CAPITULO 4

ALIANZAS DE LA CASA ANTIQUÍSIMA Y NOBILÍSIMA DE PEVERELL

Al día siguiente de ir al banco de Gringotts, se desató un pandemónium entre la sociedad británica mágica y la internacional.

El efecto de la entrevista de Harrison, fue devastador para la reputación del ministerio de magia y de Dumbledore. Ambos, estaban haciendo actualmente control de daños, como para preocuparse de Harrison Peverell en estos momentos.

Bien podría entrar en Hogwarts y darse un paseo por la mitad de su propiedad y nadie le diría ni mu.

Para Harrison, todo era diversión, pues únicamente acababa de comenzar una guerra política contra Dumbledore y Fudge. Si los demás países Europeos veían cuán ruines eran ambos hombres, la buena luz que tenían sobre sus cabezas descenderían.

Por supuesto que influir en la opinión pública no era el único propósito de Harrison para destruir sus reputaciones. Estaba casi al cien por cien seguro de que Fudge caería antes que Dumbledore, después de todo el viejo tenía décadas de experiencia en estas cosas y Fudge era solamente un político.

Además, si los rumores eran ciertos, Dumbledore venció a un Lord Oscuro en su pseudo juventud, cuando tenía sesenta o setenta años. El Lord Oscuro fue Grindelwald, algo en lo que pensar, dado que la historia, al menos en Britania, no decía mucho al respecto sobre el hombre.

Paseando por el Callejón Diagon, observó con más tranquilidad las tiendas en las que tenía inversiones.

Entró en cada una de ellas, mirando y comprando un poco de lo que vendían, pero había algo dentro de él que le instaba a continuar observando. Era como si le llamara a una parte específica del Callejón, pero no podía ubicarlo. Era un poco frustrante.

Pensando en que sería parecido a cómo elegir la madera y los núcleos de la vara, dejó que un poco de su aura saliera a la superficie y lo guiara por los callejones.

Eso hizo dos cosas: una, que fuera más fácil para él describir lo que le estaba pasando y lo que estaba sintiendo. Era un tirón de familiar. Eso no había pasado la última vez que estaba en el Callejón, no obstante, debía deberse a que como se había vuelto más fuerte mágicamente, necesitaba de unirse a uno o varios familiares.

Y dos, la gente que le observaba se apartaba de él por temor al aura de verde oscuro. Que un "mago" según la opinión pública, pudiera transmitir su aura y hacerla brillar, significaba una cosa para ellos. Poder.

Dirigiéndose hacia el Callejón Knockturn, fue a parar a una tienda de animales, donde encontró lo que estaba buscando. Serpientes, muchas de ellas y de todos los tipos. Desde las mundanas a las mágicas, todas encerradas en terrarios de todos los tamaños, al parecer esta era una tienda únicamente de serpientes.

El vendedor se encontraba actualmente atendiendo a un cliente con la capucha cubriendo su rostro, comprando lo que parecía ser piel de serpiente.

Si su observación primaria era correcta, el comprador iba a elaborar Poción Multijugos u otro tipo de poción.

Caminando lentamente y observando los distintos terrarios de las diversas serpientes, se detuvo a observar, donde el tirón lo llevaba.

En un terrario, ni grande ni pequeño, sino mediano, había dos hermosas serpientes de unos treinta a cuarenta centímetros de largo y ancho. Dentro del terrario tenían dos rocas, en las que seguramente tenían encantamientos de calor, agua y lo que parecía ser comida a medio comer por los reptiles.

Debían de ser jóvenes, pues silbaban con furia y lo que parecía temor.

Observándolas un poco más, sintió que su magia le daba un tirón hacia ellas, instándole a que se uniera en el ritual de Unión Familiar.

Mirando alrededor por si había alguien escuchando, les habló en Pársel.

- Hola preciosas, ¿Qué sois?

- ¿Un hablante? ¿Eres un orador? Oh estamos salvados, ¿Ves hermano, te dije que existían?

- Claro, claro, hermana, lo que tú digas. Dime humano, ¿Qué quieres?

- Saber lo que sois, sé que sois serpientes, pero no de que especie. También quiero unirme a vosotras, en el ritual de unión familiar. ¿Estaría eso bien con vosotras? Mi magia no para de dirigirme hacia vosotras.

- Somos un él y una ella. Pero sí, si eso significa irnos de aquí. Somos basiliscos, los reyes de las serpientes. Por esa puerta hay un padre de serpientes, un Ouroboros, o eso es lo que se le llama por los humanos. Ahora dime, humano, ¿Qué magia poderosa tienes? Podemos olerte que eres fuerte.

- Fascinante.- Dijo Harrison en inglés, saliendo del idioma Pársel. Con el ceño fruncido fue un momento hacia la puerta, sintiendo el tirón en su magia calmarse. Así que tres familiares. Un Ouroboros y dos basiliscos pequeños, para unirse a él. Sería interesante por lo menos salir con ellos y que la gente lo viera. Menos mal que la política de Lores le protegía en cuanto a las criaturas mágicas peligrosas, sino, estaría en apuros para explicar su unión tan rara.

Otra de las cosas que le fascinó, fue que los basiliscos sintieran su poder mágico, con tan solo olfatearle. Tomando una decisión, les continuó hablando. – Os voy a comprar a los tres. El padre de serpientes también viene con nosotros, ya veréis, os divertiréis en mi casa, poseo un Castillo y terrenos, después de todo. También hay un antiguo nido de basilisco en los terrenos, por si queréis explorar. En cuanto a mi magia, estas paredes tienen oídos y no sería bueno que nos escucharan, aunque no nos entiendan. Os lo diré cuando lleguemos a mi casa y nos unamos. ¿Os parece?

- ¡Sí! ¡Llévanos contigo! Seremos buenos compañeros, también podremos protegerte mejor si te mordemos y te hacemos invulnerable a nuestro veneno.

- ¡Pero hermano! Has oído lo que ha dicho, es mejor unirse a él en su casa, los humanos podrían intervenir.- Dijeron los basiliscos, discutiendo un poco y tomándose las burlas entre ellos, haciendo que Harrison hiciera una mueca, pues sabía que era parte del ritual, pero no por ello estaba deseoso de que el veneno más fuerte del mundo mágico y el más peligroso, corriera por sus venas. Tendría que investigar qué efectos secundarios a largo plazo podría producir eso, así como si tenía descendencia, si lo podría pasar, el veneno, sea dicho.

- Está bien, ¿Cómo os llamáis?

- No tenemos nombre humano. Nos puedes llamar como quieras.- Le contestaron con lo que parecía una sonrisa, si las serpientes podían hacer muecas faciales. Al menos en el tono sonaba a una sonrisa.

Pensando rápido en nombres que tuvieran que ver con las serpientes, se decidió por dos nombres. Los antiguos dioses venían bien para algo más que hacer rituales de sacrificio, de vez en cuando.

El primer nombre era egipcio, el dios de las serpientes, Apofis. El segundo sin embargo estaba dudando entre uno griego y otro sumerio.

El griego eran varios, pues no solo había deidades, sino que también nombres mitológicos, como Medusa, Equidna (madre de monstruos), etc. los dos nombres que le gustó fueron Medusa y Glycon. Sin embargo el sumerio o mesopotámico, era Ningizzida. Una deidad de Mesopotamia, la cual era un nombre perfecto para ambos géneros. - ¿Qué os parece Apofis? Para uno y ¿Ningizzida para la otra? Si no os gusta, podéis llamaros también Medusa o Glycon.- Preguntó Harrison a las serpientes que se movían en círculos para mantener el calor o para escucharle mejor.

- Mmm… yo me quedo con Ningizzida.-Dijo la hembra con una especie de sonrisa en el tono y los ojos brillantes. Si Harrison no fuera un hablante de Pársel, ahora mismo estaría petrificado, pues bien es cierto que cuando eran jóvenes, la mirada de muerte la obtenían cuando tenían diez o quince años de vida. Era lento ese tipo de poder en aparecer en los basiliscos, pero no obstante, eran peligrosos, pues su veneno seguía siendo mortal y su mirada petrificaba.

Más tarde, les aparecerían los párpados secundarios, que bien podrían cerrar para tener una mirada normal. También podrían decidir si querían petrificar o matar. Todo era cuestión de perspectiva.

El macho estuvo pensando seriamente en el nombre, hasta que se decidió por Apofis, siendo el dios mitológico de las serpientes en Egipto y siendo éste un país vecino de Mesopotamia.

- Bien, entonces, voy a hablar con el tendero para que sepa que os llevo conmigo y al padre de serpientes también.- Dijo Harrison caminando hacia el tendero y explicándole que se llevaba no solo a los basiliscos, sino que también al Ouroboros que había tras la puerta.

El tendero como era normal y natural en su naturaleza, intentó timar a Harrison, viendo los anillos de éste y suponiendo que era muy rico.

Harrison sabiendo por donde iban los tiros, desapareció el cristal de los basiliscos y los ordenó en Pársel que fueran junto a él.

El tendero acto seguido se petrificó del puro terror que tenía ahora. El niño era un hablante de Pársel.

- Ahora tendero, no solamente me llevo a estos hermosos basiliscos y el Ouroboros, sino que me llevo toda su mercancía de serpientes. ¿He sido claro? Mis elfos vendrán a por ellas y ellos. Como se te ocurra intentar timarme, te mato, o mejor dicho, te matan él y ella.- Dijo haciendo referencia a los basiliscos que tenían la boca abierta.

Llamando a sus elfos, se presentaron como diez de ellos, listos para comenzar a llevarse los terrarios a los terrenos e informar a los retratos Pársel de que les ayudara a ubicar a los nuevos inquilinos de dichos terrenos del Castillo.

Acto seguido y para que el niño se marchara rápidamente de su tienda, fue a la habitación del Ouroboros, entregándole el terrario.

Al final el Ouroboros recibió el nombre de Glycon, siendo éste un macho. La serpiente alada estaba bastante contento de su nueva situación y posible vivienda. Harrison suponía que elegiría el lago como su hogar, así que mandó llamar a otro elfo para que se lo llevara.

Finalmente, cuando llegó la hora de pagar, le dio al tendero una mirada penetrante.

- Sé que todas las serpientes tienen precios diferentes, por ello te voy a hacer una oferta, razonable. Te doy diez mil galeones por todo. ¿Qué dices?

- Acepto.- Fue la respuesta rápida y concisa del tendero, deseando que se marchara el niño cuanto antes.

- Bien.- Asintió Harrison con una sonrisa, instando a las serpientes a esconderse debajo de sus túnicas, las cuales hicieron precisamente eso, para mantener el calor.

Sacando la tarjeta de crédito que le dieron hace tiempo los gobblins, pagó por sus compras y acto seguido se marchó en dirección el Caldero Chorreante, para un almuerzo rápido. También quería ver de primera mano las reacciones de los parroquianos a su llegada.

Salto de Escena.

El Caldero Chorreante era un punto de reunión neutral entre todos los mágicos de Gran Bretaña desde su fundación y el estatuto del secreto, pero eso poca gente lo sabía hoy en día, pues en la última guerra de sangre, Lord Voldemort y sus mortífagos más jóvenes rompieron ese acuerdo no firmado entre todas las familias mágicas.

Sin embargo hoy en día, un niño de nueve años conocía la historia que había detrás del Caldero Chorreante.

Fue fundado por un mago para la protección de cualquier tipo de ser mágico, ya sea mago, brujo, hechicero o druida. Ya sea criatura mágica o no.

Ahora, actualmente el Caldero Chorreante era un punto de reunión para parroquianos y visitantes del Callejón Diagon y Knockturn.

Pasando por la sala especial que separaba el callejón del pub, Harrison abrió la puerta siseando suavemente a sus basiliscos, calmándolos del ruido que había en el bar.

Sentándose en una mesa, esperó hasta que el barman estuvo frente a él.

- ¿En qué puedo servirle joven?

- Buenos días, señor. Preciso de un almuerzo suave y sano. Junto con una de sus mejores jarras de cerveza de mantequilla, por favor.- Pidió amablemente Harrison, el cual no escondió sus anillos de Lord y Heredero, para que no hubiere confusión y no preguntara el camarero por el paradero de los padres.

- Por supuesto, mi Lord.- Contestó el camarero, retirándose inmediatamente y dejando a Harrison observando el resto de comensales.

En su observación, pudo ver con claridad que los parroquianos estaban hablando de la entrevista de ayer y de los artículos de los diferentes periódicos. Al parecer el diario "Siempre Puro" le pintaba en una buena lid.

Los demás periódicos se mantuvieron neutrales con respecto a sus declaraciones, salvo el "Profeta" en el cual, la reportera Rita Skeeter atacó seriamente a Dumbledore, Fudge y él, poniéndolos en una triple guerra política.

Skeeter al parecer le gustaba incitar el odio entre los Lores y magos prominentes, sacando toda la basura disponible de ellos.

- Es curioso.- Vinieron las palabras arrastradas de un comensal, que parecía borracho, interrumpiendo la comida de Harrison.

Levantando la mirada de su plato, cogió su jarra de cerveza, dándole un sorbo meditativo.

- ¿Y qué, dígame señor, es curioso?- Preguntó Harrison con una ceja levantada.

- Como un niño como tú, se atreve a venir a un sitio como éste.- Alzó la voz el mago, tambaleándose un poco debido a la bebida. – Como un asesino de aurores, sale impune. Como un pequeño bastardo, sale impune tras insultar a uno de los grandes magos de la historia.- Terminó, salpicando un poco de saliva sobre su pecho.

Con una mueca de desagrado, dejó el poco de comida que le sobraba, terminando su jarra de cerveza.

Levantándose para ponerse en una posición defensiva, pero no obstante listo para atacar si era atacado, le contestó al mago.

- Sí, realmente es curioso, ¿Verdad? Pero también es curiosa la ignorancia que posees, mago. Este sitio es un punto de reunión neutral para todo el mundo y si no lo respetas, estas faltando el respeto a todos nosotros y nuestros antepasados. Sobre todo a los antepasados del dueño del lugar.- Contestó seriamente Harrison, llamando la atención de todo el pub.

Silencio se podía vislumbrar por doquier y la tensión se podía cortar con un cuchillo, como si de mantequilla se tratare. – Ahora, me siente insultado ante tus palabras. Creo que no le he hecho nada, para que me llame bastardo. Para su información, mis padres estaban casados cuando me concibieron, si no sabe utilizar los términos, le aconsejo que no hable, se pone en ridículo.

- ¡Como te atreves!- Gruñó, sacando la varita.

Acto seguido Harrison sacó su vara y se puso en pose de ataque, haciendo que los pocos Lores, miraran interesados, sobre todo uno que estaba en las sombras, cuyo nombre era muy polémico entre la comunidad de lores.

- Le aconsejo, señor.- Comenzó Harrison con tono calmado, notando como Apofis y Ningizzida sacaban las cabezas, mirando y siseando amenazadoramente al mago. – Que tenga cuidado con sus actos, puedo aparentar ser un niño, pero yo a diferencia de usted, si le mato, no me pasara nada, pues será en defensa propia, aparte del hecho de que estoy protegido al ser Lord. ¿Es usted un Lord?

- No.- Fue la respuesta gruñida, pero no obstante el mago no bajó la varita de su oponente. Ahora estaba examinando al niño y comprobando sus opciones.

- ¡Basta!- Gritó el camarero. – Lord Peverell es cierto como el agua, este es un punto de reunión neutral, si no lo respetan, tendrán que salir de aquí.- Intervino el camarero, viendo que sus palabras no surtían efecto alguno.

- ¡Crucio!- El mago atacó con la maldición tortura, siendo ésta desviada rápidamente y un contrataque siendo hecho a toda velocidad. Nadie había visto venir el escudo que interceptó la maldición prohibida y la siguiente maldición del joven Lord.

Una maldición que era similar a la tortura, pues el mago estaba en el suelo gritando de dolor, arañándose y sujetándose la parte del cuerpo que había sido afectada.

Las serpientes del muchacho en ese momento se desenroscaron de él, bajando por su cuerpo y posicionándose a su alrededor, viendo la gente como los ojos de ambas brillaban por momentos.

No eran serpientes normales… ¡Eran basiliscos!

- ¡Llamen a los aurores! ¡Tiene dos basiliscos!

- ¡Alto!- Gritó Harrison, no cambiando la pose y mirando fríamente a quien había hablado, resultando en una mujer menuda y pelirroja. – Si llamas a los aurores o atacas a mis familiares, haré que tu familia pague con su vida.- Amenazó Harrison seriamente, dando un escalofrío por la columna de todos aquellos que conocían esas palabras.

Esas palabras dichas por el joven Lord, significaban una cosa. Significaba que cualquiera que atacara al familiar unido de un mago o bruja, bien podía ser condenado de por vida a Azkaban o resultar en una venganza de sangre. Nadie quería eso, ni siquiera los más ignorantes del mundo mágico. – Como bien he dicho, son mis familiares y como la ley está de mi parte, puedo tener cualquier tipo de familiar, sino, Albus Dumbledore debería estar en prisión desde hace mucho tiempo, pues tiene un ave fénix como familiar.

- ¡El fénix es de la luz, todo el mundo lo sabe!- Volvió a gritar con convicción la misma señora.

- ¿Quién lo dice? ¿Tu aclamado líder de la luz, el cual roba? ¿Ese?

- Si…

- Ese líder de la luz, es un mentiroso y un ladrón. Es un asesino en masas. Por su culpa muchas familias prominentes desaparecieron, es peor que Grindelwald y Voldemort juntos. Te aconsejo que te vayas buscando a otro líder, pues él poco tiempo durará.- Siguieron las palabras frías y declarativas de Harrison.

Había declarado estar firmemente opuesto a Dumbledore en un momento, aunque él mismo lo había hecho el día anterior, pero si no se habían dado cuenta los magos y brujas de Bretaña, ahora lo hacían. – En cuanto a éste mago de aquí, decidle que no se queje tanto, es una simple maldición de picor. Si no puede soportar eso, es débil.- Hizo caso omiso de la maldición de tortura que le lanzó anteriormente.

Volviéndose a las serpientes, les siseó en voz alta de que volvieran a esconderse en él, haciendo una doble declaración.

Aparte de tener dos basiliscos, era Pársel y sabía sobre el estigma que ello conllevaba y lo que dirían de él, pero todos habían visto como había juntado todas las casas, supuestamente de la luz y la oscuridad en una sola casa.

El Lord que estaba en las sombras, decidió que sería correcto ponerse en contacto con este joven Lord, sería interesante por lo menos, hablar en privado con él.

Sacando la bolsa de galeones, puso el oro de la comida en la mesa del camarero y se disculpó formalmente por romper brevemente el pacto no firmado de neutralidad.

- No es tu culpa, joven. Es la de él.- Dijo haciendo una señal hacia el mago en el suelo, lloriqueando todavía y agarrándose el brazo.

- Gracias, señor…

- Tom, puedes llamarme Tom.

- Gracias Tom, no le molestaré más.

- No es molestia, joven Lord.- Contestó el camarero, haciendo una señal de reconocimiento a la persona que tenía detrás de Harrison.

Levantando una ceja en cuestión, sonrío ante el aura que podía sentir detrás. Era más o menos como la de un nigromante, pero con un tono más oscuro. Lord Alucard estaba detrás.

- Que sorpresa encontrarle aquí, Lord Alucard.- Dijo Harrison lentamente, volviéndose para encarar al mago, el cual únicamente levantó una ceja en cuestión.

- La sorpresa es mía al ser reconocido tan fácilmente, Lord Peverell.- Contestó el Lord con un ligero acento rumano, pero apenas perceptible.

Harrison, que captó el aura de nigromancia rodeando al Lord, hizo algo que le enseñaron sus antepasados.

Se decía que para ser reconocido por otro nigromante, sin que la gente lo supiera, se debía dejar escapar un poco lo que se llamaba "aura de muerte". El aura de muerte era una mezcla entre el aura normal de la persona y el aura que todo nigromante poseía.

Cuando hubo las persecuciones de magia negra a través de los tiempos, los nigromantes usaban esta técnica para reconocerse entre sí. Anteriormente se usaba para que supieran que había otro nigromante en el territorio.

Haciendo uso de ésta técnica, dejó escapar solamente un poco de éste aura, lo cual su interlocutor reconoció inmediatamente al joven que tenía delante de él.

- Eres joven todavía, se nota.- Comentó Lord Alucard con una sonrisa de medio lado. – Espero que no le importe que le robe un poco de su tiempo, Lord Peverell, pero me gustaría tener palabras con usted.

- Por supuesto, Lord Alucard.- Contestó Harrison dejando caer el aura de muerte, para no hacerse notar rápidamente, sin caer en la pequeña pulla de la juventud. Si este hombre supiera que era más encaminado hacia la maestría de un nigromante, que el aprendizaje, estaría bastante seguro de que no lo subestimaría. - ¿Qué le parece Gringotts?

- Habría que ser estúpido para aceptar ir allí. Por lo que pude observar ayer, los gobblins son tus aliados. No, yo me refería a un sitio más neutral. Como aquí, como bien habías explicado con anterioridad.-

Asintiendo con la cabeza en reconocimiento de la explicación, observó con atención a Lord Alucard.

De lo que le habían contado los retratos de éste Lord, es que se decía que no era del todo humano, más bien como medio vampiro, pero eso no podía ser. O se era vampiro o no se era vampiro, no había tales cosas como el mestizaje entre ellos.

Volviendo a asentir, pidió a Tom, el camarero que les preparara una habitación con algo de picar y una botella de vino élfico para los dos.

- Es tradición, que cuando dos Lores se juntan a negociar un tipo de alianza, se brinde con el licor local. Pediría Whisky de Fuego, Lord Alucard, pero creo que Tom no me lo vendería. Puede hacer oídos sordos a un poco de vino, no obstante.

- Eso es cierto.- Intervino Tom, para ayudar al joven Lord que sabía buenos modales, poca gente hoy en día sabía reconocer el estado del Caldero Chorreante.

- Eso está bien por mí.- Respondió Lord Alucard, dirigiéndose hacia las escaleras, siendo rápidamente seguido por Harrison.

Cuando llegaron a la habitación, ambos Lores se sentaron uno enfrente del otro y por arte de magia, o mejor dicho, por arte de los elfos domésticos, la bebida y la comida aparecieron.

Sirviéndose cada uno una copa y un poco de comida, pero no tocándola, comenzaron la conversación.

- Es interesante encontrar a otra persona como tú por aquí.- Comentó de manera casual Lord Alucard.

- Lo interesante es que no pusiera salas de silenciamiento y seguridad en la puerta al entrar. Cualquiera podría pensar que, la seguridad no es su preocupación.

- Por supuesto.- Dijo volviéndose hacia la puerta, que para su sorpresa se encontraba segura con todo tipo de salas. – Interesante, no me he dado cuenta de que ya lo había hecho usted, mi Lord.

- Mi seguridad y mis secretos son míos, mi Lord.- Devolvió el favor Harrison, con respeto.

Ambos Lores se miraron por unos momentos, examinándose mutuamente. En una breve muestra del poder nigromántico de ambos, decidieron al mismo tiempo soltar sus auras de muerte, llevándose Lord Alucard una sorpresa y un pequeño susto ante el poder que percibía de Lord Peverell.

Por el contrario, Lord Peverell se dio cuenta exactamente de lo que era Lord Alucard. Con una sonrisa adornando sus facciones, Lord Peverell fue el primero en bajar el aura de muerte.

- Fascinante.- Comentó Harrison con una sonrisa. – Eres el primero que conozco de una secta, Lord Alucard.- Reveló Harrison con la sonrisa en su rostro, sin dejar de sonreír, recostándose contra el asiento.

La cara de Lord Alucard parecía un verdadero poema de emociones. He aquí un niño que había reconocido el poder del que provenía, más de donde pertenecía Lord Alucard.

Recuperando su compostura poco a poco, el Lord más viejo pensó en lo que decir.

- Me sorprende tus niveles de potencia, Lord Peverell. He de decir que eres el Nigromante más joven que veo, que no solo sabe cómo sacar a relucir el aura de muerte, sino que también sabe reconocer a los Señores de las Sectas. ¿Cómo es posible?

- Mi formación. ¿Acaso pensó que era un mero aprendiz de nigromante? Tengo el valor de más de diez milenios en información, información en retratos y mi familia viene originalmente de Mesopotamia, haga las cuentas, Lord Alucard.

- Eso… eso haría… a tu familia…

- Ancestral. Sí, en dos años, mi familia será ancestral a los ojos del Wizengamot y la comunidad mágica.

- Increíble… espero que mi secreto esté a salvo con usted.

- Por favor, tutéeme, después de todo, somos casi lo mismo. Somos nigromantes.

- ¿Puedo llamarte por tu nombre de pila?

- Insisto, Lord Alucard.

- En ese caso, llámame por el mío también. Soy Vlad XLV. Es como una especie de tradición en mi familia.

- Por supuesto, Vlad, no lo pongo en duda. Espero que no te importe que me salte el número de tu generación.

- En absoluto, es más fácil de dirigirse así a una persona.

- Ahora que tenemos eso atendido, creo que querías algo de mí.- Comentó Harrison con la misma sonrisa.

- De hecho, sí. Tenía curiosidad por el Lord que se había puesto en contra tan directamente del "Gran Albus Dumbledore".- Dijo Vlad con burla evidente hacia el hombre. - ¿Por qué ir en su contra, cuando podrías jugar con él?

- Le considero enemigo de mi familia y Dumbledore es solamente un mago común a mis ojos.

- No deberías subestimarlo, se dice que tiene la varita de saúco.

- Lo dudo, pero no lo subestimo. Me estoy preparando para que, cuando llegue el momento de la batalla campal, pueda darle mi proverbial, estocada de muerte. Pero eso no llegará hasta un tiempo, de momento me gustaría disfrutar de esta guerra político-social.

- Claro… una guerra de ese tipo es positiva. ¿Qué opinas de los muggles?

- ¿Por qué, quieres saber mi opinión sobre ellos?

- ¿Me vas a decir que no lo sabes? No me tomes por tonto, creo que aparte de mí, el único nigromante en Reino Unido, eres tú. Creo, sin error a equivocarme, que eres el nigromante de Londres.

- Un fallo de mi parte, un fallo que no volverá a ocurrir. Te lo aseguro.

- Entiendo.- Asintiendo con la cabeza, Vlad comprendió lo que sentía por los muggles, al igual que muchos miembros de su "secta", podría pensar que eran nada más que ganado. En el caso de Lord Peverell, una amenaza a su forma de vida. No era la primera, ni la última vez que vería una reacción similar.

- Me gustaría Lord Alucard, que formáramos una alianza entre nuestras casas.

- No tengo hijas que ofrecer a tu Antiquísima y Nobilísima Casa, pronto a ser Ancestral. Lo siento.- Contestó Lord Alucard con un tono curioso en su voz, tal vez este Peverell bateara para el equipo contrario, como dirían los americanos.

- No me refería a ese tipo de alianza.- Rio con buena gana Harrison, si bien era probable que no tuviera hijas Vlad, por ningún momento podría casarse con una de ellas, si la tuviera. Aparte del hecho de que Harrison era totalmente heterosexual.

- ¿A qué tipo de alianza te referías entonces?

- Una comercial. Una donde nos ayudamos mutuamente. Tanto tú como yo, necesitamos aliados en este mundo. ¿No te parece?

- Ya tengo aliados y negocios en Bretaña. Si las cosas fueran mal aquí, siempre puedo volver a mi país y mi castillo.

- Por supuesto Lord Alucard.- Dijo Harrison con una mueca, pensó que tal vez le interesara su propuesta, pero era obvio que no lo hacía, así eran las cosas a veces. – Es una lástima, dado que pronto voy a tener el control de tres islas del norte. Ah, pero así son las cosas, más de cien mil muggles prisioneros… una lástima que solamente unos pocos sobrevivan, para morir en mis manos y prácticas nigrománticas. Tal vez, las otras familias estén interesadas en abrir cotos de caza o incluso podría venderlos a otras sectas… todo es posible.

- ¡Espera! ¿Qué has dicho? ¿Tres islas? ¿Más de cien mil muggles?- Preguntó rápidamente bastante confuso.

- Oh, ¿Ahora quiere que le cuente mi negocio? ¿Pero no tenía suficientes aliados aquí ya?

- No te burles de mí, niño… puedo ser un vampiro, pero soy más viejo que tú.

- Es posible que me ganes en edad, pero dudo que me ganes en poder y experiencia.- Volvió a hablar con un tono seco y frío. – Olvidas que tengo dos basiliscos aquí, dando vueltas por la habitación, no me amenaces y todo estará bien. ¿Hablamos ahora?- Pidió con una expresión cuidadosa, mirando a los ojos de Vlad, el cual intentó hipnotizar con sus poderes vampíricos al chico. – Eso no funciona conmigo.

- ¿Cómo?

- Soy un Peverell, tengo más trucos bajo la manga. No solamente la magia familiar Peverell es la nigromancia y menos las sendas. Hay mucho más allá de las simples sendas. Créeme.

- Te escucho entonces. ¿Qué negocio es ese?

- Es simple, voy a hacerme con el control de tres pequeñas islas, dos de las cuales las voy a utilizar como granjas. Granjas de alimentos, ya sea verduras, vegetales, legumbres, todo lo que se pueda plantar y cosechar de la tierra. La otra la utilizaré como pasto para el ganado y la cría de él. Las personas comen carne después de todo. El pescado, lo puede proporcionar el mar. Otros alimentos menos… comunes, por así decirlo, se pueden comprar en el extranjero y traer a las islas, para ello están los invernaderos mágicos. Con la magia, todo es posible, Vlad. Pero para ello necesito de aliados, después de todo, solo puedo hacer pocas cosas.

- ¿Quién se encargaría de las granjas? La mano de obra suele… resultar cara.

- De momento mis elfos domésticos. Poseo ciento cincuenta en el Castillo, con mi beneplácito, pueden reproducirse entre ellos.

- Eso haría un buen ejército de elfos… no sé si temerte o respetarte.

- Preferiría el respeto que el temor. Pero ambas cosas son factibles.

- Me has dado que pensar…- Comentó con un suspiro resignado, pues ahora venía la disculpa al Lord. – Siento la manera en que te he hablado antes, pero comprende que no me gusta que me hagan perder el tiempo. Tampoco me gusta que se burlen de mí los jóvenes.

- Comprensible, también me disculpo si te he ofendido.

- Disculpas aceptadas. Creo que tendremos un buen negocio por venir, pero dime, ¿Qué hacer con los muggles?

- Realmente no lo sé, yo solo necesitaría de treinta a cuarenta. El resto bien podrías quedártelos o tu secta. Según tengo entendido, los vampiros os alimentáis de sangre.

- Eso es correcto, salvo mi familia.

- Oh… ¿Es posible? Tenía entendido que los mestizos no existían.

- Hasta hace cuatrocientos años, no. Hace cuatrocientos años, por algún extraño motivo de la naturaleza, comenzamos a existir.

- Eso es interesante. Te propongo una cosa.

- Soy todo oídos.

- Bien, ayúdame con los muggles y el noventa por ciento de los que encontremos son todo tuyos. Puedes hacer con ellos lo que quieras, comértelos, utilizarlos como Inferius, lo que quieras, me da igual. Aparte del hecho, por supuesto, de firmar una alianza comercial conmigo y un tratado de no traición. ¿Qué me dices?

- Hecho.- Contestó rápidamente con una sonrisa verdadera y cogiendo la copa de vino tinto élfico.

Brindando por los buenos negocios, ahora tenía Harrison la oportunidad que estaba esperando para deshacerse de los muggles de las islas que iba a querer controlar. Por supuesto, Lord Alucard enviaría a su gente, para limpiarlas de muggles, dándole a Harrison el diez por ciento restantes, que seguramente serían unos cuantos de cientos de muggles. Solo esperaba que no encontrasen Squibs o nacidos de muggles, si lo hacían tendría que crear una especie de orfanato mágico para ellos y por supuesto, algún tipo de elixir que les bloqueara los recuerdos, si por algún casual lo veían a él por los lugares de interés.

Más tarde en ese día, Lord Peverell y Lord Alucard firmaban una alianza comercial entre ellos, sellándolo con un tratado de no traición entre ambas familias, utilizando la sangre, algo que era poderoso en la antigüedad y hoy en día más.

Los gobblins también se llevaron una suma importante de oro, tras realizar el contrato de alianza comercial y el de no traición.

Todo el mundo ese día ganó, salvo por el hombre que lanzó la maldición Cruciatus en el Caldero Chorreante, fue detenido posteriormente por los aurores y expulsado de por vida del Caldero por Tom. Un digno castigo por quebrantar la ley de neutralidad.

Salto de Línea.

Una semana había pasado desde que Harrison había comprado sus basiliscos, Ouroboros y las demás serpientes liberándolas en los bosques de los terrenos de su Castillo.

El Ouroboros ahora estaba unido por la magia a Harrison, pero le había pedido vivir en el lago, con la opción de alimentarse de los peces únicamente.

Los peces, eran comprados a los muggles para poder echarlos en el lago, con la utilidad de que éstos se fueran procreando. Ahora los peces servían a dos propósitos, alimentar a los residentes del Castillo, es decir, Harrison y los elfos. Y alimentar al Ouroboros de nombre Glycon.

Los basiliscos se unieron felizmente a su Maestro, al cual protegían y servían continuamente. La protección de Harrison era su prioridad número uno, aunque su alimentación también lo era, los dos hermanos se dedicaban en exclusividad a no dejar ratas en el Castillo.

Con el paso de los días, desde el gran día de la entrevista y el día de la alianza con Lord Alucard, Harrison se enterró en sus estudios nigrománticos con Markus y Marduk, los cuales cada vez le enseñaban más cosas, tales como la historia de los libros prohibidos, es decir, el necronomicón.

También le hablaron acerca del libro de la vida y de los muertos, libros egipcios que se dedicaban a la nigromancia en niveles diferentes.

Desgraciadamente esos libros no eran vendidos y no había copias disponibles de ellos, pero los recuerdos de sus antepasados que pudieron poner la vista, pocos segundos en ellos valía la pena.

Otra parte de consecuencias de esos dos días, eran las noticias acerca de Dumbledore y Fudge. Al parecer el viejo había perdido la posición de Hechicero supremo en la Confederación Internacional de Magos (ICW).

Fudge, por el contrario estaba siendo atacado por la familia Black y algunos aliados, tales como los Lestrange.

- Markus, Marduk, creo que es hora de que me ponga en contacto con los Black y los Lestrange, ¿Qué os parece?- Preguntó Harrison realmente interesado en la opinión de ambos Maestros.

- Sería bueno tener más aliados, Harrison. ¿Cómo va tu alianza con Alucard? ¿Sabes de qué secta es?

- Sí, es de la Verdadera Mano Negra.- Contestó, provocando un silencio sepulcral en la sala, roto únicamente por Antioch.

- Ese Alucard, no será descendiente de Vlad Tepes, ¿Verdad?

- Creo que sí, Antioch, ¿Por qué?

- Has tenido suerte en hacer alianza con él. Su familia no es tan antigua o poderosa como la nuestra, pero se dice que Vlad Tepes o el Conde Drácula, era un poderoso nigromante. Ten cuidado con él.

- Lo tendré, no te preocupes. Después de todo no puede traicionarme, firmó un contrato en la sangre.

- ¿Contrato de alianza?

- De no traición, Morgana.- Contestó Harrison con un asentimiento de cabeza. – He de decir que me sorprendió él un poco.

- ¿En qué sentido?

- No era muy… educado cuando le propuse una alianza. Creo que pensó que era del tipo matrimonial.

- Eso no es bueno, sobre todo según lo que nos has dicho de que no tiene hijas. ¿Pensó que eras homosexual?

- Creo que sí. No me malentendáis, no tengo nada en contra de ellos, pero no… no me veo con hombres… creo que prefiero más a las mujeres. Además un hombre no puede tener hijos.

- No, pero puede adoptar. Sabes, en mis tiempos los romanos adoptaban y no se preocupaban por la sexualidad de la persona. Los griegos eran parecidos.

- Entiendo… pero nos estamos desviando del tema, ¿Creéis que debo acercarme a ellos con propuesta de alianza?

- Creo, Harrison, que ya estás tardando. Esas dos familias te darán el poder en el Wizengamot. Aparte si tienen hijas, podrías forjar la alianza más estrecha, después de todo vas a querer reformar la familia Peverell en más de uno o dos hijos, ¿Verdad?

- Ciertamente.

- Pues para ello necesitarás por lo menos cuatro a cinco esposas. Ya puedes ir pactando con las familias que más te interesen.- Explicó Morgana, con los asentimientos de la mayoría de los retratos Peverell.

Asintiendo y dando las gracias a los demás retratos, se disculpó con sus mentores por unos momentos, para ir al despacho del Lord a preparar dos cartas, una para Lord Black y la otra para Lord Lestrange.

Al día siguiente, Harrison recibió la noticia de los Lores que había contactado, diciéndole que podían verse todos hoy en día en la mansión de los Black, en el número doce de Grimuald Place, Londres.

Harrison, queriendo llegar por medios tradicionales, decidió ir al Caldero Chorreante y desde allí ir a Grimuald Place, por ello tuvo que salir una hora antes de su Castillo.

Iba vestido tradicionalmente, como indicaba el protocolo de reunión. Tal vez la moda que usaba fuera un poco más anticuada que la actual, pero eso poco le importaba.

La túnica era abierta por abajo, para darle movilidad en caso de correr. El color era negro con matices verdes oscuros y patrones runa, adornando los brazos y pectoral.

El blasón de la familia Peverell estaba tallado en el lado del pecho derecho, mientras que en el izquierdo estaba tallado el de la familia Black.

Llevaba unas botas de cuero de dragón negro de las Hébridas, mientras que los pantalones y camisa eran de seda de acromantula. Todo bastante caro y de calidad, como todo buen Lord debe presentarse.

El anillo de Lord lo llevaba visible en su mano derecha, junto con el de Heredero Black. En la mano izquierda llevaba un anillo nuevo, con la piedra de la resurrección dentro, lo cual le daba el poder continuo para solicitar la presencia de los espíritus que habían pasado a la otra vida.

La capa de invisibilidad, la llevaba sobre los hombros, ahora que había descubierto sus poderes ocultos, siempre a donde fuera, la llevaba puesta.

La capa tenía un poder que muchos de los Potter desconocían. Era que se podía llevar puesta, atada por el cuello, actuando a modo de capa o manto y hacerse invisible cuando el dueño o usuario que la llevaba lo quisiese.

Su vara, la llevaba en la funda del brazo derecho, lista para ser usada en cuanto fuera necesario y menester.

Con todo ello, Harrison apareció en el punto de aparición, pues ya había aprendido a aparecerse, gracias a la ayuda de los elfos.

Entrando en el Caldero Chorreante, dio los buenos días a Tom, comprando un periódico para ver las últimas noticias del día. Si bien es cierto que le había llegado a su casa esta mañana el Profeta, había periódicos que no le llegaban.

Saliendo después de un té negro, se echó sobre sí mismo un encantamiento no me notes para los muggles no dijeran nada acerca de un niño vestido extrañamente.

Casi con la hora justa, Harrison llegó a la calle de Grimuald Place, mirando por los números que separaban las casas muggles, no le costó mucho tiempo llegar a su destino.

Una puerta adornada con un picaporte de la cabeza de un perro, más seguramente un Grimm, dado que la cresta de la familia tenía uno, cogió el picaporte y llamó, esperando que alguien le abriera.

La espera duró poco, ya que un elfo doméstico pronto apareció para recibirlo.

- ¿Quién es y que desea?- Vino la voz hosca del elfo.

El elfo era un poco viejo, con las orejas caídas y vestido totalmente de negro, con la cresta de la familia Black en su pecho derecho.

- Soy Lord Peverell y tenía una cita hoy, con Lord Black y Lord Lestrange. ¿Está tu amo y señor en su casa?- Informó y preguntó tranquilamente Harrison, sonriendo al elfo, el cual le devolvió la mirada impasible.

El elfo bajó los ojos a la mano derecha, donde se suponía estar el anillo de Lord. Para el elfo de la familia Black, fue un shock que el niño bien vestido y parecido se presentara a las puertas de la casa, lo cual los padres no deberían haberlo dejado andar solo, pero en cuanto se presentó, reconoció el apellido de las conversaciones de los Maestros: Arcturus, Orion y Regulus.

- Puede pasar, mi Lord. Disculpe mis modales, pensé que era un apestoso y sucio muggle.

- No hay problema, pero dudo que cualquier muggle pueda vestir con el mismo estilo que yo. Por cierto, ¿Qué hacéis con los muggles que se presentan?

- Desgraciadamente estamos obligados a desentendernos pacíficamente de ellos. Una maldición confusión sencilla. Antiguamente, en los días de gloria, se les capturaba y se les torturaba…

- Vaya, eso es una lástima. Tal vez los días antiguos vuelvan, algún día.- Comentó de forma casual Harrison, haciendo ver al elfo con una sonrisa su comentario sobre los muggles.

- Por aquí, mi Lord. Espere aquí hasta que el Maestro Regulus le atienda.

- Gracias, elfo.- Con ello el elfo de los Black desapareció con un chasquido de los dedos, dejando a Harrison en el salón del té, mirando hacia el tapiz familiar.

Los retratos que habitaban el salón, se quedaron todos mirándole con el ceño fruncido, algunos con sonrisas en sus rostros, tras ver a un joven y apuesto Lord de los días antiguos, caminar por sus salas de nuevo.

- Lord Peverell.- Vino la voz del hacedor de varas que Harrison visitó en el Callejón Knockturn. – Es un honor tenerlo en nuestra casa.

- El honor es mío, hacedor Black.- Asintió con una sonrisa Harrison, dándose la vuelta para mirar a los ojos a su interlocutor.

- No puedo evitar la curiosidad, llámelo curiosidad de hacedor, ¿Pero cómo le funciona la vara?

- Oh, no pasa nada Hacedor Black. La vara me funciona perfectamente, es una obra maestra, he de reconocer que supo lo que hacía.- Comentó con una sonrisa, sacando la vara de su funda y observándola con cierto cariño. – Poderosa en su más elemental magia, curiosa en la forma en que funciona con ciertas magias también. Al principio, cuando eché un… una maldición de fuego, creí que fuera a derretirse el Adamantium, pero me sorprendió al notar nada raro con él.

- Eso es debido a las runas, Lord Peverell.

- Por favor, hacedor Black, llámame Harrison. Después de todo, somos primos.

- Entonces, llámame Regulus.- Contestó con una ligera sonrisa, viendo como volvía a meter la vara en su funda. – He de decir que las runas talladas pueden aguantar incluso el impacto de Findfyre en la vara y no ser destruida, es prácticamente indestructible.

- Es bueno escuchar, eso, pero temo que no permitiré que nada de eso le pase.- Asintió con la cabeza, girando para ver a los retratos. – No puedo evitar sentir curiosidad, Regulus. ¿Por qué no tenéis un retrato de Dorea Peverell, antes Black?

- Oh, eso. Según la tradición familiar, un marco vacío queda libre para que ella pueda visitar cuando quiera. Últimamente no ha venido mucho.

- Entiendo. Es normal, últimamente ha estado ocupada, junto con las demás Damas Peverell en la enseñanza de mí.

- Y… ¿Sobre qué, si no es demasiada indiscreción Lord Peverell?- Llegó la voz de una mujer joven, tras la puerta del salón.

La mujer llevaba un vestido de finales de verano, azul oscuro, zapatos negros y el cabello suelto, chocándole por los hombros en tirabuzones.

En las manos llevaba un libro sobre las artes oscuras, uno que Harrison reconoció al instante, dado que él tenía la colección completa de ese tomo.

- Para nada…

- Oh, perdóname Harrison. Ella es mi esposa, Cassandra Black.- Presentó Regulus, llegando al lado de su esposa y sonriendo ligeramente.

- Encantado, señora Black, como a su marido, le pido que me llame Harrison. Estamos en familia, después de todo.

- Es un placer, mi Lord. Yo también le pido que me llame por mi nombre de pila, lo de señora se lo dejaremos a la abuela Black.

- Sí… bueno, como iba diciendo, no es indiscreción. La enseñanza consta de tradiciones, etiqueta y política en su mayoría. La moda también consta, pero como verá soy un poco anticuado en mi elección.

- A cada cual, con sus gustos Harrison.- Contestó Cassandra con una sonrisa. – Por cierto, tu padre y tu abuelo se disculpan, Regulus, por su tardanza, pero algo les ha… retrasado.

- Entiendo… ¿Saben que Lord Peverell está esperando?

- Sí y se disculpan también con usted, Lord Peverell.

- No es ninguna molestia, entiendo lo que significa ser Lord. Yo también he tenido bastantes… retrasos, sobre todo últimamente en lo referente a mis planes económicos.

- Podríamos sentarnos y esperarles, mientras tomamos el té.- Opinó Cassandra felizmente, ofreciendo un asiento a su invitado, el cual tomó de buena gana, después de que se sentaran sus anfitriones.

- Estupendo, Kreacher, tráenos el té, por favor.

- Enseguida, Maestra Black.

- Por cierto Regulus, tienes un elfo bastante curioso. Me gusta su forma de pensar.

- Gracias Harrison, Kreacher es leal al extremo a mi familia.

- Como todo buen elfo. Yo también tengo elfos así. Mmm… el té es riquísimo y las pastas más aún, felicidades al cocinero o cocinera que los haya hecho.

- Gracias Harrison. Tuve una discusión esta mañana con Kreacher porque no me dejaba cocinar. Me alegra que te gusten.

- Por cierto, mis familiares Apofis y Ningizzida me piden que los deje sueltos, ¿Os importa si dos serpientes jóvenes andan sueltas por la casa? Si tuvierais alguna plaga de ratones u otros animales, podrían acabar con ellos.

- Para nada…- Se cortó la voz de Regulus cuando dos serpientes salieron de las túnicas de Harrison. Más sorprendidos se quedaron cuando le escucharon siseando a las serpientes algo en Pársel. - ¿Qué… que les has dicho?

- Que no ataquen a ningún ser humano o familiar vuestro en esta casa.

- Gracias… nuestros hijos están en sus habitaciones ahora mismo… son un par de años más jóvenes.

- Oh, está bien, no les pasará nada. Alguna que otra broma que puedan causar, pero nada dañino, lo aseguro.

- Gracias…- Cassandra miró a su marido con un rostro pálido por el miedo, pero también por la tranquilidad de que Harrison los considerara familia. Un Pársel Peverell, sería todo un misterio para resolver.

El resto del tiempo, hasta que los Lores Black y Lestrange llegaron, lo pasaron conversando sobre trivialidades de las artes oscuras y del libro que Cassandra Black estaba leyendo.

Cuando Arcturus Black entró en el salón del té, se encontró con un acalorado discurso sobre la decisión del Wizengamot de prohibir a los Lores, la práctica de las artes oscuras y los defectos que venían a esa decisión.

- Solo digo, que las familias que su magia familiar sean las artes oscuras o partes de ellas, las están matando lentamente. Si una familia no practica su magia familiar, está siendo condenada con el tiempo a la extinción. Ya ha pasado en el pasado. Esa decisión no es buena, por suerte para nosotros, los Lores, tenemos salas especiales en nuestras casas que hacen difícil, sino imposible a los perros del ministerio intervenir con nuestros asuntos familiares.

- ¿Y dígame, Lord Peverell, como haría para solucionar el problema?- Preguntó Lord Black interesado en la solución o posible solución de este Lord.

- Fácil, Lord Black. Una votación en el Wizengamot para derogar esa "ley" y otras que están matando nuestras tradiciones más antiguas. Se necesitaría solamente el sesenta por ciento del Wizengamot en votos, para que esas leyes que nos están matando poco a poco, sean quitadas.

- Es difícil encontrar aliados para conseguir eso. Un sesenta por ciento…

- Mi casa tiene el cuarenta por ciento. Junto con la Casa Alucard, de momento tenemos un cuarenta y dos por ciento. Junto con otras familias, podríamos hacer el sesenta por ciento restantes.- Contestó la pregunta, haciendo que Lord Black asintiera con la cabeza en señal de aprobación.

- Es inteligente el joven. Dime joven, se nota que sabes de las artes oscuras, ¿Qué conocimiento tienes?- Preguntó una señora detrás de Arcturus y Rodolphus, la cual iba vestida de negro totalmente.

- Tengo conocimiento de varias artes que son consideradas oscuras por este ministerio de magia, señora.- Contestó simplemente y enigmáticamente Lord Peverell, sin dar mucho de su conocimiento.

- ¿Y esas son?

- Que seamos familia no quiere decir que de mis conocimientos y secretos a la primera de cambio, señora. Sin faltar al respeto, me guardo mis… secretos bien a fondo. Solo aliados y familia, cuando se forjan las alianzas familiares nuevamente, pueden saber de ciertas cosas.

- Es usted, Lord Peverell un poco paranoico, ¿No?- Vino otra voz de mujer, esta tenía los ojos violetas e iba vestida como Lord Lestrange, con una túnica de color gris plateado, con bordes tribales.

- Puede ser, Lady Lestrange, pero la paranoia puede salvarme algún día. Tienen que tener en cuenta, que soy el último de mi línea. Si bien puedo defenderme correctamente de los que intenten atacarme, hoy en día, tengo enemigos en altas esferas. Albus Dumbledore, siendo uno de ellos.

- Me gusta el chico.- Dijo la misma voz de antes.

- Mis disculpas, Lord Peverell. Déjame que te presente a mi hermana, Cassiopeia Black. La otra es mi sobrina, Bellatrix Lestrange, esposa de Lord Rodolphus Lestrange.- Presentó haciendo gestos hacia los que iba presentando.

- No tiene por qué dar las disculpas, Lord Black. Soy Harrison Markus Peverell, Lord de la Antiquísima y Nobilísima Casa de Peverell, un placer en conocerlos formalmente.

- El placer es nuestro, Lord Peverell. Ahora que las presentaciones están acabadas, por favor, síganos al despacho del Lord. Cassiopeia, los niños están arriba. Bella, quédate con Regulus y Cassandra.

Regulus, cuando venga tu padre, le mandas directamente al despacho.- Fue ordenando Lord Black a los miembros de su familia, aunque Bellatrix ahora fuera miembro de Lestrange.

- Claro abuelo.

- Por cierto, señora Cassiopeia, si ve dos basiliscos andar por la casa, no se asuste, son mis familiares y tienen ordenado no hacer daño a nadie. A no ser que se lo hagan a ellos.- Informó Harrison, riendo internamente ante las caras de espanto de los presentes, pues sabían Regulus y Cassandra que tenía serpientes, pero no basiliscos.

- ¿Es una broma?- Pidió la mencionada Cassiopeia.

- No suelo bromear, no me gustan las bromas.

- Basiliscos… dos… impresionante…- Fueron las palabras murmuradas por la anciana y por el resto de la sala.

Los retratos ahora estaban más asustados que antes, pareciera que el joven Lord, no era alguien con quien jugar juegos de poder, si tenía a dos basiliscos como familiares.

- Vayamos…- Instruyó Lord Black, sin salir de su asombro y encaminándose hacia el despacho seguido por Lord Lestrange y Lord Peverell a la zaga.

- Dime Lord Peverell, ¿Hiciste el ritual de unión con ellos? ¿Cómo los controla?

- Sí Lord Lestrange, hice el ritual con ellos. ¿Controlarlos? No necesito controlarlos, ellos me escuchan. Aunque Ningizzida es un poco… terca a veces. Pero tiene buena conversación.

- ¿Conversación? ¿Eres Pársel?

- Claro, todos los Peverell lo somos. Incluso se dio en las subfamilias. No entiendo porque se tiene miedo a hablar otro idioma. Si me temen por eso, deben temerme por las demás lenguas que hablo.

- Va a ser interesante escuchar tu propuesta de alianza.- Comentó Arcturus entrando en el despacho y llamando a Kreacher.

- Kreacher, tráenos algunos aperitivos y… ¿Tomas vino élfico?

- Por favor, es mi favorito.

- Y vino élfico Kreacher.- Ordenó Arcturus a su elfo, el cual con un estallido después trajo lo ordenado.

Sirviendo Arcturus la bebida a los tres de ellos, fue a tomar un sorbo de su vino, cuando se detuvo por la mirada de Harrison.

- ¿Algo que decir, Lord Peverell?

- De hecho, Lord Black, sí tengo algo que decir.

- ¿Y?

- Y, siento que estoy siendo insultado en estos momentos. Creía que la comida y bebida se dejaban atrás, hasta que la reunión había terminado en buenos términos para nuestras Familias. Siento, que estoy siendo insultado en ese aspecto.

- Pero… ¿Por qué?- Dijo sin entender nada Rodolphus.

- Porque aquí presente, Lord Peverell, ha sido educado en las tradiciones antiguas. Mis tátara abuelos solían hacer eso. Mis disculpas, mi Lord.

- Aceptadas. Supongo que es… diferente en vosotros. No pasa nada, es solamente que la educación antigua, suele ser mejor en algunos aspectos.

- Puedo entenderlo.- Dijo dejando la copa en la mesa sin tocar, haciendo un gesto a su compañero, Rodolphus también dejó la copa de mala gana, pero no obstante no se quejó.

- Debo agradecerle, Lord Black, que me haya permitido venir a su hogar ancestral. Es bastante hermoso y curioso al mismo tiempo. Pensé, que como Lord Black, tendría un castillo.

- De hecho lo tengo, pero está en Francia. Creí que sería más cortés reunirnos aquí.- Contestó con un asentimiento de cabeza. – Los Lores más nuevos, los que no son tan antiguos como nosotros, no tienen castillos, pero sí hermosas mansiones.- Siguió hablando por Lord Lestrange, que se dedicó únicamente a observar con interés el intercambio de palabras.

Con un asentimiento de cabeza, Harrison no opinó sobre el tema, le daba exactamente igual las otras familias, salvo si eran aliadas a la suya, en ese caso intentaría ayudarlas en todo lo posible, para que fueran más altas en la sociedad.

Reclinándose hacia atrás, Lord Peverell pensó en las palabras que quería decir a continuación y como entablar la posible alianza familiar.

- Como sabrá, Lord Black, junté las subfamilias en una sola y por ser el último de mi línea de sangre, puedo… obtener ciertos privilegios para que mi familia vuelva a crecer.- Arrastró un poco las palabras con cuidado. No sabía cómo se tomaría la oferta que tenía en mente.

- Entiendo. Ha venido a formalizar una alianza familiar a través de uno o dos contratos de matrimonio entre nuestras Casas.

- En efecto.

- ¿Pero si eres el último, a quien tienes en mente?- Pidió Rodolphus con curiosidad.

- A mí, por supuesto. Puedo de hecho, tomar cinco esposas, seis si sigo siendo al final del día heredero Black. Otra cosa que me gustaría hablar, si bien es cierto que no tengo quejas al respecto, hay a veces que resulta problemático para mis planes, pues como heredero de su familia, necesito su consentimiento para ciertas cosas, tales como la vivienda. No es algo que me entusiasme… ser dependiente de otra persona, con todos mis respetos, Lord Black, pero estaría en mis mejores intereses, declinar la herencia Black.- Explicó con más cuidado, no quería ofender a Lord Black, pero ciertamente le fastidiaba en ciertos asuntos que requerían el conocimiento del Lord de la familia Black.

Tal como había dicho, en donde vivía debía ser de conocimiento de Arcturus, también los negocios que hacía, aunque fueran únicamente de la familia Peverell. Lo bueno que tenía, es que podía guardar sus secretos celosamente, pues era primero Lord Peverell.

- Siento que le cause problemas, Lord Peverell, pero gracias a ese anillo, no necesitamos formalizar una alianza entre las Casas Peverell y Black. Es cierto lo que dices sobre que debo saber y conocer ciertas cosas de tu vida, pero podríamos llegar a un entendimiento.

- Lo que no entiendo, Lord Peverell, es que hago yo aquí.- Pidió Lord Lestrange curioso.

- Verá, Lord Lestrange, pedí una reunión con usted, para hacer la misma alianza familiar. Es cierto que estamos emparentados por el matrimonio suyo con Lady Lestrange, dado que antes era una Black y mi abuela Dorea Peverell, era una Black, así que nos hace una especie de primos. En cuanto a lo del anillo, he llegado a una fácil solución, con el asesoramiento de mis ancestros.

- Bien, oigamos tu propuesta, Lord Peverell, pero tengo la última palabra en ello.

- De acuerdo, es comprensible, Lord Black. Mis ancestros y yo, llegamos a la conclusión de que si firmábamos un contrato de matrimonio entre las Casas Black y Peverell, el primer o segundo hijo que tuviera, podría bien ser el heredero Black, liberándome de la presión y obligación de informarle sobre mis asuntos privados. Ha de entender que la familia Peverell es… bien privada con los asuntos y negocios que me traigo entre manos. Sería beneficioso para ambos, poder ser independientes.

- Es interesante, pero la única hija de la Casa Black que lleva el apellido, ya está comprometida con el hijo de Lord McMillan.

- Tengo entendido que hay otras hijas de la Casa Black.

- Cierto, pero no llevan nuestro apellido. Está la hija de Rodolphus, por cierto, podríamos usar nuestros nombres de pila si vamos a negociar.

- Hecho.

- Bien, como decía está la hija de Rodolphus, pero se presenta el problema de que ella, es hija de la Casa Lestrange. También está la hija de mi sobrina, Andrómeda, pero es una Tonks, hija de un hijo de muggles, lo que la hace mestiza.

- Pero no obstante, tengo entendido que tiene un don especial. Si no me equivoco es una metamorfomaga.

- En efecto. Andrómeda Tonks, si bien no está expulsada de la familia, no se lleva especialmente bien con nosotros, por diferir en ciertas políticas que siempre le hemos dicho, no son… correctas.

- No me diga que es una aduladora de Dumbledore.

- No especialmente, sino que piensa en el bien y el mal de una manera distinta.

- ¿Oh?

- Su creencia es que debemos integrar a los hijos de muggles en nuestra sociedad.

- Puedo entender su creencia, hasta cierto punto, dado que tengo la misma.

- ¿En serio? No te hacía un amante de muggles.- Comentó Rodolphus con burla.

- Y no lo soy, pero los hijos de muggles o como yo los llamo, mágicos de primera generación, o descendientes de Squibs, son mágicos y no deben andar en el mundo muggle, pues nos están exponiendo. Deberían estar en el mágico, como bien les pertenece por derecho de nacimiento. Los muggles son bestias salvajes, que deben ser dominadas o cazadas, hasta llevarlas a la extinción. Pero eso es mi opinión de los muggles, por desgracia, están demasiado avanzados en tecnología para que nosotros podamos cazarlos abiertamente, pero sin duda, bien podríamos darles caza rápida.

Volviendo al tema principal de los mágicos de primera generación, creo que deben ser instruidos en las costumbres y tradiciones de nuestro mundo, tal es así, que propuse a la junta de gobernadores de Hogwarts, que se creara una clase para ellos. Desgraciadamente, decidieron ignorar mi orden. Ahora la junta esta deshecha, como bien saben.

- No, no lo sabíamos… Rodolphus y yo pertenecemos a la junta y no hemos sido informados…

- No me extraña, Dumbledore prohibió que se diera una rueda de prensa en los jardines, prohibiéndome la entrada de momento en mi propiedad. Algo por lo que va a pagar caro.

- Claro, Hogwarts es tuyo.

- Ciertamente. Los Squibs, como decía, también son mágicos, pues nacen en las familias mágicas, pero sin magia. Ellos bien podrían trabajar como recolectores de ingredientes de Pociones, Herbologistas, Alquimistas, Investigadores, etc. trabajos que no requieren magia activa. Pero como digo, es una mera opinión mía y de mi familia, que acepta y respeta.

- Es interesante tus opiniones, en algunos casos extremistas, como con los muggles, pero en otros benevolentes, como los… mágicos de primera generación.- Opinó Arcturus pensando rápidamente en lo que le habían dicho.

Rodolphus estaba en un estado similar, dado que había sido mortífago por demasiado tiempo, las opiniones de la pureza de sangre eran extremas, pero… lo que había dicho Harrison tenía cierto sentido.

- Bien, podría intentar una reunión con Andrómeda Tonks y Theodore Tonks, para ver si quieren ofrecer a su hija en contrato. Ahora el tema, sería que tipo de contrato ofrecerías y la dote por él.

- El tipo es tradicional, de tres etapas. La etapa de conocerse, cortejarse y finalmente comprometerse. El contrato sería abierto, pero con la protección de la Casa Peverell. La dote, la que estipule Lord Black y los padres de la chica. ¿Oro? ¿Prestigio? ¿Propiedad? Lo que quiera, menos el Castillo Peverell, pues es el hogar ancestral y no está a la venta.

- Eso es normal. ¿Cualquier otra propiedad, como dote?

- Sí, tengo propiedades en todo el mundo. Ahora, dentro de dos años, entraré en el negocio de la alimentación, junto con Lord Alucard, poseeré tres islas para proveer a la comunidad mágica de Bretaña.

- Interesante negocio. ¿Sabe que ya somos autosuficientes?

- Será que somos dependientes de los muggles, dado que la comida y bebida, salvo la mágica, provienen de ellos. Hay viñedos, como el vino élfico, que es propiedad mágica, pero lo hacen muggles. Quiero cambiar eso.

- Es ambicioso… si no hubieras juntado las casas en Hogwarts, estarías en Slytherin.

- Gracias, Rodolphus. Pero sí, tuve que juntarlas, no quería que se continuara difamando las subfamilias Gryffindor y Slytherin.

- Completamente normal. Bien, pues teniendo en cuenta que es posible firmar ese tipo de alianza, es posible que quieras quitarte el anillo de heredero Black. Puedes guardarlo de momento. En caso contrario, de que se nieguen, tendrás que ser Heredero.

- Completamente comprensible.- Dijo con un suspiro, quitándose el anillo de Heredero y llamando a la caja en la que estaba al principio, con un ligero toque de luz, volvió a desaparecer a las bóvedas Peverell.

Ahora sin ese peso encima, Harrison les propuso entrar en otros negocios en los que tenía acciones y estaba seguro que ellos no las tenían.

Tales como propuestas de negocios se sacaron a la luz, aparte del negocio de las islas.

- Si tenemos suficientes votos, bien podríamos abrir un coto de caza de muggles, para las familias tradicionalistas y cazarlos.

- El ministerio jamás lo permitiría.

- Puede, pero somos Lores del Wizengamot, nosotros hacemos la ley, el ministerio de magia no pinta nada.

- Pero… hacen cumplir la ley.

- Semántica. Nosotros hacemos cumplir la ley, el ministerio solo es la cara bonita para el extranjero. En otros países es algo similar, en caso de los que sean monarquías absolutas. De esos hay pocos.

- Pero todos los países tienen su ministerio de magia.- Siguió Rodolphus.

- Sí y ¿Cómo se crearon?

- Por las familias fundadoras… de los concilios.- Terminó Lord Black.

- Solo hace falta recordar al mundo mágico quien está a cargo y somos nosotros. No Dumbledore, ni Fudge, ni Voldemort. Nosotros, los verdaderos Lores.- Instruyó Harrison con vehemencia y convicción.

El resto de la reunión se pasó negociando los posibles contratos entre las familias Black, Lestrange y Peverell, llegando a la conclusión de que Lord Lestrange, daría a su hija en contrato de matrimonio y firmaría una alianza de no traición hacia Lord Peverell, siendo Lord Peverell tan benevolente, como para quitar la marca oscura de los brazos de su esposa, hermano y de él, para liberarse del yugo del Lord Oscuro Voldemort.

En el caso de la familia Black, una alianza similar se hizo, pero con la excepción de Sirius Orion Black, para que fuera liberado de Azkaban.

La marca oscura de Regulus, sería quitada inmediatamente, junto con la de Bellatrix y Rodolphus, siendo la de Rabastan, tener que esperar a una reunión en la mansión Lestrange, para su posterior eliminación.

Brindando como la tradición mandaba, los tres Lores comieron y bebieron hasta saciarse, siendo invitados a una cena de Yule en el Castillo Peverell, pudiendo traer a las familias enteras. Siendo los Black, los Tonks, los Lestrange y la familia de Cassandra, invitados de honor de Lord Peverell, con la opción de quedarse a dormir.

Llamando a sus basiliscos, les preguntó si lo habían pasado bien, con la contestación afirmativa, comenzó quitando las marcas oscuras de los brazos de los mencionados.

Al día siguiente los tres Lores se les verían ir a Gringotts juntos, con Bellatrix y la joven Adhara, la cual estaba entusiasmada con la idea de estar en un contrato de matrimonio con el joven Lord.

Ese día, se consolidó la alianza, siendo bienvenidas otras dos familias prominentes a Gringotts y al aliado personal de los gobblins, Lord Peverell, el cual ya había ayudado en más de una ocasión al dar totalmente gratis el artefacto a la nación, salvo los planos de cómo hacerlo, que lo había alquilado por un buen precio al mes.

Salto de Línea.

Para el resto de días hasta llegar a Samhain o Halloween para los muggles, Harrison los pasó planeando sus capturas e incursiones en el mundo muggle, aunque también con citas con los aliados que había hecho y conociéndose entre Adhara y él, siendo ésta invitada muchas veces en el Castillo, añadida a las salas y explicándola que cuando estuvieran comprometidos formalmente, debería aprender algunas de las magias familiares Peverell.

También fue llamado a conocer a la Familia Alucard en el castillo Poenari en Rumanía. Algo que aceptó encantado, pues le brindaba la oportunidad de conocer a la esposa e hijos de Vlad Alucard.

Esos días que pasó en Poenari, fueron de los mejores de su vida, pues a pesar de que era un invitado de vampiros mestizos, que podían comer comida normal, tuvo la oportunidad de conocer y ser presentado a la secta de la Verdadera Mano Negra, como un Nigromante, conocedor y practicante las sendas. Todas y cada una de ellas, Harrison mostró sus conocimientos, llamando a todo tipo de fantasmas, incluso llegando al extremo de hacer un viaje al inframundo.

Por supuesto no dijo nada de que era poseedor de las "Reliquias de la Muerte", las cuales le daban una ventaja clara en la Nigromancia.

También tuvo el placer de ver con sus propios ojos a las clases de vampiros que había, hablar con ellos y aconsejar de las mejores formas de actuar en la nigromancia.

Al final del día, Harrison invitó a la familia de Vlad a las fiestas de Yule, esperando que al resto de las familias que había invitado no les importara, así como a las próximas que invitaría.

Por respeto a sus alianzas, debería informarles con antelación, para que se fueran preparando, pero eso llegaría más tarde.

Para Samhain, Harrison realizó uno de los rituales que tenía en mente, siendo el tercer ritual en hacer.

El ritual era sencillo y sería una mejora hacia su físico y sin efectos secundarios. Con la sangre de licántropo y la sangre de vampiro, dada ésta libremente de uno de los Giovanni de la Mano Negra, que conoció en Rumanía, obtendría la inmunidad a ciertos tipos de hechizos y la velocidad de ambas razas, sin tener que haber sido mordido. Todo en su estrategia por la supervivencia valía, incluso si tenía que hacer ciertas trampas en los duelos que estarían por venir.

Su humanidad seguiría siendo suya, pues el ritual no era para nada malo, de hecho tenía en mente otro tipo de ritual, que le daría la piel y músculos fuertes, como los de un gigante, inmune a los hechizos más débiles.

Quitando esas pequeñas diversiones y descansos, los estudios avanzados en la nigromancia de Harrison se complicaban por momentos. Había tiempos en los que tenía que pasar días enteros estudiando y releyendo los textos antiguos para una mejor compresión, al igual que pedir las dudas que tenía sobre ciertos rituales.

En la actualidad estaba estudiando los textos y las artes nigrománticas de los diferentes templos de la muerte de Mesopotamia y Egipto, siendo éstas como las primeras civilizaciones en dichos artes.

También había civilizaciones como la Celtica y las demás de Europa, pero viendo por las que pasó su familia, decidió estudiarlas primeramente, siendo los primeros Peverell, los que vivieron en esas civilizaciones, los instructores principales.

Marduk tenía conocimientos de la mesopotámica y un poco de la egipcia y los países que estaban alrededor.

Decidiendo en noviembre que debía al menos pasar un tiempo en una de las salas del espacio/tiempo, recogió los retratos que le estaban haciendo tutoría y llevándolos a pasar un año completo, de estudios intensivos, junto con una semana de relajación y meditación sobre el tema nigromántico de las almas.

La magia del alma era una categoría de la nigromancia en la que estaba interesado, sobre todo en el control de los Horrocruxes.

Al parecer Voldemort en su infinita estupidez, decidió crear Horrocruxes como anclas del alma, sin investigar primero sobre las civilizaciones anteriores, las que fueron pioneras en el tema.

Ellas, como pioneras, vieron que la persona que creaba un Horrocrux o más de uno, era posible controlarlo hasta el modo de hacerlo un esclavo, si tenías todos y cada uno de ellos.

En el caso de Voldemort, se podía hacer, pero él mismo estaría un poco desequilibrado por la destrucción de dos de ellos.

El mismo Harrison que tenía en la frente cuando era más pequeño y el que estaba en el anillo, que contenía la piedra de resurrección.

Controlar a Voldemort, sería como controlar una bomba a punto de estallar, totalmente loco e ineficaz.

Por lo que podía hacer, era buscarlos y destruirlos, haciendo mortal otra vez al mismo Voldemort, con la opción de dejarle vivo, para que otros lo acabaran.

No entendía como el hombre decidió dividir su alma y mente tantas veces, era impensable para la magia del alma.

Otra de las cosas que le llamó la atención, era los pocos hechizos que había en ese ámbito. Estaba tentado a mirar en la construcción y creación de hechizos para detectar Horrocruxes y para mejorar la maldición asesina, que si bien afectaba al alma, no lo hacía directamente.

La maldición se encargaba de parar el corazón, cortando a su vez, algunas de las correas que ataban al alma al cuerpo humano.

Tal vez debería crear también algo similar a la vista mago, pero con las almas. Un artefacto vendría bien, tal como unas gafas o monóculo.

Tomando notas sobre esos temas, decidió que cuando fuera Maestro o estuviera en el proceso, haría todo eso, de momento se dedicaría a tomar notas sobre las ideas y guardarlas en un sitio seguro, tal como su propio cajón con salas que solo él podía abrir. No le interesaba que ojos curiosos tomaran un vistazo a lo que estudiaba.

Salto de Escena.

En cuanto a la cuestión que le interesaba a Harrison bastante y a la que los retratos de James y Lily le preguntaban casi a diario, era si había dado con la solución al problema de Sirius.

El problema que tenía Sirius en estos momentos es que estaba en Azkaban pudriéndose por un delito que no cometió, por la culpa de hombres como Dumbledore, los que querían venganza sobre el hombre y querían controlar a Harrison en el pasado.

Ahora mismo Harrison contaba con las alianzas de tres Casas poderosas, pero solamente ellos no podían hacer mucho, nada más que presionar a diario para un juicio digno.

Desgraciadamente, para Harrison, tras la caída de Dumbledore de la ICW, éste se estuvo más pendiente de lo que le rodeaba en Gran Bretaña y si bien era cierto que podía hacer mucho en las decisiones del Wizengamot, podía manipular y extorsionar lo suficiente, como para ganarse ciertos favores, tales como las Casas más tradicionalistas, pero que no estaban del lado de Lucius Malfoy.

Lucius Malfoy era un enigma para Harrison, el cual sentía que había algo detrás del encarcelamiento de Sirius, pues si bien su esposa e hijo, estaban desterrados de la Casa Black, no entendía cómo podía seguir insistiendo en que Sirius era un traidor.

Aparte del día de la entrevista, no volvió a ver el pelo de Lord Malfoy, algo que le preocupaba un poco. Si el rubiales hacía alianza con el vejestorio y el incompetente, como comenzó a llamarlos en privado, estaría un poco fastidiado, por no pensar en una palabra más grande.

Suspirando pesadamente, decidió que era hora de ir a por las Casas menores o las Casas que le debían vasallaje, para fomentar la Casa Peverell.

Los vasallajes eran complicados en sí mismos, dado que si un vasallo no volvía a renovar el vínculo que tenían o juramento, la Casa a la que debían lealtad, bien podría pedir la destitución de la casa vasalla y quedarse con todos los bienes materiales, como pago.

Ahora bien, las casas vasallas de la subfamilia Potter eran bastante numerosas, algo que alabó a los retratos de los antiguos Potter.

El problema con esos vasallos, era que había algunas que habían cambiado lealtades, sobre todo a la casa menor de Dumbledore en los últimos tiempos.

Frunciendo el ceño, pensó que lo más sensato, sería renovar el vínculo con las casas que tenían asiento en el Wizengamot, tales como los Bones y los Longbottom.

La madre del joven heredero Longbottom, era de hecho la madrina de Harrison y como tal, él mismo creía necesario ver a su madrina, algo que se preguntaba qué sucedió con ella.

Ni en los periódicos, ni en ningún otro lado, constaba algún registro de ella y por lo que sabía, bien podría estar muerta o encarcelada en Azkaban.

La primera parada de la segunda semana de noviembre, era el hogar Longbottom, ubicado en alguna parte de Gales.

Escribiendo una carta para el Lord de la Casa, le pidió una reunión en su hogar ancestral para renovar los viejos vínculos y juramentos que tenía hacia la subfamilia Potter, ahora Familia Peverell.

Si le contestaba positivamente para renovarlos, entonces todo estaría bien y habría ganado rápidamente un aliado poderoso. En caso contrario, tendría que ver qué hacer con ese Lord. En ningún sitio se estipulaba que un Lord Longbottom no renovara el juramento de vasallo.

Vistiéndose como siempre iba, se recogió el pelo un poco, dado que se lo estaba comenzando a dejar largo, al estilo antiguo.

Con la coleta en su sitio para que no le molestara, Harrison fue directo hacia la chimenea para usar los polvos Flú, según las indicaciones de la carta recibida dos días más tarde.

La carta era breve y decía que podía ir en dos días, con la condición de que Madame Regente Bones estuviera presente también.

Eso le venía bien, pues así mataba dos pájaros de un tiro, como se decía y renovaba las dos casas.

Respirando una vez más y subiendo sus escudos de Oclumancia al máximo, entró en el fuego, diciendo claramente la ubicación del hogar Longbottom, la cual lo cambiaron hace unas generaciones a mansión.

La chimenea por la que salió, estaba ubicada en una especie de hall de entrada, el cual estaba ricamente decorado con animales disecados y cuadros de plantas.

Los cuadros de plantas, parecían al tipo de cuadros que un muggle poseía para estudiarlas y tenerlas observándolas. Al parecer los Longbottom les gustaba la herbolaria, Harrison no tenía inconvenientes en ello.

Mirando a su alrededor se dio cuenta de una señora con un sombrero de buitre disecado en él, algo estrambótico para su gusto, pero él no era quien para criticar a las personas y sus gustos raros.

Suponiendo correctamente que esa señora era la madre de Lord Longbottom, inclinó con respeto tradicional, la cabeza hacia ella.

- Buenas tardes, Madame Longbottom, es un placer conocerla.- Habló con palabras lentas y educadas, tendiéndole la mano para besarla en el dorso, como la tradición exigía.

La señora, de rasgos educados, tendió la mano hacia Harrison para que procediera a besarle los nudillos.

- El placer es mío, Lord Peverell. Es un honor tenerlo en nuestra casa. Sígame, mi hijo y la regente Bones, están esperando.

- Por supuesto. Tengo cierta curiosidad, Madame.

- Dígame, mi Lord.

- Si no es mucha indiscreción y falta de respeto, me gustaría saber dónde está Lady Alice Longbottom. Según tengo entendido, ella es mi madrina.

- Sí, eso sería correcto. Siento no poder decirte donde se encuentra, por seguridad de mi familia, usted entiende, ¿Verdad?

- Verdad.- Dijo escuetamente, dejando caer el tema, pues no quería empezar con mal pie. En el transcurso del camino conversaron sobre temas irrelevantes, tales como las diferentes plantas y árboles que Harrison poseía en sus terrenos y las que no, siendo Augusta tan amable de pedirle que la llamara por su nombre de pila.

Harrison le devolvió el favor, permitiéndola llamarle por su nombre.

Cuando Harrison llegó justo detrás de Augusta, se estaba riendo ligeramente de algún chiste que hubiera contado de la infancia de algún miembro de la Casa Longbottom, pues cuando el círculo de personas que había los vio, Harrison cayó abruptamente en un silencio, examinando la sala.

Al parecer Lord Longbottom, no solo se había tomado la libertad de invitar a la regente Bones, sino que a otros Lores y Ladies de las Casas que estaban en alianza con los Potter, ahora Peverell, listos para renovar dicha alianza o negociar la renovación.

- Creo que me siento un poco… irritado por esto, Lord Longbottom. Tenía la impresión de que íbamos a conversar la Regente Bones, usted y yo únicamente. Tantos Lores y Ladies…

- Lores, nada más. Y se nos han unido de última hora, Lord Peverell.- Interrumpió Lord Longbottom de mala forma. – Que sea la última vez que pregunta por mi esposa.

- Su esposa es mi madrina también.- Habló secamente Harrison, examinando con un rostro pétreo la sala. – Si voy a ser insultado como esto… creo que mejor será que me marche.- Dijo dándose media vuelta, para ser interrumpido nuevamente.

- ¿Qué te crees niño, que esto es algún tipo de juego al que puedas jugar para divertirte?- Preguntó uno de los Lores, burlándose de la palabra "niño".

Volviéndose hacia quien había hablado, lo examinó de arriba abajo, notando la cresta en el pecho izquierdo.

- Lord Parkinson.- Fueron las palabras de reconocimiento de Harrison. – De la casa Noble de Parkinson. Fuiste vasallo juramentado de la Subfamilia Potter durante más de trescientos años, subiendo al estado de Noble, de una Casa Menor. Traicionaste ese juramento al unirte a Voldemort. Tú eres el que está jugando con fuego aquí.- Habló sin preámbulos y sin temor a equivocarse, pues tenía los recuerdos de Voldemort y sabía que las familias que estaban aquí y ahora, algunas de ellas habían roto o traicionado a los Potter.

- No estoy jugando con nadie, he llamado a los Longbottom únicamente y él.- Señaló a Frank con el dedo. – Invitó a Madame Regente Bones, con mi permiso y beneplácito. Los demás sois una sorpresa estar aquí. No me gustan las sorpresas, tal como he dicho en repetidas ocasiones, veo como una falta de respeto no haber sido advertido. Pues las antiguas tradiciones instan a una advertencia.

- No estamos en la era de los fundadores, niño.- Volvió a hablar Lord Parkinson con burla en su rostro.

- ¿Acaso usted es tonto?- Preguntó Harrison irritándose hasta el punto de que sus basiliscos salieron de sus ropas y sisearon al Lord que se había vuelto blanco como la tiza. – Contesta.

- No…

- No, ¿Qué?

- No… mi Lord.- Dijo con un suspiro de resignación ante el título.

- Los demás, si pensáis por algún motivo que me tomo esto como un juego, os advierto ahora, el que no juramente nuevamente a mi familia y pague la traición de haberse aliado con otra persona, sin el consentimiento del Lord de la Casa Peverell, será expulsado y las consecuencias serán graves, tales como que me quedaré con todas y cada una de las posesiones, haciéndoos más pobres que los Weasley, que son una Casa Marginada. ¿He sido claro?

- Muy claro, mi Lord.- Contestaron algunos, otros movieron la cabeza afirmativamente, pues no podían siquiera defenderse de las acusaciones. Acusaciones que eran verdaderas, no obstante.

- Muy bien, negociemos pues, como dictan las antiguas tradiciones.- Sacando la vara y evocando un sillón de cuero negro y verde, con la cresta en la cabecera de la Casa Peverell, Harrison se sentó a esperar las explicaciones y disculpas de las familias de menor rango, como las tradiciones indicaban.

Los de menor rango, tales como los Brown, solamente estaban para negarse a ser vasallos nuevamente, trayendo consigo mismos el contrato de vasallaje que el bisabuelo de Harrison hizo con ellos. Un contrato válido y verdadero, pues llevaba el sello de Gringotts en él.

En él se estipulaba que la familia Brown era libre de romper el vasallaje, pero con una multa de dos mil galeones, como pago.

- ¿Tiene la multa, Cabeza Brown?- Preguntó Harrison fríamente.

- La tengo, Lord Peverell.- Depositó el hombre la bolsa de oro con el emblema de Gringotts en la mesa, frente a Lord Peverell.

- Muy bien, puede irse.- Recogiendo la bolsa, llamó a un elfo para que la depositara en el despacho del Lord, con una nota escrita en ella, indicando que era de Alexander Brown, jefe de la familia Brown.

- Gracias Lord Peverell y siento las molestias, pero mi familia ya no cree en las… tradiciones como antes. Lo siento.

- No se preocupe, señor Brown, es totalmente comprensible por su parte. Pero tenga en cuenta, que los aliados de mis enemigos, son mis enemigos.

- Está claro.- Se fue con el rostro en blanco, pues suponía que le entendió como que era aliado de Dumbledore, siendo todo lo contrario. Solo quería tener un trabajo fijo para dar de comer a su familia y quitarse de en medio la política.

Harrison sabía de los motivos de Brown, pues el hombre tenía una Oclumancia pésima. Aprobaba las agallas de venir con el contrato y pagar la multa adecuada. Las otras Casas no lo tendrían tan fácil.

Los siguientes en hacer lo mismo fueron Spinnet y Bell, dos familias que eran comerciantes y tenían el oro para pagar la deuda de sus familias a los Peverell.

Dos bolsas de cinco mil galeones después, ambos hombres se fueron inmediatamente sin siquiera despedirse.

Las bolsas fueron dadas al mismo elfo domestico que había aparecido, para llevarlas al despacho con las notas respectivas.

La siguiente hora, fueron las familias comerciantes y familias menores que no tenían asiento en el Wizengamot o que tenían, debido a ser jefes de departamento.

Todos ellos pagaron su multa, dejando de lado a Harrison, el cual a cada miembro, iba poniéndose más enfadado, pero no mostrándolo en público, aunque sus reacciones lo delataban un poco.

Los Lores hacían una mueca cada vez que Harrison hacía la misma amenaza hacia los detractores, pero aun así asentía en señal de reconocimiento, aunque ellos no le hicieran caso.

El último en ponerse de pie delante de él, al parecer fue Arthur Weasley, de la Casa Marginada de Weasley.

- No digas nada, Weasley, supongo que estás aquí por orden de Dumbledore.

- Supones bien… lo siento, Lord Peverell, pero mi casa no puede pagarte.

- Eso es un problema. Verás, no estoy de muy buen humor en la actualidad, pues he visto cuales son las verdaderas lealtades de la gente aquí hoy. Así que te doy la oportunidad de retractar tu alianza con los Dumbledore y volver al redil. ¿Qué me dices? Tu casa podría salir de la pobreza y de la marginación.- Sabiendo de antemano cual iba a ser la contestación, pero no obstante haciendo el favor al retrato de su padre y su madre, Harrison esperó pacientemente al hombre.

- Lo siento, pero no puedo. Eres oscuro como la noche…

- Está bien. Quedas despedido del ministerio de magia, Arthur. También espero que tu familia no acuda a Hogwarts y que tus hijos mayores estén lejos de Bretaña, pues pienso destruir lo que queda de tu familia de traidores. ¡Vete de mí vista, traidor!- Enfurecido Harrison se levantó del asiento, con los basiliscos saliendo de él y silbando a su alrededor.

- ¡Basta!- Vino la voz de Lord Longbottom. - ¡Estás en mi casa y exijo respeto!

- ¿Respeto? ¿Cuándo tú me lo has faltado a mí? ¿Qué clase de Lord y Vasallo eres?

- Lord Peverell.- Vino una voz suave desde la multitud, la cual todos hicieron a un lado para dejar que hablara.

Volviéndose hacia la voz, pudo ver a un hombre con la cresta Greengrass en el pecho derecho. De la Casa Antigua y Noble de Greengrass, aliada de la Casa Potter, ahora Peverell.

- Lord Greengrass.- Reconoció Harrison, tomando una respiración profunda y ganando control sobre sus emociones. – Me disculpo por mi arrebato, Lord Longbottom. Es cierto que estamos en su Casa, pero los insultos hacia mi persona y mi Casa hoy en día, han llegado a mi límite. Me disculpo nuevamente.

- Está bien, no creo que sea de buen gusto tener que aguantar todas las salidas de familias que su familia ha apoyado y ayudado en el pasado.

- No lo es, los retratos de mis padres, de mis abuelos, bisabuelos y tátara abuelos Potter, estarán muy decepcionados y tristes por la noticia. Los demás retratos, por el contrario, estarán furiosos, como yo lo estoy en estos momentos.

- ¿Tienes… todos esos retratos?

- Y los de los fundadores de Gryffindor y Slytherin también. Ahora son llamados todos Peverell, así que me perdonaréis si los llamo así, pues es el verdadero y único apellido.- Contestó fríamente y con el ceño fruncido.

Haciendo una señal hacia Lord Greengrass le instó a hablar.

- Mi Lord, mi Casa está aquí hoy para renovar el contrato de alianza que teníamos en el pasado y pedir disculpas por no brindar la ayuda cuando la necesitaste.

- Acepto las disculpas, Lord Greengrass. ¿De qué trata el contrato?

- Es un contrato de esponsales, mi Lord.

- Entiendo. Honraremos ese contrato, pero he de advertirte, que ahora mismo estoy en otro y posiblemente en el futuro en un tercero. ¿Supondría eso un problema?

- En absoluto, mi Lord. La cláusula especifica que el primer hijo varón, ha de llevar el apellido Greengrass.

- Por mí perfecto, Lord Greengrass. Brindemos entonces con el licor local, que nuestros negocios futuros nos llenen de oro y honor.

- Que así sea, mi Lord. Y que nuestros enemigos caigan enfermos.- Contestó Lord Greengrass, aceptando una copa de uno de los elfos, dando un sorbo de vino y quedando para el día después con Lord Peverell, de ir a Gringotts a honrar el contrato.

El contrato de matrimonio entre una Greengrass y un Potter, iba a ser honrado con uno de los hermanos del abuelo paterno de Harrison, pero desgraciadamente, éste murió asesinado antes de honrarlo.

Ahora cabía la responsabilidad de honrar el contrato a Harrison, sobre todo con la intención que tenía de revivir la Familia Peverell, convirtiéndola en una Gran Familia y bastante numerosa.

El resto de Lores que había, tenían contratos comerciales con los Peverell antiguos, es decir, los Potter y querían honrar sus memorias ahora que sabían y conocían que cada uno tenía un retrato.

Había alguna familia que tuvo en el pasado lejano, alianza con los Gaunt, estaban ahora allí para renovar esa alianza con Lord Peverell, no por temor, sino por respeto a sus antepasados.

La sala fue vaciándose y de vez en cuando se podía ver a Augusta hablando acaloradamente con su hijo, el cual tuvo que salir un par de veces, seguido por Amelia y Augusta, dejando a Harrison a solas con los pocos Lores que quedaban.

- No entiendo porque tengo que aguantar esto, madre. Él está faltándome el respeto.

- Has empezado tú, hijo. Y no pienso ver como nuestra Casa queda destruida por tu estupidez. ¿Qué diría tu padre si viviera? Sé lo que diría tu tío y diría que no eres digno de ser Lord y el Jefe de nuestra Casa. Te disculparás con Lord Peverell correctamente, jurando vasallaje eterno como tus antepasados antes que tú. Le dirás de Alice y ver si él puede hacer algo y que la magia te libre de hacer cualquier tontería o humillarlo más de lo que está. ¿Te das cuenta de lo que significa el no haberlo apoyado cuando había venido, incluso el no decirle que habías invitado al resto de vasallos?

- Augusta, yo te juro que no sabía… lo siento, por haber traído deshonor a tu casa…

- Amelia, no tienes que disculparte conmigo, sino con él. Solo espero que las cosas no empeoren, te juro que creí que mataría a Arthur en el momento… si fuera esto en mis tiempos, habría caído muerto a sus pies. Por nuestra familia, hijo.- Regañó Augusta a su hijo, el cual se veía algo avergonzado, después del fiasco de introducción.

Mirándolo con la mente fría, su madre tenía razón. Los Longbottom habían recibido mucha ayuda en el pasado gracias a los Potter, ahora sin esa alianza podrían perderlo todo. Solo quería ser independiente como las otras casas, tal vez, este Lord le diera la independencia que se merecía.

- Tienes razón, madre, creo que debo pedirle disculpas por mi comportamiento… también a ti Amelia, no pretendía faltarte el respeto.

- No te preocupes, puedo entender tu reacción. Pude observarte como mirabas desaprobatoriamente a Lord Peverell en la entrevista en Gringotts, pero al final, nos hizo un favor a todos matando él mismo a Kingsley.

- ¿Cómo puedes decir eso?

- ¿Dónde estábamos, Frank?

- En Gringotts… suelo gobblin… oh, es cierto. Si un mago o bruja ataca a otro en suelo gobblin y éste además se considera aliado de la nación, hay…

- Una guerra. Lord Peverell nos libró de esa decisión tras matar a Shacklebolt. Ahora volvamos, queda únicamente Lord Parkinson y no me gusta la forma en que mira a Lord Peverell.- Avisó Augusta Longbottom, la cual fue directamente a posicionarse en su asiento, justo detrás de ella iban a la zaga Lord Longbottom y Madame Regente Bones.

La noche estaba cayendo sobre la mansión Longbottom poco a poco. Los vasallos ya habían decidido o los pocos que quedaban estaban sacando los contratos comerciales para renovar las alianzas una vez más.

Harrison estaba calmándose poco a poco de los insultos que había ido recibiendo de los varios jefes de familia, aquellos que habían denegado la amistad de la Casa Antiquísima y Nobilísima de Peverell, serían sorprendidos por la falta de consecuencias en un tiempo, pues el mismo Lord Peverell tenía que pensar y meditar con la mente fría.

Por el rabillo del ojo vio que Augusta, Amelia y Frank se fueron a hablar en privado, mientras que él estaba solo en el salón del té.

No es que le importara en absoluto, pues podía defenderse bastante bien, pero el problema residía en que estaban faltando las tradiciones y la etiqueta que le habían enseñado. No era algo que le gustara o le entusiasmara demasiado, pero tendría que respetar las nuevas tradiciones que seguían ellos.

Media hora más tarde, Lord Peverell se encaró con Lord Parkinson, el cual lo miraba con odio no disimulado.

Harrison sabía de buena tinta que ese Lord había sido un mortífago y que su padre antes que él, también lo había sido.

Sintiendo curiosidad sobre como actuaría ese idiota, lo miró lentamente, mientras que notaba que los dueños de la casa y Amelia volvían a entrar.

- Y bien, Lord Parkinson ¿Qué ha decidido? Volverá a jurar lealtad a mi familia o… se atendrá a las consecuencias.

- Jamás juraré lealtad a un maldito mestizo como tú, niño.- Dijo con odio no disimulado, escupiendo en el suelo, justo al lado de él.

Levantándose lentamente y desapareciendo el sillón en el que había estado sentado durante horas, Harrison siseó a sus basiliscos para que se pusieran en un lugar seguro, pues estaba seguro de que habría duelo inminente.

- Te desafío a un duelo de honor.- Fue la contestación de Harrison, sacando jadeos de sus tres oyentes y una mirada atónita de Lord Parkinson.

- Eres arrogante si piensas que puedes desafiarme a un duelo, niño. Soy un experto duelista.

- Por supuesto que lo eres, eres experto en maldecir por la espalda. Sino, que se lo digan a los McKinon, ¿Verdad?- Burló Harrison, consiguiendo una reacción de los oyentes.

- Mi Lord Peverell, eso es una acusación grave…

- No te metas, Madame Regente Bones. También sé quién atacó a los Bones, es decir, a tu hermano y su esposa. No, lo que tenemos delante de nosotros no es un Lord, es un cobarde.

- Acepto tu duelo, niño. Cuando quieras y donde quieras, Lord Malfoy será mi segundo.- A esa declaración le vino una risa seca y sin humor. - ¿De qué te ríes?

- De tu estupidez. Los duelos de honor son a muerte y sin segundos. Si te retiras ahora, como veo que piensas, recibirás la marca del cobarde, tú y toda tu familia. Aparte de la perdida de tu magia y hasta que no haya un sucesor Parkinson que acepte y se presente al duelo, tu familia perderá todo. Así es la magia. Ahora, has aceptado el duelo. Di donde y cuando.

- En Hogsmeade, después de año nuevo, el día dos a medio día.

- Hasta entonces, te recomiendo que desaparezcas de mi vista, Parkinson.

- Morirás, puto mestizo, como la zorra de tu madre…

- Crucio.- Fue la palabra dicha, con la mano extendida hacia el Lord, el cual cayó al suelo gritando de dolor.

Un minuto entero después, Harrison paró la tortura, mirándolo lo más fríamente posible.

- Ahora, ahora Parkinson. Si querías morir tan rápido, solo tenías que decirlo. Con gusto te mataré y destruiré tu alma en el proceso… también puedo atormentarla por toda la eternidad… ¿Qué prefieres?

- Irás a Azkaban… has lanzado una maldición imperdonable…

- ¿Sí? ¿Seguro? ¿Con qué vara? No he sacado la mía.- Comentó con una sonrisa de oreja a oreja, lo cual puso los pelos de punta a todos los presentes. – Ahora vete, no me interesa matarte aquí.- Escupió de vuelta en la cara de Parkinson, devolviéndole el insulto implícito.

Cuando Lord Parkinson se fue, Harrison volvió a recrear el asiento que había desaparecido y sentándose nuevamente, miró hacia donde Amelia y Augusta estaban.

- Bueno, esto ha sido inesperado. Dudo mucho de que puedas echarme a Azkaban, mi Castillo es una fortaleza y poseo las mejores salas de Bretaña mágica, incluso mejores que las de Hogwarts. Te recomiendo que actualices al incompetente de tu jefe, Fudge sobre el duelo después de año nuevo. Un Lord menos en el Wizengamot estará disponible.

- No… no voy a presentar cargos contra ti, la gente se reiría de mí si lo hiciera… has hecho magia sin varita…

- Eres… eres un hechicero…- Acertó a decir Frank con la cara pálida ante lo que había sido presenciado. – Debo… pedirte disculpas mi Lord, solamente pensé en hacer lo correcto a mi familia, intentando ganar la independencia.

- Lo comprendo. Acepto tus disculpas, si vuelves a renovar el juramento de lealtad. No quisiera que la Casa Longbottom se perdiera por una estupidez.

- Acepto. ¿Quieres el juramento, ahora?

- Pasado mañana será mejor. En Gringotts.

- Yo también estaré allí, mi Lord Peverell.- Ofreció Amelia con una sonrisa tentativa. – La Casa Peverell siempre se ha portado bien con mi Casa y familia. Recuerdo que Edgar hablaba muy bien de su abuelo, Charlus.

- Está bien.- Arrastró las palabras con algo de cansancio. – Temo que debo disculparme, pero se está haciendo tarde y debería de volver al Castillo. Tal vez, podríamos seguir con la discusión más tarde o más adelante.

- Me parece bien, Lord Peverell.

- Perfecto, nos vemos en dos días en Gringotts para finalizar la renovación de la alianza. Hasta pronto.- Dijo, llamando a sus basiliscos a él y marchándose posteriormente hacia la chimenea, en la cual estaba ya Augusta esperando.

- Harrison, un placer conocerlo y siento las molestias que mi hijo le ha causado. Si mi marido viviera, esto no habría pasado.

- Se lo agradezco, Augusta. Estoy seguro de ello, pero los jóvenes y su falta de respeto por las antiguas tradiciones, es lo que está matando a este país. Espero poder cambiarlo pronto, aunque, me temo que todavía me queda esperar dos años más, para estar plenamente en el Wizengamot.

- Ah sí, a los once puedes reclamar tu asiento, tiemblo de pensar en lo que podrías hacer con él.

- Primero, subir el estado de las Casas de todos mis aliados y vasallos fieles, como dicta la tradición. Segundo, subir el estado de mi Casa a Ancestral, que ya le queda dos años para ello.

- ¿Ya tiene diez mil años su Casa?

- En efecto. Comenzamos a existir como familia nómada en Mesopotamia, desde allí nos trasladamos a Egipto y viajamos posteriormente por toda Europa, acabando aquí en Bretaña. El resto es historia.

- Impresionante… que tenga una buena noche, Harrison, espero verle pronto.

- Y yo a usted, me gusta realmente conversar contigo. Es divertido.- Se despidió con una sonrisa, pasando a las llamas de color verde esmeralda.

Salto de Línea.

Los días posteriores a la reunión de las Casas Vasallas, Harrison lo pasó entre informando a los retratos de los Potter de las traiciones que había sufrido ese día la Casa Peverell y los insultos políticos.

Si bien es cierto que todos los que no querían seguir siendo vasallos, habían pagado la multa correspondiente, el insulto a Harrison estaba implícito.

Los retratos Peverell, en su inmensa mayoría clamaban por venganza, Morgana, sin embargo lo estaba pensando fríamente.

- Debes vengarte, sí, pero debes hacerlo de una manera que no te salpique, sin matar a nadie. Ya es bastante malo que te vayas a batir en duelo de honor. ¿En que estabas pensando?

- En defender el honor de la familia. Ese… hombre por así llamarlo, había insultado a uno de nosotros, no pensaba dejarlo pasar.

- Me enorgullece que defiendas con ahínco nuestra familia, pero te batirás contra un hombre que ha practicado las artes oscuras con más…- Dio un suspiro ante la mirada de interrogación, que no solo recibió de Harrison, sino de muchos otros Peverell. -… Puede que seas nigromante, pero tiene más experiencia. ¿Me estás diciendo que no te importará revelar al mundo, tu magia familiar?

- No es eso, Lady Morgana.

- ¿Entonces? Como lo vencerás.

- No utilizaré la magia oscura ni la nigromancia. Lo decapitaré sin más y destruiré su familia, reclamando por derecho de conquista todo lo que le pertenezca. Si tiene hijas y esposa, entonces ellas serán echadas de la familia, haciéndolas sin nombre. Así de simple. Que se confíe él y que me subestime, esa será mi victoria.- Contestó a Lady Morgana, la cual sonreía con orgullo.

- Así se hace, me alegra ver que me has escuchado en nuestras conversaciones, así como a todas las demás Damas Peverell.

- Siempre lo hago, nunca se me ocurriría no hacerlo. Tenéis más experiencia que yo y más conocimientos. He de decir, que siempre os escuchó y siempre lo haré.

- No hace falta que seas repetitivo. Celébralo, pero no te duermas en los laureles.- Instó Markus asintiendo a Morgana, la cual solo sonrió. – A partir de ahora, entrenarás en la sala de entrenamiento hasta el duelo. Tus estudios en la nigromancia, quedan de momento interrumpidos.- Aconsejó Markus a Harrison, el cual solamente asintió en señal de acuerdo.

Ambos sabían que tendría que entrenar bien duro para poder matar a Lord Parkinson, pues aunque un cobarde, en ese tipo de duelos por lo que se luchaba era más por la vida, que por el honor.

Si se ganaba, se tenía honor, pero si se perdía, se perdía la vida.

Siguiente a esa conversación, a Harrison se le vio mucho por el Callejón Diagon y en el banco de Gringotts, con su gerente de cuentas, el cual se encargaba de supervisar los nuevos contratos de las Casas Vasallas.

Lord Greengrass, finalmente no cambió mucho el tipo de contrato, así como la mayoría de los Lores, solamente estipuló que el primer hijo de su hija, Astoria, debía apellidarse Greengrass, el resto, podrían tener el apellido Peverell.

En un principio iba a ser Daphne la que se desposaría con Harrison, pero al parecer la chica ya estaba entrando en una especie de contrato matrimonial con la Casa Black. No culpaba a Lord Greengrass por querer asegurar su posición en la sociedad.

Las Casas Longbottom y Bones renovaron sus alianzas y obtuvieron a cambio por Lord Peverell el permiso de independencia, algo que no se esperaban tener. Eso significaba que mientras que no dañara a la familia, podían hacer lo que quisieran con sus negocios y otras alianzas.

Frank, llegó a la conclusión, observando sobre como los gobblins trataban a Harrison, que éstos eran aliados suyos, por ello pidió a Harrison si podía ver sobre el estado de su esposa, la cual estaba casi catatónica debido a las Cruciatus bajo las que se puso.

Harrison inmediatamente pidió ayuda a la nación, la cual solo respondió que mirarían en ello, pero que si la curaban, los beneficios de ello, eran para ellos.

- Totalmente de acuerdo, Rey Ragnok.- Estuvo de acuerdo Harrison con el rey, el cual era con el que se había reunido para pedir el favor. – Por otra parte, tengo una duda, que tal vez podría resolverla.

- Claro, dime.

- ¿Gringotts da préstamos a sus clientes?

- Los da, pero también cobramos intereses. ¿Por qué?

- Arthur Weasley ha sido despedido por orden mía del ministerio de magia. Realmente mis aliados han tomado los laureles de ello, pero todo el mundo sabe que he sido yo. Quisiera saber si Gringotts daría a ese hombre trabajo o algún tipo de préstamo.

- No. Nos pone en una posición difícil, pero el tratado es con usted antes. Nuestra alianza es mejor honrarla. Si nos pides que marginemos económicamente a la familia, así se hará.

- Tenía más bien pensado, otra cosa.- Recibió únicamente como respuesta una "ceja" alzada del rey. – Sus hijos primogénitos.

- William Weasley y Charles Weasley. Uno es un aprendiz de rompe-maldición, muy bueno si la información es correcta. El otro es aprendiz de cuidador de dragones, también bueno en lo que hace.

- Perfecto. Dadles el mejor entrenamiento que puedan recibir y después contratadlos a ambos, haciéndoles saber que solo por vuestro beneplácito y como un pequeño favor a mí, han conseguido sus puestos, a pesar de que su familia está en desgracia. Creo que lo recordarán. Sino, siempre hay tiempo para deshacerse de ellos, los accidentes ocurren, después de todo.- Únicamente fue recibido con risas del gobblin, las cuales se las tomó a bien Harrison, pues sabía que aprobaba de sus planes.

- Está bien… siempre que vienes, me termino preguntando si no tendrás sangre gobblin en las venas.

- Podría ser… la familia Peverell nunca hizo distinciones a la hora de casarse. ¿Sería un problema, si realmente tuviera sangre gobblin?

- En absoluto. Sería encantador, pero no podrías pertenecer a ningún clan. Ya tienes el propio.- Dijo con más risas, ésta vez de ambos.

El resto del tiempo, Harrison se preparó tanto en duelos, como en la fiesta que daría lugar en Yule en su Castillo.

Había vuelto a avisar a sus aliados, diciéndoles quienes iban a venir, pues consideraba de buen respeto y buen ver, que la gente supiera a qué atenerse y no encontrar sorpresas desagradables.

Como había vuelto a tener los aliados antiguos y nuevos, decidió juntarlos a todos en su Casa para que comenzaran a conocerse e interactuar entre sí.

Una de las cuestiones importantes que quería Harrison tras quitarse el anillo de heredero, era la de elegir que aliados y vasallos su Casa podía tener, dado que ahora repercutía en los aliados que había hecho de los Black, Lestrange y Alucard, no tenía por qué dar explicaciones a Lord Black, es decir, a Arcturus.

Finalmente, las familias que iban a venir eran las siguientes: los Alucard; los Black conjuntamente con los Tonks; los Lestrange; los Longbottom; los Bones; los Abbott; los Greengrass; los Davies, los Flint y los Pucey, más las familias con las que tenía acuerdos comerciales, pero no tenían voto en el Wizengamot.

Suspirando, mandó a sus elfos a conseguir regalos adecuados para todas las familias, dado que una de las viejas tradiciones mandaba que el anfitrión agasajara con los regalos pertinentes a las familias invitadas a su hogar.

También mandó la construcción de unas mesas largas y anchas, para dar cabida a todos en la sala de baile, donde posteriormente y con ayuda de la magia élfica, el salón de baile sería re-abierto al público.

El Castillo Peverell se estaba preparando para la grandeza y prestigio que demandaba como suyo y perteneciente. Los invitados verían de primera mano, que Harrison Peverell había vuelto al mundo mágico para quedarse y tomar lo que era suyo por derecho, sin importar los que se interpusieran en su camino.

Nota de autor:

Los siguientes capítulos serán únicamente de la fiesta de Yule, el duelo que Harrison tiene pendiente y por fin la liberación de Sirius de Azkaban.

Lo mismo mezclo el duelo con la liberación para que sea un poco más largo, pero no lo tengo claro.

Ahora para el día doce, me presento a unas oposiciones, por lo cual esto no quiere decir que abandone el fic, sino que no sé cuándo actualizaré. Lo más seguro es que sea a la semana. Un saludo.