Nota de autor:

En este fic no suelo escribir muchas notas últimamente, ya que lo público y punto, pero a todos aquellos que siguen la historia y dejan comentarios, tanto como meten la historia a sus favoritos, les agradezco enormemente el apoyo y el hecho de que les guste.

Que no escriba notas sobre este hecho, no quiere decir que no lo agradezca.

En otra nota, habrá capítulos en los que tengan dos partes, siendo la segunda más corta que la primera o de igual manera.

Ahora, no suelo responder mucho a los comentarios de la gente, pero ha habido uno que me ha llamado enormemente la atención, por su similitud con uno del fic de "Harry Potter y el poder del conocimiento".

Es posible que no sea la misma persona y me hubiera gustado contestarle por algún mensaje privado, pero como eso no es posible lo hago aquí, para aclarar ciertos puntos en la historia.

A jmco:

Me parece justo que comentes, dado que es tu opinión personal sobre la trama y la historia en general, tanto es así, que te agradezco el comentario.

Es posible que algunos errores haya podido hacerlos, pero te aseguro, que mi historia no es canónica ni mucho menos. No me baso en la historia principal de Rowling, como se ha podido notar.

Es cierto que cojo los personajes y juego con ellos para escribir algo totalmente nuevo, puesto que para eso está la imaginación. Creo que en sitios de éstos, lo que se busca es hacer historias nuevas o dejar que la imaginación de la gente juegue un poco.

Ahora, hay ciertos puntos que me has dicho que me han llamado enormemente la atención, empezando con la riqueza y poder de Harry.

Todo ello se debe a la pura imaginación y el querer hacerle con dinero suficiente, no creo nada malo pase con ello.

La gracia, según veo en que Harry sea astuto, rico, poderoso, etc. está en las aventuras que puedan ir ocurriéndole a lo largo de la historia.

Si le hiciera dependiente, adinerado (Porque Harry recibe la herencia en la bóveda de confianza de sus padres en los libros, pero nunca se dice cuanto) y no astuto, sino lo contrario, creo que le haría dependiente de un adulto, algo que en esta historia no concuerda muy bien con lo que quiero expresar.

Es cierto que de momento no he puesto mucho suspense en los rivales de Harrison, pero es debido a que ha pillado a todos con la guardia baja, estoy seguro que si alguien hubiera aparecido con más poder que Dumbledore y Voldemort en la saga original y los hubiera humillado rápidamente, hubiera pasado algo similar a lo que escribo.

También hay que tener en cuenta, lo que escribo, en este fic y en el poder del conocimiento, hago alusión a un tipo de habitación que sale en la serie de Dragon Ball, algo que me encantó, dado que da la oportunidad de estudiar o entrenar en un solo día, pasando dentro de dicha sala un año o más, como intento que sea.

Hay que recalcar que en DBS (Dragon Ball Super) la sala del espacio y tiempo fue hecha nuevamente, pero con el beneficio de poder pasar más tiempo en ella.

En cuanto a los Horrocruxes, sí que leí los libros, de hecho varias veces. También vi las películas y he de decir que no me gustó la última parte de la séptima. Pero volviendo al tema que nos atañe, los Horrocruxes.

Es cierto que en los libros originales, Rowling no da más soluciones que aplicarles daño físico o mágico, tal como el fuego demoníaco en la diadema, el colmillo de basilisco en el diario o la maldición asesina en Harry, pero olvidas que es un mundo mágico, donde las posibilidades son casi ilimitadas.

Creo que el poder de la imaginación para cada cual quiera especular como sería posible destruir un ancla del alma, está bastante bien.

Hay gente que dice que con el beso del dementor es posible destruirla, así como en muchos fics donde Harry recibe el beso, y se fusiona con el Horrocrux que tiene dentro.

Yo por el contrario, busco algo más antiguo. Si la magia, como dice en los libros lleva más de mil años, es decir, que antes de la magia en Bretaña, había magia en todo el mundo y la sigue habiendo, como también nos cuenta que en Egipto, Bill Weasley trabaja como interruptor de maldiciones para los gobblins, ¿Quién nos dice, que los egipcios no tenían una mejor forma de destruir un Horrocrux? ¿Qué pasa, que los Horrocruxes es una invención de Voldemort?

En cuestión de las reliquias tienes toda la razón. La Varita de Sauco tiene que ser ganada tras un duelo.

En mi fic no es así, puesto que no y subrayo la palabra no, no es una reliquia creada por la muerte y dada a los Peverell.

Si has leído mi historia, menciono en los primeros capítulos que las reliquias son creadas por los hermanos Peverell, como objetos nigrománticos. Ni más ni menos.

Como tanto te gusta decir, en los libros originales, Ollivander dice que la varita elige al mago, pero el padre de Harry, eligió su propia varita y no al revés.

Además, para aclarar, ya que estoy en estos puntos de varitas. La vara de Harry está hecha a su medida, no está prefabricada como las de Ollivander. Creo que así es mucho mejor y más original.

También has podido notar, que recojo minerales que salen en las series o películas de Marvel, así como el Adamantium.

Lo hago, porque creo que le da una pizca de sabor, siendo el mineral más fuerte, aparte del Vibranium.

En relación con el odio que tiene hacia los muggles, lo veo justo, dado que Harry ha guardado rencor contra los parientes con los que se tuvo que quedar.

En los libros, Harry es abusado por ellos y no se hace nada. También los odia, pero no quiere verlos muertos.

En mi historia, los odia y los quiere ver muertos, como al resto de muggles que piensa que son iguales.

Es por eso que lo pongo así, anti-muggle y preferentemente pro-mágico. Imagino que habrá mucha gente que no le guste que los muggles sean los malos de la película, pero creo que es un recordatorio tanto lo que hizo la iglesia en el pasado en la historia.

(Debo pedir disculpas por esa aclaración al que sea católico, por mencionar la iglesia.)

Ahora, sobre el bashing, según lo veo me parece muy extraño que una mujer que ha tenido dos hijos mayores que han sido graduados de la escuela y que sus otros hijos vayan al mismo colegio, más que ella misma haya ido a dicha escuela y que se han educado en el mundo mágico, le pregunte a Ginny, en donde se encuentra la estación de tren y que además, sea tan obvia de decir que todo está lleno de muggles. Si ahí no hay manipulación o intervención de Dumbledore, no sé lo que es. Tanto como para que Ronald Weasley diga que el tren está lleno de estudiantes, cuando supuestamente es un tren mágico.

Pero entiendo que haya gente que le gusten los Weasley. A mí no me gustan por ciertos motivos y no todos ellos están en la lista. Empezando de mayor a menor es lo siguiente:

William y Charles Weasley, con ellos no tengo ningún problema, creo que ven los intentos de manipulación de su madre para con su familia, queriendo que todos trabajen para el ministerio de magia, en vez de hacer de sus vidas lo que quieran y gusten. También he de decir que Molly se la nota como controladora, y eso pasa en el quinto libro también, sobre todo en la discusión que tiene con Sirius.

Percy Weasley, le veo como un lameculos de los profesores, alguien que intenta seguir estrictamente las leyes y el ministerio de magia.

Los gemelos Weasley si bien son bromistas, algunas de sus bromas cruzan la línea y se convierten en matones, llegando al daño físico. Es cierto que están en un mundo de magia, pero los merodeadores también eran unos matones. Harrison en mi historia al menos, vivió con matones casi toda su vida, así que creo que es normal que no le gusten, ni ellos ni las bromas, al menos las que hacen daño.

Ronald y Ginebra, son dos polos que se parecen mucho. Si bien Ronald es un celoso y avaricioso, también lo veo como un vago, que solo con la ayuda de otros puede avanzar. También le veo como traicionero y rata.

En el caso de Ginebra, la veo como interesada únicamente en casarse con el niño que vivió, pues al crecer con las historias de él, seguramente se llegaría a obsesionar mucho con el mismo.

Aunque se la describe como una bruja fuerte y poderosa, siendo la séptima hija de una familia, no me gusta como pareja, pues el mismo pensamiento radical de que todos los Slytherin son malos, inundan sus pensamientos, como los de Ronald.

Si bien esto no es una excusa para que no me guste la chica, lo siguiente sí que lo es. Ginebra si está obsesionada con Harry, es por su fama y no por él mismo, pues como se ve en el libro de segundo año, ni siquiera puede estar en su presencia sin avergonzarse ni hablar coherentemente.

Explicando ahora por qué no me gustan los Weasley, debo pedir disculpas a aquellos que sí y que estuvieran esperanzados de que en este fic al menos se les perdonara o cambiaran sus estilos de vida.

También he de recordar, que no es canónica mi historia, no es basada en las personalidades de los libros ni nada.

En cuanto a la nigromancia, creo seriamente que te equivocas y te voy a decir porque.

La nigromancia puede ser etiquetada como magia negra, es cierto, pero hay que saber que en los libros de Percy Jackson, Nico di Angelo es un nigromante y no creo que tenga su alma desgarrada por invocar fantasmas o matar monstruos.

Viendo esto como claro ejemplo, he de decir también que dudo que por practicar nigromancia estés rasgando tu alma, dado que lo que haces es comunicarte con el más allá e intentar ir a los planos de existencia de los muertos. Que ponga que hay hechizos y maldiciones que matan, siendo atribuidos a la nigromancia, sí, pero eso no quiere decir que el alma sea desgarrada, sino los que han matado en la historia pasada de los libros de Harry Potter, tendrían todos Horrocruxes hechos, pues según tú, matar desgarra el alma.

Harry mismo también tendría un Horrocrux hecho, dado que su alma estaría desgarrada, aunque fuera solo por haber matado indirectamente a Voldemort en los libros.

De cualquier manera, la iglesia católica, expresó hace mucho tiempo, que el hacer autopsias a los muertos era considerado magia negra, es decir, nigromancia.

Debo reiterar, que el que en una guerra o, a sangre fría, o en defensa propia, no creo que desgarre el alma, porque si no, todos los personajes mágicos de los libros en los que salen este tipo de cosas, así como en el Señor de los Anillos, creo que entonces Gandalf es más oscuro que Voldemort, dado que mata continuamente y no se arrepiente.

En cuanto a tu punto de tachar a la gente de ignorante o imbécil por querer una convivencia con el mundo muggle, ¿He de recordarte lo que la misma iglesia hizo a la gente cuando creían que eran brujas?

En el mundo mágico de Rowling hay cuadros que hablan, ¿Por qué no habría retratos que dijeran lo que los muggles harían si se enteraran de la existencia continuada del mundo mágico?

Es normal, al menos como lo veo, de que Harrison odie a los muggles y vea los mismos puntos de vista o similares de otros como sus mismos pensamientos. No será el primero, ni el último que tenga un punto de vista similar. En la saga Crepúsculo, los Vulturi dicen que los humanos son comidos y que no pueden exponerse a ellos, ya que con las armas y tecnologías que tienen hoy en día, los destruirían. No sería de extrañar, ya que la raza humana a lo largo de la historia ha ido destruyendo lo que no entendía o llamando demoníaco a aquellos actos que se hacían, antes de que la iglesia llegara. (Siento meterme en estos temas teológicos y de religión)

En cuanto al punto de la nobleza, tienes razón, en el canon no existe, pero mi fic no es canon. Así como te lo digo, además la jerarquía según la veo en el quinto libro, es muy similar a la cámara de los Lores y comunes.

Puede que me equivoque, no te digo lo contrario, pero como describo las Casas y demás, es porque veo que la política del mundo mágico es completamente diferente a la normal.

También pienso que Rowling no quiso meterse en el ámbito de las Casas Nobles y Antiguas porque tal vez a la hora de traducción en los demás países era completamente diferente. Pero volviendo al tema del pasado, creo seriamente que sí que había Casas y Lores o Señores. Dado que vivían en una época feudal, sea mágica o no. Sino, mírate la serie Merlín o los fics y libros sobre el hechicero Merlín. Él era el consejero del Rey Arturo Pendragon y en esa época se describe el tipo de casas.

Sobre la última parte de tu comentario, no encuentres bashing a los personajes femeninos, pues les doy tanta importancia como al resto de personajes, que todavía no les dé un acto no quiere decir que no lo tengan o vayan a tener.

El que Harrison tenga cinco esposas es por las casas que juntó a la familia Peverell. Es una esposa por casa, metiéndome en lo que se llama Harem, para probar.

Es posible que una persona tenga muchos hijos e hijas, no lo discuto, pero también depende de la pareja. Habrá parejas que no quieran más que uno o dos, otras que no quieran más de cuatro, etc.

No discuto que Bellatrix no sea fuerte, pero la política de las Casas es que el hombre herede, en el caso de Amelia ella es regente y cuando Susan tenga un hijo, deberá llevar el apellido Bones para que su hijo "reine" sobre la casa Bones, igual que en las Casas Davis y Greengrass, como otras casas que hay solo herederas. Creo que eso lo menciono en alguno de los contratos de matrimonio, sobre todo cuando Lord Greengrass pacta con Lord Peverell.

Sigo diciendo que en la época pasada, todo era muy machista, en algunos casos, como los aquelarres, eran las mujeres las que mandaban.

En cuanto al nombre de Morgana, nunca he mencionado que sea Le Fay, enemiga de Merlín. Puede ser cualquier mujer que haya sido llamada en honor a la hechicera.

Ahora te voy a explicar. Para la Casa Potter, una esposa, para la Casa Gaunt, una esposa, para la Casa Slytherin, una esposa; para la Casa Gryffindor, una esposa y para la Casa Peverell, que es la que las junta a todas las otras Casas, una esposa también.

Son cinco esposas por Casa. No tenía pensado develarlo en el comentario, pero las esposas de Harrison recibirían el apellido siguiente:

Peverell de Gryffindor.

Peverell de Slytherin

Peverell de Potter

Peverell de Gaunt

Peverell

Que solo sea para diferenciarlas o para diferenciar los linajes es algo que todavía no he pensado.

Y para finalizar, que no te recuerde tanto al sistema oriental, pues intento basarlo en el medieval europeo. Un poco más avanzado debido a las nuevas ideas, dado que en la Edad Media no existía la idea de Ministerio, pero esa es la idea principal.

Por último, no creo ni por un momento que adivines lo que estoy pensando o como continuar la historia, dado que en la realidad, saliendo de la ficción, dudo que puedas leerme la mente.

Posdata: Es cierto que en la saga no es descendiente de los fundadores, pero se dice que los Gaunt descendían de los Peverell, siendo los Gaunt hablantes de Pársel, también se decía que descendían de Salazar Slytherin.

Los Potter se decía que descendían de Ignotus Peverell.

¿Por qué Gryffindor no puede ser un hijo perdido de Antioch, cuando era normal que se tuviera hijos a una edad temprana?

No digo que Harry sea descendiente de los fundadores, digo que los fundadores son descendientes Peverell. Al menos Gryffindor y Slytherin.

Ahora para los demás que habréis leído el comentario de respuesta a jmco, si hay a alguno que le ha molestado algo de lo explicado o la mención de la iglesia en el tema, pido mis disculpas, no suelo mencionar estas cosas en comentarios y no quiero mencionarlo tampoco en los fics, a no ser que no tenga más remedio.

También quiero volver a reiterar, que esta contestación al comentario de jmco es la primera vez que sucederá, dado que me ha tocado un poco y llamado la atención. Es muy parecido a uno anónimo del fic del poder del conocimiento.

Desgraciadamente, he tenido que contestar en la nota de autor por no poder mandar un privado, como me hubiera gustado.

Para despedirme, doy las gracias nuevamente por la paciencia de todos vosotros y les dejo con un nuevo capítulo. Espero que les guste.

Un cordial saludo.

CAPITULO 8

PREPARANDO HOGWARTS

PARTE 1

La tarde estaba cayendo en los jardines del colegio de magia más importante de Bretaña mágica, con ello a las afueras de las puertas dobles de hierro que daba acceso a la entrada de los terrenos del mismo colegio, se encontraba un niño peculiar con tres elfos domésticos, sentados en lo que eran sillones de felpa, adornados con un escudo familiar.

El pequeño profesor Flitwick, desde lo lejos instó al señor Filch de que se diera prisa y abriera las puertas de inmediato, pues reconoció quien estaba usando tales sillones.

Harrison nada más ver el reconocimiento desde lejos del pequeño profesor, se levantó de su asiento, desapareciendo éste inmediatamente.

- ¡Por fin! ¿Qué le ha tomado tanto tiempo al celador?

- ¡Lo siento mi Lord Peverell, pero estábamos en una reunión del profesorado y no pudo entrar el señor Filch hasta más tarde, cuando la reunión terminó!- Exclamó desde lo lejos el pequeño profesor un tanto abatido por hacer esperar al dueño del colegio más importante del país.

- No se preocupe, la verdad, es que pensándolo bien, el viejo celador se merece cierto reconocimiento por la protección que ha mostrado de la escuela, yendo a buscarle, Maestro Flitwick.- Alabó Harrison al cuidador, el cual solamente llegó a las puertas, abriéndolas un poco menos de mal humor e inclinando levemente la cabeza.

- Bien, chicos, conmigo.- Ordenó a sus elfos domésticos que se levantaron adormilados de los sillones, desapareciendo éstos en el momento.

Saludando Harrison como era competente al Maestro Flitwick en el idioma natal de su clan, se dirigieron hacia la oficina del director, para que Harrison diera toma de posesión del catillo y sus salas.

- Pero profesor Flitwick, ¿No deberíamos ir a la sala donde se ubica la piedra angular rúnica?

- No hay tal sala, Lord Peverell.

- ¿Cómo dice?- Preguntó Harrison con un rostro neutro, no podía ser que el primer problema que se presentara tal castillo, fuera el de no tener una sala donde las piedras de las salas no estaban.

- Verá mi Lord, la sala que describe no existe tal y como es, hoy en día en Hogwarts.- Explicó el medio gobblin un poco nervioso.

- Y, dígame, como se supone que las salas están en funcionamiento.- Exigió saber al respecto e inmediatamente.

- Creo, que en el despacho del director… ahora suyo, encontrará lo que busca. A los profesores normales no se nos permite verlo… lo siento.

- No es culpa suya.- Suspiró resignado ante la idea de enfrentarse a este problema. – ¿Han hecho lo que les pedí?

- Sí, encontramos todos los papeles relacionados con las cuentas de Hogwarts, también en el antiguo despacho de Dumbledore. No le va a gustar lo que encontrará, mi Lord.- Comentó por lo bajo el pequeño profesor, lo cual solo tuvo como respuesta un pequeño bufido por parte de Harrison.

Ya no le estaba gustando lo que veía de camino al despacho del "director" pareciera que el castillo necesitaba muchas reformas, lo cual era cierto, más de cuatro siglos sin cambiar nada y con las constantes "bromas" que destruían el castillo, era un milagro que aún se mantuviera en pie.

Llegando al primer piso tras mucho andar y asentir a los demás profesores que salían de lo que estaban haciendo por pura curiosidad de los eventos que se les informaron, Harrison llegó a la entrada que estaba custodiada por una gárgola algo fea.

- ¿Sabe la contraseña, mi Lord?

- No me hace falta, Maestro Flitwick. Además, puede dejar caer eso de Lord, puede llamarme Harrison.

- Entonces le pido que haga lo mismo, pero con el título de Maestro. Al menos hasta que sea alumno mío y dejemos de ser "compañeros".

- Gracias… Filius. Observe.- Dijo mientras caminaba con confianza en sí mismo hacia la gárgola y posaba su mano, en la que tenía el anillo de Lord Peverell.

- Yo, Lord Harrison Markus Peverell, Jefe de la Casa Antiquísima y Nobilísima de Peverell, reclamo Hogwarts como perteneciente a mi familia, así sea.- Dijo mientras un brillo azulado y dorado rodeaba a Harrison durante unos segundos, haciendo que la gárgola cobrara vida momentáneamente.

- Eres el Jefe las familias Slytherin y Gryffindor.

- Soy, y como tal, esas subfamilias ahora son pertenecientes a la rama principal, la rama Peverell.

- Entiendo y le doy la bienvenida a su nuevo hogar.- Dijo la gárgola haciéndose a un lado, pero no obstante pidiéndole que más pronto que tarde, fijara una contraseña.

- Adelante, Filius.- Dijo Harrison señalando hacia las escaleras móviles.

El pequeño profesor de encantamientos estaba fascinado con lo que acababa de ver, más el cuidador, el señor Argus Filch, también lo estaba, pero de una manera distinta.

Llegando hacia la puerta que separaba la oficina de las escaleras, Harrison tocó el pomo con el anillo y ésta se abrió lentamente, para mostrar el contenido de dicha sala.

La oficina era circular, generosamente grande para tal oficina, Harrison suponía que tenía encantamientos de expansión o salas, para ser más precisos, pues los encantamientos tendían a ir desapareciendo con los años.

La oficina era circular y con muchas ventanas, los retratos de directores y directoras antiguos estaban colgados de las paredes, estando el retrato de Albus Dumbledore arriba de donde se ubicaba la silla, donde se sentaba el director actual.

En el caso de Harrison, al haber exiliado a Dumbledore no tenía por qué aparecer el retrato, solamente pasaba cuando un director se jubilaba o moría, no cuando era despedido, sino, la sala estaría a rebosar de retratos.

Observando aún la sala circular, vio que había una gran variedad de libros y pergaminos en los estantes que había.

Observó como el sombrero seleccionador, parecía darle la bienvenida al castillo, algo a lo que sonrió, pues sabía por los cuentos de Godric, para lo que usaba ha dicho sombrero.

Sacando su vara, movió el retrato de Albus, preguntando al resto de los retratos que hacía el antiguo director ahí.

- Se supone que un retrato aparece cuando el director muere o se jubila, ninguna de estas dos cosas ha sucedido.- Explicó Harrison a la sala. – Si esto es una treta para que el viejo me espíe… entonces, creo que Findfyre le vendrá muy bien.

- ¡No!- Gritó el retrato con miedo de ser incinerado con fuego maldito. – Por favor, no hagas eso, es cierto que mi contraparte ni está muerto, ni está jubilado, ha sido expulsado del castillo y exiliado del país, no sé porque he aparecido, pero no me quemes…- Rogó pensando que se lo tragaría.

De hecho era una última treta de Albus para que su propio retrato espiara a Harrison y al director que él pusiese, para el Albus humano.

- ¿Te crees que soy tonto? Sé para qué estás aquí, retrato de Albus.- Dijo evocando una caja fuerte y encogiendo al retrato mientras que éste gritaba improperios, poco después guardó dicho retrato encogido en la caja fuerte y puso una sala de silenciamiento sobre la caja, atándola con otra sala para que no se abriera y volviendo a encoger la caja, guardándola en uno de los cajones de la mesa.

- ¿Alguna otra sorpresa? Que sepáis que no me gustan demasiado las sorpresas en mis propiedades…

- No… mi Lord.- Dijeron todos los retratos, inclinando la cabeza, obligados por el propio castillo a obedecer y jurar lealtad a Lord Peverell, el nuevo dueño y verdadero Señor.

- Bien… ahora…- Comenzó dirigiéndose hacia la silla y examinándola acerca si tenía magia externa dañina para él o cualquiera de la sala, no encontrando nada, hizo un movimiento de su vara bastante amenazador a toda la oficina, encontrando varios encantamientos escucha. Con otro movimiento, dichos encantamientos murieron al instante.

Sentándose en la ahora su silla, miró al celador de los pasillos de Hogwarts.

- …Ahora, tengo entendido que usted, señor Filch, es el celador del colegio, ¿Me equivoco?

- En absoluto. Soy el cuidador de los pasillos y terrenos de Hogwarts, ahora que el patán de Hagrid se ha marchado.- Dijo, viendo como el Lord delante de él sonreía ante el insulto al semi-gigante.

- Bien, ¿Qué edad tiene?

- Sesenta y cuatro años… estoy un poco mayor para cuidar de estos pasillos mi Lord… pero tampoco puedo marcharme de Hogwarts.

- ¿Por qué?

- No tengo dinero, como tampoco tengo donde ir. El antiguo director Dumbledore no le dio muy bien a pagarme por mis esfuerzos, como soy un Squib, dijo que no necesitaba cobrar un sueldo.

- Entiendo… ¿Cuántos años ha trabajado aquí?

- Cuarenta. Treinta y nueve, si se cuenta éste año, pero redondeando cuarenta.

- Se te pagará un estipendio y se te dará una casa en Hogsmeade para tu uso, como pago por no habérsete dado un salario. ¿Estás conforme?

- ¿Es en serio? ¿No es una broma?

- No bromeo, no me gustan las bromas. El gato es suyo, ¿Verdad?

- Sí mi Lord…

- Entonces se lo puede llevar con usted y todas las pertenencias que tenga en la escuela también.- Dijo Harrison cogiendo pluma, tintero y pergamino, haciendo una nota rápida a su gerente de cuentas, para que investigara si el señor Filch tenía una bóveda, en caso contrario, que se le abriera una, para darle el monto estipulado.

- Dobby, lleva esto a Griphook, no esperes respuesta.

- Sí Maestro.- Con un pop ligero, el elfo doméstico se marchó de inmediato. Girando la cabeza a Argus, le explicó que había mandado una nota para ver si tenía bóveda en el banco, de no ser el caso, se le abriría una y más tarde en el día, tendría todo el oro que se le debía.

- En dos días, tendrás una casa nueva a la que cuidar, señor Filch, espero que su jubilación sea agradable.- Deseó de verdad que el hombre tuviera una buena jubilación. La respuesta fue agradecimientos llenos de lágrimas, pues al parecer no le gustaba en absoluto su puesto de trabajo.

Con una mano, convocó los papeles que necesitaba examinar sobre el estado de las cuentas del castillo y el estado mismo de la estructura, así como las salas y la seguridad de los estudiantes.

- Filius, temo que voy a requerir de tu tiempo en un futuro, pero de momento me gustaría ver estos… pergaminos, a solas. Sé que no es culpa vuestra, del profesorado, pero creo que voy a necesitar ventilar ciertos… aspectos relacionados con Hogwarts.

- Lo entiendo Harrison. ¿Quieres que informe al resto del personal y la escuela sobre tu venida?

- Te lo agradecería, como también te agradecería que esta noche convocaras una reunión aquí en el despacho. Creo que hay ciertas cosas que deben ser cambiadas de inmediato… también creo que tengo que ponerme en contacto con el departamento de educación mágica… no puedo creer como ha decaído la educación en ciertos grados… si Godric y Salazar vieran esto…

- ¿Godric Gryffindor y Salazar Slytherin?

- Peverell ahora.- Confirmó Harrison con una sonrisa. - ¿Por cierto, donde están los retratos o marcos de los fundadores?

- No hay, Lord Peverell.- Vino la respuesta del primer director que tuvo la escuela. – Al menos no aquí en Hogwarts, o eso creemos.

- Sí, es una pena, con lo que nos podrían contar los retratos por la historia…- Opinó una de las directoras de manera soñadora, lo cual el resto de retratos asentían en señal aprobatoria.

- Bueno, eso cambiará, al menos Salazar y Godric, estoy seguro que les gustaría venir de vez en cuando a Hogwarts de visita. Hasta la comida, Filius.

- Hasta la comida… que te vaya bien.- Ofreció de vuelta Filius con una pequeña sonrisa, pues no lo iba a esperar en el Gran Salón a la hora de la comida. Él mismo sabía que la escuela estaba en un estado de deterioro con respecto a las clases, aulas, invernaderos, y muchas cosas más. Todo ello tendría que hacerse cargo el pobre Lord Peverell, la verdad sea dicha, no le envidiaba en absoluto.

Cuando el pequeño profesor salió del despacho, Harrison suspiró de cansancio ante lo que venía, pero no por nada había sido entrenado para este tipo de situaciones.

Cogiendo el marco y poniéndolo a su derecha, encima de dónde Dumbledore tenía sus baratijas, ahora vacío el estante, llamó a sus antepasados, para que fuera rellenado por el mismísimo Godric y Salazar.

- ¿Godric, Salazar, que hacéis aquí?

- Queríamos ver como estaba el castillo. ¿Qué has descubierto?

- ¿Hasta ahora?

- Sí… ¿No ha sido mucho?

- No… no mucho. La oficina tenía encantamientos escucha por todas partes, cosa que están erradicados. También estaba el retrato de Albus Dumbledore, algo de lo que me he encargado ya.

- ¿Lo has quemado?

- No, lo he encerrado en una caja fuerte con salas para no escucharlo. También para que no escuche él nada y no pueda salir de ese marco. Lo he escondido en el cajón del escritorio.

- Eso está bien… ¿Qué más?

- El castillo me reconoce como su legítimo propietario, algo bueno, lo malo es que Dumbledore tenía un celador Squib sin pagarle nada durante cuarenta años.

- Eso es malo… no porque sea Squib, sino porque no ha recibido un salario. ¿Puedo suponer que lo has arreglado?

- En efecto, Salazar. He mandado una carta a Griphook para que le dé un estipendio que he estipulado con el señor Filch…

- ¿Quién es Filch?

- ¡Godric! No interrumpas. Pero sí, ¿Quién es Filch?- Harrison rio de las tonterías de sus antepasados fundadores de la escuela, algo tenían que hacer tras estar ahora solos en el Castillo Peverell, debido a asuntos de familia, Sirius se quedaría una temporada en Grimuald Place.

- El señor Filch, es el conserje o celador de los pasillos y terrenos de la escuela. Es al que no se le había pagado nada. Ahora, antes de que me interrumpáis de nuevo.- Dijo viendo como abrían la boca, pero la volvían a cerrar, asintiendo a Harrison. – Hemos pactado una… pequeña suma de oro en indemnización y la compra de una casa en Hogsmeade por el pago de su arduo trabajo, jubilándolo. En dos días todo tiene que estar resuelto.

- Eso es un buen trabajo. ¿Qué más?

- De momento, poca cosa… ahora iba a ver los papeles de Hogwarts, salas, estado de las aulas y el castillo en general, etc. ah y también voy a comprar dos marcos mágicos y ligarlos a vuestros retratos, para que podáis visitar Hogwarts, ¿Qué os parece?- Preguntó a los dos "bromistas" en su tiempo libre, lo cual causó un par de sonrisas llenas de felicidad, sin tener que responder a Harrison.

El resto de horas hasta la comida, Harrison lo pasó leyendo los extractos bancarios acerca de las cuentas de Hogwarts y la bóveda que abrió para remodelar el castillo y hacer las reparaciones necesarias.

Al parecer el oro no se había tocado y el castillo estaba más que en banca rota, de hecho pronto Harrison tendría que reunirse con la ministra de magia y los gobblins para pagar la exorbitante suma de veinte millones de galeones al ministerio de magia.

Un grito de rabia y frustración se pudo escuchar en todo el castillo, asustando a fantasmas, poltergeist y estudiantes por igual, haciendo que un pequeño profesor de encantamientos riera descontroladamente.

- Ha comenzado a darse cuenta del estado del colegio.

- ¿Quién, Filius?- Preguntó Pomona Sprout, jefa de la casa Hufflepuff, con un rostro preocupado.

- El dueño del castillo, por supuesto. Lord Peverell.

- ¿Está aquí? Necesitamos hablar urgentemente con él, hay cosas que arreglar y no solo los invernaderos…

- Lo sabe y me ha pedido que os diga a todos los profesores, que una reunión se programa para esta noche… ahora creo que va a comer en la oficina.

- No sería bueno para él que hiciera eso, a su joven edad debe comer bien.- Vino la respuesta de la matrona, levantándose para obligarlo a asistir al menos a las cocinas.

- Yo que tú no haría eso Poppy.

- ¿Por qué?

- Creo que está más que furioso con lo que se haya encontrado. Dale tiempo.

- Está bien… pero si en tres días no baja a las comidas como Merlín manda, lo arrastro hasta aquí.

- Eso me gustaría verlo, Madame Pomphrey.- Dijo Lord Peverell, tomando asiento en donde solía estar el trono de Dumbledore, salvo que ahora había un trono en miniatura y un asiento mucho más… hermoso mirando en su lugar, con la cresta Peverell dibujada en la cabecera.

La sala quedó repentinamente en silencio tras la declaración del Lord, el cual se sentó en su nuevo asiento, en medio de todos los profesores.

Un aura de color dorado lo rodeó, aceptándolo como el nuevo Jefe de Hogwarts, aunque eso los estudiantes no lo supieran.

Suspirando, se levantó de su asiento, llamando la atención de todo el alumnado.

- Tengo ciertos anuncios que hacer. Como muchos de vosotros sabréis, soy Lord Peverell, legítimo dueño de Hogwarts.- Pausó un poco para tomar una respiración para tranquilizarse y no perder los nervios. – A partir de hoy, ciertos cambios se harán, dado que son necesarios. Que mie edad no os equivoque, soy perfectamente capaz de administrar este castillo hasta que esté en condiciones de la contratación de una nueva junta de gobernadores y un nuevo director, así como un subdirector también. En los próximos dos años, hasta el cumplimiento de mi undécimo año, seré como vuestro director, pero eso no… significa que podáis hacer caso omiso de las normas.

En otro ámbito, las normas de la escuela se basarán en la carta magna de la escuela. Se os enviarán copias a vosotros y vuestros padres o tutores. Aquellos que seáis huérfanos y viváis en un orfanato muggle, se cambiará en breve, pues uno mágico o refugio será creado.

El castillo, es necesario hacer ciertas reparaciones, por eso la semana que viene van a venir constructores mágicos para examinarlo. También vendrán gobblins para ver las salas del castillo y buscar la sala de la piedra angular, la cual es aquella habitación que tiene una piedra rúnica de salas y protecciones.

En el tema de las casas, seguirá estando tal y como es, al menos en las que se refiere a Gryffindor y Slytherin, hasta que los constructores digan que puedo usar una sala común lo suficientemente grande para juntarlas en la casa Mortem. Si tenéis alguna pregunta, os ruego que las pidáis a vuestros profesores. Tened una apacible cena.- Informó Harrison medianamente bien, teniendo la atención de todo el alumnado, dado que sí que lo conocían, al menos de los periódicos que se recibía en Hogwarts.

Volviendo a sentarse, los profesores se le quedaron mirando especulativamente.

- Me parece excesivo que tenga que hacerse cargo de Hogwarts, Lord Peverell. ¿No es suficiente con su Casa?

- Lo es, pero Hogwarts es mi propiedad y como tal, debo administrarla. ¿Acaso quiere buscar otro colegio en Bretaña mágica? Le insto a que funde el suyo propio si lo desea y tiene el oro para hacerlo, de no ser así, le pido que mantenga sus opiniones para usted, profesora…

- Burbage, Lord Peverell, tengo la clase de estudios muggles, compartida con el profesor Quirinus Quirrel.

- Pues eso profesora Burbage, tenga cuidado con su lengua. Ah y por cierto, todos y cada uno de los profesores se necesitarán en la reunión después de la cena.- Informó echando encantamientos de detección en la comida y bebida, lo cual le indicó una poción en todas y cada una de las tablas.

- Tomy.- Llamó a su elfo doméstico que trajo del Castillo Peverell.

- ¿Sí Maestro?

- Informa a los elfos de las cocinas en que cesen de inmediato de envenenar los alimentos de los profesores y puedo suponer que de los estudiantes también. No se admitirá que se les dosifique con pociones ilegales ni encantamientos o maldiciones. Si eso pasa, se les dará la prenda.- Informó Harrison severamente a su elfo, para que pasara el mensaje de la misma manera. – Gracias Tomy.- Añadió Harrison, dejando caer el tenedor y sin comer nada, el resto del personal y los estudiantes hicieron lo mismo.

Veinte minutos después, un elfo viejo y muy nervioso se presentó con nuevos platos de comida para todo el mundo, disculpándose efusivamente con Harrison por tal acto.

- ¿Quién te mandó que hicieras esto?

- Varios, Maestro Peverell.

- ¿Qué varios?, Dime los nombres.

- El primero de ellos, el señor Dumbledore. El segundo el señor Snape y los terceros, los alumnos Weasley… esos gemelos pelirrojos.- Dijo señalando a dos primeros años con idénticas sonrisas.

- Está bien, Tobby. No puedo hacer nada en contra de Dumbledore y Snape, dado que se enfrentan al exilio, pero ustedes, señores Weasley…- Se dirigió hacia los niños con una mirada de temor al ser atrapados en la broma.

- ¡Fue una broma inocente!- Dijeron ambos al unísono.

- No se tolerarán las bromas… inocentes. Hay una fina línea entre las bromas y la intimidación. De momento tendrán cada uno una reducción de cincuenta puntos para su casa, más un castigo de un mes con el Maestro Flitwick. ¿He sido claro?

- Sí, señor.- Dijeron ambos otra vez al mismo tiempo.

Cuando todos terminaron de comer su cena, esta vez sana de pociones y otras cosas, los profesores mandaron a todos a sus salas comunes, dejando a los prefectos vigilarlos. Los premios anuales fueron también invitados a la reunión, pues así informarían a los prefectos y éstos al resto de la escuela.

Cuando todo el mundo llegó a la oficina del director, ahora oficina del Lord, Harrison se encargó de que sillas o sillones cómodos apareciesen para todos, con un simple movimiento de su vara. No un movimiento de transfiguración, sino un barrido simple.

Cuando todos estuvieron sentados, Harrison barrió con la mirada al profesorado.

- ¿Dónde está Sybill Trelawney?- Preguntó Harrison a nadie en particular.

- No suele venir a las reuniones.- Aportó Filius de mala gana, parecía que los profesores restantes le habían nombrado delegado.

- ¿Pero es una profesora de Hogwarts?

- Sí, pero aun así no viene. No le veo ningún problema a eso.- Opinó Séptima Vector queriendo estar en sus cuartos privados, mirando sobre la Aritmancia de sus estudiantes.

- Winky.- Llamó Harrison a su elfina personal.

- ¿Sí Maestro?

- Avisa a un elfo de Hogwarts, de que vaya a por la profesora Trelawney, si ésta se niega, que la traiga por medio de aparición, no pienso empezar, hasta que el profesorado en su completo estén. ¿He sido claro?

- Sí, Maestro.- Dijo la elfina desapareciendo con un ligero estallido.

Minutos después se vio otro estallido en el que las dos elfinas aparecieron con la profesora esperada.

- Gracias Winky…

- Soy Roxy, Maestro Peverell.

- Gracias a las dos. Podéis retiraros.- Dijo a las elfinas, que se inclinaron y se marcharon.

La profesora de adivinación estaba algo confusa ante la repentina aparición en la reunión del profesorado.

- No entiendo porque tengo que venir a esta reunión, a mí no me interesa lo que se discuta.

- Creo, Sybill que ahora sí que te interesará. Estás despedida.- Anunció Harrison sin más preámbulos, dando la reunión por comenzada.

- ¿Disculpa? ¡No puedes despedirme, solo el director…!

- Pero Sybill, soy el propietario de la escuela y como le dije en la cena a la profesora Burbage, tengo completo control sobre la escuela, lo que se imparte y los contratos de los maestros. Y me parece que tu asignatura es una pérdida de dinero, tiempo y espacio. Recoge tus cosas y vete.

- Pero… pero…

- ¿Acaso te falta la compresión también?

- No…

- Pues vete. No es una broma por si piensas así.- Explicó Harrison tomando ciertos apuntes en un trozo de pergamino y cogiendo otros pergaminos sueltos por la mesa.

Suspirando por enésima vez en el día, levantó la vista hacia la profesora de adivinación que estaba lloriqueando.

- No me digas, que Dumbledore tampoco te pagaba el salario a ti.

- No es eso… es que no tengo un hogar al que ir…

- Una lástima, pero no es mi preocupación. Ve a Gringotts y pide que te recomienden una casa para comprar. Haz lo que te venga en gana, pero a la mañana no quiero que estés aquí.

- ¿Y qué pasará con los niños que se examinen de mis TIMOS y EXTASIS…?

- El ministerio de magia ya sabe de las asignaturas que estoy dando de baja y actuará en consecuencia, anulando dichos TIMOS y EXTASIS. Ahora, hazme el real favor de desaparecer de mi vista.- Dijo ya un poco más enfadado que antes, al parecer despedir a alguien de su puesto de trabajo, no era tan fácil como esperaba.

Bueno, para él sí, pero no para la persona afectada directamente.

Con un "pop" la elfina Roxy apareció y se llevó a la profesora molesta, ex-profesora ahora.

- Bueno, ahora sabéis porque todo el profesorado debe estar presente, ¿Verdad?

- ¿Vas a despedirnos a todos?- Preguntó con cierto temor la profesora Burbage.

- No, no a todos. Ahora que has hablado, profesora Burbage, tengo la mala noticia que darle…

- ¿Me vas a despedir?

- Si me interrumpes de nuevo, sí.- Dijo Lord Peverell, mirando a todos muy seriamente. – Parece ser que los modales entre ustedes no son del todo… lo que esperaba.- Terminó tomando un sorbo de su té, que tan diligentemente Dobby había traído. – Ahora, temo que la clase de estudios muggles será suspendía y quitada del plan de estudios. ¿Tienen alguna pregunta?

- Sí de hecho, Lord Peverell, ¿Por qué?- Pidió el profesor Quirrel.

- Es fácil. ¿Dónde estamos?- Preguntó a la sala, lo cual todos se quedaron mirando a Filius para que respondiera. Si no fuera por lo grave que era la situación, se reiría del medio gobblin.

- En Hogwarts.

- ¿Y qué es Hogwarts?

- Una escuela de magia.

- ¿Perteneciente?

- ¿A usted?

- Al mundo mágico. Estamos en una escuela de magia, que se enseña magia y todo lo relacionado con ella. Salvo por adivinación. Bretaña mágica no ha dado un vidente en milenios casi. No los va a dar ahora y si eso llegara a pasar, entonces mandaremos al estudiante a Grecia, para que aprenda de los oráculos de Delfos. Por otra parte, los estudios muggles no sirven de nada en el mundo mágico. No creo pertinente que los magos y brujas que asisten a esta escuela, aprendan de un mundo al que no van a pisar nunca. Si quieren saber algo de ese mundo, que pregunten a los mágicos de primera generación. Así como es clase va a ser destituida y quitada, voy a poner las clases de Política, Etiqueta y Tradiciones en su lugar, al que todo nacido mágico de primera generación o lo que se les llama ahora, nacidos de muggles y mestizos, deben asistir obligatoriamente, desde el primer año, al tercer año, incluyéndolo.

- ¿Así que estamos despedidos?

- De momento, sí. Puede ser que os contrate para los temas que he dicho. Así que profesores, si son tan amables de abandonar la escuela a la mañana, estaría agradecido.- Dijo Harrison haciendo una señal hacia la puerta.

Al parecer estos profesores no esperaron más, ni siquiera discutieron, se marcharon inmediatamente de la oficina del Lord.

Dando otro suspiro, se frotó las sienes un poco, no es que tuviera un dolor de cabeza, sino que estaba cansado y solo había estado en la escuela por unas horas. No quería imaginarse lo que le depararía en los próximos dos años.

- Ahora que ese negocio en particular está hecho, felicidades al resto, debo decir que sus asignaturas son excepcionales y no hay quejas, ni de estudiantes, ni de retratos. Tampoco de los fantasmas.

- Gracias, Harrison.- Volvió a hablar Filius por todos, viendo como soltaban un suspiro de alivio.

- Sin embargo, he de decir que no estoy contento con el estado de las cuentas del colegio y mucho menos con el estado arquitectónico y las salas. Es por eso, que la semana que viene, vendrán los constructores, también se hará una habitación especial, lo más seguro que en la cámara de los secretos…

- ¿Existe? ¿No era un mito?

- Sí, existe, Maestra Sprout.

- Por favor, llámame Pomona.- Pidió la maestra de Herbología con una sonrisa tentativa, pero honesta.

- De acuerdo. Podéis llamarme todos Harrison o Lord Peverell, como os sintáis más seguros. De todas formas, sí existe. La cámara de los secretos será utilizada para la creación de las piedras sala, por lo que cuando vengan los constructores y los gobblins que se encargarán de dichas salas y su construcción, el castillo debe estar vacío, es por ello que pagaré a Hogsmeade una suma de oro, para mantener a todos los estudiantes fuera del castillo. También los profesores. ¿Alguna duda?- Todos volvieron a mirar a Filius, el cual solo suspiró resignado por lo que le había tocado.

Él tenía sus dudas, pero para castigar a sus compañeros, negó con la cabeza, sorprendiendo a Harrison.

- Estupendo. Otra cosa, mañana me reuniré con la ministra Longbottom, mi gerente de cuentas y los gerentes de cuentas de Hogwarts, con referencia a la deuda que se debe al ministerio de magia.

- ¿Cuánto es?- Pidió esta vez Filius.

- Más de veinte millones. Es posible que de treinta a cincuenta millones.- Esa declaración dejó las bocas de todos los presentes semi abiertas. Ahora entendía que cerrara las clases que no hacían falta.

- ¿Cómo se pagara?

- De mi bolsillo, Filius. Tengo una responsabilidad para con el castillo y todas las mejoras que se hagan, las pagaré de mi bolsillo.- Mirando a todos, que ahora comprendían un poco el enojo del joven Lord, estuvieron en silencio por el resto de la reunión que se habló principalmente de los jefes de casa que faltaban.

Como no quería juntar de momento las dos cámaras Mortem, decidió que las profesoras Vector y Babbling serían las encargadas de ser las jefas de casa respectivamente.

Después de esa decisión, terminó la reunión pidiendo al personal que tuvieran paciencia con las asignaturas que faltaban y con la deficiencia de la enfermería, pues ella necesitaba ayuda para cuidar de tantos niños y niñas en edad de la adolescencia.

Cuando todos se marcharon, Harrison dio un suspiro de felicidad, haciendo las notas de lo poco que había solucionado y archivándolas en un sitio aparte.

De hecho, si se miraba desde la perspectiva general, no había hecho nada más que despedir a tres profesores y cerrar esas asignaturas, aparte de informar a los demás maestros y maestras de las futuras decisiones.

- Mañana será cuando haga realmente algo…

- Pero, Lord Peverell, ¿Realmente tiene el oro?

- Sí, Armando, tengo el oro para pagar la deuda de la escuela y volver a anexar Hogsmeade a los terrenos del colegio.

- Eso te costará más caro… no sé si la ministra permitirá que eso pase.- Opinó Phineas Nigellus Black, con una ceja arqueada.

- Lo sé… pero recemos a los dioses o lo que sea, que nos venda la propiedad. Tengo varios planes que involucran un refugio para los huérfanos que están en orfanatos muggles.

- Una idea loable, sí señor.- Felicitó uno de los retratos de las directoras. – Pero saldrá cara.

- Lo sé. Bueno, de momento no puedo hacer más, mañana nos veremos, hasta mañana.- Se despidió Harrison cerrando la oficina y dirigiéndose hacia el dormitorio que estaba al lado, el cual los elfos habían preparado y quitado de todas las trampas de Albus Dumbledore.

Salto de escena.

A la mañana siguiente Harrison se levantó temprano para bajar a desayunar e ir directamente hacia la oficina, tendría un día bastante ajetreado con su gerente de cuentas, los gerentes de cuentas de Hogwarts y la ministra de magia con tres Lores del Wizengamot, solo esperaba que fueran aliados suyos o los que se hacían llamar simpatizantes.

Con el desayuno terminado y la sala medio vacía de estudiantes y profesores, asintió hacia ambos, con la cabeza y se marchó nuevamente a la oficina.

En la oficina, ordenó sus papeles por orden de prioridad, siendo los pergaminos y libros de cuentas los primeros en estar en la lista de prioridad.

Después de una hora, tamizando a través de otros documentos, los que serían de clases nuevas a poner en el currículo de Hogwarts o más bien, clases que se habían quitado siglos atrás, las llamas de la chimenea se volvieron verdes para dar acceso a tres gobblins.

Griphook, gerente de cuentas de Harrison; un gobblin de aspecto feroz, que seguramente sería el gerente de cuentas de Hogwarts y por extraño que era, Björ, el anciano perteneciente al consejo gobblin.

Saludándolos en el idioma natal, les dio la bienvenida e hizo sus saludos tradicionales.

- Por favor, tomen asiento. Imagino que están hoy aquí para solucionar el problema financiero de la escuela.

- Exactamente.- Contestó Björ con una sonrisa dentada.

- Discúlpeme la ignorancia, Björ, pero ¿Qué hace aquí?

- Dos cosas, principalmente. La primera es que soy el gerente de cuentas o el jefe inmediato del gerente de cuentas del ministerio de magia. La otra razón es venir a por la espada de Godric Peverell.

- Entiendo. No he tenido la oportunidad de buscarla…

- No hará falta, mi Lord.- Vino la voz del sombrero seleccionador. – Con tan solo desearlo aparecerá. También tendrá que quitar la sala que tiene de aparecer a quien la necesite, pero he de recordar, que es una reliquia de la escuela…

- Y pertenece a los gobblins. Godric tendría que haberlo recordado hace tiempo cuando pasó a la otra vida.- Dijo, cerrando un momento los ojos, hasta que la famosa espada de rubíes apareció frente a sus ojos, en la mesa.

Pasándole la vara por encima, asintió cuando sintió la sala desaparecer y las demás salas y encantamientos en la espada, al menos los que fueron puestos por magos. – Ya está, ofrezco mis más sinceras disculpas en nombre de mi familia, por tan alta traición a la nación gobblin. Tome lo que es suyo por derecho.- Ofreció Harrison sintiendo pesar realmente de que este pequeño fallo causara malestar entre los gobblins.

- No debe disculparse, Lord Peverell, fue un fallo de su antepasado, no suyo. Sin embargo, la nación acepta sus disculpas. Todo está en orden ahora.

- Excelente, solo espero que la ministra tarde poco en llegar. Después de todo, le resolvemos un problema a ella también.

- Eso es correcto, Lord Peverell.- Llegó la voz de Augusta a través del fuego, saliendo de la chimenea un poco confundida.

- Una sala especial, quita las cenizas cuando sales de la chimenea.

- Es bueno saberlo… y muy interesante. ¿Magia familiar?

- No, de libre comercio. Olvidada, como muchas de las salas y magias. ¿Con que Lores vienes, Ministra?

- Con Lord Alucard, Lord Nott y Lord Malfoy.- Dijo de mala gana, pues los dos últimos Lores no eran de su agrado demasiado.

- Entiendo. Por favor, tome asiento, esperemos que no tarden los otros Lores.- Comentó mientras pedía a Dobby que trajera bebidas para sus invitados, llevando jarras de grog, un brebaje gobblin con alcohol.

- ¿Cómo ha llegado esto a sus manos, Lord Peverell?

- Tengo mis caminos, Björ. Espero que no le importe.

- En absoluto.- Dijo tomando un sorbo e inclinando la cabeza en señal de respeto. – Un reserva si mi lengua no miente.

- Y no miente. Me costó algo poder comprarlo, pero al final creo que mereció la pena.

- Espero que no nos des esa basura de bebidas al resto de nosotros… no somos como los gobblins, unos salvajes.- No pudo resistir el impulso de maldecir a Lord Malfoy que entraba por la chimenea, con el mismo ceño fruncido ante la sala de limpieza.

- No se preocupe, Lord Malfoy, estoy seguro que criadores de cerdos como su familia, encontraran más digno… la cerveza de trigo o de malta. Pero no tengo de esa, así que vaya a los criadores muggles con los que se junta, seguramente le vendan algo de lo suyo.- Devolvió con intenciones Lord Peverell, lo cual causó que la pálida cara del rubio se tiñera de rojo. – Ahora cállese y siéntese, no es más que un invitado hoy aquí.- Ordenó Harrison con voz de mando, siendo indiscutible.

Los otros dos Lores hicieron caso omiso de Lucius, sentándose lo más alejados posibles de él, que era poco a decir verdad.

- Hoy estamos aquí, para que Hogwarts pague por lo que debe al ministerio de la magia. Según los papeles, se indica que se debe un total de treinta y cinco millones y medio de Galeones. ¿Es correcto eso?- Preguntó Harrison al gerente de cuentas del ministerio de magia, el cual todavía estaba dando sorbos de su grog.

- Sí, es correcto, Lord Peverell.

- Bien, mi gerente de cuentas puede hacer el pago a usted, para que se realice el trámite correspondiente.

- No puedo evitar interrumpir, Lord Peverell, pero ¿De dónde va a sacar el oro? No creo que tenga un patrimonio tan grande…

- Lord Malfoy, no es de su incumbencia.- Dijo escuetamente el mencionado Lord, resistiendo enormemente las ganas de matarlo allí mismo. – Pero sí, tengo el oro para pagarlo, también para recuperar el pueblo de Hogsmeade. ¿Estaría de acuerdo, ministra?

- ¿Treinta y cinco millones en total debe Hogwarts? ¿Cómo no ha cerrado?- Preguntó la mencionada incrédula ante lo que oía.

- Pregunte a Dumbledore en cuatro días, pero estoy seguro que no ha cerrado, debido a que el ministerio de magia ha estado interviniendo en Hogwarts periódicamente a lo largo de los siglos que se ha ido aumentando la deuda.

- Es impresionante… ¿Y lo pagará usted, Lord Peverell?- Preguntó Lord Nott respetuosamente.

Harrison se quedó mirando a dicho Lord un momento a los ojos, sin vacilar, juntó las manos y siseó a la habitación, algo que puso los pelos de punta a todos los invitados, gobblins incluidos.

- Sí, Lord Nott. Lo pagaré yo de mi bolsillo. ¿Me puede decir cuánto patrimonio tiene usted?

- ¿Cómo?

- ¿Y usted, Lord Malfoy? ¿Cuánto oro tiene en sus bóvedas?

- Eso no es de tu interés…

- Al igual que no es vuestro interés lo que haga con mi propiedad y mi oro. ¿He quedado claro?- Preguntó aceptando a sus basiliscos, los cuales siseaban un poco molestos por la siesta interrumpida. – Ahora bien, Maestro Griphook, ¿Puedo permitirme el lujo de pagar la deuda?

- Por supuesto, Lord Peverell, puede pagar esa pequeña deuda de nada, no hará mella a sus ingresos.- Contestó el gobblin, sabiendo que los otros Lores interesados en saber del patrimonio del joven, prestarían atención. – También puede comprar el pueblo de Hogsmeade y anexarlo a los terrenos de la escuela, como antaño.

- Estupendo, ¿Se encargaría personalmente de las transacciones, al igual que usted, Maestro de cuentas de Hogwarts?

- Por supuesto, Lord Peverell, solo tienen que firmar los presentes este pergamino.

- ¿Qué es?- Preguntó Lord Alucard con una ceja arqueada. Siempre era bueno preguntar y ser cauteloso de cualquier cosa que daban los gobblins.

- Es un contrato. Ustedes solo firman como testigos de que Hogwarts ha pagado la deuda que debía al ministerio de magia. Así, si algún otro ministro o miembro del Wizengamot intenta hacerse con el control de Hogwarts, alegando que se debe dinero al ministerio, será contrarrestado por las pruebas.

- Es eficaz… y astuto.- Firmaron tanto Lord Nott como Lord Alucard, siendo Lord Malfoy el último en firmar, con el rostro contrito, como si hubiere comido un limón, excesivamente acido.

- Ahora que está solucionado, en un día, las bóvedas del ministerio de magia se llenaran un poco más. Felicidades, Ministra Longbottom, ha recaudado una considerable deuda. Será recordada positivamente.

- Gracias, Maestros Gobblins, ¿Es todo?

- Lo es, gracias por su presencia.- Dijo Lord Peverell, despidiendo a los magos y brujas presentes, archivando con éxito los papeles y las copias que acreditaban que Hogwarts era libre de deudas. Tal es así, como los papeles de pertenencia del pueblo de Hogsmeade de nuevo a Hogwarts. Las rentas se pagarían ahora a Hogwarts en vez de al ministerio de magia y quien quisiera una casa allí, podría comprarla, pagando directamente a Lord Peverell, un buen negocio se había hecho. Seguramente en diez o veinte años, recuperara la inversión que había realizado hoy.

Salto de escena.

Al día siguiente, Harrison se volvía a encontrar en un dilema, no sabía por dónde continuar la administración de la escuela.

Si bien estaba falto de profesores competentes en las materias de Pociones, Transfiguración y Defensa Contra las Artes Oscuras (DCAO), también era necesario quitar el supuesto "mal de ojo" o maldición que acechaba el puesto de DCAO.

Teniendo un presentimiento de que el objeto de la maldición iba a ser el Horrocrux que Tom Riddle escondió en la sala de los menesteres, pidió a Dobby que comprara un baúl de catorce compartimentos, siendo estos expandidos para que todos los objetos de dicha habitación cupieren dentro. Siendo el dueño del castillo tenía sus lados positivos y lo iba a utilizar, quedándose con todo lo que encontrara.

Decidido ya, que su siguiente aventura sería la búsqueda y destrucción del Horrocrux, por medio del ritual sumerio que hizo en Gringotts cuando reclamó el anillo Peverell, es decir, la piedra de la resurrección, pensó en llamar por lo menos a Vlad o Radu, ambos eran más bien entusiastas en cuanto a las pequeñas aventuras que corría Harrison, más si tenían que ver con la nigromancia.

El exorcismo de almas al otro plano, tenía que ver con dicho arte, así que, cogiendo unas pocas pizcas de polvos Flú, llamó a la mansión Alucard en Londres.

Sacando la cabeza por la chimenea, esperó a que las salas avisaran a alguien de que estaba allí, siendo el que habían avisado, uno de los subordinados del Lord.

- Rendfield, buenos días.

- Buenos días, Lord Peverell.- Saludó el hombre mayor con más respeto que podía dar al niño, el primer encuentro que tuvo con él, le metió tal miedo en el cuerpo, que siempre temía estar a solas con él, no sabía el porqué, pero… lo temía.

- ¿Está Lord Alucard o Radu en casa?

- Están, espere a que les llame. Las hijas del señor Radu han llegado desde Durmstrang.

- Pensé que todavía tenían escuela.

- Sí, pero el actual director, Igor Karkarov las ha expulsado, por meterse en un duelo ilegal. Temo que no vayan a poder terminar sus estudios.

- ¿Qué las falta para terminarlos?

- Las clases normales, pociones, Herbología, Transfiguraciones y Encantamientos.

- ¿Se puede ir por fases?

- En Durmstrang, sí.

- Está bien, pídeles que vengan a ambos, tengo que hablar con ellos sobre un asunto.- Ordenó Harrison, viendo como el hombre salía casi corriendo de la sala de la chimenea.

Harrison se quedó pensativo durante unos momentos, era problemático que las hijas de Radu se hubieran quedado sin escuela a la que asistir debido a una estupidez, pero esas cosas solían pasar y desgraciadamente no tenía mucha influencia fuera de las islas británicas, lo que sí que podía ofrecerles a ambos, tanto Lord como padre de las niñas, era inscribirlas en el colegio de Hogwarts ahora, siendo "transferidas" desde Durmstrang para acabar con sus estudios.

- Harrison, ¿A que debemos el honor de tu visita?

- Oh, Radu, Vald, buenos días. Siento interrumpir, pero me temo que me voy a embarcar en una pequeña aventura nigromántica, ¿Queréis venir?- Preguntó, observando como ambos hombres se miraban con curiosidad y anhelo por salir un rato de las discusiones.

- Nos encantaría… pero no podemos. Tenemos un pequeño problema con mis sobrinas.

- Ah, sí. Han sido expulsadas de Durmstrang, ¿Cierto?

- En efecto, veo que le sacas la información bastante bien a Rendfield.

- Eso pasa cuando el hombre me teme, aunque no sé por qué, no muerdo.- Dijo con cierta burla no maliciosa. La cual sonrió ligeramente, aunque en las llamas le salió más como una mueca. – De todas formas, puede que tenga una solución para tus hijas, Radu, si quieres escucharla…

- Claro, ahora mismo escucho cualquier buena idea, ¿Qué tienes?

- Pasad a mi despacho en Hogwarts y hablamos. Luego podemos ir de aventuras nigrománticas.

- Eres un embaucador, Harrison, está bien, hazte a un lado. Vamos a pasar.- Dijo Vlad suspirando lentamente, odiaba cuando le convencían tan fácilmente, su esposa tenía el mismo don.

Sacando la cabeza, volvió a su mesa y se sentó detrás del escritorio, el cual estaba bien ordenado, después de dos días con varios papeles por todas partes.

Sus elfos, volvieron no con un baúl únicamente, sino con tres.

Uno de catorce compartimentos, y otros dos de siete.

- Los de siete, Maestro, son bibliotecas. Hemos pensado que tal vez los papeles estén más seguros dentro de los baúles.

- Gracias chicos, un maravilloso trabajo como siempre. Si podríais ir metiendo los papeles y documentos que ya están archivados, os lo agradecería enormemente…

- Ya está maestro, mientras que estaba en la chimenea, nos encargamos personalmente de meter los documentos archivados. Lo sentimos maestro.

- No lo hagáis, es bastante bueno. Gracias.- Con esas palabras los elfos desaparecieron y las llamas se volvieron verdes para dejar paso a Radu y Vlad, con dos hermosas damas siguiéndoles el paso.

Las dos chicas parecían estar en la adolescencia o casi adultez, tenían la tez pálida y hermosos ojos, una azules como el océano y la otra rojos carmesí, algo impresionante.

Eran altas, pero no demasiado, lo suficientemente justo. Delgadas, pero no en el extremo, sino de una complexión normal. Las túnicas que llevaban no revelaban mucho de las curvas de ambas mujeres, pero Harrison estaba seguro con ver sus rostros, que serían muy hermosas.

Sabiendo que una de ellas era una nigromante, desató un poco de su aura, tan solo para ver quien de ellas lo reconocía.

Viendo con sorpresa que ambas lo miraron con una ceja alzada, asintió hacia ellas en mutuo reconocimiento.

- Padre, ¿Es este el poderoso nigromante? ¿Solo he sentido un poco de su aura? No parece en absoluto poderoso para mí.

- Señorita Alucard, si desatara toda mi aura de muerte aquí, temo que los estudiantes tendrían pesadillas por la eternidad. Ahora no quiero que los estudiantes de primer año salgan traumatizados.

- Eso suena como una excusa.- Dijo la de ojos azules.

- Puede… pero hermana, hemos aprendido a no subestimar a los nigromantes… ¿Tal vez sea un Cainita? ¿O un Giovanni?

- Ninguna de las dos categorías, señoritas Alucard. Soy solo un nigromante en el proceso de aprendizaje. Tengo entendido que una de vosotras está interesada en las Sendas.

- Esa sería yo.- Dijo la de ojos carmesí con una sonrisa, que podría ser muy bien sensual.

- Veo.- Fue la respuesta de Harrison, mirando al padre de las chicas, el cual sonreía a sus hijas con orgullo no disimulado. – Tienes unas hijas curiosas, Radu. Será un placer tenerlas en Hogwarts para que terminen sus estudios.- Comentó como si no fuera nada, pues la verdad que no lo era, también era su deber para con la escuela y los futuros estudiantes, asegurarse de que los nuevos o los que habían sido expulsados de otras escuelas injustamente, terminaran sus estudios. – Desgraciadamente, todavía no poseemos profesor de Transfiguración, Pociones y DCAO. Sin embargo Encantamientos y Herbología sí que poseemos instructores. ¿Estarían interesadas en unirse a nosotros, señoritas Alucard?

- ¿Cuándo nos uniríamos?- Preguntó la de ojos azules.

- Al comienzo del curso que viene, el primero de septiembre. Supongo que tendrán que aclimatarse a Gran Bretaña y sus costumbres antes. Siento que no sea ahora.

- No es un problema, Lord Peverell. Mis hijas estarán dispuestas a presentarse a sus TIMOS en septiembre que viene y al año siguiente a los EXTASIS.

- Entonces está todo decidido, solamente necesito sus nombres, para que pueda presentarlos a la pluma que se encarga de escribir las cartas de aceptación.

- Por supuesto, Lord Peverell. La de ojos carmesí, se llama Irina. Tiene dieciséis años. La otra, la de ojos azules, se llama Ileana y tiene catorce.

- Estupendo. Ambas entraréis en quinto curso, justo para examinaros de los TIMOS, pero temo que Irina tenga que cursar sexto y séptimo, a no ser que pueda hablar este año con los educadores del ministerio de magia y se pueda hacer una excepción para ambas. ¿Estaría bien así?

- Por mí perfecto, nos sacas de un apuro.

- ¿Por qué?

- Si no acaban sus estudios, es decir, TIMOS y EXTASIS, no podrán sacarse la Maestría que quieran. Tampoco podrían entrar en una Secta.

- Entiendo. No os preocupéis, estaréis bien aquí. Ahora, esto es una copia de la carta magna del colegio, aquí vienen las reglas básicas que se impusieron cuando la escuela fue creada. Estamos actualmente examinando las otras reglas, para cuando terminemos, os daré el resto.

- Perfecto Lord Peverell.- Dijo Irina con la voz sedosa, tomando de su mano los pergaminos y mirándolo a los ojos sin pestañear.

- Temo que no te funcionará ese truco conmigo.- Sonrío a Irina, la cual frunció el ceño y se levantó de su asiento un poco indignada. – Ahora, a los negocios. ¿Estáis interesados en esta aventura de la que os hablé?

- ¿De qué trata?- Pidió Lord Alucard, hablando por vez primera, pero más relajado que al principio.

- Un exorcismo.

- ¿Crees que puedes hacerlo? No eres más que un niño.

- Cuida tus palabras, señorita Alucard. Este niño ya ha dominado las Sendas y sus Rituales.- De dirigió a Ileana, si tenía claro el distintivo. Ambas hermanas se parecían, pero por suerte, tanto pelo como color de ojos eran diferentes.

Ileana era morena con los ojos azules e Irina era pelirroja, como el tono de la sangre, pero más claro, con los ojos de color rojo carmesí. Muy hermosos en la opinión de Harrison.

Ambas chicas, por ningún momento se creían que pudiera hacer eso, pero no obstante mantuvieron la boca cerrada tras una mirada de su padre y su tío.

- ¿A quién vas a exorcizar?- Pidió Vlad interesado en la propuesta de Harrison.

- No es un quien, Lord Alucard, es un qué. También os dará la posibilidad de ver un poco del castillo.- Explicó pacientemente, pero con una sonrisa formándose en los labios. – Para que no haya confusiones, creo que un poco de historia está en el orden del día. Espero no aburrirles.- Harrison a continuación pidió a los elfos que trajeran bebidas para todos, incluidas las chicas, que estaban interesadas en al menos, la parte de la historia.

- Hace tiempo, el autoproclamado Lord Oscuro Voldemort, hizo una serie de rituales para mantener su alma conectada al mundo. Los rituales son conocidos como magia del alma, una rama de la nigromancia, en la cual hay que tener exceso de cuidado. ¿Hasta ahora bien?

- Sí… creo que sé lo que hizo…

- Un Horrocrux.- Fue la respuesta correcta de la pelirroja, la cual tenía un rostro de incredulidad. - ¿Cómo pudo estar tan loco?

- Esa pregunta, querida, no la puedo responder muy bien. El mago oscuro, conocido como Voldemort, temía a la muerte y por eso, buscó maneras de evitarlas. Desgraciadamente dio con el manual de Herpo el loco.

- ¿Ese?

- Sí, Radu, ese. No solo hizo un Horrocrux, sino que hizo siete. El último no intencional.

- ¿Siete…? Dividió siete veces su alma… el hombre estaba loco, en verdad…

- Muy loco. Desgraciadamente, uno de esos Horrocruxes se encuentra en Hogwarts. Ya he conseguido destruir dos de ellos con éxito.

- ¿Cómo los has destruido? Es decir, para destruir uno, tienes que invocar Findfyre o con veneno de basilisco.- Explicó Irina entusiasmadamente.

- Hay otras formas, aparte de esas que has dicho.- Sonrío a la cara de decepción de la chica. – De todas formas, no es eso a lo que estamos, tal vez, si nos acompañan en esta pequeña aventura, podríais ver como destruyo el alma de Voldemort o el pedazo de esa parte de su alma.

- Estamos dentro. Puede que no sea tan emocionante como la construcción de cero de una sala de muerte, pero, que me condenen si me pierdo la oportunidad de ir contigo en este tipo de locas aventuras.- Dijo Radu, poniéndose en pie inmediatamente y con el mayor entusiasmo que sus hijas le habían visto.

- Lo que ha dicho mi hermano, pero ¿Qué vas a hacer con el receptáculo? Estará impregnado de la magia del alma.

- En efecto. Desgraciadamente para limpiarlo, tendré que hacer un ritual de limpieza de objetos, pero temo que no tengo el tiempo para ello, así que lo guardaré en un sitio seguro.

- Ese ritual, también me gustaría verle. De hecho, creo que toda aventura que tengas con la magia nigromántica, me gustaría observar, si no te importa Harrison.

- En absoluto, pero… ¿Puedo preguntar porque?

- Hay ciertas personas que están muy interesadas en ti.

- Espero que para bien. Al menos para el suyo, no soy muy… indulgente con los que me atacan, eso lo sabes a la perfección, Vlad.

- Ciertamente. No, estas personas que están interesadas en ti, no son interesados en atacarte, sino en reclutarte.

- ¿Secta? Pensé que tenía que ser vampiro para pertenecer a ellas.

- Y tienes que serlo, pero no puedo decirte mucho más. No tengo permiso para desvelar ese secreto todavía.

- ¿Tienes que estar bromeando, tío? ¿Están interesados en él?

- Sí.- Dijo escuetamente el Jefe de la familia Alucard, esperando pacientemente a que Harrison los guiara hasta el destino del Horrocrux.

- Está bien, olvidemos eso de momento.- Comentó negando con la cabeza lentamente y recogiendo el baúl de catorce compartimentos. – Ahora vayamos a nuestra pequeña aventura, tal vez aprendáis algo después de todo.

- Cierto, ¿Cómo si nos puedes enseñar algo realmente que nuestros maestros, con décadas de experiencia, no puedan?- Dijo burlonamente Ileana, con la risa cantarina de su hermana.

Harrison evadió la pulla, ignorándola y abriendo el camino por los pasillos del colegio, ignorando las miradas y cuchicheos de la gente y profesores.

Llegando a la séptima planta, Harrison mandó que la puerta se revelara ante los ojos atónitos de sus visitantes.

Después, colocó un par de armaduras, ordenándoles que no dejaran pasara a nadie dentro, bajo ninguna circunstancia, salvo por alguna emergencia y solamente al Maestro de encantamientos, mientras que el negocio se estaba haciendo.

Entrando el grupo dentro, todos y cada uno de ellos se asombraron ante lo que vieron.
Presintiendo Harrison correctamente de que las cosas podrían ir más lentas de lo que esperaba, decidió llamar a sus elfos para que comenzaran la limpieza de lo que fuera de más valor. El resto volvería más tarde solo para hacer inventario. Lo que no sirviera de nada, lo quemaría.

- Esto ha crecido de lo que recuerdo…- Dijo Harrison para sí mismo, pero no obstante haciendo una señal a sus invitados y caminando por delante de ellos. – De todas formas está por aquí.- Dijo Harrison, pensando en sus cosas, hasta que decidió tener un poco de diversión a costa de las hermanas Alucard.

- Por cierto, Radu, pensé seriamente en la proposición que me hiciste.

- ¿Y bien? ¿Llegaste a una decisión?

- La verdad es que sí y acepto tu alianza formal.

- ¡Eso es magnífico! ¿Verdad hermano?

- De hecho lo es, pero dime, ahora que las involucradas están presentes, ¿Cuál de ellas escogerías?- Preguntó, Vlad, adivinando las intenciones del pequeño Lord.

- Es difícil decisión, pero me ha llamado mucho la atención la pelirroja…

- ¿De qué está hablando?- Preguntó Ileana con un mal presentimiento, acerca de su hermana, la cual tenía una mirada confusa en el rostro.

- ¿Por qué, hija? De un contrato de matrimonio, por supuesto, sellando una alianza entre las Casas Alucard y Peverell.

- ¿Con quién?- Preguntó esta vez Irina, deteniéndose y haciendo que la comitiva se detuviera también.

- Conmigo, el Lord de la Casa pronto a ser Ancestral de Peverell.- Contestó Harrison riendo de la expresión del rostro de Irina.

- ¿Es una broma?- Pidió Ileana atónita por las expresiones de su padre y tío. Si bien eran de diversión, tenían un dejo de seriedad, que indicaba que no estaban bromeando.

- Me temo que no lo es. Sería una gran oportunidad para que nuestra Casa echara raíces en Bretaña. Ya tenemos una alianza comercial, sería mucho mejor tener una alianza de matrimonio y Lord Peverell está dispuesto… ¿Así que, cual es el problema?

- ¡Que es un niño! ¿Cómo me voy a casar con un niño? Además, ¿Cuántos años tiene, siete, ocho, nueve? No creo que llegue a los diez.- Protestó la pelirroja, sabiendo que sería ella la que tuviera que contraer matrimonio con el joven Lord.

- Nueve. Y nos casaríamos cuando cumpliera los trece. Aunque con doce ya podríamos pensar en hijos, ¿No te parece?

- ¿No crees que eres un poco prematuro?

- Sí, pero… tengo que reconstruir mi Casa y siempre quise una gran familia. Además, no serías la única esposa. Debo casarme con otras cuatro, de las cuales ya tengo contratos firmados con tres más.

- ¿Tres? ¿Quiénes?

- La hija menor de Lord Greengrass, la hija de Lord Lestrange y la hija de Andrómeda Tonks, de la Casa Black. Con Irina serían cuatro. Me faltaría una. ¿Interesada, Ileana?

- ¡No! Quiero decir, si bien sería un honor, no quiero quitárselo a mi dulce y querida hermana mayor.

- ¡Traidora!

- Basta, si bien es divertido veros discutir por esto, tu padre ha decidido formar una alianza matrimonial con Harrison. Tendrás que resignarte, además no es del todo malo. Ambos tenéis los mismos intereses.

- ¿Quieres ser Maestro Nigromante?- Preguntó curiosa la pelirroja, mirándolo con otros ojos, ya por la resignación más que nada.

- Gran Maestro, pero sí, tenemos intereses similares. Además, deberás aprender la magia familiar. Ah, hemos llegado.- Anunció Harrison contento de cambiar de tema, no esperaba que se opusieran las chicas. Bueno, sí que esperaba algo similar, dado que en cierto modo era un niño, pero era más adulto que niño y lo había demostrado en varias ocasiones.

- ¿Y qué objeto es? ¿Un zapato?

- Un peine, ¿Tal vez?

- ¿O un collar? Aunque no veo a Voldemort usar un collar de mujer como ancla del alma.

- No chicas, eso de ahí arriba.- Dijo Harrison ante el intercambio de las dos chicas.

- ¿Una diadema?- Dijeron juntas al mismo tiempo, un poco sorprendidas por la elección.

- Tal vez es un travesti y se siente más cómodo utilizando ropa de mujer…- Observó críticamente Ileana, causando que todos rieran ante el comentario mordaz.

- No… no…- Comentó entre respiraciones largas Harrison. – Es la diadema pérdida de Ravenclaw. La utilizó porque es un tesoro para los británicos.- Terminó Harrison, levitando la diadema mencionada y creando una mesa en donde ponerla.

Haciendo que los espectadores retrocedieran un poco, Harrison comenzó a cantar en sumerio el ritual que acabaría exorcizando el alma de Tom Riddle de la diadema.

Zarcillos negros comenzaron a elevarse por encima de sus cabezas, formando una nube oscura, siendo una parte del alma de dicho mago.

Con un movimiento rápido y conciso de su mano izquierda, en la cual llevaba la piedra de resurrección, eliminó el espectro formado, desterrándolo directamente al inframundo, donde jamás podría regresar.

Al parecer las piezas de alma divididas, tenían un castigo en el Inframundo. Hacer Horrocruxes, al menos más de uno, era una práctica prohibida entre los nigromantes y los que usaban las artes del alma.

- Eso… es impresionante… ¿Qué idioma era ese?- Pidió Irina totalmente interesada ahora en el joven niño, que iba a ser su esposo.

- Sumerio.- Dijo, recogiendo la diadema y examinándola detenidamente. – Al parecer la magia oscura que había en ella, ha desaparecido también. Toma.- Dijo entregándosela a Irina.

- ¿Qué quieres que haga con ella?

- Es un regalo. Como prenda para nuestro compromiso. Haz lo que quieras con ella, pero te aconsejo que antes la laves o hagas un ritual de limpieza con ella. Luego, póntela, según la leyenda era utilizada por la misma Ravenclaw, como conocimiento sin límites.

- Imposible… no hay nada, ningún artefacto que haga lo que dices.

- Como he dicho, es una leyenda nada más… pero es tuya. Siento haberte causado problemas, con nuestro acuerdo matrimonial. Intentaré ser un buen esposo.- Dijo sinceramente, volviendo por donde habían venido.

El resto del viaje se hizo en silencio, salvo cuando Harrison mandó a los elfos terminar pronto y llevar el baúl al Castillo Peverell.

Cuando salieron, las armaduras volvieron a sus posiciones de origen, volviendo todos a la oficina del Lord.

- Ha sido toda una experiencia, gracias por enseñarnos algo nuevo.

- La verdad, no ha sido nada. Cuando queráis podemos ir a buscar más. Hay una cueva en la costa galesa, creo, que contiene otra pieza del alma. Además de ser una isla llena de Inferius.

- Avisa con antelación… creo que Irina es posible que también quiera ir. ¿Verdad?

- ¿Eh? Sí, sí, claro…- Dijo ausentemente, analizando con su hermana la diadema dada por su pronto a ser prometido.

Después de despedirse y volver a quedar con Radu y Vlad en Gringotts para formalizar los documentos, Harrison volvió a sus papeles suspirando por haber solucionado uno de los muchos problemas que tenía la escuela.

- Es hermosa. Tienes buen gusto.- Dijo uno de sus antepasados desde el marco del retrato, el cual servía para visitarle.

- Gracias, papá. Tiene algo que me llama la atención y no es porque sea una nigromante o medio vampiro.

- Puedo estar seguro de ello. Se dice que a la familia Potter le gustan las pelirrojas… aunque no sea cierto, pues tu abuela es morena.

- ¿Qué opinas?

- ¿De qué, hijo?

- De Sirius… y de los problemas en los que me encuentro para encontrar Maestros competentes.- Preguntó con otro suspiro, pero esta vez de cansancio, pues dirigir una escuela con muchos, pero muchos déficits era realmente complicado.

Solo esperaba que las cosas pronto acabasen, para al menos administrar los pequeños problemas, los cuales tendría que hacer frente, cuando los constructores y gobblins acabaran su parte.

Salto de escena.

Dos días habían pasado desde que Harrison destruyó el pedazo de alma de Tom y ahora podía decirse que era poseedor de todos los objetos perdidos de Hogwarts, dado que se almacenaban en la sala de los menesteres.

Ahora la sala vacía de objetos, había recobrado su forma original, que casualmente se parecía mucho a la oficina del cuidador, Filch, aunque dicha oficina ahora estuviera vacía, era un puesto de trabajo que tendría que cubrir también.

Con el problema resuelto a medias, dado que le faltaba por resolver el problema de los profesores, Harrison se encontraba estresado al máximo y no sabía qué hacer. Había tenido discusiones con los retratos de los antiguos directores, con los de sus ancestros y con Filius.

La solución más simple que veía Harrison, era pedir ayuda a sus aliados. Para ello escribió dos cartas, dos cartas de propuesta para cubrir los puestos de DCAO y Transfiguración.

La de Transfiguración la mandó a insistencia de Filius a la familia Lestrange, pues se decía que en la guerra, Rabastan era un duelista a temer, dado que utilizaba ese arte para todos los tipos de duelos, así como para las masacres que hacía en el mundo muggle.

La otra carta, la mandó a Lord Black, pidiendo que Sirius fuera el que ocupara el puesto.

Con la recomendación de Filius, diciendo que también era un buen duelista en la guerra y que al ser conocedor de algunas de las Artes Oscuras, bien podría enseñar a los estudiantes y acabar con dos pájaros de un tiro.

Pero eso no resolvía todo el problema, dado que todavía le faltaba un profesor. El de Pociones.

- Contrata al predecesor de Severus, Horace Slughorn.

- ¿Qué tal era? ¿Trataba bien a los estudiantes? No quiero un segundo Snape.

- Era muy bueno. El mejor Maestro de Pociones que hemos tenido en Hogwarts. En lo que respecta a los estudiantes, los trataba con respeto, si eso es lo que quieres decir. Había… otras cualidades que tenía.- Informó Filius tomando un sorbo de Grog.

- ¿Qué cualidades?- Pidió Harrison recostándose en la silla cómoda, encontrando que estaba incómodo dado las horas que estaba sentado y las pasaba sentado. Ahora deseaba poder salir un poco a correr y tomar el fresco. También echaba de menos su Castillo y sus prácticas de Nigromancia.

- Recogía a los estudiantes que creía que tenían dones especiales. Tal, cosecha de conexiones, las llamaba, si no recuerdo mal.

- ¿Eso es bueno?

- Depende. Para él sí y para los estudiantes también. Lo bueno es que no hacía diferencias entre las casas. Era justo con todo el mundo y si tenías un problema de cualquier índole, podían pedirle ayuda los estudiantes.

- ¿Cuál era el truco?

- Que tenía fiestas privadas con los estudiantes.- Dijo Filius viendo la cara de preocupación de Harrison se apresuró a explicar el caso. – No esa clase de fiestas, sino la clase de fiestas en las que alguien influyente presenta a los estudiantes a otras personas influyentes para ayudarlos en su elección de carreras. También había mágicos de primera generación, tu madre, una de ellas.

- Entiendo. Me dejas más tranquilo. No creo que quisiera tener un profesor pedófilo en mi castillo.

- Imagino, tampoco querría que eso sucediera. El problema, es que Horace está jubilado. Tendrás que apañártelas para recuperarle.

- Una carta del Lord más influyente del Wizengamot, creo que es suficiente… estímulo.- Opinó Harrison con una ligera mueca, pues imaginaba correctamente que tendría que reunirse con él en sus fiestas privadas de vez en cuando.

A Harrison no le importaban las fiestas privadas, lo que le importaba era que abusaran del poder de Harrison para otros beneficios que no fueran los suyos y los de sus aliados.

Agradeciendo a Filius el consejo de los profesores, continuó con su trabajo mientras que el pequeño profesor sacaba sus propias tareas a corregir.

Evocando una segunda mesa, Filius se sentó, esperando que no le importara a Harrison la intromisión de su despacho.

No diciendo nada, pues la compañía humana le vendría bien para un cambio, dado que sus familiares estaban fuera cazando ratas o lo que fuera, Harrison comenzó con las cartas.

A Lord Lestrange:

Me ha llegado la información, que su hermano Rabastan Lestrange, tiene de hecho, una Maestría en la materia de Transfiguración.

Con grandes esperanzas, espero que tu hermano pueda presentarse a una entrevista en el Colegio Hogwarts de Magia, Brujería y Hechicería, lo más pronto posible, para rellenar el puesto de profesor.

Mis mejores deseos para vuestra familia:

Lord Harrison Peverell.

La segunda carta era similar, pero dirigida a Lord Black, pidiéndole ayuda en lo referente al puesto de DCAO.

La última carta tuvo que meditarla unos momentos, para que fuera lo más… precisa posible en la información, pero sin tener que aparentar que necesitaba un profesor inmediatamente. No mendigaría la ayuda de un desconocido por muy bueno que éste fuera.

Sellando las cartas con el sello Peverell, las entregó a su elfo personal para que las mandara con urgencia.

Poniendo los papeles a un lado de los candidatos a los profesores, tomó un respiro y alzó la vista.

- Un problema menos. En cuanto lleguen los constructores después del juicio de Albus, y los gobblins dos días después, creo que podré hablar con el ministerio otra vez, para tomar las nuevas asignaturas.

- Eso está bien… ¿Qué harás con las asignaturas más antiguas que fueron eliminadas, como duelo y Batalla Mágica?

- Buscar Maestros que estén interesados en el arte. Ponerlas como materias optativas, por supuesto y ampliar los horarios de los estudiantes. Las tardes no deben estar libres, al menos entre semana.

- Sí… es una buena opción. ¿Y para recuperar el tiempo perdido?

- Lo mismo, cambiaré los horarios una vez que el castillo esté reformado y las salas puestas en sus lugares apropiados. Los horarios se ampliarán para recuperar el tiempo perdido de los estudiantes. Los sábados por las mañanas, tendrán que estudiar también con clases, no puedo permitirme el lujo de tener mala reputación a la escuela, no después de reclamarla como mía.

- Tienes buena imagen, tras haber recuperado Hogsmeade del ministerio de magia.

- Sí, pero un pequeño error, y esa buena imagen se irá. No puedo permitir eso. Cuando todos los grandes problemas se solucionen, contrataré una nueva junta de gobernadores y a un nuevo director y subdirector.

- ¿Contratarlos? ¿No serán el personal más antiguo?

- No… quiero cambiar eso. Salvo por el hecho de que el director tenga la responsabilidad de elegir a su sucesor. El puesto debe ser completamente ajeno a la escuela, pues se dedica a administrar el castillo. El director debe ser alguien responsable y que no robe, algo totalmente diferente a Dumbledore.

- Entiendo. ¿Y el subdirector?

- Igual que con el primero. También habrá tres nuevos jefes de casa, dedicados exclusivamente a los problemas de los estudiantes. Aunque creo que será mejor seis. Un hombre y una mujer, por jefatura de casa.

- Eso sería bueno, dejaría tiempo libre a los maestros para corregir a los estudiantes y enseñar más.

- Sí… aparte del hecho, de que creo que Hogwarts debe volver a ofrecer Maestrías. Tanto es así, que tendré que hablar con los diferentes gremios, para que manden Maestros especializados en enseñar la Maestría.

- Sería prudente, construir un nuevo edificio para eso… pero que esté conectado a Hogwarts.

- El problema, es que no hay espacio suficiente en los terrenos, tal y como están ahora. Si quito el campo de Quidditch, temo un motín de los estudiantes.

- Y de los profesores.- Añadió rápidamente Filius.

- Claro, y de ellos también.- Mencionó Harrison levantándose del asiento y dirigiéndose hacia el ventanal para observar los terrenos. – Lo que daría ahora por un poco de emoción… tal vez un combate o dos… un duelo… matar algo…

- Si quieres matar algo, empieza por las acromantulas del bosque prohibido.- Enfatizó Filius un poco nervioso. Ni loco se batiría en batalla contra Harrison y menos después de ver su elección de magia a utilizar.

Filius era campeón de duelo, pero en duelos en los que no se mataba y se respetaba ciertas reglas.

Harrison por el contrario, estaba educado en magias de batalla, algo completamente distinto, dado que no había reglas y se podía matar.

- ¿Acromantulas? Y dime porqué debería de matarlas. ¿Sabes lo que cuesta la seda de acromantula?

- Sí, se vende caro, pero las acromantulas del bosque prohibido son… salvajes. Todo comenzó cuando Hagrid soltó la primera en el bosque.

- Como no me sorprende.

- Como fuere, son una amenaza, no solo para los centauros, sino que también para los unicornios, aunque si te soy sincero, creo que el Profesor Kettleburn lleva quejándose un tiempo de que ya no hay.

- ¿Ya no hay unicornios?

- No. Han abandonado el bosque prohibido…

- ¿Y a donde han podido ir…? A no ser… oh.

- ¿Oh? ¿Qué quiere decir, oh?

- Creo que se han mudado a mi bosque.

- ¿Tienes un bosque?

- Sí, el Castillo Peverell posee bastante terreno, con ello un bosque considerablemente grande y también un lago, en el cual ahora tengo un inquilino.

- ¿Qué tipo de inquilino? ¿Un calamar gigante?

- No, un Ouroboros.- Respondió Harrison sonriendo ante el recuerdo de su Ouroboros, al cual también echaba de menos. Los basiliscos al menos se divertían asustando a los alumnos y algunos profesores, pero en su mayoría se quedaban con Harrison en la oficina del Lord.

- Tienes por mascotas o familiares, animales raros y peligrosos… mientras que no me digas que son criaturas incomprendidas e inofensivas, no diré nada.

- Entonces no lo haré.- Comentó, viendo como el pequeño profesor gemía lastimeramente ante una especie de Hagrid más… radical.

Antes de que ninguno de los dos pudiera decir una sola palabra, la chimenea se volvió verde, anunciando la entrada de alguien.

Yendo hacia ella y viendo en las runas de quien o quienes se trataba, dejó el paso abierto con una sonrisa.

Después de unos momentos, de la misma chimenea salieron la familia Lestrange al completo, los Black, siendo Arcturus y la señora Cassiopeia poco después de ellos.

Inclinando la cabeza hacia Cassiopeia, estaba seguro que sería ella la nueva maestra de DCAO, algo que no le importaba en absoluto.

- Buenas tardes, mis Lores y Ladies. Niños, buenas tardes. Harrison, te dejaré solo con tus clientes, que os divirtáis.

- Gracias Filius.- Contestó Harrison con una sonrisa y una inclinación ligera de cabeza.

Cuando el profesor se fue, Harrison sonrió a todos sus nuevos huéspedes, evocando sin vara sillas cómodas para todos y un tentempié para picar.

- ¡Harrison!- Fue la efusiva bienvenida de Adhara, lanzándose a sus brazos en un fuerte abrazo de oso.

- ¡Oh, Adhara! ¿Me has echado de menos en estos días?

- ¡Es muy aburrido que estés aquí! ¿Cuándo vuelves a tu Castillo? Éste es más pequeño, no me gusta.- Dijo con total sinceridad, haciendo que adultos y el joven Lord rieran de las tonterías de la niña.

- ¿Entonces, sería mejor que te borrara de la lista de aceptados?

- ¿Qué? ¡No! ¡Retiro lo dicho, lo retiro!

- Adhara, basta. ¿No ves que te está tomando el pelo? Harrison nunca haría algo así.

- En efecto, Adhara. Pero tienes razón, estoy deseando contratar a una nueva junta de gobierno… y nuevo director y subdirector.

- O directora y subdirectora.- Añadió Bellatrix con el ceño fruncido.

- O eso.- Asintió con la cabeza, sentándose en la silla de Lord, con Adhara en su regazo, sin importarle en absoluto.

- Bueno Harrison, ¿Qué es eso de que necesitas nuestra ayuda?- Cuestionó Arcturus sonriendo triunfalmente a su… sobrino nieto o nieto para el caso, lo consideraba como uno de los suyos de todas formas.

- Sí… ¿Qué broma es esta de Profesor de Transfiguración?

- No es ninguna broma, si lleva el sello de la Casa Peverell, Rabastan.- Opinó Cassiopeia con la mirada dura. – O al menos eso espero. Ya sé que lecciones voy a enseñar a los niños.

- La señora Black tiene razón, Rabastan, no es una broma. Sabes que no suelo bromear con asuntos tan serios.- Comenzó Harrison, para verse interrumpido por la mencionada señora.

- Llámame por mi nombre, querido.

- Como deseé, entonces le pido que haga lo mismo conmigo.- Sonrió encantadoramente, haciendo fruncir el ceño a Adhara un poco. – El caso es que necesito dos profesores, dado que el tercero ya he entrado en contacto con él.

- ¿Quién?- Pidió Rodolphus que estaba muy callado en la reunión.

- Horace Slughorn, creo que lo conocéis.

- En efecto. Es bueno en su materia. Algo loco, pero bueno.- Opinó Arcturus con un asentimiento afirmativo en la decisión de Harrison.

- ¿No puedo escaparme de esto?

- No hermano, ya te lo hemos dicho Bella y yo, eres bueno en la educación. También se te da espectacularmente la enseñanza, ¿Por qué ibas a querer escapar?

- Por favor… no sabéis el dolor de cabeza que es encargarse de Hogwarts… si lo sé, hubiera designado un proxy… o cerrado la escuela hasta que todo estuviera solucionado.

- Eso es… duro.

- Lo es. Y además todavía tengo que contratar a seis personas más, preferiblemente dos de cada sexo, es decir, hombre y mujer.- Dijo mientras acariciaba el pelo de Adhara, la cual estaba sonrojada ante tal acto. – Aparte a un cuidador, preferiblemente que no sea Squib como el último. No tengo nada en contra de Squibs, pero… pueden ser resentidos tras no poseer magia. También tengo que contratar más elfos domésticos… y, ah sí, un nuevo guardián de los terrenos de Hogwarts.

- Muchas cosas por hacer tienes… y poco tiempo.

- Sí. Poco tiempo. Por eso pido vuestra ayuda.

- Está bien, tomaremos los puestos de trabajo.- Dijo Cassiopeia mirando a Rabastan seriamente. – Además, según he oído tienes buenas aventuras aquí en el colegio.

- ¿Cómo? ¿Y no me llamas, Harrison?- Pidió una herida Adhara.

- Sí Cassiopeia, tengo unas pocas aventuras.- Sonrió ante la caza del Horrocrux y lo que sacó de ella. – No te llamo, porque no son lugar para que una chica como tú esté.

- ¡No soy un bebé! ¡Soy buena en la magia, para que lo sepas!- Exclamó levantándose de repente del regazo de Harrison, tomando a éste por sorpresa.

Por el rabillo del ojo vio a su padre sonreír con algo de malicia. "Así que es eso por lo que no habla conmigo tanto. Me pregunto si los demás padres también sienten eso". Se preguntó silenciosamente Harrison, observando a Adhara.

- Hagamos una cosa, Adhara. En un día o así, es el juicio de Dumbledore. Después de eso voy a estar en el Castillo un rato, para recoger ciertos libros que necesito. Ven, con todas las prometidas. Si sois capaces de resistir mi aura de muerte sin tener miedo, entonces os llamaré a las mencionadas aventuras. ¿Trato?

- Trato.- Dijo más confiada con ella misma y más contenta, volviéndose a sentar en el regazo de Harrison.

- ¿Qué es un aura de muerte?- Preguntó Cassiopeia curiosa, dado que ella era la única que no sabía que Harrison era nigromante.

- Es cuando un nigromante suelta algo parecido a un aura, para ser reconocido por otro que esté en el lugar.- Explicó Harrison a la mujer que se quedó con la boca abierta.

Mientras que eso pasaba, Harrison sacó dos pergaminos, entregándoselos a Rabastan y Cassiopeia. – Vuestros contratos. Solo tenéis que firmarlos y seréis los nuevos profesores.

- Que rapidez.- Comentó Arcturus perplejo.

- Sí, la verdad es que los tengo ya preparados. En cuanto supe que me iba a hacer cargo de Hogwarts, me adelanté para pedir a los gobblins ciertos tipos de contratos en materias distintas.

- ¿Qué materias?- Pidió Bella revisando el contrato de Rabastan.

- DCAO, Pociones, Transfiguración, esas son las que más me importaban, dado que eran los primeros profesores en irse, lo más seguro. Las otras son: Alquimia, Historia de la magia, Artes Oscuras, Política, Etiqueta y Tradiciones; obligatorias desde primer año a los nacidos de muggles o como los llamo, mágicos de primera generación.

- No entiendo porque los llamas así.- Pidió Rabastan con el ceño fruncido. – No deberían formar parte de nuestro mundo.

- Y dime, Rabastan, ¿Por qué no?

- Porque nos traen cada día el mundo muggle más cerca, como si realmente lo quisiéramos.

- En eso estoy de acuerdo contigo, pero desgraciadamente, nadie del mundo mágico se toma la molestia de explicarles cómo funciona nuestro mundo, no se toman la molestia de responder a sus preguntas y menos, se toman el tiempo para que entiendan, que nuestro mundo y el mundo muggle, jamás podrán llevarse bien. Es por eso que son necesarias las clases que estoy pidiendo. ¿No lo crees ahora? Imagínate que un mágico de primera generación, entiende completamente como funcionamos, el gobierno que tenemos y las leyes en las que nos basamos. ¿Crees que querrá volver al mundo muggle?

- No. Tenemos mucho más para ofrecerles.

- Aparte del hecho, de que actualmente somos unos cincuenta mil mágicos en Bretaña, somos el país mágico menos poblado de Europa.

- ¿Cómo puede ser?- Pidió Cassiopeia.

- Las guerras que tuvimos. Primero Grindelwald, luego Voldemort. Se masacraron muchas familias mágicas. Encima, está por supuesto que los que se gradúan de Hogwarts, se les prohibió una carrera en el ministerio de magia, ¿Qué hacen? Emigrar del país a otro que les den más oportunidades. Así de simple. Estamos perdiendo nuestra mano de obra y no pienso dejar que eso suceda, es por eso, que quiero abrir los negocios o edificios, para contratar a hijos de muggles o mágicos de primera generación. Squibs también.

- ¿Squibs?

- Eso sería otra conversación para otro tiempo… me estoy quedando sin tiempo actualmente.

- ¿Qué quieres decir?

- Tengo que ir a hablar con los centauros en el bosque prohibido.

- ¿Para qué?

- Para cazar.

- ¿Cazar? ¿El qué? Lo único que se me ocurre es…- Comenzó Bella con una expresión de horror en sus facciones.

- Acromantulas… vas a cazarlas.

- Y a recoger su veneno, seda, y colmillos. Tengo entendido que se utilizan también como ingredientes de Pociones. Si pudieran coger una o dos vivas y jóvenes, puedo venderlas a buen precio a las reservas.

- Estás loco… pero me apunto.- Dijo Rabastan con una enorme sonrisa.

- ¿Qué es una acromantula?- Pidió Adhara con el ceño fruncido ante la idea de ir de caza. - ¡Yo también quiero ir!

- No, absolutamente no.- Prohibió su padre con una mirada que lo decía todo. No dejaría que su hijita se pusiera en peligro por querer tener aventuras, cuando fuera más mayor e independiente, podría cazar licántropos si quería, pero de momento no.

Salto de escena.

- ¡No entiendo por qué él puede y yo no! ¡No soy un bebé!- Protestó por enésima vez Adhara Lestrange, una vez que llegaron a la mansión Lestrange.

Acrux, excusándose fue a su habitación para retomar los estudios de Transfiguraciones que le dejó su tío Rabastan para que hiciera.

No es que no le interesara el desenlace de la discusión, sino que no quería verse involucrado con sus padres y su hermana.

Él entendía que eran más que meros niños en el crecimiento mágico, poderosos, pues sus padres y tío habían estado de acuerdo en ello, más de una vez, pero… algo había en Harrison que le daba un temor y miedo primordial. Tal vez fuera su magia familiar, la nigromancia, algo que desconocía por completo y su padre se negaban por alguna extraña razón a enseñarles.

- De todas formas, creo que padre tiene razón, somos demasiado jóvenes como para ir a cazar arañas gigantes…- Se estremeció al pensar en lo que era una acromantula y en lo que podía hacer.

Abriendo un poco la puerta, investigó si sus padres habían puesto salas de silenciamiento mientras que discutían con su hermana.

Suspirando de alivio, Acrux volvió a sus estudios de Transfiguraciones, algo sencillo y no muy complejo.

En el salón de la mansión, la discusión estaba empeorando con Adhara. Harrison le había dicho que su padre tenía razón en no querer dejarla ir, algo que al menos el niño tenía cierto sentido en su cabeza.

- Porque Harrison es Harrison y tiene poder para hacer frente a lo que sea, tú no.- Explicó su padre pacientemente por millonésima vez.

- ¿Quieres decir que soy débil?

- No cariño, lo que tu padre intenta decir, es que no puedes ir a estas… aventuras como las llaman, por el motivo de que no tienes suficiente formación… rayos, si Harrison fuera heredero de la casa Black, estoy segura que Arcturus pondría el grito en el cielo.

- De hecho tienes razón, casi estuve por ponerlo, pero creo que sería mejor si alguien explicara a esa hija tuya el problema real.- Expresó su abuelo saliendo de la chimenea, junto con Lord Alucard, Regulus, Orion y una chica de pelo rojo y ojos de igual color.

- Bella, Rodolphus, él es Lord Vlad Alucard y ella su sobrina Irina Alucard, pronto a ser nueva prometida de Harrison.

- Encantados de conoceros… aunque ya nos hemos visto en más ocasiones.

- Cierto, pero aun así, es mejor mantener las formalidades, sino, ¿Qué opinaría Lord Peverell de nosotros?- Preguntó con un tipo de risa, que algunos de los presentes también hicieron, pensando en cómo pondría el grito en el cielo.

- Creo que es peor que la tía Cassie…- Opinó Regulus al oído de su padre.

- Estoy contigo en eso hijo, peor, pero da mucho más miedo que ella cuando se enfada.

- Eso es cierto.- Volvió a hablar Vlad desde su posición, sentado en una butaca que habían ofrecido los Lestrange a todos sus invitados.

- No es por ser grosera, ni nada, pero ¿Por qué los has traído abuelo?

- Por una razón Bella, tu hija.

- ¿Yo? ¿Qué hay de mí?

- Tú… y tu impaciencia por querer estar con Harrison más tiempo. Tienes que tener en cuenta que él ha escogido ser lo que es. Él es un Lord a la edad de nueve, tras una ley que creíamos todos en el Wizengamot extinta. Él es un nigromante, que no duda en utilizar las artes de la muerte y menos en matar a sus enemigos. Él puede ser… piadoso con los que quiere y respeta, pero es implacable con sus enemigos.

Vi con mis propios ojos como se batía contra magos experimentados, sin romper a sudar, sin esconderse apenas y casi sin esquivar. La velocidad con la que lanzaba magia era… asombrosa y de miedo.

- Eso por decir algo y lo menos.- Intervino Vlad con un cabeceo. – Yo también estaba allí, si mal no recuerdo y lo que más miedo me dio, no fueron los magos que querían matarnos, fue Harrison.

- Pero… pero Harrison es tan dulce…

- ¿Dulce? Le he conocido por un poco de tiempo, y en el tiempo que le he conocido me ha parecido…

- ¿Implacable?

- ¿Serio para su edad?

- ¿Oscuro?

- Sí… todo eso y más. También poderoso, extremadamente poderoso. Vi como exorcizó un alma con un simple canto y un movimiento casi perezoso de su mano izquierda… fue increíble.

- Exacto, pero no lo visteis cuando vino Dumbledore.

- Oh, ahí sí que dio miedo de verdad. Y cuando lanzó ese orbe azulado, es cierto que nos protegió con ese otro escudo más resistente, si no lo hubiera hecho, estaríamos ahora en San Mungo o muertos.

- Exacto, dio mucho… temor. Y eso es mucho viniendo de mí.- Explicó Lord Alucard, tomando un buen sorbo de Whiskey de Fuego.

- ¿Por qué?-Preguntó curiosa Adhara.

- Porque soy un mestizo.

- ¿Un mestizo?

- Medio vampiro, medio humano. Más exactamente, medio brujo.

- ¿Brujo?- Volvió a preguntar Adhara confusa.

- Para que lo entiendas rápido, cariño. En la magia hay… ciertos niveles de potencia. Están los magos y brujas normales, como nosotros, que dependemos de cuanto nos entrenemos para que así sea nuestro núcleo mágico. Un ejemplo de mago poderoso es Albus Dumbledore y el Lord Oscuro Voldemort.

- Entiendo…

- Ahora bien, el resto de niveles, va desde Brujo-a; Hechicero-a y Druida. Cada uno de ellos tiene su propia magia… conectada a su sangre.

- ¿Así que no tienen núcleos mágicos?

- No exactamente. Es cierto lo que ha dicho tu madre, pero en el caso de los Brujos, tenemos núcleo, sí, como los magos, pero también podemos utilizar la magia ambiental. Los hechiceros y druidas son diferentes, pues ellos como núcleo, utilizan su sangre. También pueden utilizar la magia ambiental y la elemental. Son más poderosos y peligrosos. Es por ello que en el pasado, muchos magos persiguieron a los hechiceros, para matarlos cuando todavía no habían llegado a su despertar mágico.

- ¿Despertar mágico? ¿Qué es eso?- Interrumpió Regulus curioso y un poco confuso.

- Cuando un niño mágico hace magia accidental por primera vez, se le conoce como que ha despertado su magia. En el caso de un hechicero es diferente. La magia que utiliza es más… agresiva en su despertar. Según tengo entendido, de lo que he podido notar de Harrison, él ha tenido su magia atada.

- ¡Que! ¡Pero eso podría haberlo matado! ¿Quién habría sido tan estúpido?, ¡Hechicero o no es un niño, por Merlín!

- No lo sé. Pero su despertar, tuvo que ser a los tres años… un despertar de magia accidental. Su verdadero potencial, el de la nigromancia, estoy seguro que tuvo que ser con algo traumático, más que una simple pelea de niños. Tuvo que estar al borde de la misma muerte, para hacer el despertar del nigromante.

- ¿Pero no estás seguro?- Preguntó Bella con el ceño fruncido.

- No… solo son teorías mías, de lo que le he podido observar. Si quisiéramos saber más, deberíamos preguntarle a él o a sus Maestros… los Grandes Maestros Markus y Marduk Peverell. Aun no entiendo como son de la misma familia…

- ¿Por qué, son famosos?

- ¿Famosos? Eso es quedarse cortos. En la nigromancia, son como los padres de ella. Son los que más habían investigado.- Aclaró Irina feliz de poder aportar noticias nuevas. – Me gustaría ser enseñada una ínfima parte de lo que le han enseñado a Harrison. Chico con suerte.

- Sí… puedes pensar eso, pero… ¿Lo habéis visto actuar hoy? Parecía cansado…- Aportó Bella, intentando cambiar de tema.

- No me extraña, pero su cansancio es más bien mental que físico. Cassiopeia me ha dicho que lo entiende. Tener que encargarse de todos los problemas de la escuela, tener que hacer todo eso y solo, no debe ser fácil.- Dijo Arcturus, quitándole importancia. – También estoy seguro que lo superará. Pero a lo que íbamos, ¿Podrías mostrar?- Preguntó a Alucard, el cual tendría los mejores recuerdos para dar de aquella noche.

- Sí, pero antes, ¿Sabéis lo que es el aura de muerte?

- Sí, Harrison nos lo mostró antes.- Aportó un poco menos enfadada Adhara.

- ¿Os mostró? ¿En Hogwarts? ¿Completamente?- Pidió sin creer nada de lo que decía la pequeña Lestrange. – Entonces no debes sorprenderte de mí aura.- Afirmó Vlad, soltando un poco más que en la primera reunión con Harrison, lo cual todos sintieron el poder que emanaba del medio vampiro, era un poder intoxicante y fuerte, oscuro y glacial, nada comparado a Harrison, según pensó Arcturus.

- Es increíble, pero Harrison…

- El soltó todo lo que tenía en cuanto Dumbledore llegó. No se sorprendió, sino que se enfureció y puso esa emoción en el aura de muerte. Este tipo de aura sirve únicamente para intimidar a los nigromantes que están en tu territorio. También sirve para intimidar al enemigo y te dé una oportunidad. Harrison, creo que lo utiliza para más.

- ¿Qué quieres decir?

- ¿Sabéis lo que es una sala de muerte? Las salas de muerte llevan runas oscuras talladas en las piedras runas de sala. Harrison impregnó en su Castillo una piedra completamente enorme, con su aura de muerte. Creó una sala de muerte desde cero. Su poder es… inexplicable, ni siquiera los maestros Cainitas tienen nada igual. Cuando llegue a su mayoría de edad… no puedo ni imaginar lo poderoso que se volverá.- Comunicó Lord Alucard, mirando a su sobrina a los ojos, sin apartar la mirada de su tío, se estremeció un poco. - ¿Tienes un pensadero, Lord Lestrange?

- Sí…- Dijo mientras iba a por él personalmente, tenía que asegurarse que su heredero comprendiera todo también.

Bajando nuevamente con Acrux, tras explicarle la situación y que era necesaria su presencia para mirar los recuerdos del día de la batalla de Hogsmeade, ambos entraron el salón, curiosamente silencioso.

Adhara estaba disculpándose con su madre tras haber sentido un poco de esa aura de Lord Alucard.

- Pero no entiendo una cosa…- Pidió Lord Black a Vlad, el cual se limitó a asentir.

- Cada nigromante es diferente y cada aura provoca una reacción diferente. La mía suele ser oscura y glacial. La de mi hermano es sanguinaria. Las de mis sobrinas, suelen ser una húmeda y la otra caliente, pero siempre con el temor de la muerte.

- La de Harrison era más bien…

- No lo digas, Lord Black, por favor, no lo digas.- Expresó su deseo Alucard, mirando un poco nervioso.

Era un poco extraño para Irina ver a su tío de esa forma, pero comprendía ahora la situación en la que se encontraba.

Hablar de un nigromante tan poderoso y reconocer que ese mismo nigromante te superaba en poder, era aterrador. Más aterrador era saber que tan solo tenía nueve años de edad.

Con la llegada de Lord Lestrange y su pensadero familiar, su tío se sacó una hebra plateada de la sien y explicó que era del momento de la batalla y de cuando hizo su encantamiento griego, algo por lo que quería ver.

Había leído en varios tomos que la magia antigua griega estaba perdida, con la quema de la biblioteca de Alejandría. Desgraciadamente, los muggles también pillaron la parte mágica de dicha biblioteca en su quema de libros y tomos. Una pena y un desperdicio de conocimiento perdido.

El pensadero familiar, era diferente y así lo explicó Lord Lestrange, tocando unas runas especiales, los recuerdos se activarían mostrándolos a todos, como si estuvieran en la batalla misma.

No tendrían que temer, pues solo eran recuerdos y los recuerdos no hacían daño, pero aun así, se veía en el rostro de los presentes cierto temor.

Los recuerdos de Lord Alucard sobre la batalla de Hogsmeade comenzaron y todos y cada uno de los adultos y adolescente presentes, sacaron sus varitas instintivamente ante lo que estaban viendo.

Salto de Línea.

Harrison estaba entusiasmado con la idea, pero realmente cabreado con las malas noticias que le llegaron desde el ministerio de magia.

El juicio de Albus Dumbledore se aplazaba, puesto que Amelia tenía más información de todo lo que estaba planeando el viejo y de sus delitos cometidos en contra de Gran Bretaña Mágica.

Al parecer, él y sus secuaces de la Orden del Fénix, planeaban secuestrar y someter a Harrison Peverell para que deshiciera todo lo que había causado al viejo, algo que penosamente, admitió ser un plan original de matarlo y reclamar la Casa Peverell por derecho de conquista, alegando la gran oscuridad de Harrison, como un Lord Oscuro en el entrenamiento.

El problema realmente llegó, cuando Dumbledore se meó en los pantalones, por así decirlo, en cuanto que Lord Peverell desató su poder y furia a sus hombres y mujeres de la Orden, acabando con un total de veinte vidas, cinco de la Orden del Fénix y quince de los Mortífagos.

Sacudiendo la cabeza, pensando en que al menos estaría más cerca de conseguir que el castillo de Hogwarts alcanzara la antigua gloria perdida, aún le quedaban las reuniones con los burócratas del ministerio de magia, los examinadores de TIMOS y EXTASIS.

Agradeciendo que de momento no tuviera que buscar más profesores, se encargaría después de que las salas y el castillo estuvieran en pleno funcionamiento, de los fantasmas que querían pasar a la otra vida, así como del fantasma Binns.

Cuthbert Binns era el profesor de Historia de la Magia, hace más de un siglo, el cual murió sin darse cuenta y fue a enseñar su clase como normalmente lo haría.

Debido al déficit económico de la escuela, tanto gobernadores como directores, no hicieron nada para que el fantasma se fuera.

Pero ahora que Harrison estaba al mando, le tocaba buscar un maestro o maestra en la historia, algo completamente complicado, pues había poca gente que le gustara ese tema.

Mirando a su alrededor, vio que en el borde del bosque prohibido estaba Magorian junto a Firenze, los dos centauros que se habían ofrecido tras su conversación a llevarlos a la línea divisoria de las arañas y el resto del bosque.

Para su precaución y la del colegio, Harrison trabajó en unas salas especiales que durarían, lo que durase el tiempo de cacería, también aguantarían las mismas salas especiales, el aura de muerte de Harrison, sin filtrarlo a la escuela, lo que quería decir, que los Alucard que vinieran, podrían desatar su poder nigromántico.

Otra de las cosas buenas que tenían esas salas, era que evitaba advertir al ministerio de magia, la misma magia utilizada en el bosque. Podrían lanzar la maldición asesina tantas veces como quisieran, que no habría problemas.

Viendo que por las puertas de acero llegaba ya la comitiva que lo acompañaría, observó sus rostros sombríos.

Pensando en porqué de esos rostros, Harrison se dio cuenta rápidamente que Vlad debió haberles mostrado las memorias de la batalla de Hogsmeade a petición de Arcturus, para convencer a Adhara que todavía no estaba preparada para irse de aventuras, tan locas al menos, como ésta.

- Veo, Lord Alucard, que les has mostrado la memoria.

- ¿Cómo lo supiste?

- Vuestra Oclumancia es malísima si no os enteráis de que puedo entrar en vuestras mentes en grupo.

- ¡Eso no es posible!- Dijo perpleja Irina, la cual comenzó a revisar sus escudos por una intrusión.

- Sí que es posible, pero es extremadamente complicado. Pero tienes razón, no os preocupéis, jamás entraría en vuestras mentes sin permiso.- Vio con satisfacción como sus rostros se relajaban tras lo dicho, pero aun así tenían cierta curiosidad. – Vuestros rostros son un poema. Estáis sombríos, eso me dice que, Vlad os ha mostrado los recuerdos de esa batalla, o que él mismo ha liberado un poco de aura de muerte. Tal vez, las dos cosas.

- Eres demasiado inteligente para tu propio bien… pero es correcto.- Alabó Bellatrix con una sonrisa.

- Espero que no cambie nada en nuestra relación.- Comentó Harrison un poco preocupado.

- En absoluto, solo nos ha pillado desprevenidos, eso es todo.- Aseguró Arcturus, el cual estaba bastante seguro de que Harrison no se había tranquilizado mucho. Algo debió haberle pasado, más traumático que lo que suponían.

Mirando a su familia extendida, comprendió que ellos también lo vieron, decidiendo hablar con ellos más tarde, vería que quería Harrison hacer con las arañas.

- Bueno Harrison.- Dijo un suspiro Arcturus, preparándose mentalmente para lo que iba a venir. - ¿Qué es eso de las acromantulas? ¿Tienes un plan de ataque?

- Sí, también tengo los contratos a utilizar para todos vosotros.- Explicó evocando una mesa y sillas temporales, en donde puso los distintos contratos de caza. – Los contratos sirven para que los gobblins sepan a quienes dar el oro de la cosecha, es decir, que cuando una acromantula caiga por, digamos, Bella, esa misma acromantula será transportada al Castillo Peverell con una nota que diga: BL. Así se sabrá que es de Bella.

En el Castillo esperará una escuadra de gobblins para hacer la cosecha del veneno, sangre, colmillos y la seda que puedan sacar. La carne será vendida como alimento a las reservas de dragón.

Recomiendo que recojáis las acromantulas bebé para su distribución a las reservas de acromantulas fuera del país, en las cuales se dedican a entrenarlas para que den seda de acromantula y hacer vestidos y ropas. También recibiréis un estipendio por cada mini acromantula que recojáis. ¿Alguna duda?

- ¿Se nos pagará a todos los participantes? ¿Por qué?

- Sí, se os pagará a todos, y el porqué, es porque lo veo justo.

- ¿Qué magia podemos utilizar?- Preguntó Rodolphus.

- La que queráis, magia oscura, nigromancia, transformaciones, encantamientos, etc. todo lo que queráis, he puesto salas especiales para que no se filtre la magia a la escuela. También he puesto armaduras en los lindes del bosque, para no permitir el paso de los estudiantes.

- ¿Nigromancia? ¿Vas a utilizar tu aura de muerte?

- Sí, les prometí a los centauros que les mostraría mi poder entero.

- ¿Entero?- Pidió un poco asustado Vlad.

- Entero. No debéis temerme, pues a vosotros no os afectará. Es cierto que sentiréis el poder del aura, pero solo eso. Recordad que soy yo el que lo tiene y el que lo muestra y que jamás os haría daño.- Aseguró Harrison mirando a cada uno a los ojos, para enfatizar su declaración.

Una vez enfatizada la declaración y todos aceptaron lo dicho por él, Harrison puso manos a la obra, con los contratos de caza.

En ellos se estipulaba lo que había explicado Harrison brevemente y muy resumidamente, pero en dicho pergamino venía más detallado, así como el precio por cada araña que mataran y cazaran.

- Definitivamente, no haces las cosas a medias.- Dijo Vlad sonriendo ligeramente, viendo como su sobrina firmaba sin dudar dicho contrato.

Uno a uno, fue firmando los contratos y estos brillando brevemente, hasta desaparecer. Uno a Gringotts, donde se harían dos copias, una para el gerente de cuentas y otra para el destinatario del contrato. La otra parte del contrato, iría para el departamento de Control y Regulación de Criaturas Mágicas, en el cual se les informaría que habían firmado un contrato con Lord Peverell, para cazar arañas gigantes en sus terrenos. Así ellos no podrían intervenir, aunque quisieran.

Cuando todos estaban listos y en pie, vieron como las mesas y sillas desaparecían, así como las plumas y tinteros que habían usado.

- Bien, pues ya que estamos listos, en el borde del bosque nos esperan dos centauros para guiarnos y escoltarnos hacia la frontera del territorio araña. Pido que seáis amables con ellos.- Pidió Harrison mirando a cada uno, por si acaso se les escapaba algún tipo de insulto no premeditado.

Caminando en silencio, cuando se encontraron con los centauros, cada uno del grupo pudo ver como Harrison interactuaba respetuosamente y algo tradicional con los mitad hombre, mitad caballo.

Los centauros se vieron un poco entusiasmados de que los magos y hechicero anduvieran cazando las arañas, algo por lo que no entendieron muy bien, hasta que Harrison explicó que de su parte de la cacería, una parte iría para el bosque prohibido, en la cual los mismos centauros harían una lista de lo que necesitaban.

Liberando a sus basiliscos antes de llegar a la línea que separaba los límites de ambos territorios, les explicó la situación en Pársel.

- Apofis, Ningizzida, vamos a estar cazando arañas gigantes, las cuales son un peligro para los habitantes del bosque. Si queréis participar, podéis coméroslas. Pero… creo que sería más seguro para vosotros que os quedarais cerca de los centauros, por si alguna intenta escapar.

- Como desees, Maestro Peverell, pero somos tus familiares y vivimos para protegerte.

- Lo sé, Ningizzida y estoy muy contento con vuestra protección.- Dijo cariñosamente, acariciando la cabeza de ambas serpientes, que ya tenían un buen metro de largo.

No obstante, ambos basiliscos se quedaron con los centauros, mientras que el grupo entero, que estaba compuesto por: Rodolphus, Rabastan y Bellatrix Lestrange; Arcturus, Regulus y Cassiopeia Black; Vlad, Radu e Irina Alucard y el mismo Harrison, entraron dentro del territorio arácnido.

Salto de escena.

Habiéndose separado del grupo, Irina y Radu caminaron hablando del tema que ahora era diario en sus vidas, Harrison.

- Dime hija, ¿Qué te parece tu futuro esposo?- Preguntó su padre, mientras lanzaba un hechizo de detección, por si las arañas estaban al acecho. Hasta el momento habían logrado matar cuatro, dos cada uno de ellos.

- No lo sé, padre. Me parece que es un chico lindo, pero eso es normal. También me parece que es muy poderoso e independiente para su edad.

- Pero pide ayuda cuando la necesita.

- Solo porque le pedisteis que os llamaran para sus locas aventuras… aunque he de decir que me gusta este tipo de aventuras.

- No me extraña, te hace sentir viva, ¿Verdad?

- Sí… y me demuestra hasta qué punto estoy en mis estudios y habilidades mágicas.

- Eso también. ¿Estás enfadada porque te prometí a él?

- Al principio, pero luego fui comprendiendo que Harrison no era el chico que esperaba que iba a ser.

- ¿Cómo es eso?

- Hablé con Adhara sobre él y ella me dijo, que Harrison había prometido a todas sus prometidas apoyarlas y ayudarlas en las decisiones que tomaran, con respecto a su futuro y si querían o no trabajar.

- ¿Así que te apoyará en tu decisión de ser Maestra Nigromante?

- No he hablado con él todavía sobre eso, pero creo que sí.

- Entiendo. Mientras que seas feliz y te trate bien, no tendré problemas con él. ¿Qué harás sobre tu otra naturaleza? ¿Le dirás?

- De momento no… aunque es muy observador y creo que se dará cuenta pronto. Pero me preocupa realmente lo que el abuelo pensará de nuestro compromiso… ¿Sabes?

- Que piense lo que quiera tu abuelo, eres mi hija y no la suya. Además, ¿Cómo crees que reaccionaría Harrison ante tu abuelo, si intentara prohibir el contrato de matrimonio?

- Pelaría por mí, eso seguro.- Rio con su voz cantarina, llamando la atención de las arañas que había cerca, llenándose el claro de chasquidos excitados por la comida que se les presentaba.

- Vaya, las has llamado la atención, hija. Creo que habrá por lo menos cien de ellas. ¿Te parece una competencia, por ver quien mata más?

- Claro, papá.- Contestó Irina, lanzando la primera maldición que se le ocurrió, una que cegaba al oponente. Este tipo de maldición era buena en los humanos o, medio humanos, pero en arácnidos era una mala idea, porque les enfadaba demasiado.

Rumiando entre dientes su error, alzó un escudo rápido de cuerpo completo, para defenderse de las embestidas y con otro movimiento de varita, evocó lanzas y flechas que fue lanzando y desterrando en los arácnidos, clavándose en sus torsos y cabezas, fue matando con éxito su buena parte.

Girándose un momento para ver cómo le iba a su padre, se dio cuenta de que él no utilizaba la transfiguración y la evocación, sino que lanzaba maldiciones nigrománticas y maldiciones de artes oscuras, tales como la ebullición de sangre, la ruptura de hueso, la maldición asesina y unas cuantas más.

En la parte nigromántica, las maldiciones que más se veía, eran las que estaban relacionadas con la necrosis, la muerte de ciertos músculos.

No sería bueno para la araña completa, si se necrosaba entera, por ello su padre apuntaba más o menos al bajo vientre.

También lanzaba maldiciones de corte, siendo los más comunes los oscuros, dado que cortaban más que los otros.

"A este paso pierdo seguro". Pensó para sí misma, volviéndose justo a tiempo para esquivar y dar un puñetazo instintivo a las dos arañas que se le acercaban. Dos maldiciones asesinas después e Irina volvía a la carga.

Salto de escena.

Vlad y Harrison se encontraban en otro punto del bosque prohibido, matando arañas nada más que las veían aparecer.

Había momentos en los que las arañas aparecían por decenas, siendo un pacto no hablado en que se las repartían adecuadamente.

Harrison por ejemplo, se enfrentaría a cinco de ellas, matándolas de un solo hechizo, como el que utilizó en su duelo, el cual cortaba las arañas como si de mantequilla fuera.

Vlad por el contrario, solía utilizar las maldiciones de fuego y de agua, transfigurando el rocío en picas de hielo y desterrándolas a las pobres acromantulas que aparecían.

Cuando éstas desaparecían, cortesía de los elfos domésticos del Castillo Peverell, volvían a andar por los densos y oscuros bosques, vigilando que cosas pudieran aparecer.

Ellos sabían de sobra que no solo las arañas habitaban los bosques, siendo que habría algún que otro dementor y licántropo, ambos nigromantes estaban a flor de piel, alertas ante todo lo que se movía, aunque fuera una hoja, movida por el poco viento que entraba.

- ¿Te diviertes, Harrison?

- La verdad es que sí. Me pone en guardia en lo que nos pueda salir, también es una distracción para todos los problemas que tengo en la escuela.

- Hablando de la escuela, ¿Qué tal con los Maestros? ¿Has contratado a todos ya?

- No, me faltan aún los de las materias que había propuesto y un profesor o profesora para que enseñe Historia de la Magia.

- ¿Historia, dices? Tal vez yo pueda ayudarte en ello. Después de todo te debo una grande por aceptar a mis sobrinas aquí.

- ¿En serio? Estaría en deuda contigo si me presentas a alguien para que se encargue de la asignatura. ¿Es buen Maestro-a?

- No sé, dímelo tú, la conoces, después de todo.

- Ahora mismo no caigo… ¡Espera! ¡Tu esposa, le encanta la historia y le gustaría ser profesora! ¿Crees que aceptaría?- Preguntó jovialmente Harrison con esperanza de que un problema menor se fuera de sus manos.

- Creo que aceptaría encantada.- Sonrió ante los pequeños saltos de felicidad del joven Lord. Momentos como éste le recordaban a Vlad, que por mucha presión que tuviera Harrison, todavía sabía divertirse, aunque fuera de ésta manera, probándose a sí mismo continuamente.

Hablando sobre trivialidades mientras continuaban con la caza de las acromantulas, Harrison se detuvo en seco, con una enorme sonrisa en su rostro.

- ¿Qué pasa?

- Siento cien de ellas salir de su escondite. Una lástima que no podamos utilizar Findfyre o Hellfyre.

- Sí, una lástima, me gustaría verte usándolos.

- Lo viste en Hogsmeade.

- Sí… pero no vi como lo controlabas. ¡Lo dejaste a su libre voluntad!- Exclamó un poco exasperado Vlad, el cual mandó una maldición de color oscuro hacia una de las arañas que se adentraron valientemente, haciéndola caer, retorciéndose de dolor, hasta que dejó de moverse.

- ¿Una maldición tortura? Está bien, supongo.- Dijo Harrison mandando diez maldiciones de distinto tipo a las diez arañas que vio, las cuales cayeron inmediatamente muertas, tras un ligero barrido después, las ramas que había en el suelo se transformaron en lazas de acero, clavándose en las otras diez arañas, matando a veinte de golpe. – Mejora eso.

- ¿Sabes que tengo la velocidad vampírica, no?- Respondió Vlad con una sonrisa siniestra, desapareciendo de la vista, brevemente, hasta que volvió a aparecer y en su lado, las treinta arañas muertas.

- Estupendo, entre los dos, matamos cincuenta de estos bichos, pero siguen viniendo.- Comentó Harrison como si fuera la cosa más obvia, lanzando entre maldiciones asesinas y de corte, hacia su parte de ellas, matándolas en el acto, pero aun así seguían viniendo. Parecía que no tenían ganas por vivir.

En cuestión de minutos, se llenó el pequeño claro en el que estaban oscureciéndolo como si la noche hubiere caído sobre ellos.

Mirando hacia arriba, Vlad vio con ligero horror como más arácnidos aparecían, cubriendo las copas de los árboles.

Las arañas que había delaten de ellos, dejaron paso a una de las más grandes que habían visto hasta ahora.

- ¡Humanos!- Chilló la araña gigante con odio y haciendo rechinar los colmillos. Parecía que estaban pasando las uñas por una pizarra, era realmente grimoso el escucharla hablar. - ¡Pagaréis cara vuestra osadía! ¡Matadlos!- Ordenó la que parecía ser la jefa de las arañas, pues tenía una voz parecida a la de una mujer muy enfadada, pero con la voz chirriante.

- ¡Estamos jodidos, Harrison! ¡Debe haber más de mil!- Gritó Vlad, un poco alarmado.

- No te preocupes, sí que hay más de mil de ellas, pero lo tenemos más fácil. Somos más fuertes, haz que se paralicen de miedo.

- ¿Cómo…?- Preguntó, hasta que comprendió lo que quería decir, el aura de muerte.

Viendo como Harrison sacaba la suya sin concentración apenas, Vlad le siguió momentos después, haciendo que las hordas de arañas se paralizaran un poco, del miedo que ambos nigromantes les producían.

No obstante, Harrison y Vlad continuaron lanzando todo tipo de maldiciones y magia a su alrededor, por más de dos horas de lucha interminable.

Salto de escena.

El trío Lestrange llegó a un claro en el que había cientos, sino miles de arañas pequeñas, correteando por los árboles y la seda de acromantula, que de éstos colgaban.

Sintiéndose con suerte, cada Lestrange, evocó o transfiguró tarros en los que meter los pequeños bichos, atrayéndolos con encantamientos Accio o levitando las arañas hacia su destino, iban cerrando y sellando mágicamente los tarros para que no se rompieran, también los veían desaparecer cortesía de la magia élfica que iba con ellos.

- Al menos debe haber un par de elfos de Harrison.- Comentó Bellatrix con una sonrisa, mientras que convocaba diez arácnidos de golpe y los metía en un tarro.

Su esposo se dedicaba a sacar toda la tela de araña que había en los árboles y arbustos, metiéndola en un baúl transfigurado por su hermano, el cual solo duraría hasta que los gobblins sacaran la tela del mismo.

Con una sonrisa en su rostro, considerándose afortunado por no tener que pelear contra las más grandes, Rodolphus vio cómo su hermano miraba con nerviosismo hacia todos los lados del bosque.

- ¿Qué pasa Rabastan?

- Estamos en uno de los nidos, puede que haya arañas adultas escondidas…

- No lo creo. Seguramente estén todas defendiéndose de los atacantes. Ten en cuenta que no nos hemos topado con ninguna apenas. Salvo por la que mataste antes, no hemos visto adultas.

- Sí… pero, aun así, hay que estar atento por si acaso. Llámalo paranoia, pero prefiero ser paranoico a estar muerto por una maldita araña.

- Tiene razón, querido. Es mejor que si uno vigila, mientras nos concentramos en la tarea. Hay miles de estos pequeños bichos. No entiendo cómo han podido reproducirse tan rápido.

- Eso es por el patán de Hagrid, dejó suelta a una acromantula hace más de cincuenta años. Se dice que estos bichos duran siglos si están bien alimentados.

- Joder… maldito Hagrid…- Se quejó Bellatrix con un poco de odio, llamando a más arañas a los tarros y haciendo más tarros de las piedras sueltas que había.

- Sí, pero gracias a él, ahora nos haremos más ricos de lo que somos.

- Y a Harrison.

- Eso, y a Harrison. Debo decir que me sorprendió cuando le dijo a Adhara que tenía razón.

- Es evidente, quiere protegerla y que tenga una infancia tranquila.- Dijo Rabastan con aceptación por el niño que había tomado a su sobrina por prometida. – Debes hacer la paz contigo mismo hermano.

- Es fácil para ti decirlo, no estás casado ni tienes hijos.

- Sí, y sabes el porqué de ello.- Contestó a su hermano oscuramente, pensando en el maldito auror que le dejó estéril con aquella maldición.

- Sí, lo sé. Es por ello que creo que serás un gran profesor de transformaciones.- Se rio un poco Rodolphus, llegando a otra punta del bosque, esquivando una maldición cortante de su hermano, lo que le vino bien al final, pues una de las arañas grandes, había llegado a ver como estaban las crías.

Matándola casi en el acto, ésta trinó sus pinzas, llamando a sus hermanas, amigas o lo que diablos fueran las arañas para la moribunda, haciendo que Rabastan se tensara rápidamente.

- Mierda hermano, estamos jodidos, creo que ha llamado a refuerzos. Acabad de una vez en la recolección de las pequeñas y poneros en semi círculo.- Ordenó Rabastan, yendo a ayudar rápidamente a su hermano, evocando más tarros y cajas para las malditas arañas y sus telas.

Salto de escena.

El trío Black lo estaba pasando en grande, matando a todas las arañas que se les presentaban. Utilizaban las artes oscuras de la familia Black, por primera vez en años, en una batalla, aunque ésta solo fuera contra arañas, que lo único que hacían era caer muertas o heridas de muerte, tras impactar las maldiciones y hechizos en ellas.

Jugando entre los tres, decidieron hacer una pequeña competición para ver cuantas mataban, siendo el ganador el que más notas tuviera o más oro poseyera al final del día.

Todos ellos sabían de sobra, que esta cacería duraría días, pues en más de cincuenta años, las arañas tuvieron que multiplicarse en montones, dado que solían vivir largamente, bien alimentadas.

Ahora que parte de sus alimentos habían emigrado a otras partes, Arcturus suponía que o bien se comerían entre ellas o atacarían a los centauros. Algo que no podían permitir, pues esa manada era la que se interponía entre los estudiantes y las bestias enormes.

Cassiopeia se volvió a Arcturus pensativa sobre el tema del joven Peverell, mientras que ponía una pequeña sala alrededor de los tres Black y mandaba a Regulus a crear trampas para las arañas, haciendo un pequeño descanso y tomando un trago de agua de su cantimplora.

- Arcturus, ¿Qué opinas del joven Peverell?

- ¿Qué quieres decir, Cassiopeia?

- Me explico, me gustaría saber qué opinas de la decisión de dejarle a sus anchas. Siendo heredero de la familia, podrías intervenir en sus negocios o… duelos. Estaría más seguro de ese modo.

- Le has cogido cariño, por lo que veo.

- No soy la única, Arcturus. Todos sus aliados, le han cogido cariño, aunque mostremos neutros con él o lo más tradicionales, se nos nota enseguida que le queremos como parte de nuestra familia.

- Eso tía, es porque es parte de nuestra familia.- Intervino Regulus, terminando las trampas, en las que consistían en Golems de piedra con afiladas lanzas y espadas, los cuales matarían a las arañas que se acercaran, mientras que ellos tres se quedaban discutiendo las cosas sobre Harrison.

- Verás Cassie, decidí dejarle a sus anchas, para ver si tenía la madurez necesaria para ser Lord.

- ¿Y que viste?

- De momento veo, que la tiene. También el poder político y económico. He visto como ha degradado a Malfoy en cuestión de minutos en el Wizengamot, explicando que su familia, la Malfoy, me refiero.

- Sí, lo sé, que pasa con los Malfoy, desde que se opusieron a liberar a Sirius de Azkaban, les has tenido tirria.

- No solo eso, sino que también expulsó de la familia a Narcissa. No lo entiendo abuelo, ¿Por qué ella?

- Eso…- Suspiró de resignación Arcturus, evocando una silla para explicar la situación. – Ella dejó algo en claro una vez que discutimos. Dijo que no siempre iba a estar presente para defender la familia Black y que no siempre habría Black para coger el Señorío.

Tuve un mal presentimiento de eso, como si fuera una amenaza a nuestra vida.

- Por eso la expulsaste, para evitar que tuviera acceso a las bóvedas Black y ver qué era lo que hacía.

- Exacto.

- De todas formas, ¿Qué hizo el joven Peverell?

- Recordó al Wizengamot entero la magia familiar de los Malfoy, una magia familiar que desciende de la nuestra, pero aun así, también les recordó que los Malfoy eran una familia de extranjeros, dedicados a la crianza de los cerdos. ¡Tendríais que haber visto la cara de Lucius! ¡Se podría haber freído un huevo en ella!- Rio ante la memoria que se le presentaba, viendo como los otros dos lo miraban como si se hubiere vuelto un poco loco. – Pero lo mejor de todo, es como trata a los oponentes del Wizengamot, no le importa un bledo tener que recordarles lo idiotas que son. Se libró muy sueltamente de que lo enviaran sin juicio a Azkaban, alegando que Bartemius Crouch Jr. estaba vivo.

- No sé qué pensar de eso. Sé que la madre de Bartemius era muy apegada a su hijo, pero… no sé si ella hubiera convencido a su esposo de sacarlo de Azkaban.

- Tendremos que esperar a los juicios. De todas formas, habéis oído que son aplazados, ¿Por qué Arcturus?- Pidió Cassiopeia curiosa ante el caso. Para ella sería más fácil acabar con el lío en cuanto antes.

- Por una razón sencilla. Amelia sigue encontrando más basura, mientras más hurga. Es increíble lo que el viejo Dumbledore ha estado haciendo y maquinando. ¿Sabéis que podría haber acabado la guerra si lo hubiere querido él mismo? Según Amelia, Albus sabía quién era Voldemort en todo momento, pero lo dejó que subiera en su ascenso al poder, esperando que pudiera redimirlo. Entre los dos acabaron con muy buenas familias y Casas Antiguas y Nobles.

- Sí… y encima los dos están locos.- Suspiró Cassiopeia tristemente. Dos magos fuertes y poderosos, por muy mestizos que fueran, era una pena que se echaran a perder, como lo hicieron, pero por otra parte, fue positivo para Lord Peverell, pues él había recogido las cenizas de lo que se había quemado y lo estaba reconstruyendo poco a poco.

De pronto, todos dejaron de hablar, al sentir una especie de oscuridad proveniente del centro del bosque prohibido. Al parecer, la sala que había echado Cassiopeia y las trampas de Regulus, no servían para nada, pues todas las arañas estarían allí ahora.

- Es parecido a la opresión que sentimos en el pensadero de Rodolphus…

- ¿Lo habéis notado también?- Vino la voz de Bellatrix, acompañada por su esposo y cuñado, aparte de Radu e Irina.

- Sí… ¿Dónde está Harrison?- Pidió preocupada Cassiopeia, la cual sentía miedo, no por ella, sino por el niño que consideraba suyo.

- En el centro… ese aura es el aura de muerte y es suya…- Dijo entrecortadamente Radu, haciendo jadear a todos los presentes.

- Lo peor es que está aumentando en poder y… fuerza.- Añadió Irina con un temblor de piernas.

Lo que todos sentían era muy diferente de lo que hicieron con las auras de las hermanas, Radu y Vlad. Sentían como si la misma muerte estuviera acechándolos a todos, preparada para levantar la guadaña y consumir las almas. Era aterrador e indescriptible el sentimiento.

- ¿Qué hacemos?- Preguntó Rodolphus, sintiéndose más seguro donde estaba.

- Ir a ayudar a mi hermano y Harrison, por supuesto.- Dijo valientemente Radu el cual también sintió la presencia de muerte de su hermano, pero en menor rango, ya que la de Harrison opacaba a la del más antiguo Alucard.