esta sala. Sin más preámbulos os presento a Lord Peverell.- Presentó Ragnok a la multitud mientras se hacía a un lado para dar espacio al joven Lord.
Harrison fue caminando con paso lento pero seguro hacia el podio, con sus escudos de Oclumancia al máximo de su potencial para calmar los nervios imprevistos que se apoderaron de él a última hora.
Con la cabeza en alza y porte orgulloso, se cuadró en el podio y tomó una respiración profunda, observando a todo el mundo que estaba presente.
Sintió por un momento el intento de intrusión en su mente de alguien, siguiendo la firma mágica de la mente, fue a parar a Dumbledore. Con una sonrisa en su rostro, interceptó el intento de Legeremancia y le expulsó para atrás, haciendo que Dumbledore tropezara un poco.
- Le agradecería señor Dumbledore que guarde sus ataques de Legeremancia para sus estudiantes.- Dijo Harrison con una cara seria al implicar que el Director de Hogwarts usaba una magia ilegal en un Lord nada menos. Susurros estallaron a la vida entre los periodistas que comenzaron a escribir rápidamente para no perderse la reacción atónita del ministro y de los aurores.
Los Lores sabían que un ataque como ese, se pagaba con una multa elevada, si pertenecías a una casa noble, si no, irías a parar a Azkaban durante una temporada. Pero más asombrados estaban de que el joven delante de ellos pudiera detectar quien intentó leer su mente y por encima, rechazarlo con un empuje fuera de ésta.
Volviendo su mirada hacia los periodistas, Harrison comenzó.
- Les he llamado hoy aquí con la intención de presentarme al público en general debido a acontecimientos recientes que implican al Jefe de Magos Albus Dumbledore y al Ministro de Magia Cornelius Fudge.- Tomó una respiración profunda y volvió a hablar con una voz fuerte y potente. - Hoy estoy aquí para presentarme al mundo mágico de Bretaña e Irlanda del Norte como Lord Harrison Markus Peverell de la muy nobilísima y muy antiquísima Casa de Peverell.- Susurros volvieron a comenzar entre todos los periodistas, más el ministro de magia estaba blanco como la tiza. - Hace unos meses me presenté en Gringotts para reclamar mi herencia y títulos con la suerte de reunirme con el Rey Ragnok, aquí presente. Para abreviar, me presenté como Harry James Potter.- En esta parte los susurros se elevaron a voces de incredulidad, debido al hecho de que el joven presente reclamaba que era Harry Potter, el niño que vivió. - Sé que les puede parecer difícil de creer, pero es la verdad. Fui y digo fui, porque el verdadero apellido de Potter no es Potter es Peverell. Para aclarar las cosas, debemos irnos a la fecha de los tres hermanos Peverell, antes de la fundación del Colegio Hogwarts de Magia, Brujería y Hechicería.
Mis antepasados Peverell, en una idea de proteger a sus familias, decidieron cambiar el apellido a uno menos notorio. Cadmus Peverell, fue cambiado a Slytherin e Ignotus Peverell a Potter. El otro hermano, Antioch Peverell, cambió su apellido tardíamente, siendo su hijo mayor un poco más inteligente, cambiándolo a Gryffindor.
La subfamilia Slytherin con el paso del tiempo, fue a dar a la subfamilia Gaunt, de la cual también he tomado el título. Como todos saben, en el Wizengamot están las sillas Slytherin y Gryffindor. Siendo la Gaunt una silla o asiento independiente de Slytherin, como honor a los fundadores. Más tarde explicaré lo que pasará en el Wizengamot y mi asiento.
Si desean les puedo mostrar el árbol genealógico de mi familia para dar credibilidad de lo que digo es cierto.- Con un movimiento de cabeza, el Rey Ragnok ordenó a uno de sus guardias que trajera dicho árbol genealógico.
- Volviendo al tema principal, tomé posesión del título de Lord Peverell, Lord Potter, Lord Slytherin, Lord Gryffindor, Lord Gaunt y Heredero Black. Poco después anexé las sub-familias Potter, Gryffindor, Gaunt y Slytherin a la Casa de Peverell, fusionando las casas en una y los asientos del Wizengamot en uno, expulsando a los Proxy que no debieran estar, sin mi autorización.- Ahí fue donde el ministro se rompió, él había dado a su subsecretaria el asiento Gaunt en favor de tener voz y voto en el Wizengamot.
- ¡No puedes hacer eso!- Chilló Cornelius en una falta flagrante de respeto por el Lord.
Haciendo caso omiso de la interrupción Harrison continuó.
- Como había dicho antes, los asientos que había en el Wizengamot separados, ahora están unidos en un único asiento y nadie, más que yo, puede utilizarlo. Como todavía no tengo los once años requeridos por ser el último de mi línea, mantengo el asiento Peverell y sus votos, congelados.- Con esa declaración, los susurros y los rascamientos de plumas comenzaron más ferozmente.
Algunos como el periódico "siempre puro" sabían de las consecuencias que eso traería en el balance de poder. El profeta también lo sabía o al menos suponía algo.
Cornelius se estaba poniendo más rojo de la furia por haber sido ignorado tan flagrantemente por el niño.
Albus no sabía dónde meterse, presentía la mirada penetrante de Amelia en su nuca, ojalá no hubiera venido, pero realmente fue llamado como parte de éste circo.
- Queriendo saber acerca de si mi nombre fue utilizado por empresas u otras entidades en señal de lucro, hablé con mi gerente de cuentas Griphook…- Otra vez fue interrumpido, pero no por Fudge, sino por Dumbledore, tras continuar con la conversación, por dónde había planeado llevarla.
- Querrás decir Bogord.- Dijo Dumbledore con una sonrisa de abuelo.
Harrison estaba empezando a perder la paciencia en cuanto a tanta interrupción, pero volviendo la cabeza en dirección al viejo metomentodo, le contestó con una sonrisa en su voz.
- No, señor Dumbledore, de la casa Menor de Dumbledore. Bogord, fue encontrado culpable de ciertos cargos de intento de robo junto con usted.- Y aquí es cuando todo el mundo empezó a chillar de indignación.
Unos por la acusación de que el líder de la luz fuera a robar el oro del joven Lord, otros de que el joven Lord hiciera una acusación tan vil y el involucrado, diciendo a los cuatro vientos, que el niño era claramente demente, en un claro intento de salvar la poca reputación que le quedaba.
Gracias a sus contactos, su expulsión del banco no salió en los medios de comunicación, pero ahora… ahora todo podría irse a la proverbial mierda si sacaban las pruebas, como había hecho con el tapiz de la familia.
Pacientemente Harrison esperó a que todo se calmara de nuevo con una sonrisa en su rostro. Decidió dar un enfoque de Lord paciente a dar el enfoque equivocado y que pensaran, que si, en realidad era un niño malcriado y que quería atención. Cuando todo se calmó de nuevo, volvió a hablar.
- En realidad si quieren saber si mis acusaciones son veraces, pueden pedir al rey Ragnok aquí presente sobre el castigo del traidor Bogord y su traición hacia la Casa de Peverell. Me dirijo ahora por el nombre de Peverell dado que todos los registros de mis antepasados han cambiado al nombre que les pertenece. En cuanto al cambio de mi nombre, mis padres, James y Lilian Peverell, no tuvieron tiempo de registrarme mágicamente en el ministerio y en Gringotts. Así pues, viendo cómo podía dejar que las empresas y otras personas utilizaran mi antiguo nombre para su propio beneficio, registre uno nuevo, uno que nadie pueda utilizar, dado que esta registrado en la sangre.- Hizo una pausa, para ver si habían captado el mensaje. Viendo que tenían las caras de interrogación continuó con la historia. - Días más tarde, descubrí quien fue el que me estuvo robando desde la trágica noche de Samhain. Mi bóveda fiduciaria, la que mis padres hicieron para mí, desde el momento de mi nacimiento, fue siendo sustraída por Albus Dumbledore, aquí presente, para sus propios intereses. Y os preguntareis como, pues bien, según los registros del banco, él tenía la llave de mi bóveda personal. No obstante, fue multado gravemente por Gringotts y por el Wizengamot, teniendo que pagar con intereses, cosa que hizo en lingotes de oro puro. Me pregunto si tiene acceso a la piedra filosofal de Flamel y si Flamel es un socio en el crimen de Dumbledore, pero eso es estúpido, dado que un alquimista de su talante y talento, no le hace falta robar. No obstante, Albus Dumbledore fue expulsado de por vida de Gringotts y su bóveda familiar sellada en castigo.- Silencio se hizo evidente, cuando otro Gobblin entró en la cámara con los papeles que acreditaban el hurto a la Casa de Peverell, cuando todo el mundo se giró para confrontar a Dumbledore, descubrieron que éste se había marchado repentinamente.
Viendo que la repentina desaparición de Dumbledore podía jugar más a su favor, decidió dar un golpe más y tentar a la suerte y el destino.
- La verdad, señores y señoras de la prensa, Lores del Wizengamot y Ministro de magia, Albus Dumbledore no es el líder indiscutible de la luz, que hace que todos creamos.- Haciendo una pausa dramática para el efecto, continuó. - La noche del 31 de octubre de 1981, Rubeus Hagrid, Guardián de las Llaves de Hogwarts, me recogió de la propiedad perteneciente a mi familia, el Valle de Godric. Sí, como lo oyen, en vez de ir directamente a la tutela de mi padrino, Sirius Orion Black, Heredero de la muy Noble y Antigua Casa de Black, el señor Hagrid a las órdenes de Albus Dumbledore y seguramente Minerva McGonagall, me raptó.- Ahora no había palabras susurradas, ni gritos, ni miradas de odio. Solo había silencio sepulcral ante lo declarado. - Se preguntarán, porque sé esta información, bueno, hay una cosa llamada memoria eidética, es decir, una memoria capaz de recordar todo desde el nacimiento. Y recuerdo claramente cuando mis padres hicieron el encantamiento Fidelius, a través de las órdenes de Albus Dumbledore, siendo éste el que lanzó el mismo encantamiento para esconderse debido a una "profecía" que se hizo.
El verdadero guardián del secreto no fue Sirius Black, sino Peter Petegrew. Y para que conste en acta, el que echó el encantamiento fue Albus Dumbledore.
Aparte, de tenerme encerrado en el mundo muggle lejos de mi legado y mi última familia que me quedaba con vida, me robó una reliquia familiar de la cual tuve que hacer el ritual de reclamo, para que volviera a mí. Como bien he dicho antes, tengo las pruebas que lo acreditan y la prensa es bienvenida a preguntar tanto a Rey Ragnok, como a mi gerente de cuentas Griphook.- Paró unos momentos para poner orden a sus pensamientos, mientras que la prensa digería toda la información que les habían dado, que no era mucha, pero al menos era escandalosa.
El ministro de magia, ya no sabía dónde meterse, si por algún casual abría la boca contra el padrino del chico, Sirius Black, sería contradicho cualquier mentira que saliera de su propia boca, tal vez, lo mejor sería desaparecer como Dumbledore.
Muchos de los aurores que tenían en un pedestal a Dumbledore, decidieron no escuchar los reclamos del niño, más uno se estaba enfadando por momentos y casi perdiendo la compostura, pero desgraciadamente no podía sacar su varita en territorio gobblin, sino, su cabeza adornaría una pica en el banco. – Ahora, pasemos a las preguntas.- Declaró Harrison con una sonrisa de triunfo al dar el último golpe a uno de los magos que se creían más poderosos del mundo. Si todo salía bien, seguramente Dumbledore perdería influencia en el Wizengamot o en la sociedad, para el caso sería un buen triunfo. Respecto a lo de la memoria eidética, era mentira, lo de que su padrino no era el guardián del secreto sí que era verdad, gracias a los retratos de sus padres, pudo tirar de ese truco y viendo como el ministro intentaba colarse para marcharse, no pudo evitar desprestigiar también al tonto incompetente que tenían por ministro.
- Ministro, ¿Acaso se marcha ya? ¿No prefiere quedarse hasta el final?- Preguntó Harrison con saña, llamando la atención de la gente en la sala. El ministro volviéndose para enfrentar a Harrison, no pudo hacer más que intentar desacreditar al joven Peverell.
- Yo… Yo me tengo que ir, a hacer… mejores cosas que aguantar los intentos de desacreditación del ministerio de magia y las injurias que ha hecho contra nuestro Jefe de Magos. Si, ¡Mentiras de un niño en busca de atención!- Farfulló Fudge, mientras se daba media vuelta para marcharse, pero se detuvo abruptamente ante las carcajadas de los gobblins y la de Lord Peverell.
- ¡Mentiras! ¿¡Es mentira también que Sirius Black no recibió un juicio!? Le voy a recordar ministro, que la magia que impregna el ministerio y Hogwarts pertenece a mi familia y que en cualquier momento la puedo pedir de vuelta.- Declaró Harrison fríamente al ministro y al resto de la sala que fue palideciendo ante las palabras de Lord Peverell.
No era algo que Harrison quisiera recordar a la gente, más bien quería mantenerlo en secreto, pero si con ese pequeño truco, podía salirse con la suya y liberar a su padrino de Azkaban, que así fuera.
Necesitaba a Sirius libre para poder acercarse a Lord Black, con una disculpa al menos en el nombre de su tonto padrino, por hacerle su heredero.
Los periodistas no sabían que pensar acerca de la entrevista, primero cuando llegaron, pensaron que sería una presentación al mundo mágico de Lord Peverell y no las explicaciones de quien era realmente. Segundo, cuando empezó dicho Lord a despotricar contra Fudge y Dumbledore, más el último que el primero, entraron en un furor de rabia por insinuar que el Gran Albus Dumbledore, vencedor de Grindelwald y al que el Lord Oscuro Voldemort temía, fuera en realidad culpable de las palabras dichas por el joven. Pero cuando los gobblins testificaron que era cierto, más que tenían las pruebas verídicas con el sello del banco, seguían sin saber que pensar. Pero cuando se descubrió que un hombre inocente residía en Azkaban, por que le habían tirado sin juicio, todos en la sala menos unos pocos aurores, se enfadaron de verdad.
Pensaban que lo que le paso al pobre Sirius, les podía pasar a ellos si el ministerio les daba la gana de inventarse cualquier historia en pos de venganza o celos. Y para colmo de males, se quedaron estáticos al enterarse del verdadero poder que tenía Harrison en el mundo mágico, sí, en verdad no tenía ninguna influencia sobre las casas nobles y antiguas, no le hacía falta, con tal de reclamar la magia de su familia, se podrían quedar sin colegio al que enviar a los niños, sin ministerio de magia, en el cual las leyes se hacían cumplir, más mal que bien, en el caso de Sirius, pero la idea era clara.
Rita Skeeter no pudo soportarlo más y pidió una retahíla de preguntas.
- Disculpe, mi Lord. Soy Rita Skeeter del diario el profeta.- Dijo una bruja de lo más variopinta. Con su túnica de color verde botella, gafas que eran de lo más estrambóticas y el pelo rubio. Harrison inclinando la cabeza en señal de aprobación le dio la palabra.
- Mi Lord, ¿Es verdad que Albus Dumbledore dio la orden de secuestrarle en plena noche del 31 de Octubre? Y ¿Qué es eso de una profecía?- Fueron las primeras preguntas que salieron de la boca de la periodista, muchos de los presentes fueron asintiendo con la cabeza.
- Mi Lord, Rupert Green, del diario sangre pura. ¿Podría verificar que el Director de Hogwarts, Jefe de Magos del Wizengamot y Supremo Hechicero de la Confederación Internacional de Magos, Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore, le ha estado robando? Me gustaría poder presentar copias en el periódico.- Declaró otro periodista.
- Mi Lord, Xenophilius Lovegood del Quisquilloso. ¿Cree usted que todo es un complot para matarlo y que Albus Dumbledore y el ministro de magia se queden con su patrimonio?
- Mi Lord, Basilius White, del profeta. ¿Dónde vive en la actualidad? ¿Si fue criado por muggles, que les pasó? ¿Es consciente de los acontecimientos acaecidos a un barrio muggle? ¿Es verdad que es heredero de la Casa de Black? ¿Cómo están relacionados? ¿Va a tomar su asiento y sus votos en el Wizengamot cuando tenga once años o cuando tenga catorce? ¿Piensa ir a Hogwarts a recibir su educación?- De momento esas preguntas fueron lanzadas, ya que Harrison levantó ambas manos para pedir silencio.
- Voy a responder a todas sus preguntas damas y caballeros, pero pido paciencia y de uno en uno. Para responder a la pregunta de la señorita Skeeter, del profeta, ya que ha sido la primera en preguntar, sí, Albus Dumbledore dio la orden a Minerva McGonagall y Rubeus Hagrid de secuestrarme y dejarme cual botella de leche, en un barrio muggle, de madrugada el primero de noviembre.- Comenzó con su rostro pétreo, ahora bien si aliados del viejo podían caer, tanto mejor. Que estos residieran en Hogwarts educando a los niños mágicos, era un bono para los padres de esos niños. – Lo de la profecía, aún no lo tengo claro, dado que solamente de niño pude escuchar la primera estrofa, pero creo que es falsa y mis padres murieron por nada.- Dijo tristemente, dando un suspiro que no sentía, pero para el conocimiento público sí que lo hacía. – Las confirmaciones de que el señor Dumbledore de hecho, me ha estado robando, se le puede pedir a mi gerente de cuentas, con el beneplácito del Rey Ragnok, lo cual demostrará que no miento. Bien podéis también presentar copias de los documentos en su ilustre periódico, señor Green.- Terminó esa parte de contestar a las preguntas. Tomando una respiración profunda, volvió a pensar en las respuestas que iba a dar y las que esperaban que diera a las preguntas que realmente esperaba. – Lo del complot, señor Lovegood, no estoy del todo seguro, pero imagínense que si hubieran tenido éxito conmigo, las demás Casas hubieran corrido la misma suerte. Es por ello que como nuestros antepasados, debemos tomar un gobierno más duro sobre aquellos que nos pusieron en el Consejo mágico, es nuestra obligación de velar por los intereses de la población mágica de Bretaña.
En la actualidad vivo en el Castillo Peverell, cuya ubicación no puedo dar, dado que está bajo las protecciones ancestrales de mi familia. Sí, viví con muggles y no, no fui consciente de su suerte, pues me escapé de allí a los nueve años, justamente éste año, el 31 de julio. Me escapé pues descubrí por casualidad mi patrimonio, al intento de asesinato de esos a los que Dumbledore me dejó… pero no quiero recordar todo eso, daré los recuerdos pertinentes al DMLE para que se les juzgue post-mortem.- Declaró Harrison, sonriendo internamente cuando muchos de los presentes silbaron en enojo ante las palabras del joven Lord.
- En cuanto a lo del asiento del Wizengamot, pienso ocuparlo el 31 de julio de 1991, cuando cumpla los once años, de hecho ya estoy estudiando unas cuantas leyes que pienso presentar… ruego que no pidan preguntas al respecto, pues ya saldrá con el tiempo, todavía tengo que afinarlas, después de todo.- Comentó, dejando que el anzuelo cayera en el agua, a ver si los peces picaban. Cosa que vio como Rita Skeeter al menos, tenía la mirada de pura curiosidad. Sonriendo más internamente, estaba pensando en contratar a la mujer para sus propósitos. – En cuanto a lo referente de Hogwarts, he de decir que estoy muy descontento, pues he sabido por mi gestor de cuentas, aquí presente, Maestro Griphook que las bóvedas de Slytherin y Gryffindor están medio vacías por el mal uso de ellas, por el actual director y subdirectora. Por ello, como bien sabéis todos ya, junté las subfamilias, pero en Hogwarts hice lo mismo, juntando ambas cámaras en una sola, con el nombre de Mortem. Ahora los antiguos estudiantes de Gryffindor y Slytherin tendrán clases conjuntamente y una sala común más grande todavía. He de decir, que he creado también una nueva bóveda con cincuenta millones de galeones en ella, para dar sustento a la escuela y dotar de las reparaciones necesarias. Me han llegado informes diciendo que las escobas de la escuela, así como los materiales del deporte mágico, Quidditch son necesarios nuevos y es por ello, que con gran honor las escobas serán repuestas bajo la supervisión de la jugadora de Quidditch Gwenog Jones.- Terminó de responder a las preguntas no hechas, pues es donde quería ir a parar.
Viendo que se estaba haciendo tarde y que las preguntas más importantes y las que no se habían hecho, habían sido respondidas, los periodistas dieron algunas triviales sobre su opinión del Wizengamot, Ministerio de Magia y otros temas, tales como los asuntos románticos o si tenía puesta la mirada en alguna bruja.
Harrison les contestó que cuando fuera el momento adecuado, se acercaría a las familias que estimara conveniente para un contrato de matrimonio, pues les aseguró que seguía las viejas tradiciones y que no iba a cambiarlas por nada del mundo.
Pocos minutos después, los periodistas terminaron de hacer sus preguntas, dejando a un exhausto Lord Peverell, el cual había comenzado a bajar de la tarima o al menos intentarlo, debido a la pregunta acerca de por qué fue relacionado con los Black, fue respondida por el actual Lord de dicha familia.
Muchos sabían que ambos Lores se reunirían, no hoy, pero si otro día para aclarar más asuntos familiares, como el problema Sirius Black.
Mientras que el personal periodístico se retiraba de la sala, el ministro de magia, mucho antes retirado sin que lo notaran, o al menos eso pensaba él, algo que no se esperaba nadie sucedió. Un auror atacó al joven Lord.
Los aurores que estaban presentes, estaban furiosos de que el mocoso fuera tan lejos como para humillar al mago más poderoso de todos los tiempos, por ello uno de ellos, uno que era de piel oscura, el pelo rapado al cero, un aro de oro en una de sus orejas y que respondía al nombre de Kingsley Shacklebolt, disparó el primer hechizo que se le vino a la mente, un hechizo de corte bastante fuerte.
Lo que no se esperaba el auror de color, fue la reacción del niño.
Con una mano disipó la maldición de corte y con su varita le lanzó una maldición directamente al pecho. La maldición recreó dos picas de color negro oscuro, atravesando al auror en el centro del pecho y en una rodilla, haciendo que éste muriese rápidamente.
Pandemónium se desató momentos de que el auror fue muerto. Los otros aurores rápidamente tomaron poses defensivas, los gobblins copiaron el hecho e hicieron un círculo rodeando a Harrison y su Rey.
Los Lores se quedaron dónde estaban analizando la situación y la prensa, rápidamente escribiendo el desarrollo del infortunado intento de asesinato del Lord. O al menos la prensa que todavía estaba presente.
Todos vieron claramente quien fue el culpable y no pudieron culpar al chico, hombre o lo que fuera de haberse defendido del ataque. Con los ánimos por los suelos, los gobblins ordenaron fríamente, a todos que fueran saliendo en orden del banco.
El mismo Rey mandó llamar más gobblins armados y la sala y pasillos del banco, pronto fueron vistos con cientos de ellos en trajes con espadas y hachas listas para su uso.
El tonto del auror que disparó la maldición en el Lord, se buscó su final. Los demás aurores recogieron su cuerpo empalado en la pared y salieron apresuradamente del banco para informar a su jefa, Madame Bones, olvidando que ella vio todo lo que pasó en la sala, puesto que estaba presente.
La mencionada Madame Bones, dio un suspiro de derrota, preguntándose si no debía mandar a los aurores otra vez a la academia, pues claramente se veía que eran tontos por atacar en suelo gobblin. Más tontos fueron al pensar que podrían meter en apuros a este joven Lord, si lo que decía de las costumbres eran ciertas, estaba segura de que habría hecho rituales para que no le pudieran hacer nada, en lo que respecta a pociones multijugos y otras cosas.
Con un suspiro y una mirada calculadora al joven que abandonaba la sala por las puertas traseras, se marchó pensando que tal vez, su Susan, pudiera entrar en un contrato de matrimonio de ese calibre, con el joven Peverell. Tal vez fuera ella quien tuviera que acercarse a él, pero… también podría ser que no solo tomara una esposa, sino que tomara cuatro o cinco, por la cantidad de Casas que había fusionado.
Las esposas tomarían el apellido Peverell, por supuesto, pero también tomarían con un guion el nombre de la subfamilia, para una distinción. No es que valiera mucho, pues el apellido Peverell era el primario y sus hijos todos llevarían el mismo apellido.
Negando con la cabeza, salió disparada del banco, para dirigirse nuevamente a su oficina a intentar calmar los ánimos y hablar con Rufus.
Harrison por su parte no dudó en matar a su adversario, podría de hecho haberlo incapacitado con un aturdidor, pero realizó el primer hechizo que le vino a la mente.
No podrían acusarle de nada, puesto que era en defensa propia y si lo hacían sus abogados se encargarían de ello.
Saliendo por la puerta que habían entrado se despidió de los gobblins y tomó su traslador de vuelta a su casa, debería de informar después a Markus y el resto de retratos de que la entrevista había salido relativamente bien y a favor de él.
Con un ligero estallido, llegó a la antesala del Castillo Peverell y fue directamente a por algo de comer, aunque debería decir merendar, ya que era demasiado tarde para una comida tardía.
Mientras que se preparaba para la merienda, se quedó informando a sus ancestros de los acontecimientos acaecidos en el día.
Markus le felicitó y le contó que en cuanto en cuanto a la otra parte de su entrenamiento de iniciar, en la nigromancia avanzada, no era necesario tomar más la sala del espacio y el tiempo, puesto que tenían de sobra, tras haber tomado ocho años/días en ese tipo de sala.
También le contó, de que ya era hora de que comenzara a dar caza a los muggles, ahora que sabía lo que era matar, no tendría problemas.
- Todo depende de la perspectiva. Los muggles son peligrosos, ambos lo sabemos. Ese mago iba a matarte, te defendiste y sobreviviste. Eso es lo importante.- Aconsejó Markus con una mirada penetrante a su pseudo aprendiz.
Después de haber informado a los retratos de que tenía planes para reunirse con Lord Black, para una posible alianza y trabajar en la liberación de su padrino, Harrison se fue a su despacho para componer la carta y comenzar a buscar alianzas con las otras Casas.
Una de las que le gustó y que estaban en la entrevista, era la de Lord Alucard.
También tendría que hablar con Lord Longbottom, pues su Casa era vasalla de la antiguamente nombrada Potter. Tal vez, renovaran los juramentos o… no.
