CAPITULO 7

EL DUELO Y LIBERACION DE UN PADRINO

PARTE 2

Albus estaba en una pérdida completa sobre cómo actuar a continuación. La reunión de emergencia del Wizengamot se había complicado por completo. Primero, Dolores Umbridge había sido ejecutada, tirándola por el velo de la muerte, algo que había sucedido, pues tenía contactos entre los inefables.

Los mismos inefables estaban en el temor ante que uno de los Lores del Wizengamot supiera de las antiguas leyes que no se usaban, y encima de todo, las usara para su propio beneficio.

Segundo, Lord Peverell había puesto un Proxy en el Wizengamot por culpa de Cornelius, si tan solo el ex-ministro de magia hubiera cerrado la boca y mirado hacia otro lado, como solía hacer, de este problema no tendrían que preocuparse hasta al menos dos años, ahora el sesenta y cinco por ciento del Wizengamot pertenecía a Lord Peverell y como bien había demostrado, coronó a Augusta Longbottom como ministra de magia, algo que no estaba mal, dado que la mujer era recta, pero aun así dejó temblando a Albus.

Menos mal que la sesión se vio interrumpida para seguir con la tradición de celebración de un nuevo ministro, aunque más importante temía lo que iba a suceder al día siguiente.

Su despido del Wizengamot como Jefe de Magos y posible encarcelamiento, dejando Hogwarts sin director.

Si eso pasaba, Minerva no duraría ni una semana, teniendo cargos por secuestro, algo que realmente fue cierto, pues secuestraron al joven Harrison cuando era apenas un año de edad.

¿Cómo todo se había ido al infierno? No lo sabía…

Para colmo de males, Sirius Black había sido trasladado de Azkaban a una casa segura, una ubicación desconocida, seguramente.

- Maldita sea… tengo que hacer algo…- Pensando en qué hacer, no se le ocurría nada, salvo una única cosa, algo que pensaba que estaba mal… pero era la única solución.

Cogiendo carta, pluma y tintero, hizo una carta duplicándola mágicamente para reunir a la Orden del Fénix nuevamente en Hogwarts.

Harrison Peverell iba a ser secuestrado, por el bien mayor, por supuesto. Llamando a Severus y Minerva a su despacho, les explicó la situación desesperada en la que se encontraban todos, pues si Lord Peverell descubría que Severus tuvo parte de culpa en el asesinato de sus padres, él iba a ser sacrificado en el proceso.

- Mátalo, no lo secuestres.- Opinó Severus fríamente, esperando que Albus accediera a su petición, nada más le gustaría ver que al engendro de James Peverell muerto a sus pies.

- ¡Severus! ¡Es solo un niño! ¡No puedes estar de acuerdo con esto Albus!- Se opuso Minerva poniendo el grito en el cielo.

- Severus tiene parte de razón, Peverell se ha hecho con el ministerio y el Wizengamot. Posee Hogwarts… los siguientes en caer después de mí, seréis vosotros… ¿Qué creéis que os pasará? Debemos parar esto de inmediato… pero ¿Cómo?

- Pídele que venga a Hogwarts y nada más entrar por la red Flú, una maldición asesina, es limpio y eficaz.- Opinó Severus.

- ¿Y si se niega? ¿Y si decide venir a Hogwarts, pero a través del pueblo mágico?- Preguntó el director, negándose a tener que matar al joven Harrison, después de todo, tenía una misión mística que cumplir, la profecía de Trelawney, pero… si era oscuro, como lo era realmente, entonces estaban todos condenados y lo que menos quería Dumbledore en estos momentos, era que un nuevo Lord Oscuro subiera al poder, eso y compartir dicho poder, pues se sentía muy a gusto gobernar el mundo mágico desde las sombras, imponiendo su ley, cuando le convenía.

- Entonces, esperémosle en las Tres Escobas. Una emboscada allí es fácil. Podemos pagar a Rosmerta para que se vaya.- Opinó la voz desilusionada de Alastor Moody, el cual apareció de repente. – No me importaría ser el que mata al niño. Me ha costado un amigo y buen auror.- Bruscamente se volvió a Albus, encarándolo como si este negara el hecho.

- Tienes razón Alastor, me temo que será lo mejor para todos… llamaré al Castillo Peverell para que venga a Hogwarts, id a Hogsmeade a prepararlo todo.- Ordenó Albus, levantándose de su escritorio, mientras que la Orden del Fénix llegaba y se ponían al tanto de lo que iban a hacer.

Después de llamar al joven Lord y costando convencerle de que viniera al castillo, aceptó finalmente hacerlo por medios del pueblo mágico.

Para esos momentos su pueblo ya estaría en el bar, convenciendo a la gente de marcharse. Suspirando dramáticamente, se convenció a sí mismo una vez más de que era lo mejor.

- Si mi descendiente sale victorioso, todos moriréis, Albus.- Dictaminó la voz de uno de los directores que no estaban contentos de la decisión tomada en el despacho de Albus.

- Eso no pasará, pues estaré personalmente allí…

- Él no es como el joven Tom Riddle, es más fuerte y no te teme, Albus.- Dio por finalizada la conversación cuando de repente desapareció de su marco, al igual que el resto de directores que tenían el apellido Peverell e incluso Phineas Nigellus Black, se había ido.

Salto de escena.

La batalla por la supervivencia había comenzado y Harrison no se cortó ni un pelo en utilizar el repertorio de maldiciones oscuras que sabía, tales como las nigrománticas.

Apuntando a un mago de la Orden del Fénix al azar, lanzó la primera maldición que le vino a la mente, una maldición de pudrición, que si le daba al objetivo, pudriría los órganos internos inmediatamente.

Un escudo visible y la maldición pasó, una vez que lo hizo, lanzó la siguiente y la siguiente seguidamente sin siquiera verificar si había dado al objetivo o no, esto no era como los duelos.

Levantando una barricada, pues estaba cansándose de esquivar y tirarse al suelo, se encontró con Lord Black y Lord Alucard en posición similar a él.

- ¡Hay barreras anti aparición y anti traslador!- Chilló Arcturus por encima del ruido de todos los hechizos colapsar contra la barrera física, algo que no duraría eternamente.

- ¡Cúbreme!- Ordenó al patriarca de la familia Black, el cual asintió con la cabeza.

Levantándose del suelo, y mirando por encima de la barrera, apuntó a cualquier lado del bar, lanzando la maldición que se moría de ganas por probar.

- ¡Hellfyre!- Chilló en voz alta, haciendo que unos pocos de los enemigos rieran unos momentos, hasta que vieron que de su vara salía el fuego del infierno que tanto se temía. Lo peor de todo es que el niño podía controlarlo, pero decidió dejarlo a su antojo, volviendo a meter la cabeza dentro de la barricada.

- Eso nos comprará algo de tiempo.

- ¿Acabas de lanzar Hellfyre? ¿Cómo se te ocurre?

- Sí, lo sé, es volátil y muy difícil de controlar, pero...

- Nada de peros, estamos jodidos ahora, Harrison.- Dictaminó Lord Black, lanzando una maldición oscura por encima de la barrera, oyendo claramente el chasquido de romperse algo, pero no el sonido humano.

Levantándose nuevamente y asomándose por un pequeño agujero realizado por una maldición de corte, vio a Arthur Weasley intentar apagar el fuego con poderosos encantamientos elementales de agua.

- ¿Quién lo iba a pensar, que el viejo Arthur sabía magia elemental? ¡Avada Kedavra!- Lanzó la maldición asesina al hombre pelirrojo, la cual le dio de lleno en el rostro, congelándolo y matándolo en el acto, cayendo su cuerpo al suelo.

Las peleas se detuvieron por un instante, más Harrison volvió a lanzar la maldición asesina a la mujer pelirroja que iba a socorrer a su marido caído.

Otro cuerpo en el suelo y Harrison sonrió en victoria, había acabado con las vidas de los padres Weasley. Dos traidores menos en el mundo.

- ¡Reagrupaos!- Vino la orden de Alastor Moody, el cual estaba lanzando maldiciones a diestro y siniestro, intentando por todos los medios apagar el maldito fuego que iba consumiendo su parte justa del local.

En la parte baja, Lord Alucard aprovechó el momento para lanzar maldiciones de construcción hacia el techo, donde las habitaciones privadas se encontraban y los francotiradores estaban lanzando sin cesar su parte justa de hechizos.

- ¡Defodio, Bombarda Máxima, Destructo!- Fueron unas de las pocas que sin pensarlo tocaron el techo, haciendo que éste colapsara encima de los malditos bastardos que no paraban de lanzar cosas a ellos.

Por su parte, Harrison aprovechando toda la metralla y escombros que caían al suelo, hizo otra cosa.

- ¡Golem Petra!- Disparó el mismo hechizo de creación de Golems hacia diferentes trozos de madera y piedra, de los cuales se fueron convirtiendo a una velocidad asombrosa en humanoides de piedra y madera, controlados por él. – Atacad al enemigo, defendednos, cumplid con vuestro propósito.- Gritó Harrison divirtiéndose al máximo de sus capacidades, algo como esto necesitaba para poder probarse a sí mismo.

Cinco Golems fueron creados y los cinco cargaron a toda velocidad tirando a la gente por las ventanas y puertas, haciendo más destrozos de por sí en el local, pero dando un respiro a los tres que estaban atrincherados.

- ¿Ahora qué hacemos?

- Ahora, nos toca a nosotros.- Dijo Harrison seriamente y dejando de sonreír como un loco. Saliendo del escondite, comenzó lanzando a toda velocidad hechizos, encantamientos, maldiciones y cualquier cosa que se le pasara por la cabeza en ese momento, dejando a dos sorprendidos magos atrás, pues el arco iris multicolor que dejaba a su paso era impresionante. Más impresionante era que cada cosa que lanzaba y era interceptada por el enemigo, volvía otra vez a ser lanzada, sin esperar siquiera a que diera en el blanco.

Sin dar tregua a los que estaban al otro lado de las Tres Escobas, Harrison notó por el rabillo del ojo, que los refuerzos que habían llegado no eran amistosos para él o sus aliados, éstos llevaban túnicas negras con máscaras blancas.

- Mortífagos…- Susurró inciertamente para sí mismo, viendo como había por lo menos quince de ellos y tomaban posiciones, lanzando maldiciones oscuras de todo tipo, de las que iban desde rompe huesos, hasta las asesinas en el acto o las que disolvían los órganos internos.

Posicionándose detrás de una pared, vio como los mortífagos estaban impresionados de los hechizos y maldiciones que volaban hacia todas partes, tal vez, fuera el momento de pensar en una gran distracción.

- ¡Arcturus, Vlad, cubríos con los escudos más potentes que tengáis!- Ordenó Harrison apuntando al centro del círculo de mortífagos, en el cual lanzó una maldición de voladura fuerte y potente para que estallara en escombros y metralla. Con un encantamiento convocador, llevó todos los escombros de adentro del edificio que se caía a pedazos al centro de ellos, aumentando más el montículo, para acto seguido lanzar un hechizo que se creía olvidado, pero que si salía bien y correctamente, haría mucho daño.

- κατάρρευση γη.- O lo que venía a ser en un idioma que entendieran todos, implosión de tierra.

Ese hechizo se dedicaba a contraer todo en una esfera mágica en la que todos los escombros comenzaban a dar vueltas sobre sí mismos, ganando velocidad y potencia. En el momento indicado o cuando alguien lanzara un hechizo en la esfera, ésta implosionaría desde adentro hacia afuera, barriendo con una onda expansiva todo lo que estuviera a su alcance, pero no solo deteniéndose ahí, sino que además lo que tenía dentro era expulsado a quien estuviera en medio.

Desgraciadamente, los magos que había alrededor de la esfera eran listos o al menos eso aparentaba, pues se habían quitado de en medio y habían cesado en su ataque, no queriendo explotar la bola sin querer.

Lástima que Harrison tuviera otros planes, pues él mismo lanzó una maldición fuerte adentro de la bola azul que se había creado, para acto después correr a toda prisa y esconderse de lo que iba a suceder.

Harrison sabía al menos la teoría de lo que pasaría, pero la práctica como observaría después, era muy distinta.

Llegando a donde sus aliados estaban, echó sobre sí mismo y por encima de ellos un escudo de los más fuertes que conocía, que eran del tipo de artes oscuras, mezclado con Transfiguración, haciéndolo impermeable a todo tipo de metralla y fuerza.

- No bajéis por ninguna circunstancia vuestros escudos…- Se vio cortado cuando una fuerte explosión reverberó todos los cimientos de la pequeña ciudad pueblo, haciendo estallar los cristales a su alrededor, resquebrajándose las paredes de piedra y destruyendo todo alrededor de cien metros de cercanía.

Los pobres mortífagos que estaban alrededor y no pudieron escapar, murieron en el acto junto con el resto de la Orden del Fénix que no tiró de los encantamientos anti aparición y anti traslador.

Viendo que la carnicería que el hechizo implosión de tierra había causado era enorme, Harrison bajó su escudo sacudiéndose el poco polvo que había caído en él.

Los dos magos que estaban detrás de él, miraban todo con horror, el fuego del infierno al parecer había sido sofocado por alguien o algo.

Los Golems no se veían por ninguna parte, pero el resto de miembros de la Orden del Fénix estaban tirados a doscientos metros más lejos, causado por la implosión y explosión del orbe azulado.

Todo era una carnicería en donde los únicos en pie, eran ellos tres y algunos que otros miembros de la Orden.

- Parece que llegamos a un alto, señor Moody.

- Eso parece.- Llegó la voz cascada del viejo que venía cojeando y muy maltrecho. – Eres un saco de sorpresas… pero no creas que saldrás de aquí con vida… no nos interesa…- En ese momento se cortó tras oír veinte apariciones.

Los aurores habían llegado, con Amelia Bones y Rufus Scrimgeur a la cabeza. Momentos más tarde, cincuenta gobblins entraban vestidos para la batalla y se posicionaban del lado de Lord Peverell, como su tratado indicaba.

Unos minutos después de eso, otras pocas apariciones llegaban para posicionarse a ambos flancos, amenazando tanto a aurores, como gente de Dumbledore. Todos se miraban entre sí sin saber que decirse, hasta que Dumbledore hizo su aparición.

- Al final el jefecillo aparece, ¿Eh? ¿Cómo ves las cosas, Lord Oscuro Dumbledore?- Instigó Harrison seriamente, pues no pensaba darle al viejo tregua ahora.

El silencio que cayó ante esa declaración fue tremendo, Lord Peverell había acusado al jefe de magos de no ser solo oscuro, sino de ser un autoproclamado Lord Oscuro.

- No puedo decir que me guste demasiado lo que has hecho con el paisaje… ¿Qué era esa maldición?

- No era una maldición, era un hechizo griego. Se solía utilizar más en las guerras navales que en las terrestres.

- No me extraña… todo está destruido.- Vino la voz de Frank Longbottom, impresionado de que Harrison supiera hacer algo de ese estilo.

- Por cierto Dumbledore, tus perros falderos Weasley están muertos. Todos vosotros, tus miembros de la orden y tú, también lo estaréis pronto. Me habéis atacado, sabiendo las leyes. Habéis llamado a los mortífagos que quedaban libres para matarme, ¿Verdad? ¿O era para echarles la culpa? En realidad no importa, si cuento bien, están todos muertos o en el proceso de morir. Eran los que más cerca del orbe estaban.

- ¿Qué…? No… ellos no eran parte del plan…

- Da igual, habéis atacado a un aliado de la nación gobblin, mago, habrá guerra y vuestras cabezas adornarán nuestras picas.- Gritó uno de los guerreros gobblins un poco impresionado ante la destreza mágica de Lord Peverell, casi no les hacía falta la ayuda.

- ¡Alastor! ¡Cómo has podido hacer esto, traidor!- Vino el grito enfurecido de Rufus, el cual sacó la varita y los aurores detrás de él hicieron igual.

- ¡El niño debe morir! ¡Es una amenaza! Y un hechicero para arrancar.- Desveló Alastor Moody, sacando jadeos de la multitud, pero ninguno, no obstante se atrevía a dar un paso o lanzar una maldición al frente.

- Aunque sea un Nigromante reconocido, eso da igual estúpido es un Lord del Wizengamot y está protegido por las leyes antiguas…

- ¿Y cuándo nos ha importado eso? Nunca, esas putas tradiciones se las puede meter por el culo. ¡Avada Kedavra!- Lanzó hacia donde estaba Harrison, el cual interceptó la maldición ya cabreado de tanta tontería, como había dicho Rufus, estaba protegido por la ley, aunque fuera un nigromante, por ese motivo, sacó toda su aura de muerte hacia afuera, asustando a todos los presentes, sean gobblins, humanos o semi vampiros.

Con una mano, señaló a Alastor Moody y la metió como si fuera a coger algo de dentro de él, pero lo que los demás no sabían, era que estaba sacando el alma del viejo mago.

Un grito penetrante que recordarían en las pesadillas de todo el mundo, una especie de niebla blanquecina y espectral comenzó a salir del cuerpo de Alastor y a dirigirse hacia Harrison.

Antes de que llegara a su destino, una maldición de corte menor golpeó en la mejilla de Harrison, cortándole un poco y sacándole sangre.

Dejando el arrancamiento de alma de distancia, Harrison se volvió hacia Dumbledore con los ojos verdes brillantes por el poder y el aumento del aura de muerte a su cénit.

- ¡Te desafío a un duelo, Lord Peverell!- Gritó Albus Dumbledore con miedo en la voz, por vez primera en toda su vida, desde que su madre murió y desde que alguien mató a su hermana pequeña, Ariadna.

Albus Dumbledore tenía miedo de lo que era Lord Peverell y estaba deseando con todas sus fuerzas no haber hecho caso a Severus, el cual se encontraba actualmente en el suelo, vivo, pero roto.

Muchos de los amigos de la Orden del Fénix estaban en una posición similar, salvo por un pequeño temor en su cabeza, que le decía que tanto Molly como Arthur estaban muertos. Los pobres Ronald, Ginebra y Percival se habían quedado huérfanos por su culpa, por haber querido eliminar la amenaza política.

Mirando a Lord Peverell se dio cuenta de que no ganaría esta batalla. Es posible que saliera vivo, pero con muy malas lesiones, lesiones que no podría remediar. Si tan solo tuviera la piedra filosofal o el elixir de la vida… pero Nicholas se había negado a dejarle nada de eso. Oro, sí, la piedra para su estudio con sangre de dragón, tal vez, pero el elixir no.

Bajando la varita de forma derrotada, dio sus últimas instrucciones a los restantes miembros de la orden que quedaban en pie.

- Nos rendimos… pero no iremos voluntariamente a ningún sitio. Te ofrezco un trato, Lord Peverell.

- No estás en posición para ofrecer tratos, Dumbledore.- Llegó la voz sedosa del Lord al que temía el anciano mago. – Pero te escucho.

- Gracias… deja ir a los miembros de la orden y los profesores… quédate conmigo y Alastor en cambio. Mátanos o haz lo que quieras con nosotros, pero deja al resto.

- No soy un monstruo, de lo que puedas pensar a pesar. Os dejaré a todos en manos de los aurores y de Madame Bones. ¿Es factible?

Con un suspiro derrotado, pues sabía que el final había llegado, Albus asintió con la cabeza, pero todavía le quedaba un truco bajo la manga.

- Lo es, mi Lord, pero con tus propias leyes antiguas, elijo el exilio para mí y mi gente, ante la pena máxima de muerte.- Declaró Albus con un tono neutro, un tono que decía claramente que lo que estaba hablando era la pura y simple verdad.

- Está bien, por las presentes leyes antiguas, te despojo de tu título de Director, así como de tu título de Jefe de Magos y te condeno al eterno exilio, tú y tu gente no podréis volver a las islas, bajo pena de muerte.- Terminó de declarar Harrison. – No obstante, iréis todos de buena gana al ministerio para que se cuente en acta. El ejército gobblin también partirá como pago a la rotura del tratado.

- Como deseéis mi Lord Peverell.- Rindió Albus Dumbledore, ganador de un mago oscuro y temor de otro. Arrodillándose en el suelo, con el rostro derrotado por el niño que tenía delante de él, cayó en la cuenta que tal vez el resto de la Orden no siguiera su ejemplo.

Cuan equivocado volvía a estar, viendo que todos estaban en inferioridad numérica y mágica, los que podían se rindieron, hincando la rodilla en el suelo.

Salto de Línea.

El ministerio de magia, Gringotts y el Wizengamot eran un caos total a la mañana siguiente. El Diario el Profeta se había enterado de alguna manera del exilio de Dumbledore, tras el intento de asesinato a Lord Peverell y la defensa que éste profesó a sí mismo y sus aliados con él. Todo era caótico, la ministra Longbottom tenía papeles y papeles para firmar y ver antes de mandar a los Lores en el Wizengamot, los cuales discutían el destino de lo que había sucedido, como si estuvieran impresionados o algo peor.

Por desgracia en el ataque a Lord Peverell y la defensa de éste con lo que fuera que hizo estallar, mató a casi todos los mortífagos, los cuales dos de ellos eran únicamente Lores del Wizengamot. Gregory Goyle y Vincent Crabbe Sr.

Malditos tarados, pensó para sí misma Augusta, que estaba moviendo tantas cartas como le fuera posible, gritando a los secretarios y secretarias, aludiendo a los gobblins que había allí, pidiendo a gritos un nuevo tratado, pues estaban ya hartos de lo que había pasado o estando pasando con su aliado Lord Peverell.

Todo era caos… y todo por culpa del chupador de caramelos de limón, que había comandado un ataque a un Lord del Wizengamot. Parecía que el viejo era senil, después de todo, pues habiendo acabado la misma mañana con la vida de Parkinson, no se le ocurre que atacarle en un sitio cerrado, esperando que no se defendiera.

- Ministra Longbottom, aquí hay un gobblin con pretensiones de grandeza.- Dijo uno de los secretarios con cara de repugnancia con la criatura.

- Estás despedido. ¡Escuchad todos! ¡El próximo que diga algo ofensivo en contra de los guerreros y banqueros gobblin en mi presencia, puede recoger sus cosas, que estará despedido! ¿HE SIDO LO SUFICIENTEMENTE CLARA?- Los gritos de Augusta podían hacerse eco por todo el pasillo de la primera planta del ministerio, desde su despacho hasta el ascensor. - ¡Tú!- Gritó señalando a un pobre ex estudiante que estaba ahí para opositar al ministerio. - ¡Abre la puerta y haz pasar al Rey de los gobblins!

- Sí… sí señora.- Tartamudeó el pobre muchacho, abriendo la puerta, disculpándose por la estupidez humana y mundial de los tontos como el que había sido despedido y anunciando formalmente al rey de los gobblins, que miraba todo divertido desde su posición.

Entrando y viendo como el individuo salía apresuradamente para dejar a la anciana bruja y al gobblin de aspecto feroz, vestido con armadura dorada, una vez que la puerta hubo sido cerrada, el gobblin no aguantó más y estalló en risas.

- No es gracioso…- Susurró oscuramente la anciana bruja, la cual no podía evitar sentir un poco de pena por el chico que había salido, también por lo bizarro de la situación.

- Momentos como éste es cuando me digo que los tratados rotos merecen la pena… pero sí, es cierto, no es tan gracioso. Ministra Longbottom, ¿Sabe porque estoy aquí?- Preguntó finalmente el gobblin sentándose enfrente del escritorio de la mujer.

- Sí… al menos eso creo. He de decir que el señor Dumbledore ha sido expulsado de Gran Bretaña, aceptando él y sus… hombres o lo que sean, el exilio eterno.

- Sí, bueno, eso es una parte, desgraciadamente el tratado fue violado cuando esos magos atacaron a Lord Peverell.

El mismo Lord Peverell nos avisó a través de un elfo doméstico de los suyos, por si las cosas se ponían severas. El consejo de ancianos, nos ha pedido que revisemos el tratado con ustedes, los magos, para hacer hincapié y dejar en claro, que el que ataque a Lord Peverell está atacando a la nación gobblin. Hacemos con orgullo y honor a Lord Peverell un jefe de clan.

- ¿Eso es posible?

- Me temo que sí. Es para su protección. Sabemos que se puede proteger, pero cosas como éstas y lo de ésta mañana, nos hace replantear nuestra posición con los magos en general. No queremos una revuelta, porque algún estúpido crea que puede matar o hacer algo a Lord Peverell y su familia o aliados. Esto debe salir a la prensa también. Así como a la ICW.

- Este día va a ser muy largo… temo que el Wizengamot deberá ser informado.

- Eso temía. Seremos pacientes en Gringotts, pero recuerden que somos nosotros los que contabilizamos su oro.- Levantándose el gobblin se fue directo hacia la salida, antes parando e informando a Augusta que la esposa de su hijo ya se encontraba perfectamente y que saldría en breve. También le dijo que esperarían pronto al padrino de Lord Peverell en la enfermería gobblin.

Después de eso, todo parecía que se calmó un poco, hasta que fue llamada al Wizengamot de emergencia, pues al parecer los Lores pedían la cabeza de Lord Peverell o que al menos se le encarcelara por el asesinato de múltiples personas, tal como tres Lores del Wizengamot.

Yendo a toda prisa hacia las salas del Wizengamot, se encontró con su hijo que iba hablando en voz alta con Lord Greengrass.

- ¡Esto es ridículo, fue en defensa propia! ¡Cómo se atreven!

- Al parecer los partidarios de Dumbledore y de Malfoy son los que se atreven, Lord Longbottom. Los neutrales y demás están mirando hacia otro lado. ¿Dónde está Lord Peverell? Le concierne el asunto.

- Sí, me concierne.- Dijo el mismo Lord nombrado, el cual se le veía que no había dormido mucho en la noche y que todavía llevaba su traje-armadura. – Lord Greengrass, Lord Longbottom, no hay de qué preocuparse, si alguno de esos estúpidos deciden hacer algo, entonces los denunciaré también. Al parecer la gente suele olvidar que la magia familiar existe por alguna razón.

- Joder… chico, cuando te sientes en el Wizengamot definitivamente, la reunión más aburrida, será divertida contigo.- Dijo alegremente Lord Black, el cual había llegado junto a Orion, el que tenía ojeras en sus ojos.

- Harrison, ¿Cómo estás?

- Bien… un poco movido por todo el asunto, pero bien. ¿Tu?

- Mejor que tú, pero bien también. Solo esperemos que la situación no empeore más.

- ¿Empeorar? ¿Cómo?- Pidió Augusta que estaba mirando dagas en Harrison por convencerla ser ministra de magia. – Si sobrevivo a esto Harrison, creme que me deberás una grande.

- ¿Tan mal están las cosas con Dumbledore fuera?

- Es un maldito caos el ministerio y Hogwarts otro.- Se quejó Amelia que venía corriendo, por los pasillos. – Creo que sería mejor entrar ahora, Harrison. El Wizengamot espera.- Finalizó Amelia la reunión que habían comenzado en la entrada.

Orion se quedó mirando especulativamente a Harrison durante unos momentos, hasta que le aconsejó sentarse otra vez en su asiento.

- ¿Crees que es prudente?

- Lo creo, además, si surge algo puedo aconsejarte… o no.- Dijo esperanzadamente.

- Está bien, entremos, tengo la sensación de que va a ser una reunión larga y tediosa.

- Siempre puedes hacerlas divertidas.

- ¿Cómo?- Preguntó con una ceja arqueada por el repentino comentario de Lord Black, con una sonrisa siniestra adornando sus facciones.

No dejando que respondiera a su pregunta, Amelia pasó a Lord Black casi a empujones dentro de la sala.

Los demás siguieron poco tiempo después suspirando ante las tonterías de los dos Lores.

Dentro de la sala del Wizengamot era todavía peor que en el atrio del ministerio y la antesala de Gringotts.

La sala del Wizengamot estaba llena y repleta de reporteros que pululaban por allí como abejas ante un panal de miel.

Los Lores y Ladies discutían a voces sobre las acciones tomadas de Lord Peverell la tarde anterior en Hogsmeade y en contra de los hombres de Dumbledore y el mismo Dumbledore.

Un hombre que se parecía a Albus, pero más tosco estaba sentado escuchando a todo el mundo que le hablaba en el asiento de la Casa menor de Dumbledore.

Harrison y sus aliados fueron a tomar sus asientos respectivos, haciendo que la sala quedara en silencio momentáneamente.

En los asientos respectivos a los Lores: Crabbe, Goyle y Doge, estaban sentados o bien proxys de la familia o los herederos mismos. Todos con caras de pocos amigos dirigidas hacia Lord Peverell, el cual solamente pasó de largo, dirigiéndose hacia su asiento.

Sentándose junto a su lado, Orion estaba un poco nervioso ante lo que se les venía encima, si salieran de ésta inmunes, invitaría a Harrison a un buen Whisky de Fuego, el de gran reserva, que tenía para situaciones especiales. Ésta lo ameritaba, al menos.

- Estamos jodidos, Harrison.

- Tonterías, Orion. Podemos librarnos de ésta, pero si sabemos jugar bien nuestras cartas. Escuchemos lo que tienen que decir.

- ¿Sabes quién es el nuevo Jefe de Magos?

- Sí, es interino. Es un comodín cuando el anterior muere o es retirado prematuramente, como en éste caso.- Contestó Harrison mirando hacia la tribuna del jefe de magos, el cual era un hombre con un bigote y cara de pocos amigos.

El hombre se levantó de su asiento para dar con el mazo en el picaporte de madera, llamando así la atención de la sala.

- Lores y Ladies del Wizengamot, estamos reunidos aquí hoy para tomar una decisión en cuanto a qué hacer con uno de nuestros compañeros.- Se vio interrumpido ante los gritos de todas y cada una de las facciones, salvo por Harrison que estaba muy tranquilo. Su facción también lo estaba, pues dejarían que se defendiera solo, en caso de votación, votarían a su favor. – Sí, mis Lores y Ladies, se trata de Lord Peverell, el cual el día de ayer tuvo un duelo o mejor dicho una batalla campal en contra de unos ciudadanos que estaban bebiendo tranquilamente en las Tres Escobas, destruyendo el lugar y matando a unos cuantos civiles inocentes, que tan solo pasaban por allí, así como a tres prominentes Lores de esta augusta asamblea. ¿Tiene algo que decir, Lord Peverell?- Preguntó el hombre con el ceño fruncido, pero se le notaba en la voz que estaba contento.

- En realidad sí… ¿Quién eres?- Preguntó, causando unas pocas risas entre la multitud.

- Soy el nuevo Jefe de Magos…

- Lo dudo. Para eso nosotros, el verdadero gobierno, tendríamos que haberte votado y no recuerdo haberte dado mi voto.

- Bueno sí, eso es semántica. Soy el Jefe de Magos en funciones.

- Muy bien, vamos avanzando, pero ¿Quién eres? No reconozco tu cara.

- Soy Bartemius Crouch Sr. y…

- Y nada. Señor Crouch, no es ni siquiera de una casa menor, así que la próxima vez que decida acusarme sin pruebas, le recomiendo que cierre la boca o veré que su carrera en el ministerio de magia, está acabada.

- ¿Es una amenaza?

- De hecho, no. Es un hecho. ¿Acaso piensas que voy a dejar que me tires en Azkaban como hiciste con mi padrino, Sirius?- Preguntó levantando ciertas cejas ante la acusación. – Sé de buena tinta que tú eras el que decidía en aquella época, junto con el Jefe de Magos Dumbledore. Menudo complot, ¿Eh?- Picó un poco, pero no dejando que contestara, más no dejando que nadie contestara en el Wizengamot, continuó como si nada. –Parece ser que la estupidez humana es hereditaria o contagiosa, porque si no, no me explico cómo gente como vosotros cae en los mismos errores que los de ayer cometieron. Cuando digo los mismos errores me refiero a Fudge y su corte de idiotas.

- ¡Como te atreves a insultarnos!

- Me atrevo, porque estáis todos pendientes de mi caída y pendientes de querer mandarme a Azkaban sin un juicio.

- ¡Mataste a personas inocentes!- Gritó el mismo Lord de antes.

- ¿Acaso estabas allí? ¿Has visto la memoria que está rondando por todos lados? ¿No? ¿Entonces qué hablas? Será mejor que calles y escuches, porque si me seguís probando mi paciencia, acabaréis todos desafiados a duelos de honor y no creo que vuestros hijos quieran ser sin nombre, todos ellos.- Explicó de mal humor Lord Peverell, callando al Lord que le estaba acusando. – Me defendí, en contra de la gente de Dumbledore o su Orden del Fénix, como queráis llamarlos. De hecho, hay una confesión de que todos ellos me atacaron. Cuando llevamos la pelea afuera, nos encontramos con gente vestida de túnicas negras y máscaras blancas. Ellos comenzaron a lanzar maldiciones contra mi persona. Me defendí únicamente. Si son tan estúpidos de creer que pueden llevarme abajo, entonces es la culpa de ellos, que están muertos.

- ¡Eres un nigromante!

- ¡Es Magia Familiar!- Alzó la voz Harrison, volviendo a callar al que había hablado. – Si vais a juzgarme por mi magia familiar, entonces Lord Malfoy debería estar en Azkaban, se dice que la suya es Legeremancia y ciertas artes oscuras.- Declaró con ira, aumentando y liberando sin querer su aura de muerte, dejando un estado sombrío en el Wizengamot.

- ¿Y la magia oscura que sacaste?

- Tu eres tonto o peinas calvos, Crouch. Tengo en mi poder cuatro subfamilias, ¿Qué crees que tipo de magia familiar tengo?- La risa después de esa declaración no se hizo de esperar. Al parecer estaban todos tocándole demasiado la fibra sensible a Harrison como para andar con rodeos políticos y buenas palabras.

Si solo entendían el vocabulario soez y las burlas, que así fuera.

La ministra de magia, en sí se aclaró la garganta para poder hablar, aunque el Jefe de Magos interino no la hizo caso, siguiendo discutiendo inútilmente con Harrison.

- ¡Eres una amenaza para nuestra sociedad, tú deberías haber muerto hace nueve años y no tus padres!

- ¡Hijo de puta!- Soltó Frank Longbottom saltando de su asiento, casi dirigiéndose hacia Bartemius, el cual se quedó atónito ante el arrebato. No fue el único, Lord Peverell levantó una mano, deteniendo a Lord Longbottom de hacer o cometer cualquier estupidez.

- ¿Y tu hijo? ¿Se encuentra bien en tu casa? Porque no murió en Azkaban como hiciste creer a la comunidad… es más, la ramera de tu esposa fue la que murió allí.- Insultó a Bartemius adrede, con la intención clara de hacer que saltara, pero lo único que hizo fue palidecer.

- Ya veo… ¿Crees que puedes asustarme, amenazando e insultándome? Ni siquiera tienes casa para hacerlo. No eres más que un bastardo que quiere ganarse el apoyo del público. Pero te advierto a ti y a todos, tengo el sesenta y cinco por ciento de éste gobierno, como comprobasteis ayer. Los gobblins están en revueltas, pues son mis aliados y aliados de mi familia mucho antes de que hicieran tratados con vosotros los magos. Si creéis por un instante que podéis tocarme y saliros con la vuestra estáis equivocados. Si creéis por un instante que vais a robarme mi posición en el Wizengamot o que vais a expulsarme, estáis equivocados. No soy ni Dumbledore ni Voldemort. Si me atacan, ataco y destruyo. Si vais a por mis aliados, voy a por vosotros. Si intentáis matarme, os mato. Que quede claro. Ahora hay que solucionar los problemas inminentes, tales como que no tenemos Jefe de Magos ni director en Hogwarts, aunque ese último, me corresponde a mí, para nombrar.

- El ministerio de magia nunca ha intervenido en Hogwarts.- Vino la voz… ¿Culta? De Malfoy, burlándose, pero no obstante sudando lo suyo ante la mera mención de su magia familiar. ¿Cómo lo sabía? Ni siquiera los Black sabían de ella… solo había una persona que lo sabía y estaba desaparecido desde hace más de nueve años.

- Lord Malfoy es correcto, pero hemos aprendido que la Familia Peverell es dueña del colegio, así que técnicamente él puede intervenir.- Respondió a la pulla Lord Alucard.

Malfoy lo único que hizo fue burlarse del hombre, que devolvió la burla con más ahínco todavía.

- ¡Señores!- Gritó Augusta para hacerse oír entre todos que seguían discutiendo por trivialidades, pero callaron rápidamente al notar la mirada de furia en su rostro. – Lord Peverell tiene razón, no es momento de insultarnos como críos en el patio de escuela. Lo importante ahora es solucionar el problema con los gobblins y Lord Peverell.

- ¿Qué pasa con ellos? Expulsemos a esas bestias.- Dijo Lord McNair, lamiéndose los labios ante la oportunidad de cortar cabezas.

- Toca a los gobblins y tu oro desaparecerá de inmediato, imbécil. Son ellos que llevan tus finanzas, por si lo habías olvidado.- Intervino Lord Nott, el cual estaba de acuerdo en dejar de decir sandeces, más que nada porque estaba asustado de que Lord Peverell desvelara la magia familiar Nott.

No es que fuera nada extraño, sino todo lo contrario, se dedicaba a uso exclusivo de las maldiciones y encantamientos eróticos, no era algo que quería que se supiera en el Wizengamot.

Como él, muchos más pensaban lo mismo. Además, la ley de las magias familiares no podía ser cambiada por nadie, ni siquiera por Harrison. Era ley inamovible.

- Antes de que nos vayamos de las manos, mis Lores, debemos cambiar al Jefe de Magos interino, no creo que soporte más la presión… de estar entre la élite.- Se burló Lord Black, causando la risa entre algunos de los demás Lores y un sonrojo de ira del mencionado.

Estando todos de acuerdo, Harrison preguntó si Regulus o Rabastan serían capaces de ser Jefes de Magos, pero Orion le paró, diciendo que Arcturus se encargaría de eso.

- Propongo a…- Dijo sonriendo ligeramente ante lo que iba a hacer. - … Radu Alucard, como Jefe de Magos, que su familia tenga el honor de llevarnos ante los empates y las discusiones sin sentido.

- ¡Me opongo!- Gritó Lord Malfoy, poniéndose de pie.

- Secundo la moción.- Desafió Lord Peverell, haciendo que los demás desistieran del intento de negar el hecho.

- ¡Es un extranjero!

- Y tú también, o te recuerdo que fue tu padre, Abraxas el que compró el asiento en el Wizengamot, criador de cerdos.- Burló de nuevo Harrison, cada vez más cansado del idiota rubio.

Lord Malfoy en cambio volvió a quedar mudo, se suponía que esa información no estaba disponible para nadie, pocos hoy en día eran conocedores de ese hecho y los que lo eran, estaban muertos ya… ¿Cómo el niño sabía estas cosas?

Las discusiones volvieron en torno a si Radu Alucard debía o no debía ser puesto como Jefe de Magos, hasta que Lord Alucard cansado de la idiotez, pidió el voto.

La facción de Peverell votó a continuación y por mayoría absoluta de votos, Radu Alucard fue puesto como Jefe de Magos del Wizengamot.

- Gracias, Lores y Ladies del Wizengamot. No se arrepentirán de su voto de confianza. Ahora pasemos a los temas realmente importantes, tales como la pronta rebelión gobblin y la metedura de pata del señor Dumbledore.

- Dirás Lord Dumbledore.- Habló el anciano que se parecía mucho al viejo.

- Me parece, señor Dumbledore de la Casa Menor de Dumbledore, que si bien usted tiene asiento en el Wizengamot con dos votos, no tiene derecho a Señorío.

- No todavía, las votaciones para que la Casa Dumbledore sea antigua serán en dos años, según mi hermano me dijo, nuestra casa pasará las votaciones.

- Eso hubiera sido posible, si todavía fuera proxy de la Casa Potter, pero como esa subfamilia fue absorbida, dudo que la familia Peverell o Lord Peverell de un voto a la Casa Dumbledore.- Informó Lord Black contritamente. – De todas formas, usted es Proxy para la Casa Dumbledore, ni más ni menos, dado que su hermano ha sido despojado de sus títulos y exiliado eternamente de Bretaña mágica.

- Mi hermano…

- Tu hermano era un ladrón, mentiroso, manipulador y traidor.- Confirmó Harrison cansado de toda banalidad. – Vayamos al asunto que nos atiene y nos podremos marchar. La rebelión gobblin se causó por la estupidez de atacarme físicamente en varias ocasiones, soy, como muchos ahora saben, aliado de la nación.

Para que la nación reconozca un nuevo tratado, se deberá dar algunas cosas a cambio.

- ¿Y qué cosas, serían a cambio, Lord Peverell?- Pidió Lord Nott, con el asentimiento de otros Lores y Ladies que estaban hartos de que Malfoy hablara por ellos, lo único que estaba consiguiendo en claro, era ponerse en vergüenza él mismo.

- Igualdad ante nosotros…

- ¡Imposible! ¡Son criaturas oscuras!

- ¡Son bestias!

- ¡Son monstruos!

- ¡Basta!- Gritó el Jefe de Magos Alucard, haciendo un ruido sordo con su varita, lo cual llamó a todos la atención y les recordó algo primordial, tenían una herramienta con la que poder causar daño a alguien en el Wizengamot. Algo en lo que no habían caído hasta el momento por el calor de la discusión. – Por favor, continúe Lord Peverell.

- Gracias, Jefe de Magos Alucard. Con lo que iba diciendo, ellos y yo personalmente, queremos ciertas igualdades entre los magos y brujas de Gran Bretaña. Los gobblins, siendo una reconocida raza guerrera y banqueros, que llevan nuestro oro e inversiones, he de recordar a todos, quieren la oportunidad de ser iguales en la calle, poder salir del banco y tomarse una cerveza o copa en el Caldero Chorreante, como antaño hacían. También quieren poder comprarse una propiedad, nada fuera de lo normal, pero ante todo, quieren que se acabe la persecución. Yo, por el contrario, quiero todo eso y más, he de decir, que el nuevo tratado incluye a cualquier "criatura" sensible a la magia, y ello incluye, hechiceros, brujos, druidas, hags, etc.

- ¿Y con ese tratado, Lord Peverell, no habrá rebelión gobblin?

- Ciertamente, Lord Nott. También he de decir, que sin la rebelión, no habrá banco cerrado y si no hay banco cerrado, no se cae la economía británica mágica. ¿Es bastante claro a todos?

- Muy claro, al menos para aquellos de nosotros que estamos escuchando, Lord Peverell. Propongo a votación la propuesta de tratado de Lord Peverell.- Forzó Lord Nott, el cual sabía que se iba a ganar sí o sí, pero daría una buena imagen para este Lord que tenía las ideas claras, o al menos más claras que el último al que sirvieron.

Además, pareciera que Lord Lestrange, su esposa y su hermano, llevaran en público las mangas subidas, algo que no esperaba ver que sucediera, pues tenían los tres la marca oscura, aunque ahora había desaparecido.

Pensando en un principio que encontraron con algún tipo de maquillaje mágico o glamour, recordó que ninguna de esas cosas solía funcionar, dado que la marca oscura se volvía a hacer visible.

"Debieron de encontrar algún tipo de magia para quitársela." Volvió a pensar nuevamente, mientras que votaba por la solución de Lord Peverell, ya que era algo que al menos el chico se había molestado en hacer.

- ¡Aprobado por mayoría absoluta!- Aprobó el Jefe de Magos, el cual asintió a Harrison, preguntándole para cuando tendrían un tratado preliminar.

- Ahora que lo dice…- Dijo sacando una carpeta de pergamino y cuero de su túnica. – Me reuní ayer con el Consejo de Ancianos y el Rey de la Nación Gobblin, para redactarlo. Aquí está.- Presentó el documento al Wizengamot y a la ministra, la cual solamente suspiró moviendo la cabeza.

Para Lord Nott, supuso algo bastante rápido y un poco confuso. O bien el niño tenía planeado desde un momento que todas estas cosas sucedieran, algo que realmente no creía, o… tenía buen presentimiento sobre lo que iba a ocurrir. Algo que sí que creía realmente.

Dos horas más tarde, se presentó la solicitud formalmente a Gringotts y los gobblins, cuyos representantes enviaron un emisario de alto rango, en el cual resultó ser Griphook, gerente de cuentas Peverell

Los Lores escucharon al gobblin hablar sobre la traición a las cuentas de su cliente, los robos presentados y como habían roto el tratado original, dado que la Familia Peverell desde sus comienzos en Britania, eran una de las familias que ayudaron a fundar el banco, junto con otras que ahora estaban todas extintas, inclusive la familia Hufflepuff, pese a las reclamaciones de los McMillan o los Smith ser pertenecientes a dicha familia.

Al oír eso, los Lores tuvieron presente que Hogwarts realmente pertenecía a la familia Peverell y que sin saberlo ni quererlo, siglos atrás se le dio el poder que tenían ahora, algo que era completamente irracional, pues Harrison Peverell se había hecho con el control de toda Bretaña sin quererlo, o eso pensaban ellos.

Cuando se firmaron los nuevos tratados, el gobblin se quedó en un asiento conjurado, con el logo de Gringotts, siendo portavoz de los gobblins en el Wizengamot.

- Nosotros en Gringotts agradecemos la oportunidad que se nos da, así como decimos ahora, que pocas veces vendremos a las reuniones. Solamente cuando nos interese a ambos lados.- Dijo el gobblin para toda la cámara, lo que para algunos fue un alivio, pues se sabía por experiencia que los gobblins eran realmente temerarios e implacables cuando querían serlo.

Otras de las cuestiones que se discutieron, fueron los juicios de los hombres de Dumbledore, del propio Dumbledore y de Sirius Black, recién sacado de Azkaban para que se le diera lo que se merecía y no se le dio, de antemano, un juicio justo, bajo veritaserum.

Se votó con unanimidad que fuera desde los más antiguos, hasta los más nuevos en el tema de la justicia, lo que quería decir, que la falta de juicio de Sirius Black, se llevaría a cabo en tres días.

Los juicios de Dumbledore y su Orden, serían llevados en una semana a partir de ahora. En cuestión de Hogwarts, Harrison proclamó que una nueva junta de gobernadores sería instituida en la escuela, así como nuevos profesores y de momento, siendo él el dueño, no habría director, llevando todo el papeleo él mismo.

- Pero se tendrá que trasladar a Hogwarts… ¿No es así?

- Así es, Lord Pucey. Me trasladaré mañana mismo. Estudiaré también las quejas sobre el poltergeist y si es necesario su… exorcización, así lo haré. La maldición que se dice que hay en el puesto de defensa contra las artes oscuras, será examinada con detalle y si la hubiere, quitada. Prometo, que Hogwarts volverá a ser la institución famosa y prevaleciente de Europa que estaba destinada a ser.

- ¿Qué pasará con la asignatura de estudios muggles?

- Será quitada de antemano, al igual que adivinación. Tengo entendido que en Bretaña no ha habido un oráculo en milenios, desde que los druidas abandonaron el país o desde que se escondieron. Así que si alguna vez, vuelven a haber oráculos, las mandaremos a los colegios de Delfos. ¿Alguna otra pregunta, con respecto a Hogwarts?

- Sí.- Dijo Lord Malfoy, levantándose nuevamente. - ¿Qué pasará con el maestro de Pociones, Severus Snape?

- Será juzgado y exiliado en consecuencia con lo de ayer. Me niego a tenerle en mi propiedad. Si se niega a irse, llamaré a la deuda de vida que le debe a mi familia y mi cobraré su vida. ¿Le he solucionado la duda, Lord Malfoy?

- Perfectamente… pero he de decir que es padrino de mi hijo…

- Que se lo hubiera pensado antes, Lucius, ahora deja tus estupideces en tratar de salvar a Severus de su destino elegido y mantente atento a lo que se discute.- Burló Lord Nott, dejando en claro la disputa por el control de la facción de tradicionalistas, lo que algunos de los más allegados a Nott notaron fue la ira contenida del mismo Lord Malfoy, al ser disputado en medio del Wizengamot.

- ¿Qué pasará con su asiento, Lord Peverell? Hogwarts le quitará mucho de su tiempo, sino casi todo.

- Ciertamente, Lord Nott, pero es realmente sencillo a esa cuestión. A los juicios de Dumbledore y Sirius Black, estaré presente en mi asiento, a lo demás, mi Proxy es perfectamente capaz de sentarse en mi lugar, ¿Verdad, señor Black?

- Ciertamente, puedo y estoy perfectamente capacitado para sentarme en el asiento Proxy de Lord Peverell. Votaré lo que mi Lord quiera que vote y propondré lo que él me diga, con mi consejo.- Declaró orgulloso Orion de que por fin pudiera hablar, aunque fuera en temas mejores que en los de antes, lo cual estaba sudando la gota gorda.

Más tarde y todas las cosas aclaradas, la prensa consiguió un gran artículo para sus distintos periódicos, pero aun así, esperaron en el atrio del ministerio, en donde las cosas estaban un poco tensas con los aurores y las familias de los que habían muerto en el atentado contra la vida de Lord Peverell en el día anterior.

Los familiares de esas personas, realmente no culpaban al joven Lord de que se defendiera con todo lo que tenía, pero tenían que estar allí para preguntarle qué pasaría con sus negocios y casas, por la estupidez de sus parientes.

Viendo Harrison que le deparaba algo bueno de la situación, sonrió para sí mismo y habló con Lord Alucard y Lord Black unos momentos, antes de girarse a la prensa y evocar un pequeño podio en el cual se subió.

- Disculpen, buena gente del reino mágico de Bretaña, pero me gustaría dar una única declaración.- Aceptó de buen grado las preguntas que los periodistas le hacían, hasta que llegó al punto en el que realmente le interesaba. – Yo, Lord Peverell, me encargaré personalmente del arreglo de las viviendas y negocios que fueron destruidos en la batalla de Hogsmeade ayer en la tarde. A las familias de los fallecidos en la batalla, me gustaría decirles que no tengo nada en contra de ellos y que sus negocios y casas estarán a salvo de mi ira, mi ira es solo contra aquellos que me deseen mal a mí y mis aliados. Eso es todo.- Dijo bajándose del podio y deshaciendo la evocación sin vara, dejando un silencio a su paso, mientras que se abrían paso con los otros Lores para salir del ministerio de magia, ya sea por aparición o traslador, como el que tenía Harrison.

Llegando al Castillo Peverell, tiró la túnica sobre un sillón y se sentó en el mismo, frotándose el rostro.

- Día cansado, por lo que veo.- Llegó la voz de su maestro Markus.

- No te puedes hacer una idea. La magia familiar ha salido a la luz…

- Entonces debes prepararte para lo que seguramente vendrá.- Opinó Marduk, el cual suspiró con resignación.

Todos sabían que tarde o temprano su magia familiar iba a salir, pero esperaban que fuera más tarde que temprano. No obstante, lo mejor sería planear por anticipación.

Los retratos en su mayoría lo interrogaron exhaustivamente de lo que había sucedido, dando consejos y opiniones ahora que Hogwarts no tenía un director.

- Deberías tomar los TIMOS y EXTASIS ahora Harrison, sé que puedes… ¿Cómo dice Lily?

- Bordarlos, Salazar.- Dijo la mencionada con una sonrisa cariñosa, le gustaba el fundador de la casa Slytherin bastante, aunque tuvieran diferencias en las opiniones de los muggles.

- Exacto, bordarlos. Sé que los puedes bordar, te has preparado exhaustivamente para ello, ¿Qué te obliga a asistir al colegio como estudiante?

- Sería el director más joven de la historia…

- Sí, pero no sería la primera vez… aunque en la historia hubo un director joven, no tanto como tú.- Opinó uno de los retratos de sus antepasados que fueron director de la institución. – Por cierto, el fénix de Godric ha desaparecido también y ahora que no nos ata los juramentos de director, estoy realmente apenado por haber ayudado al maldito bastardo Harrison.

- No te preocupes Ignatius, lo comprendo. Tenías obligación de ayudar al director. Solo espero que lo que me toca en Hogwarts no sea demasiado duro o que las cosas estén peor…

- ¿Así que solamente vas a administrar la escuela?

- Sí… estoy muy tentado de poner como director a Filius Flitwick o a Pomona Sprout. ¿Qué opináis?

- Primero ve como están las cosas y cuanto tienes que invertir. También pon más materias, como las que te hemos recomendado. Aritmancia y Runas antiguas en los tres primeros años, como introducción, luego las Runas, Aritmancia y Cuidado de Criaturas Mágicas, como más alto nivel desde cuarto a séptimo año. La biblioteca tendrás que examinarla, así como la del director. Quita las asignaturas basura, tales como Adivinación y Estudios Muggles. Vuelve a poner, Tradiciones, Política e Historia de la Magia.

- Pero Historia de la Magia ya hay…- Se quejó James.

- Impartida por un fantasma que lleva más de un siglo muerto, James.- Dijo Lily a su esposo. – Además, si me hubieran dicho cuando llegué a Hogwarts sobre las tradiciones, etiqueta y política del mundo mágico, creo que hubiera reaccionado de maneras diferentes a como lo había hecho. Estoy orgullosa de que lo hagas bien, Harrison.

- Gracias madre. Solo espero que todo salga bien.

- Yo también, ahora es la hora de cenar y descansar un poco, has tenido unos días… largos y moviditos.- Opinó Morgana, con la aceptación a regañadientes de Markus y Marduk, lo cual soltó risas de Harrison.

- No os preocupéis, llevaré el retrato del despacho del Lord a la oficina del director, para que podáis visitarme. ¿Por qué vendréis, verdad?

- Por supuesto Harrison, después de todo, tu educación debe continuar.- Sonrieron los retratos, al no querer desprenderse Harrison de ellos. No es que fuera únicamente por la información y los consejos, sino porque los había cogido cariño a todos ellos, incluso a los que no conocía aún.

Salto de Línea.

Sirius Orion Black recibió la noticia del intento de asesinato de su ahijado como si fuera la cosa más normal del mundo, con tranquilidad, o eso es lo que aparentaba.

Por dentro el hombre estaba muy preocupado, no sabía nada de su ahijado desde hace horas, probablemente estuviera bien, pues le habían visto en el Wizengamot, pero… ¡Era un niño! ¿Cómo un niño de nueve años, puede aguantar un intento de asesinato? ¡Debía de estar muy asustado en su interior!

Pero a Sirius le enseñaron de pequeño a mantener la calma en este tipo de situaciones y mantener un rostro inexpresivo, quien le había enseñado no era más que su madre, alguien a la que no se podía dejar el cuidado de los niños por su falta de cordura, pero… ¿Qué otra cosa podría hacer?

- Te lo estás tomando muy bien Sirius… ¿Estás bien?- Inquirió su prima Bellatrix con el rostro preocupado, aunque a Sirius le pareciera genuino, podría bien ser una treta. – Si yo fuera tú en este momento y Harrison mi hijo, estaría subiéndome por las paredes.

- No estoy bien… internamente estoy hecho un lío… ¿Cómo puede un niño hacer las cosas que él hace?

- Créeme hijo, eso me he preguntado por mucho tiempo, desde que lo conocemos.- Vino la voz de su padre, saliendo de la chimenea y viendo por vez primera la mansión Potter. – Es realmente hermosa… aunque le falta decoración.

- Eso es porque está en el Castillo Peverell, hijo o eso es lo que me dijo Harrison.- Llegó la voz del abuelo de Sirius, saliendo de la chimenea.

- Fantástico, toda la familia al completo.

- En realidad, falta tu hermano, que está con todos los niños… tal vez deberíamos venir aquí todos, para que los conozcas.

- Pero…

- Oh, no te preocupes, dudo que a Harrison le importe demasiado que vengamos todos. Además tu prima Andrómeda está ansiosa por verte. ¿Sabías que la joven Nymphadora es una metamorfomaga?

- ¡Y además está prometida a Harrison!

- ¿Ya tiene novia?

- Novias, en realidad. Va a reconstruir la Casa Peverell. Necesita cinco esposas.

- Wow… James debería estar muy orgulloso desde el otro mundo…- Cuando dijo esas palabras se cortó, con los ojos llorosos por la pérdida real de uno de sus mejores amigos. Peter no contaba, era un traidor y cuando lo encontrara lo mataría por lo que había hecho y Remus… Remus no sabía nada de él, ni siquiera si estaba en las islas. Debería mandarle una carta cuando su juicio saliera, para ver qué pasaba con el hombre.

Una vez recompuesto nuevamente, le contaron a Sirius de los años que se perdió al estar encerrado en Azkaban por culpa de Dumbledore y Crouch Sr.

También le contaron de su ahijado o al menos, lo que sabían de él, que era poco, dado que solía mantener sus cosas muy cerca de sí mismo.

- ¿Le gustan las bromas?

- No. No es como tú y James, en ese sentido. Es más del tipo… estudioso y político. También es muy tradicionalista, así que te recomiendo cuando lo trates, trátalo bien, no lo insultes.

- De acuerdo… supongo que es posible.

- Otra cosa Sirius… su magia familiar es peculiar.

- ¿Qué pasa con ella? Según la tía Dorea la magia Potter era más en temas de creación de hechizos y de ese estilo.

- El caso, es que no solo tiene la magia familiar de esa subfamilia. La Familia Peverell se distingue al parecer por la Nigromancia.

-¡QUÉ! ¿ES UN NIGROMANTE?

- Y no solo eso, posee las magias familiares de las subfamilias Gaunt, Slytherin y Gryffindor.- Dijo Arcturus, viendo como su nieto caía desmayado, cuando había dicho Slytherin.

- Bueno, al menos se ha tomado a bien que no le gustan las bromas.- Dijo Bella con una risa cantarina, levitando a su primo díscolo hacia la cama nuevamente.

- Sí… hablando de los niños y Regulus, creo que nosotros nos vamos cuando Bella vuelva, ¿Os quedáis con él?- Preguntó Rodolphus a Arcturus y Orion.

- Sí, nos quedamos hoy y mañana, de todas formas podemos hacer las cosas desde aquí. Da saludos a los niños de nuestra parte.

- Entendido. Nos vemos en el juicio de Sirius. Me alegro que las cosas salgan bien por una vez, Harrison debe estar contento, ¿Verdad?

- Creo que está en el Castillo… aunque creo que es posible que mañana se traslade a Hogwarts y se presente ante los profesores como el legítimo dueño.

- ¿Es seguro para él?

- Y si no lo es, sabe defenderse.

- Es bastante responsable, me alegro que esté comprometido a Adhara.

- Sí… mi niña pequeña ya está prometida… solo esperaba que durase años antes de eso y poder intimidar al niño que se me la llevara… ahora no puedo hacer eso con Harrison, conoce más magia que yo.- Dijo de mal humor, siendo consolado por su esposa, aunque las risitas que siguieron a ese comentario fueron en su mayoría de la misma esposa que lo estaba consolando y de su hermano.

Salto de escena.

El juicio de Sirius Orion Black iba a ser celebrado a puertas abiertas para la prensa y para el público en general que quisieran estar presentes.

Sirius, feliz de poder estar libre nuevamente y habiendo hecho las paces con su familia en estos días atrás, tras haberse pasado más de nueve años encerrado en la cárcel por delitos que no cometió, maduró finalmente, dándose cuenta, que las bromas y otras cosas de niños quedaban en la infancia.

La infancia y los años de Hogwarts los recordaría con cariño ahora. Pero de hoy en adelante cuando saliera de los juzgados, se dedicaría a otros asuntos. Asuntos más importantes para él, como conocer a su propio ahijado, el cual le había ofrecido una habitación en el Castillo Peverell si quería quedarse, pero con la condición de que los asuntos privados suyos y la práctica de su magia familiar, lo respetase y no criticase sin saber de antemano.

Esa conversación que tuvo con Sirius sobre el arte nigromántico y los problemas que daba, tras considerarlo magia oscura, aunque más que oscura la consideraba negra, Harrison le ganó de mano, diciendo que eso eran tonterías y que con la nigromancia también se podía ayudar.

- Te pongo este ejemplo, Sirius.

- De acuerdo, pero no creo que me convenzas.

- Esa es la cuestión, Sirius, no trato de convencerte de que la nigromancia es buena o mejor, lo que trato de hacer es que tengas el sentido común de no condenarme por la práctica de esa magia. Pero, como iba diciendo, te voy a poner un ejemplo, así que escucha con atención. A Amelia le ha resultado un caso imposible de resolver, un caso de asesinato, en donde una familia entera ha muerto, por causas que no pueden resolver y más aún, no pueden pillar al culpable. Hasta ahí entiendes, ¿No?

- Sí… pero esto no ha sucedido, ¿No?

- No Sirius, no ha sucedido. Es un caso hipotético para que entiendas. El caso, como iba diciendo, Amelia no puede resolver el crimen y está desesperada por pillar al asesino, el cual anda libre y sin más tapujos, quiere volver a cometer un crimen nuevamente, pues como no ha dejado testigos con vida, nadie le puede culpar, ¿Cierto?

- Cierto…

- Bien, pero Amelia contacta conmigo, que soy nigromante y me pide que contacte con las almas de los fallecidos. A través de las Sendas, puedo hacerlo. Lo hago y descubrimos al asesino que anda suelto, es más, descubrimos que magia utilizó para asesinar a la familia. ¿Ahora, la nigromancia es buena o mala?

- Mmm… en este caso sería buena pero…

- Pero espera. ¿Qué pasa si este mago, ha asesinado a la familia con lo que supuestamente es magia de luz?

- Eso es imposible…

- ¿A sí? ¿No puedes matar con un simple Wingardium Leviosa? O ¿Con un Diffindo?- Preguntó Harrison mirando a su padrino escépticamente.

El mencionado padrino, se le quedó mirando como si Harrison fuera tonto.

- No puedes levitar una persona y soltarla para matarla. No lo conseguirías, una persona pesa demasiado.

- ¿Tú crees?

- Sí y con respecto al encantamiento de corte, tampoco puedes cortarle mucho, ¿Qué le puedes hacer, un pequeño corte? Con eso no matas a nadie.

- ¿Querrías ser un sujeto de prueba?- Preguntó Harrison con el rostro serio, ya que Sirius se negaba a ver la verdad, la magia no era ni buena ni mala, ni de luz ni oscura, era el lanzador quien tenía las opciones de utilizarla para el bien o el mal. La magia era magia y no tenía colores absurdos como los que describía Sirius y la gente de Dumbledore.

- No… puedes explicarlo mejor con las palabras.

- Está bien. Cogemos a una persona, mago, por ejemplo, lo levitamos hasta una altura considerable o hasta un acantilado y… soltamos. Abajo hay piedras suficientes para que se reviente la cabeza. ¿Qué le pasa?

- Que muere…

- ¿Y quién le ha matado? La magia de luz, ¿No?

- No… el mago o bruja que lo haya hecho…

- Exacto Sirius, la persona que lo ha hecho lo ha matado. La magia, Sirius no es buena ni mala, no tiene color. Es como nosotros la utilizamos lo que nos define. Si la utilizamos para el bien o para lo que creemos que es el bien, es decir, para sobrevivir a los que nos quieren hacer daño, ¿Entonces, que estamos usando? ¿Magia oscura o de luz?

- No lo sé… todo es… muy complicado.

- En realidad no. La magia oscura tiene mala publicidad debido a los efectos que causa. También porque muchos magos y brujas a lo largo de la historia han intentado dominarla. Sabiendo que hoy en día y antes, hace milenios, la magia familiar podía poseer algún tipo de magia oscura, la gente no quiere verlo así. Con la nigromancia pasa lo mismo. Los nigromantes que están completamente locos o que están en el camino de la locura, son aquellos que quieren tomar más de lo que pueden ejercer.

Yo por ejemplo, puedo tomar mucho, pues los rituales que he practicado me permiten ir más allá de la nigromancia y estudiar si quiero las artes del alma, pero no quiero estudiarlos, solamente comprenderlos por si me encuentro con ese tipo de artes. También existe la demonología dentro de la nigromancia, ¿Crees que sería capaz de convocar dementores o algo peor de otra dimensión? No soy estúpido Sirius, no me gusta ese tipo de magia, pero no la catalogo como negra u oscura. Hay gente que la práctica, con cautela, por supuesto, pero no los… juzgo por ello. Es su naturaleza. Así que si quieres vivir conmigo en el Castillo Peverell, vas a tener que respetarme por quien soy y lo que soy. Si no puedes, entonces puedes marcharte y vivir donde te plazca.

- Pero si solo te pregunté si podíamos conocernos mejor…- Dijo Sirius un poco confuso por donde había ido la conversación.

Después de ese día, Sirius no volvió a mencionar nada de los colores de la magia, tomando las explicaciones de Harrison con un grano de sal, como se solía decir.

Ahora que era el juicio y que los abogados estaban haciendo lo suyo, pensaba seriamente en lo que le dijo Harrison.

Era probable que se confundiera cuando era más joven y que viera el mundo de manera diferente a como lo es, pues Harrison le había explicado muy bien, que había gente mala y buena en todos los lugares, pero que la gente, los muggles en especial, eran sobrevivientes y harían lo que fuera para sobrevivir.

No entendió muy bien esa parte, pues cuando le preguntaba sobre un tema, se expandía tanto que Sirius terminaba confundido.

¿Cómo en el nombre de Merlín y todos los hechiceros famosos, un niño a esa edad, podía ser tan maduro?

Mientras que pensaba en eso y otras cosas, como en su familia, los abogados al parecer habían terminado de discutir sus asuntos y ahora el Wizengamot en su completo, había propuesto darle veritaserum, siendo Amelia la interrogadora. Bueno, si ella le hacía las preguntas correctas, tendría que delatar a su familia, pues tanto Regulus como Bellatrix fueron mortífagos marcados.

- Dadle el veritaserum.- Ordenó Amelia Bones regiamente, sacando una lista de lo que suponía, eran preguntas.

Abriendo la boca para recibir el líquido insípido e incoloro, Sirius perdió todo signo de raciocinio y su vista fue nublada, junto con su mente.

- ¿Es usted, Sirius Orion Black, hijo del Heredero Black?

- Sí, lo soy.

- ¿Nacido en 1959? ¿De los padres Orion y Walburga Black?

- Sí, lo soy.

- ¿Fue usted un miembro de la Orden del Fénix, en la guerra anterior?

- Sí.- Fue la escueta respuesta, dado que el interrogador tenía que hacer las preguntas largas, las respuestas serían cortas, algo que era lamentable con el suero de la verdad más fuerte, pero así era la realidad.

- ¿Estaba Albus Dumbledore, conocido Jefe de Magos del momento y Director de Hogwarts, como líder de dicha Orden?

- Sí.

- ¿Marcaba el líder de la orden del fénix a sus miembros de alguna manera, como a los mortífagos lo hacía el que no debe ser nombrado?

- No.

- ¿Puede explicar?- Siendo una pregunta, que requería una explicación, más que monosílabos, la poción entraba en vigor, obligando al que la ingería a dar dicha explicación. Al parecer la poción funcionaba de maneras extrañas a veces, pero así era la magia.

- Sí, Albus Dumbledore no marcaba a su gente con un tatuaje, sino que nos daba un colgante de un fénix, el cual servía para decirle donde estábamos en todo momento y si estábamos en peligro inmediato.- Dijo no oyendo nada de lo que sucedía a su alrededor, más Amelia continuó como si nada hubiere pasado.

- ¿Era usted amigo del fallecido James Peverell, antes Potter?

- Sí, lo era.

- ¿Y de Lily?

- También. Sí, fui amigo suyo.

- ¿Es usted el padrino juramentado de Harrison Markus Peverell, también conocido anteriormente, como Harry James Potter?

- Sí, lo soy.

- ¿Podría decirnos en que consiste ser un padrino juramentado?

- Sí, consiste en jurar en la magia y la sangre, en no dañar al niño que se protege. Si ese juramento es roto, mi magia y mi sangre me matarían.

- ¿Es usted un mortífago o simpatizante?

- No.- Con esa afirmación hubo ruido en la sala y muchas preguntas alrededor, las cuales no podían ser oídas por el acusado que estaba siendo juzgado, dado que Amelia se había hecho cargo de que así fuera.

- ¿Usted mató a doce muggles en una calle de Londres y al mago conocido como Peter Petegrew?

- No.- Esa otra afirmación causó conmoción pues todos se pensaron que era correcta la respuesta y no negativa, salvo por Lord Peverell que sabía la historia o al menos parte de ella, pues aún no había llamado a las almas de sus padres, había algo en hacer ese hecho que le paraba y frenaba.

- ¿Era usted el guardián secreto del Fidelius?

- No.

- ¿Sabe lo que es el encantamiento Fidelius?

- Sí.

- ¿Podría explicarnos?

- Sí, es un encantamiento que guarda el secreto de un lugar o cosa en el alma de una persona. Por el ministerio de magia se le considera limítrofe con las artes oscuras, pues es bien conocido que al ser guardado en el alma de alguien, se utiliza las artes del alma, o como muchos dirían, la nigromancia.

- Gracias señor Black, por esa explicación, ahora a otras preguntas, ¿Está preparado para ellas?- Preguntó probando si todavía funcionaba el suero de la verdad.

- Sí.- Dijo escuetamente de nuevo Sirius, con la mirada perdida en el horizonte, sin ver realmente a su interrogador. Un signo claro de que la poción funcionaba correctamente.

- Sabiendo lo que es el encantamiento Fidelius, ¿Podría decirnos quien echó dicho encantamiento en el hogar Potter?

- Nadie.

- ¿Disculpe? ¿Puede elaborar?

- Sí, el hogar ancestral de los Potter o la mansión Potter, fue puesta bajo un Fidelius Familiar tras haber sido atacada y Lord Potter haber sido asesinado por los mortífagos de Voldemort en la última guerra. Nadie echó el encantamiento Fidelius en esa casa.

- ¿Dónde se escondieron los Potter?

- En una propiedad de Albus Dumbledore que vendió a James hace tiempo, para usarla como sede de la Orden del Fénix.

- ¿Por qué Albus Dumbledore vendió esa propiedad?

- No lo dijo.

- De acuerdo, señor Black. En dicha propiedad se escondieron los Potter, ¿Verdad?

- Sí.

- ¿Qué pasó?

- Se hizo el encantamiento Fidelius, lanzado por Albus Dumbledore y siendo el guardián secreto, Peter Petegrew.- Ahora sí que hubo revuelo, pero más de los últimos aliados y seguidores del viejo, que estaban en la sala del Wizengamot y tenían voto, tal como el nieto de Elphias Doge.

Durante unos minutos nadie habló, pues muchos estaban discutiendo la traición de Dumbledore y gritando que bien podría ser mentiras, pues un buen Oclumántico podría engañar al suero de la verdad.

Cuando pasó todo el desorden, Amelia volvió con la batería de preguntas.

- Díganos señor Black, ¿Por qué Albus Dumbledore dijo que usted era el guardián secreto?

- Porque así lo decidimos James, Lily y yo. Para proteger a Peter, pues como él era el más débil de nosotros, pensamos que si la gente sabía que él era el guardián secreto, irían a por él. Fue un señuelo.

- Gracias, señor Black, eso es todo.- Dijo Amelia, dando a los aurores la orden de darle el antídoto.

Una hora y media más tarde, el Wizengamot al completo tenía su veredicto, siendo la ministra de magia Augusta Longbottom, la que lo dio.

- Esta augusta asamblea reconoce el error que se cometió hace nueve años, al acusado Sirius Orion Black III, reconociendo al miembro de nuestra comunidad, como inocente de todos los cargos. Se le pagará un estipendio de diez mil galeones por año pasado en Azkaban. Caso cerrado.- Dijo dando con el mazo en su soporte, cerrando con éxito un caso que debió haber sido cerrado hace casi una década. – También nos aseguraremos aquí en el ministerio de magia, que el presunto asesino en masas y traidor de los antiguos Potter, ahora Peverell, sea llevado ante la justicia y que aquellos que lo encarcelaron sin juicio en Azkaban, sean investigados.

El próximo juicio se aplaza a cinco días de aquí en adelante.- Terminó la ministra de magia, levantándose para irse, pues el Wizengamot había terminado su reunión y su sesión. No hacía falta decir que todos podían irse a casa.

Sirius Orion Black salía de los tribunales del Wizengamot siendo libre y dado por el ministerio de magia un juramento de que se iba a investigar su encarcelamiento ilegal, más un estipendio de diez mil galeones por año pasado en Azkaban. Siendo noventa mil quinientos galeones más rico de lo que era ahora.

Salto de Línea.

Lord Harrison Markus Peverell estaba a las puertas de Hogwarts con tres de sus elfos domésticos, los cuales llevaban sus baúles con ropa, libros y lo más importante, un cuadro vacío, del cual podrían ir y venir sus ancestros para continuar con su formación.

Harrison esperaba al conserje en las puertas dobles de hierro, de la entrada del castillo. Mientras esperaba, veía a lo lejos dicho castillo con el ceño fruncido, parecía que las salas mismas lo reconocían como su Jefe, pero algo estaba mal… no podía poner de momento en lo que era, pero algo en las salas le decían que no estaban del todo completas.

Viendo a lo lejos un hombre medianamente viejo, con un gato a su par, supuso que ese sería el cuidador de los pasillos de Hogwarts, asegurándose de que los elfos cumplían con su deber en el castillo.

Llegando a las puertas, el hombre viejo estaba resollando un poco, más se le veía cansado y un poco de mal humor.

- ¿Quién eres y que quieres?- Preguntó hoscamente el supuesto cuidador de Hogwarts.

- Soy Lord Harrison Peverell, y quiero que me abras las puertas inmediatamente.

- ¿Tienes cita con el director?

- Ya no hay director.

- ¿Con la subdirectora?

- Tampoco hay subdirectora… ¿Usted lee las noticias últimamente?

- Tengo mucho trabajo para leer noticias mundanas y sin valor.- Fue la respuesta grosera que el hombre dio.

Con el ceño fruncido más profundamente que antes, si era posible, Harrison explicó brevemente y concisamente quien era y lo que quería para con el castillo.

- ¿Tiene alguna prueba?

- Llame al Maestro de encantamientos Filius Flitwick, el reconocerá quien soy… por cierto, ¿Es usted mago o algo?- Pidió al ver que volvía a darse la vuelta para ir a buscar a dicho profesor.

- No, soy Squib.- Fue otra vez, la respuesta grosera y gruñida del hombre.

- Eso lo explica todo.- Murmuró oscuramente Harrison, haciendo una nota mental para jubilar al hombre, cuando llegara al despacho del director, si es que hoy llegaba a tal cosa.

Viendo como el Squib marchaba hacia el castillo nuevamente, con paso lento, Harrison suspiró y creó cuatro asientos para él y sus elfos domésticos.

- Creo que será mejor que nos sentemos, si el hombre no llama a ningún elfo, ni puede mandar un mensaje mágico, estaremos aquí por un tiempo.- Dijo Harrison a sus elfos, sentándose en el asiento cómodamente y viendo hacia el castillo, pensando en que las cosas estaban de momento con un muy mal comienzo.