CAPITULO 10
ACELERANDO EL PROCESO DE ENVEJECIMIENTO Y UN VIAJE INESPERADO A POENARI
El proyecto que se traía entre manos Harrison Peverell fue produciendo sus frutos al haber terminado de contratar los jefes de las casas que iban a hacerse cargo al año siguiente. Dos jefes por cada casa, uno para los chicos y otro para las chicas.
Las casas de Gryffindor y Slytherin al final fueron juntadas con éxito y renombradas a Mortem, la cual fue aprobada por el resto de la escuela, aprendiendo a convivir unos con otros, después de un tiempo.
Al principio los castigos y las deducciones de puntos estaban tan mal, que Harrison estuvo tentado a intervenir, amenazándolos con la expulsión, pero al parecer después de un tiempo, las cosas se calmaron.
Mortem acababa de nacer y Harrison estaba feliz por ello, pues supondría una nueva era en la que no habría disputas ni se haría mal uso del nombre de su familia nunca más.
Acabando con un conflicto que ya nadie sabe quién empezó, Harrison fue alabado por los antiguos jefes de casa de Hufflepuff y Ravenclaw.
Para finales del curso escolar, los gobblins habían acabado su trabajo en la cámara de los secretos, lugar donde residía el basilisco de Salazar, el cual Harrison tuvo que poner a dormir bajo fuertes encantamientos estasis de lo grande y solo que estaba.
Grande porque medía muchísimo y por desgracia no podría ser sacado de la escuela sin ser visto y solo, por el terrible hecho de que Salazar en su infinita sabiduría, solo empolló un huevo de basilisco.
La piedra rúnica que tendría las salas más fuertes que se podrían ver, a excepción del Castillo Peverell, fue terminada unos días antes de que los constructores llegaran a la escuela, junto con la nueva directora.
Después del fiasco en el escape de Dumbledore en el ministerio de magia, Amelia estaba muy desencantada con la situación y pidió a Harrison si sería capaz y posible hacer un cambio de aires.
Harrison sabiendo por donde iban los tiros o al menos suponiéndolo, le ofreció el puesto de directora, tras haber sido rechazado por muchos de sus aliados más allegados, alegando que tenían sus propios negocios que atender, no queriendo inmiscuirse en los negocios de Harrison.
Harrison dejó en claro a Amelia, que el puesto sería suyo, pero que en las decisiones importantes, pertenecientes a la seguridad y la contratación de nuevos profesores, sería él el que tuviera la última palabra y no la nueva junta de gobernadores, hecha de parcialmente todos los aliados de Harrison, salvo unos cuantos más que tuvieron que meter, para que no fueran vistos como monopolio o monopolizadores de la junta.
Los jefes de casa de Mortem, constaban de dos, como en las demás casas, pero estos eran especiales, pues para que el mundo comenzara a comprender la necesidad de no echar a los hijos de muggles o los mágicos de primera generación del mismo mundo al que pertenecían, contrató a estos dos, con sus promesas de que estudiarían y se pondrían al día en cuanto a las costumbres mágicas, para que comenzaran a entender un poco más el mundo en el que vivían. También quería mandar un mensaje, que pronto estaría abriendo un nuevo negocio en el que necesitaría empleados.
Suspirando alegremente esta vez, en vez de tristemente estresantemente, Harrison recogió todas sus cosas del despacho del Lord, incluyendo el marco en el que sus antepasados lo visitaban constantemente para decirle de las noticias que les llegaban desde lejos.
Ahora que no habría juicio, Harrison no tenía necesidad de sentarse en el Wizengamot, debido a que su asiento estaba siendo utilizado por su proxy Orion Black.
No sabiendo lo que iba a hacer a continuación, antes de que uno de los constructores de Hogwarts se marchara, le preguntó cuanto le costaría hacer una piscina en sus terrenos, en el Castillo Peverell.
Una de las cosas que nunca había aprendido hacer, era nadar. Según Markus, en sus tiempos todos los miembros de la familia sabían nadar, ya que era importante por si algún día te encontrabas en tal necesidad, al estar en el agua.
- No es muy caro, tampoco es muy difícil de crear. Lo único que tus elfos tienen que estar atentos para limpiar el agua y purificarla de vez en cuando, pero es sencillo, ¿Por qué?
- Me gustaría contratarlos para que me hicieran una, ¿Sería posible?
- Sí… pero no hace falta mucha gente, con un constructor o dos, es necesario. ¿También lo apuntamos a la factura de la escuela?
- No, esto es aparte. Es para mí uso personal.
- ¿De cuánto sería la piscina?
- Grande, tengo mucho terreno, pero no quiero que lo ocupe todo. ¿Qué es lo que recomienda?
- Mmm… pues verá, en el mundo muggle hay piscinas que son para divertirse, pero son de estilo olímpico, es decir, profesional. Podría hacerle una de esas. Es bastante grande.
- ¿Cómo de grande?- Pidió Harrison dándole lo mismo que los muggles tuvieran algo así, por supuesto que lo tendrían.
- De largo serían unos cincuenta metros, con un ancho de la mitad, veinticinco. La profundidad es de unos dos metros. Supongo que no le interesan los carriles, ¿Verdad?
- ¿Carriles?
- Para hacer competiciones.
- No, no me interesan. ¿Cuánto me saldría?
- De dos mil a tres mil galeones. No suele ser muy caro. ¿Le interesaría una cubierta? Así en invierno también se podría meter.
- Sí… no estaría nada mal. Pero una cubierta en la que sea grande, para que la gente pueda caber sin dañarse la cabeza.
- Por supuesto, Lord Peverell. Entonces el precio inicial sería de unos cuatro mil galeones. ¿Cuándo puedo empezar?
- ¿Mañana, podría?
- Puedo, mañana nos vemos entonces, Lord Peverell.- Saludó marchándose el oficial de constructores, mucho más feliz pues había hecho un trato justo con este Lord.
Harrison, contento de que otra de las cosas que tenía planeadas funcionara bien, se metió en la chimenea, saludando a Amelia, la cual había puesto su renuncia sobre la mesa de Augusta, la cual Augusta le había indicado que si quería volver, solo tenía que pedirlo y sería puesta en su antiguo puesto antes de que se pudiera decir, Auror.
- Buenos días, Amelia. Es un día espléndido, ¿Verdad?
- Sí… bueno, pero ¿Qué te trae tan contento hoy?
- La verdad, las cosas al final han salido bien aquí en Hogwarts. Tenemos nuevos jefes de casas que se van a encargar exclusivamente a los alumnos y alumnas. Tenemos nuevos profesores que se ven competentes y con ganas de enseñar. Los fantasmas y el poltergeist han sido todos exorcizados con éxito de Hogwarts, dejando el castillo limpio, por primera vez en siglos. Tengo una directora y subdirector competentes. ¿Qué más puedo pedir? Ah, por si fuera poco, voy a tener una piscina, para aprender a nadar…
- ¿No sabes nadar?
- No… nunca me dejaron aprender. ¿Es sorprendente?
- Pues sí… a los niños se les enseña, por si aluna vez caen a un río y no pueden depender de la magia. ¿Tienes piscina?
- Todavía no, mañana vendrá el constructor a hacerla. Por cierto, hablando de él, tendré que dar permiso temporal en las salas… también decirle a las serpientes del bosque que lo mantengan vigilado.
- Eres un poco paranoico, deberías relajarte.
- Mejor paranoico que estar muerto, Amelia. Por desgracia mucha gente no está contenta conmigo y no después de todo lo que he hecho para con Hogwarts y Hogsmeade.
- Me puedo imaginar… bueno Harrison que tengas unas buenas vacaciones, nos veremos más tarde en el verano y si no… en Poenari.
- Cierto, igualmente Amelia.- Se despidió de ella, entrando en la chimenea y diciendo claramente el destino, su casa.
Saliendo por la chimenea del Castillo Peverell, respiró hondo teatralmente, haciendo reír a algunos de los retratos, los cuales le dieron la bienvenida como se merecía.
- ¡Harrison! ¡Por fin has salido de Hogwarts! ¿Qué tal todo?
- Perfecto, al menos se ha quedado más fácil para el manejo de Amelia, espero que le vaya bien y que no se estrese tanto como yo.
- Eso espero, Amelia era buena persona.
- Será es, James, todavía está viva.- Intervino su abuelo, dando la bienvenida a Harrison.
Cuando todos los retratos habían terminado de darle la bienvenida a su Lord, casi era la hora de un almuerzo, pero queriendo informar a todos de lo que estaría haciendo en estas vacaciones, al menos hasta a Agosto, Harrison ordenó a los elfos que le sirvieran la comida en una pequeña mesa, mientras que explicaba todo.
Después de almorzar y de contarles sus planes inmediatos, Markus le recomendó que pidiera a alguno de sus aliados o pronto a ser familia que le enseñaran a nadar, sería mejor que estuviera acompañado que solo.
- ¿Qué harás con el resto de tus estudios?
- Seguiré. No he decaído en mi sueño de ser un Gran Maestro Nigromante. Además, los grimorios que me ordenasteis estudiar, ya están casi acabados, solo tengo curiosidad por ponerme a prueba.
- Bien, porque las maldiciones y hechizos antiguos son difíciles de hacer. Necesitarás mucha práctica para lograrlo, puede que sea incluso necesario que te metas otra vez en la sala especial. Hablando de dicha sala, hemos discutido entre todos, algo de suma importancia con respecto a lo que te molesta.
- Me molestan tantas cosas… pero ¿Sobre qué?
- Sobre tu noche de bodas, tonto.- Intervino Morgana con una sonrisa pícara. – Antes era más fácil hacerte sonrojar. Con tan solo tener que sacar un poco de pecho, ya lo perdías.
- He crecido Morgana… aparte de crecer acostumbrado a ti, gracias.
- Oh de nada. Pero poniéndonos serios, creo que lo mejor es que Markus y Marduk hablen contigo sobre el tema. Aunque todos y todas hemos decidido, ellos podrán aconsejarte y serás capaz de tomar una decisión por ti mismo.
- Claro.- Contestó Harrison seriamente, llevando el marco al despacho del Lord nuevamente y siendo ocupado inmediatamente por Marduk y Markus Peverell.
- Tenemos buenas y malas noticias con respecto a tu consulta, Harrison.- Comenzaron inmediatamente, sin que Harrison se hubiera sentado todavía en la silla del Lord.
Asintiendo en la compresión de lo que iban a hablar, Harrison se preparó mentalmente para las noticias, por desagradables que fueran, las aceptaría.
- Claro, ¿Qué descubristeis?
- Las buenas noticias, es que puedes hacer lo que nos pediste que investigáramos. Es decir, con el mismo amuleto que hiciste, para pasar un año dentro de la sala del tiempo y que fuera pasara un día, puedes envejecer rápidamente en un día. Sin embargo y aquí entra la mala noticia, solo lo puedes hacer una o dos veces en el mismo año. También te expones a problemas con tu magia, pues sería engañar severamente a la naturaleza humana.
- ¿Qué quieres decir?
- Si bien hay pociones de envejecimiento que bien podrías usar, solamente son glamour, lo que te propones es envejecer en dos días, dos años, para estar en una posición de tener casi doce años de edad. Eso engaña la naturaleza humana. La gente ha estado buscando al revés, rejuvenecer en vez de envejecer.- Dijo Markus con el ceño fruncido, no gustándole la idea de que Harrison quisiera hacer algo así.
- Sin embargo es posible y bien podría ser beneficioso para ti. Si es cierto lo que dice Markus, es peligroso en cuanto a los niveles de tu magia se incrementen. Cuando tengas once, la magia se incrementará en ti, no te preocupes, pues a todos nos pasa. A los diecisiete es la segunda vez que madura y a los veintiuno, la última. En tu caso bien podría madurar dos veces. Una, cuando tu cuerpo alcance la edad física de once, pero no tu alma, lo que quiere decir que cuando realmente tengas los once años, tu magia se incrementará de nuevo. Eso es lo peligroso, pues no sabemos cómo actuará cuando tengas diecisiete y veintiuno. Sin contar con lo que te ha pasado anteriormente, con el aura de muerte.
- Entiendo… así que la buena noticia es que sí que podría envejecer mi cuerpo hasta los once o principios de los doce, siendo cuando llegue mi cumpleaños, cumpliendo diez, pero en cuerpo doce.
- Exacto.
- Pero la negatividad de la situación reside en que no sabremos qué pasaría una vez cumpla once años, si se incrementaría la magia o no.
- Es cierto.
- Tengo que meditarlo, pero en caso afirmativo, ¿Cómo lo hago?
- Con solo quitar el sello en el amuleto de un año, es decir, la protección que te impide crecer físicamente dentro de la sala, será bastante.
- ¿No hace falta que haga una nueva?
- No, no hará falta.
- Piénsalo bien Harrison, no tienes por qué hacer esto. No tienes prisa en absoluto. Puedes casarte con Irina y cumplir con la noche de bodas, es como dijiste, solo tenéis que estar juntos para que la magia la acepte como tu esposa.
- Lo sé, pero creo que puedo investigar este asunto… imagínate lo rápido que podríamos criar a los niños…
- Eso es una tontería Harrison.- Expresó abiertamente Markus, el cual no aceptaba de ninguna manera que se engañara el ciclo vital de esa forma. – No puedes simplemente entrar con gente sin preparación mental a la sala y envejecerlos a tu antojo, además, tú también envejecerías.
- Lo sé, me disculpo por la tontería que he dicho, pero no obstante voy a estudiar el método. Tal vez tenga más beneficios que no sepamos.
- Haz lo que quieras, pero te lo advierto, espero que no salga mal y que no tenga efectos negativos, si los tiene, luego no te quejes.
- Lo sé Markus… siento que no te haya gustado la idea.
- No lo sientas, está bien ser curioso, pero… querer avanzar tan rápido…
- Lo que Markus quiere decir, es que eres un nigromante, Harrison. Estudiamos la muerte, no vamos en su búsqueda tan pronto. ¿Entiendes?
- Lo entiendo. Estás preocupado, así como muchos de los retratos. Imagino que no queréis que me una a vosotros, al menos hasta que pasen muchos siglos.
- Exactamente. Ahí le has dado.- Suspiró Markus, pero aunque le diera la razón, al final Harrison encontraría la manera de convencerlo de que los riesgos eran buenos. ¿Por qué tenía que tener un heredero así? Bueno, heredero ya no, sino Lord, había reclamado con éxito la Casa.
Yendo hacia sus cuartos personales, Harrison se encerró por lo que quedaba de día, meditando sobre los riesgos que le acaecerían si hacía lo que pretendía.
Visto desde la perspectiva de los retratos de sus antepasados, se le quitaban las ganas de probar a envejecer su cuerpo en dos días, lo que sería dos años. Pero mirándolo desde otro punto, bien podría desposarse cuando cumpliera los once reales con Nym también, teniendo dos esposas a las que cuidar.
Todo era relativo, pues si bien podría tener hijos ahora mismo, ¿Era así como quería comenzar su nueva vida?
Luego estaba el problema del Jefe de la Secta, la Verdadera Mano Negra, lo cual no aceptaba bajo ningún concepto el compromiso de Irina con Harrison, aunque se fueran a casar igualmente.
Al parecer Irina nació con un don increíble en su familia, podía decidir si quería convertirse en un vampiro de verdad, o seguir siendo mestiza como su padre, y tío.
En un principio, le confesó la propia Irina, que tenía planeado convertirse en Vampiro cuando alcanzara la mayoría de edad, pero ahora que había conocido a Harrison… no sabía qué hacer.
Metiéndose dentro de sus escudos oclumánticos, Harrison comenzó a reordenar todo pensamiento y recuerdo, haciendo más inexpugnable el Castillo Peverell de su paisaje mental, poniendo más trampas, más guardias, etc.
Una vez terminado, volvió a su mente lo ocurrido aquel día en el bosque prohibido con las arañas.
Viéndolo desde sus recuerdos, estuvo totalmente de acuerdo con la entidad que luego le habló, no debía temer a su poder, pues desde otra perspectiva, Vlad no salió herido en absoluto.
Lo que le fascinó, fue lo que podía hacer con el aura, o más bien con las sombras que le rodeaban. Ahora bien, si pudiera viajar a través de ellas, sería mucho más fácil que hacerlo por aparición, y seguramente mucho más cómodo.
Siguiendo la pista de lo que había hecho la primera vez para hablar con el "ente" dentro de él, Harrison fue al centro de su magia nigromántica y su magia de hechicero.
En el mismo centro, Harrison se dio cuenta que su aura no estaba sellada, pues era impensable sellarla, sino que estaba como "castigada", tal como si fuera un niño que se había portado mal. Confundido por esta ocurrencia, intentó hablar con su propia aura, cosa que vio de locos, pues ¿Iba a contestarle?
- Hola, ¿Por qué estás…? Debo estar loco por pensar así, pero ¿Por qué estás como castigada?- Preguntó sin esperar una respuesta a cambio. Lo que le sorprendió después fue la repentina aparición del "ente".
- Joven Nigromante… has vuelto.- Admitió sin muchas reservas, pues sabía que vendría nuevamente, si no en busca de respuestas, para hacer preguntas.
- Oh… hola… no sé cómo llamarte.
- Llámame Shadow.
- De acuerdo Shadow, creo que de momento es un buen nombre.
- Tengo otros para utilizar, pero creo que te asustaría demasiado pronto si te los dijera.
- No me asusto fácilmente.
- Lo sé, tienes mucha confianza en ti mismo. Eso es un arma de doble filo, pues el día que te venzan, perderás parte de esa confianza.
- Es por eso que estudio y entreno a diario.
- Aunque últimamente no lo has hecho.
- He estado ocupado en Hogwarts, ahora que he terminado mi negocio allí, puedo volver a las andadas de los estudios.
- Imagino que continuarás con la Nigromancia.- Afirmó en vez de preguntar. – No hay nada que pueda decirte para que cambies de opinión, ¿Verdad?
- No, es mi magia familiar, aparte del hecho de que a pesar de que domine las Sendas, me gustaría aprender de las antiguas magias y civilizaciones.
- Entiendo. Eres obstinado. Eso está bien, pues tendrás que prepararte mucho para dominar lo que piensas hacer con tu poder de aura.
- ¿El viaje sombra? ¿Cómo lo sabes?
- Soy parte de ti. Ahora creo que has venido para preguntarme algo que te inquieta. No solo a ti, sino a tus antepasados también.
- En efecto. Tengo ciertos problemas… de crecimiento, por así decirlo. En agosto de este año, me caso y necesito crecer físicamente dos años para poder pasar mi noche de bodas. Si bien el proceso es el que he estado utilizando, pero sin la protección del cuerpo, creemos que puede ser perjudicial para mi magia.
- ¿Temes que al madurar la segunda vez, a los once, cuando cumplas realmente esa edad, vulva a madurar y se desestabilice?
- Sí… mirándolo así, sí.
- No te preocupes, si haces lo que planeas, podrás hacer otras cosas antes de tiempo, cambiarás tu propio destino, pero creo que tu destino no es como el de los demás, no estás escrito en piedra.
- ¿Qué quieres decir?
- Olvida esa parte de momento. Como te dije en ese entonces, hay ciertos aspectos místicos que tienen puestos sus ojos sobre ti. Si envejeces dos años como pretendes, deberás dominar tu aura de muerte hasta el nivel cinco. No es algo sencillo, pero podrás viajar a través de las sombras como pretendes.
- Entonces no tiene muchos aspectos negativos… mis antepasados piensan que podría morir en el intento.
- Podrías, pero no lo harás. Como he dicho, tu destino es otro, estás protegido por la misma magia.
- ¿Así es como sobreviví a la maldición asesina?
- No. Ese tema nunca lo sabrás… no es de mi jurisprudencia decírtelo, por así decirlo.
- Elocuente. Creo que lo haré.
- Como pensé, obstinado y con una pizca de idiotez, pero déjame advertirte, joven nigromante, que lo que enfrentaras no es como lo que has estado enfrentando, no son magos con los que puedas jugar juegos políticos… estos seres superiores te verán muy de cerca, juzgando si eres o no, digno.
- Creo que entiendo. Deberé entonces, entrenarme más arduamente. Gracias por tu tiempo, Shadow.
- Aquí estoy cuando quieras venir y tu aura no está castigada, lo aparenta, pero no lo está, puedes utilizarla siempre que quieras, pero con cuidado, no encerrarla.
- Ahora entiendo. Gracias, es un alivio que si la utilizo no perderé la cabeza, creo que me vendrá bien para la reunión con el Jefe de la Secta de Vlad.
- Suerte, pequeño nigromante…- Fueron las palabras susurradas por Shadow, de despedida, mientras que Harrison salía de su centro a su mente y de su mente a la realidad. Al parecer en el mundo real había pasado más tiempo y ya era la hora de la cena.
Yendo con nueva determinación hacia el salón donde se serviría la cena, Harrison decidió en ese entonces, que a dos días más tarde, cuando le pusieran la piscina, entraría en la sala del tiempo y el espacio sin la protección, con comida para todo un año, para envejecer su cuerpo y volver a hacerlo otra segunda vez, así podría tener casi doce años, pasando rápidamente por la pubertad.
Lo que no comprendía Harrison en el momento que decidió hacerlo, sería las consecuencias que traería a su persona, la pubertad.
Los cambios físicos a los que se iban a enfrentar, más los cambios mentales. No es que fuera a mirar diferente a los contratos de matrimonio, sino que tendría… reacciones a las chicas, reacciones que en momentos como este con nueve, casi diez años, no tenía. Pero era su decisión, y así fue respetada por los retratos, los cuales algunos de ellos reían ante la expresión molesta de Markus.
- No puedo decir que no comprendo tus motivos Harrison, pero como siempre digo, ten cuidado. No sabes nada de este "ente" llamado Shadow. Puede ser un espectro que te quiere mal o puede ser algo bueno, no lo sé. Lo único que sé es que no quiero que te ocurra nada malo.
- Tranquilo Markus, no pasará nada malo, te lo aseguro.
- ¿Qué te llevaras a la sala? ¿Libros?
- Sí y a ti y Marduk, para continuar con el entrenamiento en nigromancia. Ya tengo leídos los grimorios que recomendasteis, solamente me falta hacer la práctica con cuerpos humanos.
- Bien, después de que hagas el envejecimiento entrarás en la práctica, por ahora vas a estudiar la nigromancia griega y romana. Hemos terminado con las nigromancias en Mesopotamia y Egipto.
- Entendido, ¿Son igual de complicadas?
- No… son más bien tirando al estilo de las almas y los llamados de éstas a nuestro mundo. También es un estilo diferente en el que la nigromancia no solo se utiliza para levantar muertos o matar. Se utiliza para crear lo que se llama Inferius, un cuerpo muerto reanimado, lo cual aprenderás a hacer. Primero por tallar runas oscuras en el primer cuerpo que vayas a reanimar, después tendrás que lanzar el hechizo, el cual más tarde se te será mostrado. En el resto de Inferius que crees, tendrás que lanzar dos hechizos, uno para reanimarlos como cadáveres y otro para ligarlo al primero que has creado.
Tú das órdenes al primero, y el resto de ligados a éste, le seguirán. Así de fácil.
- No parece complicado… ¿Qué rituales tiene la nigromancia griega y romana?
- Parecidos a los de las Sendas, pero un poco más cambiados. Ahora ve a la biblioteca, deja los grimorios y recoge los de Roma y Grecia, tienes mucho que aprender.- Ordenó Markus a Harrison el cual se fue corriendo a cumplir.
- No sabe a lo que se enfrenta…
- No seas así Markus, será divertido ver cómo pasa por la pubertad… siempre podemos invitar a Irina para que se burle de él, al igual que ha Nymphadora.- Sugirió Morgana juguetonamente.
- Recuérdame, Lady Morgana, que no me meta nunca contigo.
- ¿Por qué?, Si soy muy buena.- Comentó con una sonrisa traviesa, pensando en las "bromas" juguetonas que haría a Harrison una vez saliera de la sala, convertido en todo un adolescente.
Salto de escena.
Al día siguiente el constructor de Hogwarts llegó rápidamente, pidiendo a Harrison que le llevara a donde quería que colocara la piscina.
El día anterior, Harrison estuvo hablando con los elfos domésticos para ver donde podrían colocarla sin que dañara los terrenos mismos.
Viendo que un poco más alejado del lago, pero no mucho del Castillo, sería un buen lugar, lo marcaron mágicamente, al menos los cincuenta metros y los veinticinco de ancho que tendría la piscina.
Viendo la iniciativa de Harrison, el constructor, alabó al pequeño Lord por su buena labor. Comenzando a hacer la excavación, los terrenos pronto se llenaron de ruido. Diez minutos más tarde, Harrison se fue a preparar la sala y los elfos que iban a entrar con él, al menos para prepararle las comidas y baños pertinentes.
Una vez en el Castillo, Harrison fue a recoger el amuleto de tres años, pensando que si bien era más tiempo de envejecimiento del que precisaba, haría los dos años rápidamente sin tener que volver dentro.
Quitando la runa que servía como protección para el cuerpo, de no envejecer, Harrison se sintió satisfecho y colocó dicho artefacto en la misma puerta, donde varias veces antes había usado la sala.
Preparando los marcos de los retratos que iban a entrar con él, Harrison metió en un baúl todo lo que necesitaría, así como ropas y túnicas, libros, cosas de baño, etc.
Teniendo listo el baúl y solamente esperando a que el constructor acabara, fue otra vez a los terrenos del Castillo para ver un enorme agujero de cincuenta metros de largo, por veinticinco de ancho y dos metros de profundidad.
- Parece que está casi listo.
- Tú lo has dicho.- Dijo un sudoroso trabajador, el cual aceptó de buen grado la comida y bebida ofrecida por el elfo. – Solamente falta darle los últimos retoques. He de decir que tienes una propiedad mucho más… hermosa que Hogwarts. Nunca imaginé que algo así pudiera existir.
- Gracias, el Castillo también es más antiguo. Pero por suerte no le hacen falta reparaciones.
- Eso pensé. La arquitectura es asombrosa… a tus antepasados le debieron costar una fortuna.
- Sí…- Dijo un poco incómodo, pues sabía que había gente que no podría permitirse algo así por muchos años que pasaran.
- No te preocupes, me gusta el Castillo, pero no para tener uno. Debe ser toda una experiencia recorrer los pasillos.
- De hecho lo es, la primera vez, tuve que tener la guía del elfo en jefe para no perderme.- Contestó jovialmente, viendo como el hombre terminaba su bocado y continuaba poniendo el "gresite" como lo llamó. Una especie de cobertura entre la piedra y el agua, para que el agua no se filtrara o algo así.
Terminando esa parte, comenzó la construcción de la cubierta, tardando media hora nada más, pues tenía los materiales en un baúl encogido. Gracias a la magia, tuvo una piscina en dos horas o así, lista para usarse.
- ¿Quieres hacer los honores en llenarla?
- ¿Vale cualquier hechizo de agua?
- Sí, ¿En cuál piensas?
- Aquae Oceani.- Fueron las palabras de Harrison, apuntando la vara directamente al centro de la piscina. Poco tiempo después, una gran cantidad de agua apareció llenando la piscina en pocos segundos.
- Impresionante, yo hubiera utilizado Aqua Eructo. Se tarda un poco más, pero se llena. Éste también es válido, como puedo ver… ¿Te importa si lo utilizo?
- Para nada, no es magia familiar. De hecho, es uno que se perdió hace tiempo. No entiendo cómo se dejan perder este tipo de hechizos, con lo útiles que son. Podrían apagar un fuego de Findfyre en pocos minutos.
- ¿En serio? ¿Cómo decías que se llamaba?
- Aquae Oceani.- Contestó Harrison, haciendo un movimiento de varita para el mago viera. – Se necesita un poco de poder, pero creo que los constructores como tú, lo tenéis.- Dijo sacando la bolsa de oro y viendo como el constructor sopesaba la bolsa, haciendo una mueca por el oro extra.
- Considérelo una propina.
- Gracias, mi Lord. Si tiene algún otro trabajo, no dude en llamarme o si sabe de alguien que quiera remodelar su mansión.- Dijo haciendo un pequeño guiño, pues era bien conocido las alianzas de Lord Peverell.
Una vez marchado el constructor y la piscina lista para su uso, Harrison dijo a los elfos que la tuvieran vigilada y mantenida por estos tres días que estaría entrenando en la sala del espacio y el tiempo. También mandó una carta a todos sus aliados, haciéndoles saber que estaban invitados a una pequeña fiesta, antes de que se fueran de vacaciones.
La fiesta sería informal y sería mucho mejor traer trajes de baño, pues tenía una piscina en la que se podían meter, libre de animales mágicos o mundanos.
Salto de escena.
El tiempo que pasó Harrison en la sala del espacio y el tiempo, fue envejeciendo lentamente su cuerpo y su mente.
Al principio no notaba mucho los cambios, solamente en la altura, dado que iba creciendo un poco más.
Había cogido también músculo de ejercitarse todas las mañanas. Gracias a la magia élfica, la sala fue ampliada para el propósito de que Harrison pudiera correr libremente y hacer otro tipo de ejercicios.
El primer año se lo pasó mejorando su meditación y Oclumancia, llegando todos los días a hablar con Shadow, practicando también con su aura de muerte, llegando al punto de dominar los dos primeros niveles.
Los otros tres niveles no se atrevía de momento a ejercitarlos, no por miedo, sino porque pensaba que tendría más tiempo para recurrir a ellos.
El segundo año, lo pasó investigando la nigromancia griega y romana, llegando al punto de entender cómo se hacían los Inferius, pero con una duda en su mente.
¿Qué pasaba si se equivocaba en las runas y lanzaba el hechizo de reanimación? ¿Podría crear una nueva forma de Inferius? Pensándolo bien, ¿Qué pasaría si esa nueva forma, con un solo mordisco, creara otras formas de Inferius?
Investigando los libros sobre ese tema, descubrió que nunca se había hecho algo así, nunca nadie había pensado en tallar las runas del primero, en los dientes en vez de en cualquier otro sitio.
El resto de infectados no tendrían las runas, pero sí el veneno para retransmitirlo. Según el retrato de su madre, a eso se le llamaba Zombi.
De todas formas, los libros sobre nigromancia griega y romana eran interesantes, pues se basaban mucho en las magias del alma y como contrarrestarlas. No solo los sumerios tenían sus rituales, los griegos poseían otra forma de exorcizar un Horrocrux si se encontraban con él.
Lo primero que tenías que hacer, era crear un círculo ritual, en el cual tallar runas griegas, haciendo alusión a los "dioses" de la muerte, para que el pedazo de alma que habitaba el Horrocrux fuera sacado.
Después de hacer el ritual, cuando el alma estaba anclada en la jaula, venía su destrucción o su exorcismo. En ese punto todo era dependiendo del nigromante.
Bien podías acabar con él, con una maldición de muerte, con fuego demoniaco o con Hellfyre.
En la nigromancia romana era algo similar.
Luego estaban todos los hechizos que se utilizaban para dar muerte que tenían su origen en la nigromancia, era verdaderamente tremendo lo que los griegos y romanos habían creado y se había olvidado. Toda esa magia ahora pasaría a formar parte de su conocimiento, conocimiento que no dudaría ni un segundo en poner a prueba.
En un apartado de los grimorios, vinieron hechizos y maldiciones que simulaban los "poderes divinos" de los "dioses" tanto griegos como romanos.
Le parecía interesante que ese apartado fuera completamente distinto a la nigromancia, pero como pudo observar, el autor lo escribió pues si bien había un dios de los muertos y una personificación de la muerte en ambas mitologías, había también muchos dioses menores que poseían poderes curiosos.
Estudiando la larga lista con el beneplácito de sus tutores, así pasó Harrison el segundo año, sintiendo como su magia un día avanzaba y crecía, había llegado a la segunda madurez de su magia.
Al haber llegado a ese punto, se dio cuenta de que ahora sí que podría practicar los tres niveles que quedaban en su aura de muerte, algo que le vendría bien, pues en el cuarto es donde podía manipular las sombras a su antojo.
Al manipular las sombras, eso quería decir que podría escuchar las conversaciones de la gente que estuviera muy lejos, sin tener que estar presente, pues sus sombras actuarían como espías para él.
También podría viajar a través de ellas, usando ese poder en vez de la aparición. En el mundo mágico no había nada que le evitara viajar a través de una sombra, a no ser que alguien fuera tan inteligente de hacer que no hubiera sombras en el lugar, alumbrando todos los ángulos de dicho sitio.
Aparte de crear las herramientas o armas hechas de sombras, podría lanzar bolas de fuego infernal, pero eso sería más en los otros niveles, tanto en el quinto como en el sexto.
Según Shadow, el séptimo era el más poderoso, tratando únicamente de dos conjuntos de poder.
Uno, era poder ver las almas de las personas en sus cuerpos, sin tener que recurrir a los rituales.
El otro era más peligroso, pues se trataba del poder de destruir dichas almas.
En vez de hacerlas ir hacia el más allá, el poder como bien dice la palabra, es destruir. Para destruir un alma, estás condenando a esa alma a la no existencia, lo que quiere decir, que otra alma tiene que ser creada para sustituir la destruida.
Destrucción de almas o no, utilización del poder o no, si quería terminar con los estudios del aura de muerte, tenía que aprender todo eso por obligación y además a utilizarlo.
Fue en el tercer año, cuando Harrison comenzó a notar los cambios en su cuerpo físico.
Primero comenzó con el crecimiento de vello púbico y en otras partes del cuerpo. También con el crecimiento, dado que continuó.
Los pensamientos sobre las chicas desnudas o al menos Nym e Irina, venían constantemente a él, pero con Oclumancia podía ocluirlos fácilmente, algo que cuando se dieron cuenta sus antepasados Marduk y Markus, le regañaron diciéndole que no era sano ocluir esas emociones.
- Ahora Harrison, estás descubriendo los pormenores de la pubertad. No puedes dar marcha atrás y ocluir los pensamientos, por muy embarazosos o muy… calientes que te lleguen. Tienes que vivir y acostumbrarte a ellos.
- Pero…
- No hay peros, Harrison. Si me hubieras escuchado, habrías tenido tiempo de prepararte, pero tú y tus prisas por crecer, me asombran. Ahora atente a las consecuencias.
- Está bien… ¿Qué hago?
- No ocluyas esos pensamientos. Déjalos vagar por tu mente, si quieres lo que puedes hacer es construir una sala donde esos pensamientos vayan, pero no los borres.- Dijo Markus con una sonrisa, pues sabía que Harrison haría eso y además miraría en los pensamientos eróticos en varias ocasiones.
A partir de ahí, Harrison tuvo más problemas de concentración, pensando en cómo serían desnudas las chicas o en bikini, puesto que las había invitado a la piscina, antes de que se fueran de vacaciones.
Con esos pensamientos, esa noche se quedó dormido en su cama, cayendo en el mundo de los sueños húmedos y despertándose al día siguiente con algo pegajoso entre las piernas.
Cuando lo contó a los retratos, estos lo único que podían hacer era reírse incontrolablemente.
- No nos reímos de que hayas mojado la cama, pues no ha sido así. Lo que has experimentado se llama sueño húmedo. Tienes un sueño erótico donde estás con una o varias mujeres… teniendo sexo y te despiertas después de haber eyaculado. Es completamente normal en la pubertad.
- Vaya… pues no me preocuparé.
- No lo hagas. Se suele pasar cuando tienes las relaciones sexuales, pero no siempre.
- Entiendo. No es que me moleste… al menos no ahora… o sí… no sé, es muy confuso.
- Normal, tus emociones ahora estarán a flor de piel, es lo que tienes que controlar, pero sin ocluirlas como hacías al principio.
- ¿Quieres decir, que tengo que aprender Oclumancia de nuevo?
- No, lo que tienes que aprender es a reconocer ese instinto que tienes ahora. Es parte de ti y siempre lo será. También tienes que aceptar tus emociones como la misma parte de ti, tanto si sientes que tienes que tocarte todos los días para relajarte, como si sientes que dos días a la semana está bien.- Comentó Markus, sonriendo ante un pequeño sonrojo de parte de Harrison.
Oh, Morgana le encantaría estar aquí ahora mismo, por suerte para el joven Lord no estaba. Pensó un día, compartiendo una mirada con Marduk ante eso.
El resto del tiempo, Harrison lo volvió a pasar meditando o intentándolo, pues ahora lo veía más difícil que antes, debido a las puras emociones o mejor dicho, a las hormonas. No dejaba de pensar en Irina y Nym.
Cuando tenía que salir de la sala del espacio y el tiempo, Harrison había logrado al menos aceptar ciertas emociones y ver por sí mismo los principales problemas de la pubertad, aunque también tenía sus ventajas.
Era más alto, más fuerte y la voz le estaba cambiando, de la chirriante de un niño a la de un adolescente.
El pelo que le había crecido en las zonas incomodas, por suerte tenía un encantamiento para depilarse, algo que hizo, dado que no le gustaba como picaba, también le molestaba en esas partes un poco.
Al haber entrado en la cámara sin la protección de la runa envejecedora, las partes del cuerpo de Harrison que tenían que desarrollarse, se fueron desarrollando, viendo como su pene crecía por las noches, cuando imaginaba desnudas a sus prometidas o incluso cuando soñaba con la voz de Irina salir del baño, gimiendo de placer.
Antes de salir, Harrison habló con los retratos para pedirle consejo sobre cómo actuar con sus aliados, pues no sabría cómo se tomarían la noticia de que había envejecido a propósito tres años, en vez de los dos que tenía previsto.
- Debes contarles la verdad, no solo son aliados, sino que son familia tuya también.
- ¿Sobre Shadow, también?
- Especialmente. Es posible que ellos sepan "qué" es esta entidad. Si no es el caso, entonces continuaremos investigando.
- Entiendo. Va a ser divertido ver las caras de Astoria y Adhara. También las de Irina y Nym.
- Apuesto a que sí.- Comentó secamente Markus, el cual ya no podía hacer que se sonrojara Harrison como al principio, pues había logrado aceptar los cambios rápidamente.
Al parecer Harrison era de los que aceptaban este tipo de cambios, rápido y bien. Morgana ahora no estará tan contenta con ellos que tuvieron su parte de diversión.
- ¿Has recogido y limpiado todo?
- Lo he hecho.
- Excelente. Cuando salgas de aquí, sabes el proceso de relajación, tanto físico como mental. Puedes hacer deporte y magia, pero no estudiar más. Sumérgete en las diversiones que puede proporcionar el agua en verano, tus deberes de Lord y… habla con los gobblins.
- ¿Sobre qué tema, Marduk?
- Eso Harrison.- Intervino Markus, lanzando una mirada a Marduk. – Todavía no lo hemos decidido, pero… cuando lo hagamos te lo comentaremos.
- Markus, está claramente preparado.
- Me gustaría que antes pasara por la experiencia de Hogwarts… según James y los más modernos a nosotros es algo por lo que pasar.
- Pero se va a aburrir allí, será mejor que vaya directamente…
- ¡No! No está preparado todavía.- Terminó Markus, instando a Harrison a que recogiera los retratos para que pudiera salir de allí.
Haciendo caso a su mentor, Harrison recogió con el ceño fruncido sobre lo que estaban discutiendo.
Tal vez hablaran de enviarle a algún tipo de misión para demostrar su valía como nigromante o tal vez… como decían los viejos tomos de Markus, fuera a la escuela que había de nigromantes, en vez de Hogwarts. Eso sería algo positivo, pero también negativo. Ahora que había descubierto los placeres de la pubertad, se podría perder el crecimiento de sus chicas, Adhara, Astoria y Nymphadora.
Dado que Irina iría un año solamente, no se perdería mucho. Aunque ese año iría como Lady Peverell o señora Peverell, pues las tradiciones en nombres debían mantenerse. Algo que ya había sido advertido a los profesores, los cuales habían aceptado el hecho.
En Hogwarts, al menos en los tiempos de los fundadores, los matrimonios arreglados a temprana edad se solían dar y los maestros y profesores debían llamar a las alumnas por su nuevo apellido.
Se llegó a un acuerdo, que en la escuela de magia, los títulos de los estudiantes se dejaran de lado, si en el remoto caso uno era Lord antes de tiempo.
Es por eso que Irina y Harrison, si fuera, serían llamados, señor y señora Peverell, pues el termino señorita se dejaba a aquellas mujeres que eran solteras.
Era un poco confuso, pero necesario para que no hubiera problemas una vez fuera de la escuela. Los maestros y profesores podrían disciplinar a los Lores o herederos como ellos viesen necesario, sin temor a futuras represalias. El acuerdo había perdurado hasta los días de hoy, viniendo establecido en la carta de Hogwarts, una carta que pocos se dedicaban a leer en estos días, pero algo que Harrison quería cambiar, al menos para que los padres supieran a lo que se enfrentaban sus herederos, en el caso de los nacidos mágicos de primera generación, para que comenzaran a comprender el nuevo mundo al que se metían y respetasen esa tradición.
Según lo puso Harrison, si un nacido de muggles o mágico de primera generación (MPG, para abreviar), iban a un país distinto, tenían que aceptar las normas y leyes que en ese país existían, para llevarse bien con la gente o al menos no ofender a los miembros de dicho país.
En el mundo mágico pasaba igual, solo tenías que tener el conocimiento de las tradiciones, costumbres y leyes para saber manejarte por dicho mundo.
Actualmente, Bretaña mágica se destacaba por la remodelación de Hogwarts y por las nuevas materias que estaban siendo estudiadas por la junta de gobernadores. Ese hecho solamente le valió a Harrison una gran victoria, en la cual esperaría un tiempo determinado, al menos de dos años verdaderos (dos años de los que pasaba el tiempo fuera de sus creaciones), para proponer en el Wizengamot nuevas leyes, como la de total emancipación del mundo muggle, sin tener que informar a los primeros ministros muggles de la existencia del mundo mágico, así como a la Reina muggle, pues Harrison estaba casi al cien por ciento seguro, de que la mujer sabía de su existencia.
Eso era un problema, pues si esa mujer muggle sabía de la existencia del mundo mágico, ¿Quién decía que otros muggles que no debían de saber de ellos, sabían?
Eso era un temor que le hacía que pensar a Harrison muchas veces, discutiéndolo con los retratos más contemporáneos a él, como el de sus abuelos y sus padres.
Lily era de su misma opinión, pero era relajada en el tema, pues confiaba en que los muggles no harían nada en su contra, es decir, en contra de los mágicos.
Harrison no opinaba igual, era bastante obvio que ella y ninguno o casi ninguno de los retratos que habitaba el Castillo, tuvieron que ser perseguidos por ser diferentes o abusados, hasta el punto de casi morir, por muggles.
Quitándose esos pensamientos de momento de la cabeza, llevó los retratos de Markus y Marduk al salón de retratos, observando como todos se le quedaban mirando atentamente y fijamente.
- Has crecido.- Dijo Lily, la cual notó los cambios más rápido. – El pelo lo tienes más largo. También se te nota los músculos debajo de la túnica. Estás más guapo.
- Gracias madre.
- Y te ha cambiado la voz.
- No es lo único que le ha cambiado, Lily.- Comentó Markus con una sonrisa. – La forma de pensar también, al menos en las mujeres.
- ¿Oh, de veras?- Preguntó Morgana interesada en la conversación, sacando un poco de pecho, mirando hacia Harrison, para ver como respondía.
- Sí… aquí Markus ha estado intentando por los… años/días que me quedó de aprendizaje, que me sonrojara. Lo siento, Morgana, creo que te ha quitado la diversión.- Comentó con una sonrisa, viendo la mirada que le lanzaba a Markus por el hecho.
Markus solamente giró la cabeza hacia otro lado, silbando una extraña melodía.
- Bueno, eso da igual. Eres nuestro pequeño, siempre vamos a intentar que te sonrojes. Por cierto, ¿Qué tal tus nuevas… emociones?
- Bastante bien, al principio me costó un poco acostumbrarme, pero con perseverancia lo he conseguido. Así como dominar los dos primeros niveles de mi aura y entrar en los otros tres. Aunque me queda un tiempo para dominarlos, creo que para cuando tenga los once reales, podré dominar hasta el quinto nivel.
- Eso es interesante, seguramente para los estudiosos, pero lo que las demás damas y yo queremos saber… es otra cosa.
- Imagino que sí, pero desgraciadamente no podrá ser ahora. Tengo que darme una ducha, para poder recibir a los invitados, creo que pronto llegaran.
- De hecho, maestro, los aliados del maestro han dicho que vendrían sobre el mediodía.
- Estupendo Dobby, di a las cocinas que hoy comeremos en la piscina. Prepara una mesa y sillas, que los cocineros preparen algo ligero.
- Sí Maestro… se ve muy bien ahora.
- Gracias Dobby. La comida que preparaste estaba deliciosa.- Alabó al pequeño elfo que no pudo entrar con él, debido a que Dobby también envejecería los tres años.
Yéndose a preparar para las visitas, Harrison desconectó las llamadas de Morgana, instándolo a que esperase, que quería saber que más cambios habían sufrido el cuerpo y magia de Harrison.
Sabiendo de antemano que no la molestaría a la mujer su huida, escuchó el suspiro teatral de ella, diciendo algo de rebeldía juvenil.
Salto de escena.
Las familias comenzaron a llegar tras la invitación de Harrison. El mismo huésped estaba esperando a todos delante de la chimenea, pero cuando los primeros en llegar, fueron los Black, se quedaron asombrados ante el cambio que había dado Harrison en tres días.
- ¿Eres tú, Harrison?- Preguntó sin poder creerlo Cassandra Black.
Yendo hacia el joven Lord se le quedó mirando por un rato, viendo en todos los ángulos disponibles y haciendo memoria sobre él.
- Has crecido… pero es imposible… solo han pasado tres días.
- Es debido a la magia.
- ¿La magia te ha hecho esto?- Preguntó un incrédulo Sirius Black, al menos el mayor, el Sirius menor se quedó mirando alucinado por el repentino cambio.
- ¡Que guay! ¡Pareces más mayor!
- Es porque lo soy ahora, Sirius.
- ¡Imposible! No hay magia que pueda hacer esto…- Se vio interrumpido Lord Black al ver la llegada de los Lestrange y seguidamente de los Tonks.
Decir que tanto Adhara como Nymphadora se le quedaron con la boca abierta ante el repentino cambio de Harrison era un eufemismo. Ambas casi, pero casi babeaban en la alfombra.
- No sé cómo habrá sucedido, pero me gusta.
- Sí, sí, lo que ella ha dicho.- Respondió Adhara alegremente.
- Todo será respondido más tarde en la piscina, solo faltan los Alucard por llegar. También invité a los Longbottom y los Bones, pero al parecer no pueden asistir. Es una pena.- Comentó Harrison tenuemente, pues seguramente a Susan y Neville les encantaría la piscina. No había mencionado nada de otras familias pues no estaban tan unidos, como los Abbott, aunque no le molestaría que viniesen a pasar un día a la piscina, Hannah bien podría ser la quinta esposa, parecía muy linda ahora que era una niña, no esperaba imaginársela siendo adolescente, pero para eso tendría que esperar unos años.
Saliendo de esos pensamientos, vio con una sonrisa torcida como sus invitados le miraban. No podía ser una poción envejecedora, según dictaminó Regulus, pues le echó un encantamiento de diagnóstico para verificarlo. Entre unos y otros, los Greengrass salieron de la chimenea, sorprendiéndose también.
Para Harrison hoy iba a ser un día largo, pues era para sus aliados, amigos y familia extendida, lleno de sorpresas, al menos verle bien crecido y tonificado.
Astoria fue corriendo hacia Harrison, el cual la recogió casi al vuelo y la dio una vuelta, abrazándola y dándola un beso suave en la frente.
- ¡Eres mayor!
- Sí, ¿Te gusta?
- Estás más guapo.- Dijo la pequeña con un pequeño rubor en el rostro. Siendo bajada al suelo se dedicó a pedir a los Greengrass que esperasen las preguntas, dado que iba a responderlas todas, cuando todos estuvieran juntos.
Unos minutos más tarde y los Alucard al completo salían de la chimenea del Castillo Peverell, sorprendiéndose brevemente ante el cambio del joven Lord.
- ¿Ahora pegáis así los estirones los jóvenes?- Pidió con una sonrisa afable Lady Alucard, dándole dos besos a Harrison a modo de saludo.
- Vaya Harrison, seguro que fue una gran aventura y tú sin invitarnos.- Se quejó Radu de buen humor.
El resto dio sus buenas congratulaciones a Harrison por su nueva apariencia, salvo por Irina que estaba sonrojada un poco, al parecer notó en Harrison la pubertad.
- ¿Cómo es posible?- Volvió a preguntar Cassandra, la cual no salía de su estupor. – Sabemos ahora que no es una poción envejecedora, tampoco un glamour. ¿Qué has hecho, algún ritual que ha salido mal?
- No, acompañadme y os lo cuento.- Dijo Harrison, llevándolos a la piscina cubierta, la cual gracias a la magia, el interior era mucho más grande que en el exterior.
Había cuartos de madera para que la gente se pudiera cambiar de ropa sin tener que ir al Castillo todo el rato, algo mucho más cómodo.
También había mesas y sillas repartidas por el lugar, por si los invitados querían salir de la piscina, tomar algo y tomar asiento.
En cualquier caso, no era una piscina normal y corriente, sino todo lo contrario, al ser ensanchado la parte de dentro, parecía más una gran piscina de lujo.
- ¡Esto es genial!- Soltaron los niños entusiasmados por la idea de ir a nadar, no tenían muchos sitios a los que ir, después de todo, los sangre pura que tenían propiedades con terrenos, no les cabía algo así de grande.
- Sí, sí, pero lo que todos queremos saber… es como sucedió esto.- Dijo Cassandra nuevamente, esperando una explicación por parte de Harrison.
Con un suspiro, pidió a los elfos que trajeran aperitivos y bebidas para todos; una vez sentados y los niños, mirando curiosos a la historia, Harrison les contó cómo había creado una especie de amuleto que al ponerlo sobre una puerta, éste te permitía pasar en dicha sala un año, tres o siete.
En ese punto las preguntas de los adultos saltaron en incredulidad porque algo así existiera, también fueron las preguntas de las runas utilizadas, los encantamientos y las precauciones que debió tomar.
Pero ante todo, las preguntas de si funcionaba bien.
- Claro que funciona. Soy un claro ejemplo de ello. Lo único malo que tiene, es que tienes que tener buenos escudos de Oclumancia, para no perder la mente. El amuleto con las protecciones de paso del tiempo en la sala, te impide envejecer. Por ciertos motivos, tuve que quitar esa protección en el de tres años, envejeciendo mi cuerpo a la edad de doce.
- Wow… así que ahora podemos…- Preguntó Irina, más no terminó la frase, pues estaba pensando si lo había hecho por ella.
Se podía sentir de dos maneras, una, halagada de que quisiera complacerla y la otra enfadada de que arriesgara su vida por poder yacer con ella.
- Si piensas que lo he hecho únicamente por eso, te equivocas.
- ¡No me leas la mente!- Se quejó Irina frunciendo el ceño.
- No me hace falta, tu rostro lo dice todo. No… lo hice por otros motivos, de los cuales de momento no puedo decir, lo siento.
- No te preocupes, ha salido bien que es lo que importa, pero, tengo una duda.
- Claro, Alexander, ¿Qué es?
- Tu magia, como se supone que va a actuar cuando tengas once. ¿Te llegara la carta de Hogwarts?
- Eso no lo sé, sin embargo sí que sé cómo actuará mi magia. Cuando tenga los once legalmente, mi magia crecerá nuevamente y se estabilizará. Al cumplir los diecisiete, pasará lo mismo y lo mismo a los veintiuno.
- Increíble, así que vas a ser más poderoso.
- Sí, un poco más. Es posible que en un futuro necesite de un báculo en vez de mi vara. No estoy seguro.
- Bueno, sigue con la explicación, ¿Qué más aprendiste en la sala de tres años?
- La verdad, a acostumbrarme nuevamente a mi Oclumancia, también a no ocluir ciertos pensamientos adolescentes.
- Que pillín…- Se burló un poco Sirius III, el cual estaba asombrado por la decisión de su ahijado de envejecer. – Ahora cuando te cases, podrás pasar la noche de bodas, ¿Eh? ¿Seguro que no era por eso?
- No Sirius. No era por eso, que eso sea un bono no quiere decir nada. Además, para consumar el matrimonio, antes también lo podía hacer.
- No seas arrogante Harrison, dime como podrías yacer con Irina en la noche de bodas.
- ¿Acaso no sabes? ¿Tengo que explicarte las viejas formas de matrimonio, Sirius?- Pidió Harrison sonriendo ligeramente ante la pulla a su padrino. – De todas formas, no es el tema y veo que las chicas están un poco incómodas. Bien podríais estrenar la piscina cuando queráis.- Invitó Harrison a los niños y niñas a que fueran a cambiarse en unas ropas más cómodas para nadar, lo cual fueron rápidamente.
- Por cierto Harrison.- Intervino los pensamientos Vlad con un rostro sombrío. - ¿Tienes planeado algo para este verano?
- No… solo entrenar, ¿Por qué?
- Necesito que vengas a Poenari… va a ver una reunión de líderes de las Sectas y necesito que vengas. Aparte mi… antepasado quiere conocerte.
- ¿El Conde?
- ¿Sabes de él?
- Sé que es el jefe supremo de tu Secta, sí. También creo saber quién es.
- Eso lo facilita. ¿Podrás venir?
- Por supuesto. ¿He de quedarme allí hasta agosto?
- Sería oportuno. Gracias.
- No hay problema, me dará la oportunidad perfecta de pasar más tiempo con Irina. Por cierto, Nym, ya te queda menos.
- ¿Menos? Oh…- Cayó en la realización ante las palabras de Harrison. Le quedaba menos tiempo para que se desposara con él, puesto que era la segunda mayor en la línea de desposorio.
Al tener doce años, casi trece, le quedaba menos de un año y pico para que se pudiera desposar con Harrison.
- ¿Qué harás cuando nos desposemos? Irina también estará en nuestra noche de bodas…
- No, no te preocupes. Irina no estará presente, pues es nuestra la noche, pero después sí.- Comentó sonriendo ante el evidente sonrojo de Nymphadora y las risas de los demás.
Saliendo corriendo fue a hablar con la otra chica, la cual tenía el ceño fruncido todavía ante la idea de Harrison poder pasar con ella la noche y consumar el matrimonio.
No es que le desagradara la idea, pero le molestaba un poco que no hubiera consultado con ella. Aunque le dijera mil veces y le explicara el porqué de su decisión, todavía seguía un poco molesta.
El resto del tiempo lo pasaron hablando de trivialidades y de leyes que iban a proponer en el Wizengamot este verano, al menos Orion y Arcturus, con el apoyo de Alexander y Rodolphus.
- Es posible que muchos de los lores no estén, debido a las vacaciones, pero en estos días se suele reunir el Wizengamot para pasar leyes que les convengan. ¿Tienes alguna sugerencia Harrison?
- La verdad sí, me gustaría que examinarais las leyes que indican que el ministro-a de magia, tiene la obligación de informar al primer ministro muggle, quiero esa ley derogada. Somos una comunidad independiente de los muggles y encima estamos incumpliendo el Estatuto del Secreto.- Comenzó con el ceño fruncido. – Es posible también, que podamos integrar aún más a los mágicos de primera generación. He decidido construir un orfanato para mágicos. El problema será buscar los huérfanos que sean mágicos o Squibs.
- De eso no hay problema.- Intervino por primera vez Bellatrix. – El Departamento de Misterios tiene objetos que pueden identificar los mágicos y los Squibs, bien podríais sacar una ley, para que se utilicen en los distintos orfanatos muggles.
- Eso sería bueno… ¿Cómo lo sabes?- Preguntó Harrison curioso.
- Trabajo para el mismo departamento, Harrison.
- Vaya… ¿Entonces tus compañeros y tú podríais…?
- En efecto. No creo que haya problemas, siempre hemos querido probar los objetos.
- ¡Harrison! ¡Ven a probar el agua, está muy buena!- Vinieron los gritos de los niños, los cuales querían que se bañara con ellos.
Las chicas lo que querían ver, es a Harrison en bañador, tenían cierta curiosidad sobre él.
- Eso es un problema.
- ¿Por qué Harrison? No me digas que te gusta el traje de baño de las chicas…- Dijo Sirius III jactándose y haciendo señales no muy sutiles a Harrison.
- No, no es eso, aunque sí que me gustan sus trajes de baño, se ven muy hermosas… el caso Sirius.- Dijo moviendo la cabeza un poco. – Es que no sé nadar.
- ¿Cómo que no sabes nadar?- Preguntó Irina desde detrás de Harrison.
- Sabes porqué, te lo conté…- Dijo Harrison haciendo una clara señal de que no quería hablar del tema.
- Bueno, pues en ese caso, tendremos que enseñarte a nadar.- Contestó Irina un poco menos enfadada con él. – Ahora a cambiarte, deja la política para más tarde.- Ordenó en tono de mando, cruzando los brazos por debajo del pecho, haciendo que este resaltara un poco más y Harrison se demorara observando a su prometida en bikini… bien podría odiar a los muggles y su mundo, pero la idea de los bikinis, tuvieron la maldita buena idea de sacarlos a la venta o inventarlos.
El resto del día, lo pasaron divirtiéndose en la piscina y los terrenos del Castillo Peverell, se sacó a los Pegasus para que las niñas volaran en ellos, Harrison se tuvo que abstener de montar, pues al parecer los caballos alados, si bien estaban contentos en su nuevo hogar, no le agradaban mucho el Lord del Castillo.
Entre natación, ver volar a las chicas y chicos, correr por los terrenos y otras cosas más, el día acabó con todos cenando en la intemperie de los mismos terrenos y gastando bromas de luz, sin dañar a nadie.
Para Harrison, ese día fue uno de los mejores, pues pudo relajarse y actuar un poco acorde a su edad, deleitándose en las figuras de Nymphadora, Irina e Ileana, aunque ésta última no fuera su prometida, debía admitir que no tenía nada que envidiar a su hermana.
Los adultos al principio de verle sin camisa y túnica se quedaron un poco sorprendidos por las cicatrices que tenía y por los tatuajes.
Los tatuajes eran rúnicos y tribales, puestos adrede tras los rituales que había hecho. Las cicatrices, no queriendo entrar en detalles, la única palabra que mencionó fue "muggles" y no poder quitarse esa pequeña vergüenza que le recordaría siempre.
Esa noche se quedaron sus invitados a dormir, puesto que al día siguiente muchos se irían a sus casas a preparar las vacaciones o el itinerario para ellas, siendo Harrison uno de los que se iban a ir a Rumanía con la familia Alucard.
Habiendo pedido a los elfos que prepararan un baúl con sus objetos de estudio y ropa para el viaje, así como un neceser con utensilios de aseo y otras cosas que seguramente necesitaría, la noche la pasó en su cuarto meditando un poco, hasta que una llamada en la puerta sonó.
Con el ceño fruncido por la hora que era, las doce y media pasadas de la noche, pensando que podría ser Vlad o cualquier otro adulto que tuviera que hablar con él a última hora, dio permiso para que entrara quien fuera.
Se llevó una pequeña sorpresa cuando descubrió la silueta de Irina, vestida únicamente con un camisón, que transparentaba las formas de mujer.
Deleitándose en la vista, hizo aparecer un sillón enfrente de él, para que la chica se sentara.
- Es una sorpresa agradable tu visita, Irina. ¿A que debo el placer?
- Quería agradecerte el día de hoy.- Comentó mirando a otro lado y cruzando las piernas, el pelo le caía en cascada, sobre los hombros y cubriendo un poco los pechos.
Mirando de nuevo a Harrison, sonrió un poco. – Me doy cuenta de cómo me has mirado hoy, no soy tonta. Se debe a las hormonas.
- Lo sé… pero también se debe a que me gustas.- Admitió Harrison con un ligero rubor.
- Gra…gracias.- Tartamudeó un poco Irina, la cual no se esperaba esa confesión por parte de su prometido. – Dime la verdad, Harrison. ¿Lo has hecho por mí?
- Al principio sí, tenía esa intención, pero luego descubrí algo… algo que no puedo contarte de momento.
- ¿Por qué? Podía esperar, no me importaba.
- Lo sé y yo también. Pero ese día en el bosque prohibido, aceleré un poco las cosas.
- ¿Qué quieres decir?
- ¿Sabes que en el aura de muerte hay ciertos niveles, verdad?
- Sí… los niveles para controlar el aura y hacer con ella tu voluntad. Son muy difíciles de alcanzar y pocos nigromantes, mucho menos Grandes Maestros, consiguen alcanzar el tercero o cuarto nivel.
- Exactamente. Yo… lo único que puedo decirte, es que he alcanzado el segundo nivel y lo he dominado, Irina.
- ¡Qué! Pero… eso es muy complicado… ¿Quién te ha enseñado? No sabía que tus antepasados habían logrado algún nivel.
- Y no lo han hecho. De hecho, ellos estaban en contra de que pasara a la sala sin la protección, al menos Markus. Por extraño que pareciera, Morgana era la que no estaba en contra de la idea, no me preguntes.- Vio como Irina fruncía el ceño y se agarraba un poco de los brazos, al parecer tenía un poco de frío, cosa extraña pues hacía calor en la habitación.
- ¿Estas temblando? ¿Estás bien?
- Sí… es… es solo…
- Puedes decírmelo…
- Se acerca el momento, lo siento en mí…
- ¿El de elegir?
- Sí… no sé qué hacer. Por una parte toda mi vida me he preparado para mi transformación completa, pero por otra…
- ¿No quieres?
- No. Eso significaría que me tendría que separar de ti… y no lo quiero. Tú también me gustas, me has llegado a gustar mucho en el tiempo que pasamos juntos en el Castillo.
- Entiendo.- Dijo acercándose a ella, levantándose del suelo y dándole un ligero abrazo, frotando sus manos en los brazos de Irina para que entrara un poco en calor. - ¿Quieres quedarte a pasar la noche?
- Eso no sería correcto.- Dijo apresuradamente, levantando la cabeza hacia él.
- Puedes usar mi cama. Yo estaré bien en la butaca.
- No será necesario… podemos dormir juntos, no es ningún pecado ni nada… solo…
- ¿Qué pasa?- Pidió un poco preocupado por ella.
- Huelo en tu sangre que ya te has tocado o al menos que has eyaculado.
- Sí… he tenido sueños húmedos.
- ¿Con quién?
- Contigo.- Respondió rápidamente, desviando un poco la mirada, pero no obstante, no soltando el abrazo.
- Oh… ¿Te gusta como he venido a verte? Como te he dicho, he notado tus miradas… sé que te gustó el bikini, pero, ¿Te gusta mi ropa de dormir?
- Pensé que dormirías desnuda.
- Y eso hago… pero para caminar por los pasillos a estas horas, no creo que sea conveniente estar desnuda.
- Ciertamente…- Se cortó, tras recibir la boca de Irina en la suya propia. Fue un beso casto y dulce, pero no obstante, comenzó a ir a más y más, al tiempo que Harrison acariciaba los hombros y rostro de Irina por puro instinto.
- Eso, mi querido prometido, es para que pienses en mí toda la noche.- Dijo con una sonrisa, levantándose y yendo hacia la puerta, moviendo las caderas sugestivamente.
- ¿No te quedas?
- No sería correcto. Además, estoy segura que vas a ir al baño ahora… no quiero privarte del placer.
- ¿Podrías…?
- ¿Enseñarte?- Preguntó con las cejas alzadas y llena de sorpresa ante la ocurrencia de Harrison.
La verdad sea dicha, no le molestaba en absoluto tener que masturbar a Harrison, seguramente lo disfrutaría más si ella lo hacía, pero… entonces ella también querría que él la masturbara o tocara. – Por muy tentador que suena, debo declinar esta noche. Tal vez otro día. Ten buenas noches, cielo.- Dijo dándole otro beso profundo y húmedo, acariciando la entrepierna de Harrison, lo cual éste dejó escapar un gemido de placer. – Mañana será un día largo.- Se despidió finalmente, abriendo la puerta y metiéndose en las sombras.
- Ahora como voy a dormir… necesito… necesito descargar…- Se quejó para sí mismo, viendo como el pantalón estaba abultado y suspirando. Sería una larga noche, hasta que su excitación bajara.
No bromeaba cuando le dijo que si le podía mostrar, los retratos si bien le habían vuelto a dar la charla sobre sexo, no le habían indicado como auto complacerse, tampoco le había interesado en el momento.
Salto de Línea.
El viaje hacia Poenari se haría a la antigua usanza, por vía naval, es decir, a través del canal que separaba Gran Bretaña de Francia, una vez allí, en Francia cogerían un tren que cruzaría las fronteras de Suiza, Austria-Hungría y llegarían a Rumanía.
El viaje duraría unas semanas por lo menos, de ahí que Harrison llevara preparada ropa y cosas de aseo, así como entretenimiento para el viaje y no aburrirse.
El entretenimiento constaba de ciertos libros sobre la nigromancia, libros que tendría que tener cuidado de pasar por las aduanas, pues irían por medios mágicos en vez de muggles, algo por lo que Harrison estaba muy agradecido, pero la verdad sea dicha, se hizo por Irina e Ileana, dado que todavía estaban en la fase en la que alternaban de sangre humana y comida normal. Ir por medios muggles sería una tortura para ellas, algo que los padres y tíos de las dos chicas querían evitarles pasar.
Los chicos por parte de Vlad, estaban más habituados a abstenerse de sangre humana, gracias al acuerdo que tenían Harrison y Vlad.
El acuerdo era de cuando cogiera las islas en Gran Bretaña, pero aun así, Harrison quiso darle unos pocos muggles de los que cazaba con sus elfos para sus experimentos.
Llegando al puerto de Dover, compraron todos el viaje que los llevaría al puerto de Brest, el cual cogerían un traslador para llegar a París mágico y coger el tren hacia Rumanía, Transilvania.
Entrando en los diferentes camarotes, Harrison se acomodó rápidamente echando encantamientos en la puerta para evitar los muggles que pasaran. También echó un encantamiento silenciador. No quería que nadie le molestara para lo que iba a hacer.
Si bien la magia enfrente de muggles estaba prohibida, el ser Lord del Wizengamot tenía sus ventajas, así como poder lanzar magia.
Sentándose en la cama pequeña, cruzó las piernas y comenzó a meditar en los sucesos de la noche, pensando sobre todo en lo que le había contado Irina de sus cambios. Pronto ella tendría que elegir si quería convertirse en Vampiresa o seguir siendo mestiza.
Si elegía la primera opción, entonces tendría que entrar por fuerza a una Secta, de la cual el líder bien podría decir que disolviera su matrimonio con él, pero ganaría reputación para su familia.
Sin embargo si elegía la segunda opción y se quedaba con Harrison, las sectas es probable que lo tomaran a mal, pues una elección así no se le daba a cualquiera y menos que pudiera nacer con dicha elección.
También recordó cómo se puso después de haber hablado un rato, los cambios repentinos en el humor lo tenían intrigado, sobre todo cuando ella le besó tan apasionadamente y le acarició la entrepierna.
Después de su partida es cierto que no pudo aguantar mucho más y fue a tocarse, para así satisfacer sus deseos, pero… pensó en que no era lo mismo. Con tan solo el toque de ella, ya estaba excitado.
Saliendo de los recuerdos, vio que se había vuelto a excitar, con tan solo ver los recuerdos mismos de la noche pasada.
Tumbándose en la cama un rato, pensó en el día de su décimo cumpleaños. Se acercaba a grandes velocidades, pero su cuerpo cumpliría los doce o trece años. Todo era realmente confuso ahora.
Olvidándose de ese tema por ahora, pensó en lo que querría el Conde Dracul, alguien a quien sabía tenía que tratar con respeto, ya no por ser el patriarca de la familia Alucard, sino por ser alguien sumamente peligroso e impredecible.
Mirando por la ventanilla, vio el mar que separaba la costa del barco, solo esperaba poder llegar a Francia en una sola pieza y que los muggles no fueran… bueno muggles.
Sintiendo la presencia de alguien en su puerta, se levantó de la cama para abrir, encontrándose con un preocupado Vlad.
- ¿Ha ocurrido algo?
- No de momento, pero…
- ¿Se trata de Irina?
- Sí, ella y su hermana están pasándolo mal, dado que estamos en un barco muggle. ¿Alguna idea para entretenerlas?
- Varias, dilas que vengan a mi camarote. Prepararé salas especiales para que el olor y otras cosas no las molesten.- Contestó Harrison sonriendo, ya se esperaba que algo como esto sucediera.
Vlad asintiendo con la cabeza, fue a avisar a su hermano sobre el tema, dejando a Harrison solo, otra vez, para preparar la habitación para sus invitadas.
Sacó una pequeña piedra, de no más de cincuenta centímetros, en la cual comenzó a tallar las runas que disiparían el olor en la habitación. Al menos el olor a muggle, la causa del estrés de las chicas.
Teniendo la piedra lista, la escondió en un armario y la activo con un pulso de magia, siendo las ruanas y salas activas, Harrison esperó a ambas Alucard para que llegaran.
Sin embargo, solo llegó una de las hermanas Alucard, Irina.
- ¿Y tu hermana?
- Al parecer se le ha pasado el "mono" de sangre. ¿Puedo quedarme?
- Por supuesto, pasa.- Invitó Harrison apartándose de la puerta y dejando entrar a Irina.
- Vaya, ¿Por qué tu habitación no huele a muggle?
- Por una sala especial, la he hecho con la intención de que no… os llegara el olor de muggles. Ahora para ti.
- Gracias, es muy amable de tu parte. Es un fastidio todo esto del olor y del hambre por sangre. Lo raro es que contigo no pasa.
- No es tan raro. Desde que hice el ritual, que me permitía no dar sangre a la fuerza y que no se hicieran rituales o pociones conmigo, entonces supongo que tiene otro olor para ti. También es cierto que poseo el veneno de basilisco en mis venas, algo que podría matarte si intentaras alimentarte de mí.
- Oh, gracias por la información.- Dijo sentándose en la cama, quitándose los zapatos para subirse a ella. – Por cierto, me disculpo por lo de anoche… no debía haberte dejado como lo hice.
- No te preocupes, atesoraré ese recuerdo por la vida.- Respondió Harrison llegando a la cama, sentándose a su lado.
Hubo un momento de silencio entre ambos, el cual era bastante cómodo, pues ninguno tenía que decir nada para que el otro supiera algo, pues así como estaban, era bueno para ellos.
Después de un rato y un carraspeo, Irina volvió a hablar.
- ¿Todavía quieres que… te toque?- Preguntó suavemente, sintiéndose poco a poco excitada.
- Claro… pero vería injusto que lo hicieras tu sola.
- ¿Cómo?
- Me explico, vería injusto que solo recibiera yo placer… bien podríamos practicar en ambos, para darnos placer mutuo.- Propuso Harrison con una sonrisa un poco tentativa.
- No es mala idea.- Comentó Irina, lamiéndose el labio.
Acercándose más a Harrison, lo volvió a besar en los labios seductoramente y apasionadamente, tocando la entrepierna de Harrison al mismo tiempo.
Las manos de éste tampoco es que se quedaran quietas, pues acariciaban los brazos y muslos de la chica.
Pasando los minutos, cada cual se fue quitando un poco más de ropa, hasta que ambos quedaron en ropa interior y pararon unos momentos.
El bulto en los calzoncillos de Harrison se notaba ya que estaba listo para salir, lo cual Irina con una sonrisa se puso al lado de Harrison y se comenzó a desnudar.
Una vez desnuda, Harrison se quitó los calzoncillos rápidamente, dando a que Irina soltara una pequeña risita por las prisas.
Harrison se quedó mirando las curvas y la belleza de Irina por un momento, quemando a fuego la imagen de ella desnuda.
- Está bien, lo primero que tienes que hacer es atrapar tu mano en tu pene, como así.- Dijo Irina mostrándole a Harrison lo que tenía que hacer, algo que ya sabía, pues la noche anterior lo hizo, pero eso no lo tenía que saber ella.
Soltando un suspiro de placer al sentir la mano de Irina en su pene erecto, Harrison se juntó más a ella, investigando el sexo femenino con la mano libre.
No pasó mucho tiempo para que Irina comenzara a soltar pequeños gemidos, pero no obstante, detuvo a Harrison de su investigación.
- Primero tú, mi querido nigromante y luego me das placer a mí, ¿Te parece?
- Sí…- Logro decir tras que ella comenzara a subir y bajar la mano que agarraba su pene, primero lo hizo lentamente, con cuidado, para después ir subiendo la velocidad, dejando que sus oídos se deleitaran con los gemidos de placer de su prometido.
Irina sintió como el pene de Harrison se hacía más grueso y grande, soltando los primeros líquidos preseminales, mojando la mano de Irina.
Cuanto más rápido iba, más altos y fuertes eran los gemidos de Harrison, lo cual ella lo miró preocupada, más que nada por si había alguien que los pudiera oír.
- No tan alto querido, nos van a oír.
- No… no… no te preocupes… sala… de… silencio…- Contestó Harrison, sintiéndose en la gloria al ser masturbado por Irina, no era nada comparado a hacerlo él mismo, de hecho se sentía mucho mejor.
Unos momentos después y sin poder aguantar más, Harrison eyaculó en el suelo y un poco en la mano de Irina, la cual todavía agarraba el pene de Harrison, teniendo las últimas subidas y bajadas, como si estuviera exprimiendo hasta la última gota.
Tumbado en la cama, jadeando un poco, Harrison giró la cabeza hacia Irina, la cual veía el poco semen que tenía en su mano.
- Vaya… al parecer tu cuerpo sí que ha madurado…
- Sí… lo que tiene entrenar…- Dijo incorporándose en la cama, para saltar a sus pies e inclinarse ante Irina, la cual lo miraba divertida.
- Ahora te toca a ti disfrutar y a mí investigar tu cuerpo.- Dijo Harrison con una sonrisa un poco hambrienta, después de todo, el haber tocado la vagina de su prometida, quería ver más y tocar más, como era natural.
Tumbándose en la cama para estar más a gusto y que Harrison pudiera comenzar con su cuerpo desnudo, lo primero que hizo él fue ir besando las partes de Irina, dado que su propio instinto le indicaba hacer eso, también contaba los consejos de los retratos, al menos los de los hombres que le aconsejaron que hacer en estos casos, para mantenerlo preparado en todo momento.
Bajando suavemente por el cuello de la pelirroja, fue besando suavemente, hasta llegar a los pechos, los cuales comenzó a masajear uno, mientras que el otro lo pasaba con la lengua y pellizcaba el pezón con los dientes un poco, lo justo para que sacara un pequeño gemido de ella.
Haciendo lo mismo con el otro pecho, Harrison disfrutó del momento, ahora esto era los lados positivos de envejecer rápidamente el cuerpo… el placer que le daba escucharla gemir no era comparado con lo que oyó la primera vez que la escuchó masturbarse en el baño del Castillo.
Continuando por el abdomen de Irina, se encontró en la pelvis, dándole suaves besos antes de llegar a su zona sensible.
Mirando con una ceja arqueada, se preguntó si se depilaba o que no tenía muchos pelos en esa parte, sea cual fuere la respuesta, no esperó para dar un pequeño masaje por la vagina de ella, lo cual comenzó a dar pequeños suspiros de placer, viendo cómo se excitaba más y más, al momento en que comenzó a besar también esa parte.
Irina no podía creerlo, el niño, no, el hombre que tenía delante de ella tenía algo de experiencia, aunque esta fuera de libros o de los mismos retratos la hacía sentir débil, pero muy excitada ante lo que le estaba haciendo, sobre todo cuando llegó a su propia vagina y comenzó a dar masajes lentos y apretando lo justo.
Con los gemidos, comenzó a llegar los pequeños gritos de más y más hacia Harrison, no podía aguantar para que el parase y comenzase a investigar con su lengua húmeda.
Harrison disfrutaba de los pequeños gemidos de Irina, pero lamentablemente tenía que parar con las manos, tenía una sensación de que podría darle más placer si utilizaba su lengua. Así que eso hizo, paró unos momentos, viéndola suplicar casi que continuara debido a la excitación.
Metiendo la cabeza entre las piernas de Irina, comenzó a lamerla lentamente, metiendo de vez en cuando entre los labios vaginales la lengua, yendo hacia arriba, hacia un pequeño granito que tenía en la parte superior, lamiéndolo y presionando un poco contra él, sacando un fuerte gemido de ella.
Pensando en que tal vez, la hiciera sentir mejor si jugaba con el botoncito o granito, comenzó a tocarlo y presionarlo, a la vez que lamía los labios menores.
Momentos después de intensos gemidos por su parte, Irina no pudo aguantar mucho más y tuvo su primer orgasmo inducido por un hombre. Un hombre al que no dejaría escapar tan fácilmente, no por el sexo oral que le había dado, sino porque se estaba enamorando apasionadamente de él, solamente deseaba que el día de la boda llegara, para poder disfrutar de la noche de bodas, no podía imaginar que más tenía Harrison bajo la manga.
Con un movimiento de su mano, Harrison limpió el cuarto, tanto del olor a sexo como de las manchas provocadas por ambas corridas.
Acercándose al cuerpo tendido y desnudo de su prometida, la cual jadeaba un poco sobre la cama, se tumbó encima de ella besándola con pasión durante unos minutos, hasta que se levantó de ella, pero no del todo.
Apretando sus caderas contra las de Irina, pero sin penetrar, Harrison comenzó a frotar su pene contra la vagina de ella.
Extrañada porque Harrison comenzara de nuevo a darle placer, lo miró a los ojos curiosa.
- ¿No creerás que hemos acabado todavía? Tenemos un buen rato para divertirnos y darnos placer mutuamente…- Explicó, mientras que la acariciaba los senos suavemente, dándole pequeños pellizcos en los pezones.
- Esto es un sueño… del que no quiero despertar…- Dijo a sí misma Irina, con los colmillos saliéndole a la superficie, debido a la falta de concentración de tenerlos ocultos.
A Harrison poco le importó, pues continuó moviéndose a un ritmo más acelerado, sacando gemidos por ambas partes.
Antes de que acabara otra vez eyaculando encima de ella, Irina lo paró, haciendo que Harrison se sentara con las piernas extendidas en la cama, mientras que con una sonrisa sensual, le tocó a ella lamer sus partes íntimas, mientras que con una mano, terminaba el trabajo de Harrison, masturbándose.
Así pasaron el tiempo, entre pequeñas caricias, toques sensuales, sexo oral y descansando profundamente unos en los brazos del otro.
Salto de escena.
Después de que ambos se divirtieran investigando el cuerpo del otro durante un rato, ambos acordaron que deberían de estar más presentables por si el padre de Irina, la madre o incluso sus tíos decidían a presentarse, para ver cómo iba la cosa.
No es que no se fiaran de ellos, pero al estar cerca la boda, los padres querían que Irina fuera "casta" al matrimonio, algo que Harrison le pareció bien, dado que él mismo también iría "casto" pero eso no quería decir, que no pudieran tocarse o besarse como momentos antes lo habían hecho.
Para desaparecer el olor corporal uno del otro, se dieron una ducha relajante, de la cual decidieron tomarla por separado, no fuera a ser que en la misma ducha, comenzaran nuevamente.
Cuando ambos estaban vestidos y presentables, Irina preguntó a Harrison sobre los rituales que había hecho y sus repercusiones.
También le preguntó sobre el tema de las auras, dado que era un punto interesante para ella.
- Tú puedes sentir las auras de los humanos, ¿Verdad?
- Sí, pero eso es gracias a los poderes vampíricos… tú no tienes ese tipo de poder.
- Cierto. Poseo otro tipo de entrenamiento. Es como ver la magia de la persona, pero con el aura. Por ejemplo, cuando me reuní con tu tío en el Caldero Chorreante, expulsé un poco de mi aura, siendo él el que me reconoció poco después por ser un nigromante.
El nigromante puede ver y expulsar su aura alrededor para hacerse ver por otros nigromantes, así se avisa de que estás en el territorio del nigromante.
El nigromante mismo puede tener varios niveles de aura si los estudia y los practica, si no es el caso, entonces el nivel que tiene es el primero, que sirve para darse a conocer y reconocer nigromantes.
- ¿Qué tengo que hacer para sentir las auras, sin usar mis poderes de vampiro?- Preguntó Irina interesada en el tema, habiendo olvidado por completo que estaban en un ferri muggle.
- Tienes que tener un dominio completo sobre tu mente y conocimientos en nigromancia, almas y auras.
- Pero eso es avanzado…
- Te enseñaré, pero no aquí.
- ¿Por qué, no aquí?
- ¿Olvidas dónde estamos? Estamos en un barco muggle, lo último que quiero es infundir miedo en los muggles que lo llevan y se hunda el barco.
- Ah, sí es cierto. Pero si en caso de hundimiento, no debes preocuparte, no te pasará nada mientras que estés conmigo.- Dijo sonriendo, pues el día anterior era una de las que más tiempo pasaba enseñándole a nadar.
Las demás también pasaron tiempo, sobre todo dando consejos, pero luego volvían a los juegos, cansándose rápidamente. Era normal en la juventud, pero no le gustó mucho que hiciera aquello, pues Harrison seguramente no se cansaría de enseñar magia.
- Tienes razón, eres una buena nadadora, por eso voy a probar tus escudos de Oclumancia. Según tenga un ejemplo de ellos, te haré saber lo que te puedo mostrar.
- Vale…- Aceptó, notando inmediatamente la intrusión en su mente nada sutil. Con el ceño fruncido logró echar a Harrison, el cual aceptó el hecho.
- Bien, para no ser sutil, me has detectado rápidamente. Veamos con algo más de sutilidad.- Dijo sentándose enfrente de ella y mirándola a los ojos.
Cinco minutos pasaron e Irina no sintió nada, preguntándose qué había pasado, se metió en su paisaje mental, para ver a Harrison sonriéndola desde dentro, viendo recuerdos de cuando era niña.
- Te ves muy linda de pequeña… eras adorable.
- ¿Pero cómo…? No he sentido nada… ni siquiera una presencia…
- Normal, esta vez he optado por la sutilidad y el poder al mismo tiempo. He investigado tus escudos, si bien son fuertes, tienes debilidades.
- ¿Cómo cuál?
- Como la reacción que tienes ante la sangre. Una sola mención ante tus escudos o incluso una imagen mental de la sangre y se debilitan lo suficiente, como para poder entrar.- Confesó Harrison, saliendo de la mente y el paisaje mental de Irina.
Irina miró con el ceño fruncido ante la mención de su debilidad, era algo que muchos vampiros padecían, pero que a lo largo del camino de la vida o la existencia, según se mirase, superaban dicha debilidad.
- No te preocupes, te ayudaré en lo que pueda para que superes esa debilidad.
- Gracias… de todas formas, ¿Me enseñaras en persona?
- Claro. ¿Cómo si no te iba a enseñar?- Dijo con una media sonrisa, haciendo reír a Irina.
- No me refiero a eso, tonto. Quiero decir, que si me enseñarás en privado… a solas, como ahora o hace un rato.
- Ah… sí, por supuesto que sí. Creo que te irá bastante bien si aprendes conmigo a solas. Aparte de la relajación que podamos tener… eres más…
- ¿Más qué?
- ¿Suelta? No sé, me gustas mucho cuando estás como ahora. Más relajada… tanto es así, que tienes los colmillos fuera.- Explicó Harrison tomando de la mano a Irina y besándola suavemente en el dorso.
Irina por el contrario se llevó la mano que le quedaba libre a la boca, sintiendo los colmillos fuera. Con un poco de concentración, estos se retrajeron y escondieron.
- ¿Ahora los tengo ocultos?- Pidió con preocupación evidente, tanto en su rostro como en su voz.
- Sí, pero… ¿Por qué los escondes? Me gusta verte al natural.
- Es por miedo… ¿Pero te gusta?- Preguntó un poco confusa.
- Sí, claro que me gusta. ¿Qué temes?- Preguntó confuso, pues no entendía el temor de Irina. ¿Rechazo? ¿Repugnancia? Ninguna de esas cosas iba a tener hacia ella, sabía a la perfección que era mitad vampiresa, ¿Por qué iba a tener que temer ella su reacción?
- Eso, es por si me rechazabas… por si te repugnaba o daba temor que te mordiera.- Dijo escondiendo la cabeza entre las manos, aún sentada en el suelo con las piernas cruzadas.
Harrison, yendo hacia ella la atrajo hacía sí mismo en un abrazo fuerte, reconfortándola.
- Jamás tendré miedo de ti. Hay pocas cosas que me asusten de verdad y tú no eres una de ellas. Si quieres llevarlos sueltos, los colmillos, puedes hacerlo. Es más, me encantaría que me besaras así… quisiera ver que se siente.
- ¿Y si te muerdo sin querer?
- Espero que eso no pase, no tengo lágrimas de fénix para ti.- Rio ante la broma de mal gusto que le acababa de salir.
El resto del viaje lo pasaron hablando de todo y nada, sus temores y sus deseos, hasta que la presencia de Radu y su esposa se notaron afuera, junto con la hermana de Irina.
- Adelante, la puerta está abierta.- Dio permiso Harrison a los que habían llegado, sin molestarse en levantarse, pues la verdad sea dicha, estaba muy a gusto en la posición que se encontraba, siendo abrazado por la espalda por Irina, con su cabeza apoyada en su hombro.
Así es como se los encontró la familia de Irina, la cual la hermana sonrió para sus adentros, un poco celosa.
- Harrison, Irina.- Llamó la voz de Radu con una nota de advertencia en su tono. Si bien podía oler que algo había pasado entre los dos, pues estaban más cariñosos que de costumbre, no podía decir lo que era. – Llegamos a Francia en unos minutos, estad preparados.- Dijo quedándose donde estaba para ver la reacción.
- ¿Tan pronto?- Se quejó Irina desde su postura, quitando el abrazo de Harrison, cual gruñó un poco, pero no en voz alta. El gruñido era más de incomodidad al perder la comodidad que sentía.
Suspirando, se levantó para ir al armario del cual cogió una piedra sala.
- Prepárate Irina, pues ahora sentirás los aromas de los muggles. ¿Estás lista?
- Sí, creo que podré contenerme.
- ¿Qué es eso, Harrison?- Preguntó la madre de Irina confusa por verle con una piedra en la mano.
- Oh, sí, no he explicado. Cuando vino Vlad a pedirme que me hiciera cargo de Irina e Ileana, cogí la piedra rúnica para hacer una pequeña sala, para que el olor de muggles no viniera por la puerta.
En la puerta también puse un par de pequeñas salas. Una anti-muggle y otra silenciadora.
- Pero… ¿Si has puesto una silenciadora, como has podido escucharnos llamar?
- Oh, no os he oído, simplemente sentí vuestras presencias.
- Eso es… muy alto nivel, Harrison.- Dijo Radu con el ceño fruncido. – De todas formas, esperamos fuera.- Comentó saliendo de la habitación para hablar con su esposa y contarle sus temores de lo que hubieren hecho en la habitación a solas.
Cuando todos salieron del ferri y se dirigieron al punto de trasladores en Brest, Francia, Harrison no soltaba la mano de su prometida, pues los olores para ella y su hermana eran aun peor.
Los padres, tíos y primos de ellas, tenían los rostros preocupados ante lo que pudiera suceder, por ello Harrison comenzó a soltar poco a poco el aura de muerte, rodeando a las chicas para que se calmaran.
Vlad fue el primero en sentir la presencia de nigromantes en Brest, pero dándose cuenta rápidamente que era Harrison, se tranquilizó.
- ¿Qué quieres lograr con eso?- Preguntó Vlad un poco asustado, al ver el mismo aura de Harrison rodear a las chicas.
- Una burbuja alrededor de ellas, al menos hasta que lleguemos al traslador y estemos a punto de tomarlo.- Confesó con un pequeño encogimiento de hombros.
Una vez llegados al punto de los trasladores, Harrison suprimió su aura tras el paso de la barrera que separaba a los muggles de los mágicos, no sería bueno si aurores franceses se presentaran inmediatamente tras sentir a un nigromante en la zona.
Tras haber comprado el traslador que los llevaría a París mágico y al que se aparecerían por parejas, dejando a Harrison con las chicas para que lo llevaran, el antepenúltimo destino del grupo era la estación de trenes a larga distancia de París.
Esperando los segundos, Radu y Vlad estaban mirando la forma tranquila de Harrison de hablar con las chicas y los chicos, como si nada malo hubiera sucedido en el ferri ni hace tan solo unos minutos.
Vlad pensaba que lo que había presenciado su hermano, podría ser una exageración, seguramente Harrison no iría tan lejos para tener sexo antes de la boda y mancillar el nombre de la familia, Irina tampoco se la veía de esa manera, pero por otro lado, entendía un poco a su hermano, él también era padre y se preocupaba por sus hijos de maneras distintas.
- Harrison, cuando lleguemos al tren, necesito hablar contigo de un asunto importante. Tú también Radu.
- Por supuesto Vlad.- Contestó Harrison mirando directamente a sus ojos, con el rostro serio, dejando de lado la conversación con las chicas y pensando en que se llevaría dicha conversación.
A falta de tres segundos para que todos se teletransportaran, Harrison sonrió imaginando la conversación.
A cualquier chico debería darle un poco de temor el enfrentarse a un padre y un tío sobreprotectores, pero para él que era nigromante y ciertamente había enfrentado cosas peores, era diferente.
Ambos Alucard se miraron pensativamente ante la mirada relajada que enviaba Harrison a Irina, la cual se iba relajando al paso, pero sin soltar la mano de Harrison.
Con un destello multicolor, todos llegaron a París mágico, donde rápidamente fueron a por los billetes de tren, comprándolos y montando en éste, teniendo enviados los equipajes de antemano, tras los elfos domésticos del Castillo Peverell, con una nota de que no se los comieran por el camino.
Sin embargo, Harrison decidió tener su baúl con él en todo momento, pues sentía que podía tener la necesidad de leer los libros que poseía, tal vez alguno que otro en batalla mágica no era mala idea, incluso ahora podía comenzar a leer los libros de magia sexual y magia de sangre avanzada.
Sería interesante el camino y la conversación que le deparaba con Lord Vlad Alucard y Radu Alucard, Maestro Nigromante, en el camino hacia Poenari.
Salto de Línea.
A una distancia lejana de donde se encontraba el joven Peverell, una reunión secreta se estaba llevando a cabo, entre hombres y mujeres con capuchas y máscaras blancas.
Los mortífagos restantes que habían quedado libres se reunían bajo el llamado de uno de los del círculo interno.
El hombre que los llamó se acercó a ellos, sentados todos en una mesa larga y negra como la obsidiana.
- Señores y señoras, tenemos ante nosotros un problema que debemos solucionar a efectos inmediato.
- ¿Y que sería ese problema, Teniente?- Preguntó otro de los encapuchados y enmascarados, deseando saber porque se les había pedido venir con poca antelación.
- Nuestro enemigo común, está de viaje. Aquel que derrotó al Lord Oscuro de niño. Os hablo, de Peverell.
- Dirás, Lord Peverell.- Comunicó otra voz, la de otro de los tenientes que habitaba la sala.
- Por supuesto, Lord Peverell. Como comprenderéis, es una oportunidad que tenemos de tenderle una trampa y así acabar con su vida.
- ¿Por qué debemos? El niño ha hecho más que nosotros en diez años… es decir, en la guerra teníamos las manos atadas, pero ahora, después de ella, el niño ha expulsado a Dumbledore de Hogwarts, Europa y el Wizengamot.
- Sí, eso.- Dijeron varios al mismo tiempo, estando de acuerdo en la idea general.
- Puede ser, pero nos ha quitado tenientes y generales de nuestro lado. Los Lestrange ahora son unos traidores a nuestra causa, eso sin contar a Regulus Black.
- ¡Entonces ellos son los que deben morir!
- Y estaremos nosotros en graves problemas, no, el principal objetivo es Lord Peverell. Nuestro Lord lo atacó hace tanto tiempo por una razón. Es hora de que acabemos con su noble labor, nosotros mismos.
- Te escuchamos, Teniente Malfoy.- Dijo uno de los que estaban presentes, con curiosidad ahora por las palabras del rubio.
- Gracias. Como iba diciendo ese Lord es… impensable para nuestros planes, no sabemos de qué lado estará, ni mucho menos cómo reaccionará ante lo que queremos lograr. Es por ello que lo mejor para todos y que el poder en el Wizengamot vuelva a ser estable, es matarlo. Además, pensad en las consecuencias positivas si lo logramos.
- ¿Cuáles serían?- Volvió a hablar la voz del general, una voz seca y ronca, seguramente mejorada para que reclutas y mortífagos de bajo rango no pudieran escuchar.
- El poder reclamar esa casa por derecho de conquista. Tendríamos mucho más poder para cuando volviera nuestro Lord.- Finalizó el teniente Malfoy con voz suave y persistente, convenciendo a muchos de los reunidos, los cuales ya podían ver quién de ellos podría matar al niño, después de todo, era un crío, ¿Qué les podía pasar?
- Está bien, ¿Cuáles son los planes, Lord Malfoy?
- Sé que están de viaje.- Dijo Lord Malfoy quitándose la capucha, lo mismo que varios otros que se habían divertido haciendo esta farsa. – Está de viaje con la familia Alucard, unos mestizos que deben pagar su traición a la oscuridad. Es por eso que planeo un ataque al tren en el que están.
- ¿Quiénes irán?- Preguntó ésta vez uno de los mortífagos de bajo rango, el cual era conocido por ser el verdugo contratado en el departamento de regulación y control de criaturas mágicas.
- Los más nuevos reclutas para probar su lealtad, también iréis tú, Mulciber y McNair.
- Está bien Malfoy, traeremos la cabeza de ese advenedizo de Peverell. También la de su puta mestiza y la de la familia Alucard.- Aceptó de buena gana Avery el cual tenía ganas de una misión de este tipo. Seguramente el niño se meara en los pantalones, o eso pensó, pues no había estado al tanto del duelo contra Lord Parkinson, el cual dejarse matar por un crío era una deshonra.
Aceptando las misiones de los otros, todos estuvieron hablando un rato sobre los buenos tiempos, hasta que les llegó la hora de marcharse.
Lucius dio a los tres que iban a oficiar de tenientes un traslador que los llevaría al paso entre Francia y Suiza, en el cual el tren pasaría por allí para que lo atacaran.
Si conseguían lograr un ataque de esa escala, entonces todo saldría como habían planeado, sino, bueno otros planes de asesinato tendrían que ser hechos.
- Mandas muchos a una muerte segura, Lucius.
- No he pedido tu opinión Theodore. Pero, soy curioso, ¿Qué hubieras propuesto tú?
- Utilizar a Fenrir. Está en Rumanía, según tengo entendido. Podríamos ordenarle que atacara a los mestizos Alucard y en el camino que matara a Peverell. Sabes tan bien como yo, que le gustan los niños. Además, si saliera mal, no nos salpicaría inmediatamente. Solo a los licántropos.
- No saldrá mal, nuestro plan es bueno y además, llegaremos, atacaremos y nos iremos como siempre hemos hecho.
- ¿Y si opone resistencia? ¿Y si lucha?
- Tanto mejor, más diversión para Avery, McNair y Mulciber. No te preocupes tanto y preocúpate más por tus… negocios.- Contestó Lucius fríamente, mirando como el otro Lord se iba por la chimenea sin decir palabra.
En un día, le llegaría las noticas a Lucius, de seguramente el mocoso estar muerto y destruido, así podría recuperar el poder económico y político que había perdido por su culpa. Saliendo de la propiedad que se usaba para esconderse, se desapareció hacia su mansión, sin darse cuenta de que Lord Peverell estaba más capacitado que sus mortífagos en defenderse.
